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Unidad 1, lectura 4

Unidad 1. Lectura 4. El presente material se encuentra protegido por derechos de autor. Se reproduce para uso exclusivo de los estudiantes de Teología del SFT, de la PUJ.

Entre corchetes [...] se indica el número de página del párrafo precedente, en el original.
Fuente: Hinkelammert, Franz, “El sujeto, el antisujeto y el retorno del sujeto”, en: El asalto al poder mundial y la violencia sagrada del imperio, DEI, San José de Costa Rica 2003, p.271-294.



EL SUJETO, EL ANTI-SUJETO Y EL RETORNO DEL SUJETO (INTERCULTURALIDAD Y FUNDAMENTALISMO)

Franz Hinkelammert



Desde hace muchos años apareció en América Latina y el Caribe la discusión sobre el sujeto, sobre el ser humano en cuanto sujeto. Su surgimiento tiene mucho que ver con la crítica a un concepto anterior del sujeto. Era el concepto de un sujeto social, como clase social o movimiento popular. Esto estaba unido a la concepción de clases y movimientos como sujeto de cambio o sujeto de revolución.

Sin desechar completamente tales concepciones del sujeto, apareció con la crítica otra dimensión del sujeto. Podríamos decir también -inclusive con Camus-: sujeto como rebelión. Rebelión no implica necesariamente revolución, pero es necesariamente una actitud de distanciamiento de la cual nacen respuestas. Toda alter­nativa presupone esta rebelión.

La discusión de esta nueva dimensión del sujeto se manifiesta en América Latina y el Caribe desde los años ochenta, y en el DEI hemos abierto una plataforma de discusión correspondiente desde entonces. Cuanto más se imponía en el mundo la tal llamada estrategia de globalización, más se hacía necesaria esta referencia [271] al ser humano como sujeto, y específicamente como sujeto negado por la lógica de este proceso. Todas las crisis provocadas por este proceso de globalización -la crisis de la exclusión, del socavamiento de las propias relaciones sociales y del ambiente- guardan íntima relación con esta negación del sujeto humano.

Hablamos mucho de la necesidad de alternativas frente a esta estrategia y discutimos las posibilidades de tales alternativas. Evidentemente, es preciso efectuar tales discusiones y en el DEI hemos intentado participar en ellas. Sin embargo, estas discusio­nes dejan un vacío. ¿Por qué se requieren alternativas? ¿Qué es lo que nos mueve hacia ellas?

La respuesta cínica hoy en boga es que no hay nada en juego. A pesar de que se hable de valores como la justicia u otros, estos valores están en conflicto con una realidad a la cual solo distorsionan. Son simples "juicios de valor" que ninguna ciencia de lo real puede sostener. Asoma el realismo del tipo de la "Realpolitik", que desde Bismarck hasta Kissinger se nos enfrenta. Los valores nos impiden ser realistas: éste es el cinismo al cual nos enfrentamos. Así, todos los movimientos alternativos son tildados de altamente irrealistas, peligrosos. Impiden ser realistas.

Ante esta postura de realismo político, de nada vale repetir valores. Se transforman en simple sermón de domingo. De esta manera, No obstante, nuestra discusión y presión por alternativas pierden su sustento. Esta discusión y presión son necesarias, pero igualmente es necesario darles un sustento. Hay que dar razón del porqué de las alternativas. Esta razón no la podemos dar simple­mente como supuesta, aun cuando nos parezca obvia. De hecho, suponemos la vigencia de valores que están disolviéndose. Es una disolución que socava cualquier posibilidad de sostener alternativas frente al actual sistema de globalización.
1. EL SUJETO COMO DIMENSIÓN DEL SER HUMANO.

Aquí entra la discusión del sujeto como dimensión del ser humano. Quiero presentar aquí algunos resultados -resultados obviamente provisorios- que están surgiendo. Se trata de hacer ver que el tal llamado realismo político de la "Realpolitik" es por entero ilusorio. La política correspondiente a la estrategia de globalización nos lleva, en nombre de este falso realismo, a situa­ciones cada vez menos sostenibles, e inclusive a la perspectiva de la autodestrucción de la humanidad. El propio realismo que se propaga, está desembocando en ilusiones destructoras.

Recuperar hoy el sujeto negado, no es un juicio de valor, es la exigencia de recuperar un realismo perdido. Por tanto, quiero [272] resumir las perspectivas de la recuperación del sujeto tal como se nos presentan hoy.

Hay una formulación muy escueta de esto. La brinda Desmond Tutu, el obispo anglicano sudafricano que ha desempeñado un papel clave en la lucha en contra del apartheid en Africa del Sur: "Yo soy solamente si tú también eres".

Es el sentido de la humanidad de los africanos llamado ubuntu: "Yo soy un ser humano porque tú eres un ser humano".

No se trata de una afirmación moral o ética, si bien podemos sacar conclusiones sea morales, sea éticas. Es una afirmación sobre la realidad en la que vivimos como seres humanos. "Yo soy sola­mente si tú también eres", es una afirmación sobre lo que es, y en este sentido es un juicio empírico. Con todo, de esta afirmación sobre la realidad se siguen comportamientos. Pero es la realidad la que los exige, no un juicio de valor. Luego, es un llamado al realismo, no a valores. Un realismo del que se derivan determina­dos valores, en cuanto optamos por este realismo afirmando nues­tra vida. Puedo optar al revés. Entonces tengo que asumir el suicidio -aunque sea a plazo- como consecuencia del asesinato del otro. El realismo es, pues, dar cuenta de esta disyuntiva y optar por vivir.

La frase de Tutu implica la siguiente afirmación acerca de la realidad: “el asesinato es suicidio”. Se nota entonces que la afirma­ción "el asesinato es suicidio" no implica, de por sí, una ética determinada. Caracteriza la realidad como realidad objetiva y se basa en un juicio empírico. La caracteriza como realidad circular: la bala que disparo sobre el otro lo atraviesa para dar vuelta a la tierra y pegarme a mi mismo en la espalda. La globalización solo aumen­ta la velocidad de la bala y acorta el intervalo entre el disparo y la vuelta de la bala en mi espalda. Este intervalo se toma cada vez más corto y se acortará todavía más.

Ahora bien, el juicio empírico que lleva a la conclusión de que el asesinato es suicidio, no se basa en un cálculo. Ningún cálculo lleva a este resultado. Se trata de un juicio del tipo que David Hume denomina una "inferencia de la mente". Es un juicio que caracteri­za la realidad entera como realidad redonda. Está encima del cálculo. Es un postulado de la razón práctica.

Por eso la conciencia de la globalidad de la tierra se llama: el asesinato es suicidio. En el interior de esta globalidad solamente podemos afirmar nuestra vida. Al hacerlo, surgen las alternativas y su necesidad.

Por eso, de igual modo, se trata del juicio constitutivo de cualquier resistencia. Pero no únicamente de la resistencia. Tam­bién del cinismo. Se puede hacer la opción al revés, no obstante desemboca en el cinismo. [273]

Sin embargo, aparentemente hay otra posición que niega este hecho de que el asesinato es suicidio. Es la posición subyacente al cálculo de interés en nombre del mercado. El cálculo del interés sostiene un juicio contrario. Es el juicio: derrotando al otro, salgo ganando. Por ende: el asesinato no es suicidio. Pero implica igual­mente un juicio de caracterización de la realidad entera, una inferencia de la mente en el sentido de David Hume. Sostiene que la bala que disparo contra el otro, lo atraviesa sin volver hacia mí. Salgo ganando al derrotar y, al fin, asesinar al otro. Toda la teoría burguesa de la competencia presupone esto. Subyace el concepto de un mundo lineal y plano, precopernicano, que en un mundo que se hace cada vez más global y por tanto más redondo, parece sumamente simplista. La lucha a muerte en la competencia de los mercados es proclamada como motor del interés general. La lucha por asesinar al otro es vista como fuente de la vida. Vicios privados-virtudes públicas. Es la mano invisible que nos asegura que la realidad es tal, que el asesinato no es suicidio. También éste es un postulado de la razón práctica, contrario al primero.

Aparecen entonces dos postulados de la razón práctica contra­rios. Uno es “el asesinato es suicidio”, mientras el contrario sostiene “el asesinato es afirmación de la vida de parte del asesino”. Si los dos postulados derivan de juicios empíricos y si sus resultados son contrarios, uno de los dos tiene que ser falso. Empero, juicios de hecho, que siempre son juicios basados en el cálculo de intereses y por consiguiente juicios parciales, no pueden decidir. Se requiere una opción que no es ética. Es una especie de apuesta de Pascal. Esta opción, sin embargo, implica de nuevo un juicio de caracteri­zación de la realidad entera, una inferencia de la mente. Es el juicio de que el realismo de la sostenibilidad de la vida humana no puede darse sino a partir del postulado: el asesinato es suicidio.

Este postulado conduce a fundamentar una ética, en cuanto el ser humano emerge como sujeto para afirmar su vida. Se hace su­jeto al afirmar la lucha por no asesinar como fuente de la vida, de la cual puede nacer el bien común. Aun así tiene que luchar. En esta lucha por no asesinar aparece la necesidad de una ética de la vida. Es lucha a partir de una rebelión: me rebelo, luego existimos. Nos rebelamos, luego podemos existir. La lucha por una sociedad en la que quepan todos los seres humanos y la naturaleza también, es la consecuencia. Igualmente es consecuencia el hecho de que esta lucha no es posible sino como lucha solidaria. Pero el norte es siempre la orientación en una realidad en la cual el asesinato es suicidio.

Esto es entonces el ser humano como sujeto, en cuanto retorna: afirma su vida en un realismo basado en el postulado: el asesinato es suicidio. El hacerse sujeto es, por tanto, de antemano un acto intersubjetivo. No hay sujeto solitario, y el yo-sujeto rompe los límites del yo-individuo. [274]

A partir de este análisis es claro que lo que vivimos es la negación del sujeto. No obstante, el sujeto negado no deja de existir. Se manifiesta ahora en la forma del anti-sujeto, del odio al sujeto, del sujeto que se niega a sí mismo, de la autodestrucción del sujeto. Negatio positio est. Pero la "positio" refleja lo negado en forma invertida. No sale de la negación, sino que la refuerza.

Hay una famosa frase de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”. Es ambivalente, puesto que sueño se puede referir al soñar o al dormir. Deseo transformarla sin pretender que necesa­riamente eso corresponde a la intención de Goya. Sería entonces: “El soñar de la razón produce monstruos”. Aun así sigue siendo ambivalente, ahora con respecto al significado de razón. La trans­formo otra vez: “El soñar de la razón instrumental-calculadora produce monstruos”.

Efectivamente, la irracionalidad de lo racionalizado se torna invisible por la fabricación de monstruos. Son monstruos que representan en forma invertida el sujeto negado. Produce mons­truos y está en el interior de su producción.
2. EL ANTI-SUJETO COMO PROYECTOR DE MONSTRUOS.

Desde los años ochenta observamos una febril fabricación de monstruos de parte del sistema de globalización. Parece ser la otra cara de este sistema. El sueña monstruos. Los fabrica frente a cualquier obstáculo que surge en su camino y que considera una distorsión.

Después de la guerra del Golfo, la defensa de los derechos humanos se ha convertido en un acto subversivo, contra el cual se alza la misma opinión pública. El movimiento por la paz ha sido denunciado como el verdadero peligro, la guerra, en cambio, ha sido presentada como "Guerra para la Paz", como "intervención humanitaria", como único camino realista para asegurar la paz. Se habla el lenguaje de Orwell: "La Guerra es Paz, la Paz es Guerra". Quien está en favor del respeto de los derechos humanos y de la paz, es denunciado como partidario de Husein, como totalitario, se le imputa la culpa por Auschwitz, se lo pinta como pro-nazi, se le imputa la voluntad de querer desatar una guerra mucho peor que esta guerra, como partidario del terrorismo. ¿Acaso no quiere quien exige el respeto a los derechos humanos y la paz, que perezcan más ciudadanos estadounidenses y hasta que Israel sea el objeto de un nuevo holocausto? La señora Robinson tenía que renunciar como responsable de los derechos humanos en la ONU, en vista de que reivindicaba los derechos humanos de los prisione­ros de la guerra de Afganistán, llevados a un campo de concentra­ción en Guantánamo y desaparecidos en este hoyo negro de los [275] servicios secretos de los EEUU, donde ahora, como parece, son objeto de experimentos médicos inconfesables -el Occidente no hace nada sin servir al progreso-. ¿Acaso ella no mostró que era una simpatizante?

Aparece pues la proyección de monstruos. Cuando se proyec­ta el monstruo en Noriega, éste es transformado en el centro mundial del tráfico de drogas y en el jefe superior de todas las mafias de drogas existentes o por haber. Es transformado en el dictador sangriento, el único que todavía existe en América Latina. Si desaparece, por fin el tráfico de drogas podrá ser combatido y la democracia estará segura en el mundo. Hoy, el monstruo Noriega se ha reducido a sus dimensiones reales y normales. Fue un dictador corriente, y en el tráfico mundial de drogas no era más que una figura de tercera categoría, quien además logró esa posición gracias a la DEA, la policía antidroga del gobierno de los EEUU.

La pregunta es: ¿habrá sido esta proyección del monstruo un simple bla-bla, o significaba algo real? Ciertamente, no dice gran cosa sobre Noriega, pero ¿sobre quién podría decir algo?

Cuando el presidente Bush (padre) decía sobre Husein que era un nuevo Hitler, quien había montado el cuarto ejército más grande del mundo amenazando con conquistar toda la tierra, él proyectaba un monstruo en Husein. Del mismo modo, Husein ha sido reducido hoy a dimensiones mucho más pequeñas. No es el criminal único que era Hitler, y su ejército estaba indefenso frente a la fábrica de muerte montada por el ejército de los EEUU al lado de su frontera.

De nuevo, la proyección del monstruo en Husein, que hacía de él un Hitler, no nos dice mayor cosa sobre Husein.

En el último tiempo el monstruo se llamaba Bin Laden, señor de una conspiración terrorista mundial omnipresente. Sin embar­go, igualmente se ha desinflado y ahora apenas si se habla de Afganistán. Parcialmente lo sustituyó Arafat, y se ha vuelto a resucitar a Husein como monstruo parte de un «eje del mal».

Todos estos monstruos van pasando, dándose la mano uno al otro. Y el camino por el cual aparecen, designa el blanco de la fábrica de muerte que lucha contra ellos. Es una fábrica de muerte que se muestra ya con el ataque a Libia en los años ochenta y con la invasión a Panamá en 1989. Pero con todo su potencial destructivo se hace presente en la guerra del Golfo. Esta fábrica de muerte es tan perfectamente móvil como las fábricas de maquila presentes en todo el Tercer Mundo. Puede ir a cualquier lugar. Después de la guerra del Golfo se movió a Serbia, destruyendo también este país. Luego se movió a Afganistán, dejando detrás suyo una tierra quemada. Ahora la vemos, aunque cambiada, en Palestina, donde produce también muerte y desolación. Y busca nuevas metas. El Tercer Mundo tiembla y nadie sabe bien hacia dónde se desplazará. [276] Ha vuelto a Iraq y podría moverse a Colombia. Sus ejecutivos no excluyen siquiera a China o a Rusia como posibles lugares de producción de muerte de parte de esta fábrica de muerte.

Los momentos de baja de la bolsa de valores de Nueva York, son momentos predilectos para el funcionamiento de la fábrica de muerte móvil. Cuando ella empieza a producir muertos, la bolsa empieza a revivir. La bolsa resulta ser un Moloc que vive de la muerte de seres humanos.

Es evidente que se precisa de monstruos para legitimar el funcionamiento de esta fábrica de muerte. Estos monstruos tienen que ser tan malos, que la fábrica de muerte se haga inevitable y la única respuesta posible. Con todo, nada más existen adversarios, que de ninguna manera son monstruos. Por consiguiente, se pro­duce monstruos para proyectarlos en ellos. Todos son monstruos del momento que sirven para proporcionar aceite para el funciona­miento de la fábrica de muerte.

Ahora que, hoy visiblemente se está construyendo un super-monstruo, una Hidra cuyas cabezas son estos monstruos del momento. Se corta las cabezas, pero a la Hidra le nacen nuevas. La fábrica de matar tiene entonces que perseguirlas para cortarlas también. La manera de hablar acerca de estas masacres revela lo que son. Se habla casi exclusivamente de «liquidar», «eliminar», «extirpar» y «exterminar». Este es el lenguaje de todas las fábricas de muerte del siglo XX.

En la actualidad se trata de la construcción de una conspira­ción mundial terrorista, la cual actúa por todos lados y a cada momento y lleva un único apellido cuando su cabeza se levanta. Tiene así el apellido Noriega, Husein, Milosevic, Arafat o Bin Laden, y tendrá muchos más.

Estas conspiraciones monstruosas y proyectadas las conoce­mos del siglo XX. La primera mitad de ese siglo estuvo dominada por la construcción del monstruo de la conspiración judía, inventa­da por la Ojrana, policía secreta de la Rusia zarista antes de la Primera Guerra Mundial. Otra fue la conspiración comunista a partir de la Segunda Guerra Mundial- considerada antes como parte de la conspiración judía mundial en cuanto ‘bolchevismo judío’-, y a la cual Reagan se refería como "Reino del mal". Una conspiración parecida se construyó en la Unión Soviética: la cons­piración trotskista.

Terminada una conspiración, el poder necesita otra para poder desenvolverse sin límites y sin estar amarrado por derecho huma­no alguno. Parece que hoy, y por cierto futuro, la conspiración terrorista le proporcionará ese instrumento para el ejercicio absoluto de su poder. Ya se ha empezado a incluir en esta conspiración terrorista mundial a los movimientos de los críticos de la globalización, surgidos con Seattle, Davos, Praga, Génova y Quebec, [277] y que en los últimos años se han reunido en Porto Alegre. Sin embargo, corremos el peligro de que finalmente estos monstruos devoren a todos y, por tanto, incluso a quienes los proyectaron en los otros. Son muertos que ordenan.

La concepción de la actual conspiración mundial terrorista toma rasgos muy parecidos a los de la conspiración mundial judía en la primera mitad del siglo XX. El antisemitismo nunca fue la persecución de una minoría, siempre se persiguió a la mayoría. Aun así, se lo hizo en nombre de la minoría judía. El antisemitismo sirvió para denunciar cualquier resistencia como acto judío, a pesar de que no participara ningún judío. Por eso hasta el bolche­vismo era "bolchevismo judío". Lo mismo se construye ahora con el mundo islámico. Se lo usa como puente para denunciar a todo el mundo en nombre de la respuesta a un supuesto terrorismo islámi­co. AI-Qaeda es ya la descendiente de esta función, cumplida antes por los judíos. Aparece en todas partes, aunque no esté. Nos dicen que se reunió en el sur de América Latina, en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina. Supuestamente AI-Qaeda colabora con las FARC en Colombia. E igualmente se publica que los de Al­-Qaeda han estado preparando atentados contra el Papa, lo que los lleva al umbral de ser asesinos de Dios. Inclusive hay una campaña que denuncia al propio profeta Mahoma como terrorista. Es evi­dente lo que ella significa: todos los terroristas, sépanlo o no, siguen a Mahoma. Es previsible que durante el próximo Foro Social Mundial se publicite la participación de miembros y simpa­tizantes de AI-Qaeda.

No se trata, empero, de ningún choque de culturas. Se trata de la difamación de una cultura en nombre del ataque a todas las culturas. Así como durante el antisemitismo todo el mundo con tendencias disidentes se hallaba bajo la sospecha de estar implica­do en el "pecado de los judíos" o en la "locura judaica", ahora aparece su implicación en alguna supuesta locura islámica. La fuerza de convicción parece ser la misma. Subliminalmente podría desempeñar un papel en esta transformación el hecho de que también los árabes, entre quienes nació el islam, son semitas. Ya en las cruzadas se identificó israelitas con ismaelitas, que era el nom­bre para los árabes. Este nuevo antisemitismo se dirige contra estos ismaelitas. Es obvio que el peligro actual es que resulte un proyecto de aniquilamiento semejante al holocausto, solo que más devastador todavía.

Ahora bien, detrás de toda conspiración mundial siempre se encuentra el diablo universal. El actual presidente Bush, por tanto, se presenta como predicador en contra del diablo de manera parecida a como ya lo hiciera Reagan, y en sus enemigos ve "the evils's face" (La cara del malo o del diablo). En su viaje a los Balcanes visitó Rumania donde habló tanto de Husein como de [278] Ceausescu como dictadores que nos muestran esta "evil's face". La lucha contra la conspiración mundial se revela, entonces, como un gran exorcismo. Al hablar de este exorcismo, Bush dijo que antes de comenzar a hablar vio un arco iris, de donde concluyó: «God is smiling on us today» (Dios hoy nos sonríe)1.

Cuando se realiza la actual propaganda anti-diablo, no se trata de algo simplemente metafórico. El diablo de Bush es el monstruo que la razón instrumental produce al soñar. Todo lo que se percibe como distorsión de esta marcha de la razón instrumental, aparece en el soñar de esta razón como diablo. A través de Bush, el propio sistema sueña su diablo. Para Goya, Napoleón, con su diablo respectivo, era el enemigo de la diosa razón de la Revolución Francesa. Las mismas conspiraciones mundiales son parte de este soñar de la razón instrumental, que arrasa con el mundo.

Bush proviene de la sociedad estadounidense, que probable­mente es hoy la sociedad del mundo más fascinada por las luchas con el diablo en todas las dimensiones de la vida humana. En muchos movimientos cristianos fundamentalistas, los servicios religiosos tienen enteramente el carácter de exorcismo. Eso invade ahora la política mundial, que pierde su racionalidad al ser trans­formada en lucha contra el diablo, cuya cara es la conspiración mundial terrorista fabricada en función de esta transformación del imperialismo en lucha contra el diablo. Y así como para luchar contra el monstruo hay que hacerse también monstruo, ahora hay que hacerse diablo también para poder luchar contra el diablo. Monstruos fabricados, diablos fabricados y proyectados. No exis­ten, por tanto, límites para esta lucha. Todo es lícito.

No obstante, estas proyecciones de monstruos no nos dicen nada o casi nada ni de Bin Laden, ni de Al-Qaeda, ni de Arafat, ni de Husein. Tampoco sobre ninguna pretendida conspiración. En­tonces, ¿sobre quién nos dicen algo?

Estas proyecciones, en efecto, no son completamente vacías ni son simple mentira. Pese a que ellas no dicen nada o casi nada sobre Bin Laden, Arafat o Husein, dicen algo. Dicen algo sobre quien realiza estas proyecciones, y dicen poco sobre quien se proyectan. Cuando el presidente Bush (padre) describía a Husein como un Hitler, cuando toda la población estadounidense lo se­guía en esto y cuando, finalmente, toda la comunidad de las naciones casi sin excepción seguía esta proyección del monstruo en Husein, eso nos dice algo sobre el presidente Bush, sobre los EEUU y sobre la situación de la comunidad de las naciones.

Ahora que, siempre debemos suponer algo que subyace a este tipo de proyección, y es: para luchar contra el monstruo, hay que [279] hacerse monstruo también. Ya Napoleón decía: «Il faut opérer en partisan partout ou il y a des partisans» (Para luchar contra el partisano, hay que hacerse partisano también).

Posiblemente, desde ambos lados en lucha se hace la proyec­ción mutua del monstruo, uno frente al otro. Esto es, ambos se hacen monstruos para luchar contra su respectivo monstruo. Sin embargo, eso no significa que ambos tengan razón. Al contrario, por más que se transformen en monstruos para poder llevar a cabo esta lucha, ninguno la tiene. Porque la proyección polarizada es la creación mutua de la injusticia en nombre de la justicia -"justicia infinita" -, la cual actúa por ambos lados de igual manera. Nunca es cierta, ni siquiera en el caso en que el otro, en quien se proyecta el monstruo, parece realmente un monstruo. La mentira es un producto del propio mecanismo: hacerse monstruo para luchar contra el monstruo.

Este monstruo es el anti-sujeto. Proyecta el monstruo en los otros, para acallar al sujeto. El sujeto no desaparece, es transforma­do en este anti-sujeto que proyecta los monstruos en otros para hacerse monstruo también. Resulta, entonces, que la negación del sujeto produce monstruos que son el sujeto substitutivo. Son fetiches. Pero los fetiches viven y actúan.

Como consecuencia se manifiesta la racionalidad del pánico, la cual Kindleberger describe magistralmente: "Cuando todos se vuelven locos, lo racional es volverse loco también"2.

Se trata de una lógica resultante de las fuerzas compulsivas de una competencia totalizada que se encuentra en un movimiento vacío. Es una racionalidad de la locura, que tapa las salidas. Kindleberger lo afirma de la manera siguiente: “Cada participante en el mercado, al tratar de salvarse a sí mismo, ayuda a que todos se arruinen”3. [280]

Si cada uno ayuda a que todos se arruinen, cada uno también ayuda a arruinarse a sí mismo. Porque cada uno es parte de todos. Uno tapa la salida al otro. Todos persiguen el monstruo y, para poder perseguirlo, se transforman en monstruos. Se pierde de vista la realidad y, por consiguiente, se la destruye.

Pero cuando uno tapa la salida al otro, la competencia cambia su lógica. Como ya no hay salida, cada uno corre para asegurarse ser el último en caer. Surge una lucha a muerte que ya no busca salidas, sino ser este último que caiga. Se han cerrado los horizon­tes y todos han ayudado a cerrarlos. Se ha renunciado a la salida para que el más poderoso se imponga como el último en caer. Esto lo hace con la vaga esperanza de que si por alguna razón aparece una salida, él todavía podrá aprovechada.

En el Coliseo romano se practicaba un juego cruel, que parece una parodia de esta situación producida hoy mundialmente. En este juego se mandaba a cien gladiadores a la arena. Tenían que luchar indiscriminadamente entre sí, hasta que no quedara nadie con vida. Y si el último quedaba con vida, se lo degollaba. Mas había una vaga esperanza. En el último momento el emperador podía levantar el pulgar como señal de poner fin al juego y en tal caso el último gladiador salía con vida. El juego se llamaba "sine missione"4. No es nuestra famosa "misión imposible", sino un juego sin misión. Por eso, su nombre también podría ser traducir como "sin sentido". Hoy hay juegos electrónicos que semejan una copia de este juego del Coliseo5.

Todo el mundo juega hoy este juego sine missione, el cual es ahora mucho más cruel que en tiempos de los romanos. Monopo­lizar el agua, el trigo, el petróleo, los genes, monopolizado todo es el medio para aplastar a los otros. Por eso la lucha no es por ningún interés específico, sino por el todo. El imperio trata de determinar quiénes pueden sobrevivir como últimos y, finalmente, determina al último que caerá. Surge asimismo la vaga esperanza del último gladiador de que haya un emperador que lo deje salir con vida levantando su pulgar.

Son esperanzas que funcionan como narcóticos. En 1992, en la conferencia sobre el ambiente en Río de Janeiro, decía Bush (padre): “Aunque exista calentamiento del aire, los países ricos encontrarán soluciones gracias a su tecnología”6. [281]

El emperador aquí es la ilusión de un progreso tecnológico capaz de subsanar los daños que la propia tecnología, en su aplicación indiscriminada, está originando. Los fundamentalistas cristianos de los EEUU que acompañan este fundamentalismo del mercado, tienen otro emperador que levantará el pulgar al último que quedará después de esta tribulación: ¡Cristo viene!

Se sabe que el asesinato es suicidio. Aun así, se trata de extender el intermedio entre el asesinato y el suicidio para poder seguir asesinando.

Aquí, aparentemente, el sujeto es asumido por el anti-sujeto sin capacidad de retorno.

Aparece un "hoyo negro". Después de la reciente detención de al-Nashiri, sospechoso de ser un alto dirigente de AI-Qaeda, la CNN dio la siguiente noticia:

Sin vacilar, un US-oficial dice: "El ha sido de alguna ayuda en términos de información". La clave para lograr información consiste en encontrar el punto débil de al-Nashiri, como lo dice Cindy Capps del Centro para Estudios de Contrainteligencia (Center for Counterintelligence Studies). "Cada persona tiene un botón que se puede apretar", indica Capps, un ex-especialista del FBI para interrogatorios. "Tienes que encontrar este botón".7

Buscan el botón, y todos sabemos lo que eso significa. Sin embargo, las palabras del especialista en torturas tienen un refe­rente que nos muestra la parodia. Georges Orwell, en su novela 1984, nos presenta a O'Brien, el torturador del Big Brotber, quien reflexiona muy perspicazmente sobre sus métodos de tortura8:

- Me preguntaste una vez que había en la habitación 101. Te dije que ya lo sabías. Todos lo saben. Lo que hay en la habitación 101 es lo peor del mundo 8 (pág. 297).

- Lo peor del mundo -continuó O'Brien- varía de individuo a individuo. Puede ser que le entierren vivo o morir quemado, o ahogado o de muchas otras maneras. A veces se trata de una cosa [282] sin importancia, que ni siquiera es mortal, pero que para el individuo es lo peor del mundo (pág. 298).

- El dolor no basta siempre. Hay ocasiones en que un ser humano es capaz de resistir el dolor incluso hasta bordear la muerte. Pero para todos hay algo que no puede soportarse, algo tan inaguantable que ni siquiera se puede pensar en ello. No se trata de valor ni de cobardía (págs. 298s.).

Es difícil decir si el torturador Capps es una parodia de O'Brien, o a la inversa. Con todo, no puede haber mucha duda de que O'Brien es el instructor de Capps. Éste aprendió concientemente con O'Brien, y el O'Brien de Orwell se ha convertido en el tipo ideal del torturador para los torturadores de hoy. Ha llegado a ser un ideal para la aproximación.

Es el ideal del sujeto negado sin retorno. Capps-O'Brien apun­tan a esta meta: el sujeto torturado convertido al amor al tortura­dor. También los torturadores tienen un gran ideal. Es el ideal del infierno en la tierra.

La propia razón instrumental sueña, y está soñando, estos monstruos. ¿Por qué lo hace? En su marcha por el mundo -la estrategia de globalización es hasta hoy la última etapa de esta marcha de los Nibelungos- sueña todos los obstáculos a esta marcha en forma de monstruos por exterminar. Con eso, todas las alternativas posibles son fácilmente transformadas en monstruos por matar. Los problemas concretos -hoy sobre todo la exclusión de la población y la crisis ambiental-, cuya solución exige las alternativas, son relegados a un segundo o tercer plano y pierden significación en relación a la lucha contra los monstruos. La misma realidad concreta desaparece. No obstante, esto precisamente abre el paso a la marcha sin límites de la razón instrumental-calculado­ra. Por esta razón, no puede haber salida sin disolver tales monstruos. La sola discusión de alternativas no los disuelve.
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