Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis






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Panelista: ANA MEYER
Sorpresas en la sociedad capitalista
¿Desde qué lugar puede el psicoanálisis discutir un texto literario?, no desde su aplicación, sí produciendo intersecciones en el malentendido del discurso, desde la posición del inconsciente y la pulsión, intentando llegar a los discursos de nuestro tiempo.
Eric Laurent, en un reciente trabajo donde hace referencia al episodio del 11 de septiembre, dice que “el acontecimiento y su alcance exceden los comentarios que intentan dar cuenta del mismo, nos habla entonces de un más allá de eso, donde el hecho en sí mismo es un verdadero agujero, y agrega que el trauma, la alucinación, la experiencia de goce perverso son fenómenos que tocan lo real. (1)
Apoyaremos ambos textos en los conceptos fundamentales del psicoanálisis, la angustia y su respuesta, el fantasma partiendo del malentendido esencial de los sexos, que nos conduce a los malos encuentros con el amor como sujetos parlantes, atravesados por el lenguaje.
En “La luna roja” (2) de Roberto Arlt, la luna roja irrumpe produciendo angustia, con su mirada se asemeja a una mancha en un cuadro, desestabiliza la escena y el fantasma no se sostiene. El brillo de la luna ensangrentada opaca el objeto luna, objeto a mirada que incluye lo imposible de alcanzar, aquello donde no se puede mirar en la imagen.
En “La fábrica” (3), de Daniel Moyano, es la fábrica aquello que distorsiona, se trata de un significante extraño al sujeto, “nadie había visto una fábrica en su vida, pero allí estaba la palabra que aseguraba su existencia” (4). Vemos la emergencia de un significante amo S1 que provoca nuevos significantes y causa el deseo. Frente a lo extraño la palabra daba sentido al sin-sentido, como palabra pacificante y productiva. Sobre ese significante se construyó el fantasma de cada uno ante el miedo a lo desconocido, el valor sobredimensionado de la fábrica, el encuentro con ella, los temores, las fantasías que se fueron tejiendo.
El significante –fábrica- dio lugar a la emergencia de otro -dinero-, y su infinita red de asociaciones, ¿llegaría el día en que finalmente lo verían?, ¿qué harían con él?, fantasía de robo, las compras, las mujeres. Por sobretodo, sexualidad y muerte.
A modo de sueño traumático, aparecía la fábrica dando al je una función enajenadora y bordeando lo real, la muerte.
Escenas dantescas como las de Arlt se repiten en el texto de Moyano, la sensación de asombro y fascinación al mismo tiempo, produce una trama intersubjetiva que los universaliza, el encuentro con “¡tú eres eso!” como encuentro con la vicisitud de la pulsión.
Síntoma y mercado marcan, según J. A. Miller (5), los ejes de la inexistencia del Otro en el mundo globalizado. Ya Lacan en 1967 (6) nos anunciaba la incompatibilidad entre capitalismo y mercado laboral, donde el significante dinero conjuga lo singular con lo colectivo y funciona como el objeto que permite regular las relaciones de intercambio. A fin de cuentas toda nuestra experiencia procede del malestar que Freud observa en alguna parte (…) (7)
Al comienzo de “La luna roja”, el autor sitúa el lugar del hombre en la metrópoli y describe los lazos que unen a los seres humanos en la ciudad, no son lazos de sangre sino de poder, lo que de algún modo plantea la desaparición del Otro, todo funciona como familiar aunque al final se impone la repetición inexorable. A diferencia del héroe de la tragedia griega, sus protagonistas no tienen calculado el horror, sólo saben de bienestar: “olvidando que sus cuerpos eran perecederos” (8), aunque sabemos que el sujeto es protagonista de su propio destino. De pronto el acontecimiento inesperado: Mientras el poderío gobierna, “sonreían insolentemente, y todos cuando hablaban de los de abajo, parecían burlarse de algo que con un golpe de sus puños podrían destruir”. (9)
Lacan en el Seminario El envés del psicoanálisis dice que: “El sentido que tiene la sociedad de consumidores proviene de esto, que es lo que constituye su elemento calificado, (…) se le atribuye el equivalente homogéneo de cualquier plus de goce producto de nuestra industria, un plus de goce sin imitación (…) Si se puede simular el plus de goce, eso mantiene a mucha gente entretenida”. (10)
Mientras declinaban responsabilidad, una escena anunciaba la catástrofe, “ocurría algo que rebalsaba la capacidad expresiva de las palabras, y entonces con cierto orden medroso, tratando de aminorar la confusión de la fuga (…), semejante a un monstruo cuyas partículas están ligadas por el jadeo de su propia respiración”. (11)
Aparición de la luna roja: “ojo de sangre” (12), “un cielo más negro que la brea”. (13)
¿Dónde había quedado la estabilidad?, los letreros luminosos que fascinan fueron reemplazados por la angustia de la escena dominante, de la mirada que paraliza. Emerge una mirada sangrienta que los mira desde el firmamento cual ojo facetado de la mantis religiosa, éste es el apólogo utilizado por Lacan, en el Seminario La Angustia, allí, mediante una metáfora explica la sensación de imposibilidad experimentada por todo sujeto frente a la demanda del Otro.
En el cuento de Arlt, todos gritan pues el planeta no se salva. El automatón se fisura, se rompe la facilitación y da paso a la tyché que busca desesperadamente un peligro externo para soportar esa angustia del deseo del Otro.
De “La fábrica”, nos preguntamos qué hicieron con el dinero, ese agalma que convocó tanto. Compraron sombreros de paja de una moda en desuso, sombreros que esperaban a los incautos de la fábrica. Los hombres están por fuera de aquellos que gozan del dinero, pero este significante opera como suplencia del discurso capitalista, no importa qué dice, todos escuchan al amo (alemán-primer mundo), mientras fabrik, conduce al mundo globalizado. Para Marx, la plusvalía hace del capital su principio, el amo desaparece de la escena mientras el imperativo que ordena gozar los atraviesa, entonces, “ya no hace falta nadie ahí”. (14)
En ambos textos se manifestó la sorpresa: “ocurrió un suceso extraño” (15) y frente a la escena se produjo una identificación colectiva, ocurría algo que rebalsaba, era lo unheimlich, lo no familiar que causaba estupor. Podemos pensar que la ciencia hace existir una causalidad programada mientras el trauma va más allá de eso.
Para Lacan, “Lo real se distingue (…) por su separación del campo del principio del placer (…) por el hecho de que su economía (16), en consecuencia, admite algo nuevo que es, justamente, lo imposible”. Lo real como imposibilidad es aquello que al mismo tiempo vuelve al mismo lugar como el eterno retorno de lo idéntico. En los dos cuentos, los personajes se deslumbran por el mundo de la alegoría, propio de la gran ciudad, donde el reino de la mercancía, de la publicidad del signo, sumerge al sujeto en un mundo artificial, en una metáfora de la vida.
“La ciudad corre el riesgo siempre de representarse como galería de la megalópolis mundial”. (17)
Notas

1 Eric Laurent. “El revés del trauma” (conferencia dictada en los Estados Unidos de Norteamérica), inédito.

2 Arlt, Roberto, “La luna roja” (selección), Ed. Colihue, Bs. As., 1994.

3 Moyano, Daniel, “La fábrica” (El monstruo y otros cuentos), CEAL, Bs. As. 1967.

4 Ibidem 3, pág. 20.

5 J-A Miller y E. Laurent, “El Otro que no existe y sus comités de ética”, curso 1996-1997, inédito.

6 J. Lacan, “La Proposición”.

7 J. Lacan, “La tercera”.

8 Ibidem 4, pág. 46.

9 Ibidem 4, pág. 47.

10 J. Lacan, El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, pág. 86, Paidós, Bs. As., 1992.

11 Ibidem 4, pág. 49.

12 Ibidem 4, pág. 51.

13 Ibidem 4, pág. 52.

14 J. Lacan, El Seminario, Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Bs. As.

15 Ibidem 3, pág.48.

16 Ibidem 14.

17 Ibidem 1.

Panelista: Graciela Ruiz
La Otra-cosa y la lógica colectiva
Hay una relación clásica, romántica entre el psicoanálisis y la literatura, fue una relación analógica, que hizo corresponder la figura del detective en su búsqueda por la verdad con la del analista. Según esta mirada el analista desentraña las causas inconscientes a partir del seguimiento de ciertos indicios interpretables. Las historias de detectives terminan con el descubrimiento del asesino, las historias del psicoanálisis (que el cine ha inmortalizado) terminan con la curación como efecto de la revelación de las causas inconscientes. Fue Freud mismo quién ha relacionado la investigación analítica con la arqueológica ofreciendo otra imagen que refuerza la idea del descubrimiento, del revelamiento de la verdad.
Lacan, en la primera parte de su enseñanza, apoya en la estructura del lenguaje la reformulación de la teoría psicoanalítica, conceptos lingüísticos son incorporados a su cuerpo doctrinario. La palabra y el lenguaje en primer plano acercan, a la literatura y a la lingüística al psicoanálisis.

Pero el psicoanálisis no persigue la revelación de una verdad escondida, ni tampoco reduce su intervención al mero juego de palabras o al ejercicio del relato novelado tomado como un fin en sí mismo.
En la última parte de la enseñanza de Lacan, la escritura adquiere un lugar específico, se trata de la escritura cuando no hay más palabras, es la razón de la escritura cuando no hay más que decir, la anulación de toda significación. La escritura es pensada como huella, vacío o rasgo que se produce en el análisis por el progresivo vaciamiento del sentido. El fin del análisis plantea, por este camino, la reducción del objeto a una operatoria lógica para contar con un vacío mediador. Retomaré el punto de la falta de objeto al final. Esta orientación no elude un transitar por las significaciones y por el sentido pero la proliferación significante debe de sufrir una operación de reducción. Es desde esta perspectiva que abordo los textos.


“La Luna Roja” de Roberto Arlt
“Nada lo anunciaba por la tarde”, con esta frase se inicia el cuento y se condiciona un clima que nos predispone al encuentro con un acontecimiento que tiene algo de inesperado aunque no totalmente. Es el clima de una espera angustiosa para el lector, algo va a suceder, pero no se sabe qué es, sí se sabe qué sucederá esa tarde.

Una primer opción para el análisis sería dividir el cuento en tres partes, podrían ser: 1) rutina, 2) acontecimiento imprevisto (aunque no del todo) y 3) efectos. Esta división correspondería a la teoría del trauma.
La primera parte, bajo el clima de espera angustiosa que da el inicio del relato, transcurre en la descripción de un funcionamiento regulado por un automaton. Cada cual en su lugar lo que implica las diferencias sociales, las empresas extranjeras instaladas en el lugar. Todo tiene pleno sentido. El sentido es la norma, como aquello que se repite.
El segundo momento es el punto de inflexión, cuando ocurre “el suceso extraño” (enigmático para el lector hasta el final del cuento) suceso que aparece bajo la forma de una carta. La única lectura posible de la carta es la que puede realizarse sobre la acción que la carta desencadena en el sujeto que es el “primer violín”, no hay acceso al contenido de la carta. El concertino con su movimiento que no es el de la partitura, provoca primero una cierta sorpresa, pero la reacción del público indica algo de un cierto “comprender” lo que está pasando.
Encuentro elementos que me remiten a textos de Lacan como “La Carta robada”, o bien “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”. Textos de determinada época de la enseñanza de Lacan y que nos ponen en el terreno de los problemas de la lógica colectiva. Sobre este último texto, en el 72, Lacan comenta “lo escribí justo después de una guerra (45), en un momento en que evidentemente el futuro no se presentaba nada promisorio”.
Para el psicoanálisis el tiempo no es continuo, se escande según una lógica. Por ejemplo, la del instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. En el primer tiempo el sujeto es impersonal, en el segundo es indefinido salvo por su reciprocidad con el semejante, momento en el cual por “una intuición el sujeto objetiviza algo más que los datos de hecho”. En el tercer momento a partir de una decisión surge el juicio del sujeto. Juicio asertivo que es esencialmente un acto. El acto de concluir. Se trata de una génesis del yo.
En el segundo momento, en el tiempo de comprender, se hace el cálculo sobre lo que no se sabe, y sobre lo que no se ve, momento en el que se queda suspendido del cálculo colectivo. Así entiendo el movimiento en masa que se produce, como dice el cuento “comprendieron que no debían esperar”, comprendieron más allá de “la capacidad expresiva de las palabras”. Sólo el movimiento del semejante y sombras, silencio, zumbidos, no voces humanas. Lo reafirma el frustrado intento del hombre que trepa al balcón llamando a una reflexión “¡Qué pasa amigos!” (…) “Pongámonos de acuerdo”. Evidentemente no se trata de una masa movida por su líder, homogeneizada por una identificación recíproca, el movimiento colectivo es causado por una cosa más inquietante.
La cosa inquietante tiene una versión visual, un ojo de sangre, la luna roja. Se trata de una experiencia de lo indecible, por eso no hay sonidos articulados y el silencio de la multitud llega a hacerse insoportable.
“Inconscientemente todos se llevaron un dedo en los labios, mano en la oreja. No podían quedar dudas”. Se llega al momento de concluir. ¡No queremos la guerra, no, no! Un momento de concluir, un juicio asertivo, totalmente inútil según las consecuencias ya desencadenadas que nos anuncia la última oración. “Comprendían esta vez que el incendio había estallado sobre todo el planeta, y que nadie se salvaría”. Esta vez lo comprendían pero ya era tarde.
“La Fábrica” de Moyano

En el cuento de Moyano también nos encontramos con un movimiento colectivo, el grupo es movido también por “Otra-cosa”, que tiene desde un principio nombre, la fábrica.
“Palabra con sentido mágico” que sostiene la existencia de eso que no se sabe, ni se ve. El afecto es muy diferente, se observa el deseo, el entusiasmo, las ilusiones que esta cosa despierta. Las promesas de poder y dominio, el valor agalmático de la cosa, transforma al semejante en un potencial enemigo en tanto amenaza el acceso a la cosa.
La fábrica emana virtudes idealizadas alcanzando todo lo que se encuentra a su alrededor. Ternura, bondad, generosidad, poder absoluto, belleza donaire, perfección en el ser.
La posibilidad de realización de esos deseos que la fábrica despierta, provoca miedo y desconfianza.
Pacheco comienza siendo testigo de cierto principio de caos dentro de la fábrica, además es a través de quien se comienza a vislumbrar el quiebre de la magia. Es él quien detecta que al mes de estar en la fábrica “ellos eran otros”. “Soñaba menos y hablaba de otro modo”. La certeza del cambio la tuvo cuando perdió la posibilidad de rememorar la intimidad clara y transparente del cuerpo de su mujer.
Algo se ha alterado de las condiciones particulares de su deseo y de la forma del goce privado que él tenía. Es por eso que los ve mutilados a sus compañeros, algo se les ha quitado.
La compensación por aquello que se les ha quitado es el dinero, al cobrar la cantidad de dinero se introduce un “plus de goce” que perturba, es un exceso que no encuentra un marco propio que lo contenga. “Iban a ser poderosos, iban a poder hacer muchas cosas vedadas, ni siquiera presentidas (…) dos mujeres por noche, cien velas al santo etc...
Pacheco siente que en realidad no necesitaba ese dinero, idea que aparece en la voz de su mujer “vamos a tener que estar separados, por un poco de plata”. Pero después de haber estado en la fábrica era absurdo oír esa frase.
En la ciudad y bajo el efecto de la irrealización producida por ella Pacheco ve. Ve “más allá de la saciedad” o sea ve “Más allá del principio del placer”, ve cerrando los ojos, ve la muerte y ve en la escena lo que transgrede desde el principio de gravedad hasta cualquier otra ley. También ve la muerte de su mujer.
El estallido de imágenes y sensaciones encuentra sobre el final la regulación externa que viene de la fábrica, el horario, el camión que los espera. La regulación del goce por algo externo que no es la ley del propio deseo.
Una frase de Lacan: “El deseo, el hastío, el enclaustramiento, la rebeldía, la oración, la vigilia, (…) el pánico en fin están ahí para darnos testimonio de la dimensión de ese Otro sitio, y para llamar sobre él nuestra atención, no digo en cuanto simples estados de ánimo (...), sino mucho más considerablemente en cuanto principios permanentes de las organizaciones colectivas, fuera de las cuales no parece que la vida humana pueda mantenerse mucho tiempo”. (De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, punto III “Con Freud”. Escritos II.)
Más adelante Lacan sugiere hacer la juntura de ese Otro sitio con el lugar, presente para todos y cerrado a cada uno, donde Freud descubrió el inconsciente. Se trata de la juntura entre lo singular y lo colectivo.
Para Freud la evidencia de lo colectivo tomaba la forma de la masa, la iglesia y el ejército. Para Lacan el discurso es la forma de tratamiento de este deseo de Otra-cosa, siempre presente en la experiencia subjetiva. Quizás podríamos hacer avanzar el análisis de los cuentos contando con la lógica del discurso del amo y del discurso capitalista.
Sobre la juntura entre lo singular y lo colectivo me guío por el trabajo de Eric Laurent sobre “Siete problemas de lógica colectiva en la experiencia del psicoanálisis según las enseñanzas de Lacan”.
Resumiendo: Para Lacan la articulación radical del sujeto es a una falta de objeto como centro, esto no es negativo sino la fuerza de la relación del sujeto y del mundo, de ahí la importancia del concepto de castración. Este objeto separado del sujeto se ofrece al campo del Otro y el sujeto hace con ello argumento de su deseo de Otro. Lo más interior es exteriorizado. Se abandona un órgano al Otro para que dé otro que sea más adecuado para el goce. La ley que prohíbe así el goce auto erótico generalmente encuentra en el padre su representatividad. El padre pide esa renuncia al goce. Pero en esa juntura con lo colectivo vemos que hay dioses más obscuros que los padres, ante los cuales el sujeto puede sacrificarse en vías de una promesa de otro goce. Claramente en la Iglesia se observa la promesa de un goce futuro. Sabemos que no se subvierten estas condiciones de estructura para la instauración de un sujeto por la vía de liberarse de lo prohibido.
La consideración de Lacan sobre las grandes formas sociales se centra en torno a este punto de sacrificio a los “dioses obscuros”, expresión utilizada en el Seminario XI. Sacrificio que para Lacan, según el comentario de Eric Laurent, es “el obstáculo a toda articulación de la historia como lógica colectiva orientada por el progreso, el sentido y toda forma de providencia sea cual fuere”.
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