La Historia de los Vencidos






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Y así, mediante este triple engaño, respaldado por el falso sentimentalismo de la creación de un «Estado refugio para los judíos «víctimas de prejuicios religiosos», el sionismo obtenía los siguientes beneficios:

a) Una posición clave en el Oriente Medio, encrucijada de tres continentes.
b) El control directo del oleoducto del Irak, cuya terminal se hallaba en Haifa.
c) Una «doble nacionalidad» para los judíos.
d) Las riquezas del mar Muerto (cloruro cálcico, magnesio y, sobre todo, potasas).
e) La proximidad con el Canal de Suez y las zonas petrolíferas de Siria e Irak.
A pesar de los esfuerzos hechos por Inglaterra - que se reservó, como sabemos, Palestina como mandato de la Sociedad de Naciones - entre 1919 y 1948, solamente 600.000 judíos pudieron aposentarse en su «Hogar Nacional», debido a la feroz resistencia de los árabes. Fue necesaria la masiva ayuda norteamericana y soviética, al final de la Segunda Guerra Mundial para aplastar a los árabes de Tierra Santa, mientras Inglaterra se salía como buenamente podía del avispero que ella más que nadie había contribuido a crear.
* * *
Lord Melchett (a) Alfred Mond (a) Moritz, entonces presidente del mastodóntico trust «Imperial Chemical Industries» dijo, el 14 de junio de 1928, ante el Congreso sionista reunido en Nueva York:
«Si os hubiese dicho en 1913, que el archiduque austríaco sería asesinado y que, junto a todo lo que se derivaría de tal crimen; surgiría la posibilidad, la oportunidad y la ocasión de crear un hogar nacional para nosotros en Palestina... me hubieseis tomado por un ocioso soñador. Mas. . . ¿Se os ha ocurrido pensar cuán extraordinario es que de toda aquella confusión y de toda aquella sangre haya nacido nuestra oportunidad. . .?

¿De veras creéis que sólo es una casualidad todo eso que nos ha llevado otra vez a Israel?»

Según parece deducirse de las palabras del «noble Lord», él -persona enterada e iniciada si las ha habido- no cree que «todo eso» (asesinato provocación del archiduque Francisco Fernando y consiguiente guerra generalizada entre los principales Estados europeos) fuera una casualidad.
Como tampoco fue -posiblemente- una casualidad que fuera Gavrilo Princip quien lo perpetrara, y que el tal Princip, y cuatro de sus seis cómplices, fueran correligionarios del multimillonario Lord de los múltiples alias.
De esa casualidad, de esa coincidencia elevada al rango de constante histérica, hablamos en el siguiente capitulo, consagrado al comunismo «ruso».

NOTAS
1) Los territorios de Alsacia y Lorena habían sido anexados por Francia. haciendo caso omiso de todos los tratados anteriores, después de 800 años de formar parte de estados germánicos.
He aquí los nombres, tan franceses, de las poblaciones alsacianas de más de cinco mil habitantes: Strasbourg, Mulhausen, Reichshoffen, Pechelbronn, Wissenbou Thann, Savern Haguenau Huningen. Pablsboutg. Colmar, Altkirch, Sohirmeck, Schiltigheim Gtxebwiller, Brischen, Rrumath, Munster. Bitche, Merlebach, Niederbronn, Saarabbe. (N. del A).

(2) Declaración ante la Cámara de los Comunes, 3-III-1919.

(3) La defensa de Serbia fue el pretexto oficial de la Entente para «su» guerra. Y, vencedoras las democracias, Serbia pierde su libertad, al ser integrada, por fuerza, en el amorfo conglomerado yugoslavo. También en 1939 se haría la guerra por Polonia y, al llegar la Victoria, los polacos se convertirían en satélites soviéticos. (N. del A.)

(4) Declaración ante la Cámara de los Comunes, 2-X-1915.

(5) Mensaje de Woodrow Wilson al Senado, el 21-1-1917.

(6) Los bien conocidos abusos de las tropas coloniales francesas, benévolamente tolerados, cuando no fomentados, por las autoridades Aliadas de ocupación, fueron reconocidos por la prensa francesa de la época, con las publicaciones izquierdistas en cabeza. (N. del A).

(7) Conferencia de Prensa del 27-Vll-1922.

(8) Peter v. Kleist Auch Du warst dabei!

(9) Peter Kleist: Op. ch.

(10) P. Sorokin: Social and Cultural Dynamics.

(11)Ouincy Wright: A Study of War, Universidad de Chicago, 1942.

(12) Russell Grenfell: Unconditional Hatred, pág. 55.

(13)William L. Langer: European Alliances and Alignements, 1871-1890, Nueva York.1950

(14) Ya sea por accidente, ya por decisión unilateral de un general ruso desquiciado, el caso - hoy generalmente admitido - es que fueron tropas rusas las primeras en pe-netrar en territorio alemán, antes de la declaración de guerra.

(15) Los principales historiadores revisionistas fueron, precisamente, ingleses y norteamericanos: Grenfell, Harry Elmer Barnes, Charles Callan Tansill, Oswald Gartison Willards, Hartley Grattan y muchos más. Dicho sea en su honor y en el de sus respectivas patrias.
Pero más peso aún que los estudios de esos historiadores, tienen las manifestaciones post facto de los jefes de Estado de las cuatro principales potencias de la Entente, Poincaré, Wilson, Lloyd George y Nitti, el ministro de la Guerra ruso, Suchomlinow. y el Jefe del Estado Mayor francés, mariscal Joffre: «Cuando leemos los documentos oficiales anteriores a 1914, más nos convencemos de que nadie deseaba, realmente, la guerra» Lloyd George). «Ni Alemania ni Austria-Hungría tuvieron, jamás, la intención de provocar esta guerra» (Poincaré). «La Gran Guerra no ha tenido otro motivo que los intereses económicos de unos y otros" (Wilson). «La afirmación de la culpabilidad alemana fue un arma propagandística. Nada más» (Nitti). «Ni siquiera Clemenceau cree que Alemania es la única culpable" (Suchomlinoff). «La intervención de Inglaterra estaba prevista desde mucho tiempo antes (de su entrada en la guerra)» (Autor). «Nosotros contábamos con el apoyo no sólo de las seis divisiones inglesas, sino también de los belgas» (Joffre). (Citado por Peter Kleist, óp. cit., y De Poncins. El testimonio de Joffre fue depuesto ante una Comisión parlamentaria, el 6-VII-1919.

(16) En la S. de N. el Imperio Británico estaba representado por Inglaterra, Ulster, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la India. Los seis delegados votaban, naturalmente, en bloque. Además, existían diversas «ficciones nacionales», como el pseudo estado de Hedjaz, villorrio medieval a orillas del mar Rojo, cuya independencia había sido reconocida por Inglaterra. Huelga decir que el emir del Hedjaz vivía de los subsidios de la City y del lucrativo negocio de la trata de esclavos y votaba siempre, en Ginebra, en favor del Reino Unido (N. del A.)

(17) Es un hecho histórico que el interés de París por la Alsacia y la Lorena arranca, cronologicamente, del momento en que se descubren las minas de potasa de Mulhausen, los yacimientos petrolíferos de Pechelbronn y el carbón y el hierro en la cuenca del Mosela (N. del A.)

(18) No puede olvidarse que Viena pudo hacer más para impedir la guerra. Recuérdese la frase del Káiser al monarca de Austria-Hungría: «¡Está usted haciendo dema-siado ruido con mi sable!» (N del A).

(19) Savitri Devi: The Lightning and the Sun.

(20) Peter Kleist: Op. cit.

(21) (21) Michael F. Connors: The Developntent of Germanophobia.

(22) Paul Rassinier nos recuerda, en su documentada obra "Le véritable procés Eichmann... ou les vainqueurs incorregibles" que, si los tratados internacionales fueran de vigencia eterna, como pretendían los apólogos de Versalles, habría que validar ciertos tratados anteriores, nunca explícitamente derogados, que producirían muy curiosas situaciones. Así por ejemplo, según el Tratado de Troyes, firmado en 1420. los reyes de Inglaterra tienen derecho pleno a la Corona de Francia; según el Tratado de Madrid, firmado por Francisco I y Carlos V, Francia hubiera debido ceder Borgoña a España; según el propio Tratado de Versalles, los Aliados hubieran debido iniciar el desarme, como hizo Alemania, etc. (N del A.)

(23) Georges Champeaux: La Grande Croisade des Démocraties.

(24) Georges Bonnet: Mirarle de la France, Ed. Fayard. París, 1965.

(25) El ministro francés Philippe Berthelot contaba la siguiente anécdota: Una mañana, Wilson, Clemenceau y Lloyd George discutían acerca del trazado de la frontera polaca. De pronto, la conversación se interrumpió y los tres estadistas se fueron a consultar un mapa desplegado sobre una mesa, permaneciendo silenciosos durante largo rato: «Venez done à notre aide, Berthelot; á nous trois, nous ne sommes pas foutus de trouver la Vistule!» (Venga en nuestra ayuda, Berthelot; entre los tres somos incapaces de encontrar el Vístula!» «Helo aquí, señor presidente -dijo Berthelot-. Este es un mapa alemán, y en alemán el Vístula se llama Wechsel.» «;Aaaahhh!», exclamaron a coro los amos del mundo. (Georges Champeaux: La Croisade des Democraties.)

(26) Lloyd George fue, durante varios años, abogado del Movimiento Sionista en Inglaterra. La colosal fortuna de los Sassoon - íntimos y asociados del Premier británico - fue amasada con el tráfico ilegal del opio, hecho público y notorio y jamás desmentido por nadie. El padre de Sir Philip, el «rey del opio», se casó con Aline de Roth-schild, de París. (N. del A).

(27) Antes de su accesión a la Presidencia de los Estados Unidos, Woodrow Wilson había sido un alto empleado de la poderosa firma bancaria judía «Kuhn, Loeb & Co.», del Federal Reserve Board. Su campaña electoral había sido pagada por un consorcio de financieros de Wall Street, judíos en sus cuatro quintas partes, como mínimo. Antes de tomar una decisión importante, el Presidente consultaba con su "Brain Trust", integrado por los hebreos Brandeis (presidente del Tribunal Supremo, Mandell House, Bernard M. Baruch y el medio judío William C. Bullit. (N. del A.)

(28) El verdadero nombre de Mandel era Rothschild, pero no estaba emparentado con los banqueros del mismo nombre. (N. del A).

(29) Multimillonario, emparentado con la judaizada alta nobleza de Inglaterra y propietario del conocido rotativo The Daily Telegraph. (Leonard Young: Deadlier than, the H Bomb, pág. 50).

(30) A. H. M. Rampsay: The Nameless War, pág. 57

(31) Rabino Stephen Wise: Años de Lucha.

(32) Nos referimos, claro es, al Judaísmo como movimiento político; no a la religión mosaica y menos aún, al pueblo judío en su totalidad. (N. del A.)

(33) Según Henry Ford (en The International Jew), Wilson había delegado la mayor parte de sus poderes efectivos en el todopoderoso Bernard M. Baruch, el llamado «procónsul de Judá en América». Mandel House y Brandeis eran dos hombres de Baruch.

(34) El jefe de Gabinete de Clemenceau era Georges Wormser, presidente del consistorio Israelita de París y director de la «Banque d´Escompte». (Henry Coston: La Haute Banque ét les Trusts, pág. 59.)

(35) En 1914, dos meses antes del atentado de Sarajevo, Italia tenía una alianza con Alemania, Austria-Hungría y Turquía. Londres compró la alianza italiana ofreciendo a Roma, como botín de guerra, una expansión colonial en Africa del Norte y Albania. La volte face italiana fue uno de los más sórdidos episodios de la I Guerra Mundial. (Nota del Autor.)

(36) Podríamos citar un par de docenas de libros escritos por autores ingleses, en que se cubre de oprobio al judaísmo por su desafección a la Gran Bretaña, entre 1914 y 1916. Concretamente, en la bien conocida obra Democracy or Shylocracy, de Harold Sherwood Spencer se pretende que el judaísmo es «un instrumento del imperialismo germánico». (N. del A.)
(37) El propio Lloyd George habla de tal acuerdo. calificándolo de «decisivo» y de «salvador» en sus Memorias de Guerra.
(38) Los mismos judíos se han vanagloriado de tal traición. La alta finanza se volcó materialmente en ayuda de Francia e Italia.
(39) La expresión es de Guillaume Hanoteaux, ministro de Asuntos Exteriores francés en 1914. (N. del A).

(40) Entre 1895 y 1915, Guillermo II apeló en varias ocasiones al Sultán para la ce-sión de Palestina a los sionistas. Las relaciones entre el judaísmo y los Hohenzollern eran excelentes. Fue en Alemania donde los judíos obtuvieron, en primer lugar, el reconocimiento de la igualdad de derechos con respecto a los otros ciudadanos. El Congreso Sionista Mundial, asimismo, tuvo su sede en Berlín hasta finales de 1915. (N. del A.)
(41) Citado por Olivia María OíGrady: Beasts of the Apocalypse, pag. 314-315.


CAPITULO II

EL COMUNISMO «RUSO»
«Elementos judíos conducen, a la vez, el comunismo y el capitalismo.»
The World Significance of the Russian Revolution.
Dr. Oscar Levy

El comunismo, basado en el ateísmo, el materialismo histórico, la lucha de clases y la planificación a ultranza, se impuso en un país como la vieja Rusia, el carácter de cuya población eslava parecía totalmente opuesto al éxito de la utópica experiencia marxista en su territorio. Según el sociólogo y economista alemán Werner Sombart, el ruso es profundamente religioso, patriótico, soñador, perezoso y poco dado a innovaciones.

Por otra parte, no deja de sorprender al observador imparcial el hecho -en verdad mágico- de que el Ejército rojo, integrado, según el gastado cuché de la moderna propaganda, por «parias de la Tierra» y «esclavos sin pan» derrotase con tan singular facilidad al Ejército imperial. Al parecer, a nadie ha sorprendido -por lo menos a ningún historiador consagrado- que los hambrientos, desarrapados proletarios dispusieron, tanto o más que las tropas zaristas, de ametralladoras, cañones, tanques y aviones. Nadie parece haberse preguntado -y seguimos refiriéndonos a los insignes catedráticos de la enseñanza oficial en todo el Occidente- de dónde salió el dinero para financiar una tan colosalmente costosa empresa como fue la Revolución soviética en Rusia. Por qué no cabe duda alguna de que las cotizaciones de los escasos miembros del Partido -unos dos mil quinientos afiliados, teóricamente miserables parias-, no alcanzaban ni siquiera para pagar los desplazamientos de los conspiradores comunistas dentro y fuera de Rusia.

La respuesta a las dos interrogantes implícitamente planteadas en los dos párrafos precedentes es que, el por todos llamado «comunismo ruso» no es, propiamente hablando, «comunismo», ni tampoco es -excepto, quizá, en un sentido puramente geográfico- «ruso». No puede ser ruso un sistema politico económico que preconiza como fin último propio, la dictadura del proletariado y el internacionalismo; que ha sido creado y modelado por individuos no rusos y, sobre todo, que postula unos principios opuestos al alma rusa. El hecho de que, en determinadas circunstancias, los objetivos políticos del comunismo internacional hayan podido coincidir con los de la antigua «constante nacional» rusa -presión sobre los Dardanelos; intento de salida al Mediterráneo; e incluso expansión en Asia- no implica necesariamente que siempre haya sido ni siempre haya de ser así. ¿Eran patriotas rusos Lenin y Trotsky cuando organizaban huelgas en 1905 mientras las tropas nacionales se batían contra los japoneses...? ¿Lo eran desde 1914 basta 1917 cuando predicaban el derrotismo y saboteaban el esfuerzo bélico de Rusia, entonces enfrentada a los imperios centrales? ¿O cuando en Brest Litovsk aceptaban unas cláusulas de Armisticio que cualquier gobierno zarista hubiera rechazado?

Y, por otra parte, ¿es qué puede llamarse «comunista» a un sistema cuyo fundador, Marx, era hijo de un prestamista, cuyos propagadores, Lassalle, abogado de prestigio, Heine, poeta hijo de un mercader e íntimo de los Rothschild, Boerne, primogénito del emisario de los Rothschild en Viena, Engels, hijo de un fabricante de textiles, Moses Hess, rabino, hijo de un agente de Bolsa, provenían de la alta burguesía...?, ¿comunista un movimiento implantado en Rusia por Lenin, de origen pequeño burgués, y Trotsky, casado con la hija del banquero Givotovsky, y cuyos jefes auténticos eran y son personas detentoras de un capital y, paralelamente, de un poderío como nunca soñó el más tiránico autócrata? El comunismo real -tan diferente del teórico o propagandístico, destinado a cazar incautos- es la forma más brutal y más explotadora del capitalismo. Si en Occidente los estadistas de hoy no son, en la mayoría de casos, más que meros agentes de trusts y monopolios que transforman su poderío financiero en poder político, más o menos disimulado, en Oriente el gigantesco «gang» del Kremlin, sin trabas y sin necesidad de disimulo por haber liquidado físicamente a la élite nacional que podía oponérsele, ha podido montar el más feroz y desalmado de los capitalismos: el capitalismo de Estado soviético.
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