1. Contexto histórico, socio-cultural y filosófico. Biografía. Obra






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Últimos viajes


En el año 369 emprende un segundo viaje a Siracusa, invitado por Dión, esta vez a la corte de Dionisio II, hijo de Dionisio I, con el objetivo de hacerse cargo de su educación; pero los resultados no fueron mejores que con su padre. Tras algunas dificultades (al parecer estaba en situación de semi-prisión) consigue abandonar Siracusa y regresar a Atenas. Unos años después, en el 361, y a petición de Dionisio II, vuelve a realizar un tercer viaje a Siracusa, fracasando igual que en las ocasiones anteriores, y regresando a Atenas en el año 360 donde continuó sus actividades en la Academia. Parece ser que a Platón le fue ganando progresivamente la decepción y el pesimismo, lo que se refleja en sus últimas obras. Murió en el año 348-347.

1.4. Contexto filosófico

Podemos afirmar que Platón tuvo una copiosa información de las teorías presocráticas.

Hacia el año 390, visita la Magna Grecia3, acontecimiento importante de su vida exterior, pues entabla relación con los centros pitagóricos y movimientos órficos por medio de su amigo Arquitas, señor de Tarento. En las obras de Platón se plasma su admiración por la geometría pitagórica, tal como lo podemos ver en la República, 529.a:

“Parece en verdad, que así como los ojos han sido hechos para la astronomía, los oídos lo fueron para el movimiento armónico, y que estas ciencias son como hermanas, al decir de los pitagóricos y de nosotros mismos”.

Además de los pitagóricos, Platón estuvo ligado a otras escuelas de las que recibió notable influencia. En este sentido podemos destacar la Escuela de Éfeso, con Heráclito, del que expresará en el Crátilo la idea de superar el cambio perpetuo vinculado a las cosas sensibles.

En el Teeteto cuenta Platón la opinión de Sócrates cuando conoció al viejo Parménides mostrándose fervoroso admirador de él: “Pensar y ser son una y la misma cosa”. La gran admiración de Sócrates es la misma que siente Platón. Le dedicó uno de sus más famosos diálogos, Parménides en el que expuso la doctrina del eleata de la unidad absoluta del Ser.

Platón también menciona a Anaxágoras en sus diálogos en cuanto a la idea del nous. A Empédocles, en relación con los cuatro elementos. A los Atomistas respecto a un espacio lleno de material informe y caótico. A Tales como padre de la filosofía, etc.

1.5. Obra de Platón

La composición de sus primeras obras su sitúa en el 396 a.n.e:

1.5.1. Período juvenil o socrático. Fuerte influencia socrática. La presencia y la muerte de su maestro está muy reciente, aparecen cuestiones éticas que deja con bastante frecuencia sin resolver.

A este período corresponde su obra por excelencia, La apología de Sócrates. Se trata de una supuesta defensa del maestro ante el tribunal democrático que lo condenó, representado principalmente por el poeta Melito, el político Anito y el orador Licón.

Criton tratará sobre el deber de la obediencia de las leyes.

Laques o sobre el valor en la lucha armada.

Lisis o de la amistad entre dos niños de 12 años llena de ingenuidad y candor basado en la semejanza o en la contrariedad.

Protágoras o de los sofistas Trata sobre la posibilidad de enseñar la virtud entendida como forma de saber.

1.5.2. Período de transición. Se va alejando de Sócrates aunque sigue siendo su personaje principal. Va tomando presencia el enfrentamiento contra los sofistas y su crítica a la democracia.

Gorgias o de la retórica y la justicia. También tratará temas éticos como la virtud, la felicidad y la moderación o la falta de templanza.

Menón o sobre la enseñanza de la virtud. Tambien aparece el tema de la inmortalidad del alma y la reminiscencia y sobre la verdad innata, temas fundamentales de su filosofía.

Crátilo o de la exactitud de las palabras. Se reflexiona sobre el lenguaje.

Hippias Mayor sobre la belleza en sí, la idea genérica como concepción del alma.

Hippias Menor sobre la verdad y la mentira. También trata sobre el intelectualismo moral “Nadie hace el mal a sabiendas”.

1.5.3. Período de madurez. Corresponde a los diálogos más importantes. Expone sus dos temas esenciales: la teoría de las ideas y su teoría política. Durante este periodo permanece en la Academia, en este periodo aparece un Sócrates que más que buscar la verdad ya la tiene.

El Banquete o sobre el amor. Se cuenta toda la doctrina sobre el amor. Se trata de forma directa y exclusiva. Cuenta el mito del nacimiento de Eros.

Fedón o sobre la inmortalidad del alma. Se cuenta el período que pasa Sócrates en la cárcel mientras aguarda la muerte. También se expone la teoría de las ideas por vez primera.

La República o de la Justicia, es la obra más completa.

Fedro o sobre la belleza del alma. Se trata de un análisis de la teoría de las ideas, la dialéctica, la belleza, el mito del carro alado, sobre la locura de amor, la retórica, la verdad y la felicidad.

1.5.4. Período de vejez. Nos encontramos con unas obras críticas y pesimistas, influido seguramente por sus decepcionantes segundo y tercer viaje a Sicilia. Platón en este período critica su teoría de las ideas y su teoría política, y a la par trata temas cosmológicos e históricos. Sócrates deja de ser el personaje destacado en sus diálogos.

Parmenides. Revisión y crítica de la teoría de las ideas.

Teeteto. Sobre la naturaleza del conocimiento. Distinción entre doxa y episteme.

El Sofista. Sobre problemas de lógica.

El Timeo. Sobre la ciencia natural y el origen del mundo.

Las Leyes. Obra de vejez. Expone su filosofía política y propone cambios respecto a planteamientos anteriores

Hay también 13 Cartas dirigidas a Gobernantes Políticos. Destacan las cartas a Dion, Dionisio y sobre todo la Carta VII.

2. Antropología platónica. La naturaleza del alma y su relación con el cuerpo

En el pensamiento griego, el problema del alma se plantea de forma muy distinta a como nos lo planteamos en la actualidad. Ningún filósofo griego negó la existencia del alma. Incluso los filósofos materialistas aceptaban su existencia, aunque la consideraban compuesta de átomos como el resto de lo real. El problema fundamental para los griegos no es, pues, la existencia del alma, sino su naturaleza: material o no, inmortal o no. Para el pensamiento moderno el problema primero y fundamental no es la discusión sobre la naturaleza del alma, sino la cuestión misma de su existencia.

La especulación griega acerca del alma no comienza con Platón. El tema del alma está ya presente en el pensamiento mítico y en las creencias religiosas más remotas.

El concepto del alma en el pensamiento griego está vinculado a dos ideas: a la vida (el alma como principio de vida, aquello en virtud de lo cual un ser vivo está vivo) y al conocimiento intelectual (principio de conocimiento racional).

Si se acepta la primera de estas concepciones, habrá que admitir que todos los vivientes poseen alma, no sólo los animales, sino las plantas también. Si se adopta la segunda, parecerá razonable afirmar que sólo el ser humano posee alma.

Para Aristóteles el alma es fundamentalmente el principio de la vida, mientras para Platón el alma es fundamentalmente el principio del conocimiento intelectual. Aunque en la filosofía griega, no se dio nunca una separación radical, total, entre ambos modos de considerar el alma. Ni Platón se desentiende de la función vital del alma con respecto al cuerpo, ni Aristóteles deja de relacionar la actividad intelectual con el concepto del alma.

Dualismo platónico

Al igual que en su metafísica, la concepción platónica del hombre va a presentar un acentuado dualismo, una escisión entre dos partes íntimas pero irreconciliables en el ser humano: el cuerpo que representa nuestra materialidad, la corporeidad que nos sitúa como algo más dentro del mundo sensible y el alma, que es aquello que nos hace propiamente seres humanos, seres distintos al resto de lo existente.

Características del cuerpo

Platón afirma que el cuerpo es una cárcel para el alma, porque entiende que cuerpo y alma son dos realidades heterogéneas, tanto por su naturaleza, como por su origen. En efecto, si el cuerpo es de naturaleza material y, en cuanto tal, pertenece al mundo de lo sensible, el alma, por su parte, es de naturaleza espiritual y procede del mundo inteligible.

El alma en Platón

El sistema filosófico de Platón es un todo coherente, en cuyo centro se halla la teoría de las ideas. El horizonte desde el cual se ha de comprender la doctrina platónica del alma se afinca en el conocimiento de las Ideas, y las Ideas constituyen el reino de lo real, al que el alma pertenece y al cual se siente impulsada por su propia naturaleza.

El dualismo establecido por Platón entre el mundo sensible y el mundo de las ideas, se traduce en el caso de su antropología, como ya hemos señalado, en un claro dualismo entre alma y cuerpo. En esta concepción antropológica está muy presente la influencia de las teorías pitagóricas sobre inmortalidad y transmigración de las almas.

Lo propio del alma no es, pues, estar junto al cuerpo; su lugar natural es el mundo inteligible. Por eso, mientras permanece unida al cuerpo, anhela librarse de los lazos que la atan a lo sensible y retornar a su origen primitivo. De manera que la unión entre alma y cuerpo es una unión accidental, semejante a la que se establece entre el cochero y su coche o el timonel y el barco.

Es importante señalar que Platón distingue netamente la naturaleza del alma de la naturaleza de las realidades materiales; esto es, a diferencia de los primeros filósofos, Platón no reduce la naturaleza del alma a elementos materiales, aunque muy sutiles, sino que asigna al alma una naturaleza inmaterial.

Veamos los siguientes rasgos de su teoría:

1. En primer lugar, la cuestión fundamental para Platón es la de su inmortalidad.

2. La inmortalidad del alma, puesto que el cuerpo es corruptible y perecedero, implica la preexistencia y ulterior pervivencia de aquélla respecto de éste. Esto, a su vez, implica que su unión con el cuerpo no es un estado esencial del alma, sino un estado transitorio, accidental. Más aún, no solamente es accidental, sino que puede ser calificado de antinatural, ya que el lugar propio del alma es el mundo de las ideas, y su actividad más propia la contemplación de éstas.

3. Pero si el lugar propio del alma es el mundo de las Ideas y su actividad más propia es la contemplación de éstas, es obvio que el alma es concebida por Platón fundamentalmente como principio de conocimiento racional.

4. Mientras permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es la de purificarse, prepararse para la contemplación de las ideas. La purificación (doctrina específicamente religiosa) supone que el alma se encuentra en un estado de impureza, que proviene de las necesidades y exigencias del cuerpo, que obstaculizan la vocación contemplativa del alma. Por esta razón, el alma tiene además de su función como principio de conocimiento racional, una función de control sobre el cuerpo. Pero además, cabe preguntarse si esta función de control se ejerce en realidad sobre el cuerpo o sobre otras tendencias inferiores del alma: ¿las tendencias desordenadas son en realidad del cuerpo o de algún estrato inferior del alma?

5. Platón se ve de este modo, obligado a distinguir partes del alma o almas distintas:

  • Alma racional: es la parte más noble y elevada. Su actividad principal consiste en conocer intelectivamente, dirigir y guiar a las otras dos partes. Conduce las acciones superiores del hombre, y es la que le lleva al mundo de las Ideas. El "mito del carro alado" representa el alma racional con la metáfora del auriga. Es la parte más excelente del alma, se identifica con la razón y nos faculta para el conocimiento y la realización del bien y la justicia. Se localiza en la cabeza, cerebro.

  • Alma irascible: a ella le corresponde el valor, la fortaleza y la voluntad, es decir, las tendencias o inclinaciones buenas, las pasiones buenas. El "mito del carro alado" representa el alma irascible con la metáfora del caballo bueno y dócil a las instrucciones del auriga. Gracias a esta parte, el auriga puede seguir a los dioses hacia el mundo de las Ideas y la contemplación de la Idea de Bien. En el alma irascible se encuentra la voluntad, el valor y la fortaleza. Platón no defiende con claridad ni su mortalidad ni su inmortalidad. Localizada en el tórax, pecho.

  • Alma apetitiva o concupiscible: deseos y tendencias desordenadas, las pasiones sensibles descontroladas. De ella proceden todos los apetitos groseros que arrastran a los seres humanos hacia lo corpóreo. En el "mito del carro alado", Platón representa el alma concupiscible con la metáfora del caballo malo, poco dócil y que dirige al carro hacia el mundo sensible. Es la parte del alma humana más relacionada con el cuerpo y en ella se encuentran los placeres sensibles y los apetitos o deseos sensibles (deseos sexuales, apetitos por la comida, la fama, la riqueza...). Por estar tan íntimamente ligada al cuerpo se destruye cuando éste muere. Localizada en el vientre.

Esta interpretación tripartita del alma nos presenta el problema de si ésta es inmortal en sus tres partes.

Por otra parte, con esta visión tripartita parece que Platón está intentado resolver el problema de lo racional y lo irracional en ser humano.

El alma: partes, relación con el cuerpo y relación con la ética y la política

Tipos

Partes

Mito del carro alado

Virtud

Clases sociales

Alma racional

(inmortal)

Cerebro

Auriga

Prudencia

Gobernantes

Alma irascible

(¿inmortal?)

Pecho

Caballo bueno, hermoso y dócil

Fortaleza

Guerreros

Alma concupiscible

(mortal)

Abdomen

Caballo malo, feo y desbocado

Templanza

Artesanos y trabajadores

El alma es como el conjunto formado por un par de caballos alados y su auriga. En el caso de los dioses, los dos caballos son buenos y de buena raza; en el caso de los mortales, uno de los dos es también así, el otro es lo contrario.

Gracias a sus alas, las almas de los dioses se mueven por la bóveda celeste, y salen fuera, y se detienen sobre ella, hasta que el movimiento de rotación las vuelve a dejar en el mismo punto; durante esa instancia contemplan lo que está fuera del mundo sensible, lo ente, y ese es su festín y su regalo.

Veamos el siguiente resumen del Fedro (245e y ss):

Las almas de los hombres, por la dificultad de conducir el carro (uno de los dos caballos es díscolo), difícilmente logran seguir a las de los dioses; apenas llegan a sacar la cabeza fuera de la bóveda del cielo y ver, más o menos; la que logra ver algo, queda libre de sufrimiento hasta la próxima revolución, porque la presencia de lo ente es el alimento para "lo mejor" del alma; pero, si el alma no ha conseguido ver, sino que, por el contrario, en la lucha ha sido derrotada, pierde las alas y cae a tierra, donde toma posesión de un cuerpo, que, por la virtud del alma, parecerá moverse a sí mismo. Si, de todos modos, el alma ha visto alguna vez, no será fijada a un cuerpo animal, sino a un cuerpo humano, y según que haya visto más o menos, será fijada al cuerpo de quien haya de ser una u otra cosa; la de que haya visto más, será el alma de Un amante de la sabiduría o un cultivador de las Musas o del amor; la segunda será el alma de un gobernante obediente a la ley, y así hasta la octava que será la de un sofista, y la novena, que será la de un tirano.

Al final de una vida, las almas son juzgadas y hasta completar un milenio llevan, bajo tierra o en un lugar del cielo, una vida acorde con los merecimientos de su vida terrena. Transcurrido el milenio, volverán a la superficie de la tierra, pero esta vez cada uno escogerá el tipo de vida que quiere, en qué clase de cuerpo ha de ser plantado; así cada uno elegirá libremente según su propio carácter y su propio valor; puede ser que alguna decida ir a parar a un animal: se le concederá porque esa es su decisión.

Ningún alma recuperará las alas antes de diez mil años, a no ser la que se haya mantenido durante tres generaciones sucesivas en el estado de amante de la sabiduría o de la belleza.



3. Ontología. Doctrina sobre la Realidad: Teoría de las Ideas

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como República, Fedón y Fedro.

Influencias

A pesar de la indudable originalidad de Platón, no es difícil encontrar en su pensamiento la huella de ideas y problemas ya tratados por los filósofos anteriores.

La influencia de Parménides y su escuela está clara en muchos de sus escritos y tesis (a este filósofo dedicó el diálogo  Parménides): la concepción del Ser como inmutable, la división de lo real en dos regiones, el mundo aparente y el mundo verdadero, en paralelo a la división del conocimiento en dos tipos; la ciencia o verdadero conocimiento, que corresponde al ejercicio de la razón (la llamada por Parménides “Vía de la verdad”) y la opinión, como conjunto de verdades de rango muy inferior que se ofrecen a los sentidos (la llamada por Parménides “Vía de la opinión”).

Pero también está presente Heráclito. El “río heracliteano”, la realidad sometida a cambio permanente, aparece en la filosofía platónica en el concepto de “mundo sensible” o conjunto de entidades que se ofrecen a los sentidos.

De Anaxágoras toma la inteligencia ordenadora (nous), antecedente del Demiurgo, semidios que construye el Mundo Sensible imitando al Inteligible y dotándole de finalidad, al contrario de lo defendido por los atomistas, para los que la Naturaleza era simple expresión del azar y la necesidad.

En uno de sus viajes marchó a Italia Meridional a fin de conocer las ideas pitagóricas allí presentes y que tanto llegó a estimar. El lema de la Academia “nadie entre aquí que no sepa geometría” nos muestra su reconocimiento del extraordinario valor de la matemática (en República la presenta como un grado anterior a la dialéctica). También la reivindicación de la razón como instrumento para el conocimiento, la primacía del alma frente al cuerpo, la teoría de la reencarnación del alma, son claros ejemplos de su influencia. La religión órfica también está presente en su pensamiento, principalmente en su radical dualismo antropológico, con la sobrevaloración del alma y desprecio del cuerpo (simple cárcel del alma) y las tesis carácter divino e inmortal del alma humana, y en su ideal moral de la ascesis o purificación.

        Pero, sin duda, el autor que más determinó su pensamiento fue Sócrates, al que conoció en su juventud y que le inició en la filosofía. La muerte de Sócrates (399 a. C.) le afectó profundamente, por lo que la figura y pensamiento de su maestro recorre muchos de sus escritos, principalmente en los llamados “diálogos de juventud” (Apología, Critón...). Su huella se puede rastrear en toda la filosofía platónica: consideración del diálogo como la forma adecuada para la investigación filosófica y de la verdad. Las enseñanzas socráticas, centradas en la búsqueda de la definición universal, habían apuntado la necesidad de destacar el elemento común entre todos los objetos de la misma clase. Ese objeto común o término del conocimiento, que en Sócrates no dejaba de ser un término lingüístico, es convertido por Platón en algo independiente del conocimiento y del lenguaje: de la afirmación de la necesaria realidad de ese objeto común Platón concluye que debe existir independientemente de la mente que lo concibe, y lo llama Idea.
No podemos dejar de lado al movimiento sofista, que, por oposición, también le influyó: toda la filosofía de Platón es consecuencia de su afán por superar radicalmente a los sofistas. Por ejemplo en las siguientes cuestiones: frente a la costumbre sofista de enseñar dando discursos Platón propondrá el diálogo como el ámbito de investigación filosófica y de descubrimiento de la verdad y exigiendo del alumno su participación activa; frente al relativismo y escepticismo sofista, Platón defiende la existencia de realidades absolutas (las Ideas) que serán el fundamento de la posibilidad del conocimiento objetivo y de su crítica al relativismo moral de los sofistas; o, finalmente, frente a la concepción sofista del lenguaje y de la razón como meros instrumentos para la defensa de cualquier interés personal y del éxito en la polis, Platón quiere ofrecer una concepción del uso del lenguaje y de la razón como escenario para alcanzar un Bien objetivo y verdades comunes a todos los seres humanos.  

El problema de la naturaleza en Platón

A pesar de su indiscutible brillantez, el atomismo tuvo poca fortuna en el pensamiento griego posterior. Los grandes filósofos griegos –Platón, Aristóteles— lo rechazaron enérgicamente. Este rechazo obedeció a dos tipos de consecuencias que acarreaba: por una parte, el conocimiento de la naturaleza resultaba imposible (¿cómo conocer o calcular las trayectorias, combinaciones y colisiones infinitas posibles de infinitos átomos moviéndose en el vacío?); de otra, puesto que el universo no es sino un producto imprevisto e imprevisible de estas colisiones y combinaciones, el cosmos, el orden, proviene inexplicablemente del desorden.

La explicación platónica de la naturaleza rechaza este último punto de forma radical: el orden no puede ser el resultado azaroso del desorden. El orden sólo puede provenir de una inteligencia ordenadora o demiurgo, que actúa sobre una materia eterna, caótica.

Junto a estos dos principios —inteligencia ordenadora y materia eterna dotada de movimientos caóticos— Platón establece un tercer principio las Ideas. Éstas resultan necesarias dentro de la explicación platónica, desde el momento en que se introduce una inteligencia ordenadora. En efecto, todo ser inteligente que fabrica o construye algo —y el demiurgo es el fabricante del universo— lo fabrica de acuerdo con un modelo. La función del demiurgo es la de plasmar las esencias o Ideas en la materia lo más perfectamente posible. Si el universo no es totalmente perfecto es porque la materia introduce siempre un factor de desorden e indeterminación.

La doctrina central de la filosofía platónica es la Teoría de las Ideas. Esta doctrina consiste en la afirmación de que existen entidades inmateriales, absolutas, inmutables y universales, independientemente del mundo físico: por ejemplo, la justicia en sí, la belleza en sí, la bondad en sí, el hombre en sí. De ellas derivan su ser todo lo justo, lo bello, lo bueno, todos los seres humanos…. que hay en el mundo físico.

El término “idea” no debe inducir a error. No se trata de construcciones mentales, de objetos sin existencia aparte de la mente que los concibe. Se trata de realidades, más aún, de las únicas realidades en sentido pleno, ya que lo que de realidad hay en el inundo físico deriva precisamente de ellas.

En la República se da por supuesto que la pluralidad de individuos que posee un nombre común tiene también su correspondiente Forma o Idea. Las Ideas son esencias objetivas.

La constitución del universo físico es narrada por Platón en el Timeo en forma de mito. El carácter mítico de este relato hace difícil precisar el significado de muchos aspectos de la narración. Uno de los aspectos debatidos es la naturaleza del demiurgo. Es difícil decidir si se trata de un dios que realmente actúa sobre la materia tomando como modelo las Ideas o si se trata de una forma mítica de expresar la acción de las ideas sobre la materia, como elemento configurador que impone a la materia una estructura y de este modo proporciona a los seres del mundo físico la inteligibilidad y consistencia de que la materia carece.

La doctrina platónica y las coordenadas de la explicación racional

Al referirnos anteriormente a la escuela de Mileto nos preguntábamos si los tres rasgos que corresponden al arjé explicativo de la fisis como principio —origen, sustrato permanente y causa— podían ser desempeñados por una única sustancia o realidad. La doctrina platónica alcanza en este punto una complejidad mayor.

1. Para los milesios, el sustrato permanente (agua, ápeiron, etc.) era a la vez el material del que las cosas están constituidas y lo que las cosas verdaderamente son, es decir, su esencia (las cosas no son sino distintos estados o modificaciones del agua). Ambos aspectos se separan claramente en la doctrina platónica: de una parte, el material a partir del cual están constituidas las cosas es la materia informe y caótica; de otra parte, lo que las cosas verdaderamente son, su esencia, es la idea o forma que imitan, de que participan.

2. La causalidad aparece igualmente desdoblada: el demiurgo es causa productora (causa eficiente o agente, se dirá en el aristotelismo), pero las ideas son también causa, causa formal de los seres naturales. Evidente, una interpretación alegórica de la figura del demiurgo llevaría —no sin razón— a atribuir a las ideas ambos tipos de causalidad.

3. Si intentamos ahora situar la doctrina platónica dentro de las coordenadas o conceptos básicos de la explicación racional de acuerdo con lo expuesto en el apartado anterior, constataremos fácilmente lo siguiente:

En primer lugar, Platón afirma radicalmente la heterogeneidad del conocimiento intelectual y el conocimiento sensible. La irreductibilidad del conocimiento intelectual, de la razón, al conocimiento proporcionado por los sentidos, tiene su fundamento en la incapacidad de éstos para captar las estructuras matemáticas, las esencias inteligibles. Éstas sólo pueden ser captadas por la razón. A ambos tipos de conocimiento responde, pues, en la realidad el carácter y existencia absolutos de las ideas, de una parte, y la mutabilidad y poca consistencia del mundo físico, de otra. Cuanto de consistencia hay en éste, proviene de su participación en aquéllas.

En segundo lugar y de acuerdo con lo que acabamos de señalar, las ideas son realidades permanentes e inmutables, mientras los seres del mundo físico se caracterizan por su mutabilidad y corruptibilidad. Las ideas son lo que tienen de común seres de apariencias distintas, pero de la misma esencia: individuos de razas distintas, de culturas diferentes, etc. tenemos en común que participamos de la esencia, de la idea de hombre. Las ideas son, por tanto, principio de unidad frente a la pluralidad y dispersión del universo físico.

Aspecto fundamental de la doctrina platónica de las Ideas

La filosofía platónica sitúa a las Ideas como foco de referencia del mundo físico, del conocimiento intelectual, de la concepción del hombre, de la fundamentación de los ideales morales y políticos, haciendo además del mundo de las Ideas un mundo plenamente racional y organizado jerárquicamente.

Ya hemos señalado en la exposición anterior el carácter fundante de las ideas respecto del mundo físico, como principio que le presta unidad, inteligibilidad, orden y consistencia. También nos hemos referido al carácter fundante de las ideas respecto del conocimiento intelectual al cual se ofrece como un sistema de estructuras matemáticas, de esencias inteligibles, de verdades exactas y eternas. (Un teorema matemático, por ejemplo, no está sometido a mutación o variación alguna).

La Teoría de las Ideas constituye, además, la clave de la antropología platónica: es cierto que el hombre está inmerso en el mundo físico al cual su cuerpo pertenece; pero es cierto igualmente que la parte más noble del hombre, su alma racional, pertenece al Mundo de las Ideas a cuyo conocimiento está destinada y aspira, impulsada por su propia naturaleza.

El mundo de las ideas alberga todo el conjunto de los ideales morales y políticos (justicia, bondad…) a que ha de acomodarse la conducta individual y la organización de la convivencia social. Las ideas se encuentran organizadas jerárquicamente, encontrándose en la cúspide la idea de Bien. El Bien como idea primera, como principio supremo es expresión del orden del sentido y de inteligibilidad de todo lo real. Al matemático, sobre todo al filósofo, corresponde ascender dialécticamente en el conocimiento de las ideas hasta alcanzar o contemplar la idea de Bien.

La contemplación de la idea de Bien es conocimiento teórico y práctico a la vez: teórico, en cuanto que hace posible la captación del orden y de la estructura de todo lo real; práctico, en cuanto que proporciona las normas de toda ordenación moral y política.

Esta identificación de ambos tipos de conocimiento, teórico y práctico, hace que el sabio sea, para Platón, el llamado a gobernar a toda la comunidad humana.

La concepción de la Teoría de la Ideas en los diálogos de madurez puede resumirse así:

* Las ideas son “esencias”, es decir, “aquello por lo que una cosa es lo que es”. Así, la idea de la belleza, es la Belleza en-sí, y “aquello por lo que” las cosas son bellas.

* La gran novedad de la Teoría es que en ella se afirma que las ideas existen separadas de las cosas particulares. Ya no son, pues, un “carácter común” que está en las cosas. Menos todavía son conceptos o representaciones mentales. En la medida en que son el término de la definición universal representan las "esencias" de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto; pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto, por lo que las Ideas platónicas no son contenidos mentales, sino objetos a los que se refieren los contenidos mentales designados por el concepto, y que expresamos a través del lenguaje. Esos objetos o "esencias" subsisten independientemente de que sean o no pensados, son algo distinto del pensamiento, y en cuanto tales gozan de unas características similares a las del ser parmenídeo.

Al ser entidades que poseen existencia real e independiente, cada idea es una “substancia(“ousía”) algo que existe en sí como una realidad trascendente y no inmanente de las cosas.

Sin embargo, hay que señalar que los intérpretes no están de acuerdo acerca del modo como hay que entender esta cuestión.

* La teoría implica, pues, una duplicación del mundo, una separación (khorismós) entre ambos. Por un lado, el Mundo visible (kosmos horatós) de las cosas particulares; por otro lado del Mundo inteligible (kosmos noetós) de las ideas. Esta duplicidad es alegorizada bellamente en el famoso “mito de la caverna” (República, VII): el mundo irreal de las sombras, el mundo real de la luz solar. El “Mundo visible” es un mundo fugaz, dominado por el cambio continuo (Heráclito). Y las cosas particulares —al no tener en sí su propia esencia— carecen prácticamente de realidad. En cambio, el “mundo inteligible” es el mundo verdaderamente real: cada idea —en cuanto que existe en-sí, es substancia.

* En cuanto que son “esencias”, las Ideas gozan de las características del Ser de Parménides: cada Idea es única, eterna e inmutable. En contraste, las cosas son múltiples, temporales y mutables. Así, sólo existe una Belleza: “la” Belleza eterna y siempre la misma. Por supuesto, las Ideas no son realidades corpóreas (inmaterialismo de Platón), y por ello no son tampoco realidades sensibles, sino únicamente inteligibles, es decir, sólo cognoscibles por la inteligencia. De ahí, la expresión platónica “Mundo inteligible”

* La relación entre Ideas y cosas es denominada mediante expresiones diversas. Desde el punto de vista de las cosas, se dice que es una relación de
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