Último montaje de Calixto Bieito al frente de la dirección artística del Romea. Con los aplausos, salió, saludó y se despidió con la mano. Parecía emocionado






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títuloÚltimo montaje de Calixto Bieito al frente de la dirección artística del Romea. Con los aplausos, salió, saludó y se despidió con la mano. Parecía emocionado
fecha de publicación08.09.2015
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Poética despedida

Último montaje de Calixto Bieito al frente de la dirección artística del Romea. Con los aplausos, salió, saludó y se despidió con la mano. Parecía emocionado con la ovación que muchos le dedicaron de pie. Y es que ha sido una relación larga, de más de 10 años, con el teatro, por lo que el título del montaje es, cuando menos, oportuno, aunque de hecho siga vinculado a la empresa Focus como director de un nuevo proyecto teatral de ambición internacional que hoy mismo [4 juliol] se da a conocer. Desaparecer es un recital poético —y no solo por los textos de Poe que lo estructuran— que empieza y acaba envuelto en niebla artificial. "¡Así cualquiera desaparece!", soltó alguien en las primeras filas. La cuestión es que entre la bruma se vislumbra un piano de cola, a Maika Makovski sentada a él y a Juan Echanove agazapado en un rincón. Dos voces potentes y dos estilos propios. Ella es mallorquina de sangre andaluza y macedonia; es, por lo visto, una de las voces más nuevas del panorama del rock; canta una decena de canciones compuestas para el espectáculo basadas en el desaparecer del título por miedo a enfrentarse a la realidad y, desde luego, tiene una gran presencia y fuerza escénicas. A él le conocemos de sobra. Con Bieito protagonizó Plataforma, el magnífico montaje basado en la novela de Houellebecq, y aquí dice y, sobre todo, sufre los poemas y cuentos de Poe.

Canciones y textos se alternan a lo largo de los 75 minutos de duración del espectáculo. Las canciones de la mallorquina son en inglés y los textos del estadounidense nos llegan en la traducción al castellano de Cortázar, por lo que ambos idiomas se alternan, como también se alternan, pero al revés, los sobretítulos. En algunos momentos, las canciones se comen a los poemas, hasta que llega El gato negro, el espeluznante cuento de terror gótico con el que Echanove se luce y marca el punto álgido del montaje: es el narrador y protagonista alcoholizado presa de sus incontrolables ataques de demencia sádica; es el mismo demonio de la perversidad, el homicida que se inculpa sin querer; es la voz chirriante de la pesadilla. Le sigue el poema narrativo El cuervo, con el que mantiene la tensión dramática, y la cosa, que podría acabar con el "nunca más" del ave parlante, sigue con otro poema y el mismo tema musical que ella interpreta al inicio mientras la bruma vuelve a apoderarse del espacio. Como si Bieito quisiera parafrasear estos versos finales de Poe: "¿Es todo lo que vemos y parecemos, solo un sueño dentro de un sueño?".

Begoña Barrena, El País, 4 juliol 2011

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Si no fuera por la música...

Para calificar la despedida de Calixto Bieito del Romea conviene recordar el famoso eslogan referido a Superman: «¿Es un pájaro? ¿Es un avión?» Pues bien. ¿Qué es «Desaparecer»? ¿Un recital poético-musical? ¿Una pieza teatral?. El dramaturgo informa en el programa de mano que «Desaparecer» es un «espectáculo» basado en textos de Edgar Allan Poe, como el relato «El gato negro» o el poema «El cuervo».

Un escenario invadido por la niebla, un piano que parece flotar sobre las nubes, como en aquella portada de Supertramp. Al teclado, una auténtica revelación, la compositora y cantante mallorquina Maika Makovski: su voz prodigiosa nos recuerda en los agudos a Maggie Reilly y en los graves a Katie Melua; atmósferas musicales al estilo del mejor Glass o Nyman. Ahí Bieito acierta: la bella y misteriosa Makovski es más efectiva que la niebla para impregnarnos de melancolía.

Otra cosa es la selección de los textos de Poe. En un rincón del brumoso escenario, se adivina la silueta de Juan Echanove. Torturado relator del desasosiego, salmodiarà el «nevermore» («nunca más, no más, no más»), leit motiv de la adaptación de Bieito. Sus disquisiciones sobre el impulso de arrojarse al vacío resultan morosas y redundantes como prólogo. No es hasta pasada la media hora de espectáculo cuando empezamos a verle la cara al explorador del abismo. Echanove se deja la piel con «El gato negro».

Pero la historia, lejos de inquietarnos, desvela una lectura novedosa: el gato maldito que incordia al hombre que le había sacado un ojo hasta convertirlo en el asesino de su mujer arranca alguna sonrisa del público y nos preguntamos qué hubiera sucedido si en lugar del trágico Echanove el narrador fuera Woody Allen. ¿Era la mejor narración de Poe para sobreactuarla entre tanta niebla? ¿No hubiera sido más convincente, por ejemplo, «El corazón delator»?

Mejor parado sale Echanove con «El cuervo»: su declamación se asoma realmente a los abismos del espíritu y el poema brilla en la traducción cortazariana cotejada con la versión original inglesa que aparece en el panel electrónico.

Y el rompedor Bieito desapareció del Romea entre nieblas con esta discutible adaptación de Poe. Si no fuera por la música...

Sergi Doria, ABC, 4 juliol 2011

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Un Poe muy singular

La niebla que emerge a bocanadas, el efecto meteorológico tan prodigado en escena, llena de un difuso resplandor el espacio neutro y desnudo, ocupado tan sólo por Juan Echanove y por la cantante y compositora Maika Makovski junto a un piano de cola con amplificador electroacústico. De entrada, no se advierte muy bien la presencia del actor ni de la cantante puesto que todo el escenario ha sido invadido por la niebla. Ésta, sin embargo, no tardará en ser vencida por un foco esquinado de luz amarillenta, como un tímido sol invernal, que poco a poco nos irá descubriendo a los dos intérpretes de Desaparecer, en una revelación escenográfica de excepcional belleza.

Así comienza el espectáculo creado y dirigido por Calixto Bieito, a partir de textos de Edgar Allan Poe (1809-1849), todos ellos envueltos, como las canciones de Makovski, en un estallido de blancura sorprendente. Blanca es la niebla, blancos los muros, blanca la indumentaria... aún cuando en el imaginario de quienes hayan leído la obra del atormentado romántico, predominen los oscuros, las tenebrosas penumbras que envolvían al alcohólico Poe en sus correrías por los bajos fondos de Baltimore. Pero es bien sabido que el ir contra corriente es la navegación preferida por Bieito y en su despedida como director artístico del Romea no iba a cambiar dicha tónica ni a recurrir a ninguna fórmula demasiado previsible.

Visto desde tal perspectiva, Desaparecer se nos muestra como un espectáculo en el que la letra del escritor va por un lado y todo lo demás por otro. Eso sí, en sus dos vertientes, la propuesta alcanza unos excelentes acabados. Por ejemplo: la música y las hermosas canciones de Maika Makovski que alternan con los textos que dice

Echanove, pienso que crearían un mejor ambiente Poe si se emitieran a un menor volumen: mejor dichas o murmuradas que gritadas, las canciones, y no digamos el piano, cuya tremenda violencia acústica, incómoda, agresiva, sugiere una contemporaneidad del todo inadecuada a la palabra del escritor y poeta.

Señalado ya el abuso del blanco, la escenografía de Aida Guardia me parece muy lograda pero a la vez muy ajena al clima por el que debiera haber apostado otro director, menos obligado por la originalidad de sus creaciones. Algo de eso tal vez barruntó Bieito cuando vemos que el programa de mano se ilustra con la imagen de una habitación modesta, con el actor mirando con discreción a través de la ventana, y la mujer tumbada en la cama, no se sabe si difunta o exhausta tras un feliz fornicio. En fin. Tampoco la forma con que Echanove dice los textos parece la más atinada al sentido de una escritura en la que los expertos, y entre ellos, el sabio Carles Riba —traductor de todos sus cuentos (Quaderns Crema, 1980)— ven el reflejo de un carácter "lógico, sereno, plástico, sobrio", absolutamente alejado de la exasperación que usa el actor en su recital.

Poe escribió sobre la perversidad sin atenuantes, y la perversidad deja de ser tal si su protagonista expresa con alaridos el horror por lo que está contando. A El gato negro le convenía, pues, un registro mucho más contenido. Recitando, en cambio, El cuervo, extraordinario poema, Echanove tiene un momento descollante que nos remite a sus grandes exhibiciones solitarias como El cerdo o el inolvidable Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre. Se aplaudió larga y merecidamente a los actuantes, así como a Bieito, que lanzaba visibles adioses al respetable, por despedirse como director del teatro.

Joan-Anton Benach, La Vanguardia, 5 juliol 2011

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Calimes

El Grec 2011 continua revelant els seus misteris: per què la doble imposició escènica de Calixto Bieito, un director que sovint es fa avinent amb els seus espectacles? Més enllà dels elements generals de satisfacció, que ens pot transmetre una idea teatral amb la qual coincidim, cal confrontar dues essències fonamentals, la de l'espectador i la de l'autor, que amb Calixto Bieito s'expressen de manera particular. Calibrant la magnitud d'ambdós espectacles, s'hi entreveuen alguns trets fonamentals que potser explicarien millor aquesta distància: la manca d'humor i la fredor emotiva que rep el públic. Aspectes que no tenen perquè ser dolents, si la idea és deliberada, però tampoc lloables, en cas contrari; tanmateix, defineixen la manera singular d'entendre la posada en escena més enllà del públic.

Desaparecer. Espai caliginós, blanc, calima espessa; en perspectiva deforme, tres parets blanques amb talls. Maika Makovski al piano, acords, veu impressionant... L'espectacle neix amb la base literària d'Edgar Allan Poe i la pretensió de constituir un poema-concert, però que en realitat no acaba de ser ni una cosa ni l'altra, sinó més aviat una mena de recital emmarcat per una poderosa base musical i una esplèndida presència blanca. Si ja per ella mateixa la literatura de Poe no és excel·lent, gens pot ajudar a un espectacle sense una dramatúrgia sòlida, que fonamenta la seva vida en mestallar cançons amb textos fragmentats, algun poema, un relat gòtic i boira. Juan Echanove aprofita l'ocasió dels seus recitatius per desplegar tota la seva gamma interpretativa en una mena de delirium tremens, que és la viva estampa de la parafrènia de Poe. Encara bo que l'atractiva seducció que destil·la Maika Makovski esdevé meravellosa.

Voices. Espai fosc, caixes d'altaveus amuntegades i pantalles que conformen un gran mur de poderosa atracció. Calixto Bieito omple el teatre de foscor, el color del dolor i la reflexió del pas suspès entre vida i mort. L'oratori de Bach i el pop més lleuger donen vida a unes veus fredes, distants, contant el trànsit de l'experiència més fonamental. Potser no hi ha l'esquitx emotiu, i Bieito sembla ocupar-se només del protagonista puntual, però l'espectacle esdevé impactant gràcies als sensacionals intèrprets.

Joaquim Armengol, Avui / El Punt, 5 juliol 2011

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On és Calixto Bieito?

Desaparèixer, ¿i després què? Absència. ¿On és Calixto Bieito, el director? ¿Va marxar abans del que convé d’aquest interessant projecte de ressuscitar per al públic la poesia gòtica d’Edgar Allan Poe? D’entrada, Desaparecer era una proposta valenta: un Poe despullat d’efectismes, només paraula i música. I una excel·lent excusa per retrobar-se amb Juan Echanove i facilitar el debut teatral de Maika Makovski, cantautora de multiorigen europeu i marcat esperit artístic novaiorquès. Aquest va ser el principi. El final és una realitat paral·lela a la qual costa percebre la marca personal de Bieito.

En una espessa boira comparteixen escenari dues maneres antagòniques d’entendre la interpretació, dos mons oposats, un radicalment contemporani i un altre que sembla rescatat d’un teatre radiofònic. La presència de Makovski —vestida de fantasmagòrica dama blanca— és hipnòtica quan desgrana la seva estranya poesia musical inspirada en Poe amb sensibilitat contemporània. Vibracions de Nick Cave, PJ Harvey i Laurie Anderson, que junts podrien compondre la banda sonora de pel·lícules tan terroríficament belles com el romanticisme gelat de Deixa’m entrar. Cançons que traslladen a aquesta franja entre la vida i la mort —per hipnosi o deliríum trèmens— a la qual sempre tornava Poe.

Ni l’excel·lent traducció de Julio Cortázar evita la decepció que aporta Echanove a aquest projecte. ¿On és Bieito per fondre els dos intèrprets en una dramatúrgia comuna?, ¿on és el fil conductor que justifiqui aquesta selecció de textos i no una altra?, ¿on és el control per evitar els excessos histriònics de l’actor, pres d’un gran timbre de veu i un limitat repertori gestual, procliu al lloc comú? Hi ha moments que sembla un predicador d’una lliga antialcohol, sobreactuat de culpa i contrició.

Juan Carlos Olivares, Time Out Barcelona, 6 juliol 2011

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