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Diseño de tapa: Isabel Rodrigué

Aprendices del amor

Las emociones y la mente

NORBERTO LEVY

Levy, Norberto

Aprendices del amor-1a ed. -Buenos Aires: Grijalbo, 2005.

160 p.; 22x15 cm. (Autoayuda y superación Grijalbo)

ISBN 950-28-0362-0

Superación Personal. 1 Título

CDD 158.1


Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de la editorial.
IMPRESO EN LA ARGENTINA

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

© 2005, Editorial Sudamericana S.A.® Humberto Iº 531, Buenos Aires.

www.edsudamericana.com.ar

ISBN 950-28-0362-0

Publicado por Editorial Sudamericana S.A. ®

bajo el sello Grijalbo

Versión digital de Fede

Abril, 2005

Corrección primera


Este libro está dedicado a todos nosotros,

pequeños y heroicos aprendices del amor...
AGRADECIMIENTO
Quiero agradecer a Graciela Figueroa y a María Alejandra Ruiz Díaz por el acompañamiento sostenido, el aliento, las sugerencias siempre precisas y enriquecedoras, que hicieron posible que este libro fuera escrito.

PRÓLOGO
En este libro exploramos los celos, la competencia, el resentimiento y la voracidad. Además, el amor, que si bien es más que una emoción pues nombra a esa calidad de energía que sustenta todo lo que existe, también, en uno de sus niveles de manifestación, se presenta como una emoción.

De este modo continuamos la indagación que presentamos en La sabiduría de las emociones, donde exploramos el miedo, la culpa, el enojo, la envidia, la vergüenza y la exigencia.

Todas las emociones están en continua interacción con la mente y sobre este vínculo existen muchos malentendidos. En general creemos que ambas son adversarias esenciales y que tenemos que elegir entre una u otra. Según por cuál optemos seremos mentales o emocionales.

Destinaremos un capítulo a mostrar que la relación esencial entre las emociones y la mente es de complementariedad y que el conflicto surge cuando se desconectan de su condición de socias y se embarcan en una batalla sin solución en la que irremediablemente todos perdemos.

También exploramos el vínculo entre las emociones y la dimensión transpersonal de la conciencia. Podemos experimentarnos exclusivamente como individuos separados o podemos percibirnos también como "células integrantes y concientes del gran organismo universal".

Según sea la condición en la que nos percibamos será la manera de sentir nuestras emociones.

Destinaremos también un capítulo a describir estos niveles de conciencia y el modo en el que influyen en nuestro universo emocional.
Hacia la segunda mitad del libro presentamos dos actitudes que están muy generalizadas y que perturban notablemente nuestras relaciones cotidianas: el enjuiciar y el enojo con el pedido.

También hemos incluido otra actitud que lamentablemente ejercemos de un modo precario: el reconocimiento de lo valioso del otro para nosotros.
Por último, el texto culmina con la descripción de las conexiones de este abordaje con la Nanopsicología.

Se llaman nanotecnologías a las técnicas que operan sobre unidades muy pequeñas, a niveles del tamaño del átomo, para producir allí las transformaciones que influyan sobre vastos sistemas.

He utilizado el término Nanopsicología como metáfora del núcleo de esta propuesta, que es precisamente acceder a la esencia del conflicto. Esa que, siendo muy pequeña, está presente en todos los conflictos y cuya resolución repercutiría sobre todas sus manifestaciones.

Ese conflicto esencial es el que existe en la relación rechazador-rechazado. Cuando éste no se resuelve se convierte en la base del sufrimiento y la enfermedad y cuando se aprende a resolverlo es el combustible mayor del crecimiento y la transformación.

Si bien ésta ha sido la línea directriz de mi exploración clínica de los últimos treinta años, ahora encuentra en este término una feliz correlación.

Este texto no necesita leerse según el orden del índice. Cada capítulo se autosustenta y a mi juicio se aprovecha mejor cuando uno ingresa en el tema que más le interesa en ese momento.
Y para terminar, si tuviera que sintetizar en una línea el espíritu de esta búsqueda, continuaría una frase que incluí en el prólogo del libro anterior, que nombra tal vez la tarea mayor de nuestra conciencia individual y que es lo que en última instancia nos permite resolver la relación rechazador-rechazado:

"Encontrar el amor allí donde parece que el amor no está...".
NORBERTO LEVY

Buenos Aires, marzo de 2005 13

1. LA RAÍZ DE LOS CELOS
Los celos son una seña! que me informa del peligro

de perder el cariño del ser querido por la presencia de un tercero.

Es la sensación de sentirme excluido y abandonado.

El sentimiento es doloroso.

La señal, si aprendemos a procesarla, puede enriquecernos.

¿Los celos son una enfermedad"?

Los celos son el dolor y el temor de perder el amor del ser querido como consecuencia de la relación que establece con otra persona. Por lo tanto los celos son una emoción universal que, de una forma u otra, todos hemos sentido, y por eso mismo es necesario diferenciar los celos normales de los patológicos. Los criterios útiles para distinguirlos son, por un lado, el tipo de estímulo que los detona y por otro, la manera en que reacciono cuando los siento.

Para comprender mejor el primer punto pongamos un ejemplo de una relación de pareja. Si siento celos al ver a mi mujer besando apasionadamente a un hombre, es una cosa; si los siento al verla saludar amablemente a un compañero de trabajo, es otra muy distinta. Estas situaciones muestran claramente dos extremos y, entre ambos, se ubica toda la gama de posibilidades intermedias. En algunas de ellas suele ser muy difícil la distinción. Y ahí es donde cobra especial relevancia el segundo factor: la manera de procesar y reaccionar ante los celos.

Para hacerlo más claro utilizaré dos respuestas extremas: cuando siento celos puedo reaccionar con intensa violencia y cometer un crimen pasional o puedo abrir un diálogo con mi mujer en un momento apropiado en el que pueda reconocer e incluir esta emoción con claridad y respeto. También acá entre estas dos reacciones extremas, existe una vasta franja de conductas intermedias.

Resumiendo lo dicho entonces: cuanto más pequeño el estímulo y más intensa y destructiva la reacción, más se inclina la balanza hacia lo patológico...

¿Los celos son una emoción negativa aun cayendo dentro de la franja de lo normal?

Los celos son una señal que me informa acerca del riesgo de perder el cariño del ser querido. Y esa señal la siento como dolor, como sensación de estar excluido, de no ser tenido en cuenta, de sentirme abandonado... de modo que efectivamente la señal es dolorosa pero eso no quiere decir que la emoción sea negativa. Para ilustrar esto apelaré a una metáfora que utilizo con frecuencia porque es muy gráfica: los celos serían como la luz roja del tablero del auto que indica que hay poca nafta. Esa señal no es grata, sobre todo si estoy en la ruta y no sé cuánto falta para la próxima estación de servicio, sin embargo es necesaria y útil porque me permite tomar las medidas para resolver el problema.

Asumir que siento celos y abrir ese tema con mi pareja sin duda no es fácil ni grato, pero si ambos estamos en condiciones de hacerlo, permite conducir la mirada a un balance global de la relación; es decir que podamos pensar en qué es lo que está faltando, qué ha sido descuidado o se ha perdido... y eso puede desembocar en diferentes desenlaces: ya sea que ambos descubramos el deseo de reconstruir y fortalecer la relación, o que decidamos separarnos.

Cuando uno comprende el sentido de señal de todas las emociones deja de percibirlas como negativas. Y esto vale también, tal como lo explico en La sabiduría de las emociones, para el miedo, el enojo, la envidia, la culpa.
¿Los celos se sienten sólo en la pareja?

No. Utilicé ejemplos de parejas porque es el ámbito más frecuente de este padecimiento en el mundo adulto pero la realidad es que además se pueden sentir entre hermanos por el cariño de los padres, entre padres e hijos, entre amigos, compañeros de trabajo, etcétera.

En esta época en la que son habituales las relaciones entre personas que están divorciadas y tienen hijos, se presentan frecuentemente los celos con la ex pareja y con los hijos que ya tiene la pareja actual. Por supuesto que cada situación tiene el matiz propio de las personas (y sus roles) que están en juego. Son distintos mis celos por el hijo de mi pareja, que por su ex, que por un compañero nuevo de trabajo... Hay vínculos que ponen en riesgo masivo mi presencia —como es el caso de una nueva relación— y otros que, si bien no me sustituyen en mi rol, frustran mi deseo de ser el centro y el primero en el "ranking" de sus afectos y su dedicación. Este punto es muy importante y lo ampliaremos cuando describamos "el deseo de ser la única fuente de bienestar para el otro".

Como vemos lo esencial en los celos es que esté el temor de perder —en un grado variable— el afecto del ser querido por la presencia de un tercero, y eso se da en muchas áreas.

¿En la pareja siempre se cela lo mismo?
Si bien lo más frecuente es la sexualidad, no es lo único que se cela. Uno siente celos en relación con aquellas áreas en las que se siente más inseguro y eso puede ser la intimidad afectiva aunque no haya sexo, el área intelectual, el gusto por la música, la sensibilidad psicológica... o lo que sea. Entonces imagino que ese tercero le va a brindar a mi pareja todo aquello maravilloso que yo quisiera tener y no tengo. Esto es particularmente torturante porque mi rival no es entonces alguien "de carne y hueso", sino la imagen viva de lo que yo querría ser.
¿El amor de pareja no necesita de los celos? ¿Puede haber amor sin celos?
No es que el amor de pareja necesite de los celos. Lo que la pareja necesita es autonomía psicológica de sus miembros, es decir que cada uno tenga una cuota satisfactoria de vida propia y que ambos crezcan en el vínculo. En ese contexto es posible que se den momentos en los que uno tema perder el cariño del otro a partir de algo que está haciendo o viviendo. Si ese temor es leve y la pareja lo puede procesar bien se convierte en un sabroso condimento de intensidad que recuerda que se pueden alejar pero que eligen seguir estando juntos. Y es un condimento porque los seres humanos percibimos contrastes. Si pongo un dedo en agua tibia la sentiré como tal los primeros segundos, luego dejo de percibir la tibieza. Si en ese momento lo coloco en agua fría un instante y vuelvo a ponerlo en la tibia, podré percibir otra vez la tibieza del agua. Y éste es el modo de ser de la percepción. Es bueno recordarlo por que así es como funcionamos también en las relaciones personales. Cuando siento que puedo perder el cariño que recibo, eso mismo me ayuda a valorarlo.
¿Hay personas que disfrutan de despertar celos?
Sí, las hay. Cuando se convierte en una necesidad ya entra en la franja de lo patológico.

Quien disfruta despertando celos es siempre un celoso. Por una parte siente que si el otro lo cela no es él el celoso, y además a través de los celos le llega el reconocimiento de que es tenido en cuenta por el otro. "Si me cela es porque le importo."

Es un típico ejemplo de lo que es abusar del condimento. Como todos sabemos, para que enriquezca el sabor de la comida debe estar presente en su justa medida, si no termina arruinándola. Con los celos ocurre lo mismo.
Si amar es desear la felicidad del otro, ¿quien cela puede amar plenamente?
Un antiguo poema respondió breve y bellamente a esta pregunta:

Los celos son un hilo de temor,

tan delgado y tan sutil,

que si no fuera tan vil,

podría confundirse con amor...

Desde una mirada más psicológica hoy podemos agregar que el celoso ama hasta donde puede y como puede. Es un amor con características infantiles. El niño ama a sus padres y puede hacer un gran berrinche porque están atendiendo a su hermanito...

Para comprender los temas del amor es necesario incluir la noción de grados y de niveles de crecimiento. Por lo tanto hay amores más infantiles y otros más adultos. Naturalmente, cuanto más crecido, más pleno es el amor.
¿Pueden los celos funcionar como profecía autocumplida?
Sí. Y no por algún castigo mágico. Simplemente porque si quien cela produce reacciones que van dañando al vínculo, es ese deterioro el que va produciendo alejamiento... Y una de las consecuencias del alejamiento es que aparezca una nueva relación.
¿Todos los celosos reaccionan en la misma forma?
La vivencia central de sentirse excluido y abandonado es muy semejante pero puede cambiar la forma de expresión, y eso depende de la personalidad de cada uno.

Si es introvertido e hipersensible lo más frecuente es que se retraiga, se distancie emocionalmente y acumule enojo retenido. Si es expansivo extrovertido puede hacer una escena de celos y tener actitudes de buscar pruebas: mirar bolsillos, revisar el correo, entre otras.
¿Qué diferencia hay entre celos y envidia?
Todas las emociones se interpenetran y no hay emociones separadas y puras en las que uno pueda decir: ¡Acá hay sólo celos...! Intentar hacerlo es como pretender alambrar el mar. Es imposible.

De todos modos, hecha esta salvedad podemos dar algunos rasgos que las distinguen. En la envidia puede no haber un tercero explícito: siento dolor y enojo al escuchar a un conocido que me cuenta que ganó un premio que yo también anhelaba y no obtuve... Acá no hay tanto el dolor de perder el cariño por la presencia de un tercero sino el tremendo impacto del contraste que me remite a lo que no tengo, a lo que no he logrado.
Si siento celos porque imagino que me van a abandonar, ¿es porque estoy proyectando en el otro mis propios deseos de abandonarlo?
Algo de eso puede haber pero se ha sobreutilizado esa explicación... y en la parte que puede tener de cierta tampoco conduce a la raíz del problema de los celos.
¿Cuál es la raíz del problema de los celos?
La causa más importante es el sentimiento de autodesvalorización. Éste es un término muy utilizado y vale la pena entonces describir la intimidad de ese estado y cómo se llega a él. Todos albergamos rasgos de nosotros mismos que no nos gustan. Me puedo sentir temeroso, dependiente, triste, inseguro y lo más frecuente es que sienta rechazo hacia esas características mías. Ese rechazo es normal y necesario. Lo que produce problemas es la forma de sentir ese rechazo. Si el rechazo se manifiesta como autorreproche y descalificación, la consecuencia inevitable es que me sienta disvalioso. Si yo pienso de mí que soy un inútil y un incapaz es natural que crea que los otros van a sentir lo mismo hacia mí. Es lo que expresa con mucho ingenio aquella frase de Groucho Marx: "No quiero pertenecer a un club que me acepte a mí como socio...".

Otro modo de decir lo mismo, que muestra tal vez la faceta más dolorosa de este estado, es: "Lo que yo ame no me amará...".

Cuando vivo en esa atmósfera interior me costará creer que, por ejemplo, mi mujer o mi marido me valore y me quiera. Ésta es, sin duda, una situación difícil que produce mucha insatisfacción porque necesito que los demás me demuestren con sus acciones que sí soy valioso, y me convierto en un esclavo de sus opiniones... y cuando el reaseguramiento llega me cuesta creerlo, porque me digo: "Hacen esto porque no me conocen, si me conocieran como yo me conozco no lo harían...".

Este estado es de debilidad psicológica, y quedaré entonces predispuesto a tomar cualquier situación ambigua como confirmación de ese desamor tan sospechado y temido. Así es como se generan los celos patológicos...

La desvalorización y la dependencia emocional son las causas psicológicas profundas de los celos excesivos, y hasta que no se resuelvan los celos continuarán porque son su consecuencia.
¿Y cómo se curan los celos?
Yendo a la raíz que los genera, que es el autorrechazo destructivo. Como expresé antes, es normal y

necesario que uno sienta autorrechazo hacia partes de uno mismo porque ése es el modo primario en que se expresa el deseo de cambiar algo. Lo que no es necesario y es verdaderamente dañino es el modo destructivo del rechazo. El autorrechazo es destructivo cuando en lugar de transformar aquello que rechaza lo lesiona más. Y esto ocurre, lamentablemente, con mucha frecuencia. Y es relativamente sencillo explorarlo. Imagine que delante suyo está esa parte de usted que rechaza, que no le gusta, y que desea cambiar (puede ser la parte insegura, miedosa, sometida, triste, etcétera). ¿Qué siente al verla? ¿Qué le darían ganas de hacerle?

Cuando propongo esta indagación, la gran mayoría de las veces surge: "Lo que siento es rabia, desprecio, impaciencia, y me dan ganas de eliminarla, borrarla, enterrarla... zamarrearla para que despierte de una buena vez..." Y cuando, luego, invito a la persona a que tome el lugar de esa parte rechazada y le pregunto cómo se siente al escuchar lo que le acaban de decir, la respuesta más frecuente es: "Ahora me siento peor que antes...".
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