El sueño imposible






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fecha de publicación05.04.2017
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El sueño imposible
Tina Kapp

Algunos de ustedes ya habrán visto la película o el musical titulado El hombre de La Mancha. Trata sobre Don Quijote, el hidalgo español chiflado, que entonaba la famosa canción El sueño imposible. Un par de estrofas dicen así:

Soñar lo imposible soñar,
vencer al invicto rival.
Sufrir el dolor insufrible,
morir por un noble ideal.


Es una de esas canciones que conozco de toda la vida y que nunca me he detenido a reflexionar sobre su significado. Quiero decir, si uno está soñando un sueño imposible, ¿no estará un poco loco? Si es algo imposible, ¿para qué perder el tiempo soñando con ello… o peor aún, para qué intentar hacerlo realidad? La verdad es que cada gran logro, en algún momento dado, se consideró algo imposible hasta que alguien lo llevó a cabo.

Hace poco vi una película sobre Steve Jobs, el fundador de Apple. Lo más relevante era su habilidad para ver más allá que la gente común. Él quería crear algo mejor, pero sus ideas sonaban inverosímiles y descabelladas. En una ocasión dijo: «¿Cómo sabe la gente lo que quiere si nunca antes lo han visto?» Su junta administrativa alegó que no habría mercado para un computador personal y que la gente normal y corriente no querría ni necesitaría uno. Actualmente eso suena ridículo, pero en aquel momento parecía lo más lógico.

Hace unos años, lo mejor para escuchar música eran los discos compactos que almacenaban unas quince canciones y tenían una hora de duración. Hasta los reproductores más delgados no eran tan portátiles y tenían problemas saltando cuando rebotaban. ¿Te imaginas pasar de eso a un iPod o a un Smartphone que puede almacenar miles de canciones y te cabe perfectamente en el bolsillo? Haría falta una imaginación descabellada para salir con semejante idea. Una visión así requiere una actitud de rehusar aceptar las cosas tal y como son, y esforzarse por mejorar las cosas. No es extraño que a este tipo de ideas se las conozca como no convencionales. Demasiados de nosotros nos atenemos a lo convencional, y nos limitamos a pensar dentro de los confines de lo que el resto del mundo hace o de lo ya existente.

Otro ejemplo de un visionario es Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono. Comentó que estaba seguro de que podíamos hablar con otras personas a larga distancia. La gente lo tomó por loco, pero actualmente los teléfonos han cobrado vida propia y pueden tomar fotos, grabar, escribir, transferir datos y mucho más.

Es asombroso pensar cuántos de los dispositivos actuales, y que consideramos de lo más normales, eran simplemente sueños imposibles para la gente hace tan solo 50 años, ¡y algunos mucho más recientemente! Tus padres y seguramente tus hermanos mayores sabían cómo era estar sin correo electrónico ni Internet. ¿Te imaginas la vida sin toda la tecnología moderna que utilizamos para investigar, divertirnos y comunicarnos? Los programas de mensaje de texto no existían hace 15 años. Para conversar con los amigos, existían tres opciones: ir a visitarlos, llamarlos por teléfono (pero no celular), o escribirles una carta y echarla al correo.

Alguien tenía que estar lo bastante chiflado como para soñar con la idea de que las cosas se podrían hacer mejor, más rápido y de una forma totalmente novedosa. Luego, un montón de alguienes tuvieron que creerlo y hacer el trabajo de pico y pala antes de que surgiera una creación nueva y radiante de la que hoy en día no podemos prescindir.

El famoso libro A través del espejo de Lewis Carroll sobre Alicia en el País de las Maravillas habla sobre la necesidad de soñar un sueño imposible. Hay una conversación entre Alicia y la reina que dice así:

—No puedo creerlo —dijo Alicia.

—¿No puedes? —contestó la reina con voz lastimosa—. Prueba de nuevo, respira profundo y cierra los ojos.

Alicia se rió.

—No vale la pena intentarlo —dijo—, uno no puede creer en cosas imposibles.

—Apuesto a que te falta práctica —dijo la reina—. Cuando yo tenía tu edad, lo hacía siempre media hora al día. A veces, yo creía hasta seis cosas imposibles antes de la hora del desayuno.

Aunque parezca extraño, es cierto. Todo comienza en la mente. Imaginar de qué forma pueden mejorar las cosas es algo que podemos y debemos hacer a diario. No todos podemos ser inventores, pero no hay que detenerse simplemente intentando cumplir nuestras metas.

Ser lo bastante bueno puede convertirse en una trampa. Si te conformas con ser únicamente bastante bueno, dejarás de intentar lograr más, practicar y estudiar más y lograr algo que antes no pudiste hacer. En lugar de compararte con el lugar de dónde vienes, concéntrate en hacia dónde te diriges. Si alguien mirara el disco compacto y pensara: «Bueno, al menos es mejor que un gramófono o que una grabadora» (pregunta a tus padres sobre esos artículos), podría felicitarse y dejarlo así. Pero afortunadamente, alguien no se conformó.

Cuando era pequeña, aprendí un poema que se atribuye a San Jerónimo y que dice así: «De bien a mejor. De mejor a excelente. El lema del triunfador es superarse continuamente.» Las personas que logran lo máximo en la vida y obtienen el mayor de los éxitos tienen esa actitud. Para ello, no se pueden buscar razones por las que no se puede hacer ni fijarse en las limitaciones.

En nuestra vida cristiana, eso significa tener una fe mayor y mantener nuestros ojos en Jesús y en Sus promesas sin importar las dificultades que enfrentemos, recordando siempre que «todo es posible para el que cree» (Marcos 9:23)1.

Dios desea que empleemos las promesas de Su Palabra para nuestro beneficio, aliento y consuelo2, de forma que creamos en Su poder para lograr cosas mayores. La Biblia está llena de sucesos imposibles, como el de Noé construyendo el arca y salvando a la humanidad; un pastorcillo derrotando a Goliat; Naamán curándose de la lepra; Daniel sobreviviendo en el foso de los leones; Jesús convirtiendo el agua en vino; Pedro caminando sobre el agua, y muchos más. En comparación con todo eso, nuestro sueño imposible parece mucho más asequible.

El historiador británico G. M. Trevelyan, dijo concisamente: «Nunca digas a una persona joven que algo no se puede hacer. Dios puede haber esperado siglos a alguien suficientemente ignorante de ese imposible para lograrlo.»3

Notas
1NVI
2Romanos 15:4
3Más sobre G.M. Trevelyan [http://en.wikipedia.org/wiki/G._M._Trevelyan]

© La Familia Internacional, 2015

Categorías: fe, nada es imposible, metas

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