El sueño Zapatista por Subcomandante Marcos, Yvon Le Bot






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El sueño Zapatista por Subcomandante Marcos, Yvon Le Bot


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El Sueño Zapatista
Subcomandante Marcos Yvon Le Bot


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Índice Prefacio El reencantamiento del mundo
MARCOS Y SUS ESPEJOS EL PASO ADELANTE DE LOS ZAPATISTAS EL INDÍGENA, IMAGEN MODERNA DE LO UNIVERSAL EL LEVANTAMIENTO QUE LLEGÓ DE LOS CONFINES EL TRASTOCAMIENTO DEL MUNDO MAYA METAMORFOSIS DE LA LUCHA ARMADA DEMOCRACIA, COMUNIDAD Y NACIÓN PELIGROS E INCERTIDUMBRES EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO COMIENZA EN LA REALIDAD

«El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos»(Entrevistas con el subcomandante Marcos, el Mayor Moisés y el Comandante Tacho)
LA PREHISTORIA (EL NÚCLEO INICIAL MARXISTA-LENINISTA) ÚLTIMOS ADIOSES AL CHE GUEVARA ENCUENTRO CON LAS COMUNIDADES INDÍGENAS: EL CHOQUE CULTURAL MARCOS Y LOS SUYOS LA INSURRECCIÓN DEL ZAPATISMO ARMADO AL ZAPATISMO CIVIL ÉTICA, COMUNIDAD Y DEMOCRACIA EL ZAPATISMO HOY: URGENCIA DE UNA DEFINICIÓN ¿QUÉ CAMBIOS? ¿UNA CRISTIADA PROGRESISTA? POPULISMO, NACIÓN, MARXISMO LA GUERRA DE LOS SÍMBOLOS Y DE LA INFORMACIÓN «MARCOS DEBE DESAPARECER»

Posfacio. Carta de Marcos al Ejército Popular Revolucionario (EPR)

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Prefacio
Son muchos los allegados, los amigos y los colegas a los que movilicé para escribir este libro, demasiados para poder nombrados aquí a todos. Cada uno de ellos puede estar seguro de mi gratitud. Quiero dar las gracias, en primer lugar, a los que estuvieron más cerca a la empresa. Yves Ajchenbaum, a quien debo la concepción del proyecto. Marina Vasseur, quien transcribió minuciosamente horas y horas de conversaciones y, además, me ayudó, con sus penetrantes comentarios. Francois Lartigue, quien me guió a lo largo de las inmensas bibliografía y hemerografía sobre Chiapas; su práctica metódica de la duda y su fino conocimiento del país me evitaron muchos errores de interpretación. Doy las gracias de manera muy especial a Maurice Najman, quien aceptó acompañarme en mi segundo viaje a La Realidad para hacer juntos las entrevistas. Este trabajo se realizó en el marco del Centro de Análisis e Intervención Sociológicos (CADIS, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y Centro Nacional de la Investigación Científica, CNRS), al cual pertenezco. Michel Wieviorka, director del Centro, comprendió desde el principio la importancia del proyecto y me permitió liberar el tiempo necesario para su realización. Su apoyo y sus comentarios fueron esenciales para mi trabajo, así como mis conversaciones con Alain Touraine, particularmente durante el «Encuentro Intergaláctico» en Chiapas, en el verano de 1996. En México trabajé en el Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, con el acuerdo y el apoyo de Ilán Bizberg, entonces director del Centro. Las entrevistas con André Aubry, Antonio Garda de León, Juan Pedro Viqueira y Sergio Zermeño, entre otros, me ilustraron acerca de muchos aspectos de la sociedad mexicana y del zapatismo. Debo mucho también a la atenta lectura de Charlotte Arnauld, Claude Bataillon, Martine Dauzier, Christian Gros, Rodolfo Lobato, MarieFrance Prévot Schapira y Hélene Riviere d' Are de la primera versión del texto; gracias por sus avezado s comentarios. Los errores que quedan son responsabilidad mía y, eventualmente, de mis interlocutores zapatistas entrevistados. Muchas otras personas hicieron también posible esta investigación. Doy las gracias particularmente a don Pablo González Casanova, así como a Alain Breton, Tessa Brisac, Carmen Castillo, Philippe Malvé y Danielle Zaslavsky. Gracias, muy especialmente, a mi esposa, por todo, y a mi hija Agnes: con ella y a través de sus ojos de adolescente descubrí La Realidad durante el viaje «intergaláctico». Gracias, finalmente, a Marcos por haber aceptado el desafío que le propuse. A él, al comandante Tacho y al mayor Moisés, deseo expresarles mi gratitud por el recibimiento y la confianza de que fuimos objeto Maurice Najman y yo cuando pasamos algún tiempo en el pueblo de La Realidad, su cuartel general. Por demás está decir que mis afirmaciones y mis análisis no los comprometen en nada. Mis puntos de vista tampoco coinciden en todo con lo que ellos expresan aquí. Este libro continúa la reflexión que vengo elaborando desde mis dos obras precedentes: La guerra en tierras mayas (Fondo de Cultura Económica, 1995) y Violence de la modernité en Amérique Latine (Karthala, 1994). Ciertamente no ofrece una salida para los dramas, los estancamientos, los intentos, las interrogante s, las esperanzas a que han dado lugar las experiencias analizadas en estos trabajos, dedicado al conflicto guatemalteco, el primero, y el segundo a los movimientos indígenas modernos de América Latina en su conjunto. El zapatismo aporta más preguntas que respuestas, sin duda. Ésa es una limitación suya, pero en ello también radica su interés y su originalidad. Si este libro puede contribuir a la comprensión del zapatismo por aquellos que no

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son zapatistas, e incluso por los zapatistas mismos, como desea Marcos; si abre alguna perspectiva o suscita un esbozo de respuesta, por modesta que sea esa contribución, habrá cumplido su propósito. Y. L. B. París, abril de 1997

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El reencantamiento del mundo
Surgidos de la profundidad de la noche y de la selva, los hombres y las mujeres zapatistas han planteado, con más fuerza e imaginación que ningún otro movimiento en el mundo, un problema que en la actualidad resulta esencial: ¿cómo combinar democracia e identidad? El 1 de enero de 1994 México, y con él el resto del planeta, contemplaron estupefactos cómo estos guerrilleros «surgidos de la nada» ocupaban varias ciudades y pueblos de Chiapas, en el extremo sur del país. No menos sorprendidos quedaron los turistas, quienes nunca imaginaron que lo que anunciaba el programa de las agencias de viaje -«por la mañana, visita al bellísimo mercado de San Cristóbal, adonde llegan los indígenas de las poblaciones aledañas»-1 sufriría un cambio tan radical. El «México moderno», que precisamente ese día celebraba su ingreso en el primer mundo2, pensaba que ya había terminado con el problema de los indígenas, al haberlos por fin reducido a meras piezas de museo o curiosidades para los turistas. Los neoindígenas que ofrecen su espectáculo de danzas precolombinas frente al Templo Mayor en la Ciudad de México, lo mismo que las multitudes que se reúnen al pie de la gran pirámide del Sol en Teotihuacán para la ceremonia del solsticio, participan por igual de esta transformación de los indígenas en objetos virtuales. Se ha querido reducir al levantamiento zapatista a una simple manipulación de un sector de la población indígena por parte de actores no indígenas o, frecuentemente, se le ha visto como el regreso de aquello que México ha reprimido, como el resurgimiento del «México profundo». Los blancos y los mestizos de Chiapas han vuelto a vivir el ancestral terror a la venganza indígena. La mayoría de los mexicanos, así como la opinión pública internacional, han descubierto una imagen totalmente distinta del país de la que el poder se había esforzado por dar durante los últimos años. Incluso las autoridades, que habían recibido información acerca de los preparativos del levantamiento, fueron incapaces de imaginar -y no sólo ellas- que los indígenas pudieran, en los albores del siglo XXI, lograr imprimirle esta fuerza, esta amplitud y estos alcances. El premio Nobel de literatura Octavio Paz expresó con más amplitud de miras la opinión de aquellos que no querían ver en el movimiento zapatista más que el levantamiento de algunas comunidades tradicionales, retrasadas, manipulables y manipuladas por guerrilleros anacrónicos, ideólogos y fuerzas interesadas en hundir a México en la violencia y en hacer fracasar su entrada en el Gran Mercado, en la democracia y la modernidad.3 Pero los insurgentes habían dejado de ser indígenas arcaicos, aplastados por la dependencia; tampoco eran comparsas neoindígenas en una representación posmoderna. Eran, son, indígenas modernos que han marcado sus distancias respecto de sus antiguas y carcomidas comunidades, buscando construir su propia historia y exigiendo ser reconocidos y respetados. La imagen que proporciona su significado más elevado al levantamiento en Chiapas es la de esa niñita indígena, de cuatro o cinco años, cuyos nacimiento y muerte pasaron inadvertidas fuera de la esfera de sus allegados: «Paticha (versión indígena de Patricia) nunca tuvo acta de nacimiento, es decir que para el país nunca existió, por lo tanto su muerte tampoco
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En estos términos, en la víspera del levantamiento, un prestigioso semanario francés de izquierda, organizador de un «recorrido excepcional por México y Guatemala», se refería a la etapa de Chiapas. La ciudad colonial de San Cristóbal de las Casas fue la principal población ocupada por los zapatistas. 2 El Tratado de Libre Comercio, que agrupa a Estados Unidos, Canadá y México, entró 'en vigor el 1 de enero de 1994. 3 La jornada, 5 de enero, El País, 8 y 9 de febrero de 1994. Más adelante, Octavio Paz ha matizado su punto de vista.

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existió.»4 «Cuando sea grande seré insurgente», le decía al subcomandante Marcos, quien no pudo evitar veda morir en sus brazos de una mala fiebre. Pero ¿quién es este Marcos que ha dado voz a los olvidados, a los excluidos, y se presenta como la cabeza de una guerra que busca el reconocimiento, el fin del desprecio, y no aquel que fue tradicionalmente el objetivo fundamental de las guerrillas latinoamericanas: la toma del poder?

MARCOS Y SUS ESPEJOS Que tal si Marcos no es Marcos...5 «Marcos no existe, nació muerto el 1 de enero (de 1994)»6, proclama el interesado en una fórmula ambigua que esquiva la pregunta y subraya la inutilidad de las especulaciones en torno a su identidad. Éstas no se han hecho esperar. Una de las historias que cuentan al respecto los indígenas de Chiapas dice que un extranjero (un gringo), integrado en una comunidad maya, tomó esposa y tuvo de ella dos gemelos antes de regresar a su país. La madre murió poco después. El padre también, pero dejó a sus hijos una herencia suficiente para cumplir su voluntad de que se les educara en un colegio en Suiza. Cuando cumplieron los seis años, un mensajero vino a llevárselos para ese país lejano. Años más tarde uno de los gemelos murió y el otro regresó al pueblo, cuya lengua hablaba todavía, donde la gente lo reconoció como uno de los suyos. Los servicios de inteligencia y los medios de información proveyeron a Marcos de identidades más conformes con sus propios fantasmas: antiguo combatiente de las guerrillas centroamericanas; sacerdote -jesuita o secular-, periodista, abogado, antropólogo, médico o economista; hijo de un empresario; hijo de Rosario Ibarra7; militante del opositor Partido de la Revolución Democrática; hijo ilegítimo de un secretario de Gobernación... Hasta que en un mensaje televisado el presidente Zedillo, creyendo que podía destruir el mito, develó la «verdadera» identidad de Marcos: un tal Rafael Sebastián Guillén Vicente, nacido en 1957 en Tampico, en el seno de una familia muy católica de comerciantes de muebles que, en palabras de sus vecinos, «pertenece a la sociedad, pero no la muy alta» de este puerto ubicado en el centro de un complejo petrolero del noreste del país. Alumno de jesuitas durante la secundaria excelente estudiante y buen camarada, dicen los que aceptaron hablar con los periodistas-, Rafael Guillén habría actuado en una puesta en escena de Esperando a Codot y realizado algunos trabajos de cine, nada extraño para alguien de medio.8 Como estudiante de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México redactó, en 1980, un ensayo teñido de un marxismo estructuralista bastante estereotipado. Al igual que en miles de tesis finales de la época en universidades latinoamericanas, se percibe la influencia de Althusser y de Poulantzas, espolvoreada con algo de Foucault. Rafael Guillén habría enseñado más tarde en otra universidad de la capital, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Son pocos los mexicanos que dudan de esa versión. Marcos, por su parte, se
En Marta Durán de Huerta (compiladora), Yo, Marcos, Ediciones del Milenio, México, 1994, pp. 28-29. Leyenda de una artesanía en miniatura de carácter humorístico. 6 EZLN, Documentos y comunicados, t. 2, ERA, México, pp. 183 y 292. 7 Madre de un militante «desaparecido» durante los años setenta; fundadora de un grupo defensor de presos y desaparecidos políticos. En la actualidad es una figura cercana a los zapatistas. 8 Marcos manifiesta una especial inclinación por la literatura y el cine. En estas entrevistas se notan huellas de su fascinación por las antiguas estrellas como Brigitte Bardot en Et Dieu créa la femme (Y Dios creó a la mujer) o Le mépris (El desprecio) y Jane Fonda en Barbarella. Hoy en día se organizan funciones públicas en La Realidad sin reparar en lo «políticamente correcto»: la gente del pueblo se divirtió mucho con la proyección de Rambo.
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divierte: «No suena mal, el puerto es bonito»9, dice de esa ciudad que Mac Odan celebró por sus cantinas. En las siguientes entrevistas lo desmiente, él no es Rafael Guillén. O quizá haya que entender que ya no lo es, que Marcos nació del sueño de los zapatistas y por lo tanto les pertenece. Rafael Guillén, o quienquiera que sea, ya no es el estudiante postsesentaiochero de antes, amante de los libros, de las discusiones literarias y filosóficas, trotamundos, residente en París durante algunos meses. Abandonó todo eso, dejando atrás «los muertos necesarios para entender que había que irse para regresar de otra forma, ya 'sin rostro, ya sin nombre, ya sin pasado, pero otra vez por esos muertos».10 De ese pasado, sus palabras, sus gestos, conservaron una fuerza exuberante, una sensibilidad y un humor que mal ocultan su sorda angustia. Aunque en un principio el pasamontañas tenía una función exclusivamente utilitaria, adquirió luego la de máscara para ocultar la identidad personal y crear una imagen con la que los olvidados, y con ellos todos los mexicanos ávidos de justicia, pudieran identificarse, sin importar sus diferencias. «Cualquier mexicano puede enfundarse un pasamontañas de éstos y ser Marcos, volverse quien yo soy.» El pasamontañas es un espejo para que los mexicanos («tomen un espejo y mírense») se descubran, para salir de la mentira y el miedo que los enajenan. Un espejo que llama al país a interrogarse a sí mismo sobre su porvenir, a reconstruirse, a reinventarse. Y Marcos reclama también que se limpie el orín de los espejos y llama a traspasados: «Los espejos son para tallarlos. Los cristales son para romperlos... y cruzar al otro lado.»11 Nos cuenta aquí cómo él mismo tuvo que atravesar el espejo y descubrir al Otro. A principios de los ochenta se reunió con algunos compañeros y se estableció en Chiapas. Cargados de todos los dogmas y los lugares comunes de los revolucionarios latinoamericanos de las décadas anteriores, se esforzaron, como ya otros lo habían hecho, por introducidos en la cabeza de los indígenas. «Tu palabra es dura», les replicaban éstos asegurando que nada entendían de esa jerga indigesta..., hasta que Marcos se decidió a escuchados a ellos, con sus propias palabras, dichas y no dichas, sus silencios (sin por ello volverse lacónico).12 Por ser actualmente el único blanco, o mestizo, entre los dirigentes del ejército zapatista, Marcos se inscribe en un linaje de tránsfugas iniciado en tiempos de la Conquista por Gonzalo Guerrero, un soldado español que tras sobrevivir a un naufragio se integró a una comunidad de Yucatán, se convirtió en jefe de una guerra de resistencia maya y murió en un combate contra los conquistadores. Marcos, sin embargo, nunca ha tratado de volverse indígena. Su carisma, la confianza que ha adquirido en el seno de las comunidades indígenas se deben en parte a la respetuosa distancia que ha sabido conservar. Sólo así puede funcionar como una ventana, un puente entre ambos mundos.

EL PASO ADELANTE DE LOS ZAPATISTAS En la historia del continente americano muchas han sido las insurrecciones indígenas dirigidas por un blanco o un mestizo -necesario mediador para acceder a los
EZLN, Documentos y comunicados, t. 2, ERA, México, p. 218. Durán de Huerta, op. cit., p. 15. 11 EZLN: Documentos y comunicados, t. 2, ERA, México, p. 386. 12 Marcos narra este itinerario con palabras precisas en la película de Tessa Brisac y Carmen Castillo La verdadera leyenda del Subcomandante Marcos (Arte, Anabase e INA, 1995). El texto de esta entrevista se publicó en Adolfo Gilly, Subcomandante Marcos, Cado Ginzburg, Discusión sobre la historia, México, Taurus, 1995.
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