Incluyo las poesías de Garcilaso en orden cronológico siguiendo a Lapesa para ir comprobando las características de las dos etapas. El estudio de las églogas lo






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Como se verá a continuación, en esta etapa Garcilaso utiliza además del soneto y de la canción otras formas métricas. El terceto lo utilizará en las Elegías y en parte de la Égloga II, con un tono especialmente narrativo. La octava real en la Égloga III, el ritmo, el tono, la seriedad que confiere la sucesión de endecasílbos con la peculiar disposición de rima (ABABABCC) se adapta perfectamente a la intención de Garcilaso de elevar a rango de mito la historia de Elisa. Los endecasílabos blancos se ajustarán en la Epístola a Boscán y la lira (nombre tomado del primer verso de la Canción V) es una composición que combina heptasílabos y endecasílabos, que dan fluidez, ritmo circular, envolvente apoyado además por la utilización de sucesivos encabalgamientos.

Recorren la poesía igualmente en esta etapa napolitana los tópicos literarios grecolatinos. El CARPE DIEM, DESCRIPTIO PUELLAE, COLLIGE VIRGO ROSAS Y TEMPUS FUGIT aparecen perfectamente ensartados en el soneto “En tanto que de rosa y azucena…”. El BEATUS ILLE aparece en las églogas como elemento inherente a la poesía bucólica.

Las composiciones de esta etapa de plenitud son:

Soneto IV:

Un rato se levanta mi esperanza,
mas cansada d’haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado,
libre el lugar a la desconfianza.

     ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? Oh corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado,
que tras fortuna suele haber bonanza!

     Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso;

     muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
quitarme de ir a veros como quiera,
desnudo espirtu o hombre en carne y

Égloga II

ALBANIO

     En medio del invierno está templada
el agua dulce desta clara fuente,
y en el verano más que nieve helada.
     ¡Oh claras ondas, cómo veo presente,
en viéndoos, la memoria d’aquel día
de que el alma temblar y arder se siente!
     En vuestra claridad vi mi alegría
escurecerse toda y enturbiarse;
cuando os cobré, perdí mi compañía.
     ¿A quién pudiera igual tormento darse,
que con lo que descansa otro afligido
venga mi corazón a atormentarse?
     El dulce murmurar deste rüido,
el mover de los árboles al viento,
el suave olor del prado florecido
     podrian tornar d’enfermo y descontento
cualquier pastor del mundo alegre y sano;
yo solo en tanto bien morir me siento.
     ¡Oh hermosura sobre’l ser humano,
oh claros ojos, oh cabellos d’oro,
oh cuello de marfil, oh blanca mano!,
     ¿cómo puede ora ser qu’en triste lloro
se convertiese tan alegre vida
y en tal pobreza todo mi tesoro?
     Quiero mudar lugar y a la partida
quizá me dejará parte del daño
que tiene el alma casi consumida.
     ¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño
es darme yo a entender que con partirme,
de mí s’ha de partir un mal tamaño!
     ¡Ay miembros fatigados, y cuán firme
es el dolor que os cansa y enflaquece!
¡Oh, si pudiese un rato aquí adormirme!
     Al que, velando, el bien nunca s’ofrece,
quizá qu’el sueño le dará, dormiendo,
algún placer que presto desparece;
en tus manos ¡oh sueño! m’encomiendo.

 




SALICIO

            ¡Cuán bienaventurado
        aquél puede llamarse
que con la dulce soledad s’abraza,
        y vive descuidado
        y lejos d’empacharse
en lo que al alma impide y embaraza!
        No ve la llena plaza
        ni la soberbia puerta
        de los grandes señores,
        ni los aduladores
a quien la hambre del favor despierta;
        no le será forzoso
rogar, fingir, temer y estar quejoso.

            A la sombra holgando
        d’un alto pino o robre
o d’alguna robusta y verde encina,
        el ganado contando
        de su manada pobre
que en la verde selva s’avecina,
        plata cendrada y fina
        y oro luciente y puro
        bajo y vil le parece,
        y tanto lo aborrece
que aun no piensa que dello está seguro,
        y como está en su seso,
rehuye la cerviz del grave peso.

            Convida a un dulce sueño
        aquel manso rüido
del agua que la clara fuente envía,
        y las aves sin dueño,
        con canto no aprendido,
hinchen el aire de dulce armonía.
        Háceles compañía,
        a la sombra volando
        y entre varios olores
        gustando tiernas flores,
la solícita abeja susurrando;
        los árboles, el viento
al sueño ayudan con su movimiento,

     ¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?
¡Oh, hele allí! ¡Dichoso tú, que aflojas
la cuerda al pensamiento o al deseo!
     ¡Oh natura, cuán pocas obras cojas
en el mundo son hechas por tu mano,
creciendo el bien, menguando las congojas!
     El sueño diste al corazón humano
para que, al despertar, más s’alegrase
del estado gozoso, alegre o sano,
     que como si de nuevo le hallase,
hace aquel intervalo que ha passado
qu’el nuevo gusto nunca al fin se pase;
     y al que de pensamiento fatigado
el sueño baña con licor piadoso,
curando el corazón despedazado,
     aquel breve descanso, aquel reposo
basta para cobrar de nuevo aliento
con que se pase el curso trabajoso.
     Llegarme quiero cerca con buen tiento
y ver, si de mí fuere conocido,
si es del número triste o del contento.
     Albanio es este que ’stá ’quí dormido,
o yo conosco mal; Albanio es, cierto.
Duerme, garzón cansado y afligido.
     ¡Por cuán mejor librado tengo un muerto,
que acaba’l curso de la vida humana
y es conducido a más seguro puerto,
     qu’el que, viviendo acá, de vida ufana
y d’estado gozoso, noble y alto
es derrocado de fortuna insana!
     Dicen qu’este mancebo dio un gran salto,
que d’amorosos bienes fue abundante,
y agora es pobre, miserable y falto;
     no sé la historia bien, mas quien delante
se halló al duelo me contó algún poco
del grave caso deste pobre amante.

 




ALBANIO

     ¿Es esto sueño, o ciertamente toco
la blanca mano? ¡Ah, sueño, estás burlando!
Yo estábate creyendo como loco.
     ¡Oh cuitado de mi! Tú vas volando
con prestas alas por la ebúrnea puerta;
yo quédome tendido aquí llorando.
     ¿No basta el grave mal en que despierta
el alma vive, o por mejor decillo,
está muriendo d’una vida incierta?

 




SALICIO

     Albanio, deja el llanto, qu’en oíllo
me aflijo.

 




ALBANIO

          ¿Quién presente ’stá a mi duelo?

 




SALICIO

Aquí está quien t’ayudará a sentillo.

 




ALBANIO

     ¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo
me fuera en cualquier mal tu compañía,
mas tengo en esto por contrario el cielo.

 




SALICIO

     Parte de tu trabajo ya m’había
contado Galafrón, que fue presente
en aqueste lugar el mismo día,
     mas no supo decir del acidente
la causa principal, bien que pensaba
que era mal que decir no se consiente;
     y a la sazón en la ciudad yo estaba,
como tú sabes bien, aparejando
aquel largo camino que’speraba,
     y esto que digo me contaron cuando
torné a volver; mas yo te ruego ahora,
si esto no es enojoso que demando,
     que particularmente el punto y hora,
la causa, el daño cuentes y el proceso,
que’l mal, comunicándose, mejora.

 
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