¿Leer sólo los evangelios de nuestra Biblia para conocer a Jesús? ¿Por qué no los evangelios de Judas, María Magdalena, Santiago…?






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2.1  la first quest (old quest)


El problema comienza a finales del siglo XVIII cuando la Iglesia Reformada alemana se ve obligada a dar razón de su fe ante las presiones del racionalismo liberal. Ubicarse en ese diálogo llevó consigo la aplicación del método de la crítica histórica a los textos bíblicos. El primero en encarnar esta tendencia racionalista del liberalismo fue Hermann Samuel Reimarus (1694-1768), quien sostuvo que todo lo que en los evangelios se saliera de una comprensión racional debía ser desechado. Según conocemos por un manuscrito publicado por su discípulo Lessing (1729-1781), Reimarus, hacía una distinción entre el proyecto de Jesús y la intención de la comunidad. El centro de la predicación de Jesús fue la inminencia del reino de los cielos y la llamada a la conversión que él implica. Jesús fue un Mesías político que mediante su reinado quería liberar a los judíos del yugo romano, pero fracasó. Los discípulos decepcionados hicieron un fraude inventando la resurrección. De este modo, la fiabilidad de los escritos evangélicos era liquidada de un plumazo.

A la obra de Reimarus sigue un período que se ha denominado racionalismo romántico y en el que podrían colocarse autores como Hess, Bahrdt, Venturini. A esta etapa le sucede el llamado racionalismo clásico, cuyo mayor exponente es Heinrisch Eberhard Gottlob Paulus (4). (1789-1851). Para él, Jesús es, fundamentalmente, un altísimo maestro de moral. Todo lo que en los evangelios tiene carácter sobrenatural ha de encontrar una explicación racional y lógica. El último período de este racionalismo es el “tardío” en donde sobresale F. D. E. Schleiermacher (1768-1834), quien también escribió una vida de Jesús. Todo aquello que no pueda ser explicado racionalmente, debe ser negado como inventado por la profesión de fe en Jesús. Esta etapa culmina con la publicación de la primera vida extensa de Jesús, de David Friedrich Strauss. Para él, los evangelios son relatos míticos. Estos elementos no históricos no son fruto del engaño, como pensaba Reimarus, sino de la imaginación mítica, que crea narraciones espontáneamente para transmitir una idea. Para este autor, mito no significa algo fantástico o una historia falsa, sino que el mito es más bien un método precientífico y prefilosófico para expresar ideas científicas y filosóficas en forma de narración. El revestimiento mítico no afecta al núcleo de la fe cristiana, que según Strauss era la idea de la humanidad de Dios, realizada históricamente en Jesús. Los evangelios si bien tienen un trasfondo histórico son obras dirigidas fundamentalmente a la fe y no poseen ninguna fiabilidad histórica.

La línea iniciada por Reimarus dio lugar a un caldo de cultivo en el que se fue imponiendo la idea de desvestirse del dogma para llegar al verdadero Jesús. Es la línea que adopta la denominada escuela liberal, que se desarrolla contemporáneamente al racionalismo, y entre los que sobresalen B. Weiss, A. Harnack y E. Renan (1823-1892). Al contrario que los racionalistas, ellos están convencidos de la posibilidad de hacer una vida de Jesús y seguir el desarrollo de su personalidad. Sin embargo, esta escuela comparte con el racionalismo sus dudas frente a todo lo sobrenatural narrado en los evangelios.

El golpe decisivo a esta escuela liberal se lo dará en 1901 Wilhelm Wrede (1859-1906) con su tesis sobre el secreto mesiánico. La tesis de Wrede, junto a las investigaciones de Karl Ludwig Schmidt (1891-1956), hicieron finalmente colapsar la investigación de la escuela liberal. La distinción formulada por Martín Kähler (1835-1912) entre “El llamado Jesús histórico y el Cristo de la Biblia” será el mazazo definitivo que concluirá en un escepticismo histórico, radicalizado en la obra de Rudolf Bultmann (1884-1976), y en su célebre proyecto de desmitologización.

2.2  la second quest o new quest (1953-1980)


La posición asumida por Bultmann crea una reacción entre sus mismos discípulos, a la vez que ocasiona el estudio del problema por parte de los teólogos católicos. La «nueva pregunta por el Jesús histórico» es originada por Ernst Käsemann. Según él la vida del Jesús terreno es de suma importancia para la fe y por ello hay que realizar una investigación a partir de los evangelios. En este mismo sentido se inscribe la importante obra de G. Bornkamm, Jesús de Nazaret, publicada en 1956 y los trabajos de H. Conzelmann, W. Marxen. También de los representantes de la llamada «Nueva hermenéutica»: E. Fuchs, G. Ebeling, J. M. Robinson y H. Braun y del propio J. Jeremias para quienes la persona de Jesús es la legitimación y el fundamento del kerygma y no es posible afirmar nada de Jesús en una perspectiva cristológica que no se base en el propio Jesús histórico. El comienzo de la fe no está en el kerygma, sino en el hecho histórico de la vida de Jesús. A partir de ese momento las reacciones se siguen en cadena y todas tendentes a mostrar que la tradición y los evangelistas sí se interesan y poseen en su interior elementos históricos que fueron celosa y fielmente consignados en los evangelios (H. Riesenfeld; B. Gerhardsson; Heinz Schürmann). Para ello se exige el recurso a la utilización de los criterios de historicidad en el que cobra especial interés el de discontinuidad. A la vez que se aplica la visión de lo implícito para expresar que lo que se hace explícito en los evangelios está ya implícito en la vida y acción de Jesús. Con todo se terminó por divorciar excesivamente a Jesús del ambiente judío y el recurso a lo implícito terminó por estancar la investigación.

De todas maneras la New Quest alcanzó unas ciertas claridades en el proceso investigativo que ya se consideran logros y adquisiciones comunes para todos los que de ahora en adelante quieran buscar la historia original de Jesús: Es imposible, y además innecesario, hacer una biografía de Jesús en el sentido moderno de la palabra, el Jesús histórico no es separable del Cristo de la fe y es imposible separar acontecimiento e interpretación. Por esta razón la búsqueda del Jesús histórico se hace siempre en y a través del kerygma. No hay cristología sin un conocimiento de la persona y obra de Jesús y este conocimiento es posible y realizable.
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