Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis






descargar 0.62 Mb.
títuloPrograma primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis
página1/17
fecha de publicación10.07.2015
tamaño0.62 Mb.
tipoPrograma
l.exam-10.com > Literatura > Programa
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   17

www.lilianaheer.com.ar Autopistas de la Palabra I


AUTOPISTAS DE LA PALABRA
PRIMERAS JORNADAS DE LITERATURA Y PSICOANALISIS
CRISIS E IDENTIDAD. SOBREDETERMINACIÓN, LEY, ALIANZAS

Jornadas dirigidas por Liliana Heer y Arturo Frydman

BIBLIOTECA NACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

5 y 6 de Octubre de 2002



ÍNDICE

Programa 3
Auspicios 5
Apertura 6
Mesa 1 8
Mesa 2 40
Mesa 3 64
Mesa 4 90
Mesa 5 123

Mesa 6 150
Palabras finales 183

PROGRAMA
Primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis

Crisis e identidad. Sobredeterminación, ley, alianzas
Dirección: Liliana Heer y Arturo Frydman
Sábado 5 de Octubre de 2002

1-Roberto Arlt: “La luna roja” -Daniel Moyano: “La Fábrica”

Panelistas: Marta Vassallo y Carlos Dámaso Martínez

Ana Meyer y Graciela Ruiz

Articuladores: Horacio González, Mirta Divita y Norma Barros

Coordina: Rodrigo Daskal
2-Silvina Ocampo: “El vástago” -Antonio Di Benedetto: “El juicio de Dios”

Panelistas: Analía Hounie y Cristina Siscar

Vanina Muraro y Graciela Rosalén

Articuladores: Celina Mazzoni y Flory Kruger

Coordina: Susana Goldber
3-Jorge Luís Borges: “El fin” -Osvaldo Lamborghini: “Matinales (aguas del alba)”

Panelistas: Esther Cross y Guillermo Piro

Marita Manzotti y María del Carmen Sánchez

Articuladores: Nicolás Rosa, Mario Goloboff y Graciela Musachi

Coordina: Martín Smud
Domingo 6 de octubre de 2002

4- Horacio Quiroga: “La gallina degollada”

Libertad Demitrópulos: Río de las congojas (primer capítulo)

Panelistas: Noemí Ulla y Jorge Ariel Madrazo

Mabel Gutmark y Pablo Russo

Articuladores: Nicolás Peyceré y Leonor Fefer

Coordina: Marita Salgado
5-D. F. Sarmiento: Vida de Dominguito (capítulo “El Capitán”) -Rodolfo Walsh: “Carta a Vicky”

Panelistas: María Rosa Lojo y Martín Kohan

Lucía Blanco y Patricia Markowicz

Articuladores: Diana Wolodarsky, Roberto Ferro, y Luis Erneta

Coordina: Silvia Traverso
6 -Esteban Echeverría: “El matadero” -Germán Rozenmacher: “Cochecito”

Panelistas: Roberto Magliano y Ana Arzoumanian

Graciela Ortiz Zavala y Ernesto Pérez

Articuladores: Noé Jitrik y Alejandro Daumas

Coordina: Arturo Frydman

AUSPICIOS




Secretaría de Cultura Presidencia de la Nación - Biblioteca Nacional - Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina - Escuela de la Orientación Lacaniana


Palabras de apertura
Liliana Heer
Estas jornadas, al actualizar la memoria de ciertos textos paradigmáticos, cruzarlos y ponerlos en tensión, aspiran a encontrar algunos ejes de la mitología nacional. Fueron concebidas como un acto de apropiación del legado creativo para pensar la Argentina actual, utilizando el pasado de brújula, advertencia, anticipación, radiografía de una crisis sobredeterminada por el malentendido de múltiples alianzas más acá de la ley.
La obra de arte hace hablar, incita a la proliferación y a la vez implica un desafío porque escapa a ser definida.
¿Qué es lo que le hace decir a un psicoanalista? Para Freud, el arte es una formación del inconsciente, en tanto Lacan lo inscribe en el registro de la producción, del objeto.
Desde la literatura, el acceso no es menos controvertido. La idea del secreto que encierra un texto nos conduce a su desciframiento tanto como al lugar de lo indecible. Los libros suelen borrar las huellas de la época pero el estilo literario es la historia misma, efecto de la trama política y cotidiana que se establece entre el lenguaje y la acción. Hay una serie rítmica de días, meses, años que configura el curso del tiempo legislado por un orden que acentúa los antes y los después, divide el continuo, imprime la marca que el arte dejó en el foro.
El nombre autopistas pretende remitir a frontera y a tráfico, en la doble acepción de transferencia y contrabando. Mientras los textos elegidos fueron puestos en un mismo carril, la idea de multiplicar el abordaje tiende a cernir los puntos de no relación, aquello que se resiste a ser inscripto y cuya materialidad es justamente resistirse.
Nuestro propósito fue abrir un espacio, dar lugar a versiones divergentes, complementarias y opuestas.
Recuerdo una pregunta que le hicieron a Emmanuel Lévinas acerca de cómo se empieza a pensar. Él respondió: por traumatismos o tanteos a los que uno ni siquiera sabe dar forma verbal; una pérdida, una escena de violencia, la brusca noción de la monotonía del tiempo. También agregó, se empieza a pensar leyendo libros. El papel de las literaturas nacionales es fundamental porque en ellas se vive la verdadera vida que está ausente pero ha dejado de ser utópica.
La subsistencia de una cultura depende de una singular ejecución de los ritos. Así como en una danza mítica quien participa no realiza una representación sino la encarna, la palabra no sólo designa y significa, es, opera. Entre los pueblos primitivos se evitan y conjuran amenazas mediante cantos, alaridos y gritos. Nosotros, afectados por la realidad, apelamos a lógicas de lectura, intercambio, análisis, discusión.

Mesa 1:

Roberto Arlt: “La luna roja”

Daniel Moyano: “La Fábrica”
Panelista: Marta Vassallo
"La luna roja" de Roberto Arlt (1933) (1) y "La fábrica" de Daniel Moyano (1967) (2)
Estos dos cuentos presentan un colectivo de seres humanos devorados por una fuerza inexorable y destructora, percibida como destino o dios, en quien no reconocen fuerzas humanas, no reconocen ningún aspecto de sí mismos.
En "La luna roja" los habitantes de una ciudad al mismo tiempo magnífica y subalterna, que bien podría ser Buenos Aires, son interrumpidos en sus rutinas, incluidas sus fiestas, elegantes o baratas, según los casos, por una catástrofe que los iguala. Esa catástrofe se proyecta en el paisaje dándole visos de catástrofe natural por una parte, y por otra, visos de la pesadilla del dominio del mundo por las máquinas. Culmina en efecto con las imágenes de una grúa y un cañón que parecen animados, no movidos por humanos, y que son el símbolo de la guerra, una guerra planetaria y final, el miedo explícito de la época de entreguerras a la que corresponde el cuento.
Una multitud heterogénea se lanza a las calles y avanza a la retaguardia de las fieras: "Calladamente marchaban al encuentro del destino que adivinaban erguido como un terrible centinela..." "Parecía que debía verse aparecer sobre la terraza más alta un terrible dios de hierro con el vientre troquelado de llamas..."
No es el éxtasis de la liberación del individuo en una entidad mayor, en una superación colectiva, la que se busca en las fiestas, las ceremonias o las manifestaciones, sino la igualación ante el pánico y la consciencia de que no hay dónde huir.
En "La fábrica" un grupo de campesinos busca su salvación individual en lo que para ellos es una entidad misteriosa, que empieza a existir en el término fabrik pronunciado por un alemán. Así la ven los campesinos cuando acceden por fin a ella: "Allí estaba, imponente, eterna, poderosa, una mole de hierro y cemento que turbó el ánimo de todos..." No es una catástrofe que los sorprende. Como en "La luna roja". Sino un deseo cumplido, que han perseguido y que una vez alcanzado los transforma. Quiebra la solidaridad primero, después el arraigo, finalmente la identidad: "El dinero estaba muy cerca de ellos, pero ellos eran otros". "El solo hecho de existir significaba dinero... Ella había tomado sus existencias y les pagaba por todos los minutos de vida... Superaba sus sueños y sus cálculos..."
Crisis, las persistencias y lo irreversible
Los habitantes de la ciudad de "La luna roja", cuya normalidad estaba cimentada en desigualdades entre poderosos y desposeídos, sospechas, miedos a atentados, controles policíacos, resultan igualados entre sí, y aun asimilados a las fieras que los encabezan en la marcha, por el silencio, la marcha, la luz roja con que la luna baña a la ciudad y su multitud.
La transformación de esta multitud silenciosa se proyecta en el paisaje de edificios que atraviesa y en el cielo que pende sobre ella. Este paisaje expresionista, un paisaje del alma, es afín a las imágenes de Metrópolis de Fritz Lang, y a algunas pinturas de los plásticos expresionistas de la época. La única voz humana anterior al grito final contra la guerra, es la de un hombre que se desprende de la multitud y pretende hablarle sin lograr ser escuchado. Lo que atina a decir es: "Yo no sé hablar... pero pongámonos de acuerdo..." La experiencia no encuentra un lenguaje verbal propio en los personajes, incomunicados entre sí, "expresados" en cambio en el escenario que los rodea y adquiere el relieve de un personaje más.
Los campesinos que protagonizan "La fábrica" aspiraban a un cambio, y esa voluntad de cambio resultará castigada como una arrogancia inaudita. Primero quieren huir individualmente y en secreto hacia la ciudad para asegurarse un puesto en la fábrica. Como coinciden en la estación de tren vuelven a agruparse. Juntos se desarraigan y juntos atestiguan su incapacidad de cambio: el día del primer cobro, no conciben otro modo de diversión que multiplicar los tugurios donde entran y el mal vino que toman. Sin lograr en toda la noche terminar con sus sueldos, como seguramente terminaban con sus jornales en la aldea. Estas costumbres persistentes coexisten con su captación completa por la fábrica. El camión que aparece oportuna y misteriosamente, para llevarlos de la estación a la fábrica, de la fábrica a la ciudad, y de la ciudad de nuevo a la fábrica, es la prueba de la omnisciencia y todo poderío de la entidad que lo fagocita.
La aspiración de cambio se pone en marcha en los campesinos ante el vocablo alemán fabrik, que no entienden. Los letreros de la fábrica están en inglés. Pacheco, el personaje al que la narración destaca del grupo, convirtiéndolo en su emergente, rechaza el lenguaje familiar encarnado en las palabras de Laura, su mujer: "La carta y las cosas que en ella decía su mujer eran cosas anteriores al conocimiento de la fábrica, y parecían superfluas". "Laura se lo había dicho unas horas antes de partir: Vamos a tener que estar separados por un poco más de plata. Pero era absurdo oír esa frase después de haber estado en la fábrica. Eran palabras tontas, infantiles, como las de la carta. Nunca hubiera imaginado que Laura fuese tan tonta".
Una dinámica de la destrucción
Por ser "algo atolondrado" a Pacheco se le asigna en la fábrica una función diferente, que es una misión imposible: "La sección donde trabajaba Pacheco era una pieza de dos por tres, con muchos estantes y cajones llenos de tarjetas. Su tarea era mantener o guardar el orden, pero se trataba de un puro principio, porque todos sus jefes sabían que allí no podía haber orden y que no lo había habido nunca, salvo el primer día, cuando se abrió la fábrica... Aunque los cajones fueran iguales, adentro, entre las tarjetas, figuraba el principio de un caos. Se sabía que era imposible evitarlo, por la propia naturaleza de los documentos que allí había, pero él debía tratar de hacerlo, quizás por respeto a una ley íntima de la fábrica. Si después de largos esfuerzos lograba restablecer parcialmente el orden al cual se aspiraba, un papelito más que llegara destruiría todo lo hecho..."
Dado el carácter absurdo de su trabajo, Pacheco tiene consciencia de ese "principio de un caos" que acecha desde los cajones del cuartito. Ese principio de destrucción agazapado en el corazón de la fábrica pende como una amenaza sobre su fuerza y su eficacia. Pero no funciona para Pacheco como un caos liberador, sino más bien como un factor que desata la locura.
Así como los habitantes de la ciudad de "La luna roja" saben que no tienen escapatoria, los flamantes obreros de "La fábrica" no tienen ya existencia fuera de ella.
Contrapunto con “El matadero” de Esteban Echeverría
El relato inaugural de la literatura argentina es evocado tácitamente en estos dos cuentos.
En el cuento de Arlt, la luz roja que transfigura a la ciudad y a sus habitantes anuncia un baño de sangre. "De la luna, fijada en un cielo más negro que la brea, se despedía una sangrienta y pastosa emanación de matadero". En "La fábrica", “El matadero”, nunca mencionado, está presente sin embargo en las alucinaciones de Pacheco, quien ve literalmente que la fábrica es un matadero. Desde su cuartito ve "como mutilados" a sus compañeros el primer día de cobro: "A Santucho, por ejemplo, le faltaba una pierna; a Charaviglio un brazo; a Antúnez los dientes; a Pereyra una oreja..." Y también en su borrachera la noche que sigue al primer cobro: "...habían matado al japonés. Tenía dos venas al aire. Por una brotaba sangre y por la otra el mago le echaba vino con una botella... vio a Charaviglio cantando adentro del tocadiscos, sin cabeza. Todos estaban ahorcados..."
“El matadero” de Esteban Echeverría se inscribe en la concepción ilustrada de la generación del 37, y en la convicción del autor de que el gobierno de Rosas era una "contrarrevolución", sustituto del despotismo de la corona española, oscura rémora que trababa temporalmente la continuidad de la revolución emancipadora, la realización del progreso.
La que asoma en "La luna roja" y "La fábrica" es la otra cara de la modernidad: el desarrollo técnico-bélico en un caso, industrial en el otro, configura a los ojos de individuos impotentes un mundo amenazador e incontrolable en su capacidad desintegradora.
Esta experiencia colectiva alienante y terrorífica es la negación misma de las promesas prometeicas de la modernidad occidental, según las cuales una humanidad ilustrada, donde cada individuo sería dueño de sí mismo, dominaría el mundo a través del conocimiento y la razón. Pero la modernidad es una contradicción viviente atravesada desde su nacimiento por su propia negación (lo mismo que la fábrica del cuento de Moyano, fundada en un principio de orden imposible). "La modernidad misma se define como crisis... surgida del ininterrumpido conflicto entre las fuerzas creadoras, inmanentes, constructivas y el poder trascendente dirigido a restaurar el orden" (3). Ese conflicto entre innovación vital y orden mortífero es trágico pero también fecundo: la modernidad genera desde su origen su propio disenso. Y la literatura moderna representa uno de los filones más ricos y profundos de esa dimensión crítica. En ese sentido estos dos relatos (fechados respectivamente en la crisis del 30 y en el apogeo industrial de los 60 en Argentina) se inscriben con mayúscula en la literatura del siglo XX, desbordante de revelaciones sobre ese reverso de la trama de la modernidad.
Notas

1. En Roberto Arlt, El jorobadito, Compañía Fabril editora, Buenos Aires, 1968. 2. En Daniel Moyano, El monstruo y otros cuentos, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1967. El cuento de Arlt, con su sujeto colectivo y su bordear lo fantástico, constituye una excepción en su narrativa. En cambio el cuento de Moyano se inscribe en toda una zona de su producción literaria (El vuelo del tigre, por ejemplo) que logra un punto intermedio entre la representación realista y la alegoría. 3. Anthony Negri and Michael Hardt, Empire, Harvard University Press, U.S.A, 2000.

Panelista: CARLOS DÁMASO MARTÍNEZ
Percepción de lo ominoso en La luna roja, de Roberto Arlt y de la "alienación" en La fábrica, de Daniel Moyano
La lectura y relectura de los cuentos "La luna roja" de Roberto Arlt y "La fábrica" de Daniel Moyano plantea varios interrogantes que suscitan de inmediato una búsqueda de relaciones, el rastreo de similitudes o cercanías y el establecimiento de diferencias. El punto de partida que elijo es comenzar con estas últimas. Obviamente son textos de dos escritores argentinos publicados en momentos históricos distintos. Es necesario contemplar este aspecto. El de Arlt, fue publicado en la revista El Hogar, en 1932, y un año después integra el libro El jorobadito. El de Moyano, aparece en Artistas de variedades, primera colección de relatos que da a conocer en 1960.
"La luna roja" es un cuento donde lo fantástico trasmite la inminencia de una catástrofe, la presencia de un fenómeno increíble que irrumpe en la dimensión de lo real. Algo similar a lo que sucede con el remolino gigantesco que succiona barcos en su nouvelle Un viaje terrible (1941). Adolfo Prieto, uno de los primeros críticos en advertir la importancia de lo fantástico en la obra de Arlt, dice que la presencia de lo sobrenatural "juega alucinantes contrapuntos con la experiencia de lo real", lo que contribuye a acentuar una "sensación de que el mundo es una fantasmagoría." (1). Precisamente este clima de fantasmagoría es el que se instaura en "La luna roja", en especial en las descripciones de la ciudad, una ciudad moderna de "iluminados rascacielos", de "fachadas fosforescentes", de "pórticos encristalados" y "jardines aéreos", que hacen recordar a las imágenes de ciudad "futura" del film Metrópolis (1927), de Fritz Lang. Por cierto, en esa situación límite o de crisis, la amenaza de una catástrofe destructiva disuelve las identidades, las fronteras sociales y las de seres humanos y animales. Como bien dice el cuento, los hombres, mujeres y niños se convierten en fugitivos, en una multitud que pierde su posibilidad del lenguaje, la palabra, se vuelve silenciosa y termina convirtiéndose en una "cosa" que ya ni siquiera camina, sino que "avanza por reflujos". La ominosidad inminente es esa luna roja que aparece sobre la ciudad como si fuera "un ojo de sangre". Lo fantástico, como bien dice Silvia Molloy, "permite volver sobre la historia una mirada inquisidora" y "ser una vía alternativa para contarla" (2). Es decir, una forma narrativa capaz -al menos en un momento de lo que entendemos por historia literaria del siglo XX- de representar el sentimiento latente de los conflictos más significativos de una época. En la década del 30 a Arlt lo obsesiona el ascenso del nazismo y la inevitable posibilidad de la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, "La luna roja" es un texto anticipatorio del temor, del sentimiento colectivo de disolución y muerte ante la proximidad bélica, preocupación que está presente, de un modo narrativo más alusivo, en su nouvelle Un viaje terrible, y también de manera directa en varias de las crónicas (o aguafuertes) que escribe por ese entonces en El Mundo. "Este es el hombre -dice Arlt en "Un argentino piensa en Europa" (3)- que vive pensando, desde por la mañana en que se levanta hasta la noche, en la catástrofe de una guerra próxima. Unas frases más adelante, agrega: "Y todos hablan de la guerra, Con rabia sorda, Con bocas torcidas..." En otro texto, de 1941, ante los hechos consumados, expresa: "El tiempo escribe en el cielo con flamígera tizona esta palabra Hoy. Es decir, final de una época, Nacimiento de horrores. Guerra." (4) Recordemos ese final, tal vez estéticamente innecesario, de "La luna roja" que tanto se asemeja a este texto: "-¡No queremos la guerra! ¡No..., no..., no!"
El cuento "La fábrica", de Moyano si bien no es un relato fantástico, el modo de representación de lo onírico, de la pérdida de identidad y la transformación que experimentan los personajes, sobre todo desde la mirada de uno de sus protagonistas llamado Pacheco, apela a cierta ambigüedad que lo aparta del tratamiento de la verosimilitud realista. Esa misma ambigüedad pareciera acentuar la sensación pesadillesca de su final abierto. En este aspecto, se advierte la influencia de Kafka en la obra de Moyano, como también el parecido que tiene la llaneza de su escritura en la narración de situaciones absurdas, dramáticas, y a veces alucinatorias, con el estilo del uruguayo Felisberto Hernández. La historia que se narra es a la vez muy simple. Atraídos por la noticia de la existencia de una fábrica que paga salarios imaginados como fabulosos, un grupo de pobladores de una localidad provinciana, abandonan el lugar y su familia para ir a trabajar a la ciudad donde se encuentra ese establecimiento. Ya instalados como operarios en la fábrica, esperan con ansiedad el cobro de su primer sueldo. Sutilmente y a través del punto de vista de Pacheco, el texto va revelando que existe un orden, calificado de "simplemente visual", o definido como "un puro principio", y ciertas leyes "íntimas" de la fábrica que le resultan incomprensibles. A su vez, sienten que ese orden es poderoso y lo perciben como perfecto, pues puede prever todo sobre ellos, incluso entregar sus salarios y beneficios a sus parientes si llegan a morir. Es muy revelador cómo este protagonista toma conciencia de que desde que trabajan en la fábrica se ha ido produciendo una metamorfosis en la que todos pierden su identidad. "El dinero estaba muy cerca de ellos -se dice en el relato-, pero ellos eran otros. En tan poco tiempo la fábrica los había transformado." La significación de este cuento, pese a cierta ambigüedad representativa, es claramente perceptible. Aunque leído en este presente de desocupación y falta de trabajo, propio del orden de la economía globalizada, resulta paradójico.
Si tenemos en cuenta la época en que el cuento se publica, comienzos de la década del 60, un momento caracterizado por una situación de crisis de la hegemonía del orden capitalista occidental y la existencia en auge de una utopía de las posibilidades de un socialismo revolucionario, es posible asociar la significación de este cuento con una visión crítica de la sociedad capitalista. En la fábrica, la pérdida de la identidad, el delirio y la indeterminación de lo real se parece mucho a la idea de "alienación", tal como lo concibe el marxismo. Digamos que a los protagonistas, la deshumanización de su trabajo los convierte en una cosa más, en una especie de mercancía. Dejan una marginación provinciana, de atraso y postergación, para perderse en una dimensión que los difumina como individuos y los convierte, como en el cuento de Arlt, en seres alienados, en algo así como una multitud fantasmagórica. Otra cara de la misma moneda, tal vez sea El astillero, de Onetti, publicado en la misma década, donde la posibilidad del trabajo y la producción (qué cosa no es un astillero sino una fábrica de barcos) está sumido en una decadencia imparable y paralizante, sólo tolerable por la simulación, como una forma paradójica de aceptar la imposibilidad. Pareciera que en "La fábrica" se este aludiendo a un espacio provinciano (el interior del país) donde la industrialización se ofrece como una alternativa, como un signo de "progreso", pero que en realidad transforma y sumerge a sus pobladores en una situación alienante. En El astillero, el espacio representado es otro: el de la zona rioplatense, donde el desarrollo y la producción capitalista han entrado en una decadencia insalvable.
En cuanto a las cercanías, a las similitudes que planteaba al comienzo de estas interpretaciones, ambos cuentos (el de Arlt y el de Moyano) tienen la condición innegable de ser literatura. En tanto tal, exponen, aluden, despliegan un imaginario y un sentir social, ejerciendo esa tradicional aspiración de la literatura, como dijo Roland Barthes, de captar -aunque sea sólo un deseo de algún modo imposible- los conflictos fundamentales de la temporalidad y la cimentación de lo que llamamos lo real. Por cierto, ambos cuentos no son hoy textos valiosos de nuestra literatura sólo por la contemporaneidad histórica y contextual de sus significaciones, sino por la posibilidad que tienen, obviamente, de trascenderla.
NOTAS

1. Adolfo Prieto: "La fantasía y lo fantástico en Roberto Arlt", en Estudios de literatura argentina, Galerna, Buenos Aires, 1969. 2. "Historia y fantasmagoría", publicado en El relato fantástico en España e Hispanoamérica, Colección Encuentros, Ediciones del Quinto Centenario, Madrid, 1992. 3. Publicada el 16 de septiembre de 1938 en El Mundo. Recopilada en Aguafuertes porteñas: cultura y política, por Sylvia Saitta, Losada, Buenos Aires, 1992. 4. "Clausura del diario íntimo", publicada en El Mundo. En obra citada, recopilación de Sylvia Saitta.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   17

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrimeras Jornadas de Literatura Española

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana de Estudiantes 2010

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma de las VII jornadas antropologicas de literatura y semiotica

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma pre jornadas lugar

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconLiteratura y psicoanálisis

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconLiteratura y psicoanálisis

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrograma- jornadas internacionales sistema educativo y la cultura en el centenario de la unt

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconXix jornadas de literatura

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconJornadas de literatura, crítica y periodismo

Programa primeras Jornadas de Literatura y Psicoanálisis iconPrimeras manifestaciones de la literatura española






© 2015
contactos
l.exam-10.com