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Abre la boca para recibir el alimento
Los niños que ven pueden anticipar las acciones antes de que tengan lugar, y los desplazamientos de los objetos según se van aproximando, lo que les permite prepararse para los acontecimientos que van a tener lugar.
Por ejemplo, si el niño observa que mamá está preparando el puré sabe que va a comer, o mientras le están dando la papilla observa los movimientos de la cuchara cuando se acerca a su boca.
Es importante que el niño ciego pueda, de alguna forma, anticipar los acontecimientos significativos para él. Si el niño no puede anticipar las situaciones, todos los acontecimientos le pillarán por sorpresa y podrá tener una sensación de desconcierto e imprevisibilidad.
Por ejemplo, antes de comer, podemos dejarle que toque la comida del plato y los utensilios relacionados con la alimentación (la tetina, el babero, la cuchara); antes de que la comida llegue a su boca se lo haremos notar con palabras o con algún pequeño juego...
En todo caso, recordemos que el niño abrirá más fácilmente la boca si el momento de la alimentación resulta placentero para él.
Se alimenta con cuchara
Como decían nuestras abuelas, cuando los bebés se sientan, ya podemos empezar a alimentarles con cuchara. En este punto, no debemos tener ninguna reserva porque el niño no vea. En cualquier caso, la edad adecuada para iniciar la alimentación con cuchara viene dada por la maduración general de cada niño y este criterio tiene que establecerlo el pediatra responsable de fijar las pautas de alimentación.
Aplazar esta forma de alimento porque el biberón resulte más cómodo o rápido no tiene ninguna justificación y resulta perjudicial para la maduración general del niño. A veces, la discapacidad visual puede aliarse con nuestros propios deseos de mantener el "eterno bebé". Esto no resulta muy aconsejable ni para él ni para nosotros mismos, por lo que, aunque al principio cueste algo de esfuerzo, debemos iniciar en su momento esta nueva forma de alimentación. Para facilitar esta tarea podemos dejarle que chupe la cuchara manchada sin estar cargada de comida. También dejaremos que el niño ponga su mano en la nuestra mientras que la llevamos del plato a su boca.
Duerme fuera de la habitación de los padres
Antes de los seis meses es aconsejable que los bebés dispongan de un espacio propio e independiente de los estímulos exteriores, que les permita descansar tranquilamente.
A muchos padres les cuesta separarse del niño durante la noche. Mil razones para ello: "si el niño llora y no le oigo"; "la habitación está lejos", "voy a tener que levantarme más veces durante la noche"...
Sin embargo, aunque los primeros días supongan un cierto esfuerzo, el niño regulará mucho mejor su sueño sin las interferencias propias de la habitación de los padres. Si se acostumbra a dormir solo desde una edad temprana vivirá su habitación como un espacio protector y no dependerá de la presencia del otro para conciliar el sueño.
Esta separación, en última instancia, resulta inevitable y si tardamos mucho en sacarles de la habitación se aferrarán excesivamente a los privilegios adquiridos y pueden vivir la separación como un desplazamiento.
Para que este paso se lleve a cabo de una forma natural es importante que los momentos previos a llevarle a su cuna sean momentos de calma, evitando que coincidan con llantos o juegos estimulantes y procurar que su habitación sea un espacio agradable durante el día.
Mantiene hábitos regulares de alimentación y sueño
Desde los tres meses aproximadamente podemos empezar a establecer y respetar los horarios de alimentación y sueño, a fin de ayudar a los niños a regularizar sus ritmos biológicos.
Antes de nacer, cuando vivían dentro de la tripa de mamá no había sueño ni hambre, ni frío ni calor; la temperatura era estable y la alimentación continua. Ahora tendrán que adaptarse a un ambiente menos benéfico. Por eso es importante ayudarles en lo posible a que se nutran y descansen de forma regular. Es la única forma de que el organismo mantenga su equilibrio.
Además, llevar horarios regulares tiene especial importancia para los niños ciegos, porque les permite comprender el desenvolvimiento de la vida cotidiana, predecir los acontecimientos que se avecinan e interiorizar las secuencias temporales.

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3. EL NIÑO DE 6 A 12 MESES DESCRIPCIÓN DE LOS OBJETIVOS DE ESTE PERÍODO PARA LAS DISTINTAS ÁREAS DEL DESARROLLO

Foto 15.

3.1. ÁREA DE COMUNICACIÓN, LENGUAJE Y SOCIALIZACIÓN

Foto 16. Hace algún gesto para continuar un juego o actividad

Foto 17. Hace extrañamiento Foto 18. Hace alguna gracia familiar
Acepta generalmente las propuestas del adulto
Antes del año los niños ciegos no tienen muchas iniciativas para elegir entre la variedad de juegos y juguetes que puede haber en su ambiente. Todavía los adultos tenemos que ir ofreciéndoles actividades y objetos variados para que se diviertan y, a la vez, vayan progresando en sus aprendizajes.
Si el niño rechaza algunas actividades podemos proponerle otras alternativas. Sin embargo, si se trata de una actitud general y ante las propuestas del adulto muestra rechazo, desconfianza o miedo, puede ser la manifestación de algún problema. Si la conducta persiste, habría que consultar con los profesionales especialistas que puedan valorarlo.
Reclama y protesta oportunamente
Que los niños puedan expresar espontáneamente sus deseos y necesidades y que los padres respondan sensiblemente a las mismas es una de las condiciones imprescindibles, en los comienzos de la vida, para un desarrollo sano de la personalidad. Esto no significa que tengamos que responder inmediatamente a todas sus demandas, pero sí que les hagamos saber que les hemos comprendido.
Durante el segundo semestre de vida los bebés, aun sin visión, empiezan a adoptar papeles más activos. Se expresan con más claridad y con más fuerza; son capaces de comunicar sus gustos y sus disgustos, y a veces lo hacen de forma contundente.
Esto es una señal de que el niño está configurando una personalidad fuerte. Enhorabuena, aunque más adelante habrá que irle ayudando a soportar pequeñas frustraciones y a adaptarse a las exigencias de la vida.
Hace algún gesto para continuar un juego o actividad
El proceso de crecer implica un camino en el que el niño evoluciona desde una posición más pasiva y dependiente del adulto, hacia otra más activa e independiente. En este proceso, él va tomando progresivamente más iniciativas y va expresando sus deseos.
En esta línea de progresión, es esperable que antes del año sea capaz de hacernos ver que quiere seguir un juego o actividad cuando le resulten interesantes.
Si, por ejemplo, estamos jugando al caballito, podemos parar un momento hasta que el niño se mueva como pidiendo más. Es importante que hagamos estas pequeñas pausas para que sea él quien vaya tomando la iniciativa.
Recordemos que lo importante no es que aprenda a jugar al caballito, sino que comprenda que puede elegir.
Establece algunas relaciones diferenciadas con otros miembros de la familia
Transcurridos unos meses de esa relación privilegiada que los bebés suelen tener con sus madres, entran en escena otras personas que mantienen con ellos un trato habitual. Los padres, los hermanos y los abuelos van a tener un papel muy importante en la vida de los niños.
A veces, cuando el niño tiene alguna discapacidad, la madre puede tender a establecer con él una relación muy estrecha en la que los demás no participen. Quizás las madres piensan que nadie puede querer y entender a su hijo como ellas mismas y los padres y los demás familiares tienden a retraerse pensando también que ellos no van a ser tan competentes en el trato con el niño y que los niños sin visión necesitan "algo muy especial".
Sin embargo, esta relación exclusiva en la que nadie tiene cabida resulta peligrosa. El niño tiene que aprender que la madre no está siempre disponible y que otras personas también le quieren para poder ampliar sus relaciones y poder salir con confianza al mundo exterior. En resumen, los papas, los hermanos, los abuelos y otros amigos o familiares significativos deben jugar y relacionarse con el niño desde muy pronto para que él sepa que hay personas que "no son mamá y resultan también bastante interesantes".
Hace extrañamiento
Para los niños más pequeños, los adultos son figuras poco diferenciadas, porque todavía no pueden atribuirles características particulares que les individualicen. Hacia los siete u ocho meses, los niños videntes lloran, se asustan o protestan cuando se aproximan personas extrañas. Los niños sin visión manifiestan estas conductas de extrañamiento unos meses más tarde, pero antes del año saben claramente quiénes son sus padres y diferencian a las personas familiares de las extrañas. Han comprendido que "madre no hay más que una".
A veces los padres pueden pensar que su hijo es muy sociable y no llora cuando la abuelita o la vecina le toman en brazos. Pero esto puede ser más un indicador de indiferenciación que de socialización. Protestar y llorar ante las personas que no reconoce como familiares, es un indicio de salud mental. No hay que pensar por ello que el niño ha dejado de ser sociable. Es un período evolutivo necesario para seguir creciendo tanto desde el punto de vista emocional como cognitivo. Más adelante las conductas de extrañamiento deben remitir y dar lugar a una actitud social más abierta.
Tolera períodos cortos de espera
Hacia el año de edad, los niños deben poder soportar algunos aplazamientos temporales y tolerar algunos períodos de espera cortos. Es lógico que protesten, pero ante las frases tranquilizadoras y animosas de sus padres podrán equilibrarse de nuevo.
Así, por ejemplo, cuando el niño llore porque tiene hambre, no debemos apresurarnos ansiosamente a saciar esta necesidad sino que podemos concedernos unos momentos hasta concluir la preparación de la comida mientras le explicamos, tranquilamente, que sabemos que tiene mucha hambre y que su comida estará enseguida dispuesta.
Un crecimiento sano implica protestar ante las situaciones de frustración, pero también ir tolerando que la satisfacción de los deseos no siempre es inmediata.
No debemos olvidar que tanto el no protestar como el no poder soportar pequeñas frustraciones resultan perjudiciales para su adaptación a la realidad y su desarrollo personal.
Bisilabea repetitivamente
Los niños ciegos no encuentran especial dificultad en el área del lenguaje. En este segundo semestre de vida empezarán las emisiones consonánticas y las cadenas silábicas. El niño necesita emitir estos sonidos para experimentar con su propia voz y disfruta escuchándose. Es muy gratificante para él que nos hagamos eco de sus primeros bisilabeos (“ta-ta; ma-ma...”). Podemos repetirlos con él e ir introduciendo sonidos nuevos. Pero no hemos de olvidar nunca respetar el ritmo del diálogo en el que el niño necesita un tiempo para expresarse y otro para escuchar. Aunque todavía no sean verdaderas palabras, existe una comunicación en la que el niño habla y espera ser respondido.
Dice "no" con la cabeza
En este semestre los niños se van haciendo personas más diferenciadas y empiezan a rechazar algunas de nuestras propuestas. Mucho antes de pronunciar el "no" son capaces de expresar gestualmente rechazo u oposición. Decir no con la cabeza es una de las primeras maneras que tiene de hacernos ver que su deseo no coincide con el nuestro. Se inicia en todos los niños de forma espontánea para rechazar el alimento. Cuando nuestro hijo lo haga hemos de hacerle ver que le entendemos y darle un significado coherente a este gesto.
Si le ofrecemos agua y hace un gesto negativo, es mejor que no insistamos y que renunciemos a nuestro propósito. El niño así, al tiempo que se reafirma, generalizará esta forma de expresión y cuando le preguntemos, por ejemplo, si quiere jugar al "aserrín-aserrán", nos responderá coherentemente de acuerdo con sus deseos.
Aparecen las primeras palabras con sentido comunicativo
Las primeras palabras son verdaderamente "mágicas" para los padres y para los propios niños. Los niños descubren de pronto que cada vez que dicen "aba" aparece el líquido deseado y los padres comprueban sorprendidos que efectivamente el niño dice "aba" refiriéndose siempre al agua.
En esta etapa no tiene importancia que la palabra se pronuncie correctamente o se empleen términos muy alejados del lenguaje convencional. Podemos incluso atribuir sentido a sonidos rudimentarios como "mmm" o bisilábicos como "nana" o "tata" para facilitar precisamente la asociación sonido-cosa.
Con los niños sin visión es muy importante al principio que pongamos palabras asociadas a la situación en que esa palabra tenga sentido. Por ejemplo, le hablaremos de sus zapatos cuando se los estamos poniendo o cuando el niño los esté tocando; del jabón o de la esponja cuando esté en el baño; del babero o la cuchara cuando esté comiendo...
Si no lo hacemos así le resultará difícil comprender a qué nos estamos refiriendo.
Hace alguna gracia familiar
A todos los padres nos gusta ver cómo nuestros hijos hacen gracia repitiendo los gestos que los adultos les enseñamos ("¿hasta dónde estás de mamá?"; "¿cómo hace el borriquito?").
Esta forma de acceder al lenguaje gestual, al tiempo que resulta divertida, hace que el niño participe también de un lenguaje social no verbal específico para cada cultura. Los niños ciegos no pueden imitar algunos de nuestros gestos. Pero si les ayudamos a realizarlos, colocándole por ejemplo su mano sobre su pelo, en ademán de "hasta aquí" y le reímos las gracias, el niño aprenderá estas expresiones y disfrutará haciéndonos reír, al tiempo que nosotros disfrutaremos también con su risa.
Responde diferenciadamente cuando se le llama por su nombre
Durante los primeros tres años de vida, el niño atraviesa un proceso en el que pasa de una situación de cierta indiferenciación con la madre o con la persona; significativa a otra posición en la que se reconoce a sí mismo como un sujeto separado con identidad propia, aunque todavía la madre siga siendo una referencia importante para él. Es necesario favorecer este proceso por el cual el bebé se va sintiendo cada vez más "él mismo".
El reconocerse a sí mismo cuando los demás le nombran favorece la construcción de la identidad. Es conveniente llamarle por su nombre cuando nos dirijamos a él y cuando hablemos de él con otras personas del entorno.
Esto es particularmente importante para el niño ciego; le facilita saber que nos estamos dirigiendo a él. Es una forma de reclamar su atención sustitutiva de cuando miramos a los niños videntes antes de hablarles.
3.2. ÁREA DE COMPRENSIÓN SENSORIOMOTORA Y COGNICIÓN

Foto 19. Busca entre sus piernas cuando cae el objeto





Foto 20. Coge por coordinación oído-mano

Foto 21. Retira un pañuelo de su cara Foto 22. Retira una pantalla para encontrar un objeto escondido
Reconoce sonidos familiares y juguetes propios
Los niños ciegos obtienen habitualmente información de los sonidos del ambiente que les rodea. El quehacer familiar cotidiano está acompañado de diversidad de sonidos y es importante que el niño vaya asociándolos a cada una de las actividades correspondientes. Por ejemplo, el sonido de la batidora al hacer la papilla de frutas; el timbre del teléfono; el ruido peculiar de cualquiera de sus juguetes... Para que pueda dar sentido a cada uno de estos sonidos debe participar en estas actividades de la vida cotidiana y experimentar, en la medida de lo posible, con los objetos que los producen. Ahora bien, debemos procurar que experimente con esos objetos sólo en los contextos en los que las actividades tengan sentido. Por ejemplo: si utilizamos las llaves al salir o al entrar en casa, dejaremos que el niño juegue un poquito con ellas, pero sólo cuando estemos abriendo o cerrando la puerta.
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