Fango Negro no es un texto que pretende buscar la pulcritud o la excelencia literaria. Todo lo contrario. Fue escrito para que un director y el grupo de






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Fango Negro
De
JOSÉ GABRIEL NÚÑEZ

Prólogo
Fango Negro no es un texto que pretende buscar la pulcritud o la excelencia literaria. Todo lo contrario.  Fue escrito para que un director y el grupo de actores que la representen, trabajen en un experimento teatral absolutamente fuera de lo convencional y que, por los resultados obtenidos, ha terminado de ser realmente apasionante para todos ellos. Fango Negro es una propuesta para espacios no convencionales que nos aproximen a la realidad que procuré expresar: la calle con su agresividad; un autobús caraqueño, con sus permanentes refriegas y protestas: un prostíbulo y sus protagonistas desprovistos de artificios. Hiperrealismo. Violencia. Y cómo va desgranándose un crimen pasional.
Partí de una propuesta que me hizo Carlos Giménez cuando me pidió que le hiciese una versión del Woyzeck de Büchner. Trabaje duramente sin encontrar la salida dramática hasta que se me vino la idea del autobús por una situación similar que viví una tarde cuando tuve la dicha de tomar un colectivo y ocurrió hasta un atraco. Axial, Woyzeck fue desapareciendo en la medida que la nueva historia asumía vida propia y terminaba convirtiéndose en Fango Negro.
Deseo resaltar igualmente la importancia que tiene la improvisación en base a los textos escritos, para aproximarnos cada vez más contundentemente a ese verismo que se hace indispensable en la obra, para que sea desprovista de cualquier maniqueísmo. En tal sentido hay que subrayar que el texto no es más que una guía para que cada noche se experimente una representación diferente e inesperada, para sorpresa no sólo de los espectadores sino de los mismos protagonistas.
Me había negado rotundamente a publicarla por lo antes dicho y por evitar una "confrontación" (léase sorpresa desagradable) con ciertos puristas del lenguaje y de la literatura, especialmente teatral, pero, después de todo lo que ha acontecido con Fango Negro y su inesperado éxito fuera de nuestras fronteras, es algo más que una deuda con quienes la han asumido como suya. En homenaje a ellos, asumo el reto de mostrarla, sin más explicaciones.


José Gabriel Núñez
Agradecimientos
A Daniel Uribe,

quien la rescató de la polvareda de un archivo perdido y tuvo el coraje de montarla.
A Marcelino Duffau,

con palabras que no encuentro, después de haberla sostenido durante 18 años en cartelera en Mont video y agradeciendo su fraternidad.

Primera Parte: La Parada del Autobús.
Espacio Escénico:

La acción se desarrolla en plena calle, en el lugar en donde estará estacionado el autobús que transportará a los espectadores.

El publico deberá ser obligado, compulsivamente por uno de los actores (puede ser El Colector) a formar la cola para abordar la unidad. Deberá hacerlo en forma grosera y algo agresiva, como se comportan los choferes del transporte público.

Simultáneamente comenzarán a actuar los primeros personajes quienes le darán movimiento a la obra, creando la atmósfera previa necesaria y manteniendo el interés de los espectadores mientras aguardan a subir.

Atención: es fundamental recurrir a la improvisación para darle un carácter de realidad cotidiana a la escena, en base a las siguientes situaciones y personajes sugeridos:

  1. El Buhonero

  2. La Drogadicta

  3. La Viejita

  4. La Sifrina

  5. El Vendedor de Pastelitos

  6. El Político

  7. El Colector


(Un vendedor ambulante, El Buhonero, con su bandeja de anime colgada del cuello en donde está la variedad más extensa de objetos posible: papas fritas, maníes, tostones, agua mineral, chocolates, caramelos, anteojos oscuros baratos, preservativos, bolígrafos, tarjetas telefónicas, etc. Deberá ofrecer esta mercancía de manera impertinente a los espectadores con su clásico sonsonete)
El Buhonero: ¡Papita, maní, tostón! Papitas fritas. ¡Chisgüís, cotufas! ¡Unos anteojos oscuros, mi amor, para que la luz no moleste tus bellos ojos…! La agüíta mineral pá ti, pá que calmes esa sed; ¡toma, mamita, tu agüíta…! (Morboso) ¿y tú no quieres un preservativo…? seguro que aquí te levantas a un chamo y mejor vas preparada… además, cuánto quieres apostar que tú nunca le has puesto un preservativo al tipo… ¡no, seguro que él siempre se lo pone y después, tú sabes… anda, barato...! (Se acerca cómplicemente a un hombre de la cola) ¡tengo yerbita de la buena, pana, mafafa... ! ¡Y blanca nieves! (Le muestra el tubito de coca) ¡purita, pá que vueles! Cinco mil nada más.

La Drogadicta: (Una misteriosa muchacha vestida de negro, maquillaje en negro, rostro pálido. Se acercará sin pronunciar palabra, como un maniquí, a los espectadores y les entregará una tarjeta que dice: “Soy drogadicta. Ayúdame con algo para mi rehabilitación o dame para comprarme otra dosis”. Deberá aguardar la reacción sin inmutarse, mirando fijamente al espectador hasta ponerlo nervioso).

(La Viejita está de primera en la fila. La Sifrina, llega canturreandito, y haciéndose la tonta, sin decir nada, se pone de primera).

La Viejita: Mira, esta niña, ¿tú como que piensas colearte?

La Sifrina: ¿Yo, señora? Como se le ocurre pensar eso de mí.

La Viejita: Porque te veo las intenciones.

La Sifrina: No, señora, yo solamente estoy paradita aquí esperando…

La Viejita: ¡Yo te aviso! ¡Por qué no te vas para el final de la cola! ¡Este es un país de vivos! Aquí nadie respeta a nadie, aquí todo el mundo quiere ser el primero de la cola, en los bancos, en el supermercado…

La Sifrina: ¡Ay, señora, no se ponga con eso, que yo soy una persona educada y correcta! ¡Yo respeto a la gente! Y si es una persona mayor como usted, mucho más.

La Viejita: ¿Tú crees que yo me chupo el dedo? Aquí todo el mundo te quiere atropellar y quitarte tus derechos. Yo llegué de primera a la cola y tengo como media hora esperando y no voy a tolerar que nadie se monte primero que yo.
(Comienzan las protestas de los otros. “¿Cuándo arranca este autobús?” “Tenemos una hora esperando”. “Hagan su cola”… “Esos colíaos que los saquen”).
(El Vendedor de Pastelitos y empanadas fastidia a los espectadores ofreciéndoles la comida con un sonsonete monocorde)

El Vendedor de Pastelitos: Pastelitos andinos, empanadas de cazón, huevos sancochados… pastelitos andinos, empanadas de cazón, huevos sancochados… pastelitos andinos, huevos sancochados, huevos sancochados, huevos sancochados.

El Político: (Se ha subido a una banqueta desde donde improvisará su discurso) ¡Compañeros! ¡Compañeros! Quisiera hacerles un llamado para que me presten su atención pues quiero convocarlos a formar parte de un gran movimiento de salvación del país en contra de la inseguridad personal, la corrupción y el flagelo de las drogas… La anarquía se ha apoderado del país bajo el disfraz de una falsa igualdad social…
(Llega El Colector con un reproductor portátil donde suena la música a todo volumen).
El Colector: ¡Épale mi gente! ¡Cómo están esos panas y este perraje! ¡Bueno, a acomodase en esta cola que ya vamos a despegar en el vuelo 69! Vamo, vamo, vamos, orden en la cola, sin apretujones y sin colease. ¡Organización! ¡Organización…!. Eso, mi jeva. Aquí te traigo tu sabor, tu salsa, tu vallenato, tu ruqui-ruqui!
(Comienza a hacer entrar al público al autobús. Caos y protestas)
El Político: Las fuerzas de los antipatriotas y demagogos, caudillos antidemocráticos, nos han sumido en las oscuras sombras de la corruptela vernácula. ¡Se impone un urgente rescate de la moral y la dignidad ante el asalto y la degradación de las instituciones democráticas! ¡Hay que decirle no a las drogas! ¡No a la corrupción! ¡No a la prostitución!
Segunda Parte: En el Autobús
El Colector: ¡Epa, con calma! Mira tu, si, tu, ¡déjate de está aprovechando pá restregate en las nalguitas de la dama aquí presente!... No se amontonen, no se apelotonen, que hay espacio pá todos. No empujen… ¡no empujen!... ¡calma! ¡Entren que caben cien!
(Terminan de ubicarse. Comentarios generales entre empujones y apretujones)
La Sifrina: ¡Qué horror! ¡Esto es una salvajada, un atropello!... ¡Por eso no me monto en transporte público! Una persona decente no aguanta esto, ¡como si fueran cochinos!

La Viejita: ¡Y eso que no andamos en la hora pico ni en el metro, que ya se puso peor!

La Sifrina: Yo, por eso, cuando no manejo mi Mercedes Benz, tomo un taxi.

El Colector: ¡Ay, mírala a ella! ¡De Mercedes y todo! Bueno, chama, te sale perraje, así que te calas las metías de mano que te van a echar. (Dirigiéndose a todos) Bueno, mis brothers, ¿ya están todos sentados, todos listos para el despegue?
Todos: ¡Síiiii!

El Colector: Perfecto, permítanme presentarme, yo soy el encargado de atenderlos en este vuelo hacia lo desconocido, su amigo, el propio, el dueño del sabor… ¡mírenme bien, que cosa más buena tienen ante sus ojos: dos metros de macho gozón! ¡Y éste es El Chofer encargado de pisarle la chola a esta unidad!

Se les recuerda mantener las normas de aseo y buenas costumbres: no escupir en el piso, no rascabuchear a nadie a cuenta de que estamos apretaítos, no decir malas palabras como coños, carajazos o mierdas y, algo muy importante, ¡no hablar nada de política!

La Viejita: ¡Ay si! Yo aplaudo eso. Ya con lo que “sabemos”, con las que te conté tenemos más que suficiente.

El Colector: Otra cosa, por razones de seguridad, ¡se les aconseja no sacar los codos por las ventanillas de esta unidad porque a lo mejor se les escoñetan! ¡Y peor todavía si sacan la cabeza! No queremos que el viaje termine en hemorragia. Bueno, mis panas, si ya estamos full y completos, que despegue este cohete, vía El Silencio, la Baralt, Quinta Crespo, El Calvario y otras maravillas de nuestro centro. ¡Ah, y como obsequio de la casa… iniciamos con tremendo concierto pá que se les alegre el alma y se les levante el ánimo! ¡La propia salsa! ¡Fania All Star, mucho Tito Puente, Héctor Lavoe y la propia Celia Cruz! ¡Tremendo cañonazo!

(Comienza a escucharse una salsa estridente que sacude a La Sifrina y a La Viejita)

La Viejita: ¡Qué horror! ¡Un concierto! ¡Cuanta vulgaridad y qué vocabulario! ¡La real academia española debe estar padeciendo de escalofríos!

La Sifrina: Señor, usted no tiene otra cosa que poner, o al menos bajarle un poco el volumen

El Colector: Pero, mi jeva, ¿qué te pasa? si eso es lo que está de moda.

La Viejita: ¿De moda esa porquería? Qué degradación a la que hemos llegado. ¿Cómo se va a comparar esa música con Pedro Vargas, el Trío Los Panchos, Olga Guillot…?

El Colector: (Cortándola) Señora, ¿usted sabe lo que es la edad de piedra? ¡Pues la época en que cantaron ellos! La verdad es que si usted anda en esa onda debe ser bien vieja.

La Viejita: ¡Vieja no! Madura, que es otra cosa.

El Colector: Ya veo. ¡Cuando usted nació el Mar Muerto era un carajito!

La Viejita: ¡Grosero, falta de respeto! (Mira a los demás) y ustedes se quedan de lo más tranquilos, permitiendo este abuso y nadie le reclama que me esté insultando.

La Sifrina: ¡Es verdad, a una señora mayor no se le puede tratar de esa manera! Y baje esa música, por lo que más quiera.

El Colector: A esta piña como que la están rifando y yo me compré todos los números. Ultimadamente, a quien no le guste mi concierto que se devuelva. (Sube el volumen de la música)

La Sifrina: ¡Ay, señor, pero qué escándalo y cuánta bulla! ¿Por qué no le baja el volumen a eso...? (El Colector ni la mira ni le hace caso). ¡Señor, que le baje el volumen a eso, por favor...! ¡Qué vulgaridad...! ¡Una salsa tan deprimente...! ¿Por qué no quita eso?, usted no tiene porqué estarle poniendo a uno una salsa. Una no tiene por qué estar escuchando una cosa tan horrible como esa. ¡Ay, señor, pero por qué no le baja volumen...! (Al vecino) ¡Qué decadencia! ¿Usted está oyendo...? ¡Qué vulgaridad, el perraje p’al autobús...! ¡Una se siente degradada! Yo me siento degradada. Una coge un autobús por necesidad, pero eso de que lo llamen perraje… ¡Ay, señor, pero no le va a bajar el volumen...! Esto parece una discoteca… Usted no nos puede obligar a escuchar esa cosa tan hórrida… Quite eso, ponga otra cosa.

El Colector: Bueno, ahora sí me cayó cri-cri. Chama, este autobús es propiedad privada, o sea, ¡como mi casa! Uno en su casa hace lo que le da la gana, o sea…

La Sifrina: Pero usted está prestando un servicio público…

El Colector: Entonces lo que estoy haciendo es alegrarte la vida. Un servicio público con ambiente musical… Anda a sacarte la cédula de identidad pa' que tú veas cómo te patean… O sea… ¡durísimo...! (Se sacude con la salsa) ¡Eso...!

La Sifrina: Quiere decir que uno no tiene derecho, uno tiene que calársela. Yo no entiendo cómo le puede gustar una salsa… ¡Esa es música de gente ordinaria! ¡Y pensar que quieren que a Latinoamérica se le identifique por eso! Yo no sé, a mí eso me daría pena… ¡Ay, señor, y por qué no cambia el cassette! ¿No tiene nada de Van Halen? Por lo menos si hay que hacer el sacrificio, que sea...

El Colector: ¡Uno no puede comprá esos cantantes, chama, porque aumenta la deuda externa!

La Sifrina: ¿Y tampoco tiene a Mike Oldfield? ¿Eso está grabado aquí? (Silencio. Al vecino) ¿Usted no ha oído a Mike Oldfield? Es un pavo bello, así todo tristón… ¡pero bello! Yo me pongo así toda revuelta cuando lo veo. Porque yo tengo un video cassette con un concierto… Es un tipo bien sexual, una se revuelve toda cuando lo ve. Mi prima dice que está buenísimo. ¡Ay, señor, pero baje eso, que una no puede ni hablar...! ¡Qué horror!, por eso es que yo prefiero montarme en el metro. Esto de andar movilizándose en transporte urbano es ¡de lo último! ¡Por eso es que después a una le dicen que es racista...! Lo mío es metro o taxi, qué va, yo no vuelvo a agarrar un parapeto de estos. Mire señor, me deja en la próxima parada, porque ésta que está aquí no se la sigue calando.
(El Colector sube la música. La Sifrina busca en la cartera. Saca un cassette y lo agita al aire).
La Sifrina: ¡Ay, miren, aquí tengo un cassette de Tina Turner que me grabó mi prima Andreína! ¡Ay, sí, Andreína me hizo una selección fabulosa! Señor, por qué no pone esto, yo se lo presto.

El Colector: No, chama, yo soy muy delicado. Yo manejo lo mío. Nada que sea emprestado. O sea, propiedad privada… ¿ves?

La Sifrina: (Disgustada) ¡Qué ordinariez! Mire, se para cuando pueda, para bajarme.
(La acción se traslada al asiento donde están Manuel y Andrés).
Manuel: (Tenso, nervioso) Sácate la carterita ahí…

Andrés: Oye, pana, aquí en el autobús no… Y con el uniforme…

Manuel: Vaya, dale, que no se van a dar cuenta.

(Andrés saca una carterita de ron metida en una bolsa de papel, Andrés la abre, Manuel bebe un largo sorbo. Le pega el trago y se rasca la garganta).

Andrés: Tienes que está sereno, chamo, acuérdate, control… no te enchaves.

Manuel: ¡Qué coño, no joda! Ojalá y sea verdad lo que tú me estás diciendo y la agarre con las manos en la masa… Te juro que la voy a dejá tiesa. Allí mismo en el sitio.

Andrés: Ten cuidado, chamo, cero violencia. Ahora no me vayas a empaquetá a mí en tu rollo. (
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