Una nueva civilización se está formando ahora en la tierra






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fecha de publicación07.09.2015
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SUPERHUMANIDAD

LA CONVIVENCIA PACÍFICA

UNA NUEVA CIVILIZACIÓN SE ESTÁ FORMANDO AHORA EN LA TIERRA

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ESTADO SOCIAL Y PLANETARIO DEL CUARTO NIVEL

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CUARTA DINÁMICA

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NIVELES EVOLUTIVOS SOCIALES

DINÁMICAS UNIVERSALES

En el Universo nada está inmóvil, todo fluye, todo se mueve, incluso “aquello” que se conoce como “la nada” y que abarca todos los espacios interatómicos e interestelares, ese “gran vacío” que los científicos han definido como materia oscura y que los Hermanos Mayores conocen como Éter. Ese estado sutil de la energía en su más sublime expresión se halla en estado de “quietud inercial” sin que esto signifique inmovilidad; por el contrario, es movimiento sostenido en una sola frecuencia, característica que lo hace estable. Para cualquier partícula que haya sido desinerciada y que, por lo tanto, se mueva en otra frecuencia, el Éter parece inmóvil.

La “Nada” no es más que el “Todo” inerciado, lo inmanifestado, así como lo creado o manifestado es sólo una parte desinerciada del Todo. La Nada contiene al Todo y el Todo, todo lo contiene.

El Universo es dinámico, siempre está en movimiento, en diferentes frecuencias y en distintos ritmos; estas frecuencias y estos ritmos marcan o definen las franjas de los distintos procesos evolutivos por los cuales atraviesan todas las formas de vida, en su recorrido ascendente hacia la Consciencia Absoluta y la expresión total del Amor.

¿Cómo es esto?

Al salir del Padre Creador, cada núcleo embrionario o chispa de vida comienza un recorrido descendente o de desaceleración, hasta llegar a los niveles de mayor densidad o mundos inferiores, conocidos también como mundos infiernos. Estas chispas descienden por los mundos paraíso o edénicos pero en estado de inocencia, es decir, sin la capacidad de reconocimiento. Allí se es feliz pero no se es consciente de ello, pues no se ha tenido el contraste opuesto que permita reconocerlo. Al salir de los mundos paraíso, la criatura entra en los mundos de ignorancia o inferiores, en los cuales debe iniciar el reconocimiento de la Ley Universal a través del “hacer” y observando el resultado de acierto o error. Para que la criatura pueda “hacer”, se le concede el libre albedrio y, con él, la libertad de errar, pero también la capacidad de corregir; para que su caminar se oriente siempre hacia la expresión del Amor, el error le causará dolor y el acierto gozo.

Desde los mundos inferiores o densos, se inicia el camino de aceleración o retorno (depuración espiritual – purificación), pasando por diferentes estados vibratorios en los cuales se asimila la comprensión de las distintas experiencias. Así, paso a paso y en cada vivencia, se va eliminando la oscuridad de la ignorancia, siendo reemplazada por los destellos de la Verdad, hasta llegar a LA VERDAD ABSOLUTA O CENTRO RADIANTE CREADOR.

Partiendo de los estadios inferiores o de ignorancia, hasta los de máxima pureza y verdad, el Universo propone Siete Dinámicas o Grandes Escenarios Experimentales. Cada uno de ellos contiene Siete Ritmos que son, sencillamente, pasos que van desde la simplicidad hasta la mayor complejidad de las lecciones contenidas en cada Dinámica. Estas grandes franjas se conocen también como Niveles, y los distintos ritmos que cada una contiene, como Grados. En adelante se hará referencia a ellos de alguna de estas formas.

Las características específicas de estas dinámicas, las hacen diferentes unas de otras y, por consiguiente, los múltiples aspectos que intervienen en ellas varían según el caso.

Así como los distintos estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso) tienen propiedades únicas y reciben un manejo particular (pues no se trata a los sólidos como a los líquidos, ni a los líquidos como a los gaseosos), el trato y manejo de cada dinámica es completamente distinto al de las otras.

PRIMERA DINÁMICA (La del Humanoide).

El ser se halla en un cuerpo físico denso con una mente incipiente. La asimilación del resultado de una experiencia es extremadamente lenta y el aprendizaje monótono. El individuo es más instintivo y reactivo que racional; es carnívoro, e incluso antropófago, pues su necesidad fundamental es consolidar su forma física. Sus movimientos son lentos, rudos, más bien torpes.

Vive anclado a un perímetro bastante restringido y sobrevive gracias a los recursos que encuentra a su alrededor. En los últimos ritmos de ésta dinámica, se aventura a salir del sitio conocido y explora territorios nuevos; así se convierte en nómada, lo cual le mejora grandemente la posibilidad y la variedad de recursos. Según sus actividades, los podemos clasificar en tres grupos: recolectores, cazadores y predadores.

Su principal aporte o descubrimiento es la utilización del fuego como energía. Con él obtiene luz y calor, y comienza entonces a cocinar algunos alimentos, como la carne. Los hallazgos son accidentales, ya que su capacidad de raciocinio es ínfima; algunos elementos como palos y rocas, se convierten en herramientas y también en armas para su defensa y para la caza. Más adelante las empleará para el ataque, cuando desee apoderarse de la comida obtenida por otros.

Es una criatura fundamentalmente instintiva – gobernada por su naturaleza inferior –, salvaje y violenta en la mayoría de sus acciones. La actitud cuidadosa con sus críos, obedece más a un instinto maternal que a la manifestación de afecto, ya que aún no lo ha desarrollado. Su relación con el entorno es natural, no lo contamina ni lo modifica, y se adapta fácilmente a la cambiante Naturaleza.

SEGUNDA DINÁMICA (La del Cavernícola).

Su mente es un poco más analógica. Este individuo comienza a contemplar algunas posibilidades y a plantear en forma rudimentaria una que otra estrategia; busca abrigo para su clan, inicialmente en grutas o cavernas y luego en cobertizos que él mismo construye. Su mente se desarrolla mucho más, los ciclos de aprendizaje y comprensión son también más cortos.

Habiendo domesticado algunos animales, se le abren dos posibilidades: la del pastoreo y la de la utilización de la bestia en sus labores, haciéndolas más fáciles. Es también recolector, pero ya no de lo silvestre sino de aquello que él mismo ha sembrado, transformándose así en agricultor. Encuentra además en el agua una excelente fuente de alimento y, para obtenerlo, se convierte en pescador. Su necesidad de conservar alimento para las épocas de invierno, lo lleva a almacenar provisiones en hojas y recipientes construidos con fibras vegetales.

Su aporte y descubrimiento principal es la rueda, aunque también deja como legado la transformación de la materia, dando comienzo a la artesanía y la mecánica. La navegación y la rueda lo llevan a conquistar y colonizar territorios más lejanos.

Es una criatura instintiva egoica; busca y lucha por las cosas que beneficien al grupo al cual pertenece y que le favorezcan particularmente. Ésta característica de comportamiento lo conduce al desarrollo del odio y a la envidia, lo mismo que al afianzamiento en la violencia.

TERCERA DINÁMICA (La del Humano).

La era humana ha sido hasta el momento la más prolífica en avances científicos en todas las áreas, pero igualmente la más tóxica y agresiva para el equilibrio natural del planeta. El desarrollo en el aspecto espiritual tomó un camino diferente del desarrollo en el aspecto científico, abriendo brechas casi irreconciliables entre ellos y trayendo como resultado, por un lado, el ejercicio de una espiritualidad dogmática y fanática y, por el otro, la práctica de una ciencia exclusivamente materialista y deshumanizada. Soportado en este tipo de ciencia, el avance tecnológico ha ocasionado desastres ecológicos en su mayoría irreversibles, como la desnaturalización de los alimentos, los cuales ya no aportan todo el potencial de sus nutrientes. En efecto, en el afán de preservarlos y de acelerar su crecimiento y su producción, han sido vulnerados y su constitución original transformada, obteniendo como resultado una abundancia sin calidad, mientras que los agregados químicos y las modificaciones genéticas (transgénicos), son una bomba de tiempo con consecuencias impredecibles para quienes los consumen

En este ciclo aparece la escritura y, con ella, los registros históricos. La agricultura se mecaniza, nacen la electromecánica y la minería, aparecen las grandes concentraciones urbanas con el consabido hacinamiento.

En los grados superiores, finalizando esta dinámica, surgen los conjuntos y condominios, como una apertura a la práctica de la vida comunal.

La utilización de las diferentes fuentes de energía, tales como la hídrica, la hidráulica, la eólica, la eléctrica, la solar, la atómica y la del hidrógeno, constituyen el mayor aporte de este nivel. El electromagnetismo, la electrónica, el desarrollo de los transistores, los circuitos integrados, la fabricación de microchips y el inicio de la aventura en el mundo de los microprocesadores y la nanotecnología, son muestra del avance logrado. Se aborda entonces la conquista del espacio y, con él, la apertura a una consciencia cósmica.

También se fortalece la competencia individualista, afirmando la actitud egoica característica de esta dinámica. Ya en los ritmos superiores, el Humano comienza a romper los ciclos de acción y reacción, pasando de las acciones instintivas reactivas primarias a las analíticas y racionales (ya no reacciona, se manifiesta), aparece también el egoico altruista, el ser que comienza a creer en el Amor, aunque su concepción de éste sea equivocada.

Como se puede observar, en cada dinámica se multiplica la capacidad cerebral y mental, se agilizan los procesos de comprensión y los avances tecnológicos crecen en proporción geométrica con respecto al período inmediatamente anterior.

CUARTA DINÁMICA (La del Superhumano).

Comienza la era de la regeneración en todos los órdenes. Al haber asimilado el reconocimiento de los principios inmutables de la Creación, el ser inicia su ajustamiento a la Ley Divina y vive en armonía con ella; el hecho de no transgredirla proporciona una calidad de vida en la cual comienza a ser feliz y a lograr la autorrealización. El egoísmo ha sido superado y el individuo se proyecta a lo universal y al ejercicio de la Ley de Cooperación Cósmica. De otra parte, la nutrición cambia sustancialmente y se orienta hacia una alimentación basada en la biomasa solar y los plasmas.

La integración con la Naturaleza es prioritaria, razón por la cual la tecnología está dirigida hacia la protección ambiental; las viviendas se concentran en pequeños núcleos rotativos diseminados en distintas zonas del planeta.

En ésta dinámica, la vida se basa en la confianza y la lealtad. De la creencia del Amor se trasciende al Amor sentido.

QUINTA DINÁMICA (La del Suprahumano).

Para estos momentos, la vida útil del cuerpo a través del cual se manifiesta el ser ha pasado de los 1.000 años del Superhumano a los 2.700 años del Suprahumano. Sus actividades en el planeta no contaminan, el individuo ha desarrollado la capacidad de nutrirse directamente de la energía lumínica y su cuerpo es más energético que celular.

La intimidad desaparece, ya que todo es visible, incluso los más leves pensamientos. La comunicación es mental. El ser actúa siempre en el Amor expresado.

SEXTA DINÁMICA (La de los Ingenieros Cósmicos).

Los Ingenieros Cósmicos se manifiestan en vehículos energéticos con autonomía de 5.000 años. Son la armonía perfecta y actúan en cualquier medio sin dañarlo. Vigilan y supervisan los ciclos evolutivos en planetas de dinámicas menores. Son energía y se nutren de energía, en un reciclaje perfecto. Manejan y controlan la materia, transportan el KAR VÍDICO (esencia o germen de vida – ideación proyectada en sustancia abstracta) hasta los planetas que se hallen aptos para sustentarlo. La convivencia con las formas de vida inferiores es bellísima y muy sutil, a tal punto que pasan desapercibidos en las bandas vibratorias sobre las cuales actúan.

Expresan la paz absoluta y laboran en la conciencia del Amor.

SÉPTIMA DINÁMICA (La de los Ingenieros Biólogos o Monitores Planetarios).

En este nivel se llega a la atemporalidad, se está en la vibración de la supraenergía o energía plasmática radial. Estos seres pueden expresarse en cualquier forma de este tipo de energía. Según el Plan Divino, diseñan las características que habrían de desarrollar los diferentes gérmenes de vida, los cuales serán sembrados posteriormente por los Ingenieros Cósmicos en los distintos cuerpos estelares. Estos seres han logrado la integración al Amor y proyectan el Amor que sustenta a los niveles inferiores.

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CUARTA DINÁMICA

El planeta Tierra está haciendo su ingreso a la Cuarta Dinámica y, junto con él, todos los seres que están concluyendo el ciclo del humano. Por esta razón vale la pena detenerse un poco más a profundizar en ella.

Todos aquellos seres humanos en cuya aura o campo de energía brille la luz nacida como resultado de la comprensión de cada experiencia vivida desde el Amor, y sus actitudes para con los demás sean de verdadera fraternidad, tendrán el tono característico que los señala como candidatos al primer ritmo de la Cuarta Dinámica.

Cuando está experimentando el séptimo ritmo de la Tercera Dinámica, el ser hace méritos por derecho de consciencia, para recibir la información que lo orientará y acercará mucho más al ciclo siguiente. Es en ese preciso momento en el que la Hermandad de los Mayores asigna entonces los delegatarios para hacerlo. Ellos entran a determinar los puntos planetarios de contacto y los posibles candidatos para recibirla, buscando siempre que la difusión cubra a todos los habitantes que se hallen en ese séptimo y último ritmo del ciclo del humano. Este cubrimiento está garantizado y, por lo tanto, llega inevitablemente a quien lo necesite.

Si bien es cierto que la finalización de este ciclo ejerce gran presión en todos los seres, exigiéndoles cada vez más y más, casi hasta el agotamiento, y que muchos terminan finalmente por claudicar, también lo es el hecho de que los abanderados, a pesar de las fuerzas opositoras, continúan en pie y firmes en la difusión de las pautas sugeridas por los Hermanos Mayores para consolidar el nacimiento de esa nueva civilización, la de la Superhumanidad.

Estos tiempos son de exigencia extrema, de dedicación y equilibrio entre las responsabilidades espirituales y las materiales, tiempos de verdaderos hombres y verdaderas mujeres que avancen derribando las costumbres y las creencias que jamás dieron fruto pero que aún así siguen vigentes, sostenidas por quienes no se han atrevido a pensar diferente y menos, a actuar de otra manera.

El Cuarto Ciclo es para seres de avanzada, visionarios de un mundo que, para muchos, es un imposible pero que, inexorablemente, está surgiendo ahora para todos aquellos que estén dispuestos a iniciar una historia nueva.

A pesar de las situaciones de crisis, en estos tiempos de cierre de ciclo se vive en un planeta bello que ha soportado el impacto salvaje de la tecnología moderna. Aún quedan rincones y santuarios que se conservan en lugares inaccesibles, como reserva y semillero, como cepa genética para las nuevas especies que poblarán la Tierra luego de la gran cuarentena. Aquellos sitios en donde se ha concentrado la acción demoledora de la presente civilización, son sin duda las áreas en las cuales los cambios serán más drásticos.

La reacción equilibrante de la Naturaleza ya comenzó, pero no aún con todo su rigor. Es por eso que la labor de concientización es urgente e impostergable.

Hoy en día todos viven en el afán angustioso de lo cotidiano. Sin embargo, la labor de difusión requiere de paz en el hacer y de tiempo para valorar lo realmente importante. Conseguir el sustento diario es la ocupación de la mayoría, pero trabajar en la salvaguarda de un mundo sano, abundante de recursos y pacífico es misión de pocos.

La Superhumanidad nace en el corazón de cada comprometido, mediante la modificación de sus actos, con la vigilancia de sus pensamientos, con el control de sus palabras, en la medida en que oriente sus sentimientos y desarrolle la capacidad de ser inofendible, en el ejercicio de una fraternidad universal.

Usted forma parte de esa nueva civilización cuando deja de buscar culpables y asume en pleno su vida; cuando cambia su concepot de injusticia y sabe que sólo usted es el responsable de lo que le sucede; cuando comienza a intentar actuar como un humano trascendido; cuando, conocedor de las leyes de la Coexistencia, del Orden Cósmico, de la Cooperación Cósmica, de la Generación Planetaria y de la Ley Natural de Equilibrio, Armonía y Vida, trata de actuar en armonía con ellas y, cada vez que se descubre haciendo lo contrario, tiene el valor de corregir, restableciendo el equilibrio, restaurando el orden universal, no con los desgastantes sentimientos de culpa, sino con el reconfortante poder del cambio.

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REFLEXIONES SOBRE LA REALIDAD PRESENTE

Vivimos en un planeta en el cual hay sitio amplio y suficiente para todos, pero decidimos concentrarnos en grandes núcleos humanos llamados urbes o ciudades; en reducidas unidades de vivienda, la gran mayoría en espacios de 40 o 60 metros cuadrados, en donde, apretujadas, habitan familias de 4 o 5 personas; en áreas tan cerradas que, por las ventanas de las habitaciones, lo único que se observa es el bloque del edificio del frente: Murallas de ladrillo y concreto que impiden ver el verde reconfortante de la Naturaleza. Se habita en cárceles entapetadas, en donde quizás la única ventana que muestra el mundo exterior es el televisor.

La Tierra brinda, continuamente corrientes de aire fresco cargado con la vida y los aromas de los bosques, los valles y las cañadas. Sin embargo, nos hemos conformado con el aire viciado de las estrechas viviendas, el cual se pasea de los baños a la cocina, de la cocina a la sala y de la sala a las habitaciones, en una mezcla de exóticos olores de encierro. Cada apartamento comparte con los demás los olores de la sazón de la cocina, generando así una combinación asfixiante.

La ciudad tiñe continuamente las ráfagas de aire transparente y puro que llegan de los campos abiertos, con el gris oscuro del hollín producido por las industrias y por los exostos de los autos, colocando así su sello característico en el contaminado ambiente. Por eso es que ya los humanos que la habitan respiran superficialmente (casi lo estrictamente necesario para sobrevivir) y, privados de respiraciones profundas, se han convertido en seres de pensamientos igualmente superficiales. El aire en las ciudades resulta venenoso incluso para las aves que permanezcan por algún tiempo en ellas.

Los ríos que antes nos concedían la pureza de sus aguas cristalinas y sus melodiosos sonidos, fueron enturbiados y silenciados. Aunque bajo las ciudades corren todavía, ya nadie los ve ni los escucha; sus aguas se han espesado a causa de los desechos y residuos sólidos que reciben continuamente. Al igual que ellos, los lagos son cada vez menos atractivos para los peces y las demás formas de vida acuática.

La contaminación es como un pulpo que va extendiendo sus tentáculos, creciendo y abarcando más y más. No hay para ella ni fronteras ni barreras culturales; avanza libremente en las ocho cuadraturas de la esfera de espacio tiempo en las cuales está contenida la tercera dimensión.

Hemos roto el frágil equilibrio de la cadena alimenticia desde sus mismos inicios, la vida microscópica del fitoplancton. Consumimos un 20% más de lo que producimos y ese balance arroja resultados de cuotas insostenibles, con un deterioro progresivo y acelerado del medio ambiente.

Tanta es la carga tóxica, que ni las alturas ni las descargas eléctricas de las tormentas logran purificarla, y la acidez de sus regalos retorna nuevamente del cielo al humano, en una repetición mortífera del ciclo contaminante. Nos hemos convertido en los mayores productores de basuras: Por intentar presentar los más elementales productos de manera atractiva, se han creado envases que demoran hasta 500 años en degradarse.

Se ha dado un uso desmedido al plástico en bolsas, vasos, platos, cubiertos, etc., y diariamente se arrojan toneladas de basuras no degradables. Nos olvidamos del pluricultivo tratando de conseguir mejores cosechas y, al entrar en la práctica del monocultivo, hemos favorecido la proliferación de insectos, los cuales tratamos de eliminar con el uso de insecticidas químicos, como el DDT. Se industrializó el uso del cloro, del flúor y del bromo, venenos que son imperecederos. A fuerza de emplear abonos no naturales, hemos generado moléculas sintéticas que son halógenos químicos y también polifosfatos, como consecuencia de la utilización de detergentes.

No conformes aún con esta actitud industrializada contaminante, hemos entrado en los conflictos por el poder, los cuales han degenerado en guerras con consecuencias funestas no sólo para los comprometidos sino para todo el planeta. La abrumadora catástrofe ambiental producida por la guerra del Golfo Pérsico, en la cual fueron incendiados 50 pozos petroleros, señaló los máximos niveles de agresividad e intransigencia, los cuales sobrepasaron el tope de lo sostenible y marcaron el comienzo inequívoco de acontecimientos apocalípticos.

Habitamos en un planeta de conformación paradisíaca, pero el afán de dominar y poseer ha enceguecido al humano, quien ya no ve otra cosa que no sea la posibilidad de transformarlo todo en dinero, sin importar las consecuencias. Prima pues, ahora, la obtención de más y más dinero, aunque en el intento desaparezcan la fauna, la flora, y hasta la misma vida humana.

El deseo del poder es insaciable; mas no el poder del Morador Interno, del Creador que dormita en cada uno, sino el poder de subyugar y de someter a los congéneres, a las especies y hasta a la misma Naturaleza, a los caprichos de la ignorancia del hombre. Pareciera que únicamente le interesara erigir un pedestal, desde donde pueda mirar con soberbia un mundo dominado, aunque éste solo sea un planeta agonizante, un monumento a la muerte, del cual no se perciba más que el hedor de la miseria humana.

Todo esto empezó, sin duda alguna, cuando comenzamos a transformar la perfección de la Creación, quizás porque era perfecta para todos y seguramente queríamos que fuera perfecta únicamente para nosotros. Entonces nos dimos a la tarea de rediseñar las relaciones con los demás a nuestro acomodo y conveniencia, y más tarde rediseñamos todo, incluso a las personas. De esta manera empezaron a surgir y a echar raíces, el orgullo, la envidia, el dolor y el sufrimiento. Nuestros sueños se transformaron en pesadillas que fueron tomando, gradualmente, el gobierno del subconsciente, Nunca imaginamos que la pesadilla se convertiría en realidad, y que la realidad de ayer pasaría a ser el sueño de un mañana promisorio, vislumbrado por algunos lúcidos que no permitieron que el afán de la riqueza material invadiera por completo sus vidas.

Sólo para ellos, los soñadores que comienzan a disfrutar de la vida como se disfrutan los hermosos poemas que se leen y se releen con el alma jubilosa, y para aquellos que viven y valoran la vida en todas las expresiones de la Naturaleza, se abre una ventana a través de la cual pueden mirar el mundo que se ha reservado para ellos y que pronto han de habitar.

Para hacerse correspondiente con una sociedad en donde la alegría y el gozo son la esencia que la sustenta, es necesario cambiar la actitud que hemos venido alimentando y sosteniendo en la vida hasta ahora, ese estado pesimista y quejumbroso, acomodado perezosamente en las limitaciones que hemos creado, adoptado, aceptado y preservado como los más preciados tesoros. Esa forma de sentir es la que bloquea todo lo que realmente somos: Luz y grandeza, herederos de un linaje Divino por ser hijos de Dios.

La actitud lastimera nos lleva a menospreciarnos y a avergonzarnos de nosotros mismos. ¿Cómo entrar entonces a un mundo de abundancia y armonía, con ese cargamento de miseria y amargura? ¿Cómo comprender que somos reyes, si continuamos sintiéndonos y actuando como mendigos? ¿Cómo actuar con maestría y realizar prodigios, si siempre esperamos que otros nos hagan los milagros? ¿Cómo cambiar la manera de pensar con respecto a la vida y a nosotros mismos, si los arquetipos que nos señalaron el camino y la meta son replicantes del dolor humano, traído desde tiempos remotos?

Siempre nos dijeron que el camino del conocimiento y la perfección era sufrido y doloroso y que no se llegaba a la cima sino a través del sacrificio. Lacerarse, fustigarse y quebrantarse parecía sr la única salida, vivir un infierno hoy para ganarse el cielo mañana. ¿Acaso no es mejor dejar de sufrir ya y empezar a sentir la felicidad de estar entrando en los mundos celestiales ahora? ¿No es mejor comprender que el camino del conocimiento y la perfección es placentero cuando amamos lo que hacemos, y que no llegamos a la realización con sacrificio, sino con entrega gozosa, en la vivencia de la experiencia más maravillosa, la del Amor?

Es el momento de mostrar otra pedagogía y de saber desde ya que ese camino de la perfección humana está lleno de satisfacciones; que no se llega montado en el potro de los tormentos, sino cabalgando en el brioso corcel del servicio; que no es el temor a la muerte y al castigo de la condenación eterna o del flameante purgatorio lo que debe motivarnos al bien y a la cooperación, sino más bien comprender que el servir de la mejor manera es la razón de la vida y que la muerte es tan sólo el nudo en la hebra que hace que la existencia se prolongue a la eternidad; que no hay premio ni castigo, sino resultados, y que cada resultado es la bendición de una mano tendida que nos permite ser conscientes del efecto armónico o desarmónico de una acción que, asimilada, nos va llevando inevitablemente a la perfección.

Es tiempo de preguntarnos y de respondernos con sinceridad, ¿cómo llevamos y sentimos a Jesús, a Krisna, a Buda, a Alá, o a quien representa para nosotros el arquetipo de perfección…? ¿Como símbolo de dolor y sufrimiento o como fuerza de vida y renovación? ¿Como el poder del dolor que nos consume o como el poder del Amor que nos transforma? ¿No es acaso Él la fuerza redentora que surge del corazón como luz de amanecer y hace desaparecer las sombras de la tristeza, la amargura y la muerte?

Él vino a darnos testimonio del gozo en el servir, de la paz en el hacer, de la alegría en el vivir, del Amor en el coexistir. Nos mostró que se muere a los deseos de la personalidad para resucitar en la gloriosa realidad del Ser.

Lo primero a tener en claro es: Saber que podemos cambiar, ¡ahora mismo!, la imagen del arquetipo que nos inspira. Cambiando esa imagen grabada en la fuente misma de donde brota la luz del alma, el manto sutil de la mente que la arropa tendrá la Verdad como sustento y base de todo pensamiento, la información correcta que nos hará merecedores de un mundo paraíso que, como la hierba en los inicios del invierno, emerge ahora renovado y fresco a nuestros pies.

Cada uno de nuestros actos es una réplica del arquetipo que reposa en las honduras de nuestro Ser.

El Amor es una energía reinante en todo y de la cual todo se nutre. No es necesario, entonces, inventarse o hacer el Amor; el Amor está presente y por lo tanto lo que necesitamos es sentirlo.

Todos provenimos de la misma Fuente Suprema y tenemos el derecho Divino de experimentar el Amor y de expresarlo. Amemos la vida y todo lo que ella contiene; sintamos la satisfacción de saber que cada cosa que nos sucede ha sido sabia, minuciosa, y delicadamente escogida para nuestro progreso espiritual y que, por lo tanto, la vida siempre nos proporciona lo que necesitamos, con el fin de conducirnos a la vivencia del Amor perfecto.

Si encontramos ese estado de felicidad en los acontecimientos presentes, podemos tener la plena seguridad que nuestras vidas se han enrumbado por los senderos luminosos señalados por el Arquetipo Divino desde nuestro propio corazón, de tal manera que ya no haya en nuestra bitácora más errores ni desvíos que retarden nuestra llegada a los mundos y civilizaciones de paz y fraternidad.

Ahora somos constructores de una realidad alterna, de un mundo libre de miseria y dolor, en el cual las costumbres y las creencias, los pensamientos, las palabras, y las actitudes de antes son el abono de una nueva realidad, transformada y perfeccionada, que tiene como tesoro la sabiduría que dejaron los errores pasados y la comprensión de actuar en coherencia con los Principios Simples del Universo.

Cambiemos la orientación de la certeza: ¿Teníamos antes la certeza de que lo peor sucedía?... Tengamos ahora la certeza de que lo que sucede es lo mejor para todos.

Las limitaciones del pasado nos permitieron descubrir nuestras fortalezas del presente. Cumplieron a cabalidad su objetivo y ya no las necesitamos más. El tiempo ha llegado de actuar desde el poder de nuestras fortalezas, asumiendo nuestras propias decisiones y descubriendo nuestra capacidad de cambio.

Hasta el momento presente, los dirigentes de los distintos estamentos en la Tierra han sido verdaderos ilusionistas, creadores de hechizos, encantadores de serpientes, hipnotizadores; ellos mandan y ordenan, subyugan y esclavizan. Las Hermandades Mayores, en cambio, sólo orientan y guían, permitiendo el desarrollo mediante la comprensión a través del hacer. El saber de la existencia de otras civilizaciones nos da el apoyo y la confianza que nos permiten afianzarnos y afinarnos mentalmente con ellos, empezando desde el anhelo, pasando luego a la —idea, al pensamiento sostenido y finalmente a la realidad de los hechos y al feliz encuentro.

Las Humanidades Mayores están laborando en estos procesos de la mente humana, inspirándonos e impregnando nuestra atmósfera mental con las nuevas realidades de convivencia, en donde se da el compartir, el cooperar, el respetar y el apoyar, en donde se sabe que para vivir con plenitud es necesario ser feliz y para ser feliz sólo se necesita servir.

* * *

La tierra se reseca en el verano y exhala el último y polvoriento aliento en la terminación de un ciclo productivo para recibir el invierno, y las primeras lluvias anuncian la llegada de una época próspera y fecunda, en la cual nuevas semillas crecen y la vida se multiplica nuevamente, renovando, perfumando y nutriendo, redibujando la generosidad Divina en el planeta y plasmando en formas maestras la geometría de la Creación…

El pensamiento Supremo se hace entonces visible a la mirada de sus propios ojos.

Igualmente vosotros, hijos pensantes de la Madre Tierra, vivís y concluís ciclos de desarrollo, por medio de los cuales vais acrecentando el conocimiento y aumentando la capacidad de acopiar mucha más luz. Al estar compartiendo el medio e interactuando unos con otros, vais generando una huella cromática universal que indica la madurez de la raza humana.

A través de los tiempos, estos ciclos han marcado cambios culturales y la afinidad lumínica ha determinado las diferentes civilizaciones que han existido y que son recordadas por la historia. Cada una de ellas ha nacido imperceptiblemente, acunándose en el corazón de unos pocos y luego multiplicándose prodigiosamente en muchos.

Las civilizaciones crecen, se desarrollan, se multiplican y prosperan, llegan a su máxima expresión en la cima de la cresta de la ola evolutiva y luego, cuando el fruto es recogido, decrecen, declinan, agonizan y, finalmente, perecen. Esto ha ocurrido innumerables veces y continuará sucediendo por siempre, pues en cada oleaje avanza y se perfecciona la manifestación del ser.

La humanidad terrestre registra hoy en día un momento de cambio, y aunque la gran mayoría declinará por su propia voluntad con el mismo ciclo para recomenzarlo nuevamente. En la cúspide de la cresta, algunos se aprestan a dar el paso decisivo a un estadio superior, de mejor calidad de vida y de mayor satisfacción en las vivencias, en donde todo es modificado y perfeccionado a favor de la colectividad.

Realizar este tránsito es mucho más fácil, rápido y gozoso si sabéis hacia dónde estáis yendo y qué cosas os esperan. Tomad entonces plena consciencia de los cambios que debéis efectuar para lograr la correspondencia y el acoplamiento energético con ese nuevo plano existencial.

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(“SUPERHUMANIDAD / LA CONVIVENCIA PACIFICA / UNA NUEVA CIVILIZACIÓN SE ESTÁ FORMANDO AHORA EN LA TIERRA – INFORMACIÓN SUMINISTRADA POR LAS SUPERHUMANIDADES QUE APOYAN NUESTRO DESARROLLO / ¡AÚN TENEMOS OPORTUNIDAD!”, Autor anónimo, 1ª. Edición, Octubre 2006, Editorial Géminis Ltda., Colombia, Págs. 45-54, 55-58, 59-69, E-mail: superhumanidad.cp@hotmail.com)


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