Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis






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Articula: Nicolás Peyceré
Articulación Quiroga / Demitrópulos
LOS ESCRITORES ENSEÑAN. De esto tenía una buena idea Freud. Ahora estamos en presencia de cuatro críticas, donde podemos decir que tal idea está expresada. Son cuatro críticas, muy felices, muy logradas a mi manera de ver, que comentan sobre un cuento de Horacio Quiroga y una novela de Libertad Demitrópulos. Que nos llevan por los caminos hechizantes de esas literaturas, que nos empujan, nos obligan a pensar en unas direcciones nuevas. En unas direcciones acaso no previstas por nuestros pensamientos.
La idea de condensarse y la idea de arrellanarse a partir de la crítica de Noemí Ulla. Ella enfrenta en su análisis el acto literario en "La gallina degollada", y señala el patetismo sintético y contundente, casi diríamos cortante, que lleva al lector a una sensación de "condensación" y precipitación de los hechos. En tanto que El río de las congojas extiende a largas unas evocaciones acerca de los ajusticiados, produciendo en el lector la sensación de poder arrellanarse en esa lectura.
También señala con acierto la distinción de Noé Jitrik, entre las muertes tradicionales que pertenecen al bagaje de lo leído, y las muertes propias, que se marcan agudamente en la misma historia de la vida de Horacio Quiroga, con las catástrofes muertes, de su padre, su padrastro, su mujer y su hijo.
En la novela aparecen los hechos históricos que se componen parecidamente al estilo crónica americana. Este estilo que es uno de los elemento que hacen a una esencia de lo que podríamos llamar, lo americano. Entonces se destaca en esta literatura la aparición de regionalismos. Y es una escritura puesta en tercera persona y puesta en una historia ya pasada. En tanto que el cuento de Quiroga se dice fundamentalmente en primera persona y no se vuelca a los regionalismos.
La honestidad de la delincuencia, según Jorge Madrazo. Porque él habla de un delincuente de la lengua, de un violador de la letra de la ley y de la letra como ley. Casi una escritura puesta contra el hablar comunitario. Y hasta se podría destacar que se trata de un delincuente honesto; en tanto que será deshonesto el que se ha establecido como sumiso servidor de las hablas e ideas comunitarias. Y la honestidad sería un elegir otros supuestos para el trabajo de la expresividad.
Y dice Madrazo que en el cuento de Quiroga, "la normal" es degollada por aquellos que pudieran reunirse bajo la denominación de, lo Otro absoluto. Entonces queda sugerido que el Otro del psicoanálisis no es un Tesoro de significantes, sino algo que subyace, un no-lenguaje, o, en todo caso, como un lenguaje-afuera; un monstruo.
Mientras que Demitrópulos hace transitar en su novela un "festival de deseos". Y nos preguntamos: ¿Es ese festival de deseos un modo de separarnos de ese no-lenguaje?
La repetición situada. Según Pablo Russo. Es tal vez un punto tan sutil como interesante en el texto abigarrado de Pablo. Pero también rápidamente nos dice otras cosas. Habla del texto de Demitrópulos para señalar que es sabido que desde la antigüedad cada pueblo suele tener un lugar para los muertos. Así los muertos no se vuelven omnipresentes. Están, colocados, no vagantes. Desde allí no podrán hacer apariciones.
El cuento de Quiroga, la normal está, colocada, pero dentro del ámbito de la locura. Donde se tratará de repetir una ceremonia. Para que la repetición sea igual. Para que por siempre exista lo mismo. Para la continuidad de la alegría de los monstruos de simplemente comer y ver el atardecer frente a un muro. Frente a una detención de las cosas.
Pero en la novela la alegría de la repetición, del recuerdo de un devenir de pecados de desear y despreciar, es, se trata de "repeticiones situadas", de colocaciones. Y son repeticiones donde, como siempre, aparece el fracaso. Porque lo situado y lo contingente interrumpen, arruinan la imaginación para la exactitud de un automatismo.
¿Habrá, se pregunta Lacan, un pasado sin ninguna subyacencia de repetición? Acaso el pasado marcado oscuramente en la biología y en la crianza subyacen; y hacen el sujeto. Y digamos la palabra que usa Freíd, nachträglich. Que es también la palabra rencor. Que se ovilla para desaparecer y se desovilla para surgir de nuevo. Para que seamos sujetos, pero en la forma de río de congojas.
La alegría de la literatura es también un tema de Mabel Gutmark. Ella nos habla de los monstruos del cuento y de los bastardos de la novela. Ellos no tienen bucles, o ellos no son españoles. Entonces la búsqueda de la causa del mal aparece, diversamente, en ambos ejemplos literarios.
Se habla además de una alegría que es consistente, y que se halla también en la misma tristeza. Se podría decir que no hay tragedias en la literatura. Porque siempre, siempre y de modo consistente, nos hallamos ahí, soportando una alegría. Que es una alegría propia de la alta literatura, propia de la escritura misma.

Articula: Leonor Fefer
Ideas introductorias y primeras aproximaciones a la tarea de articuladora

Deseo agradecer a Liliana Heer y a Arturo Frydman, que han tenido la gentileza de invitarme a participar de estas Jornadas denominadas "Autopistas de la palabra". Me honra y al mismo tiempo me compromete la confianza depositada en la tarea para la que fui convocada.
Punto 1. Una cuestión es pensar porqué articular Psicoanálisis y Literatura: no se trata de demostrar ninguna intersección ni coincidencia.

Pablo Russo comienza su escritura con palabras que, como él mismo dice, podrían pertenecer al campo psicoanalítico como al de la literatura, espacio que podría ser común. Son las palabras que le despertaron los textos. Claro que esas palabras están diciendo lo que de ellos resonó en él.

Es, como dice Jacques-Alain Miller acerca de un poema de Andrade, es la tierra la que habla, y hace a lo poemático de las cosas, pero no por hablar, o escribir, sino que es la tierra la que habla (sustancia gozante) y el poeta le presta su voz y escribe, canta, pinta. La tierra, "eso" habla porque hay seres hablantes. La tierra dice sí cuando camino y dice no cuando encuentro la piedra-obstáculo.
Estas Jornadas de Literatura y Psicoanálisis nos hacen sentir todas las cercanías en las que nos encontramos, en tanto se trata en ambos casos de un artesanado, de un trabajo con las letras para atravesarlas llegando a extraerles su letra, su hueso, su etimología, su raíz invariante.

Compartimos una vecindad, y es la búsqueda de un saber hacer con las letras, que nos posibilite atravesar los textos, internarnos más allá de su sintaxis, para dejarnos afectar por lo que de ellos resuena en nosotros, hasta perdernos, desdibujarnos en ellos, sentir el cuerpo al vibrar por la poética de algunas palabras escritas, por cierta cadencia en la musicalidad de la escritura, por lo que del escrito se ha quedado en los bordes de las páginas, del cuerpo del cuento, del cuerpo de la novela, en los pliegues que construyen cuerpo de escritores, de lectores.

Lo afectado hace cuerpo, letras a leer que nos vuelven a afectar, efectos de voz que hacen lazo, que transmiten y hacen cuerpo de escritura, poema. Bordeamiento del vacío.
Y digo esto cuando al mismo tiempo, no puedo dejar de recordar que Jacques Lacan, en su encuentro con Chomsky en Estados Unidos se da cuenta de la enorme distancia en la que se encuentran, precisamente en el momento en que éste se refiere al cuerpo: la consideración de algo que se presenta como un cuerpo concebido como provisto de órganos, implica en esta concepción chomskiana, que el órgano es una herramienta, herramienta para agarrar, de aprehensión.

Además no hay objeción de principio a que la herramienta se aprehenda a sí misma como tal. No hay inconveniente a que el lenguaje sea considerado por él como determinado por un hecho genético, que, en otros términos, el lenguaje sea él mismo un órgano.

Pero yo he tomado esta idea de aprehensión de otro modo: es interesante ya que es lo que ha operado en mí como lectora de los textos que me fueron enviados.

De algún modo, me ha parecido que aprehender, eso, es el acto de leer. Y en esa aprehensión queda incluido tanto el texto escrito, como el texto que surgió de su lectura, como este efecto que me produjo a mí misma incluida en esta experiencia novedosa por la que pasé al prepararme para esta mesa, y por la que sigo pasando en este momento en que estoy aquí, dejándome otra vez traspasar por los decires que pasan cuando hablamos.
¿Cómo intervenir en nombre del psicoanálisis?

El camino esencial del ser hablante es el camino de su palabra, y ahí coincidimos psicoanálisis, literatura, etc. Pero además, el camino que le permanece invisible, inaudible, desconocido, es también la piedra de su camino de palabra.

Y es ahí sí que situaría la diferencia: el ser hablante sólo sabe que está en el camino de su palabra, cuando está en transferencia, en un trabajo analítico. Es sólo ahí que puede saber que en ese camino hay una piedra.
Punto 2: "Autopistas de la palabra" como diversos modos en que al circular, hace lazo.

Estas Jornadas nos proponen mostrar las diferentes maneras de traducir, leer, recibir que se manifiestan por ejemplo en esta mesa, en las 4 versiones que se han escrito sobre la lectura de los dos textos ofrecidos para ello: un cuento de Horacio Quiroga "La gallina degollada" y el primer capítulo de una novela de Libertad Demitrópulos, Río de congojas.

¿Se trata de hacer metalenguaje? O en todo caso, si no es eso, ¿cómo hacer para no llegar a que se transforme en él?.

Me detengo un momento en el nombre de Roland Barthes, cuando nos enseñó que no hay texto sobre otro texto que no sea a su vez texto regido por las marcas de la subjetividad, y por el placer.
Nos dice Barthes sobre el estilo: "El estilo sirve para elogiar un valor nuevo, la escritura, que es por su parte, desbordamiento que arrastra al estilo hacia otras regiones de la lengua y del sujeto, lejos de un código literario clasificado. La lengua está más acá de la Literatura. El estilo casi más allá: imagen, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor....".
Entonces, los textos que presentaron los panelistas, escritos respecto de los textos que se escribieron hace tiempo, ya son subjetivados por ellos como sus lectores y ahora nosotros, sus articuladores, le damos nuestra subjetividad a dicha articulación.

Pero además, se trata de contribuir, sin que esto sea una lectura guiada, dejando la responsabilidad al lector, consecuente con Diane Wakowski quien nos advierte que el Tao no le da a cada uno la misma idea de montaña.

Y sin que esto sea una sobre lectura, una lectura de la lectura que, como diría Borges, "en la triste mayoría de los casos linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género".

Bueno pero entonces, renuevo mi pregunta:

¿Qué implica la articulación de los trabajos de lectura?

Invitada a participar de esta mesa de Literatura y Psicoanálisis, en calidad de articuladora, no pude menos que comenzar a preguntarme por ese nombre que se me había otorgado, nombre que evidentemente se correspondía con una función que debía desempeñar. ¿Pero cuál era dicha función? ¿Qué se supone que debe hacer un articulador en relación a los trabajos que se han escrito sobre los textos propuestos?

Quizás se refiera a encontrar sus líneas de encuentro o las de desencuentro entre ellos, ya que se trata de escrituras realizadas como efecto de lectura de textos, todos, los 4 han leído los mismos textos, pero les ha resonado de modo particular a cada uno, seguramente, entonces, ahí ya voy encontrando una primera pista para la tarea a realizar aquí.

Mi tarea es con las letras que ellos han producido al haber sido tocados por la letra del texto leído.

Y eso es un hecho singular: la resonancia de un texto no puede ser la misma para todos.

Podemos pensar que hay entendimiento común, respecto del sentido del texto. Pero cada uno se aproxima a lo que lee, desde su lugar, que le es propio, y en ese momento. Quizás no sea el mismo en otro.

Cada momento de lectura, cada momento de escritura es singular y hay ya ahí una diferencia entre los cuatro textos: sus letras no dicen lo mismo. La resonancia es la de cada uno y para cada uno, uno por uno.

Entonces se trata de encontrar de qué modo particular ha resonado el texto de Quiroga y el de Demitrópulos en cada uno de los cuatro panelistas que se encuentran aquí.
También me pregunté porqué se habían juntado estos dos textos, si es por azar o si ya hubo en la elección y juntura una decisión.

El cuento tiene una exigencia de estructura: el tiempo acotado.

En el cuento, como en un puño cerrado, está todo apretado, conciso.

La novela en cambio, es como el río: un fluir permanente del tiempo, como encontramos en Río de congojas precisamente: 100 años y un río que fluye y que haciendo de eje central posibilita desplegar relatos, historias, devenires que, lamentablemente no podemos captar en toda su riqueza, al habernos dedicado solamente a su primer capítulo.

Quizás podríamos pensar en ello.

Un primer capítulo es una introducción, es un anuncio, una puesta en clima, casi un perfume que anuncia la historia que seguirá, pero es eso, sólo un tentador perfume, un suave tintinear del fluir de ese río de las congojas....no es la historia todavía.

Pero lo cierto es que aún siendo un capítulo, es el texto que tenemos.
Aunque es verdad que puedo recibir la alegría de Blas de Acuña, ese joven pescador y músico que relatará la historia de este río que, para decirlo poéticamente, con palabras de su autora Libertad Demitrópulos, "El agua no tiene sinembargos; se va en limpideces".

Puedo saber ya con este capítulo que enfrentado al infierno, vivirá la alegría del río, impasible, y la vivirá distinto que el modo en que vive la tierra, esa que es hollada, poseída, traicionada y abandonada.

Porque el pescador, que es hombre de río, encuentra en ese organismo vivo, la posibilidad de ser dueño, de ser señor, cuando antes había rechazado todo mando.
Encuentro sin embargo algunas cuestiones comunes a los dos textos que son motivo de trabajo de esta mesa: es la muerte, la violencia, el degollamiento, el sacrificio.

Eso traza un cierto parentesco temático.

He llegado a pensar por ello, que a pesar de mi extrañeza ya expuesta respecto del porqué se habrían puesto en tensión estos dos escritos, me ha parecido que estas cuestiones que tienen en común da razón a la elección de los organizadores.

Pero de todos modos destacaría también sus diferencias:

En el cuento "La gallina degollada" de Horacio Quiroga, el cuento es como un objeto de relojería. Todo está en tensión con el desenlace horroroso.

Además en cuanto a lo familiar: lo monstruoso de la filiación crea un clima totalmente diferente al que crea el río aunque se trate de un río de congojas.

Allí el eje es la ambición, la traición, el deseo de poder y mando, el poderío y la posesión de la tierra.

Efectivamente qué mundos tan diversos!

En uno la familia cerrada en el drama de la repetición de una deformación que se perpetúa. En el otro el discurrir de 100 años de una historia criminal de traiciones y de abandonos.

En el cuento late y hace vibrar el lazo mudo del horror y de la ausencia del amor de los padres. En la novela lo que late es la épica guerrera de la conquista y la violación de las mujeres y de la tierra "desencantanda".

Entonces bien, sí, hay degüellos en ambos. Pero ¿es suficiente para emparentarlos? Las respuestas posibles están en el trabajo que cada uno de los cuatro panelistas de esta mesa ha encontrado al leer los textos. Vayamos a ellos entonces.
Jorge Ariel Madrazo: Texto para AUTOPISTAS DE LA PALABRA

La propuesta inicial es muy interesante pues dice del empuje y del deseo respecto de un objeto que se desliza metonímicamente bajo los enunciados del ser hablante, imposible de atrapar.

Me gustaría si se puede abrir qué quiere decir "objeto último de toda escritura en verdad creativa". Pues encuentro ahí un modo de decir del imposible de la lengua, imposibilidad de una verdad toda, que sólo puede decirse a medias, imposible del saber: dice "No hay".

Y agrega que en estos dos escritos esto se dice con una clave trágica-épica.
Es muy interesante cómo de las letras hace surgir un cuerpo vivo, ése que en psicoanálisis consideramos trazado por el trayecto de la letra en los bordes de un vacío, letra como litoral. Y vivo pues es un cuerpo que goza, sensible, que puede ser afectado...

Y efectivamente se trata de que el cuerpo vivo que sale de las letras, sólo sale si la mirada sobre ellas las puede atravesar, hacer caer, llegar al germen del nombrar y por eso el cuerpo vivo.

Quiebre entonces, de la identificación texto-lector, pues se trata de torsiones que es decir de las inflexiones de la lengua hasta que se pueda arrancar su raíz, su invariante, su etimología, esa que se corresponde con lo que Lacan llamó lalangue...sonoridad materna inaugural, condición doble de sonido y palabra que funda al ser hablante en los bordes de lo que Madrazo nombra "ajenidad" o "lo no-yo": leer en las letras para arrancarles su letra, es llegar a ese punto fundante de la escritura, a ese rasgo que habita en el parletre como en su casa, siéndole lo más familiar y más extranjero!
Me ha parecido riquísima la expresión "delincuentes de la lengua", pero ¿podrían no serlo? ¿Acaso son ellos los dueños de ella? ¿no es que la toman del Otro y por eso adquieren un "falso ser" en tanto seres hablantes?

Cito un párrafo de Severo Sarduy, escritor cubano, quien en 1969 en un ensayo “Escrito sobre un cuerpo” sobre Sade, Bataille, Marmori, Cortázar y Elizondo, decía hablando de Sade: "El perverso explora un instante; en la vasta combinatoria sexual sólo un juego lo seduce y justifica....Y es por llegar a lo inasible, por unir realidad y deseo, por coincidir con su propio fantasma que el perverso transgrede toda ley".
Luego vemos que Madrazo señala algo en común entre ambos textos: el feroz crimen, los cuerpos degollados.

Si bien son hermanados en cuanto a referirse a lo sangrante del cuerpo del país, el lenguaje, dice Madrazo, difiere notablemente, y así el contexto y su carga simbólica.

Para demostrar estas diferencias narrativas, Madrazo analiza ambos textos más detalladamente.

El cuento de Quiroga con sus influencias, queda situado así en el ámbito del horror puro. Retomando quizás situaciones de su propia vida, con lo cual se estaría articulando a la diferencia que se hace de "muerte propia" y "muerte”...

La "normal", la norma, es degollada así por lo-Otro absoluto, la No-Lengua, lo innominado.

¿A qué se refiere con este "lo Otro absoluto", esa No-Lengua, lo innominado?

Todo eso es lo que degüella la norma, lo normal. Demasiado simplista si fuera sólo eso: me parece que dice más y me gustaría abrir este punto.
Ahora avanza Madrazo, con la novela de Demitrópulos diciendo que es magnífica.

Hace aparecer en vez de los monstruos, el "diferente", quizás son los bastardos de los que habla Noemí Ulla.

Madrazo dice de estas letras que tienen un "sabio desvío sintáctico, desafiante de la lógica realista".
Madrazo avanza en este punto hacia otros ejes de la novela que exceden el capítulo que leímos. Se refiere entonces a "los múltiples planos de subordinación entre cuerpos-almas en conflicto", y establece un paralelo con el cuento de Quiroga en cuanto al cuerpo que reina, según dice "omnímodo".
E introduce hacia el final una pregunta interesante poniendo en tensión ambos textos respecto de la Ley:

"¿Desprecio a las mezquinas ambiciones de sus compañeros, o más aún respeto reverencial y temor-simpatía hacia esa Ley vengativa representada por Garay, Ley que en el cuento de Quiroga fue la víctima de los diferentes?"

Pero ¿cómo es que la Ley es víctima de los diferentes?

Y una última comparación textual, donde deja la maestría narrativa en las letras de esta novela, mientras queda en el muro enladrillado de Quiroga una división que dejaba del otro lado la "otredad absoluta de los monstruos", esos fuera-lengua.

Se trata de una sintaxis viva que enlaza espacios públicos y privados en la novela, sin linealidades discursivas, con una dialéctica transhistórica, como define su propia autora.

Esta novela nos permite conocer la fecundidad de la historia, con personajes profundos en sus pasiones, sus posiciones, y lo que señala Madrazo al final: "una vida-muerte" que para él está dibujada como unidad imposible de separar.

Nuevamente me parece que se puede decir que se trata de la presencia del germen del nombrar en la vida y en la muerte en que la materia se pliega y repliega, volviendo a replegarse y a reorganizarse de acuerdo a cada especie.
Mabel Gutmark. Un destino funesto. Interesante cómo comienza su lectura Mabel Gutmark, al situar el río y el muro como pantalla a la manera de una proyección cinematográfica. Lo que me produjo, lo que me posibilitó a mí extraer de su lectura, la condición de velo que tiene la pantalla, velo fantasmático. Pero sobre todo, su condición de borde de la escena en ambos casos.

Es en ese borde donde se producirá en cada caso, lo oscuro, el goce.

Me gustaría que pudiéramos luego establecer un diálogo con Mabel Gutmark respecto de estas pantallas, o borde, orilla, muro donde resuena la voz de la niña.

Equipara luego los dos textos tomando a ambos por su rasgo siniestro: es decir, ubica el rasgo. Aunque su uso es diferenciado: para el cuento por el lado de lo que se repite del destino. Para la novela, como imposibilidad de modificación de un rumbo que entonces ya estaría trazado.

Lo siniestro, para el psicoanálisis, tiene una connotación muy especial, ya que es una noción ya introducida por Freud para dar cuenta de algo que aparece, del orden de lo extraño y lo familiar a la vez: unheimlich, y que por ello aterroriza.

Dos dramas sangrientos: uno en forma de cuento, otro como novela. ¿Se aproxima del mismo modo el lector a una estructura de escritura que a la otra?
Sería interesante quizás abrir lo que queda dicho por Mabel, su decir, pues quizás no sea lo mismo el retorno del dolor del fracaso que el aplastamiento de las ilusiones!.

¿Habría que homologarlas?

En cuanto a la elección, qué decir sino que hay una elección forzada, para poder entrar al orden del significante, nombrado en la cadena.

El degüello, efectivamente, borra la diferencia….
Luego usa el término "periplo", y es interesante el uso del término "periplo" o "recorrido", pues efectivamente, son empujados hacia ese borde, por la pulsión, que es de muerte, que busca satisfacerse sólo con su recorrido.
"Pero lo que estos despueses seguro verifican es que implacablemente al final el logro será fallido, que el hijo será idiota, que en la tierra prometida es imposible evitar el sufrimiento de las plagas y los indios", dice Gutmark.

Pero si el destino está ya escrito ¿para qué el psicoanálisis?

Que haya un punto de imposibilidad, que quede un resto ineliminable, no impide que se pueda producir una verdadera transformación de la posición del sujeto respecto de su vida, de lo que se llama "su destino"...
Y el saber que transmiten los cuentos es que no hay redención si no se ama el producto que alcanzan los anhelos, escribe Mabel Gutmark.

Me parece escuchar un discurso casi religioso que me posibilita entender lo ya dicho, como el destino imposible de modificar: es lo que Dios ha puesto en mi camino. La verdadera vida viene después de padecer en ésta.

Pero ¿qué es el producto que alcanzan los anhelos? Los hijos monstruos ¿son así porque no son amados en tanto fueron anhelados? Puede ser para la psicosis, pero...

Luego queda situada la culpa que hay que pagar, por los pecados que quedaron sin pagar en el pasado, entonces hay que saldar esa deuda.
En principio estaría en desacuerdo en comparar la ambición del conquistador que maltrata al pobre indio, con lo monstruoso del que quedó fuera de la lengua o con la lengua afuera, esos que ya están degollados, pues no tienen cabeza sobre sus cuerpos quietos.

La maldición del amor no hace más que confirmar que ese amor es engañoso ya que, como lo describe Lacan es un amor mortífero que busca dar lo que no se tiene a alguien que no lo es, se ama en el otro aquello que se supone va a completar al sujeto, ese brillo fálico, que incluye la mal-dicción del sexo!.

La desesperanza: perder la esperanza es reconocer que no hay relación, es perder el aún!.
En el camino del bien el parlante ser encuentra la desgracia.....

La conclusión es parecida: corrió sangre, rodaron las cabezas.

Es efectivamente el camino del bien, en el caso del matrimonio que busca tener su familia, sus hijitos, etc... pero ¿es así en la conquista de tierras? ¿para quién es éste el camino del bien?.

Bien. Se trata de homologías, que nos muestra, según Mabel que el mal puede dar lugar a monstruos, o a bastardos, y que en ambos casos, se culpará al otro, falseando las alianzas. Claro que en el caso de los bastardos, hijos de españoles e indias, no hay alianza, sino que se culpará a las indias que son las que traerían el mal.

Entonces: el acento es cuáles son las causas del mal!

Y parece que se trata de la alteración que se produce en la relación entre hombres y mujeres.

Pero hay algo más y es un punto donde Mabel diferencia ambos textos:

Se trata de la alegría en la tristeza! Yo vuelvo a leer un mensaje religioso en ello, no me parece que haya encontrado la diferencia el lector.

Porque de ser así, también los idiotas del cuento están alegres, se ríen y brillan sus ojos mirando el muro, el sol, la sangre!
Ahora, se trata de que ese río, que en el comienzo pensé como borde, es el que tiene en su fluir permanente, una marca indeleble, y son los pasos, las huellas del Padre, el Nombre del Padre.

Es en ese borde donde se encuentran cuerpo, nombre, padecimiento.

Pero ¿y la alegría?
Linaje se distingue de linajudo. Los empecinados del orgullo, señores sin lacayos. Son los que abandonan la tierra por la que pelearon. Los que tendrían de nuevo que empezar furiosos, vociferando, renegando. Ahí se van. ¿Para que lidiaron por la tierra? Ahí queda el protagonista, señor, al fin, de las ruinas.

No me queda muy claro esto que se dice hacia el final de su lectura, quizás quisiera Mabel Gutmark decir más en este punto.

Entonces ¿hay una visión religiosa de destino, de culpa, de castigo, de destino funesto?.
De la vida y de la muerte en dos textos narrativos. Noemí Ulla

Noemí Ulla propone una reunión de ambos textos, que se daría por los hechos de violencia.

Ubica la narración de la novela en primera persona, y centrada en el sometimiento. Mientras que en el cuento se trata de una clásica tercera persona, y del horror del crimen, comparado con otros cuentos del mismo autor.

¿Quisiera quizás referirse ahora a algún cuento que muestre una diferencia con éste?.

Hay en Demitrópulos un tono poético, dice Noemí Ulla, en la primera voz narradora de los hechos de violencia, sometimiento de los bastardos, rebelión y castigo, muerte.
Y define con claridad el contrapunto que va estableciendo entre los dos textos, ya que en uno queda el sometimiento y en el cuento es el abandono y desamparo, aunque las ubica como modos del sometimiento.

Recurre a comparar el esquema argumentativo con otros textos de nuestra literatura. Sometimiento e injusticia, castigo con muerte para los rebeldes.

Citando a Noé Jitrik en un estudio dedicado a Horacio Quiroga, distingue en él una propuesta binaria: lo que se llaman las muertes tradicionales y las muertes propias. Esto no está en Demitrópulos.

Implica la muerte que es relato casi histórico, y la que se padece por ser muy cercana, familiar. Con influencias de Maupassant en este cuento, y de Dostoievsky y Jack London en otros.
En "Los desterrados" Quiroga trata la muerte propia en cuentos originales de regionalismo misionero.

Insiste en este contrapunto, en esta diversidad respecto del tratamiento de la muerte en un caso y en otro, una apoyada en la fantasía, otra en la historia.
Aquí no importa la verdad de los hechos sino la imaginación que despierte el horror.

Ulla hace alguna consideración sobre el lenguaje de ambos textos: otra diferencia.

En la novela se cuenta algo ocurrido hace 100 años.

En el cuento algo va sucediendo a nuestra mirada, introduciendo el pasado y el horror final.

En la novela se habla en primera persona, con sintaxis propia y cierto regionalismo, tonalidad de la voz.

En el cuento que leemos no hay regionalismos, aunque sí en otros del mismo autor, posteriores.

Así pues señala Ulla este contrapunto entre los dos textos, uno en tercera persona, otro en primera.
En el cuento la emoción no es causada por la narración del texto, sino que ella surge de la presentación de los hechos mismos. Hay violencia en acto.

En Demitrópulos hay evocación de la violencia.

Dos modos diferentes de narrar hechos sangrientos en la tradición literaria argentina.
Bueno, Noemí Ulla realiza una prolija lectura de ambos textos narrativos, estableciendo semejanzas y comparaciones, tomando una considerable distancia respecto de ellos. Pero me deja en los bordes de algo no desplegado, sólo medio dicho en su título: "La vida y la muerte en dos textos narrativos", quizás lo que me despierte sea un deseo de saber más acerca de esta distinción, casi clasificación ¿habría una vida sin muerte, o una muerte sin vida o una muerte en vida, etc? ¿Cómo piensa esta escritora estas cuestiones fundamentales de la existencia?

Me gustaría si se pudiera hacer una comparación entre estas cuestiones tal como las piensa Noemí Ulla y el modo en que lo dice Madrazo:

"En cambio, en la sintaxis viviente y la no linealidad discursiva de Demitrópulos, el espacio de la novela acoge la dialéctica de una fecunda "transhistoria", como la propia autora definió. En tal marco, los personajes enriquecen y profundizan sus identidades, sus pasiones y una vida-muerte vista como unidad inescindible."

Esta novela nos permite conocer la fecundidad de la historia, con personajes profundos en sus pasiones, sus posiciones, y lo que señala Madrazo al final: "una vida-muerte" que para él está dibujada como unidad imposible de separar.

Nuevamente me parece que se puede decir que se trata de la presencia del germen del nombrar en la vida y en la muerte en que la materia se pliega y repliega, volviendo a replegarse y a reorganizarse de acuerdo a cada especie.
El fin de lo mismo. Pablo Russo

Las palabras inaugurales de la lectura que hace Pablo Russo, de los textos propuestos, se refieren a términos que bien podrían ser compartidos por la literatura como por el psicoanálisis, como si se pudieran situar en un espacio común, pero al mismo tiempo dice que no se demuestra con ello ni intersección ni coincidencia. Esta afirmación me lleva a la pregunta acerca de la articulación que podríamos pensar allí, ya que se trata de las dichomansiones de la palabra, de la escritura, de la materialidad de la letra, que no sólo es una materialidad de grafito.

Luego diferencia netamente ambos textos, y agrega una frase muy valiosa, aunque me gustaría saber más porqué dice "los artistas":

"Desde donde puedo hablar, intentando dejarme enseñar por los artistas, lo más atractivo se perfila no en lo común y universal sino en lo diverso y singular".

Entonces Russo va a tomar los dos textos a partir de 3 ejes que son, el primero, la filiación. Luego va a tomar el fluir versus la inercia, y por último la repetición o mismidad respecto de la contingencia.
Aquí, a partir de preguntas interesantes acerca de qué cosa es una familia, que la reúne, si es el amor, si es el destino, la historia, cuáles son los límites de filiación.

También pone del lado de lo familiar la soledad respecto del gran Otro, el horror "habitando lo más vivo".

Y afirma que desde el psicoanálisis es conveniente sostenerse fuera-de-lo-familiar, no comprender, no cuidar, posiciones de maternaje que no sirven a la cura.
Aclarado este punto se dispone a comparar, poniendo en tensión y diferenciando esto en ambos textos. Primero respecto de la novela y lo que hay de traiciones filiales en ella:

Y luego se refiere a lo que difiere en el cuento de Quiroga, que trae a la superficie lo innombrable, la muerte de un hijo, el "Padre, no ves que estoy ardiendo".

Me da curiosidad este punto, quizás Pablo quiera tomar este punto en relación al famoso sueño de Freud.
"En esto el cuento de Quiroga difiere no sólo porque trate de la violenta muerte de un hijo, que ya convoca lo innombrable, lo imposible de inscribir, sino porque vía el acecho de la locura, el desenlace demuestra lo que se presiente en el desarrollo: la irrupción de la muerte instila horror en la vida".

Irrupción de la muerte que inyecta el horror en la vida.

¿Habría vida sin muerte? Se diferencia aquí de la lectura de Madrazo. ¿Y de Ulla?
El cuento de Quiroga parece dirigirse hacia aquello inevitable que el personaje de Demitrópulos reviste con la valentía, el río y la alegría.

En el cuento lo inevitable, en la novela queda tapado con la valentía, el río y la alegría.

Lo que en "La gallina degollada" aparece inicialmente como marcas de un destino trágico, se va significando paulatinamente alrededor de la idea de lo hereditario.

¿Se trata de un destino que se hereda, inevitable?.

Podría ser, nos dice Pablo Russo, que los personajes pagaran así su deuda de existir, deuda no pagada por sus antepasados.
Quietud e inundación.

Aquí se trabaja el río como un fluir constante, pero en el que hay un ombligo inconmensurable, imposible de borrar, el Kern, el Dassein. Fluye o está quieto.
El río que mira Blas, no es un río, es el río. ¿Cómo diferenciar un río de "el río"?.

Ahora distingue otra vez, del lado de la novela queda el flujo, y del lado del cuento la inercia, la pared de ladrillos, la mirada fija allí, etc. Hasta llegar a bordear lo oscuro del goce. ¿Piensa igual que M. Gutmark respecto de ese lugar de borde?
Pero finalmente junta inercia y río que fluye, en ambos textos:

La inercia del hombre frente al río, mientras ve pasar su vida, y el letargo de los idiotas ante el muro; pero repentinamente todo se inundó, se desencadena y seguirá desbordándose: la fluidez repetitiva del río, la estasis contenida de los anormales.

Agrega una frase a interrogar:

La soledad y lo inasimilable ante el tiempo o la muerte, se presentan en ambos textos aunque no del mismo modo.
Mismidad y contingencia.

Es el tercer eje de la lectura de Pablo Russo, y comienza de un modo muy interesante, que es situarse en los bordes, ya sea en la pared o en el río.
Para concluir, Russo se refiere a uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, la repetición, que no es sino la repetición del goce imposible de nombrar, que siempre vuelve, que sólo puede indicarse.
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