Gustavo adolfo bécquer (1836-1870)






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Primavera

Hay en la playa espejos de agua

Locos de pájaros en los bosques los árboles

La nieve se disuelve en la montaña

De tantas flores brillan las ramas del manzano

Que huye el pálido sol

En noche de invierno y en un áspero mundo

vivo esta primavera oh inocente a tu lado

No hay noche para nosotros

Lo que es perecedero no te alcanza

Y no quieres sentir el frío

En esta primavera nuestra

La que tiene razón.

La Muerte, El Amor, La Vida

Creí que me rompería lo inmenso lo profundo

Con mi pena desnuda sin contacto sin eco

Me tendí en mi prisión de puertas vírgenes

Como un muerto sensato que había sabido morir

Un muerto coronado sólo de su nada

Me tendí sobre las olas absurdas del verano

Absorbido por amor a la ceniza

La soledad me pareció más viva que la sangre

Quería desunir la vida

Quería compartir la muerte con la muerte

Entregar mi corazón vacío a la vida

Borrarlo todo que no hubiera ni vidrio ni vaho

Nada delante nada detrás nada entero

Había eliminado el hielo de las manos juntas

Había eliminado la osamenta invernal

Del voto de vivir que se anula.

Tú viniste y se reanimó el fuego

Cedió la sombra el frío aquí abajo se llenó de estrellas

Y se cubrió la tierra

De tu carne clara y me sentí ligero

Viniste la soledad fue vencida

Tuve una guía sobre la tierra y supe

Dirigirme me sabía sin medida

Adelantaba ganaba tierra y espacio

Iba hacia iba sin fin hacia la luz

La vida tenía un cuerpo la esperanza tendía sus velas

Promisora de miradas confiadas para el alba

De la noche surgía una cascada se sueños

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla

El primer rocío humedecía tu boca

Deslumbrando reposo remplazaba el cansancio

Yo amaba el amor como en mis primeros días

Los campos están labrados las fábricas resplandecen

Y el trigo hace su nido en una enorme marea

Las mieses la vendimia tienen muchos testigos

Nada es singular ni simple

El mar está en los ojos del cielo o de la noche

El bosque da a los árboles seguridad

Y los muros de las casas tienen una piel común

Los caminos siempre se encuentran

Los hombres están hechos para entenderse

Para comprenderse para amarse

Tienen hijos que serán padres de los hombres

Tienen hijos sin fuego ni lugar

Que inventarán de nuevo a los hombres

Y la naturaleza y su patria

La de todos los hombres

La de todos los tiempos



LOPE DE VEGA (1562-1635)

SONETO

Esparcido el cabello por la espalda
que fue del sol desprecio y maravilla,
Silvia cogía por la verde orilla
del mar de Cádiz conchas en su falda.

El agua entre el hinojo de esmeralda,
para que entrase más, su curso humilla;
tejió de mimbre una alta canastilla,
y púsola en su frente por guirnalda.

Mas cuando ya desamparó la playa,
"Mal haya, dijo, el agua, que tan poca
con su sal me abrasó pies y vestidos".

Yo estaba cerca y respondí: "Mal haya
la sal que tiene tu graciosa boca,
que así tiene abrasados mis sentidos".

SONETO DE REPENTE

Un soneto me manda hacer Violante;
en mi vida me he visto en tal aprieto,
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y aún parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que estoy los trece versos acabando:
contad si son catorce, y está hecho.

BERTOLD BRECHT (1898-1956)

A LOS HOMBRES FUTUROS

Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos hundido, cuando habléis de vuestras debilidades, pensad también en los tiempos sombríos de los que os habéis escapado. Cambiábamos de país como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella. Y sin embargo, sabíamos que también el odio contra la bajeza desfigura la cara. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros con indulgencia.

1
Marie Farrar, nacida en abril,
menor, sin señas particulares, raquítica, huérfana,
hasta el presente no fichada, dice haber
asesinado a un niño de la siguiente manera:

Que ya en el segundo mes intentó
en lo de una mujer que vivía en un sótano
abortarlo con dos inyecciones, que declara
fueron dolorosas. Pero no quiso salir.
Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

2
A pesar de ello dice haber pagado en el acto
lo convenido y desde entonces haber usado faja,
también bebió kerosen con pimienta molida;
pero que todo eso no hizo sino provocarle diarrea.
Que su cuerpo se hinchó a ojos vistas y que tuvo
dolores agudos, mientras lavaba los platos, muchas veces.
Ella misma, dice, aún no había dejado de crecer.
Que le rezó a la virgen, con mucha esperanza.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar,
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

3
Al parecer, las oraciones no dieron resultado.
También, era mucho pedir. Cuando se puso más gruesa
le daban mareos durante la misa. Sentía el cuerpo húmedo
de miedo, cuando se arrodillaba al pie del altar.
Sin embargo, mantuvo en secreto su estado,
hasta que finalmente la sorprendió el parto.
Pudo ocultarlo todo, seguramente porque nadie creía que ella
tan sin gracia, hubiera caído en la tentación.
Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Puesto toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

4
Que ese día, según ella, muy de madrugada
al lavar la escalera sintió que le clavaban
uñas en el vientre. El dolor la estremecía.
Y, sin embargo, logró disimularlo.
Todo el día. Mientras cuelga la ropa
la cabeza le estalla: de repente se da cuenta
que va a parir y siente un gran peso
sobre el corazón. Solo muy tarde sube al cuarto.
Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

5
La llamaron de nuevo cuando ya se había acostado,
había nevado y tuvo que barrer.
Así hasta las once. Aquel fue un largo día.
Solo entrada la noche pudo parir en paz.
Y dio a luz, así declara, a un niño varón,
a un hijo que era igual a otros hijos,
pero ella no era igual que otras madres, eso
quiero aclararlo sin ironía y sin mayor motivo.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

6
Dejémosla que siga relatando
lo que con ese hijo pasó
(dijo que no pensaba guardarse una palabra)
para que todos lo sepan y se ubiquen.
Dice que a poco de acostarse sintió intenso malestar,
sin saber qué podría ocurrir,
pues estaba sola, y que se forzó a no gritar.
Y yo a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

7
Con sus últimas fuerzas, dice que luego,
como su cuarto estaba helado, se arrastró
hasta el retrete y allí (no recuerda exactamente
en qué momento), sin más vueltas, parió
hacia el amanecer. Dice que entonces se sintió
muy confusa, y luego, ya medio congelada,
porque en el baño de servicio entra la nieve,
apenas tuvo fuerzas para alzar al niño.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

8
Luego, entre el baño y la pieza -dice que hasta entonces
no había pasado nada-, la criatura
comenzó a gritar, eso la alteró de tal manera,
que la golpeó con ambos puños y con fuerza,
ciegamente, dice, hasta que se calló.
Luego de ello se llevó el cuerpito consigo
a la cama por el resto de la noche
y de mañana lo escondió en el lavadero.
Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

9
Marie Farrar, nacida en abril,
muerta en la prisión de Meissen
madre soltera, sentenciada, quiere
mostrarles los sufrimientos de todas las criaturas.
Ustedes que dan a luz en limpias
camas de maternidad y llaman
"benditos" a sus vientres preñados quieran
no condenar a los débiles perdidos
pues sus pecados fueron duros y su dolor fue grande.
Por eso, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

ANDRÉ BRETÓN (1896-1966)

LAS PALABRAS VUELAN

El satén de las páginas que se hojean en los libros modela
            una mujer tan hermosa
Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza
Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa
Que lo que se va a saber no tiene precio
Esta mujer pasa imperceptiblemente entre un rumor de flores
A veces se vuelve en medio de las estaciones impresas
Para preguntar la hora o mejor aún simula contemplar unas
            joyas bien de frente
Como no hacen las criaturas reales
Y el mundo se muere una ruptura se produce en los anillos de aire
Un desgarro en el lugar del corazón
Los diarios de la mañana traen cantantes cuya voz tiene el color de la
arena en las riberas tiernas y peligrosas
Y a veces los de la tarde dan paso a muchachas que conducen
            animales encadenados
Pero lo más bello está en el intervalo de ciertas letras
Donde unas manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
Saquean un nido de blancas golondrinas
Para que llueva siempre
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan ya mezclarse
Unas manos por donde se sube hasta unos brazos tan leves
            que el vapor de los prados en sus graciosas volutas por
            encima de los estanques es su imperfecto espejo
Unos brazos que no se articulan más que con el peligro excepcional de un
                                                                        cuerpo hecho para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de los matorrales
             llenos de velos
Y que sólo tienen de terrestre la inmensa verdad helada de los trineos de
                                                      miradas sobre la extensión toda blanca
De lo que no volveré a ver más
A causa de una venda maravillosa
Que es la mía en el juego de la gallina ciega de las heridas.

POESÍA EXPRESIONISTA ALEMANA

CANSADO ESTOY DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Albert Ehrenstein (1886-1950)

Y aunque los grandes automóviles pasen raudamente

y los aeroplanos alboroten en el aire,

al hombre le falta la fuerza constante y trascendente.

Es como la flema escupida en una vía.

Y aunque en la lejanía más remota se abran las tenazas,

las tenazas terrenales, que aún no nos abandonan,

un agente de policía celestial, allí en la esquina, señalará algún día

el camino más corto hacia la nebulosa más cercana.

Mortal es sobre todo la memoria,

esa diosa que no deja rastros.

Hermosas ranas se criaron al alba,

pero luego murieron.

Impotentes se ahogan los ríos impetuosos en el mar.

¡Los indios no sospechaban a Goethe en sus danzas guerreras,

y el implacable, el terno Sirio, tampoco padecía los dolores de Cristo!

Imperceptibles entre sí, y tiesos,

y nunca sacudidos por el sentimiento,

se alzan, descienden,

los soles, los átomos: los cuerpos en el espacio.

VIAJE A LA MISERIA

Iván Goll (1891-1950)

¡Y cómo aflige la soledad del hombre,

cuando paisajes con dolor igual al tuyo se apartan de ti

y se sumergen en sí mismos, tan extraños a tu ser!

Cuando una pequeña estación de tren te rechaza contra una lluvia fría,

un coche con mercadería vacío y sin futuro te mendiga.

Se arrastra allí un macilento caballo sobre un campo oscuro…

Oh, si él supiera que tú existes

Y lo amas, alas azules le crecerían hasta el cielo.

A veces el agua alza la vista y te mira con ojos grandes,

Y porque no advierte tu sonrisa,

Cae triste dentro de sí misma.

Así dejas todo allí solo. Te arrastra tu destino hacia esos sitios.

La vieja jorobada junto al malecón mirará eternamente hacia ti;

inconsolable está el anuncio gritón ante una fachada torcida.

Y dejas así que solo quede todo, en humillado amor irrealizable.

y sabes, sin embargo, solitario, que una ciudad te aguarda,

donde sollozarás toda la noche en un hotel barato.

FIN DEL MUNDO

Else Lasker-Schüler (1876-1945)

Hay un llanto en el mundo,

como si el buen Dios hubiera muerto,

y la sombra plomiza que cae

pesa como lápida de una tumba.

Ven, vamos a ocultarnos más juntos.

La vida yace en todos los corazones,

como en ataúdes.

Besémonos muy hondo.

En el mundo palpita un anhelo

por el que vamos a perecer.
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