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Foto 51 Tira de una cuerda para conseguir un objeto


Foto 50. Busca objetos escondidos en diversidad de lugares
Señala tres partes de su cuerpo
Desde el año los niños pueden empezar a identificar algunas partes de su cuerpo. La boca, el pelo, las manos, los pies y la tripa suelen ser las más fáciles para los niños ciegos.
Tendremos que jugar con el niño a nombrarlas y señalarlas, primero en su propio cuerpo y más adelante en el del adulto. Recordemos que este aprendizaje no debe ser meramente verbal y que tendrá gran trascendencia piara él experimentar y vivenciar las distintas sensaciones corporales. Por ejemplo, cuando le hablemos de la boca jugaremos a besar, a morder, etc.; cuando le hablemos de la tripa le haremos cosquillas; al hablarle de la nariz podemos hacer que es un timbre...
Muestra interés por los objetos
Una cuestión de importancia fundamental durante los primeros años de vida de los niños ciegos es que se interesen por su entorno. Este interés no resulta siempre espontáneo, y a veces nos plantea un reto que el niño desee conocer el mundo exterior y disfrutar de él.
El ambiente natural del niño es su principal fuente de estimulación y está poblado de objetos útiles e interesantes. Muchas veces, pasan desapercibidos si no cuidamos de aproximárselos en las situaciones cotidianas que se presten a ello.
Insistimos una vez más en que, los objetos que el niño sin visión no experimenta directamente, es como si no existieran para él. Por ejemplo, si no le permitimos que experimente la forma y la textura del plátano, la manzana o la naranja, será prácticamente imposible que los identifique; si nunca le proporcionamos la ocasión de que acaricie o juegue con un perro, no podrá formarse una idea del mismo o se formará una idea muy parcial, sin poder representar qué hay más allá del mero ladrido.
Podemos además ofrecerle en una caja diferentes objetos que puedan despertar su interés, bien porque estén muy próximos a su vida cotidiana (cosas de aseo, de comida...) bien porque resulte divertido tocarlos (llavero con llaves, collares de mamá...)
Entiende el "dame"
Pedir es una de las funciones del lenguaje y un acto relacional muy importante para todas las personas. A partir del año, los niños empiezan a comprender el significado de la acción de pedir.
En un momento en el que el niño tenga algún objeto, siempre que no esté especialmente entusiasmado con él, podemos pedirle que nos lo dé, mientras ponemos nuestra mano junto a la suya sujetándolo. Pero no debemos quitárselo sino tirar un poco mientras le decimos algo así como: "dámelo, por favor, a mí me gusta mucho tu pelota, déjamela un poquito y te la doy otra vez".
Cuando el niño suelte el objeto nos mostraremos alegres y le daremos las gracias por dejarnos su juguete.
También podemos pedirle que nos dé sucesivamente una a una varias pinzas de la ropa que hayamos colocado en un cesto, o las anillas que vaya sacando de un palo. Podemos repetir este juego variando las situaciones pero manteniendo la petición "dame" hasta que el niño comprenda lo que esperamos de él.
Busca objetos escondidos en diversidad de lugares
Esta es una actividad verdaderamente estimulante. Permite el desarrollo de la inteligencia, consolida la noción de permanencia de los objetos a la vez que favorece el control del cuerpo y del espacio circundante.
Podemos jugar con objetos no muy grandes, preferiblemente sonoros y que le resulten atractivos al niño: un cascabel, una pelota o su propio chupete.
Los podemos guardar en el bolsillo de su pantalón o debajo de su vestido o colocarlos entre sus piernas tapados con una almohadilla pequeña o un pañuelo.
Si el niño no sabe qué hacer, le daremos pistas sonoras o táctiles hasta que los encuentre. Poco a poco iremos complicando el juego, pero el juguete debe encontrarse siempre.
Tira de una cuerda para conseguir un objeto
Una de las adquisiciones que el niño realiza a estas edades es la utilización de un objeto intermediario a modo de herramienta.
Esta conducta entraña una cierta dificultad para los niños sin visión ya que requiere un cierto control visual.
Podemos enseñar al niño a descubrir cómo tirando de una cuerda consigue aproximar un objeto colocado a una distancia que no puede alcanzar directamente. Al principio debemos ayudarle de forma pasiva y secuenciada.
El juguete que pretendemos que rescate debe ser conocido. Antes de colocarle la cuerda, dejaremos que lo manipule y juegue con él.
Una vez que se haya interesado por el objeto, se lo presentaremos atado a una cuerda o pañuelo. Le ofreceremos uno de los extremos para que la sujete y lleváremos su mano libre a lo largo de dicha cuerda hasta que descubra que el objeto está prendido al extremo opuesto.
4.3. ÁREA DE MANIPULACIÓN
Explora los objetos
Las manos del niño ciego son su principal recurso para conocer el entorno y representarse la forma de los objetos.
A fin de que pueda conocer y comprender la diversidad y complejidad del mundo que le rodea, debemos animarle a tocar y curiosear los objetos que forman parte de sus espacios inmediatos. Así, por ejemplo, si estamos en su habitación le invitaremos y ayudaremos a explorar tranquilamente los rebordes de su cama, las puertas del armario, los cuadros colgados en la pared, los cestos de sus juguetes...
Es importante que toque de una forma pausada y suave y que esté interesado en conocer el objeto que esté explorando. Para promover estas destrezas podemos ofrecerle juguetes atractivos: con texturas agradables, formas peculiares, con relieves u orificios...
Algunos niños rechazan muy contundentemente determinadas texturas. Cada uno tiene sus preferencias y lógicamente debemos respetarlas. Aunque trataremos de diversificar los materiales, las formas, las texturas, los volúmenes, los pesos, etc.

Foto 52. Explora los objetos
Destapa un bote redondo
Destapar botes es una de las destrezas manipulativas que los niños ciegos pueden conseguir al principio de este período sin mucha dificultad.
Para realizar esta tarea podemos ofrecer al niño botes no muy anchos, de fácil apertura, cuidando siempre que en su interior haya algún juguete atractivo para él.
Al principio, resultan más fáciles las tapaderas con pomo, con hendidura o con asa. Sujetaremos nosotros mismos el bote para que él tire de la tapa.
Tampoco es difícil abrir cajas cuadradas o rectangulares con tapadera de bisagra. Si nosotros sujetamos la caja, el niño aprende pronto a balancear la tapa para abrirla y cerrarla. Procuraremos que éstas no sean mayores de 10 o 15 cm.
Luego podemos ofrecerle tapas algo más difíciles, las de apertura clásica.
En todos los casos, debemos de procurar que el tamaño del bote sea adecuado al de la mano del niño.
Una vez que pueda destapar correctamente sujetándole nosotros el bote, intentaremos que él mismo destape con una mano, mientras sostiene el bote con la otra.

Foto 53. Destapa un bote redondo
Saca anillas ensartadas en un palo vertical
Una de las tareas facilitadoras de la coordinación bimanual es la de sacar anillas ensartadas en un palo vertical.
La representación del palo vertical y de los aros ensartables en éste no resulta fácil para los niños que no ven.
Es conveniente ofrecerle las anillas y jugar con él a colocárselas como pulseras o a rodarlas y bailarlas sobre la mesa a modo de peonzas.

Foto 54. Saca anillas ensartadas en un palo vertical
Después le ofreceremos las anillas ensartadas en el palo. Al principio, sujetaremos nosotros el soporte y ayudaremos al niño a realizar el movimiento dirigiendo su mano. Es importante que comprenda que no debe tirar directamente de la anilla, sino que tiene que elevarla para poder desengancharla.
También es conveniente que le permitamos experimentar con el palo después de haberlas sacado.
Más adelante, deberá aprender a sujetar el palo con una mano mientras que desensarta la anilla con la otra. Al principio, sujetaremos su mano sobre la base del palo hasta que él pueda realizarlo sin ayuda.
Los juegos de anillas del mercado suelen traer muchos elementos apilados por tamaños. Este agrupamiento dificulta la tarea. Podemos retirarlas y dejar solamente una o dos o emplear anillas del mismo diámetro. Son adecuadas también las anillas de cortina o pulseras infantiles de tamaños abarcables por la mano del niño lo que le permite percibir de forma global el perímetro de la anilla y su orificio central.
Saca las chinchetas del clavijero
A lo largo de los dos primeros años de vida los niños recorren un camino que les permite asir y manipular los objetos cada vez con más destreza. Hacia el año, todavía emplean la prensión dígito-palmar, o sea, cogen los objetos colocándolos entre sus dedos y la palma de sus manos. Durante el primer semestre de este segundo año van consiguiendo manejarlos con las yemas de sus dedos, lo que les permite mayor precisión y eficacia en su manejo.

Foto 55. Saca las chinchetas del clavijero
Esta destreza es importante para todos los niños, pero adquiere particular relevancia para el niño ciego. Por eso es necesario que trabajemos y ofrezcamos al niño de esta edad objetos pequeños como botones, cuentas de collares... que favorecen el empleo de la pinza. Cuando utilicemos objetos pequeños debemos estar atentos a que no se los lleve a la boca y los emplearemos siempre en presencia del adulto.
Entre las tareas destinadas a conseguir la ejecución de la pinza resulta muy interesante el trabajo con los tableros de chinchetas.
Al principio sostendremos el panel y guiaremos la mano del niño para que él tire de la chincheta, sin exigir que lo haga con las yemas de los dedos, sino enganchándola entre sus dedos y la palma de su mano.
Paulatinamente, y con nuestra ayuda, irá pudiendo coger la chincheta con las yemas de sus dedos. Es conveniente ayudarle a que sostenga las chinchetas con los dedos índice, corazón y pulgar, lo que le va a resultar muy: útil más adelante para controlar la orientación del vástago a la hora de insertarlo en el panel.
Existen en el mercado tableros con chinchetas o pinchitos de plástico de tamaños y formas variadas que serán muy útiles para esta tarea y que más adelante servirán para trabajar conceptos bidimensionales.
En general, a partir del año, para la realización de tareas manipulativas podemos utilizar mesas bajitas en las que el niño podrá estar más cómodo y tener el material mejor organizado. Resulta muy útil para los niños con deficiencia visual colocar listones de madera de unos 3 ó 4 cm. de alto bordeando el tablero superior de la mesa, lo que impedirá que caigan los materiales menudos.
Mete objetos en una cubeta
Colocar un objeto dentro de un bote no resulta excesivamente motivador para los niños ciegos. Posiblemente cuando ellos sueltan un juguete dentro del bote pierden el contacto con él y no pueden comprobar que ha caído en el fondo. Así que no se muestran muy dispuestos a soltarlo.
Sin embargo es una tarea que deben aprender a realizar, porque es una destreza manipulativa necesaria y porque contribuye a mejorar la coordinación bimanual.
Al principio el niño no sabe muy bien lo que le pedimos, por lo que empezaremos la tarea ofreciéndole un bote grandecito, de 10 o 15 centímetros de diámetro, y una pelota del tamaño adecuado a su mano. Dejaremos que experimente con ambos objetos, separados y juntos.
Luego tomaremos su mano con la pelota y se la colocaremos sobre el borde del bote. Le pediremos que la suelte o la guarde; si no lo comprende, le abriremos la mano hasta que la pelota caiga. Lógicamente le permitiremos después introducir la mano y constatar que la pelota está adentro.
Mientras esté iniciando este aprendizaje, sujetaremos nosotros el bote entre sus piernas o en una mesa bajita, ayudándole a colocar una mano sobre los bordes del recipiente y a dirigir la otra hacia el mismo.
Es importante que obtenga algún refuerzo cuando la pelota caiga en el recipiente. Son aconsejables, por ejemplo, botes metálicos y pelotas de goma maciza, que producen mucha resonancia cuando rebotan.
Como siempre, estos pasos con material específico facilitan la secuencia del aprendizaje, pero son generalizables a cualquier otra situación de la vida cotidiana. Por ejemplo, guardar la fruta en el frutero o la ropa sucia en el cesto.

Foto 56. Mete objetos en una cubeta
Abre puertas y cajones
"La curiosidad es sana". Y es un indicador del deseo de conocer.
Multitud de estímulos se muestran ante los niños videntes y tienen habitualmente gran cantidad de información disponible.
Los niños sin visión, en cambio, necesitan explorar con sus manos e ir progresivamente descubriendo los elementos de su entorno.

Foto 57. Abre puertas y cajones
Es natural y supone un verdadero placer "cotillear" cuantos objetos haya disponibles en su casa y otros ambientes que le resulten familiares. Pero si no es así, somos nosotros los que debemos animarles a explorar los rincones interesantes de la casa.
No podemos permitirnos el lujo de desaprovechar la riqueza que nos ofrecen estos rincones: tras la puerta de un armario de cocina lleno de cazuelas y otros utensilios se esconden verdaderos tesoros para el deseo de conocer de un niño; dentro de un cajón el niño descubre un mundo sorprendente que no sólo le ayudará a conocer cómo son las cosas que allí estén, sino que le irá despertando más curiosidad para nuevas exploraciones.
4.4. ÁREA DE MOTRICIDAD GRUESA, ESQUEMA CORPORAL Y ORGANIZACIÓN ESPACIAL
Se mantiene en un balancín o en un correpasillos
Los balancines, los correpasillos y otros elementos de psicomotricidad favorecen el control corporal y permiten disfrutar del movimiento.
Para los niños ciegos éstos son aún de mayor utilidad, ya que tienen dificultades para moverse libremente y para poder tener algunas experiencias motrices necesitan algún elemento que les dé estabilidad y les sirva a la vez como referencia espacial.
Es normal que en un primer momento el niño tenga miedo a un objeto cuyo movimiento le resulta difícil de controlar. Este miedo, siempre que no sea excesivo, es un indicador de que ha adquirido una adecuada conciencia de peligro y sentido de autoprotección.

Foto 58. Se mantiene en un balancín o en un correpasillos.
Las primeras veces lo sentaremos nosotros en el balancín, sujetándolo para que no tenga la sensación de que puede caerse.
Poco a poco iremos retirando la ayuda e iniciaremos el balanceo de forma suave. Cuando el niño controle el movimiento, lo moverá con ímpetu y disfrutará meciéndose con la velocidad y el ritmo que él desee.
A la par que aprende a manejar el balancín puede empezar a mantenerse sentado en el correpasillos, siempre que le ayudemos a montarse en él. Al principio le permitiremos que se familiarice con el cochecito y más adelante iniciaremos desplazamientos lentos hasta que el niño vaya comprendiendo que puede mantener el equilibrio a pesar de los deslizamientos.
Cuando el niño maneje estos elementos con cierta estabilidad podremos enseñarle a subirse solo, cuidando mantener fijo el correpasillos y proporcionándole el apoyo físico necesario hasta que pueda controlar estos movimientos. Deberá apoyar sus manos en el manillar y pasar una pierna por la parte posterior del asiento hasta quedar sentado a horcajadas.
Es importante que el correpasillos tenga estabilidad, que no se deslice fácilmente y que sea proporcional a la estatura del niño, de forma que pueda apoyar sus pies en el suelo cómodamente.
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