Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis






descargar 0.62 Mb.
títuloPrograma primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis
página8/17
fecha de publicación10.07.2015
tamaño0.62 Mb.
tipoPrograma
l.exam-10.com > Literatura > Programa
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   17

Articula: Mario Goloboff
Voy a comentar por orden de llegada a mis manos las lecturas siguientes, haciendo la salvedad de que la de Marita Manzotti me llegó hace muy pocas horas y, además, en medio de un virus que invadió mi máquina, por lo que seré menos explícito respecto de ella.
Voy, pues, a comentarlas, y luego daré mi punto de vista sobre los textos, esperando que de él se deduzca la articulación que trato de realizar entre las lecturas precedentes. De todas formas, si tuviera que sintetizar en una frase mi opinión sobre ellas diría que todas leen los textos en presente, que todas esas lecturas ven ambos textos a la luz de lo que pasa hoy en el país, como si en ellos se albergara, por esos extraños caminos de la ficción, el drama más actual.
Para María del Carmen Sánchez, la gauchesca es la consecuencia del choque entre dos mundos distintos, fruto de la guerra, y "El fin" se inscribe en esa tradición. El cuento también se inserta, no como continuación sino como previsión, en el Martín Fierro. "Montaje, al fin, de la perpetua e inquietante posibilidad de combinaciones que todo texto ofrece, exhibe la tradición como resultado de esa tensión que se actualiza cada vez en la creación de lo nuevo", dice Sánchez. El cuento confirma la idea borgeana (en realidad, tomada de Valéry), de la inexistencia de texto definitivo, y expone el tema del "otro" como un opuesto aunque similar.
Para Sánchez, en el "gesto" en que "El Fin" se cierra, "Matinales" "se injerta", "abriendo una superficie de imágenes fuertemente marcada por la crudeza, el exceso y también el contraste". Además, en "Matinales", aparece "la frase como puro corte", como si "pretendiese atravesar literariamente ese "filo mortal del lenguaje", persiguiendo "lo otro" en la lengua misma, componiendo un texto siempre volcado hacia el resto, trabajando contra el TODO".
Finalmente, para Sánchez, "Martín Fierro, (es) un nombre que atraviesa los textos que Hernández, Borges y Lamborghini firman. En ese atravesamiento algo se transmite y se escribe por fuera, más allá del padre que le dio nombre".
Para Esther Cross, el tiempo invertido de la lectura del Martín Fierro vuelve hacia el tiempo más actual, pasando por Borges y por Lamborghini, hasta un hoy donde el quiebre de los valores sociales acentúa "la crónica de Fierro, que padeció todos los abusos y las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país", y "se emparentó con una realidad que hoy resulta ya innegable. Reconocí (dice), en el Martín Fierro, el testimonio de mucha gente de la calle, de una clase deshereda-da en la que conviven la pobreza estructural con otra nueva, producto del quiebre del tejido social: la clase media".
Para Cross, "El fin" podría ser una traducción del Martín Fierro (en el sentido de la escritura de superficie de Bachelard), mientras que "Matinales" podría considerarse, en cambio, como su correspondencia" (en el sentido de "condensada de la profundidad", es decir "escritura de los valores sensuales"./.../. "Una es la que permite el humor; la otra, admite la ironía. La escritura de superficie sueña, y entonces habla, por los objetos. La escritura de la profundidad sueña, en cambio, con la materia. En "El Fin", Borges toma la superficie de la llanura para escribirla, toma los objetos que la forman y los nombra para crear ese paisaje que, como en el Martín Fierro, presenta sin describir. Lo cubre de palabras y la historia se desplaza, en cadena de palabras, sobre esa extensión declarada como infinita".
Finalmente, para Esther Cross, Borges prolonga la historia, le da un cierre; en tanto que Lamborghini "toma como materia no ya la historia que se narra sino aquello con que se la nombra, lo más elemental: toma las palabras (astillas del mesmo palo, cita), y es a partir de ahí que construye la narración".
Marita Manzotti lee los textos en clave de cartomancia, un juego donde las cartas estarían marcadas. La pampa es el escenario, y en él se inscriben las historias: "En este tapete (cita a Lamborghini), que no es precisamente verde, se le escribe al que lee. Frase por frase". Allí tiene lugar el sacrificio, que no es otro que uno de palabras. Las palabras van alambrando la llanura, lo que va siendo, la errancia in-acabable. Todo está implícito en esos textos que se nombran como patria, como desolación.
Pienso que el tema de Borges, dejando de lado motivos y leitmotivs suficientemente conocidos, es siempre el tema del "otro". Pero, jugado en el estricto terreno de la literatura, parece lógico suponer que el otro de un escritor no pueda ser más que otro escritor. El problema con Borges es que, a diferencia de aquellos autores para quienes su "otro" llega a ser aproximadamente identificable (el Amadís de Gaula de Cervantes, Balzac para el primer Flaubert, Carlyle en Emerson), el "otro" literario de Borges no es una entidad única, sino múltiple, cambiante, acumulable a medida que nuevos descubrimientos o nuevos recuerdos agregan nombres y afinidades a su vasto registro. Browning, Blake, Cervantes, Joyce, Keats, Milton, Poe, Quevedo, Shakespeare no agotan la larga e incompleta lista que sólo hallaría límites en la biblioteca, pero ésta, como sabemos, es infinita. Hay dos o tres figuras, sin embargo, que pueden fijarse o privilegiarse: la de Hernández como autor del Martín Fierro me parece una de ellas; otra, la de Lugones. Con, contra ellas, se erige y en buena parte se construye, una de las imágenes que para sí quiere Borges.
Por otra parte, esa conjunción es intolerable: Borges desautoriza cuanta afirmación del poeta cordobés encuentra sobre este tema, y critica muy especialmente el hecho de haber iniciado en El payador el culto de la obra de Hernández, el que "abultado luego por Rojas, nos ha inducido a la singular confusión de los conceptos de matrero y de gaucho". (El Matrero, selección y prólogo de J. L. B. Buenos Aires, Edicom S. A., 1970). Idea que, insistente y duramente, habrá enunciado otras veces: "El Martín Fierro es un libro muy bien escrito y muy mal leído. Hernández lo escribió para mostrar que el Ministerio de Guerra /.../ hacía del gaucho un desertor y un traidor; Lugones exaltó ese desventurado a paladín y lo propuso como arquetipo. Ahora padecemos las consecuencias". (J. L. B., Prólogo a: José Hernández, Martín Fierro, Buenos Aires, Santiago Rueda Editor, 1968.)
Desde allí, intento ver "El fin", que cierra de una manera casi especular el texto original, o más especular que él mismo: en La Ida, Fierro mata al moreno; en “La Vuelta”, vuelve a vencerlo, pero en un nivel más alto, literariamente. Borges, por el contrario, quiere que el vencido en La Ida retorne y venza del mismo modo, con los mismos medios, en el mismo "estadio" que en La Ida.
A primera vista, "El fin" no deja de ser un cuento previsible; quizás, entre los cuentos de Borges, el más previsible. Tal vez por eso se llame "El fin". No sólo porque es el número 33 de la serie que inicia "Pierre Menard", no sólo porque ese número coincide con el último canto de la Vuelta, sino, quizás, fundamentalmente, por el carácter de cierre que se le intuye. Desde otro ángulo, que no es el mío, pero que respeto, Didier Anzieu, en uno de los primeros acercamientos psicoanalíticos a la obra borgeana que conozco ("Le corps et le code dans les contes de J. L. Borges", en Nouvelle Revue de Psychanalyse, n° 3, París, Printemps 1971, pp. 177-205), leía, en la serie de cuentos escritos desde 1939 ("Pierre Menard") a 1953 ("El fin"), las marcas catárticas de la doble simetría especular que ligaba a Borges a su padre, y sostenía que el cuento simbólicamente titulado "El fin" proclama precisamente el fin de la reparación psíquica de la herida del hijo, y el fin de la explotación de las diferentes posibilidades de los escenarios ofrecidos por la matriz lógica que preside la construcción de los cuentos.
Aún en lo reescrito, que no otra cosa es siempre la escritura borgeana, reescritura perpetua, "El fin" es un relato donde todos los motivos borgeanos están en su lugar, donde nada sobra, donde nada falta, donde se repiten tipos y escenas que hemos leído y que seguiremos leyendo mientras Borges escriba, hasta el punto de suponer que cualquier buen imitador de Borges hubiese podido escribir "El fin", cosa que ni remotamente podría decirse de "Tlön...", de "El Aleph", de "Las ruinas circulares", de "La muerte y la brújula", de decenas de obras perfectas, envidiables, inimitables, y hasta del otro cuento "martinfierrista", "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)". "El fin" es llano, como esa llanura de la que se burla Lamborghini, no le representó ningún esfuerzo, le salió solo, de su propia retórica, "como agua de manantial", y también de su resolución, expresamente anunciada poco tiempo atrás: "Podemos imaginar una pelea más allá del poema en la que el More-no venga la muerte de su hermano" (Borges, El "Martín Fierro", Buenos Aires, Columba, 1953, p. 65).
Quedarían dos posibilidades para desbaratar, borgeanamente, tal afirmación. La primera, que la lectura y la interpretación del cuento se opaquen por el uso extraño de la temporalidad: hay, en efecto, una evidente voluntad de borrar o de confundir las pistas temporales y, con ello, de eliminar en el tiempo el momento de la paya-da, cuyo "vastos temas exceden -escribe Borges- la capacidad de los gauchos y tal vez de los hombres" (El Martín Fierro, Buenos Aires, Ed. Pocket, Emecé, 1979, p. 67).
"He esperado siete años", dice el negro. Parecen ser los que transcurrieron desde la payada (de la que todo el comienzo del cuento da la impresión que ha pasado hace largo tiempo), aunque luego, al ir hacia el combate, repite la cifra, pero ésta se refiere a "cuando mató a mi hermano". De acuerdo con el recuento del propio protagonista del Martín Fierro, entre el asesinato (así lo llama Borges) del moreno y la payada, es decir, el retorno de Fierro, han pasado siete años ("Dos como gaucho matrero, /Y cinco allá entre los indios"). Entonces, para el relato "El fin" ¿cuándo ha tenido lugar la payada?
Para la segunda posibilidad, recuerdo antes dos notas, creo que pertinentes para "El fin" y para "Matinales". Una, de Jean Ricardou, cuando escribe: "Todo texto que señala claramente sus relaciones con otros textos tiende a constituirse él mismo como estableciendo entre sus partes las relaciones más estrechas. Puesto que se trata, en la oportunidad, y en todos los niveles, de una misma práctica del texto como relaciones intertextuales" (Pour une théorie du nouveau roman, p. 163). La otra, de Nicolás Rosa, cuando radica las dificultades de la crítica ante los textos borgeanos en su "carácter fundamentalmente hiperliterario propio de la escritura borgeana: Literatura de literaturas, sobre literaturas, el acceso crítico, la entrada, si se prefiere, a la obra queda siempre atrapada en la ficción crítica, que por su propia sustancia, anonada tanto al crítico como a la crítica". (Nicolás Rosa, El arte del olvido, Buenos Aires, Puntosur, 1990, p. 150).
Esa segunda posibilidad es que el cuento "El fin" no sea, únicamente, el final del Martín Fierro sino también el otro final de "El sur" ("...acaso mi mejor cuento..."): (el otro, junto con "El fin", de los tres incorporados a la edición de 1956; publicado en febrero de 1953, mientras que "El fin" lo fue en octubre del mismo año, y ambos en La Nación). "El sur", donde además se evoca el famoso accidente de 1938 a partir del cual se renueva la ficción borgeana y nace "Pierre Menard...".
Así, "El fin" comenzaría donde termina el primero, cuando va a tener lugar el duelo. En ambos, está el Martín Fierro texto, y también Fierro personaje y emblema: tira-do en el suelo, "el viejo gaucho extático", "una cifra del Sur"; en ambos un ajeno patrón de almacén, así como Recabarren, inmóvil y mudo para ver la escena a través del marco de la ventana, cual en un cuadro; y están, en uno, el parroquiano de "rasgos achinados" y, en otro, el chico de "rasgos aindiados"; y están la inconmensurable llanura, la daga, la pelea a cuchillo, "a cielo abierto y acometiendo" (lo que "hubiera sido una liberación" para Dahlmann) y también están, probablemente, el contexto social y político en que los cuentos se publican, ambos en el mismo año, ambos en el séptimo año de ejercicio del poder por Perón, y después de una reelección aplastante.
También desde un horizonte político, de combates y pérdidas, se puede leer "Matinales", un texto donde no hay payada ni duelo, sólo crimen, y que se hace tan refractario (por lo paródico), aunque tan incitante, para lecturas alegóricas. Ya que el combate tuvo lugar, sólo queda el resto, el "duelo" familiar (un duelo, dicho sea de paso, bastante medido, bastante parco, aunque de consecuencias escandalosas con la locura, "la herida", del hijo).
Justamente, el cuento empieza después de la lucha, de lo que no se ve. Como continuación de continuación, es decir, lo que está desde siempre. Es, para mí, de la mudez e inmovilidad de Recabarren, de la falta de transcurso, de esa mudez del tiempo, que se hace cargo el texto de Lamborghini. Aquella inmovilidad, creo, permite leer la circularidad, casi especular también, que "Matinales" propone entre las primeras dos frases y las dos últimas.

Articula: Graciela Musachi

(Desgrabación corregida por la autora)

Lo que pasa al leer
Lo que pasa al leer. Debo decir que este título se lo he hurtado a Esther Cross porque toca exactamente el punto que quería comentarles. Se dice que Rabelais es el reír. Uno lee Rabelais y se mata de risa pero, en su época, Rabelais también produjo alivio por el modo en que él se burlaba de las grandes cosas de la vida y de su sociedad. Kant: parece ser que la belleza de su moral, provocaba llanto; Sade aburría a Lacan. Creo que nadie se ha atrevido a confesar esto, que Sade aburre y lo que aburre es la repetición que se produce en las escenas y Freud, cosa que a mí me ha sorprendido mucho (voy a usar las palabras con las que él se dirige a Romain Rolland), Freud al leer a Rolland se le producía un efecto de exaltación y de goce, cosa que a uno le llama la atención si piensa que Rolland era un místico y que Freud dice: "...Yo no tengo nada que ver con la mística...", sin embargo, leía el misticismo de Rolland y se exaltaba, Freud. Curioso. Bien.
Eso es lo que pasa al leer. Aquí todo el mundo se ha puesto de acuerdo, por lo que hemos escuchado, el Martín Fierro: resuena en Borges y en Lamborghini, que rozaría una especie de mito de la literatura gauchesca y de cierto "nosotros" en tanto argentinos. Pero como Uds. sabrán, por mis ejemplos, a mí me interesa un argentino, un argentino, un argentino. José Hernández, por ejemplo, no se proponía hacer reír y lo dice explícitamente pero en La Vuelta aclara los efectos que espera producir, efectos que son de índole pedagógicos y políticos. No estamos ya en su época para escuchar a alguien hablar de eso pero seguramente si hiciéramos una investigación, podríamos situar (en los que daban testimonios de su lectura del Martín Fierro), si cumplió sus objetivos. Según Borges, "ningún otro libro provocó un dispendio similar de inutilidades en los críticos". Y ahí ha encontrado Borges, para mí, algo muy interesante, Borges dice "estos tipos gozaban demasiado de lo que leían" y lo que producían era inútil, por lo tanto, ¿No es cierto? Y me llama la atención, porque Lamborghini usa esa misma palabra cuando se refiere al efecto de encantamiento. Creo yo que habla de la pampa pero también podría pensarse que se refiere a la literatura cuando dice "esa inmensidad inútil de esa tierra que nos encanta". Lo que pasa al leer, entonces, es entre otras cosas, algo de ese orden, algo de la inutilidad; produce algo que no tiene ninguna utilidad.
Por ejemplo en Borges, cuando leyó el Martín Fierro, él confiesa, le produjo en su niñez, sorpresa y más adelante cierta defraudación en el placer que en general le provocaba la lectura de la literatura porque, y esto sí es interesante que lo diga Borges, "...porque yo quería saber cómo se llega a ser Martín Fierro..." y eso no se podía saber porque Martín Fierro ya era lo que era, pero sabemos algo cuando Borges nos dice eso, sabemos algo de Borges. ¿Se habrá reído Lamborghini con Martín Fierro? Sabemos que Sartre le hacía reír y Aira cuenta cómo Lamborghini se reía al inventar ese dispositivo que ellos llamaban "el continuo", que se ve en el niño de "Matinales", el niño que hace el gesto del dedo en la sien y se vuelve loco, eso es un continuo. Es decir que está ese orden, digamos, de la risa en la escritura y en la lectura en Lamborghini. En "El Fin", el narrador repite su truco borgeano, al hablar sobre lo que pasa al leer. Dice: "...A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas, concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias...". Es decir, que leemos nuestra propia novela familiar y nos apiadamos terriblemente. Es el mismo truco de Lamborghini en la frase que citaba recién o en esta otra: "...En este tapete, que no es precisamente verde se le escribe al que lee..." Es decir, se escribe para producir un efecto en el que lee. Esther Cross encuentra su clave de lectura en cierta preferencia borgeana por lo que ella llama la "superficie", yo diría la superficie del lenguaje y "la profundidad" del cuerpo de la letra de Osvaldo Lamborghini. Ahora bien, Esther nos testimonia que ha leído el Martín Fierro por segunda vez y eso le ha producido un efecto de no ser chica, de no ser la misma y al leer a Borges y a Lamborghini, la sensación de que hay otra cosa; es interesante ese efecto producido por la literatura, la sensación de que hay otra cosa, no de eso que hay ahí, hay otra cosa. Pero también hay en Esther Cross un efecto de, diría yo, de llamado, de tratar de salir del dispositivo de inutilidad que propone la literatura. María del Carmen Sánchez muestra algo singular en la serie. Si el Martín Fierro está narrado en primera persona, "El Fin" está narrado en tercera persona y en primera persona del plural, "Matinales" está narrado en tercera y termina en primera, vemos que Esther Cross narra en primera persona y María del Carmen Sánchez (que localiza el tema del cuerpo y el nombre), en resonancia con Esther Cross, utiliza un "nosotros" que se niega a decir lo que le pasó al leer. Ella lee y de ella tenemos su nombre y el texto. No estoy autorizada a decir lo que le causó al leer estos dos textos, aunque (…)
Ella plantea a los argentinos entre el ideal mortífero y la queja enloquecida, digo aquí que sin dudas la solución del psicoanálisis a esa elección forzada, sólo puede llegar a cada uno que elija el psicoanálisis como solución. Bueno, me referí entonces aquí a lo que ella llama el recurso magistral de Lamborghini, cómo situó el efecto de su lectura de Lamborghini. En cuanto a mí, la invitación a estas jornadas me encontró justamente releyendo el Martín Fierro, o sea que para mí fue directamente, un efecto de sorpresa. Yo lo estaba leyendo, debo decirlo, como si fuera la primera vez; por ejemplo leí, como si fuera la primera vez, la siguiente frase en La Vuelta: "...Allí juramos los dos respetar tan sólo a Dios, de Dios abajo a ninguno...", pero Lamborghini hace perder el respeto que inspira Borges y me hizo reír, efectivamente. ¿Por qué le interesa la literatura al psicoanálisis? y por extensión, ¿Por qué le interesa la escritura? Porque justamente le permite señalar en la escritura el lugar de algo que sobrepasa las significaciones y los significantes en juego y que es el lugar de ese efecto de inutilidad, es decir de satisfacción en el que escribe. ¿De satisfacción de quién? Del que tiene un cuerpo vivo. Por otra parte, la letra en la literatura, nos interesa por el efecto que causa, que también es de satisfacción; una satisfacción que no se reduce al placer sino que comprende el amplio arco de lo que resuena en el cuerpo, desde el horror hasta el alivio y que cuando toma carácter de síntoma puede conducir al psicoanálisis. En consecuencia, si es posible conjugar literatura y psicoanálisis es porque ambos, de distinto modo, permiten acoger la satisfacción singular de cada uno.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   17

similar:

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrimeras Jornadas de Literatura Española

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana de Estudiantes 2010

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma de las VII jornadas antropologicas de literatura y semiotica

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma pre jornadas lugar

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconLiteratura y psicoanálisis

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconLiteratura y psicoanálisis

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma- jornadas internacionales sistema educativo y la cultura en el centenario de la unt

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconXix jornadas de literatura

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconJornadas de literatura, crítica y periodismo

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrimeras manifestaciones de la literatura española






© 2015
contactos
l.exam-10.com