El libro de Daniel relata la historia de un joven israelita llevado cautivo de Jerusalén en los días de Nabucodonosor, rey de Babilonia 605-562 a de J. C. a de






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Por setenta años Daniel ha añorado la restauración de la ciudad y del templo de Dios (16–19). Ahora que está por ocurrir, su atención se dirige a una cumbre más distante y elevada en la historia de la redención. Aun un templo nuevo en una ciudad reconstruida hecha por manos humanas puede ser destruido; los ojos de Daniel, por tanto, debían fijarse en un templo final (cf.cf. Confer (lat.), compare Juan 2:19), en uno que estaría más allá de toda profanación (Apoc. 21:22–27).

10:1-12:4 EL REINADO DE DIOS SOBRE TODA LA HISTORIA
10:1-3 En duelo espiritual

La narración de la visión final de Daniel se extiende desde el principio del cap. 10 hasta el fin del libro. Está fechada con precisión en el tercer año de Ciro (1) durante el período de la Pascua y de la fiesta de los panes sin levadura, y tuvo lugar en las riberas del Tigris (4). En el aniversario del éxodo de Egipto un nuevo éxodo empezó en el primer año de Ciro (Esd. 1), pero se enfrentó con un desaliento prematuro (Esd. 3:12–4:5). Finalmente la obra de reconstruir el templo llegó a detenerse (Esd. 4:24). Las insinuaciones de esos desalientos prematuros parecen ser la razón más probable para el prolongado período de disciplina espiritual de Daniel (2). El versículo inicial resume el carácter de la visión que sigue.
10:4-9 Una visión gloriosa

La visión de Daniel (7) tuvo un efecto abrumador en él (8). Aunque sólo él vio la figura, parece que sus acompañantes escucharon la voz que era como el estruendo de una multitud (6) y huyeron (7). Mientras que la figura estaba vestida de lino como un sacerdote (5; cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 28:42; Lev. 6:10; 16:4), todo su ser irradiaba tal luz y belleza que Daniel usó el vocabulario de los metales preciosos, de las piedras y hasta de los elementos para encontrar símiles para describirlo (5–7). No se hace ningún intento para identificar al hombre. La descripción de él sobrepasa la de los otros visitantes celestiales en Daniel (8:15, 16; 9:20, 21), pero claramente se compara a otras apariciones de Dios y de Cristo en las Escrituras (p. ej.p. ej. Por ejemplo Eze. 1:26–28; Apoc. 1:12–15). Esta visión se dio para hacer hincapié en el pacto de gracia de Dios (vestidura sacerdotal) y en el poder y gloria santos (el brillo abrumador). En un sentido especial Dios mismo es la fuente del mensaje y el garantizador de su verdad (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 1).
10:10-11:1 “Espíritus de maldad en los lugares celestiales”
La primera parte de la visión de Daniel desapareció de la vista dejándolo abrumado y adormecido. Luego, aparentemente, una segunda figura se dirigió a él (11), explicándole que, inmediatamente que él había empezado a orar (12), se le había enviado una respuesta a sus oraciones para darle visión (no declarado así, pero implicado en el v. 2). El mensajero había encontrado oposición, sin embargo, de el príncipe del reino de Persia (evidentemente también una figura sobrenatural; 13), hasta que Miguel vino en su ayuda. El arcángel Miguel (cf.cf. Confer (lat.), compare Judas 9) es el defensor principal del pueblo de Dios (vuestro príncipe, 21; cf.cf. Confer (lat.), compare 12:1) contra los poderes de las tinieblas (cf.cf. Confer (lat.), compare Apo. 12:7–9).

Es claro que detrás de las escenas de los conflictos de la historia hay un conflicto “en los lugares celestiales” (Ef. 6:12), en el que Daniel se había visto envuelto en su intercesión. Los poderes espirituales trataban de impedir que él recibiera revelación del futuro (y, por tanto, un entendimiento de los propósitos seguros de Dios). Implicado en esto está el reconocimiento de que la revelación próxima fortalecerá a Daniel y, ciertamente, a todo el pueblo de Dios (14).

No es claro si el semejante a un hijo del hombre (16) es una tercera figura o debe ser identificado con las figuras en los vv. 5 ó 10 (vv. 20, 21 parecen indicar lo último). La incertidumbre se explica por la naturaleza del carácter visionario de la revelación y por la condición mental de Daniel (15–17). En cualquier caso, Daniel, alentado y fortalecido por este toque, pudo recibir la revelación (18, 19). El mensajero celestial pronto regresaría a su si guiente tarea (11:1) en la guerra espiritual (20). En ese momento era Persia; pronto sería Grecia (20) la que, humanamente hablando, dominaría las experiencias del pueblo de Dios.

Parte de la respuesta a la pregunta que se había hecho a Daniel en el v. 20 es que él necesita saber que hay poderes celestiales defendiendo al pueblo de Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Rey. 6:15–23). Pero primero él se da cuenta de lo que está registrado en el libro de la verdad (21), es decir, cómo se desarrollarán los propósitos de Dios.
11:2-45 Los reyes del norte y del sur
Mientras que la revelación que sigue parece a los lectores modernos una predicción de eventos futuros, está tan detallada que la mayoría de los eruditos asumen que los lectores originales la hubieran reconocido instantáneamente como un ardid literario usado por un autor del siglo II a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Según este criterio, el detalle completo en el relato de los eventos en los vv. 21–35 indica que el autor tenía conocimiento personal de ellos. Los vv. 40–45, por otra parte, describen eventos que todavía estaban en el futuro para el autor, y su profecía acerca de ellos resultó estar equivocada. Los eruditos que sostienen este criterio, por tanto, datan la escritura final de Daniel en 165 o 164 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo (Para las implicaciones de esta opinión vea la Introducción.)

A través del capítulo es evidente que de lo que Daniel había aprendido anteriormente en manera pictórica ahora se presenta delante de él en la ma nera lineal de la historia. El punto de vista desde el cual esos eventos se ven es, sin embargo, la tierra gloriosa (16) que Dios ha pactado con su pueblo, y con relación al cual los gobernantes en el sur o en el norte se levantan (p. ej.p. ej. Por ejemplo vv. 11, 12). Al contrario de otras interpretaciones de la historia que marginan al pueblo de Dios (Palestina siendo considerada apenas como un puente de paso entre el norte y el sur), la revelación bíblica contempla el reino al que ellos pertenecen como el punto central y clave de la historia.

11:2–4 El futuro inmediato. El mensajero bosqueja el desenvolvimiento inmediato de la historia. El poder del imperio persa se ve como creciente hasta la aparición de una figura de inmenso poder, que no tendría dinastía, y con su imperio fragmentado después de su muerte (4).

El cuarto rey persa (2) después de Ciro (cf.cf. Confer (lat.), compare 10:1) fue Jerjes (que reinó de 486 a 465 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo). El es conocido por haber reunido enormes recursos mediante impuestos y haberlos agotado en sus hosti lidades contra Grecia (2), la cual lo derrotó en la batalla de Salamina en 480 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo El retrato de un rey valiente cuyo imperio sería fragmentado (3, 4), en vez de ser pasado a sus herederos, fue cum plido en Alejandro Magno (Daniel ya sabía que el poder pasaría a Grecia; 10:20), cuyos dos hijos fueron asesinados. El llegó a ser un cuerno quebrado (8:22).

11:5-45 Norte contra sur. Hay un amplio acuerdo sobre la interpretación de esta sección entre los comentaristas de muy diferentes escuelas de pensamiento, por la manera tan íntima en que esta visión se junta con el siguiente bosquejo de la historia.

Cuando el imperio de Alejandro se dividió en cuatro (4), Ptolomeo I se convirtió en gobernante de Egipto (el rey del sur; 5) y estableció la dinastía macedonia desde 304 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo (cuando tomó el tí tulo de rey) hasta 30 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Mientras, Seleuco I (el rey del norte) controlaba Siria, estableciendo la dinastía seléucida por aprox. el mismo período. Lo que sigue es la historia del desarrollo dinástico y de luchas de poder dentro de esos dos reinos y la rivalidad entre ellos.

El intento inicial de alianza entre los dos poderes es representado por el matrimonio (6) entre Antíoco II (nieto de Seleuco I) y Berenice (hija de Ptolomeo II). La paz fue solamente temporal y fue seguida por la invasión del norte por Ptolomeo III (7, 8) y el contraataque de Seleuco II (9) y de sus hijos Seleuco III y Antíoco III, que avanzaron hasta Rafia en el sur de Palestina (10).

La lucha por el dominio continuó bajo Ptolomeo IV, un hombre de manera de vivir libertina. La referencia a que su corazón se enaltecerá (12; cf.cf. Confer (lat.), compare v. 18) prepara al lector bíblico sensible para su caída (2:21a). Aunque él no infligió una derrota masiva a Siria en Rafia, su ascendencia no continuó y al final, cuando Ptolomeo V subió al trono a la edad de cuatro años, Antíoco III la conquistó (13–16). El también exhibió la exaltación de sí mismo que merece el juicio divino (16; cf.cf. Confer (lat.), compare v. 19). El v. 14 puede referirse a la fallida actividad de los judíos zelotes que apoyaron las fuerzas sirias contra Egipto, bajo cuya dominación vivían.

Con miras a una futura expansión, se planeó un matrimonio político entre Cleopatra, la hija de Antíoco III y el joven Ptolomeo V (17); pero esto también falló. Cuando Antíoco procuró otras conquistas en el Occidente (Grecia) fue derrotado por los romanos y obligado a regresar a su patria. Con su retirada iba a desaparecer de la escena de la historia, pues murió dos años después (19).

Seleuco IV, que siguió como rey de Siria, heredó un gran imperio, pero en bancarrota por largos años de acciones militares. El procuró volver a lle nar las arcas del tesoro elevando los impuestos (20), pero pronto fue sucedido por la figura que ahora domina el resto del capítulo, un hombre vil (21), su hermano Antíoco IV (Epífanes).

El llegó al trono en 175 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo por medio de dos golpes de Estado. Por varios medios, incluyendo intriga y engaño (21, 23), promovió una política de helenización que lo puso en conflicto directo con los judíos que practicaban la devoción ortodoxa. De nuevo se subraya el peligro de sentirse seguro (v. 24; cf.cf. Confer (lat.), compare 8:25), como es el tiempo límite que Dios pone sobre las actividades humanas hostiles (aunque sólo por un tiempo; 24).

Antíoco impidió la invasión egipcia de Palestina invadiendo él mismo Egipto, ahora gobernada por Ptolomeo VI, triunfando parcialmente por intriga (según los vv. 24, 25). Pero el éxito completo lo eludió (27), y cuando el desorden surgió en Palestina, él regresó a Siria. De nuevo se enfatizan los límites divinos en la historia (27) y la naturaleza siniestra de la oposición al pueblo de Dios (28).

Antíoco invadió Egipto de nuevo en 168 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo, cuando los ptolomeos consintieron en un reino unido. Esta vez se encontró frente a un humillante ultimátum romano de irse (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 30), después del cual desahogó su furia contra Dios y su pueblo (30), enlistando la ayuda de judíos simpatizantes con el proceso de helenización (30–32). Esto culminó en la masacre de los habitantes de Jerusalén y en el saqueo de la ciudad. El santuario fue profanado, las ofrendas diarias abolidas, se levantó un altar a Zeus y se celebraron ritos paganos sobre el altar de las ofrendas quemadas (la abominación desoladora, 31; cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 24:15).

En medio de la apostasía judía (descrita en los vv. 30, 32), otros fueron fieles hasta la muerte (33). Fue en este contexto que tuvo lugar la famosa resistencia de los macabeos. Como en todos los mo vimientos de resistencia, espirituales y también pol íticos, los fieles recibieron apoyo que no les hacía falta (34).

La sección que sigue en el libro, los vv. 36–45, es posiblemente la más difícil. La descripción parece exceder todo lo que se conoce aun del blasfemo Antíoco (de aquí la conclusión de muchos comentaristas de que esta sección es ciertamente profecía que predice el futuro por parte del autor, la cual, por ser errónea, nos capacita para fijar la fecha de la edición final de todo el libro). El cap. 13:1–3 sin embargo, sugiere que el fin de toda la historia puede aho ra estar a la vista. En este caso, el v. 35 puede estar señalando hacia la experiencia del pueblo de Dios, no solamente durante el tiempo de Antíoco, sino más allá. No obstante, la identificación de el rey (36) varía (p. ej.p. ej. Por ejemplo el Imperio Romano [Calvino], el papado y el anticristo).

La identificación precisa del significado de la profecía depende de su cumplimiento histórico. En cualquier caso, aquí al menos tenemos una descripción del espíritu del anticristo (1 Jn. 2:18) en la autonomía radical del rey (cf.cf. Confer (lat.), compare 3:15; 4:30; 8:25; 11:3, 12, 16), que se exalta a sí mismo como divino (36, 37; cf.cf. Confer (lat.), compare 3:5) y en la unión de la impiedad y la injusticia. La referencia al más apreciado por las mujeres (37) es difícil. Algunas veces conside rada como una referencia a Tamuz, la deidad pagana llorada por la diosa Istar (cf.cf. Confer (lat.), compare la alarma de Ezequiel por esta abominación en Eze. 8:13, 14), las palabras también pueden significar “el amor de las mujeres” y denotar el completo desdén del rey por el afecto humano (cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Tim. 3:2–4) o de veras por la ordenanza de la creación de relaciones varón-hembra.

Los vv. 40–45 narran un conflicto final. Algunos intérpretes sugieren que esto se cumplirá en los términos geográficos precisos en los cuales se describe, pero las declaraciones son tomadas mejor como la descripción de un conflicto futuro en términos de un mapa político contemporáneo en ese entonces. Edom, Moab y Amón (41) representan a los an tiguos enemigos del pueblo de Dios. Los enemigos tradicionales del rey del norte con sus aliados serán dominados por él (43). Sin embargo, su fin vendrá abruptamente (44, 45).

Si tenemos aquí una referencia a las escenas finales de la historia, debe recordarse que ellas son descritas en términos del orden del mundo antiguo. La profecía sí predice el futuro, pero también habla a su mundo contemporáneo en términos tomados de su propio tiempo.

Aun si el clímax de la impiedad se describe aquí, sería un error anticipar que el desenlace de la historia incluirá carros y gente de a caballo (40). Tampoco debemos olvidar que la función de toda esta sección es subrayar que no importa cuán radicalmente impío pueda ser un gobernante de las naciones, llegará a su fin y no tendrá quien le ayude (45).
12:1-4 Las últimas cosas

El mensajero angelical le promete a Daniel que el pueblo de Dios será protegido contra las embestidas de los poderes de las tinieblas, como siempre, por Miguel (cf.cf. Confer (lat.), compare 10:13, 21). Pero como la prueba de él mismo y de sus compañeros esto no significará que serán librados del tiempo de angustia (1; cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Tim. 3:1–9), sino que triunfarán en él. Los propósitos de Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare el libro, v. 1) no fallarán; él guarda a su pueblo “para la salvación preparada para ser revelada en el tiempo final” (1 Ped. 1:5). El v. 2 señala a esta resurrección como la revocación de la maldición de la muerte (vida eterna, en el v. 2, contrasta con los que duermen en el polvo de la tierra, cf.cf. Confer (lat.), compare Gén. 2:7, 17; 3:19), o su confirmación (eterno horror). Los entendidos (cf.cf. Confer (lat.), compare 11:25) que han sido fieles a la palabra de Dios, a pesar de la vergüenza y el sufrimiento, serán glorificados (3). Este es el mensaje de esperanza y consuelo que fortalecerá a los creyentes futuros. Por esta razón Da niel ha de cerrar las palabras y sellar el libro (4), no en el sentido de guardarlas secretas, sino para preservarlas hasta que se necesiten, guardándolas para los que buscan una palabra de Dios, en contraste con muchos que correrán de un lado para otro, y se incrementará el conocimiento (4; cf.cf. Confer (lat.), compare Amós 8:12).
12:5-13 EL REINADO DE DIOS Y EL REPOSO DE SUS SIERVOS
La exquisita conclusión se enfoca de nuevo en Daniel mismo (cf.cf. Confer (lat.), compare 10:2–18). El ve a otros dos, que posiblemente deben considerarse como testigos confirmatorios (Deut. 19:15), parados cada uno en cada orilla del río. Daniel o uno de ellos (ver nota de la RVARVA Reina-Valera Actualizada) hace la pregunta que ciertamente estaba ya en la mente de Daniel, y que es frecuentemente hecha por el pueblo de Dios cuando está en angustia: ¿Cuándo será el final de estas cosas … ? (cf.cf. Confer (lat.), compare 8:13; Apoc. 6:10). La figura divina (cf.cf. Confer (lat.), compare 10:5, 6) levanta ambas manos indicando la solemnidad y confiabilidad de lo que va a decir. Como antes, un tiempo, tiempos y medio tiempo (cf.cf. Confer (lat.), compare 7:25) expresa un período general y extenso y también un sentido de que esos períodos son conocidos y limitados por Dios. Justo cuando al pueblo de Dios no le quedan defensas, Dios mismo interviene (7).

Es comprensible que Daniel estuviera perplejo y buscara mayor iluminación sobre el final de esos eventos (8). En forma significativa (para todos los intérpretes posteriores y también para Daniel) le informaron que la revelación del significado de la visión esperaría su cumplimiento histórico; enton ces la división entre los sabios y los malvados será aclarada (10). Los primeros, con el libro de Daniel en la mano, entenderán el verdadero significado de los eventos por los cuales están pasando. Los impíos sólo conocerán confusión y perplejidad.

La figura provee una explicación final (que se funda en 11:31). Desde el tiempo de la abominación desoladora (11) el tiempo de angustia (1) durará aprox. tres años y medio, y se extenderá un mes y medio más (11, 12). Esto puede tener el propósito de un microcosmos del tiempo, tiempos y medio tiempo finales (7) y relacionarse con el sufrimiento bajo Antíoco Epífanes. Parece probable, sin embargo, que también ve más allá a los días finales, esos tres años y medio que completan las setenta semanas, de las cuales solamente sesenta y nueve y media se habían cumplido en 9:24–27.

Apropiadamente las palabras finales son de promesa para el mismo anciano Daniel. El también debe perseverar hasta el fin. Entonces entrará en su reposo. Sus obras continúan siguiéndole hasta su resurrección (v. 13; cf.cf. Confer (lat.), compare Apoc. 14:13).

Sinclair B. Ferguson
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