Literatura renacentista (siglo XVI). La prosa y el teatro






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fecha de publicación09.04.2017
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UNIDAD 6 : LITERATURA RENACENTISTA (SIGLO XVI). LA PROSA Y EL TEATRO

Lengua castellana y literatura- 3º ESO


UNIDAD 6: LA LITERATURA RENACENTISTA. LA PROSA Y EL TEATRO

  1. LA NARRATIVA RENACENTISTA

En el siglo XVI, los relatos todavía suelen ser cortos y se incluyen dentro de otras obras, sin tener autonomía. No se puede hablar de novela en el sentido moderno. La palabra novela, de origen italiano, se utiliza para referirse a narraciones breves, como las Novelas ejemplares de Cervantes. Los relatos más extensos se denominan de modo muy variado.

Siguen editándose y siendo muy leídos durante todo el siglo XVI los libros de caballerías y las novelas sentimentales del XV. Pero aparecen nuevos géneros narrativos:

1.1. Los libros de pastores o novelas pastoriles

Relacionadas con el éxito de la literatura bucólica en otros géneros como la lírica (églogas de Garcilaso) o el teatro (églogas de Juan del Encina). Las novelas pastoriles presentan la vida rústica en una naturaleza idealizada en donde se desarrollan historias de amor entre pastores. Las obras pastoriles más destacadas son Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor y la Diana enamorada de Gaspar Gil Polo. Importantes autores escribe también novelas pastoriles: Cervantes escribió La Galatea y algunos episodios del Quijote recrean el mundo pastoril. Lope de Vega escribió La Arcadia.

1.2. Las novelas moriscas

En un ambiente exquisito, se produce en ellas la idealización del moro, de forma parecida a la idealización de los pastores en las narraciones pastoriles. El cercano mundo morisco, con sus costumbres diferentes, proporciona a los escritores material novelesco y poético, pero con un toque exótico muy apropiado al relato realista.

La primera novela morisca es la breve Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, de autor desconocido. Mucho más extensas son las Guerras civiles de Granada, de Ginés Pérez de Hita. Grandes escritores intercalaron relatos moriscos en sus obras mayores: Ozmín y Daraja de Mateo Alemán, incluido en su Guzmán de Alfarache, y la Historia del cautivo del Quijote cervantino.

1.3. Otras novelas
Muy interesantes son también La lozana andaluza de Francisco Delicado, y El Patrañuelo de Juan de Timoneda. La lozana andaluza, obra emparentada con La Celestina y publicada en Italia, donde vivía Delicado, es una novela anticlerical y típicamente renacentista en su exaltación de los sentidos y del erotismo. El Patrañuelo es la primera colección española de novelas cortas que imitan a las italianas.


  1. LA NOVELA PICARESCA: EL LAZARILLO DE TORMES


2.1. Aparición y triunfo del Lazarillo
En 1554 aparecieron simultáneamente, en Burgos, en Alcalá y en Amberes, tres ediciones de la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. La obra tuvo un éxito fulminante, pero, cinco años después, fue prohibida por la Inquisición. No obstante, siguió leyéndose en ediciones clandestinas hechas en el extranjero. En 1573 volvió a autorizarse su impresión, pero suprimiendo los tratados IV y V, y varias irreverencias de los demás. Hasta 1834 no volvió a publicarse el texto completo en España.

2.2. Problemas
Rodean al Lazarillo múltiples problemas. Las primeras ediciones conservadas son de 1554, pero ninguna de ellas es la fuente de las otras y todas proceden de ediciones perdidas, no de manuscritos. Probablemente, la primera edición sea de uno o dos años antes de las conservadas y el libro se compuso en torno a 1550.

Se desconoce por completo quién pudo ser el autor. Se ha atribuido a varios escritores (el diplomático Diego Hurtado de Mendoza; el poeta y prosista toledano Sebastián de Orozco, el fraile jerónimo Juan de Ortega, el humanista Alfonso de Valdés…) pero ninguna atribución ha podido probarse resolutivamente. No hay constancia explícita de las razones que tuvo el autor para ocultar su nombre, si bien se pueden intuir los motivos, dado el carácter marcadamente anticlerical de la obra. Se trata, en todo caso, de un escritor culto, pese al tono llano y natural que emplea.
2.3. Originalidad novelesca del Lazarillo
Por primera vez en la historia de la narrativa europea, hallamos en el Lazarillo el mundo de la realidad contemporánea convertido en materia de un relato. Y, por tanto, también por primera vez, se hace protagonista de un relato a un personaje de condición humildísima, que va construyendo su vida a golpes con la adversidad. Nada más lejos de los héroes de los relatos anteriores: caballeros andantes, gentiles guerreros, aventureros intrépidos, refinados pastores… Lázaro de Tormes sufre hambre, engaños, burlas y explotación. Es historia del proceso “educativo” para la deshonra y la vileza, que Lázaro aceptará al final, y que es interpretable como una amarga queja del autor contra una sociedad que impedía salir de su miseria a los desheredados.

La crítica literaria reconoce el Lazarillo como la primera novela moderna. La novela, en efecto, género literario de la modernidad, se caracteriza, en su diversidad de variedades por dos rasgos fundamentales: la acción transcurre en tiempo y lugares concretos y la vida de los personajes se va modificando según los azares de su vida. Estos dos rasgos están presentes en el Lazarillo.

El Lazarillo inaugura además un nuevo tipo de novela, la picaresca, que alcanzará sus rasgos definitorios con Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán:

1) Es el relato de una autobiografía ficticia, por tanto en primera persona, de un personaje de orígenes miserables.

2) El protagonista abandona el medio familiar siendo un niño y trabaja al servicio de varios amos. Se trata en ese sentido de una novela itinerante, más que el personaje van cambiando los lugares a los que el azar de sus amos conduce al protagonista. Este cambio de amos permite el retrato de la sociedad a través de las clases o grupos que cada uno de estos representan.

3) El carácter picaresco del protagonista: Algunos críticos han definido al “pícaro” como un delincuente, es decir, un transgresor de las leyes civiles y morales, pero no un malhechor violento o criminal. Es un personaje astuto, versátil, prudente y receloso. Se trata de un personaje listo, sin oficio, que urde tretas para robar o vivir a costa del prójimo, con escaso sentido moral y que suele ser víctima de sus propios ardides.

4) El protagonista tiene afán de medro, es decir, aspira a ascender socialmente y a mejorar su situación económica y su puesto en la sociedad.

5) Explicación de un estado final de deshonor, aceptado o superado, a partir del pasado del protagonista.
2.4. Argumento
Lázaro, un personaje de baja clase social, nacido en una aldea próxima a Salamanca, hijo de padres sin honra, cuenta su vida, en primera persona, por medio de una carta, a un noble y desconocido señor, a quien se dirige en el prólogo con el tratamiento de “vuestra merced”, para explicarle los detalles de un “caso”, que no es otro que la explicación de los rumores sobre las posibles relaciones de la mujer de Lázaro con el Arcipreste de San Salvador. Para ello, Lázaro habla de su vida desde su nacimiento y cuenta cómo, desde niño, sirve sucesivamente a un ciego astuto y miserable, a un clérigo avaro, a un escudero pobre y preocupado por su honra, a un fraile de la Merced, a un farsante vendedor de bulas y a un alguacil. La novela termina cuando Lázaro, a los veintitantos año y en Toledo, se casa, de modo deshonroso, con la criada del Arcipreste de San Salvador. La gente murmura que la boda ha sido un “apaño” y que la mujer de Lázaro es la amante del Arcipreste. Aunque Lázaro lo niega todo, ciertas afirmaciones suyas no dejan lugar a dudas, y él justifica su vida actual porque en ese momento él se encontraba “en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna”.
2.5. Estructura
La novela es un relato de corta extensión escrito en forma autobiográfica, que se desenvuelve de manera lineal: una sucesión de episodios generalmente inconexos y solo unidos por la existencia de un protagonista común: el pícaro.

El Lazarillo consta de un prólogo donde se indica que toda la novela es una carta dirigida a “vuestra merced” y siete capítulos a los que el autor denomina “tratados”. Estos siete tratados pueden dividirse en dos partes:

a) Los tres primeros tratados muestran el aprendizaje de Lázaro en la adversidad y están dominados por la crueldad de los amos y por el hambre.

b) Los tratados IV, V, VI y VII exponen cómo Lázaro empieza a mejorar su nivel de vida; ha aprendido lo suficiente para sobrevivir, lo que explica que consienta las relaciones adúlteras de su mujer con el arcipreste, pues este le ha proporcionado un modesto empleo. El último tratado revela que el propósito de la carta dirigida a “vuestra merced” es explicar el “caso”, es decir, las habladurías en torno a las relaciones de la mujer de Lázaro con el arcipreste de San Salvador.

Muchos de los elementos que aparecen en la obra proceden de la tradición folclórica. Cuentecillos y personajes como la pareja del ciego y del mozo son habituales del folclore popular. Lo novedoso en el Lazarillo es que su autor no se limita a ensartar anécdotas, sino que crea un relato compuesto por una serie de episodios perfectamente organizados gracias a la autobiografía y a la epístola: todos los elementos adquieren un sentido porque forman parte de la historia de la vida de un personaje contada por el mismo (autobiografía) siguiendo el modelo de una larga carta (epístola) dirigida a un desconocido vuestra merced.
2.6. Espacio y tiempo en el Lazarillo
El espacio de la novela no es el anacrónico de los libros de caballerías, ni el arcádico de la novela pastoril, tampoco se sitúa en el viaje por tierras lejanas como en la novela bizantina. Como hemos dicho antes, el Lazarillo es una novela itinerante, es decir, el protagonista se mueve por distintos lugares siguiendo a sus amos, aunque este “viaje” se reduce a una estrecha franja comprendida entre las provincias de Toledo y Salamanca. El Lazarillo se localiza, por otra parte, en un espacio urbano, que facilita la práctica de comportamientos irregulares.

En cuanto al tiempo ya se ha señalado que en el Lazarillo se producen desfases entre el tiempo que duran los hechos narrados y el que dedica el narrador, Lázaro adulto, a narrarlos. La infancia de Lázaro, hasta los doce años, ocupa solo unos pocos párrafos. Sin embargo, al corto periodo que pasa con el ciego se le dedican bastantes páginas, así como su estancia de seis meses con el escudero. Con este último es significativa la extensión adjudicada, al principio del tratado III, al tiempo que transcurre desde la mañana hasta la hora de “comer”. Indudablemente, el narrador-protagonista selecciona los acontecimientos que considera relevantes para la explicación del “caso”.
2.7. Temas
Los temas fundamentales del Lazarillo son la honra y la religión:

a) Honra: La honra dependía de la consideración que los demás tuvieran acerca de una persona, y era un fenómeno típico de la época. El Lazarillo comienza y concluye con un caso de honra (el “caso”) y en el tratado III constituye el asunto principal, encarnado en la figura del escudero. El protagonista habla de su situación final como un éxito —“la cumbre de toda buena fortuna”—, pero en realidad, sólo ha conseguido una aceptable tranquilidad económica y una vida aparentemente honrada.

b) Religión: Cinco de los amos de Lázaro pertenecen al estamento eclesiástico, en general a sus estratos interiores. Todos ellos se mueven por avaricia o por lujuria y todos explotan a Lázaro. Las citas de los Evangelios o las alusiones a cosas sagradas en contextos burlescos, añaden al anticlericalismo de la obra ciertos detalles irreverentes.
2.8. La ironía y la crítica social en el Lazarillo
La ironía sólo se percibe atendiendo al contexto y depende de las intenciones del emisor y de la capacidad de interpretación del interlocutor, que infiere que el primero quiere decir algo diferente de lo que literalmente dice. En el Lazarillo, todos llegan a ser irónicos: narrador, personajes y autor.

En numerosas ocasiones, el narrador protagonista dirige la ironía hacia sí mismo. Por ejemplo, cuando el escudero le dice que para vivir mucho lo mejor es comer poco, piensa: “Si por esa vida es —dije entre mí—, nunca yo moriré, que siempre he guardado esa regla por fuerza, y aún espero, en mi desdicha, tenerla toda mi vida”.

La ironía de los amos tiene como destinatario al propio Lázaro. El ciego, por ejemplo, dirá a Lázaro cuando le lava con vino las heridas que le ha hecho propinándole un jarrazo: “Lo que te enfermó te sana y da salud”. O el clérigo de Maqueda quien, al darle los huesos que él ha roído antes, le dice: “Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo”. O el escudero que, al encontrarse con Lázaro y ofrecerle trabajo le dice: “Pues vente tras mí, que Dios te ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy”, sabiendo que, con él, Lázaro pasará hambre.

Por último, el autor dirige su ironía hacia Lázaro adulto. Al comenzar el relato dice: “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oídas ni vistas”, donde señaladas no tiene el sentido elogioso de “famosas” sino que se refiere a “comentadas, criticadas”.

La novela es, por otra parte, una dura crítica de la sociedad de su tiempo, tanto que los comportamientos de los personajes, siempre hipócritas e interesados, como del sistema social que los obliga a ser así. Dos mitos centrales de la España del XVI son el objeto central de esa crítica: la obsesión por la honra y la religiosidad. Por un lado, el episodio del escudero pone en evidencia la falsedad del sentimiento del honor de la nobleza. Por otro, la mayor parte de los amos de Lázaro son clérigos y todos explotan, más o menos cruelmente al muchacho. El anticlericalismo de la obra es, pues, evidente. Si la nobleza y la Iglesia son satirizadas, tampoco otros estamentos se libran de la censura del autor anónimo: la justicia o los miliares, por ejemplo, son también criticados.

En la novela no aparecen valores como el amor o la amistad, predominan la ambición, la avaricia, el dinero, el provecho propio, las apariencias, la astucia, el cinismo… El autor del Lazarillo pone así al descubierto la cruel vida española de mediados del siglo XVI.
2.9. El lenguaje del Lazarillo
El Lazarillo está escrito en un lenguaje llano, sin artificios, directo. Los personajes se expresan de acuerdo con su condición individual y se ajustan a lo que pide el momento: júbilo, tristeza, cólera, etc. El uso de refranes, modismos, el vocabulario mismo, guardan relación con el estrato social al que pertenece el protagonista narrador. La frase corta, pero vivamente expresiva y ágil, o extensa, según la función narrativa que realice, y la precisión en captar, a veces con un toque de ironía o humor lo esencial y revelador, manifiestan un dominio del lenguaje y del arte de narrar.

Destaca especialmente el sentido del humor, con el empleo humorístico de algunos pasajes del Evangelio o con el uso de juegos de palabras, como cuando Lázaro habla del ciego: “este me dio la vida y, siendo ciego, me alumbró y adentró en la carrera de vivir”; o cuando habla de sí mismo: “Lázaro, lacerado”. Para conseguir el efecto irónico, se recurre al diminutivo y a la antítesis: “Fue tal el golpecillo que me tuvo fuera de mí por espacio de tres días” o “No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él viví o, por mejor decir, morí”.

3. MIGUEL DE CERVANTES (1547-1616) 1

Cervantes fue poeta, dramaturgo y novelista.
3.1. Cervantes, poeta y dramaturgo
Como poeta, debió de escribir bastantes poemas de carácter culto, pero muchos se han perdido. Sólo publicó una obra en verso, El viaje del Parnaso (1614), en la que presenta en conflicto a los buenos y malos escritores.

Como dramaturgo, escribió Cervantes numerosas obras, de las que conservamos más de una decena de comedias y ocho entremeses. Sus comedias, de muy diversos temas, siguen las normas clásicas y se distinguen por ello de las que triunfan en la época. Títulos de comedias cervantinas son Los baños de Argel, El rufián dichoso, Pedro de Urdemalas, La casa de los celos… Su única tragedia conocida es La Numancia.

Muy interesantes son sus entremeses, certero retrato de las clases populares de la época. Partiendo de Lope de Rueda, Cervantes hace más complejos a los personajes y dignifica al simple o bobo, personaje básico del entremés. La construcción de las piezas y la trama argumental son también más sólidas. Entre los más famosos entremeses cervantinos, figuran El retablo de las maravillas, La elección de los alcaldes de Daganzo, El viejo celoso, El rufián viudo…
3.2. Cervantes, novelista
Cervantes sobresale especialmente como novelista. Escribe novelas de casi todos los tipos conocidos en su tiempo.

Su primera novela, La Galatea (1585), desarrolla el tema de los amores entre pastores y contiene, como es habitual en las obras ce Cervantes, comentarios de crítica literaria, juicios teóricos, etc.

Su última novela, El Persiles, publicada póstuma en 1617, es una novela bizantina. Las novelas bizantinas eran novelas de amor y de aventuras, donde los enamorados protagonistas, tras pasar por diversos lugares y peripecias, terminan felizmente su viaje. Cervantes sigue de cerca este modelo, pero procura que los hechos narrados resulten creíbles.

Si no hubiera escrito el Quijote, es muy posible que Cervantes hubiera pasado a la historia literaria por ser el autor de las Novelas ejemplares. Esta colección de doce relatos cortos fue publicada en 1613. Cervantes es el primero que compone estos relatos al modo italiano con argumentos originales. El adjetivo ejemplares del título expresa su conexión con el género de los ejemplos medievales: se presenta una historia breve de la que se extrae una moraleja. Pero no todos estos relatos tienen una ejemplaridad moral, sino que son modelos o ejemplos de creación literaria.

Suelen agruparse las Novelas ejemplares en dos conjuntos: las novelas realistas y las novelas idealistas.

a) Novelas realistas: Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera, El celoso extremeño, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros.

b) Novelas idealistas: El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas y La señora Cornelia.

Combinan rasgos de ambos grupos las dos restantes: La gitanilla y La ilustre fregona.

3.3. El Quijote
3.3.1. Edición de la obra
La novela más célebre de Cervantes se publicó en dos partes:

a) Primera parte. Apareció en 1605 con el título El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; consta de un prólogo, de poemas burlescos iniciales y finales y de cincuenta y dos capítulos agrupados en cuatro partes.

b) Segunda parte. Se publicó en 1615, con un cambio en el título: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha; se compone de un prólogo y de setenta y cuatro capítulos, sin división en partes.
Un año antes, en 1614, había aparecido el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, firmado por Alonso Fernández de Avellaneda. En el prólogo de este Quijote apócrifo se insultaba a Cervantes; éste respondió en el prólogo de la segunda parte de su libro, e incluyó, dentro de la ficción misma, numerosas referencias a la falsedad de la novela de Avellaneda.
3.3.2. Estructura de la novela
La materia narrativa se encuentra dividida en las dos partes en que está escrito el Quijote, pero la estructuración del relato está determinada por las andanzas de don Quijote: las salidas de su casa y de su pueblo por tierras de La Mancha, Aragón y Cataluña en busca de aventuras.

El Quijote desarrolla una acción principal organizada en tres salidas: la primera y la segunda se narran en la primera parte; la tercera abarca toda la segunda parte.

El esquema narrativo básico de cada salida es el siguiente:

a) Salida de la aldea: La primera vez don Quijote deja su casa solo; en las otras dos le acompañará su fiel escudero Sancho Panza; en los preliminares de la tercera salida aparece el bachiller Sansón Carrasco, que irá en su busca y le causará su última derrota.

b) Serie de aventuras: Las aventuras del caballero se suceden también de un modo semejante: don Quijote se enfrenta con la realidad porque la percibe deformada (molinos= gigantes) y fracasa, además de recibir con frecuencia golpes y palos. En la tercera salida hay un cambio: el protagonista ya no se equivoca, sino que los demás desfiguran la realidad por su conveniencia o para divertirse a su costa.

c) Regreso a la aldea: Las tres salidas concluyen con el regreso a casa de don Quijote: las dos primeras, en condiciones penosas; la última, para morir.
El camino desempeña un papel fundamental, pues favorece el encuentro con personas de todo tipo y estrato social. Los encuentros de los protagonistas con otros personajes originan episodios ajenos a la acción central, con la cual se relacionan de diverso modo.

Las historias intercaladas destacan por su variedad formal y responden a los estilos de la narrativa anterior: novela pastoril, sentimental, morisca, de aventuras y novela corta de tipo italiano. Cervantes justificó su presencia para que no faltase variedad a su novela, pero en la segunda no incluyó novelas, sólo algún episodio que enlaza con el eje argumental.
3.3.3. Argumento
a) Primera parte:

El caballero manchego don Alonso Quijano, llamado por sus convecinos el Bueno, enloquece leyendo libros de caballerías. Concibe la idea de lanzarse al mundo, con el nombre de don Quijote de la Mancha, guiado por los nobles ideales la caballería. Con armas absurdas y un viejo caballo, Rocinante, sale por La Mancha y se hace armar caballero en una venta que imagina ser un castillo, entre las burlas del ventero y de las mozas del mesón. Libera a un muchacho a quien su amo está golpeando por perderle las ovejas (pero apenas se marcha, prosigue la paliza). Unos mercaderes lo golpean brutalmente; un conocido lo recoge y lo devuelve a su aldea. Ya repuesto, convence a un rudo labrador, Sancho Panza, ofreciéndole riquezas y poder, para que lo acompañe en sus aventuras. Y siempre sale mal parado: lucha contra unos gigantes que no son otra cosa que molinos de viento; es apaleado por unos arrieros; da libertad a unos criminales, que luego lo apedrean, etc. Sus amigos, el Canónigo y el Barbero, salen en su busca y lo traen engañado a su pueblo, metido en una jaula.

b) Segunda parte:

Don Quijote, obstinado en su locura, sale otra vez acompañado de Sancho Panza. En sus correrías por tierras de Aragón, llegan a los dominios de unos Duques, que se burlan despiadadamente de la locura del señor y la ambición del criado. Mandan a este como gobernador a uno de sus estados; Sancho da pruebas de un excelente sentido, pero cansado de la vida palaciega, organizada en son de burla por los Duques, se vuelve a buscar a don Quijote. Tras constantes aventuras, marchan a Barcelona, y allí es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, que es su amigo Sansón Carrasco disfrazado así para intentar que don Quijote recobre su cordura. Sansón Carrasco, vencedor, le impone la obligación de regresar a su pueblo. El caballero, física y moralmente derrotado, vuelve al lugar y allí muere cristianamente después de haberse curado de su locura.
3.3.4. Espacio
Se trata de una novela itinerante. Los personajes de los libros de caballerías iban constantemente de un lugar a otro sin más leyes que las que les dictara el azar para sus aventuras. Frente a los espacios fabulosos o fantásticos de los libros de caballerías, los escenarios de esta novela son reales: os protagonistas se desplazan por los caminos y pasan por distintas localidades pero, aunque se citan algunos lugares, no se una información geográfica detallada. Las descripciones físicas son imprecisas y se limitan a lo más importante.

En la primera parte los protagonistas recorren La Mancha hasta Sierra Morena; cuando se detienen, la venta se convierte en un núcleo espacial, lugar de paso donde se mezcla gente de distintos grupos sociales.

En la segunda parte, los personajes se desplazan por Aragón y Cataluña y son menos “andantes”, pasan más tiempo detenidos. El espacio más importante es el palacio de los duques, donde se relacionan con la alta nobleza, que ha leído la primera parte de la obra y trama una serie de burlas para entretenerse y divertirse a su costa. Don Quijote se siente tratado como un caballero y, por primera vez, amo y escudero se separan.
3.3.5. Tiempo
La narración es cronológica y lineal: el caballero sale un día de julio de un cierto verano y en ese mismo verano (por licencia poética, demasiado largo) ocurren las tres salidas y su muerte.

Las alusiones temporales a lo largo de la obra son escasas e incoherentes. Estos disparates cronológicos no afectan a la progresión regular del relato que percibe el lector: el período que abarca la historia comienza con la locura del protagonista y acaba, poco tiempo después, con su muerte.
3.3.6. Personajes
Los numerosos personajes que pueblan las páginas del Quijote pertenecen a todas las categorías sociales, desde las más altas a las más humildes.

Uno de los grandes valores de la novela de Cervantes es la creación de la pareja protagonista. Los protagonistas, don Quijote y Sancho, son dos figuras distintas y complementarias, que llegan a hacerse amigos gracias al diálogo. Juntos recorren los caminos y se influyen mutuamente: sus caracteres se van modificando por el hablar y el hacer de cada uno. Sus relaciones cambian: de la autoridad de don Quijote y la obediencia de Sancho, a la crítica y el enfrentamiento; pero los unen, como en la vida, la amistad y la lealtad.

a) Don Quijote

El personaje es descrito como alto y delgado, viejo, colérico, culto y gran lector, soltero, solitario, valiente e impulsivo. Hidalgo rural y pobre, su locura lo lleva a convertirse en caballero.

El tema de la locura es central en la obra, ya que constituye la base del conflicto permanente entre el héroe y la realidad que se le presenta. Quiere y cree ser caballero andante, pero sabe que finge (“Yo sé quién soy”, dirá). La locura de don Quijote está limitada al mundo de lo caballeresco; en los momentos en que no aparece este tema, el protagonista es admirablemente cuerdo, generoso, culto, tolerante y mesurado, como reconocen muchos de los que le tratan. En este sentido, se podría decir que don Quijote vive en cuatro “mundos” que aparecen relacionados por la estructura novelesca paródica:

- Un mundo voluntario: al volverse loco, el hidalgo rompe con una personalidad a la que le condenaban las circunstancias, su tiempo y su espacio. Por medio de la locura, se escapa de su realidad cotidiana. Ahora puede buscar una nueva personalidad, a través de la imitación de los modelos que admira, de ahí el nuevo nombre, que significa para él una nueva identidad y una nueva vida.

- Un mundo transformado: el mundo voluntario de don Quijote hace que este transforme la realidad que le rodea: ve gigantes donde hay molinos, ejércitos donde hay rebaños, etc.

- Un mundo fingido: una serie de personajes “siguen la corriente” a don Quijote, aparentan creer que el mundo transformado es el real. Unos lo hacen para reírse de él (el ventero, los condes…) otros para intentar curarlo (el bachiller Sansón Carrasco, el cura…).

- El mundo “real”, el objetivo, del que don Quijote huye a toda costa.
b) Sancho

Representa al hombre llano, con una enorme sabiduría popular, práctico y materialista. Es lo opuesto a su amo: bajo y barrigudo, prudente, analfabeto, casado y pacífico. Acepta servir a don Quijote por su simpleza y por la recompensa prometida de una ínsula. El personaje, síntesis del tonto de la tradición folclórica, del bobo del teatro y parodia del escudero de las narraciones caballerescas, se transforma durante la narración en un ser complejo, independiente, que duda y cree, miente y es engañado, ríe y llora, se muestra discreto y tonto; pero es siempre bueno y compasivo.
3.3.7. La narración y los narradores del Quijote
En la novela cervantina se distinguen un narrador básico o principal, distintos autores ficticios y varios narradores-personajes:

a) Narrador principal: Cuenta desde un nivel superior y externo a la historia, es omnisciente y, en ocasiones, usa la primera persona para designarse a sí mismo como responsable directo de lo narrado.

b) Autores ficticios: El narrador interrumpe el relato en un momento clave de un episodio en plena pelea con un vizcaíno y dice que aquí se acaba el documento que le servía de base. Pero entonces, el narrador principal explica que, casualmente, ha encontrado el texto original en árabe, de un tal Cide Hamete Benengeli, y se lo hace traducir por un morisco aljamiado (que habla castellano) con lo que puede continuar la narración. Todo esto constituye una parodia de los pseudoautores y traductores que aparecían en las novelas de caballerías. Este artificio permite a Cervantes un alejamiento irónico, ya que puede comentar su propia obra.

c) Narradores-personajes: El narrador principal cede la palabra a los personajes que cuentan relatos de distinto tipo en los que desempeñan diferentes funciones. En las historias intercaladas hay narradores-personajes que son simples testigos, otros que participan en las historias contadas y algunos son sus protagonistas.
3.3.8. Lenguaje y estilo
El lenguaje del Quijote es un acabado resumen de la variedad de estilos típica del Renacimiento. En él se combina el estilo elevado con el propio de la parodia burlesca, el habla culta con la popular conformes ambas con la condición social de los personajes, las disquisiciones eruditas con los refranes y dichos de profundo saber popular, etc. Su dominio del castellano fue portentoso: utiliza en sus obras más de doce mil palabras distintas, aspecto relevante, ya que una persona culta puede utilizar entre cinco y seis mil.

La pluralidad de los mundos que refleja El Quijote tiene su reflejo en la variedad de los registros lingüísticos:

  • Registro del narrador (Cervantes), que corresponde a la prosa culta de finales del XVI y principios del XVII, pero sin afectaciones ni oscuridades innecesarias.

  • Registro de los protagonistas, manifestado a través de los diálogos:

    • Don Quijote muestra dos estilos diferentes: el que corresponde a la imitación de los modelos caballerescos y el que corresponde al mundo real en el que se mueve. Cuando don Quijote se refiere a asuntos de caballerías utiliza un estilo anacrónico, lleno de expresiones arcaicas; sin embargo, cuando no se trata de asuntos de caballeros, don Quijote muestra en su lenguaje tanta precisión como juicio en sus razonamientos. Así, corrige con frecuencia no sólo a Sancho, sino a otros personajes que hacen un uso incorrecto del castellano.

    • Sancho muestra un estilo muy distinto de su señor, como corresponde a su diferente educación y posición social. El habla de Sancho reproduce el vocabulario, los giros y expresiones propios de un rústico, así como la riqueza de sentencias manifestada en el constante empleo de refranes que llega a abrumar a don Quijote.

  • Registro de los demás personajes: cada uno de ellos nos indica por medio de sus palabras su nivel cultural, su estado de ánimo, su personalidad. En definitiva, los personajes del Quijote quedan perfectamente individualizados por su forma de hablar.


Es significativa dentro de la obra la presencia de recursos de la tradición oral: la dualidad de los narradores, la ambivalencia del léxico, las sonoridades y los ritmos, el uso de deícticos y el recurso al apóstrofe, la proyección del gesto o de la imagen, la dramatización del retrato, los juegos equívocos de la primera persona, la atención a las inflexiones de la voz, las técnicas de puesta en escena, los incisos del narrador…

Cervantes contribuye con todo ello a gestar un nuevo lector entendido y cómplice, a quien dirige prólogos y preliminares que reclaman su connivencia, que se deja llevar, pero no engañar, por tantos embaucadores cervantinos maestros en el arte de hablar Cide Hamete Benengeli, el ficticio y burlón narrador arábigo que, supuestamente, escribe casi toda la novela. Estamos ya ante la creación del lector moderno: un lector escéptico que erigirá la duda en sistema.
3.3.9. Propósito de la novela
El propósito del Quijote es la parodia de los libros de caballerías, y como libro casi exclusivamente cómico fue leído durante los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, desde el Romanticismo se interpreta la novela como la defensa de un ideal en un mundo en el que los grandes ideales han perdido su sentido.

El Quijote es también un libro de crítica y teoría literaria: no sólo los personajes hablan constantemente de literatura, sino que el conjunto de la obra es en sí mismo un ejercicio de experimentación literaria; en ella se encuentran relatos de todo tipo (pastoriles, moriscos, cortesanos…), poemas, diálogos, etc. Además, la novela cervantina retrata bastante fielmente la vida española de su tiempo: por sus páginas desfilan grandes nobles poseedores de títulos; hidalgos que desean recuperar una posición social digna, labradores ricos o míseros labriegos, criados, curas, cabreros, presos, moriscos, etc.
4. EL TEATRO RENACENTISTA
4.1. Primera mitad del siglo XVI
Lucas Fernández fue discípulo de Juan del Encina y escribió varios dramas muy próximos todavía al teatro medieval, como es el caso de su Auto de la Pasión.

Gil Vicente fue un escritor portugués que escribió también en castellano. En su producción alternan las obras religiosas (Trilogía de las Barcas, Auto de la Sibila Casandra) con las profanas (Don Duardos). Características del teatro de Gil Vicente son la sátira de los eclesiásticos, la incorporación de elementos folclóricos y la gran calidad de los poemas y canciones que se incluyen en sus dramas.

Bartolomé de Torres Naharro debe a su estancia en Italia el buen conocimiento del teatro clásico y el renacentista. Dividió sus comedias en dos tipos: las comedias a noticia y las comedias a fantasía. Las comedias a noticia (Soldadesca y Tinellaria) tienen un carácter realista y en las comedias a fantasía (Serafina e Himenea) se deja vía libre a la imaginación. Rasgos generales de su teatro son la variedad de tipos y clases sociales, su dominio del diálogo y de las técnicas dramáticas, su vitalismo y el fuerte anticlericalismo.

4.2. Segunda mitad del siglo XVI:
Se produce la consolidación del teatro, pero desaparecen de las obras los contenidos satíricos por la presión que ejercía la censura de la Inquisición.

En esta segunda mitad conviven muchos tipos de teatro. Junto al teatro religioso y profano, que se representaba en las iglesias, palacios o en la calle en determinadas fiestas religiosas, se desarrolla a lo largo del siglo XVI un teatro popular, representado de forma rudimentaria en los pueblos o puesto en escena en los corrales de comedias que van surgiendo en las ciudades más importantes.

Dentro de este teatro sobresale la figura de Lope de Rueda. Actor, director de escena y autor al mismo tiempo, escribió muchas comedias en prosa al modo italiano, pero introdujo muchas novedades, como la utilización de numerosos elementos cómicos para adaptar la comedia culta italiana al ambiente popular en que se representaban las obras. Muy conocido son sus pasos, breves piezas cómicas representadas en los entreactos de las comedias, cuyo éxito popular se debe a su cercanía al folclore. Los pasos de Lope de Rueda darán lugar a los entremeses, caracterizados por su brevedad, su comicidad y el dominio del lenguaje.

En el florecimiento del teatro español que lleva hasta Lope de Vega y los dramaturgos del XVII tuvo gran importancia la actividad teatral en Sevilla y Valencia a fines del siglo XVI. Los autores valencianos incorporaron a sus obras muchos elementos (asuntos de la historia nacional, temas locales, tono costumbrista, aproximación al gusto popular…) que después aprovechó Lope de Vega. Otros autores como el mismo Cervantes o Juan de la Cueva también contribuyeron al auge del teatro.



1 Nació Cervantes en 1547 en Alcalá de Henares. En 1570 marchó a Italia y quedó impresionado por su arte, su literatura y su vida. Participó como soldado en la batalla de Lepanto y permaneció como militar en diversos lugares italianos. Cuando regresaba a España, en 1575, fue apresado por los turcos y conducido a Argel. Allí permaneció cautivo durante cinco años. Rescatado, volvió a España, donde llevó hasta el final de sus días una vida difícil y azarosa (fue excomulgado y encarcelado varias veces). Vivió en Esquivias (Toledo) en diversos lugares de Andalucía, en Valladolid y en Madrid, donde murió el 23 de abril de 1616

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