Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936)






descargar 25.02 Kb.
títuloMiguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936)
fecha de publicación10.04.2017
tamaño25.02 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Literatura > Documentos
Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936)
1. Lee la dedicatoria entre paréntesis y explica quién fue Ramón Sijé y su relación con Miguel Hernández.

Ramon Sijé era un seudónimo que utilizaba el escritor José Marín Gutiérrez. Él fue amigo íntimo de Miguel Hernández y, además, le ayudó y orientó en sus primeros años de su vida poética. Sijé murió a los veintidós años (1935) y fue entonces cuando Hernández escribió esta elegía dedicada a él.




2. La muerte de su amigo Ramón Sijé inspiró a Miguel Hernández una de las elegías más sobrecogedoras de literatura española. ¿Con qué hipérboles manifiesta el poeta su dolor? (vv.1-9) ¿Qué metáforas emplea para referirse a la muerte?

Encontramos en los versos 8 y 9 la famosa hipérbole “Tanto dolor se agrupa en mi costado, /que por doler me duele hasta el aliento”, exagerando en gran mesura el dolor que siente por la pérdida de su amigo.

Entre los versos 10 y 13 encontramos algunas metáforas que se refieren a la muerte: “un manotazo duro, un golpe helado, /un hachazo invisible y homicida, /un empujón brutal te ha derribado”. El verbo derribar equivaldría a “matar”, relacionando así los otros elementos como a la misma muerte (manotazo duro, golpe helado, hachazo invisible y homicida y empujón brutal).
3. El poeta manifiesta de forma dramática su rebeldía ante el

inesperado fallecimiento de su compañero del alma. ¿Qué efecto

producen las anáforas de los versos 19-31? ¿Qué violentas acciones

emprende el poeta para rebelarse contra la muerte y recuperar a su

amigo? (vv.25-31) ¿Cómo reproduce en el plano fónico la agresividad que siente?
Las anáforas de los versos 19-31 enfatizan el dolor y la rabia del poeta por la pérdida de su compañero. Tras expresar su dramática tristeza, Hernández, desafía a la muerte haciéndole saber lo poderoso que es y lo que puede llegar a hacer: En mis manos levanto la tormenta/ de piedras, rayos y hachas estridentes,/ sedienta de catástrofes y hambrienta. (versos del 25 al 27).
El autor no solo intenta vengar la muerte de su amigo sino que también anhela poder revivirlo. Este deseo es representado con desesperadas acciones como excavar la tierra con los dientes (vv. 28-30), o hacer agujeros sin cesar hasta encontrar el cuerpo de su amigo (vv. 31-33).
Para expresar esta agresividad Miguel Hernández hace un gran uso de consonantes oclusivas sordas como “p”, “t”, “c”, “q” que concuerdan con los sonidos [p], [t], [k]. Por otro lado, también resalta el uso de las consonantes “r” y “s”, es decir de los sonidos [r] y [s].

4. A la lamentación característica de toda elegía, sigue la consolación en los versos 39-49. ¿Qué consigue aliviar el dolor del poeta? ¿Con qué metáforas y aliteraciones reproduce el sosiego recuperado?
El dolor del poeta se alivia después de aceptar la muerte de su amigo, y la posibilidad de que el alma de éste aun siga en cada rincón del mundo que antaño compartían.
El consuelo de Hernández recae en metáforas como: “Alegrarás la sombra de mis cejas” (verso 40), la cual significa que cuando su alma vuela a estar con él sus ojos se alegrarán al volverle a ver; “tu sangre se irán a cada lado/ disputando tu novia y las abejas” (versos 41 y 42), es decir, que cuando su alma se reencarne se repartirá por todo el campo y los seres que lo componen, incluyendo así las flores que son apreciadas por las mujeres y alimento de las abejas.
En los versos 43, 44 y 45 se sitúa la metáfora: “Tu corazón, ya terciopelado ajado,/ llama a un campo de almendras espumosas/ mi avariciosa voz de enamorado”, en la que el autor llama al corazón de su compañero, es decir a la plenitud de su alma, para que vaya a un campo de almendras.
En el serventesio del final del poema, podemos encontrar una aliteración protagonizada por el fonema /l/, la cual refuerza la imagen alada, pura, espiritual, amorosa del reencuentro con su amigo, Ramón Sijé.
En estos últimos versos hay una preciosa metáfora que concuerda con la aliteración anteriormente comentada: “A las aladas almas de las rosas/ del almendro de nata te requiero,”, en esta última metáfora Miguel Hernández expresa el deseo de que la alma de Sijé acuda a las flores blancas y rosadas de un almendro para proseguir con sus agradables conversaciones.
5. Comenta las figuras retóricas de los últimos cuatro versos.

La aliteración del verso 46,”a las aladas almas de las rosas”, refuerza la imagen alada, pura, espiritual, amorosa del rencuentro con Ramón Sijé repitiendo la grafía /l/. En el siguiente verso encontramos un hipérbaton “del almendro de nata te requiero” y finaliza el serventesio con una epanadiplosis repitiendo la palabra “compañero” al principio y final del verso “compañero del alma, compañero”.
6. Señala la métrica del poema: verso, rima y estrofa.

El poema está formado por 49 versos endecasílabos de arte mayor (tal y como hemos marcado más arriba), compuesto por tercetos encadenados y termina con un serventesio. Su rima es consonante.

Yo quiero ser llorando el hortelano 11A

de la tierra que ocupas y estercolas, 11B

compañero del alma, tan temprano. 11A
Alimentando lluvias, caracolas 11B

y órganos mi dolor sin instrumento, 11C

a las desalentadas amapolas 11B
daré tu corazón por alimento. 11C

Tanto dolor se agrupa en mi costado, 11D

que por doler me duele hasta el aliento. 11C
Un manotazo duro, un golpe helado, 11D

un hachazo invisible y homicida, 11E

un empujón brutal te ha derribado. 11D

No hay extensión más grande que mi herida, 11E

lloro mi desventura y sus conjuntos 11F

y siento más tu muerte que mi vida. 11E
Ando sobre rastrojos de difuntos, 11F

y sin calor de nadie y sin consuelo 11G

voy de mi corazón a mis asuntos. 11F
Temprano levantó la muerte el vuelo, 11G

temprano madrugó la madrugada, 11H

temprano estás rodando por el suelo. 11G
No perdono a la muerte enamorada, 11H

no perdono a la vida desatenta, 11I

no perdono a la tierra ni a la nada. 11H
En mis manos levanto una tormenta 11I

de piedras, rayos y hachas estridentes 11J

sedienta de catástrofes y hambrienta. 11I
Quiero escarbar la tierra con los dientes, 11J

quiero apartar la tierra parte a parte 11K

a dentelladas secas y calientes. 11J
Quiero minar la tierra hasta encontrarte 11K

y besarte la noble calavera 11L

y desamordazarte y regresarte. 11K
Volverás a mi huerto y a mi higuera: 11L

por los altos andamios de las flores 11M

pajareará tu alma colmenera 11L
de angelicales ceras y labores. 11M

Volverás al arrullo de las rejas 11N

de los enamorados labradores. 11M
Alegrarás la sombra de mis cejas, 11N

y tu sangre se irán a cada lado 11Ñ

disputando tu novia y las abejas. 11N
Tu corazón, ya terciopelo ajado, 11Ñ

llama a un campo de almendras espumosas 11O

mi avariciosa voz de enamorado. 11Ñ
A las aladas almas de las rosas 11O

del almendro de nata te requiero, 11P

que tenemos que hablar de muchas cosas, 11O

compañero del alma, compañero. 11P

7. Analiza el uso del adjetivo en este poema.
En este poema podemos ver un amplio uso del adjetivo especificativo para describir detalladamente la evolución de los sentimientos del poeta respecto a la pérdida de su amigo y escritor José Marín Gutiérrez más conocido como Ramón Sijé.
Este uso se pronuncia en las escenas más dramáticas, que concuerdan con la parte del poema en la que el autor expresa su ira (versos del 19 al 33), como por ejemplo: una tormenta sedienta y hambrienta (verso 25). Y la parte en la que describe a la muerte (entre los versos 10 y 12): manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida y un empujón brutal.
8. Comenta el uso tiempos verbales: presente, pasado, futuro.
Hernández presenta un poema en el cuál los tiempos verbales no suelen intercalarse, a pesar de que en algunos momentos se hace referencia al pasado. De esta manera podemos estructurar el poema en cuatro partes según las formas verbales utilizadas:
En la primer parte del poema es decir, hasta el verso 7, se puede apreciar la presencia de verbos en tiempo futuro, ya que el poeta relata lo que querría ser y hacer después de la muerte de Ramón Sijé (Ejemplo: daré (verso 7).
En la segunda parte, comprendida desde el verso 8 hasta el 33, se observa el uso del presente con el que el autor quiere expresar su dolor yaciente tras la pérdida de Sijé (Ejemplo: lloro, siento (versos 14 y 15); la rabia que siente hacia la muerte por habérselo llevado tan pronto (Ejemplo: no perdono (versos del 22 al 24); y el deseo por querer recuperarlo (Ejemplo: quiero (versos 28, 29 y 31). Aunque en esta segunda parte resalte el uso del presente también se ven algunos pretéritos para hacer referencia a la muerte de su amigo (Ejemplos: levantó, madrugó (versos 19 y 20).
Como en la primera parte, en la tercera (del verso 34 al 42) también se aprecia el uso del tiempo verbal de futuro, pero en esta ocasión, se utiliza este tiempo para expresar lo que hará el amigo una vez su alma se encuentre en su antiguo mundo (Ejemplo: volverás, alegrarás (versos 34 y 40).
En la cuarta y última parte, que establecemos entre los versos 43 y 49, vuelve a aparecer el tiempo verbal de presente. El autor, en este caso, lo utiliza para formular el deseo de que su amigo se reúna con él y seguir conversando como antes (Ejemplo: llama, requiero (versos 44 y 47).

Hecho por: Raquel Rius y Laura Corvo de 2n de bachillerato A

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) icon1935, en el que escribe El rayo que no cesa (publicado en enero de...
«Vientos del pueblo», «Canción del esposo soldado», «El sudor», «Rosario, dinamitera»…

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconDe miguel hernández. El hortelano de tumbas y de almas

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconMiguel hernández
«Miguel Hernández es el autor-guía para moverse en el laberinto que va de la pureza a la revolución, y, por tanto, entender el proceso...

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconReparto de la obra de miguel hernández entre las parejas de 1º y...

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconLa vida y la muerte en la poesía de miguel hernández
«¿No cesará este rayo que me habita?», p. 160] o “un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida” [«Un carnívoro cuchillo», p. 159,]....

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) icon¿Qué le acercó a ubicar su residencia en tierras levantinas?
«Como el toro», de El rayo que no cesa, que la profesora de Lengua nos obligó a aprendernos de memoria, soneto que aún recito hoy...

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconAa miguel: Meditación para Reclamar tu espada personal del Rayo Azul

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconAa miguel: Meditación para Reclamar tu espada personal del Rayo Azul

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconUnamuno, miguel ( 1864-Salamanca, 1936)

Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”, de El rayo que no cesa (1936) iconMiguel hernández






© 2015
contactos
l.exam-10.com