Capítulo 23 Los Árboles Crecen






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DE LA

PSICOLOGÍA
SEGUNDA PARTE
Charlas dadas en Uruguay

OSHO

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MA GYAN DARSHANA

osho_library@gruposyahoo.com



Capítulo 23

Los Árboles Crecen

sin que se les Enseñe



Amado Osho,

Haberte oído hablar la otra mañana sobre nuestra infancia y el espíritu competitivo me ha hecho pensar en mi propia educación. Me

he dado cuenta de que durante veintiún años seguidos, cada suceso

escolar -desde jugar en el jardín y los deportes oficiales hasta la gra­mática latina- ha sido básicamente un ejercicio sobre cómo ganar al de al lado. Me parece que ha sido la experiencia más dañina de mi vida. No puedo pensar en un sistema más perfecto para destruir a los niños y hacer que estemos completamente desarmonizados con el mundo que nos rodea.

¿Cómo podemos ayudar a los niños a crecer hasta su pleno poten­cial sin favorecer este espíritu competitivo?
Desde el momento en que te planteas ayudar a los niños a crecer sin espíritu competitivo estás en un camino equivocado, porque cualquier cosa que hagas dará a los niños cierto programa. Puede que sea distinto del que tú recibiste, pero estás condicionando a los niños, aunque lo hagas con las mejores intenciones del mundo.

Los árboles crecen y siguen creciendo sin que nadie les enseñe cómo. Los animales, los pájaros, la existencia toda no necesita progra­mación. La idea misma de programar implica básicamente crear esclavitud, y durante miles de años el hombre ha estado creando esclavos con distintos nombres. Cuando la gente se harta de un nombre, lo reempla­za inmediatamente por otro. Unas cuantas modificaciones en el progra­ma, unos cuantos cambios aquí y allá en el condicionamiento, pero la cosa fundamental sigue siendo la misma: que los padres, la generación anterior, quiere que sus hijos sean de cierta forma. Por eso preguntas por el «cómo».

En mi opinión, la función de los padres no es ayudar a crecer a los hijos: ellos crecerán sin ti. Tu función es apoyar, nutrir, ayudar a lo que ya está creciendo. No des directrices y no des ideales. No les digas lo que está bien y lo que está mal: deja que lo descubran por propia experiencia.

Sólo hay una cosa que puedes hacer, y es compartir tu propia vida. Diles que has sido condicionado por tus padres, que has vivido con cier­tos límites, de acuerdo a ciertos ideales, que debido a estos límites e idea­les has perdido la vida completamente y que no quieres destruir la vida de tus hijos. Quieres que sean totalmente libres: libres de ti, porque para ellos tú representas el pasado.

Hace falta valor y hace falta un inmenso amor en un padre, en una madre, para decir a sus hijos: «Tenéis que ser libres de nosotros. No nos obedezcáis; depended de vuestra propia inteligencia. Incluso equivocar­se es mejor que tener la razón si para ello tienes que ser esclavo. Es mejor cometer errores por cuenta propia y aprender de ellos, que seguir a otra persona y no cometerlos. De esa forma no vas a aprender más que a ser un seguidor, y eso es veneno, puro veneno.»

Es muy fácil si amas. No preguntes «cómo», porque el «cómo» sig­nifica que estás pidiendo un método, una metodología, una técnica; y el amor no es una técnica.

Ama a tus hijos, disfruta de su libertad. Permite que comentan erro­res. Diles: «No está mal cometer errores. Cometed todos los errores posibles, porque de esa forma aprenderéis más. Pero no cometáis el mismo error una y otra vez, porque eso os hará estúpidos.»

Por eso, de mi no obtendrás una respuesta simple. Tendrás que des­cifrada viviendo con tus hijos momento a momento, dándoles todas las libertades posibles en las cosas pequeñas.

Por ejemplo, en mi infancia..., y es algo que ha ocurrido durante siglos, a los niños se les enseña: «Ve a la cama temprano y levántate pronto por la mañana. Eso te hará sabio.»

Yo le dije a mi padre: «Me parece raro: me obligas a ir a dormir temprano por la noche, cuando aún no tengo sueño.» Y en los hogares jainas temprano significa muy temprano, porque se cena a las cinco de la tarde, como mucho a las seis. Y después no hay nada que hacer, los niños deben irse a la cama.

Le dije:. «Me obligas a ir a dormir cuando mi energía no está pre­parada para ello. Y cuando tengo sueño por la mañana me arrastras

fuera de la cama. ¡Parece una forma muy extraña de hacerme sabio! Y no veo la conexión: ¿Cómo voy a hacerme sabio porque me obligues: a dormir cuando no tengo sueño? Estoy tumbado en la cama durante horas, en la oscuridad..., es un tiempo que podría ser usado de alguna forma, para algo creativo, y tú me obligas a dormir. Pero mi sueño no es algo que esté en tu mano. Uno no puede simplemente cerrar los ojos e irse a dormir. El sueño viene cuando viene; no sigue tus órdenes ni las mías, por eso estoy perdiendo muchas horas de mi tiempo.

Y después, por la mañana, cuando verdaderamente tengo mucho sueño, me obligas a despertar -muy temprano, a las cinco- y me sacas a dar un paseo por el bosque. Tengo tanto sueño que tienes que arrastrarme. No puedo entender que todo esto vaya a hacerme muy sabio. ¡Por favor, explícamelo!

»¿Cuánta gente se ha hecho sabia gracias a éste proceso? Muéstrame algunas personas sabias: no veo ninguna a mi alrededor. He hablado con mi abuelo y me ha dicho que todo esto son tonterías. Él es la única persona sincera de toda la casa. No le importan lo que digan los demás, y me ha dicho que todo esto son tonterías: "La sabiduría no viene por irse pronto a la cama. Yo he estado acostándome temprano toda mi vida -setenta años- y aún no soy sabio, ¡y no creo que vaya a serlo! Ahora lo que me sobrevendrá será la muerte, no la sabiduría. No te dejes engañar por esos proverbios."»

Yo le dije a mi padre: «Piénsatelo otra vez y por favor se auténtico y verdadero. Concédeme esta parcela de libertad: quiero poder ir a dormir cuando sienta ganas de hacerlo, y levantarme cuando sienta que ha llegado el momento y ya no tenga ganas de dormir.»

Lo pensó durante un día y al día siguiente me dijo: «De acuerdo, quizá tengas razón. Hazlo según tu propio criterio. Escucha a tu cuerpo en lugar de escucharme a mí.»

Éste debería ser el principio: se debe ayudar a los niños a escuchar a su cuerpo, a escuchar a sus propias necesidades. Lo básico para los padres es proteger a sus hijos para que no caigan en un hoyo. La función de su disciplina es negativa.

Recuerda la palabra «negativa»...; no una programación positiva sino una protección negativa: porque los niños son niños, y pueden hacer algo que les dañe, que les deje lisiados. Asimismo, no hay que darles órdenes de no hacer las cosas, sino explicárselas. No hay que hacer de ello una cuestión de obediencia; hay que permitirles decidir. Simplemente hay que explicarles toda la situación.

Los niños son muy receptivos, y si eres respetuoso con ellos, están dispuestos a escuchar, dispuestos a entender; entonces déjales con su entendimiento. Sólo es cuestión de unos años, al principio; pronto se asentarán en su inteligencia y tu protección no será necesaria en absolu­to. Pronto podrán moverse por sí mismos.

Puedo entender el miedo que sienten los padres de que sus hijos sigan direcciones que a ellos no les gustan; pero eso es un problema de los padres. Tus hijos no han nacido para satisfacer tus gustos y disgus­tos. Tienen que vivir su vida, y debes alegrarte de que vivan su vida, sea la que sea. Pueden convertirse en unos músicos mediocres...

Yo conocí a un hombre muy rico que quería que su hijo, tras ingre­sar en la universidad, se hiciera médico. Pero al hijo sólo le interesaba la música. Ya no era un aficionado; era conocido por la zona, y donde quiera que hubiera una función, él se presentaba a tocar el sitar y se esta­ba haciendo cada vez más famoso.

Quería ir a una universidad que está básicamente dedicada a la música. Quizá sea la única universidad del mundo dedicada por com­pleto a la música; tiene todos los departamentos -danza, distintos ins­trumentos- y todo el entorno de la universidad es musical.

El padre estaba completamente en contra. Me llamó -porque yo era muy amigo de su hijo- y dijo: «Será un mendigo toda su vida», por­que en la India los músicos no ganan mucho dinero. «Como mucho será profesor de música de alguna escuela. ¿Y cuánto ganará? Lo mismo que pagamos a muchos de los sirvientes de nuestra casa. Y se asociará con la gente equivocada» porque en India, la música ha estado y sigue estando muy conectada con las prostitutas.

La prostituta india es diferente de cualquier prostituta del resto del mundo. La palabra «prostituta» no hace justicia a su contraparte india, porque realmente la prostituta india está muy versada en música, en danza; e India tiene tanta variedad. Si realmente quieres aprender los aspectos más profundos de la música, del canto, de la danza, tienes que estar con alguna prostituta famosa.

Hay familias famosas; se les llama gharanas. Gharana significa fami­lia. No tienen nada que ver con la familia ordinaria; es la familia forma­da por el maestro y los discípulos. Hay ciertas gharanas famosas que tie­nen prácticas que les son propias. En la presentación de un pieza musi­cal o de un baile, las distintas gharanas lo interpretarán de distintas for­mas con matices sutiles. Por eso, si alguien quiere realmente introdu­cirse en el mundo de la música, tiene que formar parte de alguna ghara­na; y no son una buena compañía. Según la gente rica, ciertamente no son una buena compañía.

Pero al hijo no le interesaba la compañía. Desoyó a su padre y fue a esa universidad musical. Y el padre se enfadó tanto le desheredó. Como su padre le había desheredado y no tenía otros medios

-porque esta universidad estaba en una área montañosa remota en la que no se podía encontrar empleo- volvió y tuvo que hacer exactamente lo que su padre había predicho, hacerse profesor de una escuela.

Su padre me llamó y me dijo: «Mira, justo lo que te había dicho. De mis otros hijos, uno es ingeniero, otro es profesor universitario, pero este idiota no ha querido escucharme. Lo he desheredado, no recibirá ni un céntimo de mí. Y se quedará en la más pobre de las profesiones: maes­tro de escuela.»

Pero mi amigo era inmensamente feliz... no le preocupaba verse abandonado por su familia, ni tener que ser pobre toda la vida, ni dejar de recibir su herencia. Estas cosas no le preocupaban; era feliz: «Es bueno que hayan hecho todo esto, ahora puedo formar parte de una gharana. Me sentía preocupado por ellos, porque se iban a sentir humillados. Ahora que me han abandonado, ya no soy parte de ellos y puedo ser parte de una gharana.»

Mientras enseñaba en una escuela, se hizo parte de una gharana y ahora es uno de los mejores músicos de la India. La cuestión no es ser uno de los mejores músicos; lo importante es que desarrolló lo que sen­tía que era su potencial. Y cuando sigues tu potencial siempre te con­viertes en el mejor. Cuando te desvías del potencial es cuando eres mediocre.

Toda la sociedad está formada por gente mediocre por la simple razón de que nadie es lo que está destinado a ser; es otra cosa. Entonces, haga lo que haga, uno no puede ser el mejor ni puede alcanzar la reali­zación; no puede disfrutar.

Por eso el trabajo de los padres es muy delicado, y es precioso, por­que toda la vida del niño depende de él. No le des ningún programa positivo; ayúdale de cualquier manera que él desee.

Por ejemplo, yo solía trepar a los árboles. Ahora bien, hay unos pocos árboles a los que se puede trepar con seguridad porque tienen las ramas y el tronco recios. Puedes ir hasta la misma copa sin temor a que alguna rama se rompa. Pero algunos árboles son muy blandos. Como yo solía trepar a los árboles para coger mangos, jamuns -una fruta deli­ciosa-, mi familia estaba muy preocupada y siempre enviaban a alguien para impedírmelo.

Yo le dije a mi padre: «En lugar de impedírmelo, por favor explí­came qué árboles son peligrosos -para que pueda evitarlos- y cuáles no son peligrosos para que pueda treparlos.

»Pero si tratas de impedirme trepar hay un peligro: puede que trepe al árbol equivocado, y la responsabilidad será tuya. No voy a dejar de trepar porque me encanta hacerlo.» Verdaderamente, estar en la copa de un árbol, al sol, cuando sopla el viento y todo el árbol danza, es una de las experiencias más hermosas, es muy reconfortante.

Yo dije: «No voy a dejar de hacerlo. Tu trabajo consiste en decirme exactamente cuáles son los árboles a los que no debo trepar, porque puedo caerme de ellos, puedo hacerme fracturas, puedo hacerme daño corporal. Pero no me des una orden estricta como "deja de trepar" porque no lo voy a seguir.» Tuvo que venir conmigo, dar una vuelta por la ciudad y mostrarme qué árboles eran los peligrosos. Después le planteé otra pregunta: «¿Conoces en la ciudad a algún buen escalador que pueda enseñarme a escalar incluso los árboles peligrosos?»

Él dijo: «¡Eres demasiado! Estás yendo demasiado lejos. Me habías dicho, yo había entendido que...»

Yo dije: «Lo cumpliré porque yo mismo te lo he propuesto. Pero los árboles que dices que son peligrosos son los más irresistibles, porque en ellos crece el jamun», que es un fruto indio. «Es verdaderamente deli­cioso cuando está maduro y puede que no resista la tentación. Eres mi padre, es tu deber...; debes conocer a alguien que pueda ayudarme.»

Me dijo: «Si hubiera sabido que ser padre iba a ser tan difícil, no lo habría sido, ¡al menos tuyo! Sí, conozco a un hombre»; y me presentó a un anciano que era un trepador muy especial, el mejor.

Era leñador, y era tan mayor que uno no podía creerse que pudie­ra cortar leña. Sólo hacía trabajos esporádicos, trabajos que nadie más quería hacer...; cortaba las ramas de grandes árboles que se extendían hacia las casas. Era un experto, y lo hacía sin dañar las raíces ni las casas. En primer lugar ataba las ramas a otras ramas con cuerdas. Después las cortaba y tiraba de ellas con las cuerdas, alejándolas de las casas y deján­dolas caer al suelo.

¡Y era tan viejo! Pero cuando se daba una situación en la que nin­gún otro leñador estaba dispuesto a acudir, él sí lo estaba. Por eso mi padre le dijo: «Enséñale cosas, en particular sobre los árboles peligrosos, los que se pueden romper.» Las ramas pueden romperse... y yo ya me había caído dos o tres veces; todavía tengo las marcas en las piernas.

El anciano me miró y elijo: «Nunca había venido nadie, ¡sobre todo un padre que trae a su hijo...! Es peligroso, pero si a él le gusta, yo estaré encantado de enseñarle.» Y me enseñó a trepar los árboles peligrosos.

Me mostró todo tipo de estrategias para protegerme: si quieres escalar a lo alto de un árbol y no quieres caer al suelo, en primer lugar átate con una cuerda a un punto del árbol que sientas lo suficientemente fuerte y después sube. Si te caes, te quedarás colgando de la cuerda, pero no cae­rás al suelo. Y aquello me ayudó mucho, ¡desde entonces no me caído nunca!

La función de un padre o de una madre es genial porque trae un nuevo invitado al mundo, que no sabe nada, pero trae consigo un poten­cial. Y a menos que el potencial se desarrolle, no será feliz.

A ningún padre le gusta pensar que su hijo va a ser infeliz; todos quieren que sus hijos sean felices. Sencillamente, lo que ocurre es que la forma de pensar de los padres está equivocada. Piensan que si sus hijos se hacen médicos, si se hacen profesores, ingenieros, científicos, enton­ces serán felices. iPero los hijos no saben! Sólo pueden ser felices si hacen lo que han venido a hacer. Sólo pueden desarrollar la semilla que llevan dentro de sí mismos.

Por eso, ayuda de la forma que puedas a dar libertad, a dar opor­tunidades. Ordinariamente, si un niño pregunta algo a su madre, la madre simplemente dice no, sin ni siquiera escuchar al niño y lo que está pidiendo. «No» es una palabra de autoridad; «sí» no lo es. Por eso ni el madre, ni la madre, ni nadie que tenga autoridad quiere decir sí a las cosas más ordinarias.

El niño quiere jugar fuera de la casa: «¡No!» El niño quiere salir fuera mientras llueve y quiere jugar bajo la lluvia: “iNo! Te vas a enfriar.” Un resfriado no es cáncer, pero al niño que se le impide bailar bajo la lluvia y nunca vuelve a bailar, se ha perdido algo grande, algo realmente hermoso. El resfriado habría merecido la pena; y no es que se vaya a resfriar necesariamente. De hecho, cuanto más le protejas, más vulnerable será. Cuanto más permisivo seas con él, más inmune será.

Los padres tienen que aprender a decir sí. El noventa y nueve por ciento de las veces que dicen no, lo hacen simplemente para mostrar su autoridad. No todo el mundo puede ser presidente de un país, no todo el mundo puede tener poder sobre millones de personas. Pero todo el mundo puede ser un marido y puede tener autoridad sobre su esposa; cada esposa puede ser madre y tener autoridad sobre el niño; cada niño puede tener un osito de peluche y tener autoridad sobre él, darle pata­das de una esquina a la otra, darle bofetones, bofetones que en realidad le gustaría dar a su padre o a su madre. Y el pobre osito de peluche no tiene a nadie por debajo de él.

Ésta es una sociedad autoritaria.

Lo que digo es que si creamos niños que tengan libertad, que hayan oído muchos «síes» y pocos «noes», la sociedad autoritaria desaparece­rá. Tendremos una sociedad más humana.

Por tanto, no es sólo una cuestión que atañe a los niños. Estos niños formarán la sociedad del mañana: el niño es el padre del hombre.
Amado Osho:

India, Tu patria, Te ha tratado mal y sin el debido respeto. Sin embargo, cuando Te oigo hablar, ¿no detecto en Ti un afecto sutil por India y su gente?

Osho, ¿qué es lo que amas de India?
India, para mí, no es sólo un país, sino un concepto...; no es sólo una tierra, sino una forma de vida, una filosofía tremendamente signifi­cativa.

Por eso, cuando hablo de India, no importa en absoluto que me hayan tratado mal, que les hubiera gustado verme muerto. Han hecho esfuerzos; desgraciadamente fracasaron. Son pequeñas cosas, no las tomo en consideración.

Lo que sí quiero tomar en consideración es India como concepto.

Es la única parte del mundo que ha profundizado en la interioridad del ser humano, la que descubrió por primera vez el aspecto último de la consciencia, la universalidad de los seres individuales.

La ciencia ha descubierto mucho, pero ningún descubrimiento científico es comparable con los descubrimientos que India hizo en el pasado. Durante diez mil años ha dedicado toda su energía ha descubrir el significado de la vida, la esencia misma de la existencia; y la encontró.

Por eso, cuando hablo de India, no estoy hablando de la India que ves en el mapa, no hablo de la India que existe hoy. Estoy hablando de un concepto que ha surgido de siglos de trabajo, de descubrimientos. En ningún otro lugar ha alcanzado la religión alturas semejantes. Ninguna otra comunidad ha dedicado todos sus genios al descubrimiento del mundo interno del hombre. Y eso es lo más precioso de la vida.

Puedes tenerlo todo, pero si no te tienes a ti mismo...; puedes cono­cer todo lo que tienes alrededor, pero si no conoces lo que está dentro de ti, todo tu conocimiento, toda tu riqueza, todo tu poder es inútil; y antes o después te ahogarás en tu propia riqueza, en tu propio poder. Te destruirá porque irá aumentando, se hará cada vez mayor, y tú irás dis­minuyendo, te ¡irás haciendo cada vez más pequeño.

El científico niega que él es y afirma verdades sobre las cosas y los objetos. Es un fenómeno extraño. ¿Quién está descubriendo todas estas cosas y objetos? Cada genio científico genuino -la gente como Albert Einstein- se siente avergonzado porque no puede decir nada sobre sí mismo... y conoce la estrella más lejana del mundo, toda su historia millones de años antes de que fuera creada, y sabe cuantos millones de años más seguirá antes de disolverse. Su conocimiento es vasto, pero no conoce nada del conocedor.

¿Y para qué le sirve su conocimiento? No sólo es inútil, sino que va a resultar dañino. Sabemos que toda la ciencia está al servicio de la maquinaria de guerra: es decir, al servicio de la muerte. La experimen­tación objetiva, la investigación del mundo externo, ha llegado a un estadío que sólo puede ser denominado suicidio global; mientras en India la búsqueda era interna y culminó en la experiencia universal de vida, de alegría, de dicha, de nirvana.

No me importa India como unidad geográfica, sino ;como búsque­da espiritual. Puedo condenar la situación actual. Es repugnante y va en contra de todos los valores humanos.

El país se empobrece cada día y los políticos no pueden evitarlo, por la simple razón de que si intentan evitarlo... La única forma de evitarlo es extender los métodos de control de la natalidad. Esto va en con­tra de la mentalidad india ortodoxa, e ir en contra de la mentalidad orto­doxa significa perder el poder; en las próximas elecciones desaparece­rás. Por eso sabes que si haces algo para impedirlo, estás acabado; si quieres mantenerte en el poder, ha de ser sabiendo que el país va a morir de hambre.

India ya tiene novecientos millones de personas. Cuando comencé a hablar en público sólo tenía cuatrocientos millones. Si me hubieran escuchado, la situación no habría empeorado tanto. Pero me tiraron piedras.

Ahora los países tratan incluso de impedirme aterrizar en sus aero­puertos; la cuestión de entrar en el país ni se plantea. Incluso en países en los que nunca había pensado...

Hoy mismo Anando me informó de que Venezuela -¡nunca he pensado en ella!- ha emitido una resolución por la que me prohíbe el acceso, no puedo entrar en el país. Incluso en Irlanda, donde estuvimos durante quince días, el Gobierno ahora lo niega. No tienen el coraje de decir: «Sí, estuvieron aquí y después se fueron.» Están negándolo, están diciendo: «No han estado aquí. ¿Cómo podrían entrar en el país?, tie­nen prohibido el acceso.» En cuanto salimos de allí deben haber aprobado una resolución en el parlamento prohibiendo nuestra permanencia.

El Parlamento europeo ha aprobado una resolución que me prohíbe el acceso colectivamente en lugar de separadamente, por tanto todos los países europeos que son miembros del Parlamento están automáti­camente cerrados para mí.

En India se dio la misma situación. En algunas estaciones mi tren se detenía durante dos horas porque había personas que no querían que me bajara en sus ciudades, y obligaban al tren a llevarme a otro lado.

Estaba hablando en una ciudad india y se cortaba la electricidad. Y ocurría tan frecuentemente, una y otra vez, que no podía ser fruto de la casualidad. Cincuenta mil personas se quedaban sentadas en la oscuri­dad durante media hora, durante una hora, y la electricidad no volvía. Finalmente tenía que informarles: «Seguir aquí es inútil, por favor vuel­van a casa. Me quedaré un poco más en la ciudad para que no tengan que perderse ninguna conferencia de la serie.» Y cuando la gente se estaba yendo y yo también me iba, volvía la electricidad.

La última vez el gobierno indio quería que me quedara en India, pero con condiciones. Uno: no se permitiría que ningún discípulo occi­dental viniera a verme. Dos: a ningún medio de comunicación se le per­mitiría entrevistarme. Tres: No saldría del país. Si respetaban estas tres condiciones podía quedarme allí.

Yo dije: «¿Por qué no me disparáis simplemente? iEsas condicio­nes son mortales!». Y tuve que salir del país porque... hay sannyasins en puestos elevados del Gobierno que me informaron de que debía salir inmediatamente porque iban a confiscar mi pasaporte para que no pudiera salir del país.

Dijeron que no me quedaba tiempo suficiente para conseguir un visado para otro país. Además habían informado a todas las embajadas de Delhi de que no debían concederme visado para sus países. Por eso; el único país disponible era Nepal, porque no se necesita visado; existe un tratado de libre circulación entre India y Nepal.

Pero el Gobierno americano presionó a Nepal, el Gobierno alemán presionó a Nepal, el Gobierno indio presionó a Nepal para que no me permitiesen quedarme allí. Y cuando estaba completamente seguro de que iban a dar pasos -podrían haberme arrestado, haberme enviado de vuelta a India- tal como me habían informado, tuve que irme inmedia­tamente.

Cuando digo algo de India, no estoy hablando de esta India: de esta India que está absolutamente corrompida y políticamente deteriorada.

Cientos de personas son asesinadas cada día; y siguen declarando

que es una democracia. Pero a los periódicos no les permiten publicar cuánta gente muere; ante el mundo externo parece que todo está en paz. La realidad es que India nunca ha sido un país, siempre ha sido muchos países.

En los tiempos del Buda Gautama en India había dos mil reinos. Los mahometanos intentaron unificarla; no lo lograron del todo, pero consi­guieron que la mitad de India se convirtiera en una nación. Gran Bretaña, de manera más brutal, se las arregló para obligar a la totalidad de India a convertirse en una nación; en cualquier caso «nación» y «nacionalidad» no son conceptos indios. La unidad de India fue forzada.

Winston Churchill dijo antes de retirarse: «El día que India recu­pere la libertad, se hará pedazos.» Tenía razón. Tenía esta comprensión política porque sabía que de alguna forma habían conseguido juntar las piezas y hace falta mucho poder para mantenerlas juntas! Si se retira ese poder, las piezas empiezan a separarse; y eso es lo que está ocurriendo actualmente.

En primer lugar se separaron Pakistán y Bangladesh, ahora Punjab también quiere separarse de India. Assam ha estado luchando durante cuarenta años para separarse de India, Bengala quiere separarse y Tamil Nadu también.

En India hay treinta lenguas. Durante cuarenta años han estado intentando hacer de una de las lenguas, el hindi, la lengua nacional, pero no han podido conseguirlo. Si no puedes tener ni una lengua nacional, ¿cómo vas a tener una nación? Y todas estas entidades no son pequeñas. India casi es un continente. Todos estos estados

-Punjab o Maharashtra o Tamil Nadu- son tan grandes como Francia, Inglaterra o Alemania, y cada uno tiene su propia cultura, su propia lengua, su pro­pia forma de vestir, su propia forma de hacer cada cosa.

Ahora, para impedir la separación, han aprobado una ley por la que nadie puede hablar en favor de la separación de ningún estado. Cualquiera que hable a favor de la división de India será arrestado inme­diatamente, y no dispondrá de derechos legales, de un juicio. ¡Y esto es una democracia!

En Punjab han matado a miles de sikhs; los sikhs, han matado a miles de hindúes; y esto sigue así cada día. Y va a ocurrir lo mismo en toda India. Y puede resolverse muy fácilmente.

India se enfrenta hoy a la cuestión de la separación. No hace falta matar a la gente. India debe seguir siendo una. Mi solución es simple, sólo hace falta un poco de entendimiento. La libertad es un derecho de nacimiento de todo el mundo.

Por eso no estoy a favor de esta India, que está absolutamente corrompida. Pero para mí, según mi visión, hay otra India completamente diferente, una India gloriosa, que está compuesta de hombres como el Buda Gautama, Nagarjuna, Vasubundhu, Shankara... toda una línea de miles de iluminados.

Esa es mi India.
Amado Osho,

¿Cómo puedo afirmarme a mí mismo si me disuelvo y acepto cual­quier cosa que ocurra?
En el momento en que empiezas a pensar en este tipo de cosas, surgen los problemas. Simplemente hazlo y ve qué pasa.

Te disuelves en la totalidad, y si la situación requiere afirmación, no serás quien se esté afirmando; la totalidad se estará afirmando. No serás menos, serás más. No estarás solo, la totalidad te apoyará.

La experiencia disuelve los problemas.

Pero simplemente seguimos pensando, y si piensas, naturalmente el problema parece muy relevante: «Si me disuelvo, ¿cómo voy a afirmar­me?». Naturalmente, parece algo contradictorio. A nivel lógico es contradictorio, pero existencialmente no lo es.

Disuélvete y ve qué pasa.

Si la situación requiere afirmación, la habrá...; no tuya, porque ahora eres parte de la totalidad. Ahora la totalidad se afirmará contigo. Nunca pierdes nada. Disuelto en el todo, siempre saldrás ganando.

Pero antes de pensar en ello, hazlo.

Sólo haciéndolo se resuelve la contradicción.
Amado Osho,

Antes de verte cada día, el pensamiento de verte me pone muy con­tento. Pero cuando esto me ocurre, me quedo en blanco, como si no tuviera rostro, ni sonrisa. Incluso me resulta difícil decirte namasté, como si ante Ti me volviera invisible.

Cualquier cosa que haga mi corazón parece infantil, y me siento como si cualquier acto que hiciera sería como tirarte mi basura encima.

¡Osho, nunca te he expresado cuanta gratitud siento, aunque mi

corazón está lleno de ella.
Lo se. Y lo que está ocurriendo es absolutamente correcto, lo que sientes está perfectamente sintonizado con mi enseñanza.

No puedes expresar tu gratitud. Puedes estar lleno de ella, pero cualquier acto... te parecerá demasiado pequeño. Y puede ocurrir, es muy natural, que te sientas excitado cuando yo voy a venir, pero cuan­do llego, te sientes casi ausente. Esto es bueno, así es como debe ser.

Cuando estoy aquí, tú no deberías estar aquí, porque en esta habi­tación sólo puede sobrevivir uno de los dos: tú o yo.

Por eso no es cuestión... Pero has expresado tu sentimiento con mucha precisión. Deberías sentirte feliz de que esto te esté ocurriendo.

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