La primera expedición misionera salesiana al Amazonas






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2. Aspectos económicos del T. F. Amazonas según las fuentes Salesianas
Teniendo en cuenta la precaria situación política del Territorio, alejado de una economía nacional, por los escasos y difíciles accesos y comunicación, es fácil prever la situación económica de aquellos años.

Aunque Mons. De Ferrari expone en uno de esos Informes lo que le contaron sobre el auge del caucho y la bonanza económica:

«...Hace quince o veinte años se gozaba de una situación financiera excelente. Corría el oro, se decía, como el agua. Pero por las guerras internas, el abuso de los gobernadores, y ahora por el bajo precio del balatá y la goma, todo se encuentra en la miseria» (7)

La explotación del balatá y del caucho y su comercio, se hacían todavía en ese tiempo, pero era controlado por comerciantes sin escrúpulos que, engañando a los representantes del Gobierno, comerciaban sus productos en Brasil y Colombia, sin dejar en Venezuela nada de aquel bienestar que todavía se podía lograr.

Las actuales condiciones del Territorio eran calificadas por los misioneros como de «extrema miseria, con tierras abandonadas». (8)

En el Informe de D. Báizola se mostraba claramente la ausencia de toda actividad comercial. Muchas veces estos misioneros en sus viajes hacían notar la miseria, la destrucción y abandono que existía. Ninguna señal de actividades agrícolas, ni cultivos, ni cría de ganado) (9)

Naturalmente, los misioneros desconocían totalmente las características ecológicas de las tierras amazónicas, y al recorrer los grandes ríos, no se percataron que el sistema de conuco indígena era el más viable en estas zonas.

Hablando de una familia de emigrantes, D. Bálzola anotaba:

«Encontré al Sr. Jacinto Figarella, francés, natural de Córcega, el cual lleva ya 40 años en Venezuela, y habiendo hecho una pequeña fortuna, de nuevo la perdió, como le sucede a muchos en estas regiones lejanas». (10)

Y el mismo D. Bálzola termina con un lacónico comentario al final de su viaje: «Lugares muy pobres y carentes de toda comodidad». (11)

Pocos años más tarde, el Informe de D. Marchesi aportaba un poco más de optimismo sobre las condiciones económicas. Indicaba que en La Esmeralda le ofrecieron bastante leche (12), lo que hace suponer que en aquella región había ganado.

Afirma también, que en el pueblo de S.Antonio «un cierto Antonio Wendehake, de origen inglés, tenía un gran número de familias trabajando con él» (13), sin especificar en qué tipo de actividad. Sabemos que Wendehake era uno de los famosos jefes explotadores del caucho y del oro. D. Marchesi narra que «le ofreció dinero y alimentos en conserva». (14)

El Informe de Mons. De Ferrari, después de su viaje de 1928, no fue muy halagador bajo este aspecto:

«...La tierra es inhóspita, todo selva y montañas cubiertas de florestas seculares. No hay ganado, ni en estado salvaje, pero la tierra, cuando se talen los árboles, parece muy apta para el cultivo... El alimento, hasta que no se consiga cultivar la tierra, habrá que traerlos de Caracas...». (15)
3. Población del Territorio según las fuentes salesianas
Mons. De Ferrari abre su relación con esta afirmación:

«Son pocas las poblaciones que existen. La mayor parte son un recuerdo histórico». (16)

De las relaciones que hacen los misioneros, no se pueden sacar conclusiones exhaustivas sobre el número de habitantes. Las pocas cifras que aportan hablan de «10 a 15 mil entre blancos e indígenas «civilizados» y de muchos «salvajes», feroces, especialmente en el Alto Orinoco, en las cabeceras de los ríos». (17)

Se refiere sólo el número de los Piaroa, calculado en 20.000 (18) y al pueblo Maquiritare se le describe «como muy abundante, tal vez mayor que ningun otro». (19)
A tales cifras hay que darle una importancia muy relativa y tomarlas con gran cautela. Lo que sí podemos es dar un esquema de la situación de las poblaciones visitadas por los tres misioneros que hicieron las primeras expediciones: D. Bálzola (1924), D. Marchesi (1927) y D. E. De Ferrari (1928)
Como punto de referencia, se podrían citar los datos de algunos Censos de esas épocas:
Año 1920 ………… 48.940 habitantes

Año 1926 ………… 60.276 habitantes

Año 1936 ………… 41.165 habitantes
Pero tales cifras no son confiables tampoco, como nos advierte M. A. Vila (20) Sobre todo, tratándose de indígenas con un concepto distinto al nuestro de ocupación del espacio, resultaba muy difícil en esos tiempos, conocer el número a través de censos que querían abarcar a toda la población. De algunas etnias apenas había contactos esporádicos y se conocía muy poco su hábitat para poderlos censar, aún con cifras estimadas. (21)

Sin embargo, pasados 5 años de la primera exploración hecha por Mons. De Ferrari, él mismo envía a Propaganda Fide su primer Informe y nos da una panorámica que añadimos aquí, pues nos ayuda un poco más a hacernos una idea algo más optimista de la situación poblacional, de su gente y del trabajo que desarrollaban.
4. Poblaciones del Río Guainía
Victorino: Tiene 82 habitantes. Es un pueblo constituido por indígenas curripacos y banibas que hablan el castellano. Posee una capilla en mal estado, con santos ya carcomidos, dos campanas y un altar rudimentario. No hay escuela. Económicamente, viven permutando el chiquichique y el balatá a los comerciantes brasileños que suben a Victorino y a algún habitante de Maroa, a precios fabulosos. No hay plaga de mosquito en este pueblo.
Maroa: Población con 310 habitantes. A excepción de 22 personas, son todos indígenas banibas que hablan el castellano. Tiene Iglesia, campanas y unos bancos rudimentarios. Hay una Escuela Federal (la Nº 1.129) con 29 alumnos, que funciona en la casa del maestro por no haber edificio propio, ni útiles escolares. No hay libros y el maestro no está preparado. Sólo existe el comercio del chiquichique que conmutan por otras mercancías que les dan por adelantado y fiadas, a precios fabulosos.
Guzmán Blanco: Habitantes, 247. La mayoría son indígenas warekenas, que hablan bastante el castellano. No hay edificio escolar, ni funciona la Escuela Territorial decretada por el General Urbina. La Iglesia es pequeña y sin puertas.
S. Antonio de las Isletas: Caserío con 6 casas y 34 habitantes. Son banibas. No tienen iglesia, pero sí una campana y dos estatuas. Viven de la permuta del chiquichique por mercancías brasileñas.
Democracia: Caserío con 8 casas. Estaba desierto al pasar yo por allí, porque los habitantes habían ido a la montaña a cortar chiquichique.
Comunidad: Tiene 125 habitantes baré y banibas, que hablan castellano. Iglesia en ruinas. Posee una escuela territorial que no funciona, pues no hay edificio ni mobiliario.
Santa Rita: Ha surgido sobre las ruinas de un antiguo poblado de la Colonia. Población incipiente que posee tierras fértiles. No hay escuela ni iglesia.
5. Poblaciones sobre el Río Negro
S. Carlos de Río Negro: Con 458 habitantes. El 60 % baré y baniba. Hay Escuela Federal (Nº 1128) que funciona en casa del maestro y tiene 56 alumnos. Los habitantes efectúan un comercio de permuta con el Brasil y Colombia. Es el poblado más destacado de la zona y funge de capital del Departamento de Río Negro.
Santa Rosa de Amanadona: Tiene 156 habitantes baré. La Iglesia no tiene techo. Hay una Escuela Territorial en la casa del maestro. Los habitantes viven del comercio del chiquichique en las mismas condiciones que los demás poblados de la región.
6. Poblaciones del Casiquiare
S. Francisco Solano: Es una población que vuelve a formarse con habitantes dispersos que se van estableciendo aquí. En total son 81. Hablan castellano. Son indígenas todos, menos el maestro de escuela y su familia. Tiene Iglesia y Escuela, que se imparte en la casa del maestro.
Capiwara: Con 55 habitantes. Población aislada. No pasa el correo. Las tierras son muy fértiles. Venden los frutos en el Cocuy, en la frontera de Brasil, a donde hacen un viaje largo y penoso para permutar sus frutos por telas, jabón, kerosén. No hay iglesia ni Escuela. La piden a gritos.
7. Poblaciones del Orinoco
Tamatama: Es un Caserío lejano y sin comunicaciones, pues no pasa por allí el correo. Tiene 57 habitantes. No hay Iglesia. Funciona una Escuela Territorial en casa de la maestra. Los habitantes dependen en general del Sr. Noguera, que los trata a baquetazo limpio como los antiguos negreros o caciques.

S. Antonio de Aramare: Tiene 72 habitantes de varias etnias, dependientes del Sr. Carlos Wendehake, quien los utiliza para sus trabajos. Entre ellos hay algunos que son mineros de las minas de oro de Yapacana. Hay iglesia y Escuela Territorial que funciona con intermitencias.
Minicia: Es un lugar sobre la orilla izquierda del Orinoco con dos familias. Son 17 indígenas.
S. Fernando de Atabapo: Tiene 166 habitantes, mezcla de blancos e indígenas. La iglesia está en ruinas, pero puede restaurarse. Funciona una Escuela con edificio propio; es la Escuela Federal N 1.127. El maestro no está preparado, pero no hay otro.
S. Vicente: Es un caserío frente a la boca del Vichada. Tiene 9 habitantes blancos y 32 indígenas guajibos. Está en un punto estratégico frente a Colombia y la entrada de los Raudales. Es un sitio a propósito para poner una guarnición de frontera, enfrente de la que tiene Colombia en su territorio.
Isla Ratón: Tiene tres familias con un total de 14 habitantes. La tierra es buena, pero hasta hoy no se ha cultivado. La gente quiere retirarse de la isla.
Nos damos cuenta que esta relación, aunque somera, fruto de los primeros viajes de los misioneros, profundiza un poco más en la situación del indígena amazonense y señala también necesidades perentorias como eran la Educación, la iglesia y también señala las relaciones de explotación en que vivían los pobladores del interior.

Otro punto que aclara esta relación, es que el señalamiento que se le ha hecho a la Misión, inculpándola de ser el factor «primordial» de aculturación y pérdida de las lenguas indígenas, no es nada históricamente justo. Vemos por estas relaciones, cómo la mayoría de los habitantes de estos poblados hablaban ya el castellano, antes de llegar los misioneros salesianos.
NOTAS:
(1. Mons. DE FERRARI E. Preefecto Apost. Dalla missione dell’Alto Orinoco en BSi LVII 4(Abril 1933) 114-115).

(2. BIEROLD José María, Dalla nuova missione dell’Alto Orinoco. Ayacucho, Primo Centro. en BS LVII 3 (Marzo1934) 83-85)

(3. AVAPA, Crónica 1,42-46. El P. Burk nosda unos detalles interesantes: Según averiguamos, la población celebra la fiesta el 24 de junio como si fuera S. Juan Bautista... Pero esta estatua la trajeron de Atures. Y Atures estaba dedicado a S. Juan Nepomuceno... El mencionado S. Juan fue traido de Atures, población floreciente en tiempo de las misiones jesuíticas, situado a dos horas de camino de Puerto Ayacucho, junto al raudal de Atures. Hoy de Atures no queda más que el nombre y una casa arruinada y deshabitada. Trasladaron el santo a Ayacucho cuando se hizo la carretera de Samariapo. Lo había conservado con cariño en Atures una señora anciana. Tanto en Atures, como aquí en Puerto Ayacucho, gozó el santo de mucha veneración... Su estatua estaba cubierta de trenzas de cabellos, cintas de colores, exvotos de manos y pies, unos de hojalata y otros de metal. A sus pies ardían velas...»)

(4. BIEROLD José M. Dallanuovamissione dell’Alto Orinoco... en BSi LVII (Marzo 1934)83).

(5. Allí fue asesinado aquellanoche el Gobernador del T. F. Amazonas Eduardo Carrillo, sucesor de Carlos Velandia Benavides. Carrillo fue asesinado por su propia guardia personal y fue sustituido por Bernardo Rivas.)

(6. AVAPA,Crónica I, 53-58).

(7. Cfr. BIEROLD J. La nostra residenza en BSÍ LVII, 3 (Marzo 1934)8 3-84).

(8. ACS 64.12 Missioni, Puerto Ayacucho. Resoconto 1).

(9. ACS 275. Bálzola O. Relazione, 6).

(10. Ibídem.)

(11. Ibidem. Carta a D. Amadei del 19 de agosto de 1934).

(12. ASC. Marchesi O. Relazione, 4)

(13. ASC. Marchesi O. Relazione, 4)

(14. Ibidem, 5).

(15. ACS 64.12 Missioni, Puerto Ayacucho. Resoconto, 1).

(16. ACS 64.12 Missioni, Puerto Ayacucho. Resoconto, 1).

(17. ACS 275. BáIzolaG. Relazione, 11).

(18. ACS 64.12 Missioni, Puerto Ayacucho. Resoconto, 5)

(19. ACS 64.12 Missioni, Puerto Ayacucho. Resoconto, 5).

(20. VILA M. Aurelio, Aspectos Geográficos del T. F. Amazonas. Pág. 80).

(22. ANDUZE P. Shailili-ko en VILA M. A. Aspectos, 82 : la exagerada oscilación de las mismas, nos obliga a tomarlas con gran cautela y a dudar seriamente de su exactitud).

CAPITULO VIII
Crónicas de ayer
1. Comienza el trabajo
Vamos a dejar rienda suelta a las primeras Crónicas que nos dejaron los primeros misioneros para hacemos una idea del inicio lleno de dificultades.

En estas Crónicas notamos la mentalidad del misionero de entonces, con una gran espiritualidad práctica, e hijos de su tiempo, con expresiones que a nosotros ya nos extrañan, pero con una entrega estupenda al trabajo.

Las primeras semanas trabajaron todos en el acomodo de la residencia de Puerto Ayacucho. Después fue distribuido el trabajo de la siguiente manera:

El P. Bierold y el Sr. Fridolino Busch fueron destinados a la residencia parroquial de La Urbana en el Edo. Bolívar.Y allí organizaron ellos su trabajo misional. Hasta su partida, en diciembre de 1933, el P. Bierold se dedicó entre otras cosas a escribir la Crónica y a enviar correspondencia a los diversos sitios; y Fridolino Busch ayudaba a los demás en los trabajos de cada día.

El P. Bonvecchio hizo de arquitecto y constructor de la Residencia misional, que fue el primer edificio construido en cemento y hormigón, levantado en el Territorio. Trabajaba y dirigía las obras aguantando el calor, la lluvia y los mosquitos.

Era además excelente cazador y buen pescador, e iba con frecuencia a cazar y pescar para proporcionar came y pescado fresco a la comunidad. El P. Ignacio Burk, se encargó como párroco de la cura de almas, de la Escuela y de la enfermería.

Ya el 17 de noviembre de 1933, trajeron a la enfermería de la Misión al mecánico de la estación radiotelegráfica, gravísimas quemaduras en los brazos, tronco, pecho y espalda. El P. Burk hizo de médico. Lo lavó con ácido pícrico. Lo atendió y hospitalizó en la misma choza de la misión. El P. Bonvecchio le cedió su catre.

Se llamaba este mecánico Alfredo Grossmann. Era natural de Berlín. Llegó a curarse de sus quemaduras tras los solícitos cuidados del P. Burk. Mientras vivió en Puerto Ayacucho, fue como un misionero más, disponible para cuanto podía hacer por la Misión.

Mientras Grossmann estuvo hospitalizado, el P. Burk hizo de mecánico radiotelegrafista. Cuando se fundió el aparato telecomunicador del Gobierno, la Misión prestó su instrumental hasta que aquél pudo repararse. (1)

Al resto de la población, la enfermería misionera le proporcionaba quinina y otras medicinas más usadas en aquella zona.

La Misión se hizo responsable de la Escuela «Hermenegilda Gómez», así llamada en memoria de la madre del Presidente Juan V. Gómez. El P. Burk hizo de maestro. Y a través de la escuela, aquellos muchachos contactaron por primera vez con el sistema educativo de los hijos de D. Bosco.

D. Gregorio Odúber fue el verdadero «factotum» de la Residencia: zapatero, sastre, despensero, asistente de los internos y jefe del personal obrero. Era el eje alrededor del cual giraba la organización y marcha de la Residencia.

D. Moisés Cerón era el chofer y el mecánico de Monseñor y le acompañó en sus primeros viajes en barco y cuidando la lancha «Auxiliadora» y las demás embarcaciones de la Misión. Trabajaba además de mecánico en la casa, y como agricultor en el conuco que tuvo pronto la misión, a fin de procurarse los alimentos necesarios.

El personal obrero llegado a Puerto Ayacucho con los primeros misioneros, también tenían asignadas sus funciones. El Sr. Rafael Mosquera hizo de cocinero y logró que le compraran en Ciudad Bolívar un fogón de hierro «con chimenea y todo».

Paulino Miranda, se hizo práctico del río Orinoco y sus afluentes. Pilotaba la lancha y otras embarcaciones alternándose con D. Moisés Cerón. Cuidaba también de pintar, reparar y mantener las embarcaciones de la misión.

Luis o Lino Tomabes (en las Crónicas aparece con ambos nombres), tuvo que volver a su casa el 7 de octubre de 1933 para cuidarse de una enfermedad que requería las atenciones familiares. Y se fue con su familia a S. Fernando de Atabapo.

También trabajaron en la Misión en estos primeros años, el práctico de la marinería fluvial Miguel Lapalma y el alemán Kurt Steffler, luterano y muy buena persona. Hablaba inglés, francés, alemán y castellano y se distinguía por su gran humildad según la Crónica. En la Misión fue la mano derecha del P. Bonvecchio en las agotadoras tareas de la construcción de la nueva Residencia. (2) Al mismo tiempo, iba formándose poco a poco el primer internado de niños, o Asilo. Frecuentaban la Escuela y ayudaban en lo que podían a los misioneros. Interesante lo que dice la Crónica:

«Los indígenas que viven con nosotros no nos son de utilidad en el trabajo. Nos contentamos con que nos vayan a buscar el agua y la leña para la cocina. A estos indígenas, no se les debe hacer trabajar hasta que tengan una edad suficiente. Y eso, si ellos voluntariamente quieren y con el contrato hecho, hablando con el capitán de su respectiva tribu». (3)
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