Ii congreso de Historia Intelectual de América Latina [Centro de Historia Intelectual / unq y CeDInci / unsam]






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Gombrowicz y Sur

Pablo Gasparini se refiere a la conflictiva relación de Gombrowicz con el grupo Sur, en buena parte provocada por él mismo:

Frecuentemente, en su Diario, Gombrowicz hace de la desubicación de su pensamiento la principal razón de su desajuste a aquella suerte de aparato de recepción intelectual desarrollado por la intelectualidad argentina durante la Segunda Guerra. Abierta a los exiliados de la Europa en armas, Sur abrió de hecho un espacio en el que Gombrowicz no figurará a pesar de haber cultivado la amistad de escritores que orbitaron alrededor de aquella revista, como Adolfo de Obieta y Ernesto Sábato. La reticencia de Mastronardi en presentarlo a Victoria Ocampo, es un buen ejemplo de la provocadora suspicacia de la que el escritor polaco solió ufanarse. Sin embargo, aunque Gombrowicz se enorgulleció en numerosas ocasiones de la mala impresión que su figura habría causado en el medio intelectual argentino, no es tampoco menos cierto que en un primer momento, y en especial en razón de la publicación de la traducción al español de Ferdydurke (1947), buscó acercarse al mismo.28

El propio Gombrowicz dedica un largo párrafo de su Diario para relatar lo que sucedió en una cena con la élite argentina en 1942:

Conocí a gran parte de la intelectualidad argentina. Silvina (Ocampo) era poetisa, de cuando en cuando publicaba un volumen de versos...; su marido, Adolfo (Bioy Casares) era autor de novelas fantásticas bastante buenas... y ese culto matrimonio vivía inmerso en la poseía y la prosa, frecuentaba exposiciones y conciertos, estudiaba novelas francesas, sin descuidar, de ninguna manera, su discoteca. En esa cena estaba también presente (Jorge Luis) Borges, quizás el escritor argentino de más talento, dotado de una inteligencia que el sufrimiento personal agudizaba; yo, con razón o sin ella, consideraba que la inteligencia era el pasaporte que aseguraba a ¨mis simplezas¨ el derecho a vivir en un mundo civilizado. Pero, prescindiendo de las dificultades técnicas, de mi castellano defectuoso y de las dificultades de pronunciación de Borges, quien hablaba rápido y poco comprensiblemente, omitiendo también mi impaciencia, mi orgullo y mi rabia, tristes consecuencias del doloroso exotismo y del consiguiente aprisionamiento en lo extranjero, ¿cuáles eran las posibilidades de comprensión entre esa Argentina intelectual, estetizante y filosofante y yo? A mí lo que me fascinaba del país era lo bajo, a ellos lo alto. A mí me hechizaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París. Para mí la inconfesable y silenciosa juventud del país era una vibrante confirmación de mis propios estados anímicos, y por eso la Argentina me arrastró como una melodía, o más bien como un presentimiento de melodía.

Ellos no percibían ahí ninguna belleza. Y para mí, si había en Argentina algo que lograra la plenitud de expresión y pudiera imponerse como estilo, se manifestaba únicamente en los tempranos estados de desarrollo, en lo joven, jamás en lo adulto. ¿Qué es, sin embargo, lo importante en un joven? Por cierto que no su sabiduría, experiencia, razón o técnica, siempre inferiores y más débiles en él que en un hombre ya formado, sino únicamente su juventud: esa es su carta de triunfo. Pero ellos no veían en esto ningún atractivo, y esa élite argentina hacía pensar más bien en una juventud mansa y estudiosa cuya única ambición consistía en aprender lo más rápido posible la madurez de los mayores. ¡Ah, no ser juventud!, ¡Ah, tener una literatura madura!, ¡Ah, igualar a Francia, a Inglaterra!, ¡Ah, crecer, crecer rápidamente! Además, ¿cómo podrían ser jóvenes, si personalmente eran hombres ya de cierta edad, si su situación social no encajaba en aquella juventud del país entero, si el hecho de pertenecer a las altas clases sociales excluía una verdadera unión con lo bajo?

Así, Borges, por ejemplo, advertía únicamente sus propios años, y no, por decirlo así, la edad que lo rodeaba; era un hombre maduro, un intelectual, un artista perteneciente a la Internacional del Espíritu, sin ninguna relación definida ni intensa con su propio suelo. (...) Él veía a la Argentina como un francés culto ve a Francia, o un inglés a Inglaterra. 29

(Mis relaciones con los escritores argentinos fueron) casi nulas. Sólo se habría podido hablar de relaciones tras la aparición de Ferdydurke, cuando yo ya tenía a mis espaldas siete años de vida en Argentina. Pero para entonces me había instalado en el anonimato, y me traía sin cuidado el mundo literario; era libre, independiente, caprichoso y provocador. Me había habituado al hecho de que nadie me tomaba en serio, y que tampoco yo tomaba a nadie en serio. Por lo demás, una obra como Ferdydurke debía verse confirmada por París para que les fuera posible reconocerme. (...) Ferdydurke despertó algunos entusiasmos, sobre todo entre los jóvenes, y se les dedicaron unas cuantas críticas en la prensa; pero finalmente todo quedó en agua de borrajas. Fue entonces cuando conseguí mi empleo en el Banco Polaco, y por lo tanto, la última razón que podía tener para implicarme en la literatura argentina, es decir, la posibilidad de rascar algún dinero aquí y allá, perdía su validez. 30
El desprecio de Borges

El 22 de julio de1956 Borges le dice a Bioy Casares en sus diálogos:

En una reunión, el conde pederasta y escritorzuelo Gombrowicz declara:

—Yo voy a decir un poema. Si en cinco minutos nadie propone otro tendrán que reconocer que soy el más grande poeta de Buenos Aires—

Recita:

—Chip chip llamo a la chiva—

(Scherzo, no desprovisto de ironía, porque chip chip se usa para llamar a las gallinas)

—mientras copiaba yo al viejo rico—

(Parte descriptiva. No significa ¨remedaba al viejo rico¨, sino ¨copiaba a máquina lo que el viejo rico dictaba)

—Oh, rey de Inglaterra, ¡viva!—

(Castañeteos. Exaltación Patriótica)

—El nombre de tu esposo es Federico—

(Dénouement aristotélico)

Córdova Iturburu 31 trató de leer algo, pero no encontró las papeletas. Gombrowicz se declaró el rey de los poetas. El marido de Wally Zenner,32 radical de FORJA, tembló de indignación y estuvo a punto de proceder. 33
Y el miércoles 10 de marzo de 1982, Borges reitera su mal humor para con Witold, y le dice a Bioy Casares:

—Es asombroso cómo algunos escritores ilegibles engañan a personas más inteligentes y complejas que ellos. El culto de Lautréamont 34 ha decaído, pero en Europa la gente habla en serio de Gombrowicz—35
Martínez Estrada y Sur (Victoria Ocampo)

La relación de Martínez Estrada con Victoria Ocampo tuvo notables altibajos. En sus cartas se reconocen mutuamente –incluso se tratan de ¨admirada¨ o ¨admirado–, pero a la vez se propinan severas críticas. Victoria se preocupó por él durante su largo período de enfermedad (1950-1955), visitándolo en los hospitales públicos, ofreciéndole su propia casa de huéspedes de la revista Sur y contactos con afamados médicos. Martínez Estrada publicó en Sur unos pocos textos, y luego de la caída de Perón tuvieron su máximo alejamiento. Vemos algunas dedicatorias en libros y cartas intercambiadas entre ellos.
Victoria Ocampo a Martínez Estrada, junio de 1950

A E. Martínez Estrada, con la admiración de quien a (Sic) 36 perdido la esperanza de conversar con él. (Victoria Ocampo, junio 1950) (Dedicatoria de Victoria Ocampo a Martínez Estrada, Soledad Sonora, Editorial Sudamericana).
Victoria Ocampo y el profeta (6 de diciembre de 1955)

Mi querido profeta iracundo: en esta tierra que es la suya y la mía, sepa usted que hay gentes que lo quieren. (…) No pida la gloria del olvido: no la conseguirá. (Ocampo) 37
Victoria Ocampo, Sur y el miedo (6 de diciembre de 1955)

Mi querido, recordado y admirado amigo:

Recibí su dolorosa y dolorida carta.38 He estado muy indecisa sobre lo que más convenía hacer con esa carta; y al decir convenía, no me refiero a conveniencias materiales, desde luego. Ni a temores. He pensado única y exclusivamente en el efecto espiritual, en el desasosiego, en el desaliento que podría producirles a algunos hombres de buena fe que en estos momentos se están sacrificando con la esperanza (y la ilusión) de sacar a nuestro país de la desastrosa situación en que se encuentra. Vi, por lo pronto, el efecto que le produjo a nuestro amigo Sebastián Soler.39 (…) Le confieso, querido Ezequiel, que no creo que hoy por hoy podamos todavía dar la batalla por perdida, y afligir a los hombres que están ya tan profundamente preocupados por los males que nos afectan a todos. Usted tiene sobrado derecho a decir lo que usted juzgue conveniente, y cómo lo juzgue conveniente. No hay en el país, entre la gente de letras, una voz más autorizada que la suya. Por eso mismo me da miedo… (…)

Compréndame, mi querido amigo; su carta está ya en pruebas. Sólo la retengo. Desearía publicar algo más explícito. Creo que es lo que de usted se espera.

Lo quiere y le abraza (Victoria Ocampo) 40
Mi querida y admirada Victoria Ocampo, 15 de julio de 1960

Le agradezco infinitamente que me invite a escribir en Sur, abriéndome de par en par sus puertas, sin bridas para mis posibles desmanes. ¿Es posible, como dice usted, aunque escriba contra alguno de nosotros? (…) Es usted otra vez injusta conmigo. Pero no la quiero apenar, pues palabras dolientes mías, hoy que tan desdichado me siento, decidido a morir fuera de mi patria,41 donde he trabajado como un borrico, para ser escarnecido y finalmente despojado de una pobre cosa que adquirí con economías de pan y sueño.42 No, mi amiga, usted que sabe por lo menos parte de mi inmensa desdicha, no debiera hablarme así. En fin. Pero como sabe usted que algún don tengo de agorero, pienso también que mis quejas la molestarán, y que en vez de compadecerme, se irritará usted contra mí. No importa. Sabe usted que tanto Agustina como yo tenemos devoción por usted, y que nada jamás me induciría a desconocer sus grandes dotes humanas y de artista. Si tuviese ánimos; sobre todo si pensara escribir una línea más en mi patria ingratísima, le mandaría algo para Sur. Pero no; no puedo.

Cariños de Agustina, y de su afectísimo S. S. (Ezequiel Martínez Estrada) 43
Victoria Ocampo y el general Risso (5 de agosto de 1960)

Querida y grande amiga Victoria Ocampo:

Inmediatamente de recibir su carta y el libro, le contesto. Me seco un poco las lágrimas y respondo a los puntos sobresalientes de su carta. (…) Usted sabe, mi amiga, porque también Sur, año 1937, cedió unas veinte páginas, que mi Radiografía fue considerado libro antipatriótico y renegado, que se me denunció a mis jefes (del correo) como yrigoyenista resentido, que el director Risso Domínguez 44 me conminó a que en plazo perentorio presentara copia del acta de nacimiento –pues la denuncia era, entre otras bellezas, por tener la libreta de enrolamiento falsificada, que yo era español–, que me destituyeron de un buen puesto y doce años anduve de aquí para allá espiado y provocado para tener pretexto de exonerárseme. (...) Todo esto quizá lo sepa usted –tiene alguna confidencia mía–, y que en 1946 tuve que pedir la jubilación anticipada y que me retiré con $ 647 y centavos después de haber trabajado treinta años en el correo y veintitrés en el Colegio de La Plata, bien contados, pesados y medidos. (…) Agustina y yo la seguimos queriendo entrañablemente, y le enviamos un abrazo a lo largo del continente y por encima de las cosas. 45
Martínez Estrada a Victoria Ocampo, 16 de octubre de 1963

Decíale también que cada día me convenzo más del inmenso daño que le ha hecho (¿irreparable?) el trato con un hombre de espíritu tan plebeyo, tan de labriego que instala una joyería o perfumería, como Ortega y Gasset. Mató en usted a Beatriz y Francesca;46 mató en usted la seguridad en sí misma, la potencia de creación que Dios había puesto en su alma. ¿Qué podía enseñarle un profesor de filosofía, si usted se había henchido de Dante, que la hubiese ayudado a elevarse a la región de la luz increada? (Ortega y Gasset) le elogiaba su conferencia (¡a los militares!) sobre Gabriela Mistral y festejaba que (usted) le hubiera pagado a Borges con la misma moneda. 47
Contra los escritores de Sur, 1961

Desde Cuba, Martínez Estrada publicó una declaración contra los escritores argentinos –Borges, Mallea, Bioy Casares, Mujica Láinez y otros– que firmaron un manifiesto apoyando la invasión (de EEUU) a la isla el 20 de abril de 1961. Se dijo que había renunciado a la nacionalidad argentina, lo que fue desmentido por él. 48
Martínez Estrada y Jorge Luis Borges

Borges y Martínez Estrada tuvieron también una relación cambiante. Por eso, hay que tomar con precaución las siguientes palabras de Gregorio Scheines: 49

Martínez Estrada odiaba a Borges. Y Borges lo menospreciaba a Martínez Estrada. Cuando se cumplieron 25 años de Radiografía (1948), la SADE decidió hacerle un homenaje a don Ezequiel, y lo designó a Borges, que era el presidente, para decir las palabras de homenaje. Borges habló de la poesía de Martínez Estrada, pero no dijo ni una palabra de Radiografía. Don Ezequiel siempre creyó que lo hizo a propósito, que era una actitud maligna de Borges, como queriendo decir que Martínez Estrada, como ensayista era un buen poeta.

Martínez Estrada no lo quería a Borges, pero lo respetaba. Una vez coincidieron en Bahía Blanca. Vino Borges invitado por el Colegio Libre de Estudios Superiores, para hablar de sus autores favoritos: uno era Carriego, por quien tenía admiración. Borges dio la conferencia sobre Carriego, y yo lo invité a mi casa, donde hice una reunión. Sentamos a Borges en un sillón, y a Martínez Estrada en un sofá. Invité a un (…) pequeño grupo de intelectuales de Bahía Blanca. Quedamos mudos observando un diálogo entre los dos, donde no coincidían pero se trataban con gran respeto. Parecían realmente ¨lores¨. Lo que yo recuerdo es que en las reuniones, él hablaba solo. Hablaba y hablaba, y todo el mundo escuchaba, como en el teatro. Siempre era el centro, le gustaba tener gente a su alrededor y hacer sus grandes disertaciones. Él tenía un don histriónico, buena voz para hablar y una figura muy penetrante.50
Sin embargo, todos los antecedentes hallados –dedicatorias en libros, cartas– resultan favorables a la existencia de una amistad entre Borges y Martínez Estrada hasta 1955.
Borges a Martínez Estrada, 1928

A Ezequiel Martínez Estrada, el poeta pudoroso de su originalidad, y originalísimo. Jorge Luis Borges (Dedicatoria de Jorge Luis Borges a Martínez Estrada, El idioma de los argentinos, Colección Índice, M. Gleizer editor, Buenos Aires, 1928)
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Carta de Martínez Estrada a su esposa Agustina, 1937

Goyanarte me escribió mandándome un recorte de El Hogar, que no sé si has visto, donde Borges hace una referencia muy elogiosa de mí, diciendo que Lugones, Capdevila y yo somos los mejores escritores de la República. Lo que falta es que nos den ahora los 20.000. 51
Borges visita a Martínez Estrada en su casa, 1937

Ayer llegué a casa molido, y cayó Borges a ofrecerme editar algún libro. Quedamos en que le daría el de Buenos Aires (N. del A.: La Cabeza de Goliat), para mayo. Así me obligo a trabajar. Se quedó hasta las 12.30!! Pero hoy haré una linda siesta. 52
Triple gentileza: Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, 1941

A Ezequiel Martínez Estrada, con la plural admiración de Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges, Rodolfo Bioy Casares. (Dedicatoria conjunta en Antología poética argentina, Colección Laberinto, Editorial Sudamericana, 1941.

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