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OVNIS Y RELIGIONES (II)

En mi libro La granja humana, escrito hace ya casi veinte años, traté fundamentalmente de exponer que este planeta con sus habitantes, es como una granja de otros seres extrahumanos, pero no me detuve ex profeso a especificar quiénes ni cuántos eran los dueños de la granja ni a exponer cuáles eran sus más importantes intereses e intenciones. Por lo tanto, antes de pasar a la parte más profunda de todas estas consideraciones, será bueno que reflexionemos un poco sobre la diversidad de los dueños de la granja, porque por lo que hemos aprendido en todos estos años, son muchos y muy diferentes en sus orígenes, en sus capacidades y en sus intenciones.

Esta es una deducción que tenemos que hacer a juzgar por sus muy diferentes formas físicas o parafísicas y sus maneras de actuar, que no acabamos de explicarnos, porque muchas veces nos parecen completamente absurdas y contradictorias. Esta contradicción en su manera de actuar es parte de su estrategia para que la humanidad

siga en su eterna confusión y duda acerca de la existencia real de ellos y de su activa presencia entre nosotros.

Son varias las conclusiones de índole general a las que tras 50 o 60 años de observaciones hemos podido llegar. He aquí unas cuantas:

  1. Parece que algunos están en desacuerdo con la manera de actuar de otros y de

alguna manera les obstaculizan su trabajo. Hay testimonios de auténticas

luchas entre ellos.

  1. Por el contrario, hay alianzas entre bastantes de ellos pues aun teniendo formas físicas completamente diferentes, en muchas ocasiones se les ha visto actuar juntos.

  1. Algunas “razas” son menos avanzadas y parecen estar supeditadas a otras. Hay claras jerarquías entre ellas (lo mismo que la teología cristiana dice de los ángeles).

  2. Las “razas” más avanzadas tienen el poder de fabricar entidades a las que pueden dotar de una inteligencia rudimentaria. Estas entidades pueden clonar o fabricar copias perfectas de seres humanos.

5) Las “razas” más avanzadas tienen la capacidad de cambiar temporalmente de

forma a voluntad de modo que pueden presentarse como individuos humanos y

convivir con nosotros, o también pueden influir en nuestra mente y hacer que

los veamos como seres humanos normales. La mayoría de los que comunmente

se llaman“grises”, aunque también pueden influir en nuestra mente, no pueden

cambiar de forma.

6) Bastantes de ellos parecen tener un gran interés en todo lo que se refiere a la

multiplicación de la especie y por ello observan muy de cerca cómo es la

nuestra e interfieren en ella de muchas maneras. Aunque parezca extraño, la

actividad sexual entre humanos y con humanos les interesa grandemente a

muchos de estos seres.

  1. No todos los visitantes tienen formas humanoides. En muchas ocasiones se han visto formas animalescas capaces de interactuar inteligentemente con los humanos. Ciertos seres reptilianos de gran estatura son unos de ellos y, al parecer, los de mayor categoría y peores intenciones hacia los humanos.

  2. Una cosa en la que parece que están todos de acuerdo, por muy diversos que sean sus orígenes, sus capacidades y sus intenciones, es en no manifestars


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claramente con el fin de que los humanos no caigamos en la cuenta de que no somos lo únicos seres inteligentes que pueblan este planeta. Se dejan ver aisladamente pero dejando siempre tras de sí algún dato o circunstancia que induzca al testigo o a los investigadores a dudar de la realidad de lo visto.



Todavía podríamos añadir muchas otras convicciones a las que hemos llegado tras tantos años de avistamientos, contactos y abducciones. El que quiera profundizar más en este tema puede asomarse en internet a lo que sobre ello ha escrito Michael Salla, pero por lo dicho, podemos hacernos una idea de que los “nohumanos” distan mucho de ser una “raza” uniforme y de que más bien, en cuanto a su variedad, se parecen al mundo vegetal y animal en donde reina una diversidad infinita. Y antes de proseguir abundando en el tema, volveré a insistir en que en este escrito yo me fijo principalmente en las dos o tres “razas” que son las más perniciosas para nosotros –las denominadas “reptilianas”, de gran estatura-- admitiendo que hay otros seres también reptilianos, de menor estatura, que son mucho menos hostiles e incluso que, a lo que parece, nos quieren ayudar.

Esta variedad –a veces contradictoria- en las formas y en las actuaciones de los “extratrerrestres”, la vemos reflejada en la multiplicidad de las creencias religiosas que también con gran frecuencia son contradictorias entre sí. Si admitimos que estos seres que se nos aparecen en ovnis son los mismos que se les aparecían y se comunicaban con los fundadores de todas las religiones y si son tan diferentes unos de otros, no tiene

que extrañarnos que las religiones acusen en sus creencias todas estas diferencias y contradicciones.

Las diferencias entre todos estos visitantes, si son grandes en cuanto a lo material y visible, (por ejemplo en las formas de sus vehículos), son aún mayores en lo mental y espiritual. Como dijimos, algunas “razas” tienen mucho más poder que otras. Las menos evolucionadas y por lo tanto menos poderosas, se ocupan preferentemente de

cosas materiales y físicas (obtención de productos, energía, reproducción, etc). Interfieren con los humanos para obtener las cosas más o menos materiales que les podemos brindar. Las “razas” o “los dioses” más evolucionados y de un desarrollo mental muy superior al nuestro y al de estas “razas” inferiores, buscan en nosotros algo mucho más sutil y por otra parte mucho más difícil de obtener, como es la energía mental que producimos con nuestro cerebro mediante el miedo, la excitación, el entusiasmo o el dolor . Estas razas más “avanzadas” son las que nos interesan porque

son las que tienen una relación más profunda con nosotros, aunque sea mucho menos visible que la que tienen otros “extraterrestres” más conocidos, como son los famosos “grises”. De éstos conocemos muchas variedades y parece que son los que componen la mayoría de nuestros misteriosos visitantes. Probablemente son más abundantes que otros seres más avanzados, sin embargo su influencia con los humanos es menos importante.

Digo seres “más avanzados” y me abstengo de decirles “más evolucionados” porque la realidad es que su evolución ha sido más bien una involución. Han evolucionado hacia la maldad y hacia la perversión. Estos son los auténticos demonios a los que la Iglesia se ha referido siempre. Son los “espíritus malignos” a los que se refería San Pablo cuando en su carta a los efesios dice: “nuestra lucha no es contra la carne ni contra la sangre, sino contra los Dominadores de este mundo, contra los


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Espíritus del Mal que están en las alturas”(Ef. 6, 12) Es el mismo Satanás que vemos en el evangelio apareciéndosele a Cristo y tratando de engañarlo y hasta incitándolo al suicidio. (Mt. 4)
La razón de que en la moderna ovnilogía a estas malignas inteligencias se les llame “reptilianas” es porque en ocasiones algunos contactados o abducidos han visto que los rasgos faciales de los seres que trataban con ellos eran como de ofidios. Es muy curioso que en el paraíso, Satanás también se les apareciese a Adán y Eva como un ofidio y es también altamente extraño que en la Biblia veamos cómo Yahvé le dice a Moisés que mande hacer una serpiente ardiente de bronce y que la ponga encima de un asta de modo que todos los que hubiesen sido mordidos por una serpiente la invocasen. “Y sucedía que cuando los que habían sido mordidos la miraban, se curaban.” (Num. 21: 8-9). El culto a serpientes y ofidios es muy común en todas las mitologías. En oriente lo tenemos en forma de dragones y en América podemos ver enormes cabezas de serpiente o de lagarto en las pirámides mejicanas. En Galicia existe la tradición de ancestrales cultos “da serpe” y yo he visto en la primitiva base de un cruceiro formas semiborradas que hacen sospechar de la presencia de viejas figuras de “serpes”.

Una de las muchas ayudas que Hollywood le ha prestado al encubrimiento de esta tremenda realidad, fue la famosa serie V de los lagartos. Fue un magistral estrategia

reptiliana que han practicado mucho a lo largo de la historia. Al presentar aquella serie como una pura ficción, la gran masa quedó vacunada para no admitir en el futuro como real nada que se pareciese a aquello. El que en el futuro hablase de lagartos, todo lo que dijese estaría siendo visto como ciencia ficción. Esa parece haber sido la función de la serie V, y de otras películas relacionadas con los extraterrestres. Sin embargo, aparte de los muchos casos que uno ha podido encontrar en los libros, conozco personalmente a personas de las que no puedo dudar, que me han asegurado haber sido testigos directos –y en cierta manera víctimas- de desagradables episodios con seres reptilianos. ¿Está siendo también usado en la actualidad David Icke igual que fue usada la serie de los lagartos? Las tremendas verdades que Icke dice en sus libros ¿no estarán siendo contaminadas y eclipsadas por su superabundancia de transformistas reptilianos?

Llegados a este punto sería muy conveniente que volviésemos al principio del escrito cuando escuchábamos a varios pontífices decir que el demonio andaba suelto

y se había introducido en la Iglesia.Y aquí no tenemos más remedio que abordar un tema que siempre ha disgustado mucho a los teólogos cristianos: las doctrinas gnósticas con su creencia en un Demiurgo. De nuevo nos volvemos a encontrar con creencias que florecieron en el cristianismo primitivo y que, aunque mutiladas, han durado hasta nuestros días. La rebelión de Luzbel con sus miríadas de ángeles contra Dios es una creencia que no es herética y que entra dentro de la más pura ortodoxia cristiana. Los teólogos no le han prestado a esta creencia y a esta rebelión la misma atención que le han prestado a otros aspectos de la teología, pero ella ha estado siempre presente en las enseñanzas de la jerarquía.

En el cristianismo sucedió lo que ha pasado en todas las religiones: en cuanto se murió el fundador, comienzan a aparecer todo tipo de videntes e iluminados que mezclan viejas creencias con las enseñanzas auténticas del fundador, más lo que ellos

añaden de sus propias visiones e imaginaciones. Sucedió entre otros, a la muerte de Mahavira, fundador del jainismo, a la muerte de Buda, a la muerte de Mahoma y a la


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muerte de Joseh Smith el fundador de los mormones.

Las creencias gnósticas, muy probablemente anteriores al cristianismo, sostenían que ciertos espíritus angélicos muy poderosos se habían rebelado contra Dios y que ellos eran en cierta manera los que habían creado nuestro mundo y que por lo tanto ellos

eran los verdaderos señores de todos los seres humanos. Estas creencias estuvieron más o menos presentes en el cristianismo durante dos siglos. El año 180 san Ireneo de Lyon hace una seria advertencia contra ellas. Cuando el gnosticismo fue definitivamente condenado en un concilio, muchas de sus otras extrañas y complejas creencias fueron abandonadas, sin embargo la creencia de una gran rebelión de ángeles contra Dios y la de un malvado Demiurgo dominador de este mundo, no fue condenada y ha perdurado dentro de la ortodoxia cristiana hasta nuestros días. A este Demiurgo o falso dios, junto con todos los otros espíritus que le siguieron en su rebelión contra el Creador, podríamos identificarlo perfectamente, sin forzar nada las creencias cristianas, con el Satanás de que nos hablan los Papas y con los reptilianos de que nos habla la ovnilogía.

Como hemos visto, en la ovniteología no hay problema para explicar la existencia y la personalidad del Yahvé del Pentateuco. Sencillamente es un “espíritu maligno” más, a juzgar por lo que la misma Biblia nos dice de él. Se disfrazó de Dios al igual que hicieron la mayoría de las divinidades de las otras religiones. Sin embargo es mucho más difícil explicar la figura de Jesucristo, porque así como los hechos de Yahvé repetidamente nos hablan de una personalidad negativa, celosa, injusta, mentirosa, materialista y rencorosa, la persona de Jesús de Nazaret, a juzgar por sus hechos, se nos muestra como todo lo contrario.

Y en este particular, donde la teología ortodoxa encuentra un escollo insalvable, (explicar la maligna personalidad del Yahvé del Pentateuco), la ovniteología tiene una

explicación muy lógica porque sabe que entre nuestros visitantes extraterrestres también los hay con muy buenas intenciones y que abiertamente quieren ayudarnos aunque, por desgracia, su ingerencia en nuestras vidas sea mucho más respetuosa y menos abundante que la de los que nos quieren perjudicar.

Y de nuevo nos encontramos con un gran paralelo entre la teología cristiana y la ovnilogía. En el cristianismo, al igual que entre las razas de seres suprahumanos que conviven con nosotros, siempre se ha creído en la existencia de jerarquías entre los ángeles. Los Tronos, los Querubines y los Serafines son superiores a los Principados y éstos son de un rango superior al de los Arcángeles y los Ángeles. Lo miso que también se cree que el número de los ángeles buenos es muy superior al de los ángeles rebeldes. Estos ángeles buenos, sobre los que los teólogos han escrito bastante, tratan de ayudar a los humanos, aunque lo hacen de una manera muy discreta –a mi manera de ver, demasiado discreta- respetando siempre el libre albedrío humano, cosa que no hacen los ángeles rebeldes, que como dice san Pedro, están siempre como leones prestos a atacarnos.

Por mucho que el Demiurgo de los gnósticos, jefe de estos ángeles malos, pretenda ser el dueño absoluto del mundo y por mucho que efectivamente tenga un gran poder sobre sus habitantes, el Creador del Universo no puede haber dejado abandonadas del todo a sus criaturas. Jesucristo podría ser uno de estos ángeles buenos, de una jerarquía superior, enviado por Dios para hacer reflexionar a los habitantes de este mundo y para liberarlos de los engaños a que el Demiurgo y sus perversos seguidores


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los tienen sometidos.

Es curioso que en otras religiones, a lo largo de la milenaria historia de la humanidad, también vemos a extraordinarios personajes dotados de una gran bondad que han tratado de ayudar a sus pueblos y de hacerlos progresar en su espiritualidad. Personajes que en no pocas ocasiones han sido también declarados dioses o muy

identificados con la divinidad y que también han muerto –la mayoría de ellos crucificados- a manos de los humanos que no aceptaban sus prédicas.

Los devotos cristianos, incluso los más cultos, desconocen por completo quiénes fueron Quetzalcoatl, Devatat, Alcestes, Rama, Indra, Salibahana, Mitra, Tammuz, Attis, Orfeo, Bali o incluso Prometeo por citar sólo a unos de los muchos “Jesucristos” de otras religiones y de otras culturas. En este particular y coincidiendo con esta idea, es muy curioso el libro de Kersey Graves “Sixteen Crucified Saviours” (Dieciséis salvadores crucificados) publicado en 1875. Y es también curioso notar que muchos de estos “superhombres” o “dioses” también resucitaron después de su martirio, según las creencias de sus fieles.

Insistiremos en que no todas las inteligencias extrahumanas que conviven con nosotros, incluso algunas con apariencia reptiloide, son negativas sino que también las hay positivas que tratan de ayudarnos y de ello tenemos también muchos ejemplos que conocemos muy bien. Pero, como dijimos, nos encontramos con el mismo fenómeno que con los ángeles: las negativas son mucho más activas que las positivas. Aquellas han tratado siempre de entrometerse en el trabajo de las positivas y de confundir a los humanos que podrían ser influenciados por ellas. Ésta podría ser la explicación de las muchas desviaciones y errores que vemos no sólo en el cristianismo sino en todas las otras religiones del mundo, en las que al lado de doctrinas y personajes extraordinarios nos encontramos con individuos, ritos, creencias y acciones detestables. Los ejemplos son demasiado conocidos para que nos pongamos ahora a detallarlos.

Ateniéndonos al cristianismo, en él podemos ver con toda claridad esta contradictoria mezcla de creencias y acciones que se hace completamente incomprensible e inexplicable si la consideramos únicamente desde el punto de vista de

la ortodoxia. No se pueden casar creencias como la asistencia inmediata prometida por Jesucristo a su Iglesia, su fundamental predicación del amor al prójimo, o la santidad innegable de muchísimos de sus hijos, con tantas acciones bélicas de la jerarquía defendiendo cosas terrenales, con tantas muertes crueles por el sólo hecho de defender ideas diferentes o con tantos pontífices, obispos y sacerdotes corruptos y hasta facinerosos como nos encontramos en los dos mil años de historia de la Iglesia. Esta mezcla de santidad y perversidad o de verdad y de error, que de ninguna manera se puede negar, tenemos todo el derecho a sospechar que es fruto del trabajo de Satanás, del Demiurgo o de los extraterrestres reptilianos, dependiendo de quién la explique.

Dentro del cristianismo podemos distinguir claramente entre lo que ha sido la evolución de la doctrina y de la ascética. En cuanto a la primera, al poco tiempo de la muerte de Cristo ya había cantidad de doctrinas y doctrinarios diferentes que peleaban a veces encarnizadamente entre sí para imponer sus ideas, y a medida que fueron pasando

los siglos fueron haciéndose más complicadas la originales y simples doctrinas de Jesús que prácticamente se reducían al “amaos los unos a los otros” y “no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a tí”.
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La evolución de la ascesis, es decir de la puesta en práctica de la doctrina, tuvo también muchas variantes y pronto adquirió como dos niveles: el nivel de la jerarquía y de los cristianos acaudalados y con poder político y el nivel de los simples fieles y del clero devoto, creyente y seguidor de la doctrina del evangelio. Los primeros con mucha frecuencia cayeron víctimas de las tentaciones “del maligno” y se olvidaron de las enseñanzas de Cristo, mientras que entre los segundos florecieron y siguen floreciendo

miles de ejemplos insignes de fidelidad a las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Como esto no es ningún tratado de historia de la Iglesia, prescindiré de narrar ejemplos de

ambas acciones que supongo no le serán ajenos al lector, a poco que conozca la historia de Occidente y a poco que lea los periódicos.

Quiero sin embargo fijarme en un aspecto muy curioso de la ascesis cristiana que, racionalmente hablando, va contra las leyes de la lógica y del sentido común y por lo tanto es difícilmente explicable por la teología ortodoxa, mientras que la ovniteología la puede explicar perfectamente. Me refiero al ascetismo cristiano en general y muy en particular al de los llamados místicos, de los que tenemos en España eximios ejemplos. La explicación que de todo el complejo fenómeno dan los teólogos y las autoridades eclesiásticas no es nada convincente, aparte de que nos presenta a un Dios cristiano extremadamente cruel.

En la ascética en general y mucho más en la de los místicos, tienen un lugar muy importante las privaciones, el sacrificio, las penitencias y el sufrimiento. Un agudo sufrimiento no sólo psíquico sino también físico, que es directamente pedido por Dios y que con mucha frecuencia se ha manifestado en la reproducción de las heridas que el propio Cristo padeció en la pasión. Uno lógicamente se pregunta a qué viene y para qué es ese dolor y ese sufrimiento. La explicación de los teólogos es que mediante el dolor se redimen las faltas y los pecados propios y los de otros. (En otros tiempos y en lenguaje bíblico se diría que ese sufrimiento es para “aplacar la ira del Señor” causada por la infidelidad de su pueblo, aunque actualmente esa manera de expresarse ya no se usa porque se reconoce que Dios no puede tener ira).

Pero si la explicación de los teólogos en cuanto al sufrimiento de los místicos, no nos satisface, la explicación de la ovniteología, en cambio, nos parece mucho

más lógica, porque es una secuencia natural de todo lo que venimos diciendo y porque es también una consecuencia del pensamiento que sobre Satanás ha tenido siempre la Iglesia: Que es el padre del engaño y de la muerte y que le gusta atormentar de mil maneras a los humanos.

En líneas anteriores dijimos que Satanás había desde un principio tratado de confundir las doctrinas de los cristianos, “inspirando” creencias nuevas que entraban en conflicto con las originales. Esta intromisión y engaño no se limitó a la doctrina sino también a las prácticas y ritos. Si hemos de ser sinceros, pensamos que toda la extraña y

muchas veces absurda fenomenología que se da en torno a los místicos cristianos y a los de las otras religiones, es obra de los “príncipes de este mundo”, no sólo con el deseo de

divertirse a costa del humano y de engañar, sino con el más perverso de atormentar a personas inocentes llenas de buena voluntad. Porque estos “espíritus malignos” gozan engañando y atormentando.

Este incitar al dolor lo encontramos también en otras religiones. Por citar sólo un


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ejemplo, lo vemos en la ceremonia islámica llamada tatbir. Se da en la fiesta anual denominada Ashura, conmemorativa de la muerte de Husein, nieto del profeta. En ella

un imám va hiriendo en la cabeza con una espada muy afilada a los fieles que, poseídos de un frenesí místico, van pasando por delante de él, finalizando toda la extraña ceremonia en un gran charco de sangre.

Cuando uno conoce bien las acciones de los reptilianos de nuestros días, en donde la sangre tiene un papel tan destacado, -y no sólo por la mutilación de animales en las granjas- no se extraña nada ante ceremonias como ésta, y automáticamente las relaciona con los sangrientos sacrificios humanos y de animales que se han dado siempre prácticamente en todas las religiones y en particular con los que Yahvé les exigía a Abraham y Moisés. La refinada crueldad –sobre todo de tipo psíquico- que los “extraterrestres” ejercen sobre muchos de sus contactados, conscientes o inconscientes, se parece mucho a las “noches oscuras del alma” y visiones infernales que vemos en los místicos.Y de nuevo estoy consciente de que lo que estoy diciendo es algo muy serio y que puede ser usado contra mí por los teólogos y los “intelectuales” omnisapientes.

(Que Dios los bendiga. porque si ellos tienen cerebro yo también lo tengo y trato de usarlo y no de seguir ciegamente lo que otros me digan).

Este aspecto del sufrimiento físico de los místicos no es nada nuevo en la Iglesia, porque al fin y al cabo es la repetición de la pasión y el sufrimiento de Cristo en la cruz. Y aquí nos encontramos con una nueva dificultad no pequeña, dentro de la ascesis cristiana, para explicar toda esta fenomenología del dolor.( Explicación que podría extenderse a la enorme cantidad de dolor que existe en el mundo). La dificultad consiste en el hecho de que Cristo, según nos cuenta el evangelio, también fue víctima de ataques de estos espíritus malignos, que terminaron en su crucifixión y muerte. Para explicar el extrañísimo e inexplicable hecho de todo un Dios muriendo en una cruz por unos insignificantes seres habitantes de un pequeño planeta perdido en una esquina del infinito Universo, los teólogos tienen, magnificada, la misma simple explicación que para los sufrimientos de los místicos: “ Se sometió a ellos para redimir a toda la humanidad”. (Algún teólogo ha tenido la osadía –o la infantilidad- de decir que “a todo el Universo”. Parece que no se ha enterado que hay cientos de millones de galaxias cada una con cientos de miles de millones de sistemas solares). Pero aparte de tan simple respuesta, nos preguntamos: ¿Es posible que la pasión de Cristo se haya debido también a la acción de los demonios que vio León XIII en su visión, del Demiurgo de los gnósticos o de los reptilianos de la ovnilogía? ¿Es posible que aquella misteriosa frase de Jesús en su agonía en la cruz: “Padre mío, por qué me has abandonado” se deba a que en aquel momento se dio cuenta de que estaba siendo víctima del “príncipe de este mundo”? Comprendo el terremoto mental que esta audaz pregunta tiene que producir en un fervoroso creyente en la divinidad de Jesús, y la dejaré flotando en el aire..

Y antes de terminar transcribiré aquí una cita del gran John Keel, a mi entender uno de los pensadores más profundos sobre la esencia de la vida humana. Preguntado por una periodista si él se consideraba un “ufólogo”, contestó estas inesperadas y esclarecedoras palabras en un librepensador como él era: “Yo no me considero un “ufólogo” sino un “demonólogo”, porque la ufología es otro nombre de la demonología. Yo no creo que los ovnis vengan de otros planetas sino que se trata de lo que el cristianismo llama Satanás, ángeles caídos y demonios que llevan con nosotros desde el

origen de los tiempos y usan toda suerte de trucos y disfraces para hacernos creer que son extraterrestres”.[y yo añadiría “que no existen”]. Él creía que toda suerte de

apariciones, hadas, extraños aparatos aéreos, bolas de fuego, poltergeists, monstruos, animales raros, espíritus, hombres de negro, ovnis y una larga serie de raras manifestaciones, son todas una careta para ocultar la verdadera naturaleza del fenómeno y sus actuaciones negativas para los humanos. Y añadía: “En mi libro “Our Haunted planet” (1971) yo digo que no se trata de visitantes extraterrestres sino de inteligencias hostiles que nos desprecian. Tratan de controlarnos y de influenciar nuestras ideas y nuestras creencias”.

El resumen de todo este escrito podría ser que las creencias del cristianismo en cuanto a la existencia, a la esencia y a la presencia de Satanás en este mundo, coinciden totalmente con lo que la ovnilogía sabe, no por creencias sino por repetidas experiencias de cientos de miles de hombres y mujeres en todo el mundo, (entre los que me cuento), por más que la megaciencia pretenda ignorarlo y por más que las grandes autoridades lo nieguen.

En cuanto a la existencia de estos seres extrahumanos, a la ovnilogía le consta por las infinitas declaraciones de testigos inmediatos y completamente fidedignos y por las pruebas físicas y materiales que de ello existen, por más que muchos acomplejados “ufólogos” se empeñen en repetir las consignas de los desinformadores de que no existen pruebas. Sí existen y en enorme abundancia y totalmente equiparables a las que normalmente se presentan ante los tribunales de justicia.

En cuanto a la esencia del fenómeno, coincide también el cristianismo con lo que pensamos en ovnilogía: Se trata de inteligencias extrahumanas intrínsecamente perversas, que odian a la Suprema Inteligencia y a todas sus obras, y consecuentemente al ser humano porque ven en él una chispa divina; y que en muchas ocasiones a lo largo de la historia se han presentado ante los humanos como si ellos fuesen el Dios verdadero.

Y en cuanto a su presencia real entre nosotros, vemos que entre los millones de testigos fidedignos se encuentra nada menos que un sumo Pontífice. Los que hace años nos dedicamos a estudiar a estos extraños personajes y hemos tenido la suerte o la desgracia de verlos de cerca, no necesitamos más pruebas de su presencia entre nosotros.

Si los ovnílogos quieren estar en la vanguardia de las investigaciones de tan misterioso, profundo y trascendental fenómeno, sin dejar de estar atentos a la casuística puntual pero secundaria, deberían fijarse más en el creciente estado caótico -en el fondo antihumano y suicida- en que rápidamente está cayendo la humanidad, que es producto de la agenda y de las inteligentísimas estrategias de estos seres malignos, llámense Yahvé, Satanás o demonios según el cristianismo, demiurgos según los gnósticos, jinas o eblis según el islam, Ariman o asuras según los zoroastrianos, reptilianos según los ovnílogos, deros según Shaver, annunaki según Zecharia Sitchin, teócratas según Kyle Griffith, arcontes según Baines, loas según el vudú, la Hermandad según Brambley, nagas según los hindúes, xibalbá según los mayas, chitauri, según los zulúes sudafricanos, o malos espíritus en todas las religiones sin excepción.

El origen de todos estos malos espíritus es un tema fascinante pero que nos llevaría demasiado lejos pues nos haría entrar en los prohibidos y malditos predios de la conspiranoia y por eso lo dejamos para otro escrito.

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