El fruto principal que deben dar los sarmientos unidos a la vid es el amor






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títuloEl fruto principal que deben dar los sarmientos unidos a la vid es el amor
fecha de publicación29.03.2017
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DOMINGO 5º DE PASCUA/B. 6-V-12

En este evangelio hay unas palabras clave que podemos repensar: vid y sarmientos, dar fruto, permanecer, poda.

Sin unión con Cristo imposible dar fruto. El Maestro nos recuerda el único camino eficaz para producir fruto: la unión con él. «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto». Gracias a nuestra unión con Jesús, nuestra vida resulta fecunda. De lo contrario, el Padre, que es el labrador, se verá obligado a arrancarnos. No podemos conformarnos con llevar la etiqueta de cristianos o cumplir unos preceptos o vivir con unas reglas... Ser cristiano es “vivir en Cristo”. San Pablo repite esta expresión más de cincuenta veces. Eso fue su vida: “vivo yo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).La vida es Cristo. Dejar que Cristo nos viva desde dentro, se apodere de nuestra vida y la continúe en la suya, en un amor oblativo al Padre y a los hermanos. De esta vida nacen frutos abundantes; esta vida “da fruto”.

La Eucaristía que recibimos realiza esa COMUN-UNIÓN: Cristo con nosotros y nosotros con Cristo. Cristo ha querido expresar con el pan y el vino su entrega sacramental. Sin la Eucaristía, difícilmente puede ser fecunda la vida cristiana, porque el sarmiento debe recibir la savia de la vid; de lo contrario, se va secando poco a poco, languidece y resulta estéril.

En una ocasión, un periodista fue enviado a convivir durante quince días con la comunidad de la Madre Teresa de Calcuta para poder escribir sobre su forma de vida y su tarea asistencial. Al concluir la experiencia, y cuando se despedía de la Madre Teresa, le dice: "Bien, muy bien; me ha parecido todo estupendo. Pero hay algo que no entiendo. He visto que están desbordadas de trabajo, de pobres que las asedian; y he visto que se pasan ustedes cuatro horas al día en oración. Cuatro horas por tres mil religiosas que forman el Instituto son 12.000 horas, que ustedes podrían emplear al servicio de los pobres más pobres".

La Madre Teresa se le quedó mirando y con una sonrisa compasiva y comprensiva, le dice: "Lo siento mucho, pero usted no ha entendido nada de lo nuestro".

“Sin Mi no podéis hacer nada”. La condición para dar fruto: «Permaneced en mí y yo en vosotros».

El fruto principal que deben dar los sarmientos unidos a la vid es el amor. La vida de Jesús es una vida de amor, que nos impulsa a amar. No «de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad»(2ª lect.).

San Juan nos decía: “este es su mandamiento, que creamos y que amemos”. La fe y el amor están íntimamente unidos entre sí. “La fe sin caridad no da fruto... La fe y la caridad se necesitan mutuamente”(Cf Benedicto XVI, Porta fidei, 14). Con la fe permanecemos en Jesús y Jesús permanece en nosotros. Afirma Pablo: «Mientras vivo ahora en carne mortal, vivo de fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20).

Creer y amar, permanecer en Jesús por medio de la fe y por medio del amor, éstas son las características de la vida cristiana. A pesar de mis caídas, borrones, tachaduras.

Valoremos la hermosura de la vid con sus sarmientos unidos. Cuando en la familia, en la parroquia, en los grupos, todos están unidos a Cristo, en Cristo todos están unidos entre sí. Los sarmientos unidos a la vid rebosan y nos hablan de fraternidad, de intercambio de vida, de unión entre todos, de unión con el Señor, de unión de los discípulos entre sí por el Señor. ¡Qué fuerza, qué poder apostólico si todos estamos unidos, y unidos a la vid que es Cristo!

Nos queda la poda: “A todo sarmiento mío que da fruto, el Padre le poda para que dé más fruto". La poda la practican los agricultores para que el sarmiento dé más fruto.

Difícil poda. Hay que podar de nuestras vidas los defectos personales de la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza, comodidad... que dificultan una mejor unión con Dios y con los hermanos; que impiden dar frutos.

Como Dios nos ama y desea que demos mucho fruto, nos poda. Reza el poeta (Casaldáliga):

«Ámame más, Señor, para quererte».

Búscame más, para mejor hallarte.

Desasosiégame, por no buscarte

Desasosiégame, por retenerte.

Pódame más, para más florecerte.

Desnúdame, para no disfrazarte.

Enséñame a acoger, para esperarte.

Mírame en todos, para en todos verte.

El sufrimiento, las humillaciones, el fracaso, las dificultades, los desengaños, las pruebas de la vida cristiana... son, muchas veces, los instrumentos de que Dios se sirve para podarnos. Para que caigan las apariencias, nos enraicemos más en Cristo y podamos dar más fruto. Todos los santos han pasado por muchas pruebas: así experimentaron su unión al Misterio Pascual de Jesús.

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