Somos una profundidad de alma que se hace pasar por un ego insignificante






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fecha de publicación19.09.2015
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Sobre el Amor Consciente

Dos textos de John Welwood


Del libro “Amar y despertar”, de John............. Welwood, Ediciones Obelisco.
En el momento en que nos opo-nemos a mantener confrontaciones con nuestra pareja, porque amenazan el statu quo que nuestro ego lucha por mantener, es cuando nuestra lucha de almas empieza de verdad. Podemos tratar de defendernos racionalizando nuestra actitud o invalidando las ob-servaciones del otro, lo que tan sólo fuerza a nuestra pareja a gritar más fuerte, para que la escuchemos. Y, a su vez, nos lleva a excavar más pro-fundo nuestras trincheras de batalla. Los conflictos de este tipo es pro-bable que intensifiquen y destruyan la relación a menos que ambos poda-mos verlos como oportunidades para trabajar el alma.

 

A menudo nos resistimos a los enfrentamientos con nuestra pareja porque amenazan con hacer explotar nuestra protección, exponiendo partes de nosotros que pasaríamos un mal rato admitiendo. Sin embargo, al hacer desaparecer nuestra protección, nuestra pareja realmente nos está haciendo un favor porque mientras nos identifiquemos con esta protección -creyendo que somos la protección- nos mantendremos distanciados de quienes realmente somos.

 

Hay una historia sufí sobre un león, separado de sus verdaderos padres al nacer, que crece entre un rebaño de ovejas. Este cachorro de león actúa como una oveja porque cree que es una de ellas. Vive en un trance en el que cree ser una oveja.


Todos nosotros sufrimos un caso similar de identidad equivocada:

somos una profundidad de alma que se hace pasar por un ego insignificante. Somos leones que se creen ovejas, escondidos tras una fachada de ovejas. Mientras continuemos pensando que somos ovejas, no obstante, estamos obligados a sufrir. ¿Cómo puede ser feliz un león viviendo como una oveja? No hay manera de experimentar verdadera alegría o plenitud cuando no estamos siendo lo que realmente somos.

 

Alguien con quien compartimos una conexión de almas ve el león que habita en nosotros, escondido tras la fachada de oveja. Sin embargo, cuando nuestro amante nos hace el favor de ver a través de nuestra fachada, solemos resistirnos. Al haber perdido contacto con nuestra naturaleza de león puede que nos hayamos apegado a nuestra identidad de ovejas. Sin ella, tememos perder nuestra singularidad, o quizá no ser nada en absoluto. Por ejemplo, un hombre que haya perdido contacto con su sensación de bondad fundamental puede que se haya conformado con ser un "buen chico" en su lugar. Es posible que cuando su pareja mire a través de esta fachada, se sienta aterrado al principio. Su disfraz de oveja no funciona, pero tampoco sabe todavía que es un león. 

 

Momentos como estos nos llevan al filo de la navaja, ese momento de tran-sición en el que una identidad empieza a abrirse, pero nada definitivo ha surgido todavía para ocupar su lugar. Si huimos aterrados de esta experiencia, nunca des-cubriremos al león que somos realmen-te. Sólo a través de abrimos a este filo y de enfrentamos a nuestro miedo a la na-da podemos descubrir la verdad: que so-mos algo mucho más poderoso y real que ninguna de nuestras identidades autocreadas.

 

Por eso, cuando alguien a quien amamos, desafía nuestra fachada, si somos capaces de considerarlo una ocasión de trabajar el alma, en lu-gar de una victoria o una derrota, estaremos creando un nuevo contexto para esta clase de conflicto. Se convertirá en un combate sagrado.

 

La suavización y la valentía
Ciertamente, la vida sería más fácil si escogiésemos una pareja que se acomodase o sometiese a nosotros. Sin embargo, puesto que nuestra alma quiere liberarse de las viejas identidades que nos limitan, a menudo escogemos a alguien que, por el contrario, tantea nuestros resortes, gol-pea los barrotes de nuestra jaula del alma y que nos pone en contacto con sentimientos incómodos que hace tiempo que estábamos tratando de desterrar. Si nuestro objetivo es llegar a ser más conscientes en una re-lación, es importante reconocer que hay algo en nosotros que realmente quiere ser sacudido de esta forma, aunque nuestro ego pueda resistirse.

 

Mantener una visión más amplia de la relación puede ayudarnos a aceptar este reto, al recordamos que cuando la pareja empieza a golpear nuestra jaula, es para un bien mayor: ayudarnos a madurar y a abrimos. Cuando consideramos tal fricción como parte de nuestro trabajo del alma, nuestra lucha es más genuina y real, se convierte en una cualidad sa-grada en vez de destructiva. Puede convertirse en una astuta danza, co-mo el aikido, que se basa en utilizar el ataque del oponente como una oportunidad para caer, o rodar, por encima de todo para que podamos aprender a movemos fluidamente, sin rigidez. El propósito de esta lucha es suavizarte: te ayuda a descubrir que eres algo más profundo, más rico, y más fluido que cualquier identidad del ego a la que estés aferrándote.

 

Desde esta perspectiva, tu pareja no es un adversario, sino alguien que sirve a tu desarrollo. En el aikido y en otras artes marciales orien-tales, siempre te inclinas ante tu adversario, como manera de expresar lo que a tu alma le gustaría declarar: «Te honro y te respeto como un oponente digno, y valoro la oportunidad de aprender y crecer a través de este combate contigo». No es por accidente que las metáforas de amor y guerra -de persecución y rendición- están a menudo asociadas. El dios del amor, ar-mado con flechas para penetrar nuestro duro ex-terior; destruye nuestras autocomplacientes fa-chadas y nos perfora hasta el núcleo.

 

Aproximarse al conflicto de la relación con este espíritu provoca que éste se entrene para convertirse en guerrero, -en el sagrado, y no en el mundano, sentido del término. En su libro, “Shambala: la senda sagrada del guerrero”, Chogyam Trungpa define guerrero como «el que es valiente». La valentía implica una, voluntad de dejar que nuestras defensas y escondites queden expuestos, para que podamos abrimos más completamente a la vida. Ser un guerrero en una relación significa estar dispuesto a afrontar nuestro dolor y nuestro miedo, en lugar de tratar de evitarlos continuamente.

 

No cabe ninguna duda de que nos será difícil abrirnos de esta manera, o suavizarnos en el conflicto, a menos que también compar-tamos una conexión de corazones mediante la cual sintamos que nuestra pareja básicamente nos ama y nos acepta tal y como somos. Tiene que existir buena fe y buena voluntad por ambas partes. Cuando mantenemos una conexión basada en la buena fe y la buena voluntad, todo lo que tenga que decir nuestra pareja sobre nosotros contendrá algo de verdad que nos puede resultar beneficioso oír. Por supuesto que nuestra primera reacción puede ser defensiva: «No quiero oírlo.» Es posible que pase algún tiempo antes de que seamos capaces de reconocer la verdad de lo que está diciendo nuestra pareja, antes de que permitamos entrar al mensaje, y admitamos, «Bien, puede ser que tenga razón».

 

Así es como normalmente necesitamos relajar nuestras defensas en un principio: abriendo una pequeña rendija de la puerta cada vez, en lu-gar de tratar de apartar sus defensas de una manera enérgica. Sobre todo, es importante ser amables con nosotros mismos en los momentos en los que nos sentimos amenazados por lo que nuestra pareja está diciendo. Si nos culpamos o nos atacamos cuando nuestra pareja nos muestra alguna verdad desagradable sobre nosotros, esto sólo nos hará contraernos y endurecemos más. El ser amables con mismos nos pro-porciona apoyo cuando más lo necesitamos y este apoyo interior nos presta coraje para que así podamos relajar nuestras defensas y escuchar las preocupaciones de nuestra pareja.

 

Así pues, la suavidad y la valentía van mano a mano. En palabras de Trungpa, "Descubrir la valentía proviene de trabajar con suavidad el corazón humano". Por otra parte, «la valentía es tan frágil como la porcelana china. Si uno la deja caer, se romperá». Esta combinación de coraje y ternura es esencial para una relación consciente. Nos permite escuchar las cosas difíciles que aquellos que amamos tienen que decirnos, y aprender las lecciones del alma que nos ayudarán a liberar el león que somos. 

 

 

La práctica del Amor Consciente
Del libro “Trascender el Ego”, de Editorial Kairós, compilado por Roger Walsh y Frances Vaughan.


Generalmente, solemos considerar que las relaciones íntimas son adecuadas cuando satisfacen nuestras necesidades de amistad, segu-ridad, sexo y autoestima. Sin embargo, si aspiramos a convertir nuestras relaciones en un sendero - un sendero sagrado - nos veremos obligados a ampliar nuestra perspectiva y a asumir una visión más comprehen-siva que, incluyendo todas esas ne-cesidades, no se halle, sin embar-go, circunscrito a ellas. Nuestro te-ma tiene que ver con el cultivo del amor consciente, de ese amor que puede inspirar el desarrollo de una consciencia más expandida y la evolución de las personas implica-das.

Sin embargo, no debemos demostrarnos demasiado idealistas por-que las relaciones íntimas nunca funcionan a un solo nivel. Vivimos simul-táneamente en diferentes niveles y cada uno de ellos tiene sus propias necesidades concretas.....

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Niveles de conexión.............................................................................

a) El vínculo más primario que podemos encontrar en la pareja es la necesidad de una fusión simbiótica originada en el deseo de alcanzar el alimento emocional del ego del que carecimos en nuestra infancia. Obvia-mente, esto es algo por lo que atraviesan muchas parejas que, cuando acaban de conocerse, atraviesan una fase simbiótica que les lleva a cortar temporalmente otras actividades o amistades y a pasar la mayor parte del tiempo juntos. El estadio simbiótico de una relación puede así contribuir a que ambas personas lleguen a establecer un profundo vínculo emocional. No obstante, si la simbiosis se convierte en la principal motivación de la relación o si perdura demasiado tiempo, termina convirtiéndose en un factor limitador que establece una dinámica paterno (o materno)-filial que limita el rango de expresión e interacción de ambas personas, destruye los roles masculino y femenino de la relación y termina creando pautas de comportamiento adictivas...................................................................

b) Más allá de la necesidad primitiva de fusión simbiótica, el deseo fundamental que aparece en una relación es el de compañerismo, un deseo que puede asumir formas más o menos sofisticadas. El compa-ñerismo constituye un ingrediente esencial de toda relación, pero ciertas personas, sin embargo, parecen no desear nada más de su pareja...........

c) Otro nivel posterior de relación es el que se establece en el caso de que los amantes no sólo compartan las actividades y la compañía del otro sino que también tengan intereses, objetivos y valores parecidos. Así pues, cuando una pareja empieza a crear un mundo común podemos afir-mar que ambos se adentran en el nivel de la comunidad, un tipo de re-lación que, al igual que el compañerismo, constituye una forma terrenal y concreta de relación...........................................................................

Sin embargo, más allá del hecho de participar de los mismos valores e intereses del otro, se encuentra el nivel de la comunicación, un nivel en el que somos capaces de compartir todo aquello que ocurre en nuestro interior, es decir, todos nuestros pensamientos, expectativas, experiencias y sentimientos. Estable-cer una buena comunicación es una tarea mucho más difícil que tratar simplemente de crear una situación de compañerismo o de comunidad. Este nivel requiere que cada miembro de la pareja sea totalmente sincero al expresar lo que ocurre en su interior y tenga el valor suficiente como para supe-rar los inevitables obstáculos que aparecen ante cualquier intento de compartir dos verdades diferentes. La buena comu-nicación es, con toda certeza, el elemento más importante de cualquier relación cotidiana sana.......................................................................

d) Un nivel todavía más desarrollado de la comunicación es la co-munión. Más allá del hecho de compartir los pensamientos y los sen-timientos existe el reconocimiento profundo del ser de otra persona, un reconocimiento que suele descubrirse en el silencio, tal vez mientras mi-ramos a los ojos de nuestra pareja, estamos haciendo el amor, paseando por el bosque o escuchando música. Es como si, de pronto, nos sintié-ramos percibidos y conmovidos en aquel núcleo profundo del ser que trasciende a la personalidad. Seguimos siendo plena-mente nosotros mismos pero, al mismo tiempo, estamos completamente en con-tacto con nuestra pareja. Este tipo de re-lación es tan extraño y sorprendente que no suele pasar desapercibido. Por otra parte, aunque la comunicación pueda ser fruto de un trabajo deliberado, la co-munión, por su parte, es completamen-te espontánea y se encuentra más allá de nuestra voluntad. La comunicación y la comunión son formas de actividad más profundas y sutiles que la compañía y la comunidad y tienen lugar, respectivamente, en el nivel de la razón y en el del corazón.......................................................................................

La profunda intimidad de la comunión puede alimentar el anhelo a superar completamente la dualidad, una aspiración, en definitiva, por lograr la unión completa con la persona amada. No obstante, aunque este anhelo expresa una necesidad auténticamente humana, se dirige, en realidad, hacia lo infinito, lo absoluto y lo divino. Pero cuando este deseo de unión definitiva permanece ligado a una relación concreta suele ter-minar creando problemas y reduciendo nuestra aspiración por la rea-lización espiritual a la idealización, a la inflación psíquica y a la adicción. La forma más adecuada de orientar nuestra aspiración hacia la unión con-siste en una práctica espiritual auténtica -como la meditación, por ejem-plo- que nos enseñe a ir más allá de la mente dicotómica en todas las áreas de nuestra existencia. Así pues, aunque apunten en esa dirección, las relaciones íntimas pueden alentar este tipo de prácticas pero jamás pueden llegar a sustituirla...................................................................

Toda relación tiene áreas más o menos intensas, a lo largo de este continuo de conexión. Las parejas que comparten una relación profunda de ser a ser, que mantienen un buen nivel de comunicación, que tienen intereses y valores comunes y que disfrutan naturalmente de la compañía del otro, logran establecer un equilibrio ideal entre el cielo y la tierra, por así decirlo. La sexualidad, por su parte, puede operar en cualquiera de estos niveles: como una forma de unión simbiótica, como compañía cor-poral, como un ejercicio compartido, como una forma de comunicación o como una comunión profunda..............................................................

El amor consciente sólo aparece cuando ambas personas logran establecer una comunión esencial que trasciende a la personalidad. En esos momentos de comunión, estamos simultáneamente en contacto con nuestra propia esencia y con la esencia de nuestra pareja y, sin embargo, seguimos siendo individualidades separadas. Por más próximos que nos hallemos nunca podemos llegar a compartir plenamente nuestros mundos ni a saber del todo cómo son las cosas para la otra persona. Así pues, aunque podamos compartir ciertos momentos fugaces de unidad en los que nuestra esencia permanece en contacto, la unión completa siempre estará fuera de nuestro alcance...........................................................

No existe modo alguno de retener a otra persona ni de poder usar la relación como una forma de escapar de la soledad. Nuestra pareja es sólo un préstamo temporal que nos concede el universo, un préstamo que ignoramos cuándo se nos reclamará. En el fondo de la devoción a otra persona anida la dulce y melancólica plenitud de un corazón que sólo anhela desbordarse............................................................................

La soledad es, a fin de cuentas, lo que nos impulsa a salir de noso-tros mismos. Por consiguiente, no es necesario que nos aislemos porque la soledad como simple presencia, es lo que compartimos con todas las criaturas de la tierra, es el trasfondo del que brotan todos los tesoros: un anhelo desbordante que nos hace salir de nosotros mismos, escribir un poema, componer una canción o crear algo hermoso..............................

Cuando valoramos nuestra soledad podemos ser nosotros mismos y entregarnos más plenamente. Entonces ya no necesitaremos que los demás nos protejan o nos hagan sentir bien sino que, en lugar de eso, estaremos en con-diciones de ayudarles para que sean ellos mismos. El amor consciente sólo puede brotar como el fruto maduro de un corazón herido...............................

Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecución de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frus-traciones. La verdadera felicidad -la que nadie puede arrebatarnos - emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestros seme-jantes. Si queremos preocuparnos por el desarrollo y la evolución de las personas a las que amamos es necesario poner en funcionamiento las capacidades más profundas de nuestro ser y evolucionar nosotros mis-mos. La evolución exige la puesta en marcha de todas nuestras cua-lidades...................................................................

Así pues, todas las dificultades propias de las relaciones constituyen, en realidad, una oportunidad excepcional: descubrir el camino sagrado del amor cuya llamada nos alienta a cultivar la plenitud y la profundidad de nuestro ser.......................................................................................

La otra orilla del amor..........................................................................

El logro más elevado del amor, el amor consciente, encamina a los amantes más allá de ellos mismos y los lleva a conectar plenamente con la totalidad de la vida. En realidad, el verdadero amor carecerá de espacio para desarrollarse hasta el momento en que se proyecte hacia el exterior. El punto más elevado de la relación amo-rosa apunta al logro de un sentimiento de hermandad con toda forma de vida, lo que Teilhard de Chardin denominaba "amor por el universo". Sólo de este modo podrá el amor, como dice Teilhard, "convertirse en luz y poder ilimitados”........................

El sendero del amor se propaga en círculos. Comienza en el hogar, encontran-do nuestro sitio, haciéndonos amigos de nosotros mismos y descubriendo que, bajo la confusión y el engaño de nuestro propio egoísmo, se esconde la riqueza intrínseca de nuestro ser. Cuando llegamos a establecer contacto con esa plenitud fundamental que anida en nuestro interior descubrimos que tenemos mucho más que ofrecer a nuestra pareja de lo que anteriormente imaginábamos.............

Cuando dos personas se preocupan por el desarrollo de la con-ciencia y el espíritu de su pareja tienden naturalmente a compartir su amor con los demás. Y, de este modo, las nuevas cualidades emergentes -la generosidad, el coraje, la compasión y la sabiduría, por ejemplo- se extienden más allá del círculo de su propia relación. Estas relaciones son el "hijo espiritual " de la pareja, lo que su unión puede ofrecer al mundo. Una pareja florecerá, pues, cuando su visión y su actividad no se centren exclusivamente en ellos mismos sino, por el contrario, cuando sean ca-paces también de incluir a la comunidad de la que participan..................

Pero, como señala Teilhard de Chardin, el amor entre dos personas puede expandirse todavía más. Cuando más profunda y apasionadamente se ame una pareja, mayor será su preocupación por el estado del mundo en el que viven, más conectados estarán con el planeta y, en consecuen-cia, se ocuparán de cuidar del mundo y de todos los seres que necesiten su ayuda. El logro máximo y la más plena expresión del amor se alcanza cuando éste llega a abarcar a toda la creación enriqueciendo y forta-leciendo entonces, a su vez, la vida de la pareja. Este es el gran amor y el gran camino que nos conduce hasta el mismo corazón del universo.




John Welwood, Ph.D. es psicólogo clínico, psicoterapeuta, profesor y autor. Su trabajo innovador integra enseñanzas contemplativas orientales con comprensión y práctica terapéutica occidental. Dirige talleres muy conocidos sobre relaciones conscientes y trabajo psicoespiritual alrededor del mundo. Lo consideramos uno de los más lúcidos difusores de la Psicología Transpersonal en su vertiente más seria y responsable. Actualmente viven en California con su esposa, Jennifer, con quien brinda talleres sobre estos temas.
El presente material ha sido editado por el Centro Transpersonal de Buenos Ai-res. www.centrotranspersonal.com.ar Para solicitar programas de Seminarios (presenciales o a distancia) que incluyan, entre otros autores y tradiciones de Conocimiento, la base teórico-práctica desde la que parte este autor escribir a info@centrotranspersonal.com.ar


Imágenes:
* Pág. 1: “Lovers”, de Gustav Klimt.

* Pág. 2: “Lyons”, de Camilo Lucarini.

* Pág. 4: “Sita and Rama in exile”, Antiguo batik de la India.

* Pág. 5: Antiguo grabado de la India.

* Pág. 6: “Sacred Couple”, de Roze Franzen.

* Pág. 8: Antiguo grabado de la alquimia. 





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