Xvi. Supone el “renacer” de la cultura grecolatina, de la valoración del hombre por encima de todas las cosas y de búsqueda de la armonía y el equilibrio. Contexto histórico, social y cultural de la España del siglo XVI






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fecha de publicación09.04.2017
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El Renacimiento. La lírica renacentista Dpto de Lengua castellana y literatura


El Renacimiento. La lírica renacentista.

  1. El Renacimiento. Concepto.

  2. Contexto histórico, social y cultural de la España del siglo XVI.

  3. Características de la lírica renacentista.

    1. Influencias.

    2. Temas y motivos poéticos.

    3. Aspectos formales.

  4. Etapas.

  5. Garcilaso de la Vega.

  6. Fray Luis de León.

  7. San Juan de la Cruz



  1. El Renacimiento. Concepto.

Movimiento artístico y literario que surge en la Italia de los siglos XIV y XV y que, desde allí se extendió por otros países llegando a España en el siglo XVI. Supone el “renacer” de la cultura grecolatina, de la valoración del hombre por encima de todas las cosas y de búsqueda de la armonía y el equilibrio.

  1. Contexto histórico, social y cultural de la España del siglo XVI.

La España del siglo XVI está marcada por la estabilidad política, la paz interior y la abundancia del oro y la plata de América.

En el plano político, España se convirtió en potencia mundial de la mano de los reyes Carlos I (1516-1556) y Felipe II (1556-1598), con inmensas posesiones territoriales en Europa (parte de Italia, Países Bajos, Alemania- Carlos V de Alemania- y Portugal- durante el reinado de Felipe II-), América e incluso Asia (Filipinas). Esta situación originó continuos conflictos y guerras, especialmente con Francia y contra los turcos, además de las rebeliones protestantes en Alemania y los Países Bajos, que endeudaron las arcas españolas.

Interiormente, el reinado de Carlos I se inició con la rebelión de los comuneros que constituyó un intento por limitar el poder de la nobleza. Por lo demás, España vivió una fase de crecimiento económico y demográfico; pero, también, había miseria y hambre, como atestigua el auge de la picaresca. La sociedad seguía siendo estamental, con una nobleza que gozaba de prestigio, de influencia y de privilegios. Los nobles preferían invertir en la tierra y vivir de las rentas. Se produjo un aumento considerable de comerciantes, artesanos y funcionarios, pero aunque la burguesía creció y se enriqueció, la mayoría de sus miembros aspiraba a convertirse en hidalgos. Los campesinos constituían el grupo social sobre el que recaía la mayoría de los impuestos.

En el plano religioso, nos movemos entre la Reforma de Martín Lutero en Europa, que dio lugar al protestantismo (experiencia religiosa individual, búsqueda de Dios por el amor, valores evangélicos, rechazo del Papa…) y la Contrarreforma cuya punta de lanza fue España (durante el Concilio de Trento-1545- se fijaron las medidas de renovación del catolicismo). Entre las novedades destacadas de estas reformas en la Península Ibérica están la reforma de las órdenes religiosas, la creación de la Compañía de Jesús y la publicación, por parte de la Santa Inquisición, del Índice de Libros prohibidos (que incluía libros de Erasmo de Rotterdam, protestantes, obras teatrales, El Lazarillo). La invención y extensión de la imprenta originó la censura previa y el control rígido de las ediciones.

En una sociedad en la que el miedo y lo sagrado impregnaban la vida cotidiana, se extendieron creencias que confundían lo religioso y lo mágico: el demonio, las brujas, los milagros, las apariciones, la avidez de poseer reliquias.

Otros valores importantes de la España del XVI son: la limpieza de sangre (se ocultaba el origen judío o musulmán, los conversos son rechazados y había obsesión por ser cristiano viejo), el sentimiento de la honra u opinión que los demás tienen de nosotros como valor supremo ( la honra familiar dependía en, gran medida, de la conducta que las mujeres observaban; consideradas una posesión masculina, no tenía capacidad para decidir sobre su vida, matrimonio, hijos… y estaban sometidas al control y la violencia).

En el plano cultural, se caracteriza esta época por el surgimiento del Humanismo, corriente de pensamiento basada en los studia humanitatis que imponían el aprendizaje del latín clásico, lo que permitió el acceso directo a las obras de la Antigüedad. Al mismo tiempo, se sitúa al hombre en el centro de la creación (antropocentrismo) y se exaltan la naturaleza y el placer, la visión optimista y confiada del mundo.

En España, el Humanismo cobró importancia a fines del siglo XV y durante el siglo XVI y la influencia de dicha corriente se observa en:

  • La labor del cardenal Cisneros, impulsor de reformas culturales y espirituales, que promovió la edición de la Biblia políglota complutense y fundó la Universidad de Alcalá de Henares.

  • Reivindicación y estudio de la lengua nacional. El español se impuso en la literatura y la ciencia y se tradujeron obras latinas; destacan Gramática de la lengua castellana de Elio Antonio de Nebrija y Diálogo de la lengua de Juan Valdés.

  • Resurge el ideal caballeresco, fusionado en este caso con la cultura. El ideal cortesano es un hombre que participa en campañas militares y misiones diplomáticas; un hombre que sabe de música, arte y literatura.



  1. La lírica renacentista.

    1. Influencias.

La poesía renacentista recibe una cuádruple influencia:

  • La lírica culta provenzal que se desarrolló durante la Edad Media y su concepción del amor cortés.

  • La literatura clásica, especialmente Virgilio (el bucolismo, idealización del paisaje que en Italia recreó Jacobo Sannazaro con La Arcadia), Horacio (con sus odas y epístolas) y Ovidio ( y la mitología).

  • La literatura italiana de los siglos anteriores: Dante, Boccaccio y, sobre todo, Francesco Petrarca, quien con su Canzionere, poemario organizado en torno a Laura, amor platónico de Petrarca. Estos poemas abordan la pasión del yo poético, sus quejas por el amor no correspondido, la alabanza de la belleza de Laura y el lamento por su muerte. Además, fue el creador del soneto, forma métrica que tanta repercusión tuvo en la historia de la literatura.

  • El Neoplatonismo desarrollado a través de las obras El cortesano de Castiglione y Diálogos de Amor, de León Hebreo, quienes a partir de la filosofía de Platón sobre el amor elaboran sus teorías: la belleza del mundo (especialmente, la femenina) constituye un reflejo de la belleza divina; el amor, producto del entendimiento, representa un camino de comunicación con la divinidad. De la misma manera, la naturaleza perfecta, idealizada, la armonía del universo y el deseo de la armonía del hombre son ideas neoplatónicas.



    1. Temas y motivos poéticos

Los temas fundamentales de la lírica renacentista española son:

  • El amor, tema principal, del que, en cierto modo, emanan todos los demás. Su expresión es el resultado de la introspección del yo poético, que manifiesta su sufrimiento por la ausencia o la muerte de la amada o por la falta de correspondencia. Abundan motivos como el dolor que provoca el amor, su poder y la lucha entre la razón y el deseo.

  • La descripción de la mujer que corresponde al canon de belleza renacentista ( piel blanca, cabellos rubios, ojos claros) y aparece asociada a imágenes de la naturaleza. Este tópico se denomina descriptio puellae.

  • La naturaleza, que aparece descrita con el tópico del locus amoenus (lugar idealizado lleno de paz, flores, fuentes y ríos, suave viento, canto de aves…). Esta naturaleza se relaciona con el amor: el paisaje se humaniza como proyección del estado de ánimo del poeta o se presenta en duro contraste entre esa hermosura, a quien se dirigen las quejas del amante desdichado.

  • El tópico del carpe diem (“coge el día”) que se asocia al amor, ya que incita a su disfrute.

  • La mitología clásica, quien sirve también para expresar la relación amorosa.

  • La religión y la moral, especialmente, en la segunda mitad del siglo XVI. Se destacan, en este capítulo, el tópico del beatus ille (“dichoso aquel”), al que se recurre para tratar la búsqueda de la perfección en la naturaleza, mediante el menosprecio de lo urbano y la dominación de las pasiones; y el conocimiento de sí mismo, la introspección, con los que se consiguen el acercamiento y la comunicación con Dios.

  • Otros temas: la amistad (sólo entre hombres) y el elogio cortesano a un mecenas o nobles.



    1. Aspectos formales

En el plano métrico, el Renacimiento supuso una renovación total. La poesía italiana aportó dos incorporaciones rítmicas: el endecasílabo y el encabalgamiento, que otorgan una sonoridad más suave. Fue Juan de Boscán quien animó a Garcilaso de la Vega a utilizar la métrica italiana (el endecasílabo, solo o combinado con el heptasílabo). Las estrofas y composiciones más usadas son:

  • Los tercetos encadenados.

  • La lira (7a11B7a7b11B), cuyo nombre proviene de la estrofa inicial de la Oda a la flor del Gnido, de Garcilaso de la Vega.

  • La octava real (ABABABCC).

  • La silva, combinación a gusto del poeta de versos endecasílabos y heptasílabos, que cuando se repite se denomina estancia.

  • El soneto, que consta de dos cuartetos y dos tercetos.

En cuanto al estilo, se cultivó una poesía que responde al ideal de sencillez y naturalidad expresiva. Cobran importancia la adjetivación, sobre todo el empleo del epíteto para describir el mundo exterior (la hermosura del paisaje), y el uso de metáforas para caracterizar los rasgos físicos de la dama. Destaca la utilización del hipérbaton.

  1. Etapas

En la poesía renacentista se distinguen dos etapas, que se corresponden con los reinados de Carlos I y Felipe Ii.

  • Primera etapa: (primera mitad del siglo XVI). En los primeros años del siglo predominó la lírica cancioneril heredada del período anterior ( p.ej. El Cancionero General).Además fueron populares los romances y poemas tradicionales. Paralelamente, se produjo la renovación poética producida por la irrupción del petrarquismo y la influencia clásica. En esta corriente, sobresale la obra de Garcilaso de la Vega. Esta concepción fue heredada por poetas como Gutierre de Cetina o Diego Hurtado de Mendoza, entre otros.

  • Segunda etapa: (segunda mitad del siglo XVI coincidiendo con la Contrarreforma de Felipe II). En este período, se produce un auge de la poesía espiritual. Esta lírica aborda dos caminos: la ascética y la mística. La primera busca la perfección mediante la purificación, la segunda, habla de la existencia de tres vías (purgativa, iluminativa, unitiva) para llegar a la unión plena con Dios. A la primera tendencia corresponde la obra de fray Luis de León; y a la segunda, San Juan de la Cruz.

De otra parte, se desarrolla la poesía amorosa petrarquista de la mano de Fernando de Herrera; y, a fines de centuria, la poesía épica de Alonso de Ercilla.

  1. Garcilaso de la Vega.

Nació en Toledo (1501) en una familia aristocrática y fue servidor del rey Carlos I. Hombre de armas y letras, casó con Elena de Zúñiga, pero estuvo siempre enamorado de la dama portuguesa Isabel Freire (de forma platónica), quien inspiró algunos de sus sonetos y la Égloga I. En 1531 participó en una boda prohibida por el rey, por lo que éste lo desterró a una isla del Danubio y, posteriormente, a Nápoles. Allí conoció a los más importantes poetas italianos de su tiempo. En 1536 fue herido en el asalto a la fortaleza de Muy y murió poco después en Niza.

Garcilaso compuso cuarenta sonetos, tres églogas, cinco canciones, dos elegías y una epístola, además de ocho poemas octosílabos de tipo cancioneril, una breve obra que produjo la más importante revolución de la lírica española y se convirtió en el modelo de los poetas posteriores.

Los temas por excelencia de la lírica garcilasista es el amor, expresado desde la melancolía y la tristeza por la frustración o la ausencia de la amada. Con él se relaciona la naturaleza, presentada en su perfección con el tópico del locus amoenus como reflejo del mundo interior del yo poético, refugio de su dolor, ante el que ella se compadece o se siente incapaz de calmarlo.

En otros poemas, se abordan los temas de la amistad, el destino, la fortuna o la necesidad de dominar las pasiones.

Las influencias básicas que se perciben en esta obra son la poesía del cancionero y del poeta valenciano Ausias March (en la primera etapa especialmente); a partir de 1532 se incrementa el contacto de Garcilaso con la poesía petrarquista. En estos años escribe la mayor parte de su obra e incorpora los géneros de tradición clásica (la oda, las elegías, la epístola y las églogas).

La Églogla I contiene los monólogos de dos pastores, Salicio y Nemoroso, que hablan sobre el dolor por el abandono y muerte de sus amadas Galatea y Elisa, respectivamente. En la Égloga II se narra la locura de un amor no correspondido: el de Albanio hacia Camila. La Égloga III relata las historias que tejen cuatro ninfas a orillas del Tajo: tres son relatos mitológicos – Orfeo y Eurídice, Apolo y Dafne y Adonis y Venus- y la cuarta refiere la muerte de Elisa, amada de Nemoroso.

El estilo de Garcilaso de la Vega se caracteriza por aspirar a la naturalidad expresiva, utilizando para ello epítetos, metáforas, personificaciones e hipérbatos.

  1. Fray Luis de León.

Conquense agustino (152?-1591) que se graduó como doctor en Teología y fue catedrático en la Universidad de Salamanca. Estuvo cinco años en la cárcel, acusado de traducir al castellano El Cantar de los Cantares y defender el texto hebreo del Antiguo Testamento. Declarado finalmente inocente, fue liberado y reanudó su actividad en la universidad hasta su muerte en Madrigal de Altas Torres (Ávila).

La obra poética de fray Luis incluye veintitrés poemas originales, la mayoría en liras y fue publicada en 1631 por Quevedo.

Se trata de poesías morales, excepto unos pocos poemas religiosos. Sus fuentes son la poesía clásica de Horacio (creador del tópico del beatus ille) y de Virgilio, así como los textos bíblicos; por otra parte, se observan influencias de la filosofía neoplatónica y estoica, que proponía la necesidad de vencer las pasiones (amor, odio, esperanza y miedo) para lograr la paz y la serenidad. En estos poemas destaca el uso de metáforas pertenecientes a campos asociativos relacionados con la naturaleza, las repeticiones de palabras, la anáfora, los cultismos latinos, los hipérbatos, el polisíndeton y el asíndeton.

También fue escritor de obras en prosa: La perfecta casada y De los nombres de Cristo.

  1. San Juan de la Cruz

Este carmelita descalzo (Fontiveros, Ávila 1542-Úbeda, Jaén 1591), de pobres orígenes familiares, y preso por propiciar la orden del Carmelo, compuso algunas poesías de arte menor y tres poemas mayores, que constituyen un hito en la poesía occidental por su intensidad amorosa y su excelencia literaria.

En Llama de amor viva, Noche oscura del alma y el Cántico espiritual, San Juan expresa la unión del alma con la divinidad y lo hace por medio de un lenguaje que le resulta insuficiente; por ello, incorpora motivos de varias tradiciones poéticas: la lírica tradicional, la clásica, la italianizante y la bíblica, especialmente el Cantar de los Cantares.

El poeta recurre a un lenguaje simbólico basado en el amor humano. En las dos primeras se observa el mismo esquema argumental: el alma (la amada o esposa) busca a Dios (esposo) y se realiza la unión mística.

En el Cántico espiritual se presenta una estructura dramática: la mujer enamorada en busca del Amado, en un paisaje caracterizado como un locus amoenus. La naturaleza, bella, viva, aparece identificada con el esposo, es reflejo de su belleza. Aparece el esposo y se consuma el matrimonio espiritual. Simbolizan la unión con Dios tras pasar por tres fases: vía purgativa, en la que el alma se purifica y libera de las pasiones; la iluminativa, en la que la luz de Dios guía al alma; y la unitiva, en la que se produce la unión plena.

Además de los símbolos (amor humano y matrimonio, ascensión o subida, noche, llama, aire, luz…) en las producciones místicas de san Juan hay comparaciones, antítesis, paradojas, exclamaciones, interrogaciones e hipérbatos.

POEMAS DE GARCILASO DE LA VEGA

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena 5

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10

cubra de nieve la hermosa cumbre;
marchitará la rosa el viento helado.

Todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

Égloga I
Salicio:
¡Oh más dura que mármol a mis quejas,

y al encendido fuego en que me quemo

más helada que nieve, Galatea!,

estoy muriendo, y aún la vida temo; 60

témola con razón, pues tú me dejas,

que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.

Vergüenza he que me vea

ninguno en tal estado,

de ti desamparado, 65

y de mí mismo yo me corro agora.

¿De un alma te desdeñas ser señora,

donde siempre moraste, no pudiendo

de ella salir un hora?

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 70
El sol tiende los rayos de su lumbre

por montes y por valles, despertando

las aves y animales y la gente:

cuál por el aire claro va volando,

cuál por el verde valle o alta cumbre 75

paciendo va segura y libremente,

cuál con el sol presente

va de nuevo al oficio,

y al usado ejercicio

do su natura o menester le inclina, 80

siempre está en llanto esta ánima mezquina,

cuando la sombra el mondo va cubriendo,

o la luz se avecina.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Nemoroso:
Corrientes aguas, puras, cristalinas,

árboles que os estáis mirando en ellas, 240

verde prado, de fresca sombra lleno,

aves que aquí sembráis vuestras querellas,

hiedra que por los árboles caminas,

torciendo el paso por su verde seno:

yo me vi tan ajeno 245

del grave mal que siento,

que de puro contento

con vuestra soledad me recreaba,

donde con dulce sueño reposaba,

o con el pensamiento discurría 250

por donde no hallaba

sino memorias llenas de alegría.
Y en este mismo valle, donde agora

me entristezco y me canso, en el reposo

estuve ya contento y descansado. 255

¡Oh bien caduco, vano y presuroso!

Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,

que despertando, a Elisa vi a mi lado.

¡Oh miserable hado!

¡Oh tela delicada, 260

antes de tiempo dada

a los agudos filos de la muerte!

Más convenible fuera aquesta suerte

a los cansados años de mi vida,

que es más que el hierro fuerte, 265

pues no la ha quebrantado tu partida.

¿ Dó están agora aquellos claros ojos

que llevaban tras sí, como colgada,

mi ánima doquier que ellos se volvían?

¿Dó está la blanca mano delicada, 270

llena de vencimientos y despojos

que de mí mis sentidos le ofrecían?

Los cabellos que vían

con gran desprecio al oro,

como a menor tesoro, 275

¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho?

¿Dó la columna que el dorado techo

con presunción graciosa sostenía?

Aquesto todo agora ya se encierra,

por desventura mía, 280

en la fría, desierta y dura tierra.

Fray Luis de León

Vida retirada

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruïdo

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido! 5
Que no le enturbia el pecho

de los soberbios grandes el estado,

ni del dorado techo

se admira, fabricado

del sabio moro, en jaspes sustentado. 10
No cura si la fama

canta con voz su nombre pregonera,

ni cura si encarama

la lengua lisonjera

lo que condena la verdad sincera. 15
¿Qué presta a mi contento

si soy del vano dedo señalado,

si en busca de este viento

ando desalentado

con ansias vivas y mortal cuidado? 20
¡Oh campo, oh monte, oh río!

¡Oh secreto seguro deleitoso!

roto casi el navío,

a vuestro almo reposo

huyo de aqueste mar tempestuoso. 25
Un no rompido sueño,

un día puro, alegre, libre quiero;

no quiero ver el ceño

vanamente severo

de quien la sangre ensalza o el dinero. 30
Despiértenme las aves

con su cantar süave no aprendido,

no los cuidados graves

de que es siempre seguido

quien al ajeno arritrio está atenido. 35
Vivir quiero conmigo,

gozar quiero del bien que debo al cielo

a solas, sin testigo,

libre de amor, de celo,

de odio, de esperanzas, de recelo. 40
Del monte en la ladera

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera

de bella flor cubierto,

ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45
Y como codiciosa

de ver y acrecentar su hermosura,

desde la cumbre airosa

una fontana pura

hasta llegar corriendo se apresura. 50
Y luego sosegada

el paso entre los árboles torciendo,

el suelo de pasada

de verdura vistiendo,

y con diversas flores va esparciendo. 55


El aire el huerto orea,

y ofrece mil olores al sentido,

los árboles menea

con un manso ruïdo,

que del oro y del cetro pone olvido. 60
Ténganse su tesoro

los que de un flaco leño se confían:

no es mío ver al lloro

de los que desconfían

cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65
La combatida antena

cruje, y en ciega noche el claro día

se torna; al cielo suena

confusa vocería,

y la mar enriquecen a porfía. 70
A mí una pobrecilla

mesa, de amable paz bien abastada

me baste, y la vajilla

de fino oro labrada,

sea de quien la mar no teme airada. 75
Y mientras miserable-

mente se están los otros abrasando

en sed insacïable

del no durable mando,

tendido yo a la sombra esté cantando. 80
A la sombra tendido

de yedra y lauro eterno coronado,

puesto el atento oído

al son dulce, acordado,

del plectro sabiamente meneado. 85

San Juan de la Cruz

Cántico espiritual
Canciones entre el alma y el esposo

Esposa:
¿Adónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti, clamando, y eras ido. 5
Pastores, los que fuerdes

allá, por las majadas, al otero,

si por ventura vierdes

aquél que yo más quiero,

decidle que adolezco, peno y muero. 10
Buscando mis amores,

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras. 15
(Pregunta a las Criaturas)
¡Oh bosques y espesuras,

plantadas por la mano del amado!

¡Oh prado de verduras,

de flores esmaltado,

decid si por vosotros ha pasado! 20
(Respuesta de las Criaturas)

Respuesta de las Criaturas)
Mil gracias derramando,

pasó por estos sotos con presura,

y yéndolos mirando,

con sola su figura

vestidos los dejó de hermosura. 25
Esposa:
¡Ay, quién podrá sanarme!

Acaba de entregarte ya de vero;

no quieras enviarme

de hoy más ya mensajero,

que no saben decirme lo que quiero. 30
Y todos cantos vagan,

de ti me van mil gracias refiriendo.

Y todos más me llagan,

y déjame muriendo

un no sé qué que quedan balbuciendo. 35
Mas ¿cómo perseveras,

oh vida, no viviendo donde vives,

y haciendo, porque mueras,

las flechas que recibes,

de lo que del amado en ti concibes? 40
¿Por qué, pues has llagado

aqueste corazón, no le sanaste?

Y pues me le has robado,

¿por qué así le dejaste,

y no tomas el robo que robaste? 45
Apaga mis enojos,

pues que ninguno basta a deshacellos,

y véante mis ojos,

pues eres lumbre dellos,

y sólo para ti quiero tenellos. 50
¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados,

formases de repente

los ojos deseados,

que tengo en mis entrañas dibujados! 55
¡Apártalos, amado,

que voy de vuelo!
Esposo:
Vuélvete, paloma,

que el ciervo vulnerado

por el otero asoma,

al aire de tu vuelo, y fresco toma. 60
Esposa:
¡Mi amado, las montañas,

los valles solitarios nemorosos,

las ínsulas extrañas,

los ríos sonorosos,

el silbo de los aires amorosos; 65

la noche sosegada,

en par de los levantes de la aurora,

la música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora; 70
nuestro lecho florido,

de cuevas de leones enlazado,

en púrpura tendido,

de paz edificado,

de mil escudos de oro coronado! 75
A zaga de tu huella,

las jóvenes discurran al camino;

al toque de centella,

al adobado vino,

emisiones de bálsamo divino. 80


En la interior bodega

de mi amado bebí, y cuando salía,

por toda aquesta vega,

ya cosa no sabía

y el ganado perdí que antes seguía. 85
Allí me dio su pecho,

allí me enseñó ciencia muy sabrosa,

y yo le di de hecho

a mí, sin dejar cosa;

allí le prometí de ser su esposa. 90
Mi alma se ha empleado,

y todo mi caudal, en su servicio;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio. 95

Pues ya si en el ejido

de hoy más no fuere vista ni hallada,

diréis que me he perdido;

que andando enamorada,

me hice perdidiza, y fui ganada. 100
De flores y esmeraldas,

en las frescas mañanas escogidas,

haremos las guirnaldas

en tu amor florecidas,

y en un cabello mío entretejidas: 105
en sólo aquel cabello

que en mi cuello volar consideraste;

mirástele en mi cuello,

y en él preso quedaste,

y en uno de mis ojos te llagaste. 110
Cuando tú me mirabas,

tu gracia en mí tus ojos imprimían;

por eso me adamabas,

y en eso merecían

los míos adorar lo que en ti vían. 115
No quieras despreciarme,

que si color moreno en mí hallaste,

ya bien puedes mirarme,

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mí dejaste. 120

Cogednos las raposas,

que está ya florecida nuestra viña,

en tanto que de rosas

hacemos una piña,

y no parezca nadie en la montiña. 125
Deténte, cierzo muerto;

ven, austro, que recuerdas los amores,

aspira por mi huerto,

y corran sus olores,

y pacerá el amado entre las flores. 130


Esposo:
Entrado se ha la esposa

en el ameno huerto deseado,

y a su sabor reposa,

el cuello reclinado

sobres los dulces brazos del amado. 135
Debajo del manzano,

allí conmigo fuiste desposada,

allí te di al mano,

y fuiste reparada

donde tu madre fuera violada. 140
O vos, aves ligeras,

leones, ciervos, gamos saltadores,

montes, valles, riberas,

aguas, aires, ardores

y miedos de las noches veladores, 145

por las amenas liras

y canto de serenas os conjuro

que cesen vuestras iras

y no toquéis al muro,

porque la esposa duerma más seguro. 150
Esposa:
Oh ninfas de Judea,

en tanto que en las flores y rosales

el ámbar perfumea,

morá en los arrabales,

y no queráis tocar nuestros umbrales. 155
Escóndete, carillo,

y mira con tu haz a las montañas,

y no quieras decillo;

mas mira las compañas

de la que va por ínsulas extrañas. 160
Esposo:
La blanca palomica

al arca con el ramo se ha tornado,

y ya la tortolica

al socio deseado

en las riberas verdes ha hallado. 165
En soledad vivía,

y en soledad he puesto ya su nido,

y en soledad la guía

a solas su querido,

también en soledad de amor herido. 170
Esposa:
Gocémonos, amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte o al collado

do mana el agua pura;

entremos más adentro en la espesura. 175
Y luego a las subidas

cavernas de la piedra nos iremos,

que están bien escondidas,

y allí nos entraremos,

y el mosto de granadas gustaremos. 180
Allí me mostrarías

aquello que mi alma pretendía,

y luego me darías

allí tú, vida mía,

aquello que me diste el otro día: 185
el aspirar del aire,

el canto de la dulce filomena,

el soto y su donaire,

en la noche serena

con llama que consume y no da pena; 190
que nadie lo miraba,

Aminadab tampoco parecía,

y el cerco sosegaba,

y la caballería

a vista de las aguas descendía. 195


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