La primera expedición misionera salesiana al Amazonas






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3. D. Pedro Ricaldone, nuevo Rector Mayor
D. Felipe Rinaldi fue Rector Mayor de los Salesianos desde el 24 de abril de 1922 hasta el 5 de diciembre de 1931. Falleció inesperadamente en Turín y hubo que convocar Capítulo General para nombrarle sucesor. Resultó elegido el Prefecto general D. Pedro Ricaldone (1932-1951).

El Procurador General, D. Tomasetti, cursó al nuevo Rector Mayor el oficio recibido de la Santa Sede.

D. Pedro Ricaldone acusó recibo de la carta de Mons. Salotti, aceptó definitivamente el honor de la nueva Misión del Orinoco, pero pedía a la par, una pausa antes de comunicar la terna para reflexionar mejor y estudiar la difícil situación de la nueva Misión. Decía al final de su carta al P. Tomasetti:

«Si la Santa Sede cree oportuno esperar un poco, los Superiores tendrán tiempo de informarse y ver quién es el candidato más adecuado para aquella dificilísima Misión». (19)

Se ve, pues, que los Superiores estaban todavía en duda sobre el candidato a quien propondrían. Pero por fin, presentaron la siguiente terna:

1. Enrique DE FERRARI.

2. Luis PEDEMONTE.

3. Domingo BORTOLASO. (20)
Entre tanto el nuevo Inspector de Venezuela, P. Enrique De Ferrari, informaba en su correspondencia al nuevo Rector Mayor acerca de la marcha y organización de la Inspectoría de «San Lucas». Presentó al Consejo General un Memorandum sobre las Casas de Venezuela y sus problemas, sin mencionar siquiera la Misión.(21)

Hasta que el 22 de octubre de 1932, un comunicado del secretario de Propaganda Fide a D. Ricaldone le advertía que se inclinaba a elegir como Prefecto Apostólico del Alto Orinoco al primero de la terna, es decir, al P. Enrique De Ferrari. Pero se requería un nuevo informe acerca del carácter y de las noticias discordantes que habían llegado a aquel Dicasterio, sobre la conducta del Inspector venezolano. Le rogaba que enviara pronto tales informes para hacer el nombramiento lo antes posible. (22)

Los Superiores Mayores no se sorprendieron, porque también a la Dirección General habían llegado algunas cartas acusando al P. De Ferrari de ciertas libertades que, al parecer, resultaban llamativas para quienes lo denunciaban.

D. Pedro Ricaldone, ni corto ni perezoso, informó personalmente al Inspector de tales «chismes», en una carta personal del 6 de noviembre de 1931. Al recibirla, el P. De Ferrari le respondió al Rector Mayor en estos términos:

«Gracias de todo corazón por haberme dicho las cosas tan claras que se dicen respecto a mí. Para mí es la prueba más convincente de que me ama y busca mi bien. Y le suplico que nunca deje Ud. que me falte tal prueba. Gracias de veras...

Voy a responderle punto por punto, pero no para defenderme. No quiero defenderme. Pero sí quiero hacer lo que hizo Jesús: decir la verdad. Y por eso, puesto en la presencia de Dios que me ha de juzgar, hago las siguientes declaraciones:

1. Affaire café.- No me consta que en ninguna casa de Venezuela haya sido sustituido por licores o droga, pero vigilaré mejor y avisaré. En cuanto a mí personalmente, hace más de dos años que no tomo ni una gota de vino, ni de licores, drogas, ni café... No los he tomado en mis años de director ni en mis años de Inspector...

2. Abuso del automóvil. La marca es Chevrolet. Cuesta sólo 13.000 ó 14.000 liras italianas con la carrocería menor... Lo uso ni más ni menos que cuando se hacen viajes por oficio u obligación imprescindible... En dos años de uso, después de 40.000 Kms. de recorrido, es más económico cambiarlo a la Casa Chevrolet que repararlo, porque en la Agencia lo cambian por un precio todavía alto, casi la mitad de su valor... No lo guío yo... Sólo cuando fui a recibir la Parroquia de Barcelona...

3. Formación del Personal. Desde este año están en marcha los 3 cursos de latín para los aspirantes... En mi última carta le mandé el número exacto del personal en formación...

4. Casa de Caracas (S. Francisco de Sales). En 1925... traté este asunto con los Superiores. Le hice ver al Rvdo. D. Rinaldi la necesidad de que el P. Enrique Riva llevara la administración de la Iglesia, que debía depender del Inspector y no del director de la casa. Tanto Ud. como el P. Rinaldi quedaron conformes y así se hace.

Respecto a la Misión no la urjo. Sólo le he mandado a Ud. los informes debidos.

He aquí, amado Padre, cuanto creo obligatorio comunicarle en la simplicidad de la verdad... Me encomiende Ud. al Señor y me bendiga.

Su afmo. in C.J.

Sac. Enrique De Ferrari». (23)
Apenas se supieron tan incosistentes e injustas acusaciones en la Inspectoría, fueron varios los sacerdotes que escribieron al Rector Mayor poniendo la verdad en claro y defendiendo al P. De Ferrari. Transcribo solamente esta carta de D. Enrique Riva, verdadero creador y sostenedor de esta Inspectoría venezolana y director de la primera expedición llegada a la tierra de Bolívar en 1894. Dice así:

«Rvdo.Sr. D. Ricaldone:

Mucho le he acompañado en el doloroso trance en que S. R. se ha visto con la pérdida de nuestro Rvdo. Sr. D. Felipe Rinaldi (q. e .p .d.) y he pedido a D. N. S. que le ayude con su santa gracia a llevar la cruz de su laborioso cargo en las actuales circunstancias.

Aquí también la luctuosa noticia (de la muerte de D. Rinaldi) fue recibida con dolorosa impresión y se celebró el correspondiente funeral con asistencia del Sr. Nuncio Apostólico.

Otra noticia muy penosa que recibimos, acerca de los falsos informes que nuestros Reverendísimos Superiores recibieron de algunos salesianos mal intencionados de aquí, acerca del muy Rvdo. Señor Inspector, D. Enrique De Ferrari falsamente acusado de abusos de bebidas y con respecto a sus viajes en automóvil.

Los que aquí le acompañamos más de cerca y desde su nombramiento como Inspector de Venezuela, nos vemos en el deber de justicia de asegurar a S. R. que el Rvdo. P. De Ferrari se ha distinguido por su abstinencia absoluta hasta de vino en la mesa, con un esfuerzo admirable de voluntad, impuesto también por su delicado estado de salud.

Con respecto al uso de automóviles el Rvdo. P. De Ferrari, ha tomado las medidas más económicas para sus viajes de visitas a las Casas, con un coadjutor salesiano por chofer, y evitando hacer uso del mismo hasta para sus diligencias en la ciudad.

La falsedad de los cargos hechos al Rvdo. P. De Ferrari me obligan a protestar, como lo hago por la presente, ante S. R., asegurándole que no se trata sino de verdaderas calumnias, formuladas por salesianos mal intencionados.

Con respecto a mí, digo a S.R. que en este año entro en el 70 de mi edad con las naturales consecuencias, etc. por lo que le ruego me tenga presente en sus oraciones.

Su afmo. en CJ. Pbro. Enrique Riva

Caracas 28-2 -1932» (24)
Recibidos, pues, los debidos informes de Venezuela, incluso del propio interesado, el nuevo Rector Mayor D. Pedro Ricaldone dio la orden de responder a Propaganda Fide, aceptando al P. Enrique de Ferrari como Prefecto Apostólico.
4. Decreto del nombramiento del nuevo Prefecto Apostólico
Alejada toda duda acerca de la idoneidad del candidato, el 14 de noviembre de 1932, Propaganda Fide emanaba el siguiente Decreto:

«Protocolo 4205/32

SAGRADA CONGREGACION DE PROPAGANDA FIDE

DECRETO
La Sagrada Congregación de Propaganda Fide, en vigor de las facultades que le han sido concedidas por nuestro Santísimo Señor el Papa Pío XI, deseando proveer al gobierno espiritual de la PREFECTURA APOSTOLICA DEL ALTO ORINOCO por el presente decreto nombró, a su beneplácito, PREFECTO APOSTOLICO al R. P. don Enrique De Ferrari, de la Sociedad de San Francisco de Sales, con la autoridad de ejercer cuanto atañe al gobierno de dicha Prefectura, según las prescripciones de los Sagrados Cánones y las instrucciones peculiares de esta Congregación y dentro de las Facultades que se enumeran en el folio anexo a este Decreto.

Dado en Roma, en el palacio de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, el día 14 de noviembre de 1932.

Carlos Salotti, Arzobispo tit. Fil.

Secretario

César Pecorari». (25)
Dos días después, Mons. Carlos Salotti comunicaba la noticia al Rector Mayor y enviaba a Turín una copia del decreto con las facultades que se le concedían en tres páginas anexas y el ruego de transmitir al interesado su nombramiento.(26)

Los periódicos de Caracas publicaron la noticia el 21 de Noviembre, felicitando a quien tanto había trabajado y sufrido para ver convertida la Misión en una realidad.(27)

Aquel mismo día el P. De Ferrari escribía al Rector Mayor:

«En este momento me comunica el Sr. Nuncio que la Santa Sede ha querido nombrarme Prefecto Apostólico de la Misión del Alto Orinoco. Hasta ahora yo no he recibido ningún aviso ni de ahí, ni de Roma. Apenas sepa algo o haya recibido algún documento se lo haré saber.

Creo que esta vez nos hemos equivocado. Yo no soy el hombre adecuado para estas dignidades, pero si tal es la voluntad de Dios, que se cumpla. Yo haré de mi parte todo por la gloria de Dios y salvación de las almas». (28)

La confirmación oficial del nombramiento llegaba a Caracas el 23 de noviembre por medio de un telegrama mandado al Nuncio Apostólico por el Card. Pacelli, futuro Papa Pío XII. Aquel mismo día se hizo la comunicación oficial al Gobierno venezolano, como exigía la praxis diplomática en tales casos. (29)

En el periódico “El Sol” de Caracas, del martes 22 de noviembre, con el título «Obra civilizadora», se publicaba un bello artículo con la biografía del P. Enrique De Ferrari y una fotografía del mismo.

«Este nombramiento ha causado grata impresión en Venezuela, por ser el Rvdmo. Sr. De Ferrari un sacerdote de ejemplares virtudes y de talla intelectual distinguida.

El nuevo Prefecto Apostólico está condecorado con la Orden del Libertador, la Medalla de Honor de la Instrucción Pública, la Cruz Pro Ecclesia et Pontífice y es Caballero de la Corona de Italia.

Dadas las condiciones evangélicas del antiguo Inspector de los Salesianos de Venezuela, auguramos un éxito lisonjero al Ilmo. Sr. Enrique De Ferrari en su delicada misión apostólica, y nos es grato presentarle nuestras felicitaciones y reproducir los conceptos expresados por nuestro colega de “La Religión”, a propósito de esta acertadísima designación» (30)

Los Salesianos de Venezuela solicitaron al Procurador Salesiano, D. Tomasetti que les enviara desde Roma una cruz pectoral bendecida personalmente por el Papa Pío XI, para regalársela en nombre de la Inspectoría de S. Lucas al nuevo Prelado. (31)

El 2 de diciembre salía de Turín para Caracas la comunicación oficial de la Congregación Salesiana, junto con una copia del Decreto de nombramiento y las facultades que se le concedían al nuevo Prelado, unidas a las instrucciones del caso que le mandaron los Superiores para dejar atendida la Inspectoría de S. Lucas en Venezuela.(32)

La larga odisea para la creación y aceptación de la Prefectura Apostólica del Alto Orinoco había terminado.

Comenzaba el trabajo misionero, y el nuevo Prelado empezaba a entrevistarse con las autoridades gubernamentales para establecer el Convenio bilateral acerca de la nueva Misión y para organizar la Misión misma y la primera Expedición misionera al Territorio Amazonas.
5. Convenio estipulado entre el Gobierno venezolano y la Congregación Salesiana respecto a la Misión del Alto Orinoco
Cuando fue creada la Prefectura Apostólica del Alto Orinoco, estaba en vigencia la ley del Patronato Eclesiástico; por esta Ley era prerrogativa única y exclusiva del Gobierno, establecer una Misión en territorio nacional. La Santa Sede daba después su consentimiento para el nombramiento del Prelado y demás cuestiones canónicas.

El Gobierno venezolano, en su deseo de restaurar las Misiones, promulgó la Ley el 2 de junio de 1915, y posteriormente, el 26 de octubre de 1921, el Reglamento de dicha Ley.

El Art.7° de la Ley dice: «Los gastos que ocasionen las Misiones serán fijados en la Ley de Presupuesto».

Y el Art.7º del Reglamento: «En cada Convenio se estipulará el presupuesto de gastos de cada Vicariato o Dirección, ya para el sostenimiento del personal, ya para la provisión de medicinas, instrumentos de enseñanza, etc. Para cubrir estos gastos se autorizarán los Créditos Adicionales que fueren necesarios de acuerdo con la Ley en la materia».

Otras Congregaciones religiosas, asumieron sin más la obligación de evangelizar y tuvieron dificultades para fijar los presupuestos debidos, con el Gobierno. Al P. E. De Ferrari, el Gobierno le había entregado en 1927, con motivo del Viaje de Exploración al Amazonas, la cantidad de 50.000 Bs. y luego le pidió estricta cuenta de su empleo y lo citó dos veces a juicio, como dijimos anteriormente. Convenía, por tanto, ser cautos y hacer bien las cosas antes de firmar el Convenio.

El 24 de noviembre de 1932, ya le anunciaba Mons. De Ferrari al Rector Mayor, que los acuerdos con el Gobierno estaban próximos a establecerse y pedía a los superiores los nombres de los futuros misioneros para gestionar los respectivos permisos. (33)

Respecto a la suma anual que el Gobierno debía pagar a la Misión la habían rebajado de los 50.000 Bs. ofrecidos en 1927 al Nuncio, a 10.000 Bs. ahora. (34)

El Nuncio se dio cuenta de la pequeñez e insuficiencia de tal asignación y se quejaba de ello con el propio Rector Mayor, asegurándole que había trabajado mucho para que al menos, duplicaran tan modesta cantidad, y ya se había logrado para el primer año. (35)

También Mons. De Ferrari insistió para que la subvención se aumentara, y en el primer Informe enviado a Propaganda Fide en 1934, anota que la subvención recibida fue de 23.000 Bs. (36)

Respecto al permiso de entrada, comunicaba a los Superiores que ya tenía el pase de entrada para 4 sacerdotes y 4 coadjutores, por eso necesitaba conocer sus nombres. (37)

Pero el Convenio entre el Gobierno y la Congregación Salesiana no se firmó hasta el 20 de abril de 1937. Entre tanto, las mutuas relaciones se atuvieron a las normas generales establecidas en las Leyes y Reglamentos.

El texto del Convenio es la aplicación de estas Leyes y Reglamentos. Fue firmado por el Ministro del Interior Alfonso Mejía y el Prefecto Apostólico, Mons. De Ferrari. Publicó el texto del Convenio la Gaceta Oficial de Venezuela, donde se anunciaba oficialmente el establecimiento de la Misión que ya estaba funcionando desde hacía tres años. (38)

El texto del Convenio fue publicado en la Gaceta Oficial Nº 19.241 del 20 de Abril de 1937 y dice así literalmente:
CONVENIO DE LA MISION DEL ALTO ORINOCO
Estados Unidos de Venezuela.

Ministerio de Relaciones Interiores.

Dirección de Justicia.

Caracas, al 20 de abril de 1937. 128 y 79.
Resuelto:

Por disposición del Ciudadano Presidente de la República en Consejo de Ministros, se establece, de acuerdo con el Artículo Primero de la Ley de Misiones del 16 de Junio de 1915 y del Decreto que lo reglamenta del 26 de octubre de 1921, una Misión que se designa con el nombre de Misión del Alto Orinoco, bajo los linderos expresados en el Art.2 del Convenio que a continuación se inserta:

Art. 1.- Mons .Enrique De Ferrari, Prefecto Apostólico del Alto Orinoco, en nombre de la Pía Sociedad Salesiana, debidamente autorizado por sus Superiores y con la anuencia de la Santa Sede, por lo que respecta a las facultades canónicas necesarias, se compromete a que la expresada Sociedad Salesiana establezca en el Territorio, que más adelante se deslindará, una Prefectura Apostólica a cuyo cargo queda la organización y régimen de las obras indispensables a la civilización de las tribus indígenas existentes en el Territorio expresado en el Artículo siguiente.

Art. 2.- Los linderos de la Prefectura Apostólica del Alto Orinoco confiado a la acción misionera de la referida Sociedad Salesiana son los siguientes: Norte, Estado Apure, Río Orinoco de por medio; Este, ribera izquierda del río Chiviripa hasta sus afluentes y de allí en línea recta hasta la sierra de Guamapi, el Estado Bolívar y el Brasil; Sur, Brasil; Oeste, Colombia, río Orinoco, Atabapo, Guainía y Río Negro de por medio.

Art. 3.- A medida que las circunstancias lo vayan permitiendo la acción de los misioneros seguirá el siguiente plan de trabajo: Fijar la Sede principal en Puerto Ayacucho, edificando la Casa de la Prefectura, con un Asilo para niños, otro para niñas y su respectiva Iglesia.

Fundar Iglesias secundarias con las residencias que deberán servir de Centros de provisiones, en La Urbana, San Fernando de Atabapo, San Carlos, Maroa y cualquier otra que fuere necesaria. Establecidas estas Residencias, irán internándose los misioneros hacia donde se hallan las respectivas tribus de indígenas, para ir fundando nuevas poblaciones de indios sometidos en el interior del Territorio.

rt. 4.-Anualmente el Prefecto Apostólico presentará al Ministerio de Relaciones Interiores el Plan de los Trabajos que piense realizar, así como el número de misioneros (Sacerdotes, Coadjutores, Hermanas) y demás elementos con sus respectivas atribuciones, y medios de atracción que juzgue oportuno.

Art. 5.- En cada Centro de provisión establecerá el Prefecto Apostólico, de acuerdo con el Art. 13 y 15 del Reglamento de la Ley de Misiones, asilos de niños y niñas, a fin de que una vez instruidos y adiestrados, los primeros en el arte agrícola y las segundas en las labores propias de la mujer, puedan formar con ellos los futuros matrimonios y familias de indígenas reducidos y, con ellas, fundar nuevos caseríos donde lo creyeren conveniente el Prefecto Apostólico, con la anuencia del Ministerio de Relaciones Interiores.

Art. 6.- Cuando el número de habitantes de un Centro exija que se erija en Parroquia eclesiástica, esta será interinamente servida por los Religiosos de la expresada Sociedad, y dependerá en lo eclesiástico del Prefecto Apostólico, quien se entenderá con el Ejecutivo General por el Organo del Ministerio de Relaciones Interiores para todos los efectos que por las leyes de la materia corresponda a los Obispos respecto de su Párroco, y de las Autoridades Civiles y Políticas de la nación.

Art. 7.- Para el sostenimiento del personal de la Misión a que se refiere este Convenio, así como para gastos de medicinas, instrumentos agrícolas e industriales, materiales de construcción, elementos de enseñanza y cualquiera otras que el Ejecutivo General juzgue adecuadas para la mejor organización y funcionamiento de la Misión, se calcula la cantidad de 30.000 Bs. anuales, que se pagarán en dos cuotas, una en el mes de junio y la otra en el mes de enero de cada año económico.

Art. 8.- Los caseríos o centros de población que se establezcan de acuerdo con los Informes del Prefecto Apostólico y la aprobación del Ejecutivo General, se harán conforme a un Plan que permita el desarrollo de ellos.

Art. 9.- El trabajo que ejecuten los indígenas en la construcción de sus propias viviendas o en el cultivo de sus terrenos que se le asignen en propiedad, serán auxiliados por los misioneros con los materiales o instrumentos necesarios; les serán remunerados equitativamente.

Art. 10.- Para mantener el orden en el territorio de la Misión donde se establezcan los nuevos Caseríos o poblaciones de Indígenas reducidos, el superior de cada Centro se valdrá de los indígenas, y en caso que hubiere temor de ser atacados por estos, lo comunicará al Prefecto Apostólico para que éste provea.

Art.11.- El Ejecutivo General podrá nombrar, para el lugar y tiempo que creyere conveniente, Inspectores especiales que visiten el territorio de las Misiones. Estos no podrán ejercer ninguna autoridad ni otras funciones sino tomar nota de lo que juzgaren necesario para informar al Ministerio de Relaciones Interiores.

Se hacen dos ejemplares de un mismo tenor a un solo efecto, en Caracas, a 20 de abril de 1937. Año 128 de la Independencia y 79 de la Federación.

El Ministro de Relaciones Interiores, Alfonso Mejía.

El Prefecto Apostólico del Alto Orinoco, Enrique De Ferrari.

Comuníquese y publíquese. Por el Ejecutivo General, Alfonso Mejía. (39)
Un ulterior retoque fue introducido respecto a la cifra de la subvención anual, en1942. El subsidio gubernativo se fijó entonces en los 50.000 Bs. como se había convenido en un principio. Por eso se modificó el Art. 7 del Convenio de la siguiente manera:
Art.7.- Para sostenimiento del personal de la Misión a que se refiere este Convenio así como para gastos de provisiones, de medicinas, instrumentos agrícolas e industriales, materiales de construcción, elementos de enseñanza y cualquiera otros que el Ejecutivo juzgue adecuados para la mejor organización y funcionamiento de la Misión, se calcula la cantidad de 50.000 Bs. anuales, que se pagarán en dos cuotas, una en el mes de julio y otra en el mes de enero de cada año económico.

Se hacen dos ejemplares de un mismo tenor y a un solo efecto, en Caracas a 31 de Julio de 1942. El Ministro de Relaciones Interiores, César González. El Prefecto Apostólico del Alto Orinoco, Mons. Enrique De Ferrari.

Estados Unidos de Venezuela. Ministerio de Relaciones Interiores. Dirección de Justicia. Caracas, 6 de Agosto de 1942. 138 de la Independencia y 81 de la Federación.

ublíquese de orden del Ciudadano Ministro. El Director, J. M. Hernández Ron.(40)
Este texto del Convenio no presenta dificultades interpretativas, pero conviene hacer algunas observaciones acerca del contenido.

En el proemio se pone claro el papel de la autoridad gubernativa en la marcha de la misión. Demuestra también una cierta preocupación del Gobierno por la población indígena para que no sea explotada. Pero también resalta la mentalidad de la época sobre todo en el lenguaje utilizado: «inserción del indígena», «civilizarlo», «reducirlo» etc, lenguaje que hoy nos resulta chocante y sin sentido. Desgraciadamente, aún hoy se conserva en muchos esta mentalidad, que si en aquellos tiempos podemos comprenderla, en nuestros días no se puede aceptar.
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