El teatro del siglo XX (I). El teatro español anterior a 1936: tendencias, rasgos principales, autores significativos y obras representativas






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fecha de publicación28.03.2017
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EL TEATRO DEL SIGLO XX (I). EL TEATRO ESPAÑOL ANTERIOR A 1936: TENDENCIAS, RASGOS PRINCIPALES, AUTORES SIGNIFICATIVOS Y OBRAS REPRESENTATIVAS.




    1. INTRODUCCIÓN: PANORAMA GENERAL DEL TEATRO ANTES DE 1936.


En las primeras décadas del XX se produjeron diversos intentos de renovación de un panorama teatral dominado al final de la centuria anterior por el drama realista y las obras de Echegaray, de un romanticismo trasnochado y caracterizadas por un gran apasionamiento verbal y gestual. Pero son los gustos del público – un público burgués que acudía al teatro en busca de diversión exclusivamente – los que determinan en gran medida la orientación del teatro anterior a 1936. Por esta razón suele hablarse de dos grandes tendencias: el teatro de éxito comercial y el teatro renovador. El primero, destinado a satisfacer las exigencias del público, es, en general, un teatro costumbrista, cómico o melodramático, que rehuye los planteamientos ideológicos y continúa con las formas dramáticas tradicionales. El segundo, a contracorriente de los gustos de la época, renovador en las formas y en los temas, hubo de esperar muchos años para ser valorado en su justa medida.

En la línea del teatro comercial pueden distinguirse tres corrientes: la comedia burguesa de Benavente y sus seguidores, el Teatro poético, en verso, y el teatro cómico.

El teatro renovador, que pretende aportar nuevas técnicas o nuevos enfoques ideológicos, está representado, sobre todo, por las figuras de Valle-Inclán y García Lorca, los dos grandes dramaturgos de este periodo. También hubo intentos innovadores en algunos noventayochistas (Unamuno o Azorín) y en otros autores del 27. Y, en los años 30, Jardiel Poncela intentará la renovación del teatro cómico. Los cambios llevaron aparejado un creciente interés por la escenografía.


    • Otras orientaciones que conviven con las citadas son el teatro social, de trasfondo socialista o anarquista, y los grupos vanguardistas, que intentaron crear un nuevo concepto del drama en España.



    1. TEATRO COMERCIAL




    1. LA COMEDIA BURGUESA DE BENAVENTE.


Jacinto Benavente (Madrid, 1866-1954) es la figura más representativa de las posibilidades y limitaciones del momento. Tuvo un comienzo audaz con El nido ajeno, sobre la situación opresiva de la mujer casada en la sociedad burguesa. La comedia fue un fracaso y tuvo que retirarse del cartel ante la indignación del público. Benavente optó por suavizar el tono crítico y sus obras se mantendrán desde entonces en la línea de la “comedia de salón”, o alta comedia, con la excepción de Los intereses creados (1907), su obra maestra, farsa que utiliza el ambiente y personajes de la vieja Comedia dell’arte: los pícaros Leandro y Crispín encarnan el tema del poder del dinero, en una sátira de carácter universal.

Buen conocedor del oficio teatral, sus obras se caracterizan por el dominio de los recursos escénicos y la habilidad y el ingenio en los diálogos (a él le corresponde el mérito de haber desterrado del teatro el estilo grandilocuente del drama posromántico). La mayor parte de su producción, que tiene como escenario los salones y ambientes de la burguesía y la alta sociedad, plantea como tema la crítica amable, irónica y superficial de algunos vicios y defectos de las costumbres burguesas. Escribe obras ambientadas en interiores cosmopolitas y decadentes, como La mariposa que voló sobre el mar, de ambiente provinciano, como Pepa Doncel, y dramas rurales, como Señora Ama o La malquerida (1913), otra de sus obras más conocidas, donde no domina la habitual ironía benaventina, sino una visión cruda de los sentimientos, con un lenguaje directo y sobrio.


      • Otros autores en la línea benaventina son Gregorio Martínez Sierra o Manuel Linares Rivas.



    1. EL TEATRO EN VERSO.


En los primeros años del siglo tuvo también gran aceptación el denominado teatro poético. De estilo modernista, sonoro y musical, sus temas son de carácter histórico (exaltaciones de grandes hechos o personajes del pasado) o fantástico. Se trata de un teatro de ideología tradicional que, ante la crisis espiritual de la época, y en un momento en que los noventayochistas realizaban una revisión crítica seria de la conciencia nacional, responde exaltando los valores nobiliarios y los mitos nacionales, mirando al pasado con nostalgia. Incluso formalmente, además de los resabios posrománticos y modernistas, intentan imitar el teatro del Siglo de Oro. Los principales cultivadores de esta tendencia fueron Eduardo Marquina, con obras como Las hijas del Cid, En Flandes se ha puesto el sol, y Francisco Villaespesa (La leona de Castilla). Los hermanos Machado también escribieron en colaboración obras de aire modernista, como La Lola se va a los puertos o Juan de Mañara, sobre el mito de don Juan.


    1. EL TEATRO CÓMICO.


Un gran éxito de público obtuvo también este teatro, cuya finalidad era el entretenimiento, basado casi siempre en la presentación de costumbres y tipos populares, a la manera de los sainetes del siglo XVIII o el género chico del XIX. Los autores más representativos son:


  • Carlos Arniches (1866-1943). Con dos vertientes en su teatro: por una parte, sus sainetes de ambiente madrileño, interesantes por el habla castiza, en la que se basa la gracia del diálogo. Sus ambientes y tipos son algo convencionales, como en El santo de la Isidra. Por otra, lo que él llamó tragedias grotescas, en las que se reúnen lo caricaturesco y lo conmovedor, con una actitud crítica ante las injusticias: La señorita de Trevélez (1916).




  • Los hermanos Álvarez Quintero (Serafín y Joaquín). Llevan a escena una Andalucía tópica. Sus sainetes y comedias no son más que cuadros de costumbres con una visión invariablemente risueña y superficial de la vida y un diálogo intrascendente y gracioso. Entre las obras más conocidas están El patio, Malvaloca o Las de Caín.




  • Pedro Muñoz Seca, creador de un subgénero cómico, el astracán (o astracanada), que se basa en situaciones disparatadas y en los juegos de palabras, con el único fin de provocar la risa. Su obra más famosa es La venganza de don Mendo (1918), hilarante parodia de los dramas históricos neorrománticos y del teatro en verso.


Cabe señalar, además, que dentro del teatro cómico se representaron obras correspondientes a diversos subgéneros mixtos (con música): opereta, revista, vodevil. Aunque no es propiamente teatro cómico, hemos de señalar que también la zarzuela contaba igualmente con el favor del público.



  1. EL TEATRO RENOVADOR.


El fracaso acompañó en su día a experiencias de notable interés, pero este teatro es hoy, sin duda, el más apreciado. Veamos algunas de estas tentativas renovadoras:


    1. INTENTOS DE RENOVACIÓN TEATRAL: AUTORES SIGNIFICATIVOS




  • El teatro desnudo de Unamuno: Unamuno cultivó el teatro como un cauce más para presentar sus inquietudes espirituales y filosóficas. La acción externa, muy escasa y esquemática, se supedita siempre al conflicto interior de los personajes, que se ven reducidos al mínimo. Se utiliza un diálogo denso y se suprimen decorados, trajes, e incluso cualquier retórica verbal. Destacaremos La esfinge, Fedra y El otro.




  • El antirrealismo de Azorín incorporó el simbolismo, lo onírico y lo maravilloso, combatiendo la estética naturalista. Sus temas básicos son la felicidad, el tiempo y la muerte. Destacan Angelita, sobre su obsesión por el tiempo, y Lo invisible (1928), trilogía cuyas piezas (La arañita en el espejo, El segador y Doctor Death de 3 a 5) comparten el sentimiento de angustia ante la muerte. Consideraba Azorín necesaria la transformación de la técnica y de la estructura del espectáculo teatral; insistió en la importancia del director de escena, así como de los diálogos (que debían plasmar el carácter de los personajes) y de la iluminación, que subrayaba los aspectos irreales de sus obras.

  • Jacinto Grau se dedicó exclusivamente al teatro. Su obra, poco extensa, se interesa especialmente por grandes mitos o temas literarios (El conde Alarcos, El burlador que no se burla...). Pero su obra maestra es El señor de Pigmalión (1921), que recrea el famoso mito clásico. Su teatro despertó interés en París, Londres, Berlín... y fracasó en España.




  • En la segunda generación del siglo hay experiencias más audaces, con la figura del pionero del vanguardismo español: Ramón Gómez de la Serna. Escribió piezas totalmente distintas de lo que se podía ver en las tablas y que, en su mayoría, se quedaron sin representar, aunque anticipó con su teatro “para el que no quiere ir al teatro”, como él decía, experiencias posteriores como el “antiteatro” de Ionesco. En 1929 estrenó Los medios seres, cuyos personajes aparecen con la mitad del cuerpo totalmente negra, como símbolo de la personalidad incompleta.




  • Dentro de la Generación del 27 (no exclusivamente poética, como sabemos), mencionaremos a Rafael Alberti, con alguna obra de carácter surrealista, como El hombre deshabitado, y otra donde muestra su giro hacia la literatura comprometida, Fermín Galán. Alejandro Casona, que mezcla humor y lirismo en La sirena varada y Otra vez el diablo, y continúa después su producción en el exilio: La dama del alba es su mejor obra. Destacan en él la habilidad constructiva y la equilibrada combinación de realidad y fantasía. Max Aub escribió comedias de vanguardia, cuyo tema central es la incapacidad del hombre para comprenderse y para comunicarse, como se ve en Narciso. Sus obras más importantes serán las del exilio: Morir por cerrar los ojos. Miguel Hernández, después de un auto sacramental (Quien te ha visto y quién te ve), escribió una obra de tema social en verso, El labrador de más aire.

Sin embargo, el teatro español de las primeras décadas del XX solo alcanzó la cima con la obra de Valle-Inclán y García Lorca, los únicos que lograron una calidad indudable en la renovación teatral que muchos pretendieron.



    1. FEDERICO GARCÍA LORCA.


En 1932 Lorca formó el Teatro Universitario “La Barraca”, una compañía con la que deseaba renovar la escena mediante la actualización de los clásicos. Además de esta experiencia como director, Lorca compuso importantes obras teatrales. El tema central de sus obras se ha definido de varias formas: el mito del deseo imposible, el conflicto entre la realidad y el deseo, el enfrentamiento entre el principio de autoridad y el principio de libertad, la frustración. Este conflicto nace del choque entre un individuo, normalmente una mujer, y las fuerzas externas que ahogan o impiden su realización personal, con el consiguiente desenlace de frustración. Creó el verdadero teatro poético: «El teatro es poesía que se levanta del libro y se hace humana», dijo. En su producción, además del lenguaje, cargado de connotaciones, cobran importancia otros componentes como la música, la danza y la escenografía. Recibe influencias muy variadas, desde el teatro clásico español, pasando por el modernista y Valle-Inclán, hasta Shakespeare o el teatro de títeres. Sus primeros dramas, El maleficio de la mariposa y Mariana Pineda, están emparentadas con el lirismo del teatro modernista. Es autor, además, de Farsas para guiñol, como el Retablillo de don Cristóbal, farsas para personas, como La zapatera prodigiosa, que representa la ilusión insatisfecha, y El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Bajo la denominación de comedias imposibles se reúnen tres obras en las que se aprecia la influencia del Surrealismo: El público, Así que pasen cinco años y Comedia sin título. En ellas anticipa posteriores hallazgos del teatro europeo. Son piezas de complejo simbolismo que no pudieron ser representadas hasta mucho después. La plenitud de su quehacer dramático se halla en sus tragedias: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, que se desarrollan en un ambiente rural y representan el destino trágico y la frustración del deseo. También Doña Rosita la soltera tiene como protagonista a una mujer frustrada, aunque en este caso se trata de un drama sobre la espera inútil del amor.

Los conflictos y los ambientes van apareciendo más enraizados en la realidad española, andaluza, lo que se conjuga con su dimensión universal. Al fin, tras fracasos iniciales y éxitos posteriores, el lugar de Lorca es ya el de un clásico.



    1. LA OBRA TEATRAL DE RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN.




  • Ramón María del Valle-Inclán nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra) en 1866. En 1892 abandonó sus estudios de Derecho y marchó a México. De vuelta en España se instaló en Madrid, donde llevó una vida bohemia. Por sus orígenes y por su sensibilidad, se mostró anti-burgués. Su aversión a la civilización burguesa, que considera mecanizada y fea, y su repulsa del liberalismo, le llevan a ensalzar los viejos valores de la sociedad rural tradicional en que se había formado, proclamándose carlista. Pero, a partir de 1915, dará un giro radical: se sigue oponiendo a lo mismo, pero desde posiciones revolucionarias, y llega a enfrentarse abiertamente a la dictadura de Primo de Rivera, para ingresar después en el Partido Comunista. De figura inconfundible – largas barbas, melena, vestido con capa y chalina – y centro de todas las tertulias, se dedicó por entero a la literatura (fue, además de dramaturgo, poeta y novelista) hasta su muerte, ocurrida en Santiago de Compostela en 1936.


Según Francisco Ruiz Ramón, «el teatro de Valle-Inclán es, como totalidad, una de las más extraordinarias aventuras del teatro europeo contemporáneo y, desde luego, el de más absoluta y radical originalidad en el teatro español del siglo XX».

En sus comienzos introdujo el modernismo aplicado al drama, que la estética simbolista había cristalizado en el teatro poético. Sin embargo, Valle incorporó algunos personajes de lenguaje y actitudes realistas, tratados de forma irónica y hasta caricaturesca. En sus primeras obras – El yermo de las almas y El marqués de Bradomín – dramatiza el tema decimonónico del adulterio, pero con una perspectiva alejada de la alta comedia burguesa. Compone después Dramas de ambiente galaico: Las comedias bárbaras (trilogía formada por Cara de plata, Águila de Blasón y Romance de lobos, cuyo protagonista es don Juan Manuel de Montenegro, especie de tiránico señor feudal), El embrujado y Divinas palabras. Todas se localizan en una Galicia mítica, intemporal. Los conflictos se centran en la lujuria, la crueldad, el despotismo, la superstición, la magia... En sus Farsas compagina elementos modernistas, incluso parodiados, con una visión ácida de la España de su tiempo: La marquesa Rosalinda, Farsa infantil de la cabeza del dragón, Farsa italiana de la enamorada del Rey y Farsa y licencia de la reina castiza, todas en verso, salvo la segunda. La última, sátira demoledora del reinado de Isabel II, junto con Divinas Palabras, ambas de 1920, prepara el camino para el esperpento.
Los esperpentos suponen la culminación de su obra dramática. El esperpento, definido en Luces de Bohemia, se cimienta en la deformación grotesca de personajes y situaciones, de modo que se destruye sistemáticamente la realidad, trasformando su imagen aparente y revelándola tal y como es. En el recorrido de Max Estrella por la noche madrileña no se libra nadie de la sátira, desde la monarquía hasta la bohemia, en un feroz ataque a la política y la sociedad de la época: un mundo de injusticia, miseria, estupidez, arbitrariedad y violencia. Otros esperpentos son las piezas recogidas bajo el título de Martes de carnaval: Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán.
Valle fue mucho más allá de lo que permitían las convenciones escénicas de su tiempo. Frente a lo que él llamaba “un teatro de camilla casera”, se declaró partidario de un teatro “de numerosos escenarios” y hasta “que siga el ejemplo del cine actual”. Por otra parte, no se doblegó a los prejuicios estéticos o sociales de público y empresarios. Sabedor de que sus obras tendrían dificultades para ser representadas, hace sus acotaciones tan literarias como el diálogo mismo. Al cabo de los años, en Madrid o en París, se redescubre a Valle y se ve en él a la máxima figura del teatro español de los tres últimos siglos, así como a un verdadero vanguardista que se anticipa a nuevas tendencias del teatro mundial.


  • Estas notas sobre Valle pueden servirte si se te pregunta sobre el Teatro anterior al 36 en general. Para la pregunta específica sobre La obra teatral de Valle-Inclán, se añadirán algunos comentarios sobre las distintas obras que aquí se mencionan: personajes, temas, argumento... Sírvete del libro de texto (páginas 274-278).




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