Época: neoclasicismo contexto histórico-social






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fecha de publicación08.04.2017
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PROYECTO DE LITERATURA 2º ESO

INFORMACIÓN PARA EL TRABAJO

ÉPOCA: NEOCLASICISMO CONTEXTO HISTÓRICO-SOCIAL

La sustitución en el trono de España de la dinastía de los Habsburgo por la de los Borbones, con la llegada de Felipe V en 1700, fue un factor determinante para que entraran las corrientes artísticas extranjeras y se produjera el cambio de gusto en las artes españolas. Los artistas llamados para trabajar en los palacios reales, franceses e italianos principalmente, trajeron a España las manifestaciones artísticas del clasicismo francés y del barroco clasicista italiano, mientras los artistas españoles estaban inmersos en un barroco nacional que pervivirá aún hasta fines de siglo.

Otro hecho decisivo para la introducción del estilo artístico importado fue el incendio, en 1734, del antiguo Alcázar de Madrid, residencia de los Austrias. Felipe V solicitó la presencia en Madrid del arquitecto Filippo Juvara (1678-1736) para que hiciera los planos de la nueva residencia real. Con Juvara primero y, tras su muerte en 1736, con Giovanni Battista Sacchetti (1690-1764) llegó el barroco clasicista italiano. En la obra de Palacio se formaron muchos de los futuros arquitectos españoles y muchos escultores y pintores trabajaron en su decoración.

En cualquier caso, son los reyes los que sustentan esta renovación artística, sirviéndose de una institución, la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que promueve a la vez que ejerce el control sobre las artes. Poco a poco se instaura el reformismo ilustrado contando para sus proyectos renovadores con la ayuda de notables ilustrados españoles como ArandaCampomanesFloridablancaJovellanos oAntonio Ponz.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando nació oficialmente en 1752 gracias a los deseos del rey Fernando VI. La Junta Preparatoria de la Academia, constituida algunos años antes, ya mostraba en su composición la presencia de artistas extranjeros que trabajaban en las obras reales, como su principal promotor y presidente, el escultor Giovanni Domenico Olivieri o algunos de sus directores como el escultor Antoine Dumanché, el pintor Louis-Michel van Loo y el arquitecto Giovanni Battista Sacchetti. A ellos, sin embargo, se agregaron inmediatamente artistas españoles, como Felipe de Castro, director de la sección de escultura desde su fundación, con una formación clásica adquirida en Roma que lo distanciaba del barroco tardío practicado por los anteriores. La orientación de la Academia, confiada siempre su dirección a los artistas, estuvo marcada desde el comienzo por el rey quien, con un concepto ilustrado de la función del arte, deseaba la renovación y el control de la producción artística para que sirviera de ornato y enaltecimiento a la Corona. A imagen de la Academia madrileña surgieron las del resto de España.

Con la llegada al trono de Carlos III en 1760 la función dirigente del rey y de la Academia se manifestó de forma más clara. El nuevo monarca había apoyado en Nápoles las excavaciones de las ciudades de Herculano y Pompeya, siendo conocido su entusiasmo por la arquitectura y las demás artes, su interés por el pasado clásico y su apoyo a la edición de las Antigüedades de Herculano. En 1783 publicó una Real Orden por la que se declaraban libres las profesiones de las Nobles Artes de Dibujo, Pintura, Escultura, Arquitectura y Grabado, pudiéndose ejercer desde entonces sin necesidad de formar parte de un gremio. Con ello la Academia se convertía en la única instancia autorizada para expedir títulos o racionalizar el aprendizaje de las artes, controlando la orientación de la producción artística, a la que se contribuía con pensionados en Roma para los alumnos destacados.

El proceso de introducción en España de las corrientes neoclásicas tiene en común con el resto de Europa el profundo análisis que se hace de las fuentes del clasicismo, el interés por la arqueología, el estudio de la tratadística, la crítica de la tradición y el rechazo del último barroco. Aunque el desarrollo del Neoclasicismo en las tres artes no fue coincidente en el tiempo, puede decirse que tiene sus primeras manifestaciones durante el reinado de Fernando VI (1746-1759), florece bajo Carlos III (1759-1788) y Carlos IV(1788-1808) y prosigue todavía, tras la Guerra de la Independencia, con Fernando VII (1808- 1833), si bien ya conviviendo con otras corrientes más novedosas.

MARCO HISTÓRICO

El siglo XVIII comienza con la guerra de Sucesión española (1701-1714). Las potencias europeas, preocupadas ante el poder hegemónico del rey francés Luis XIV, unido a que su nieto Felipe de Anjou había sido nombrado heredero al trono deEspaña por Carlos II, formaron la Gran Alianza y respaldaron el intento del archiduque Carlos de Austria para acceder a la corona. Tras el Tratado de Utrecht, Felipe V fue reconocido como rey de España (1700-1746), aunque ello acarreó la pérdida de sus dominios europeos, Menorca y Gibraltar. En 1724, abdicó a favor de su hijo Luis I, pero al morir éste meses después, volvió a asumir el trono español. Durante su monarquía, desarrolló una política centralista y reorganizó la Hacienda Pública.

Tras la muerte de Felipe V, le sucedió Fernando VI (1746-1759), quien, con los ministros Carvajal y el marqués de la Ensenada, mejoró las comunicaciones y los caminos del país, fomentó las construcciones navales y favoreció el desarrollo de las ciencias.

Tras la monarquía de Fernando VI, su hermanastro Carlos III le sucedió en el trono. Prototipo de monarca ilustrado, contó con la asistencia de importantes ministros, como FloridablancaCampomanesArandaGrimaldi y el marqués de Esquilache. Sin salirse del modelo del Antiguo Régimen, modernizó el país, repobló Sierra Morena, favoreció la enseñanza, el comercio y las obras públicas.

Durante el reinado de Carlos IV, estalló la Revolución francesa (1789). Éste abdicó en pos de su hijo Fernando VII, tras la invasión por los franceses en 1808.

Etapas de la literatura dieciochesca[editar]

Se distinguen tres etapas en la literatura española del siglo XVIII:

  • Antibarroquismo (Hasta 1750, aproximadamente): Se lucha contra el estilo de los últimos barrocos, considerado excesivamente retórico y retorcido.

  • Neoclasicismo (Hasta finales del s. XVIII): Se basa en el estilo clásico heredado en Europa de las culturas de la Roma y Grecia antiguas. Los escritores imitan a los autores clásicos antiguos como Virgilio, Horacio y Ovidio y su auge se extendió desde el reinado de Fernando VI hasta bien entrado el siglo XIX.

  • Prerromanticismo (finales del XVIII y comienzos del XIX): La influencia del filósofo inglés John Locke y de Laurence Sterne, junto a la de los franceses Étienne Bonnot de CondillacJean-Jacques Rousseau y Denis Diderot, hará surgir un nuevo sentimiento, insatisfecho con la tiranía de la razón, que hace valer el derecho de los individuos a expresar sus emociones personales (reprimidas entonces por los neoclásicos), entre las cuales figuran, fundamentalmente, el amor. Esta corriente anuncia la decadencia del Neoclasicismo y abre las puertas del Romanticismo.

Prosa

La narrativa es casi inexistente en España durante este período. Prácticamente, se reduce a la Vida de Diego de Torres y Villarroel, o al relato Fray Gerundio de Campazas delPadre Isla.2

Por el contrario, el ensayo es el género dominante. Esta prosa educativa y doctrinal muestra un deseo de acercarse a los problemas del momento, tiende a la reforma de costumbres y suele hacer uso de la forma epistolar.

Otra modalidad de gran influencia en esta época fue el periódico. Literarios, científicos o de curiosidades, publicaciones como el Diario de los Literatos de EspañaEl Censor o elCorreo de Madrid contribuyeron a difundir en España las teorías y las ideas del momento, asentando los principios de la Ilustración.

A veces, el intercambio intelectual de estas obras produce sonadas polémicas, como por ejemplo la que se estableció con motivo del provocativo "¿Qué se debe a España?" del francés Masson de Morvilliers en su Enciclopédie Méthodique (1782). Fue contestado con la reivindicación Oración apologética por España y su mérito literario de Juan Pablo Forner (1786); que fue a su vez ridiculizado por la sátira Oración apologética en defensa del estado floreciente de España (1793), más conocida como Pan y Toros atribuida a veces a Jovellanos, pero realmente de León de Arroyal.

AUTOR

José Cadalso y Vázquez de Andrade (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque (Cádiz), 26 de febrero de 1782) fue un militar español, muerto prematuramente en combate, y un valioso literato, recordado por sus Noches lúgubres, y por las Cartas marruecas.

La vida de José Cadalso se puede seguir por referencias y testimonios de sus contemporáneos y, como documento más personal, a través de la visión que de sí mismo dejó en Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida y en su correspondencia (1773–1780).1

José Cadalso y Vázquez nació en Cádiz, el 8 de octubre de 1741. La familia, sin embargo, procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. La madre murió a consecuencia del parto, y el padre, ausente por negocios en América, tardaría casi trece años en conocer al niño, a su regreso de las Indias. Tuvo que encargarse de su educación un tíojesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien le envió a estudiar primero a Francia, de donde pasó a Inglaterra, siguiendo a su padre que tras visitarle en París se había instalado en Londres. También viajaría por Italia y por lo que es hoy en día Alemania, ampliando su conocimientos de lenguas vivas, además del latín. Tras otro año de estancia en París, pasando por Flandes, regresó a España. El choque con la rancia y atrasada sociedad española quedaría luego reflejado en sus Cartas marruecas.

Ingresó entonces por orden de su padre y con dieciséis años en el Seminario de Nobles de Madrid, según cuenta, «con todo el desenfreno de un francés y toda la aspereza de un inglés», ya que su padre quería corregir en él las costumbres y la religión, y prepararle para un empleo de covachuelista, que detestaba; a ese fin fingió sentir inclinación por ser jesuita, sabedor de que su padre detestaba a los de la Compañía, y le sacó de allí; intentó persuadirle entonces de que lo que le gustaba era la carrera militar, lo que tampoco placía a su padre; se valió de estos tormentos para que su padre le devolviera a Europa y, entre los dieciocho y los veinte años vivió de nuevo en París y Londres, hasta que le llegó la noticia de la muerte de su padre en Copenhague (1761).

Tuvo entonces que regresar a España para arreglar el papeleo de su herencia, al parecer de forma tan apresurada que años después se encontró sin ningún patrimonio familiar; y se alistó en el regimiento de caballería de Borbón en 1762, participando en la campaña de Portugal, donde tuvo un violento duelo a espada con su antiguo condiscípulo el Marqués de Tabuérniga, con el que se había emborrachado, que terminó tan súbitamente como se había producido. Encontrándose en Madrid en marzo de 1766, sigue con interés el motín de Esquilache, salvando con su intervención la vida del Conde de O’Reilly; «aquel día conocí el verdadero carácter del pueblo», escribió en suAutobiografía. En ese mismo año obtuvo el hábito de caballero de la Orden de Santiago.

Trasladado su regimiento a Madrid, Cadalso se enamoró de la hija del consejero Codallos, con la que estuvo a punto de casarse. Entró luego en la camarilla de la frívola Marquesa de Escalona, siendo su chischiveo temporal, y tomando contacto con el entonces todopoderoso Conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla, al que llegaría a entregar el manuscrito de una novela, de carácter utópico por lo que indica el título: Observaciones de un oficial holandés en el recién descubierto reino de Feliztá.

Para gran escándalo de la nobleza (y en especial de las damas), circuló por Madrid un libelo titulado Calendario manual y guía de forasteros en Chipre (1768), parodia de laGuía común de forasteros, donde se satirizaban las costumbres amorosas típicas de la sociedad dieciochesca. El público, confiesa el mismo Cadalso, «me hizo el honor de atribuírmelo, diciendo que era muy chistoso». Como consecuencia de ello, tuvo que salir desterrado de Madrid a Zaragoza, donde permaneció hasta 1770. Fue allí donde empezó a dedicarse con intensidad a la poesía.

Pasados los seis meses del destierro, regresó Cadalso a Madrid, donde, entre 1770 y 1772, vivió su apasionada relación amorosa con la actriz María Ignacia Ibáñez, que ha dado lugar a toda una leyenda de marcado sabor romántico con la muerte de ella por fiebres tifoideas, con sólo veinticinco años, el 22 de abril de 1771. La leyenda cuenta que Cadalso, desesperado ante tan repentina muerte, intento desenterrar a su amada para darle el último adiós (episodio que quedó narrado en su obra Noches lúgubres). También le dedicó poemas en los que la actriz aparece con el nombre de Filis.

Sufrió una profunda depresión que intentaron distraer sus amistades y contactos en los salones y círculos literarios madrileños, sobre todo la activa tertulia de la Fonda de San Sebastián, de la que eran asiduos sus amigos Nicolás Fernández de Moratín y Tomás de Iriarte. Poco después se trasladó a Salamanca donde muy pronto convirtió su depresión en materiales poéticos, dramáticos e incluso filosóficos.2 En la ciudad del Tormes y durante su breve estancia (1773–1774), Cadalso se convirtió en el epicentro de un círculo de admiradores y amigos, entre ellos: fray Diego González, Juan Pablo FornerLeón de Arroyal y dos jóvenes poetas, el salmantino José Iglesias de la Casa y elextremeño, estudiante en la Universidad de SalamancaJuan Meléndez Valdés. También allí dio término a las Cartas marruecas.

En 1777 fue ascendido a comandante de escuadrón. Dos años más tarde participó en el asedio de Gibraltar (que duraría hasta 1783) y fue ascendido a coronel en 1781. Poco tiempo le quedaba: José Cadalso murió, el 27 de febrero de 1782, tras recibir el impacto en la sien de un casco de metralla o granada. Tenía sólo cuarenta años y apenas hacía un mes que le había sido conferido el grado de coronel. Su tumba se encuentra en la Iglesia Parroquial Santa María La Coronada en la Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar. Fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago.

Obra

Obras poéticas

El conjunto de las composiciones líricas que escribió durante su destierro aragonés forman el libro Ocios de mi juventud. Son poesías que pertenecen a los distintos géneros típicos del momento: anacreónticas, pastoriles, amatorias, filosóficas y satíricas. Los modelos abarcan desde Anacreonte y Ovidio hasta Tasso y Garcilaso. Los Ocios se editaron también en 1781, 1782 y 1786. Aparecieron nuevos poemas de Cadalso en años sucesivos.

Obras dramáticas

Perdida La Numantina o Numancia, solo nos restan:

  • Solaya o los circasianos fue presentada a la censura en noviembre de 1770; no obtuvo, sin embargo, la necesaria aprobación. La tragedia se sitúa en un escenario exótico, Circasia, región de la Rusia meridional, y se atiene a las reglas neoclásicas para la tragedia. El príncipe tártaro Selín, que ha llegado a Circasia para cobrar un tributo de doncellas, se enamora de Solaya, perteneciente a una de las familias principales.

  • Don Sancho García (1771) fue estrenada privadamente en el palacio del conde de Aranda en 1771. Responde formalmente al tipo de tragedia neoclásica, en cinco actos, sometida a las tres unidades y en endecasílabos pareados. Por complacer a su amante Almanzor, rey moro de Córdoba, la condesa viuda de Castilla, doña Ava, papel que representó María Ignacia, intenta envenenar a su hijo Sancho García; pero al final es la condesa quien bebe el veneno preparado para su hijo.

Obras en prosa

Es muy probable que la primera obra escrita por Cadalso sea Defensa de la nación española contra la carta persiana LXXVIII de Montesquieu (hacia 1768).

A los años comprendidos entre 1771–1774 corresponde su más efectiva actividad literaria. Los eruditos a la violeta (1772) es una sátira breve y ligera contra un tipo de educación entonces frecuente: la erudición meramente superficial. El contenido y estructura quedan claramente reflejados en el subtítulo puesto por su propio autor: «Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana, publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco». El título alude a uno de los perfumes, el de la violeta, preferidos por los jóvenes a la moda. La obra tuvo un éxito inmediato y el título acabó proverbializándose. Prueba de ello es que esta fue la calificación que un crítico del diario 'El Cantábrico' refugiado bajo el seudónimo de 'El Parlante', hizo de Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de la cueva de Altamira, en una época (1880) en la que los estudiosos de la Prehistoria no aceptaban la existencia del arte rupestre. El Suplemento (1772) consiste en una serie de traducciones poéticas con comentarios, destinadas a ilustrar las lecciones del martes; cinco cartas de ex-alumnos del curso; y una breve noticia sobre los orígenes y la composición de la obra. El buen militar a la violeta es una continuación póstuma, aplicada especialmente a la profesión militar.

De manera póstuma fueron publicados sus dos textos más conocidos: Noches lúgubres, aparecidas en El Correo de Madrid entre 1789 y 1790, y las Cartas marruecas, que vieron la luz por vez primera, en entregas y en el mismo diario, a lo largo del año 1789. En éste, tomando como pretexto un viaje por España del árabe Gazel, hace una crítica de las costumbres y defectos nacionales (a la vez que defiende el sentido reformador del despotismo ilustrado). El modelo que sigue es el de las Cartas Persas (1721) del barón de Montesquieu.

OBRA

Las Cartas marruecas conforman una novela epistolar del escritor y militar español José Cadalso, publicada en 1789 de forma póstuma. Es un conjunto de noventa cartas que narran la historia de Gazel, un joven marroquí que habiendo viajado por todaEuropa llega a España en la comitiva de un embajador de Marruecos, y que aprovecha la oportunidad para conocer las costumbres y la cultura del país, y compararlo con otros países europeos.

La modernidad de la prosa, el carácter polémico de muchas de las Cartas, la permanente actualidad de muchos de los temas tratados por el autor en su crítica de España, y el tono fácil y ameno que mantiene en la obra contribuye a que esta obra haya ido ganando reconocimiento desde el día en el que se publicó. Hoy en día es considerada por muchos críticos como una de las obras maestras de la literatura del siglo XVIII en España.

Estructura y argumento

De las noventa cartas, más de los dos tercios son las que Gazel envía a Ben-Beley, ocho son respuestas a Gazel y tres a Nuño; mientras que Nuño envía cuatro cartas a Ben-Beley, seis a Gazel, y tres son respuesta de Gazel a Nuño. El género adoptado no es original ni ha sido tampoco elegido arbitrariamente; permite la posibilidad de ofrecer distintos y cruzados puntos de vista. Los corresponsales que intervienen son tres y actúan como remitentes y destinatarios. Dos son musulmanes, concretamente marroquíes; el tercero, español y cristiano. La elección de dos extranjeros no es tampoco casual: se trata precisamente de ofrecer las impresiones que, ante España, recibe quien viene con la mirada limpia y ajena a prejuicios nacionalistas.

La ficción novelesca, con su indiscutible antecedente cervantino, consiste en afirmar que "la suerte" quiso que en sus manos cayera un manuscrito por muerte de un amigo. Cadalso ha procurado que el lector de la época pudiera poner en conexión su inventado viajero con un personaje histórico y reciente. Muy pocos años antes, en 1766, un embajador de Marruecos, Sidi Hamet al Ghazzali, conocido precisamente por El Gazel, había estado en España durante varios meses, despertando la natural curiosidad, todavía viva en algunos sectores.

El modelo más recordado por la crítica, ya desde el primer momento, fueron las Cartas persas (1721), sátira de la vida en la Corte y en París, del filósofo y escritor francés barón de Montesquieu.

Las cartas se proponen tratar del «carácter nacional», esto es, el problema de España. La observación e interpretación de la vida contemporánea ocupan una gran parte de lasCartas marruecas. La época en que Cadalso vive, con sus peculiares costumbres ciudadanas, es objeto de análisis.

Las Cartas presentan distintos niveles estilísticos. Predomina ciertamente el tono expositivo propio del género epistolar. Pero hay además otras cartas, o fragmentos de cartas, en que se alcanza una dimensión narrativa.

Sebold destacaba cómo en la obra de Cadalso la crítica se integra perfectamente en la novela. Frente a quienes reconocen elementos novelísticos pero niegan el carácter de novela, Pérez Magallón expone la necesidad de tener en cuenta el concepto de la novela de la época y las especiales características de la novela epistolar.

El tema de la decadencia de España en las Cartas

A Cadalso le preocupaba especialmente la cuestión de la decadencia de España, a la que comparaba con una casa grande -otrora, magnífica y sólida- que se había ido desmoronando con el paso de los años. Su obra recibió censura en algunas ediciones a causa de las severas críticas hacia el país. Según opinaba este autor, entre las causas de dicha decadencia se hallaban las siguientes:

  • Las largas y costosas guerras que tuvo que librar España.

  • La división de España a principios del siglo XVIII con la Guerra de Sucesión (mientras Castilla apoyaba a Felipe de Anjou, la Corona de Aragón era partidaria del archiduqueCarlos).

  • La emigración de parte de la población española al continente americano para colonizarlo.

  • El atraso de la Ciencia en nuestra nación, donde no se tomaban en consideración los avances de las matemáticas, la medicina o las restantes disciplinas científicas.

El patriotismo de Cadalso se podría calificar de "reflexivo", porque buscaba conservar aquello que España tuviera de útil y válido, desterrando todo lo que no poseyera estas dos cualidades.

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