Incluyo las poesías de Garcilaso en orden cronológico siguiendo a Lapesa para ir comprobando las características de las dos etapas. El estudio de las églogas lo






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  • Soneto XVIII: Si a vuestra voluntad soy de acero…


   Si a vuestra voluntad yo soy de cera
y por sol tengo solo vuestra vista,
la cual a quien no inflama o no conquista
con su mirar es de sentido fuera,

     ¿de dó viene una cosa que, si fuera
menos veces de mí probada y vista,
según parece que a razón resista,
a mi sentido mismo no creyera?

     Y es que yo soy de lejos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto que en vida me sostengo apenas;

     mas si de cerca soy acometido
de vuestros ojos, luego siento helado
cuajárseme la sangre por las venas.

 

  • Canción I: Si a la región desierta, inhabitable…

Si a la región desierta, inhabitable
por el hervor del sol demasïado
y sequedad d’aquella arena ardiente,
o a la que por el hielo congelado
y rigurosa nieve es intratable,
del todo inhabitada de la gente,
     por algún accidente
o caso de fortuna desastrada
     me fuésedes llevada,
y supiese que allá vuestra dureza
     estaba en su crüeza,
allá os iria a buscar como perdido,
hasta morir a vuestros pies tendido

Vuestra soberbia y condición esquiva
acabe ya, pues es tan acabada
la fuerza de en quien ha d’esecutarse;
mirá bien qu’el amor se desagrada
deso, pues quiere qu’el amante viva
y se convierta adó piense salvarse.
     El tiempo ha de pasarse,
y de mis males arrepentimiento,
     confusión y tormento
sé que os ha de quedar, y esto recelo,
     que aunque de mí me duelo,
como en mí vuestros males son d’otra arte,
duélenme en más sensible y tierna parte.

3.

     Assí paso la vida acrecentando
materia de dolor a mis sentidos,
como si la que tengo no bastase,
los cuales para todo están perdidos
sino para mostrarme a mí cuál ando.
Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase
     para que yo pensase
un rato en mi remedio, pues os veo
     siempre con un deseo
de perseguir al triste y al caído:
     yo estoy aquí tendido,
mostrándoos de mi muerte las señales,
y vos viviendo sólo de mis males.

4.

     Si aquella amarillez y los sospiros
salidos sin licencia de su dueño,
si aquel hondo silencio no han podido
un sentimiento grande ni pequeño
mover en vos que baste a convertiros
a siquiera saber que soy nacido,
     baste ya haber sufrido
tanto tiempo, a pesar de lo que basto,
     que a mí mismo contrasto,
dándome a entender que mi flaqueza
     me tiene en la estrecheza
en que estoy puesto, y no lo que yo entiendo:
así que con flaqueza me defiendo.

5.

     Canción, no has de tener
comigo ya que ver en malo o en bueno;
     trátame como ajeno,
que no te faltará de quien lo aprendas.
     Si has miedo que m’ofendas,
no quieras hacer más por mi derecho
de lo que hice yo, qu’el mal me he hecho.

  • Canción II: La soledad siguiendo/ rendido a mi fortuna…


1.

     La soledad siguiendo,
     rendido a mi fortuna,
me voy por los caminos que se ofrecen,
     por ellos esparciendo
     mis quejas d’una en una
al viento, que las lleva do perecen.
     Pues todas no merecen
     ser de vos escuchadas,
     ni sola un hora oídas,
he lástima de que van perdidas
por donde suelen ir las remediadas;
     a mí se han de tornar,
adonde para siempre habrán d’estar.

2.

     Mas ¿qué haré, señora,
     en tanta desventura?
¿A dónde iré si a vos no voy con ella?
     ¿De quién podré yo ahora
     valerme en mi tristura
si en vos no halla abrigo mi querella?
     Vos sola sois aquélla
     con quien mi voluntad
     recibe tal engaño
que, viéndoos holgar siempre con mi daño,
me quejo a vos como si en la verdad
     vuestra condición fuerte
tuviese alguna cuenta con mi muerte.

3.

     Los árboles presento,
     entre las duras peñas,
por testigo de cuanto os he encubierto;
     de lo que entre ellas cuento
     podrán dar buenas señas,
si señas pueden dar del desconcierto.
     Mas ¿quién tendrá concierto
     en contar el dolor,
     qu’es de orden enemigo?
No me den pena por lo que ora digo,
que ya no me refrenará el temor:
     ¡quién pudiese hartarse
de no esperar remedio y de quejarse!

4.

     Mas esto me es vedado
     con unas obras tales
con que nunca fue a nadie defendido,
     que si otros han dejado
     de publicar sus males,
llorando el mal estado a que han venido,
     señora, no habrá sido
     sino con mejoría
     y alivio en su tormento;
mas ha venido en mí a ser lo que siento
de tal arte que ya en mi fantasía
     no cabe, y así quedo
sufriendo aquello que decir no puedo.

5.

     Si por ventura estiendo
     alguna vez mis ojos
por el proceso luengo de mis daños,
     con lo que me defiendo
     de tan grandes enojos
solamente es, allí, con mis engaños;
     mas vuestros desengaños
     vencen mi desvarío
     y apocan mis defensas,
sin yo poder dar otras recompensas
sino que, siendo vuestro más que mío,
     quise perderme así
por vengarme de vos, señora, en mi.

6.

Canción, yo he dicho más que me mandaron
     y menos que pensé;
no me pregunten más, que lo diré.



  • Canción IV: El aspereza de mis males quiero.

1.

     El aspereza de mis males quiero
que se muestre también en mis razones,
como ya en los efetos s’ha mostrado;
lloraré de mi mal las ocasiones,
sabrá el mundo la causa porque muero,
y moriré a lo menos confesado,
pues soy por los cabellos arrastrado
de un tan desatinado pensamiento
que por agudas peñas peligrosas,
     por matas espinosas,
corre con ligereza más que el viento,
bañando de mi sangre la carrera.
Y para más despacio atormentarme,
llévame alguna vez por entre flores,
adó de mis tormentos y dolores
descanso y dellos vengo a no acordarme;
mas él a más descanso no me espera:
antes, como me ve desta manera,
con un nuevo furor y desatino
torna a seguir el áspero camino.

2.

     No vine por mis pies a tantos daños:
fuerzas de mi destino me trujeron
y a la que m’atormenta m’entregaron.
Mi razón y jüicio bien creyeron
guardarme como en los pasados años
d’otros graves peligros me guardaron,
mas cuando los pasados compararon
con los que venir vieron, no sabían
lo que hacer de sí ni dó meterse,
     que luego empezó a verse
la fuerza y el rigor con que venían.
Mas de pura vergüenza costreñida,
con tardo paso y corazón medroso
al fin ya mi razón salió al camino;
cuanto era el enemigo más vecino,
tanto más el recelo temeroso
le mostraba el peligro de su vida;
pensar en el dolor de ser vencida
la sangre alguna vez le callentaba,
mas el mismo temor se la enfrïaba.

3.

     Estaba yo a mirar, y peleando
en mi defensa, mi razón estaba
cansada y en mil partes ya herida,
y sin ver yo quien dentro me incitaba
ni saber cómo, estaba deseando
que allí quedase mi razón vencida;
nunca en todo el proceso de mi vida
cosa se me cumplió que desease
tan presto como aquésta, que a la hora
     se rindió la señora
y al siervo consintió que gobernase
y usase de la ley del vencimiento.
Entonces yo sentíme salteado
d’una vergüenza libre y generosa;
corríme gravemente que una cosa
tan sin razón hubiese así pasado;
luego siguió el dolor al corrimiento
de ver mi reino en mano de quien cuento,
que me da vida y muerte cada día,
y es la más moderada tiranía.

4.

     Los ojos, cuya lumbre bien pudiera
tornar clara la noche tenebrosa
y escurecer el sol a mediodía,
me convertieron luego en otra cosa,
en volviéndose a mí la vez primera
con la calor del rayo que salía
de su vista, qu’en mí se difundía;
y de mis ojos la abundante vena
de lágrimas, al sol que me inflamaba,
     no menos ayudaba
a hacer mi natura en todo ajena
de lo que era primero. Corromperse
sentí el sosiego y libertad pasada,
y el mal de que muriendo estó engendrarse,
y en tierra sus raíces ahondarse
tanto cuanto su cima levantada
sobre cualquier altura hace verse;
el fruto que d’aquí suele cogerse
mil es amargo, alguna vez sabroso,
mas mortífero siempre y ponzoñoso.

5.

     De mí agora huyendo, voy buscando
a quien huye de mí como enemiga,
que al un error añado el otro yerro,
y en medio del trabajo y la fatiga
estoy cantando yo, y está sonando
de mis atados pies el grave hierro.
Mas poco dura el canto si me encierro
acá dentro de mí, porque allí veo
un campo lleno de desconfianza:
     muéstrame l’esperanza
de lejos su vestido y su meneo,
mas ver su rostro nunca me consiente;
torno a llorar mis daños, porque entiendo
que es un crudo linaje de tormento
para matar aquel que está sediento
mostralle el agua por que está muriendo,
de la cual el cuitado juntamente
la claridad contempla, el ruido siente,
mas cuando llega ya para bebella,
gran espacio se halla lejos della.

6.

     De los cabellos de oro fue tejida
la red que fabricó mi sentimiento,
do mi razón, revuelta y enredada,
con gran vergüenza suya y corrimiento,
sujeta al apetito y sometida,
en público adulterio fue tomada,
del cielo y de la tierra contemplada.
Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto,
pues no tengo con qué considerallo,
     y en tal punto me hallo
que estoy sin armas en el campo puesto,
y el paso ya cerrado y la hüida.
¿Quién no se espantará de lo que digo?,
qu’es cierto que he venido a tal estremo
que del grave dolor que huyo y temo
me hallo algunas veces tan amigo
que en medio d’él, si vuelvo a ver la vida
de libertad, la juzgo por perdida,
y maldigo las horas y momentos
gastadas mal en libres pensamientos.

7.

     No reina siempre aquesta fantasía,
que en imaginación tan varïable
no se reposa un hora el pensamiento:
viene con un rigor tan intratable
a tiempos el dolor que al alma mía
desampara, huyendo, el sufrimiento.
Lo que dura la furia del tormento,
no hay parte en mí que no se me trastorne
y que en torno de mí no esté llorando,
     de nuevo protestando
que de la via espantosa atrás me torne.
Esto ya por razón no va fundado,
ni le dan parte dello a mi jüicio,
que este discurso todo es ya perdido,
mas es en tanto daño del sentido
este dolor, y en tanto perjüicio,
que todo lo sensible atormentado,
del bien, si alguno tuvo, ya olvidado
está de todo punto, y sólo siente
la furia y el rigor del mal presente.

8.

     En medio de la fuerza del tormento
una sombra de bien se me presenta,
do el fiero ardor un poco se mitiga:
figúraseme cierto a mí que sienta
alguna parte de lo que yo siento
aquella tan amada mi enemiga
(es tan incomportable la fatiga
que si con algo yo no me engañase
para poder llevalla, moriría
     y así me acabaría
sin que de mí en el mundo se hablase),
así que del estado más perdido
saco algún bien. Mas luego en mí la suerte
trueca y revuelve el orden: que algún hora
si el mal acaso un poco en mí mejora,
aquel descanso luego se convierte
en un temor que m’ha puesto en olvido
aquélla por quien sola me he perdido,
y así del bien que un rato satisface
nace el dolor que el alma me deshace.

9.

     Canción, si quien te viere se espantare
de la instabilidad y ligereza
y revuelta del vago pensamiento,
estable, grave y firme es el tormento,
le di, qu’es causa cuya fortaleza
es tal que cualquier parte en que tocare
la hará revolver hasta que pare
en aquel fin de lo terrible y fuerte
que todo el mundo afirma que es la muerte.
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