AÑo II – numero 27 – 1 de Enero de 2010






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JULIO CARABELLI

Hoy me he suicidado”
Primero eliminé a  mi familia, después a  los vecinos, a  los transeúntes, a los pájaros, a todas  las malditas mascotas.  Maté  todo lo que se movía y me encerré sintiéndome solo, muy solo,  como están los  muertos.
Julio Carabelli: nació en Buenos Aires en 1940. Cofundador del Grupo Literario  “Además” y del Grupo “Poesía Peregrina”.

En 1966 fue invitado a la II Bienal Internacional de Punta del Este, Uruguay, representando a  Argentina en escultura junto a Antonio Pujía, Enio Iommi, Ariel Scornik y Paulina Berlatzky. Lo invitaron  a exhibir sus trabajos en varias galerías del interior del país y de Buenos Aires. Emilio Petorutti lo llamó  para que realizara las joyas sobre bocetos suyos para la exposición de París de 1961. En Nueva York, convocado por la Revista América realizó una exposición de esculturas sobre poemas de poetas argentinos.

Fue Secretario de la Fundación Argentina Para la Poesía, Jurado en varios concursos literarios, participó en el staff de la Revista “Nexo literario”, y fue Director de la Revista Literaria “artes, becas & concursos” y de Letrarte (Encuentro Internacional y Congreso Nacional de Escritores, 1998 en Tucumán, 1999 en Mendoza y 2006 en Tucumán).

Colaboró con el Encuentro de Escritores argentinos y uruguayos realizado en 1998 en Bs. Aires.

Organizó el Café Literario “Café y letras” en la SADE Central y colaboró con el Café Literario que coordinó Myriam Leal: “Poetas de la Plaza” en S. M. de Tucumán y con el Café literario y el programa radial “José Hernández hoy” de Radio Municipal de Catamarca.

Junto a “La luna que...” organizó la Primera Tourneé Poética por La Rioja, Catamarca y Tucumán confraternizando con los escritores de las distintas provincias.

Sus cuentos, poesías y ensayos se han publicado en diarios y Revistas Literarias de Buenos Aires, del interior del país y del exterior, habiendo sido traducido al italiano, inglés y portugués.

Residió cinco años en Nueva York y fue invitado a lecturas y conferencias en dicha ciudad.

Participó en la Antología Panorama del Cuento Argentino (Revista PROA  Nº 15) y en varias Antologías nacionales y del extranjero. Antólogo de la Primera Antología Virtual “Conocer” y creador del primer Café Literario Virtual.

Es autor de dos obras de teatro y de varios monólogos.

Fue nombrado miembro del Comité para el Festival de Poesía de La Habana, Cuba 2007, Palabra en el Mundo, e  invitado al VI Encuentro Internacional de Poesía realizado por la  Universidad de Carabobo,  República Bolivariana de Venezuela.

Actualmente reside en Tucumán donde coordina desde el año 2002 el Ciclo “Café Literario” de la Secretaría de Extensión Universitaria (UNT).

 

Obra Publicada:

A CONCIENCIA PURA-  (Marymar 1986) Novela premiada por el

Seminario de Comunicaciones Humanas.

AUTOPSIAS-  (Además 1988) Cuentos. Con Alberto Vanasco y otros.

CONTINUACIÓN DE LOS JUEGOS- (Fundación Argentina Para la Poesía 1992) Cuentos.

EL CRIMEN DE LA VECINA EN EL PRESUPUESTO NACIONAL - (Grupo Editor Latinoamericano 1993) Novela Primer Premio Centro de Extensión Cultural Leopoldo Marechal.

JURISDICCIONES - (Poesía en Bolsa 1997) Poesía.

JURISDICCION DE AMOR - (Poesía en bolsa 1998) Poesía.

LA FUNCIÓN SOCIAL DEL ESCRITOR- (La luna que...2000) Ensayo.

NUEVE MONEDAS PARA EL BARQUERO (Selección poética editada en Inglaterra (Bob Sidney, 2004)

El COLOR DE HARLEM- Poesía (La luna que...2005)

ANTOLOGÍA DE PUERTO ARGENTINO (Ediciones del Gajo, 2005)

SEIS SON UNA JAURÍA, con Silber, Mandrini, Carbone, Corti y Barleand.

CONTACTO: juliocarabelli@gmail.com
NÉSTOR FABIAN FARINI

CUATRO BOCAS
El velador encendido en uno de los vértices de la habitación, ilumina con debilidad el rincón que ha escogido para sentarse, al otro lado, cerca de la ventana. Allí permanece, en la penumbra de un cuarto frío. Afuera, el escaso tráfico de vehículos le produce somnolencia. El silbido de la pava le indica que el agua para el mate hirvió, de modo que la tira por la misma ventana en donde recién fisgoneaba distraído. Antes de hacer correr la hoja vidriada para cerrar el paso de un viento frío y tenaz, saca la cabeza y echa un vistazo en todas direcciones. Algo le inquieta. No es el viento que esta noche sopla en fuertes ráfagas, haciendo descender la sensación térmica al grado de molesta.

Pasa el agua de la pava al termo, ahora a temperatura exacta, cuando desde la ruta desolada y oscura, llega la señal esperada. Dos cortos destellos de linterna llegan a través de la ventana, de modo que sabiendo que se trata, cierra el termo, manotea la chaquetilla calzada en el respaldo de una silla despintada y un paquete prolijamente envuelto en papel llamativo de enormes girasoles estampados. La puerta de chapa de la casilla hace un chirrido al abrirla mientras el viento le hace achinar los ojos y le congela las mejillas. Sube el cierre de la chaqueta hasta el mentón y de un fuerte golpe cierra la desvencijada puerta.

Cecilia apura su andar medio desgarbado encima de los mal gastados tacos de sus botas negras, caminando como puede con una incómoda maleta de mano, sobre la banquina de una ruta provincial angosta y poco transitada. Viene de caminar seis kilómetros y quiere llegar a las cuatro bocas, peligroso cruce de rutas en medio de la llanura que, de tanto en tanto, se devora viajeros dormidos o incautos, sumando en la banquina pequeñas cruces de madera, cual siniestros mojones.

El lugar, visto de otro modo, no es más que un punto del que parten zigzagueantes y asfaltadas líneas buscando cuatro destinos cardinales. Más allá, un par de petroleras desafiándose, decenas de camiones estacionados en los enormes playones y sus casi siempre desalineados capitanes de navío pugnando por una ducha, un plato de comida caliente y reposo para sus cuerpos de abultadas buzardas y ajetreados huesos. Los típicos turistas, bajan de sus modernos vehículos orondos y rozagantes. Se mueven dispersos, toquetean todos los productos del mini mercado, se trate de souvenir, artesanía, bebidas o postales, para luego probarse un par de lentes, cargar combustible, controlar el aceite, renovar el mate y vaciar la vejiga...siguen camino, desde luego, tan orondos como habían llegado.

Completan el paisaje una casilla pintoresca y los conos luminosos en medio del asfalto, indicando que allí funciona un puesto de Policía Caminera. Un par de agentes se turnan en lapsos de dos horas para hacer el plantón, observando a los viajeros, haciendo las clásicas preguntas de rigor, “de donde viene Señor, hacia donde se dirige?” y en algunos casos, si se está tras la huella de algún “pescado gordo”, curiosean en los papeles y asuntos legales de los autotransportados. En esos casos un seco pedido de “licencia de conductor, cédula verde y seguro...señor.”

El Mercedes Benz 1114 se ahoga en revoluciones intentando la trepada del puente que pasa por encima de las vías, sobre la ruta 12. Embrague, rebaje a cuarta velocidad y aún así no alcanza la relación para llegar al tope de la arribada. Pesan los veinte mil quilos de pomelo a granel que arrastra desde Clorinda, entonces, baja la perillita, hunde el pié izquierdo en el embrague, y como si fuera parte del mismo movimiento, desembraga con acompasada suavidad y ya en cuarta baja, los 140 caballos del viejo camión rezongan agudos a través de un caño de bronce con forma de corneta, dando un brinco y recomponiendo una marcha que se vuelve fastidiosa y lenta, para colmo con el viento en contra. En la bajada vuelve a colocar la quinta marcha al tiempo que revisa en un espejo su barbado rostro, apenas visible merced a un par de luces rojas instaladas con unos cuantos propósitos.

Antes de salir de la estación Pacheco de Corrientes, al atardecer, había preparado un meticuloso mate amargo y ordenado su hábitat, tras lo cual repasó todas sus partes con un paño humedecido en perfume de ambiente, dejando lista en el bolso de mano, la muda de ropas que utilizaría al bañarse en cuatro bocas.


Camina por la calle principal de un pueblo muy viejo, de costumbres estudiadas y mantenidas en el tiempo como sus edificios coloniales revocados y asentados en adobe, con rigurosas y estrechas aberturas de quebracho. En las casitas de corredor, a la hora de estirar la lengua, cuando el mate les calienta el pico y exacerba la malicia, las mujeres honradas del rededor de la plaza emiten epitafios irrepetibles, condenando con cierto conocimiento de causa, cada acto espurio de “la Cecilia”.

Los “tac-tac” de sus botitas mal gastadas les repercuten en los oídos apurándoles deseos de un largo y merecido infierno, alguna enfermedad venérea poco venerable o en el mejor de los casos, un lento e incurable cáncer de ovarios, seguramente la relación exacta y justa en pago por una desagradable actividad, que no solo afectaba la moral de los hombres que son todos iguales y tienen esa debilidad, “sino el ejemplo que está dando delante de nuestros hijos”.

El Cura Párroco atraviesa la plaza en diagonal y ve la escena. Adivina cada palabra de las tres comadronas que gesticulan, ríen y no paran de hablar. La única reprimenda que se escucha, es una insistente mirada que lo dice todo. Ellas hablan un poco más bajo, al darse cuenta que el Cura las observó. La más osada señala casi entre dientes, que su marido y el Padre Pedro deben ser los únicos que defienden a esa loca, “y no hace falta que explique porque, ¿no?”.

El Cura, un hombre de sesenta y tantos, de reconocida bondad y bohemia, detiene su marcha lenta y sin hacer caso de las testigos oculares, se interesa por el bolso de mano... adonde vas a ir, m’hija... la pucha con esta vida, no me gustaría que pase necesidades, ¡como no me va a aceptar unos pesitos!... Perdón hijita si le causé mal o tristezas, Dios y la Virgen la van a proteger, ya sabe que cuenta con mis rezos y hasta con mis recursos, cuídese... cuídese.

El radio grabador es una infernal máquina de cinco mil watts que reproduce un disco compacto regrabado por un amigo que tiene PC y el mismo fanatismo por la Nueva Luna, una banda de cumbia que se caracteriza por sus canciones de amor.

Cuando su Madre ingresa casi con violencia al cuarto en el fondo de la casa, apenas si puede escucharla. Esta especie de bulín al que se accede por un largo pasillo tiene dos únicas virtudes, ser tan pequeño que no caben más que dos personas en silencio y oler tan apestosa y húmedamente que jamás lo descubrieran fumando. Casi a los gritos le pide dos cosas, que baje el volumen y que deje abierta la puerta... “ahí vino a buscarte esa, que no sé que le anda picando con vos”...

Ella simula no haber escuchado y pasa. No sabe desde cuando y cuantas veces tuvo que hacer oídos sordos. La impotencia se le instala justo entre el pecho y la garganta y le vienen deseos muy fuertes de gritar sus razones, de explicar que ella escucha lo que dicen, que le hace mucho mal, tanto mal como sus noches con tipos oscuros y egoístas. Abuso de alcohol para evadir rancios alientos, alguna piedra mal rallada, alguna cosa que alivie esos olores nauseabundos de cuerpos ajenados de calidez y afecto. El no habla. Desde su cama, que a ella se le antoja cuna por lo pequeña y tibia que le resulta, le hace seña de que se acomode a su lado. Le hace caso. Se le instala a un lado como un sentimiento, apoyando su cabeza con dulzura sobre su hombro izquierdo. Ella siente que se desangra lentamente y tiene frío, entonces se acurruca junto a él. No cierra los ojos, no. Quisiera siempre ver las luces amarillas de las jirafas de las cuatro bocas sobre su eterno triste negro cielo, que, aunque se le va la vida, se le antojan brillantes girasoles. Sonríe al tiempo que de la comisura de los labios comienza a correrle una delgada línea de muerte. Girasoles... como los que plantó en su patio de niña, como los que estando estampados en el papel de regalos que envuelve una pequeña caja, no alcanza a divisar tirada en medio de las penumbras.
... dos cortos destellos de linterna le avisan que Cecilia se acerca. Deja el termo con el agua a punto para el mate encima de una mesita, se coloca la chaquetilla azul de la Policía de la Provincia y levanta el cierre hasta la pera para que no se le cuele el frío viento que insiste desde el sur. Sale de la casilla con un paquete envuelto en papel de regalos con flores de girasol estampadas y se encamina a entrevistarse con el amor de su vida. Le dirá que la ama y que está dispuesto a pedir el traslado, que irán a vivir muy lejos para iniciar una nueva vida sin que nadie les estorbe o moleste con injurias o burlas. Mirá, te traje el conejo de peluche con un corazón que dice te quiero, ese que viste en la vidriera, está envuelto en flores de Girasol, mirá...- Escuchá, por favor...sshhh! vos no me vas a entender, ssshhh... escuchame... - él se calla y lo único que escucha es el viento. Oscuridad y viento y sollozo que lastiman donde más duele

En un cuarto húmedo al que se arriba por un largo pasillo, en el fondo de una casita sencilla, se escucha una canción que habla de olvido y de dolor. El es Policía para felicidad de su Papá; ella es puta, joven y muy linda. Nadie está orgulloso de sus días. Algunos pocos, festejan sus noches.

Un póster enorme de alguna banda de cumbia, le pone una nota de color estridente a una pared mal pintada.

Tirados en un flaco colchón, boca arriba, mirando con los ojos muy abiertos un cielo raso de machimbre barnizado, se juran amor duradero tomándose las manos y respirando a unas sin que medien palabras, quizás por aquello de que no quepan. Tal vez, no se ven de transparentes.

El hombre sabe que después de un baño caliente podrá llegar hasta Concordia de un tirón. La ducha despeja esa modorra que amenazante invade tornando los párpados tan pesados que dan la sensación de estar pegoteados. La cabeza pesa el triple y sostenerla erguida sobre el cuello mientras bosteza como un hipopótamo, aumentan los deseos de llegar. Entonces se divisan las luces de las estaciones de servicio a poco menos de mil metros, tras la curva. Hace unos años, cuando traía tabaco de Salta casi no tenía este problema del sueño. Coqueaba de lo lindo y hacer 800 kilómetros de un tirón en un once catorce del 79, parecía sencillo. Escucha y siente un golpe que sin embargo no altera el avance del camión. Es zona de zorritos o Aguará guazú, tal vez un perro. Unos pocos segundos y a pocos metros de allí, las luces del camión destellan indicando giro a la izquierda. A marcha lenta y forzada, el mercedito rojo estaciona en el playón junto a otros camiones, con los resoplidos de sus frenos y el polvo que levanta con la ayuda del viento. Un hombre de mediana edad, casi gordo y en hojotas baja con esfuerzo y se dirige al frente del vehículo. Se sorprende viendo la magnitud del golpe que denuncia la abolladura del guardabarros derecho e íntimamente, presiente que algo está mal. Admite un cosquilleo nervioso en el estómago, nada que se disipe con una simple ducha.

Cecilia pierde de vista los girasoles. El viento llora desconsoladamente, de rodillas en el asfalto. Por primera vez, dos hombres la cubren con respeto. Han colocado una manta sobre su cuerpo blanco y perfecto.

* A María “La Taco”, a quienes viven marginados e incomprendidos la peor carencia del hombre, la falta de afecto genuino.

Néstor Farini: escritor correntino. Poeta, Cuentista. Gestor Cultural. Ha escrito artículos y notas de opinión en diferentes revistas culturales y diarios de la región. Socio fundador de la SADE sec. B. Vista. Participó en la creación de la revista Cultural La chicharra Viajera. Ha publicado obras en diversas antologías locales y regionales. El cuento "Lluvia transparente" fue seleccionado y publicado en España junto a otros autores Valencianos y Correntinos por la Poetisa Marily Morales Segovia. En 2006 publicó su primer libro, DESPUES DE UN AÑO BAJO LA TIERRA, reeditado en 2007 por el sello Zeus. Pronto estará listo su 2° libro de cuentos y relatos, "El Galeno y otras historias".
CONTACTO: nestorfarini@hotmail.com
ANTONIO JESÚS CRUZ
COMO ME CONSIDERO UN BUEN SICÓLOGO, DECIDÍ SOCORRERLO”

En cuanto lo vi en el puente con la mirada perdida y el rostro confuso supe que necesitaba ayuda. Como me considero un buen psicólogo, decidí socorrerlo.

Me acerqué, le ofrecí un cigarrillo y nos quedamos conversando largas horas apoyados en la baranda.

Ya casi amanecía cuando apreté el gatillo. Aguanté el cuerpo con el hombro y disparé por segunda vez a su cabeza. Luego, con un empujón, lo tiré al río.

Me alejé con paso sereno y la satisfacción del deber cumplido. No hay nada que me ponga más contento que ayudar a los suicidas indecisos.

Antonio Jesús Cruz: narrador y poeta santiagueño nacido en 1951. De profesión médico, es nacido en la ciudad de Frías en el interior de Santiago del Estero. Ejerció la Medicina en las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Río Negro y Neuquén. Volvió a su provincia natal en el año 1988 y desempeñó numerosos cargos públicos, entre ellos la Dirección de Medicina Preventiva, la jefatura del Programa de Salud Materno-Infantil y la Delegación Sanitaria Federal. Ha hecho periodismo radial y ha publicado colaboraciones y trabajos en diarios y revistas de varias provincias argentinas (Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba, Salta, etc.)

Escribe desde el año 1996 y publicó su primer libro en el año 1998. Escribe Poesía y cuento (género en el que ha incursionado en el microrrelato y en el cuento tradicional), aunque también ha escrito novela (Es autor de dos novelas inéditas: “La hoguera de las utopías” y “El maquinista” y tiene en preparación otras dos). Ha sido seleccionado para integrar varias antologías, entre las que se puede mencionar la selección realizada por la Universidad Nacional de Tucumán para integrar el “Panorama del Microrrelato en el Noroeste Argentino” y ha obtenido diversos premios literarios provinciales, nacionales e internacionales.
CONTACTO: antoniocruz.se@gmail.com

Oscar VerchilI GOTERRIS

HISTORIA”

Había una vez, en el centro de los infinitos caminos del destino que pueblan el universo, un viejo planeta que, unía a un hombre casi joven y a un señor casi anciano. Hablaban a la vez de cosas claras y de cosas oscuras. Y a la vez de cosas ávidas y de cosas luminosas. A la vez de cosas espirituales y a la vez de cosas materiales. Como el hombre casi joven no conocía ciertas cosas, el señor casi anciano le respondió con el conocimiento, sin que tuviera nada que ver con lo femenino o lo masculino, claro. Lo que pasaba era que el señor casi anciano sabía que el que sabía era el que preguntaba cosas. Pasaban largas horas respondiendo a aquél que preguntaba. El hombre casi joven no tenía respuestas, sólo tenía preguntas. Por otro lado, el señor casi anciano sabía que en el que respondía habitaba la ignorancia, quería ser aquél que preguntaba y respondía en esas noches de lluvia intensa en las que apenas en los cafés del fin del viejo planeta, el hombre casi joven tenía pánico ante la avalancha de preguntas que le brotaban, qué podía hacer este hombre, equilibrándose entre dos polos,
solamente viviendo en la sabiduría o en la indiferencia, decidieron entonces, para poder combatir el frío, bajo el invierno de intensas lluvias,
meterse en un café donde se comían formas circulares de harina frita en azúcar caliente, picarones agradables, por su dulzor, claros y al mismo tiempo, calientes y sabrosos, en las respuestas y preguntas el hombre casi joven se sentía contento y en las preguntas que recibían la misma respuesta el señor casi anciano estaba feliz. Fue muy buena esta respuesta. Sin embargo, la vida fue descubierta por un navegante en solitario, que aprendió a reconocer la felicidad que la habitaba y la encontró en sus huesos. Esto podía haber sido una forma de ganarse la vida, sin embargo, la vida no tenía que ganarla porque la vida ya la tenía, así que no hizo una revolución, sino una re-evolución, en el mundo el señor casi anciano y el hombre casi joven agregaron la aceptación de ellos como eran, no lo que fueron, ni lo que serían, ni lo que ellos querían, lo que ahora eran, aceptaron el mundo como era y vivieron como eran. El señor casi anciano se convirtió en la respuesta de la cual brotaban todas las preguntas. Ambos fueron lo que ellos eran, no lo que otros querían.

Puedes continuar el cuento, porque los cuentos pocas veces empiezan ni terminan.
Oscar Verchili Goterris: joven escritor, cuenta con 25 años. Es oriundo de Castellón, España, lugar en el cual reside.
CONTACTO: amarkonlosojosabiertos@hotmail.com
NOVEDADES LITERARIAS.

1ª FERIA DEL LIBRO DE BELLA VISTA – CORRIENTES
El pasado mes de diciembre, en los días 4 y 5, se llevó a cabo en la ciudad de Bella Vista, Corrientes, Argentina, la primera feria del libro.

La misma estuvo organizada en su totalidad por la editorial local AZAHAR ediciones.

En los dos días que duró la feria, pasaron alrededor de 15 escritores o más, locales y de todo el país, se realizaba una presentación cada media hora, y el público alternaba con los escritores que estaban en sus respectivos stands.

Se realizó la feria en la Casa de la Cultura de Bella Vista.

Libros: dos escritores argentinos elegidos entre los mejores títulos editados en 2009
Dos escritores argentinos, Haroldo Conti y Andrés Neuman, se encuentran entre los autores de los 20 mejores títulos editados en 2009 en todo el globo, según una votación realizada por los críticos de Babelia, uno de los suplementos culturales más destacad

Fuente: Télam

Las novelas "Sudeste" y "El viajero del siglo", de Conti y Neuman respectivamente, se posicionaron entre las cinco mejores ediciones de este año votadas por medio centenar de especialistas del suplemento que semanalmente publica el diario español El País.

"Sudeste" se trata de la primera novela del escritor desaparecido desde el 5 de mayo del 76 -mes y medio después del golpe militar de Videla y 20 días antes de cumplir 51 años- reeditada este año por Bartleby; y de la última novela del joven Neuman, nacido en Buenos Aires en el 77, distinguida este año con el Premio Alfaguara.

"El boga" y "Hans", los dos jóvenes que protagonizan una y otra historia, comparten el segmento que se completa con los nombres del escritor cubano Leonardo Padura ("El hombre que amaba a los perros"); el español Antonio Muñoz Molina ("La noche de los tiempos") y su coterráneo Agustín Fernández Mallo con "Nocilla Lab".

El ranking se conformó a partir de la opinión de 50 críticos y periodistas de Babelia sobre una lista de 250 títulos en la que el ensayo destronó a la novela y ganaron protagonismo los autores no españoles: con siete obras sobre cinco en esos géneros, los primero 20 puestos se completaron con tres libros de cuentos, dos poemarios, dos diarios y una antología de cartas.

El mexicano Yuri Herrera, la canadiense Mavis Gallant, el japonés Haruki Murakami, la polaca Wislawa Szymborska, el sudafricano John Maxwell Coetzee, el bosnio Aleksandar Hemon y las estadounidenses Emily Dickinson, Lorrie Moore y Anne Sexton son algunos de los nombres que conforman el listado que cuenta con una subdivisión especial de "autores en alza".

En cuanto a las novelas traducidas preferidas los críticos se volcaron sobre "Indignación", del estadounidense Philip Roth; "Los días contados", del húngaro Miklos Banffy; "Calle de las tiendas oscuras", del francés Patrick Modiano; "Los demonios", del austríaco Heimito von Doderer; y "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas", de Murakami.

En el área de ensayos resultaron destacados los españoles Javier Cercas, con "Anatomía de un instante", y Javier Gomá, por "Ejemplaridad pública"; los británicos Antony Beevor por "El Día D" y John Carlin con "El factor humano"; así como el alemán Rüdiger Safranski, autor de "Romanticismo: una odisea del espíritu alemán".

Dentro del ensayo literario-cultural fueron señalados como los más relevantes "Elevación, elegancia y entusiasmo", autoría del español Francisco Casavella; "El ruido eterno", del estadounidense Alex Ross; "Mecanismos internos. Ensayos 2000-2005", de Coetzee; "Mis premios", del austríaco Thomas Bernhard; y "Un encuentro", del checo Milan Kundera.

"Los cuentos" de Gallant integran el sector relatos donde también sobresalieron los estadounidenses Tobias Wolff con "Aquí empieza nuestra historia" y Anderson Sherwood, autor de "Cuentos Reunidos"; así como el español Eduardo Mendoza, creador de "Tres vidas de santos"; y el francés Pierre Michon, de cuya autoría se desprende "Mitologías de invierno: El emperador de Occidente".

Las "Cartas" de Dickinson se encuentran en el sector de diarios, biografías y correspondencia que reúne los libros "Historia de mi vida", del italiano Giacomo Casanova; y la producción de los españoles José Lázaro ("Vida y muerte de Luis Martín Santos"), Antonio Gamoneda ("Un armario lleno de sombras") y Santos Juliá ("Vida y tiempo de Manuel Azaña").

Los primeros cinco poemarios destacados fueron "No duerme el animal", de la española Ada Salas; "Aquí", de Szymborska; "Poemas de amor", de Sexton; "Un país mundano", del estadounidense John Ashbery; y "Vivir sin poesía", del alemán Peter Handke.

Entre los autores en alza de este año se encuentran el mexicano Herrera, autor de "Señales que precederán al fin del mundo"; el bosnio Hemon, con "El proyecto Lázaro"; la norteamericana Moore con "Al pie de la escalera" y su compatriota Benjamin Taylor con "El libro de la venganza"; y el francés Mathias Enard, autor de "Zona".

El jurado estuvo integrado, entre otros, por Lolita Bosch, Fietta Jarque, Amelia Castilla, Iury Lech, Rosa Mora, Carles Geli, Nuria Barrios, Jordi Gracia, Cecilia Dreymüller, Rocío García Beato, Winston Manrique Sabogal, María José Obiol, Ana Rodríguez Fischer y Enrique Lynch
ALFREDO PÉREZ ALENCART - Belleza y sabiduría
Al observar una flor de azahar cayendo sobre el pasto aún mojado (es pleno amanecer en algún lugar del mundo) y la brisa confundiendo su aliento con el viento que trae el aroma profundo del bosque con sus cuernos dibujados en la luna, algo en el alma del poeta se estremece, y canta, y expresa una suerte de oración o de celebración de la naturaleza.

Por Delfina Acosta

Reginal Horace Blyth (1898 - 1964), en su obra (La historia del haiku), definió así esta forma poética tradicional japonesa: “El haiku es una especie de satori, o iluminación, por la cual penetramos en la vida de las cosas. Captamos el significado inexpresable de alguna cosa o hecho verdaderamente común que hasta entonces nos había pasado completamente desapercibido”.   

El poeta Alfredo Pérez Alencart, en su libro Savia de las Antípodas, reúne una importante cantidad de esas “iluminaciones”.   

¿Qué nos quiere decir ese pájaro pequeño y humedecido por la lluvia repentina, que canta sobre una rama de limonero, solitariamente?   
¿Qué lenguaje habla, a pesar de su silencio, aquella flor de pétalos intensos, que se abren a la luz del día, y así, abiertos, esperan la consumación de sus días? Acaso nos dicen que la belleza, su belleza, es su sino trágico, pues en breve tiempo se deshojarán.   

El autor de esta serie de iluminaciones es un descubridor innato de esas pequeñeces de la naturaleza, que otros individuos, arrastrados por su trajín diario, no ven, y otros, lentos y tardíos para reaccionar ante el lenguaje de la naturaleza, se quedan en la simple observación de la apariencia.   

Detrás de la apariencia esplendente y majestuosa de la naturaleza, corre un río que tiene su afán de mar, pasa una gacela enamorada de la luna, alza vuelo ruidoso un águila, el ave por antonomasia, y toda la vida, en sus múltiples expresiones, alcanza un estado elocuente, parlanchín, gozoso, dulce y decidor infatigable de palabras bellas.   

Veamos unos versos del poeta:   

El oso panda tiembla de ternura.   

Talan sus bosques.   

La naturaleza es testimonio de la obra de un ser superior. Pero no todos los poetas pueden acceder a comprender sus revelaciones. No se necesita esfuerzo para entender el lenguaje de las cosas, sino esa sensibilidad y esa luz en la sesera y en el interior para poder escucharlas y luego decir las palabras, los versos que sirven para llegar a un estado, a un tránsito, a una situación anímica gozosa.   

Los poetas como Alfredo Pérez Alencart son los mensajeros de la Obra de Dios que habla, por supuesto, al hombre.   

Esa Obra habladora es pacifista. Y tiene en su vientre un eterno mensaje para el ser humano.   

El autor, con frases sencillas, entra en un territorio que despliega sabiduría.   

Amalgama de luz, de colores y de aroma es Savia de las Antípodas.   

No puedo dejar de mencionar las reflexiones que guardan los versos, y que son vigentes para todos los tiempos.   

Leamos esta obrita:   

Pides, lloras, gritas,   
pero no haces.   

Tu voluntad duerme   
como el oso en su cueva   
de invierno.   

OPINIÓN DEL AUTOR SOBRE SU OBRA:   

Callar para aprender: ésa es la actitud del poeta que luego invoca y da testimonio al rojo vivo. Ver las vigas en su propio ojo: así el sentimiento de quien no se enreda en largos murmullos. Hace años —cuando mi hermana y mis sobrinos tuvieron que vivir en Japón— me acerqué a un lejano surtidor (Oriente) y emprendí este viaje íntimo, de préstamos (sin mimetismos) y donaciones (sin vanagloria). La raíz de mi pequeño jardín es el haiku, pero la órbita es libérrima: así lleno la copia con savias que se vuelven pura combustión en el corazón del ser humano, imán primero y último de mí prensada poesía.

Entrevista a una mujer de las letras

Bella Clara Ventura, una escritora/poeta desde los orígenes del tiempo, cuando las letras no existían, sólo en el murmullo de los arroyos y en el canto de los pájaros.

Por Juan Pomponio

Su voz llega clara y bella como su nombre. Así, nuestra poeta universal nos alcanza su alma transformada en palabras. Mi alegría es infinita por tener la oportunidad de entrevistarla desde el poblado de Ranelagh (Buenos Aires). Deseo que todos ustedes puedan disfrutar de Bella Clara Ventura, una escritora / poeta desde los orígenes del tiempo, cuando las letras no existían, sólo en el murmullo de los arroyos y en el canto de los pájaros. Desde ese lugar atemporal, ella nos alcanza el sentido de la poesía. Gracias Bella, por estar en el Universo con el poder eterno de tus metáforas.
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