La Historia de los Vencidos






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De haber sido un anticapitalista auténtico, Marx hubiera mencionado, en sus obras comunistas, a los numerosos capitalistas judíos que, ya en su época, infestaban Europa. Ejemplos no le faltaban: los Pereyre, los Camondo, los Peixotto, los Mayer, los Reinech, los Mendelssohn, los Schneider, y, sobre todo, aquella «estrella de cinco puntas» constituida por el Imperio Rothschild en Frankfurt, Londres, París, Viena y Nápoles. Una acumulación de riqueza, conseguida sin trabajo ni beneficio alguno para la comunidad - antes bien, en detrimento suyo-, como jamás los siglos vieron. He aquí un bello ejemplo de capitalismo a destruir. Pero Marx guarda discreto silencio. Para él, los únicos «capitalistas» son los dirigentes de empresa, los industriales, los terratenientes, y hasta los obreros expertos y peritos que rehusan ser rebajados al nivel de los jornaleros sin oficio ni beneficio.
Para Marx, evidentemente, el capitalismo de Estado soviético, bautizado «comunismo» para las masas ignorantes, no es más que un medio, una herramienta para llegar al verdadero fin: el imperialismo mundial de Sión.

(1) Traian Romanescu: Amos y Esclavos del Siglo XX. Editorial JHS, México, página 70.

(2) Según el periódico La Vieille France, el contenido del rapport era conocido de todos los gobiernos de la Entente. La documentation Catholique de París lo publicó in extenso en su número del 6-III-1920. Más tarde lo reproducirían publicaciones de tanto relieve como The Times, Londres, 9-II-1918, y The New York Times, Nueva York. I-V-1922 y 31-XII-1923.

(3) Investigaciones posteriores demostrarían que Lenin era hijo de un ruso a su vez de origen mongol, y de una judía, María Alexandrowfla Blank. Su esposa, Nadezhda Krupskaya, era asimismo judía. En la casa de Lenin se hablaba yiddish, según el agente británico Herbert Fish, que vivió dos años junto al caudillo soviético. (Louis Marschals-ko: World Conquerors, pág. 52.)

(4) Tschicherine, que llegó a ser comisario de Asuntos Exteriores, era, como Lenin, hijo de una hebrea. (Arnold S. Leese: The Jewish War of Survival, pág. 97.)

(5) El 24 de marzo de 1917.

(6) Publicado por la «Comisión de información Publica», Washington. 1918.

(7) Nombre auténtico, Antonov-Owsenko, judío, que sería nombrado cónsul soviético en Barcelona durante el período 1937-38.

(8) Mr. Francis se refiere al Gobierno prerrevolucionario de Kerensky (a) Kirbis Adler, correligionario de sus sucesores Ulianov-Lenin y Bronstein-Trotsky.

(9) Documentación del Senado de los Estados Unidos. Vol. III; núms. 62-65. Pri-mera Sesión.

(10) Víctor Matsden: Jews in Russia.

(11) Henry Ford: The International Jew.

(12) Douglas Reed: Insanity Fair

(13) Boris Brassol: The World at the Cross-Roads.

(14) El Bund era el Partido Socialista judío, que jugó un papel muy importante en la Revolución, especialmente en Petrogrado y Ucrania.

(15)«Zionism y Bolshevism», articulo aparecido en el Illustraled Sunday Herald, 8 febrero 1920.

(16) A. Homer: Judaism and Bolshevism.

(17) Nesta H. Webster publicó la lista de los 165 comunistas que viajaban en el his-tórico vagón: la señora Webster pretende que había 23 rusos, 3 georgianos, 4 armenios, 1 alemán y 134 judíos. (The Surrender of an Empire, pág. 77.)

(18)Confirmado por Henry Ford (The Internacional Jew); Robert H. Williams (Know Your Enemy); Douglas Reed (Insanity Fair), y otros autores.

(19) David Lloyd George: War Memoirs (vol. III. 1934).

(20)Sir Sidney Loe: Dictionary of National Biography.

(21) Guiles Davenport: Zaharoff, High Priest of War. Según este autor, el nombre auténtico de Zaharoff era Zacharias.

(22) Sidney Dark: The Jew Today. Confirmado por el boletín del «World Service.( I-V-1934); A. N. Field: AII These Things, etc.

(23) El general M. Schuyler. uno de los jefes del Cuerpo Expedicionario Americano declaró: «El bolchevismo es totalmente judío. Las tropas que se nos enfrentaron estaban encuadradas por judíos». (Citado por A. S. Leese: Bolshevism is Jewish. 1919.)

(24) Morid Buchanan: The Dissolution of an Empire.

(25) Bruce Lockhart: Memoirs of a British Agent, Putnams, Londres, 1932.

(26) Olivia María OíGrady: Beasts of the Apocalyse. pág. 110. Según L. Fry (Water flowing Eastward, la inscripción cabalística significaba: "Aquí fue ejecutado el zar en castigo de sus crímenes". A. N. Field (op. cit., pág. 71), abunda en la misma opinión. Una cosa es cierta: se trataba de una inscripción cabalística judía.

(27) A. N. Field: Op. cit., pág. 70.

(28) Alfred Rosenberg: The Grave-diggets of Rusia. Confirmado por el testimonio del capitán Bulygin, de la Comisión investigadora nombrada por el almirante Kolchak, y por el propio bolchevique V. Burtsev.

(29) La auténtica historia de este rocambolesco aventurero ha sido narrada, entre otros autores, por Mr. Bruce Lockhart, el capitán Hill y el teniente coronel Thwaites en Behind the Secenes in Spionage (Harrap, 1929).

(30) Sidney OíReilly: The Adventures of Sidney (O´ReiIly, Britainís Moster Spy.

(31) Capitán George A. Hill: Go Spy the Land, Londres, 1932.

(32) Ariadna Williams: From Liberty to Brest-Litovsk, Macmillan, Londres, 1919. H. A. Gwynne: The Cause of World Unrest. Grant-Richards, Londres, 1920.

(33) The .Jewish Chronicle, 16-XII-1932.

(34) Citado por Léon de Poncins en Les Forces Secrètes de la Revolution, págs. 158-160, edición inglesa.

(35) Williams Zuckerman: The Jews in Revolt.

(36) Angelo S. Rappoport: The Pioneers of the Russian Revolution, Londres, 1918, págs. 249-250.

(37) Norman Bontwich, artículo titulado «ls Judaism doomed it, Russia?, boletín del B´nai Bírith, Londres, marzo 1933.

(38) Bernard Lazare: Le Antisernítisme, pág. 435.

(39) Citado por Nationalist News. Dublin, mayo 1965.

(40) Articulo sobre "Comunismo" por Harold Y. Laski. Enciclopedia Británica, vo-lumen III, págs. 824-827.

(41) Deutsch, hijo de un rico mercader de Kiev; Axelrod, abogado; Vera Zasulich, estudiante, hija de familia acomodada; Plekhanov, de procedencia burguesa, abogado. ¡Los parias de la tierra! (N. del A.)

(42) Von Plehve dijo que «el movimiento nihilista es oxtraño al pueblo ruso... obra de manos judías». (N. del A.)

(43)Henry Ford The International Jew.

(44) Angelo S. Rappoport: Pioneers of the Russian Revolution.

(45) Elizabeth Dillings: The Plot Against Christianity. (46)Ernst Von Salomon: Die Geachteten.

(47) Esa medida recibió el beneplácito de los altos círculos ultraconservadores británicos que, con su clásica miopía «patriótica», aprobaban ese nuevo bofetón dado a Alemania. ¡El viejo «two power standard»! (N. del A.)

(48) Henry Wickham Steed, editor del Times, de Londres, 1919-1922: Through Thir-ty Years, págs. 301o304.

(49) Según confesión del propio Harriman en su libro ¿Paz con Rusia?

(50) Henry Coston: Les Financien qui ménent te monde, pág. 117.

(51) Damos a Stalin ese apelativo como concesión a la inercia mental de los más. En Rusia no hay, ni puede haber, más «dictador» que el Comité Central del Partido (Nota del Autor.)

(52) La esposa del viejo Vorochilov era no solamente judía, sino de origen neta-mente burgués, como la inmensa mayoría de revolucionarios «rusos». (N. del A.)

(53) Traian Romanescu: La Gran Conspiración Judía. págs. 138-139, México, 1961. (54) lvan Krylov: «My Carcer in the Soviets Central Staff», parcialmente reproducido por la revista Le Nouveau Prométhée, Paris, mayo 1951.

(55) lman Raguza: The Life of Stalin, pág. 14.

(56) Traian Romanescu: Op. cit., pág. 139.

(57) Charles Sarolea: Impressions of Soviets Russia.

(58) D. Petrovsky: La Russie sous les Juifs. ed. La Baudiniére, Paris, 1931.

(59) EL Partido Comunista Ruso en el Poder (1917-1960), por Nicolás Rutych, Ed.JUS, México, 1961.

(60) Rvdo. Denis Fahey: The Rulers of Russia, pág. 35. A. N. Field: All These Things. L. Marschalsko: World Conquerors. Confirmado por The Defender, Wichita, febrero 1935.

(61) Luis Araquistain: El Comunismo en la Guerra Civil Española.

(62) Según el rapport de la Comisión J. Hamilton Fish. Senador. Publicado por el Congreso de los Estados Unidos.

(63) Louis Marschalsko: World Conquerors. pág. 93.

(64) Ibid. Opus cit., pág. 100.

(65) Rvdo. Denis Fahey: The Rulers of Russia.

(66) Leon de Poncins: La Mystérieuse Internatíonale Juive, pág. 129.

(67) J. J. Tharaud: Ouand Israel est roi, pág. 84.

(68) E. O. Volkman: Die Deutsche Staatsumwatzung.

(69) Léon de Poncins: La Mystérieuse Internationale Juive. pág. 159.

(70) O. Jamnrowski: Germanys Fight for Western Civilization, Berlín, 1934.

(71) O. Jamnrowski: Op. cit.

(72) G. Batault: Le Probléme Juif.

(73) Un hijo de Victor Adler asesinó al conde Sturkh, presidente del Consejo de Ministros, y fue indultado en 1918. Cuando tomó el poder, su padre no solía indultar a nadie. (N. del A.)

(74) En realidad, Bauer presidía un triunvirato junto a sus correligionarios Julius Deutsch (organización militar del Partido) y Breitner (finanzas). (N. del A.)

(75) J. J. Tharaud: Vienne-la-rouge, pág. 124.

(76) Colin Jordan: Fraudulent Conversion, pág. 116-117

(77) Nesta H. Webster: The Socialist Network, pág. 49.

(78) Traian Romanescu: Le Gran Conspiración Judía.

(79) Ethnos, 22-I-1925.

(80) lbíd. Id. Opus cit.

(81) Louis Marschalsko: World Conquerors, pág. 54.

(82) Red Mexico, de E. Mac Cullongh, autor ingles, es la obra más documentada so-bre esta cuestión. (N. del A).

(83) Leon de Poncins: La Mystérieuse Internationale Juive, pág. 241

(84) Louis Marschalsko: Op. cit., pág. 54.

(85) Olivia M. OíGrady: Beasts of de Apocalypse, pág. 333-334.

(86) Aparte del Comunist World, otros tres importantes periódicos comunistas se publicaban en Nueva York: el Forward, fundado por el banquero Schiff y dirigido entonces por Abraham Cohen; el New Masses, propiedad de John L. Spivak y dirigido por Michael Gold y el DaiIy Worker de Philip Bart. Todos estos individuos son judíos. (Nota del Autor.)

(87) En efecto, Marx desarrolla sus actividades en la Old England victoriana de Disraelí, con plena impunidad. Los rayos de la Justicia inglesa se reservan para los irlan-deses. (N. del A.)

(88) Documento citado por la Révue de París, de 1º de junio de 1928, pág. 574. Reproducido, entre otros, por H. de Vries de Heekelingen: Israel; son Passé, son Avenir..., París, 1937, pág. 104, y por el publicista sueco Einar Aberg en numerosos panfletos. (Nota del Autor.)

CAPITULO III

DE LOCARNO A MUNICH

"Si el principio de libre determinación hubiera sido lealmente empleado con Alemania,
los Sudetes, Austria, Dantzig, el Corredor y diversas partes de Polonia hubieran debido ser incorporadas al Reich".
Lord Lothian
Mientras en Rusia se asentaba y consolidaba el bolchevismo, y en Occidente el liberalismo empezaba a perder viejas posiciones en beneficio del larvado marxismo de la socialdemocracia, la República de Weimar, nacida de la derrota, empezaba su efímera existencia. La Constitución, elaborada por el judío Hugo Preuss, era de tendencia socializante y contenía el suficiente número de «libertades» para que su estricta aplicación fuese totalmente funesta, aún para un pueblo disciplinado como el alemán.

Un doble peligro amenazaba entonces a la naciente República: uno exterior, personificado por los bolcheviques del Báltico y los xenófobos polacos y lituanos, y otro interior, derivado del descontento y el desorden social creados por la derrota y las actividades de los grupos «spartakistas», socialistas, bolcheviques, etc.

Cinco meses después del alto el fuego, las tropas polacas de Korfanty saquearon la Baja Silesia, mientras las numerosas comisiones de control aliadas en Alemania, asistían, impávidas, a aquel acto de piratería. Tropas de voluntarios alemanes consiguieron expulsar del país a los polacos, los cuales, en la Ata Silesia -que les había sido adjudicada en la feria de Versalles- se vengaron brutalizando a los escasos alemanes que habían quedado en la región después de su anexión por Polonia. La misma actitud de culpable inhibición adoptaron las tales comisiones de control cuando unidades del flamante Ejército lituano entraron en Memel y exterminaron a cuatro mil civiles alemanes indefensos, la mayoría ancianos, mujeres y niños. La joven República alemana debía limitarse a responder a todas esas agresiones -en tiempo de paz- con platónicas protestas de las que nadie, ni en el Foreign Office, ni en el Quai díOrsay, ni en la Sociedad de Naciones hacia el menor caso.

En cuanto al peligro interior que se cernía sobre Alemania, las complicidades de que los revolucionarios disponían en el seno del propio Gobierno hacían muy difícil de contrarrestarlo con éxito.

FRANCIA INVADE LA RENANIA

El día 11 de enero de 1923, y tomando pretexto de un retraso del Gobierno alemán en la entrega de unas remesas de carbón a la comisión de reparaciones, Francia y Bélgica, unilateralmente decidían la ocupación de la zona industrial de Essen, en Renania. Poincaré quiso presentar esta acción como una medida pacifica de tipo coercitivo, excusa que a nadie engañó. «El hecho de que un Ejército armado ocupe, en tiempos de paz, regiones alemanas no militarizadas, presenta el proceder francés como una acción bélica», dijo la nota oficial de protesta del Gobierno alemán.

Los objetivos perseguidos por el Gobierno francés con esta medida eran, pura y simplemente, la anexión de la rica zona industrial y minera de Renania, bajo un burdo pretexto. Alemania era, entonces, "res nullus", algo que pertenecía al primero que lo tomara; cualquier arbitrariedad, cualquier robo de que se la hiciera objeto se justificaba con un papel sellado a los ojos de la conciencia universal. Así, con la excusa del retraso en la entrega de unas toneladas de carbón - retraso que el Foreign Office calificó de hipotético y, en todo caso, "microscópico"-, Francia se disponía anexionarse la Renania, materializando aquel viejo objetivo de la política exterior francesa.

El Gobierno alemán protestó oficialmente ante la Sociedad de Naciones por esta flagrante violación francesa del Tratado de Versalles. El areópago internacional consumió toneladas de tinta y de saliva, pero nada práctico hizo. Mientras tanto, el Reichstag, por una mayoría de 283 votos contra 28, decidió adoptar los métodos de la resistencia pasiva en el Ruhr. La respuesta francesa fue ocupar Dusseldorff, Bochum, Munster, Dortmund y otros centros industriales del Oeste de Alemania.
«Una ola de detenciones arbitrarias llenó de pánico a la población civil; las tropas de senegaleses y argelinos se adueñaron de las calles; los oficiales franceses, esgrimiendo sus fustas, obligaban a los ciudadanos alemanes a bajar de las aceras» (1).
Con la ocupación de la Renania, Alemania perdía el 90 % de su carbón, el 50 % de su acero y el 70 % de su hierro.
No obstante, Poincaré se equivocó en sus cálculos, tendentes a apropiarse de la Renania mediante el aleatorio procedimiento del «fait accompli». El viejo político olvidó que después de Versalles, Francia se había convertido en la "enemiga natural de Inglaterra" (2). Y fue Londres quien hizo fracasar el plan anexionista de París.

Es una constante histórica de la política inglesa con respecto al Viejo Continente el «equilibrio de las potencias». Cada vez que un Estado europeo se ha impuesto como poder hegemónico o, simplemente, como poder superior a los demás, Inglaterra ha tenido la suprema habilidad de persuadir a otros estados de formar una coalición contra aquél. Así lo han podido constatar, en su propia carne, la España de Carlos V y Felipe II, la Francia de Luis XIV y la de Napoleón, la Alemania del Káiser y la de Hitler. Inglaterra ha hecho luchar a los europeos, los unos contra los otros, y a la hora de los tratados de paz, ella - que, comparativamente, poco ha intervenido en los campos de batalla - se ha reservado la parte del león. Pero, una vez en plena «paz», el más fuerte de sus Aliados de la víspera se ha convenido, declaradamente o no, en el nuevo enemigo de Inglaterra.
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