El libro de Daniel relata la historia de un joven israelita llevado cautivo de Jerusalén en los días de Nabucodonosor, rey de Babilonia 605-562 a de J. C. a de






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7:15-28 El cuerno que hizo la guerra
Daniel recibió una serie de indicios para explicar estas escenas. La interpretación de las bestias como imperios está de acuerdo con ellas. La visión tenía el propósito de asegurarle que los santos del Altísimo tomarán el reino (18). Esto no debe tomarse como para sugerir que el “Hijo del Hombre” y los santos del Altísimo son idénticos, pero finalmente en la venida de Cristo (p. ej.p. ej. Por ejemplo Apoc. 1:7) se aclarará que están relacionados en alguna manera. Su coronación es la garantía de que sus santos participarán de su triunfo (Apoc. 20:6).

Aunque Daniel recibió la seguridad del triunfo del reino de Dios, estaba especialmente atribulado por la identidad de la aterrorizadora cuarta bestia, por sus cuernos y particularmente por el “pequeño” (19; cf.cf. Confer (lat.), compare v. 8). La interpretación que él recibió ilumina la visión, pero de ninguna manera la hace sencilla. No es de sorprender que los comentaristas hayan diferido en su interpretación del pasaje. Su dificultad debiera advertirnos de no ser dogmáticos al explicarlo.

El cuerno pequeño aparece en el contexto del último imperio. La identificación depende de nuestro esquema general para interpretar toda la visión (y el sueño de Nabucodonosor en el cap. 2). Debe no tarse en especial el triple carácter del cuerno pequeño en el v. 25. Es culpable de blasfemia, persecución del pueblo de Dios y alguna forma de autodeificación (puesto que cambiar las festividades, v. 25, es prerrogativa solamente de Dios, 2:21).

Los que sitúan la lectura de Daniel en el siglo II a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo usualmente identifican el cuarto reino como Grecia, y consideran al cuerno pequeño como Antíoco Epífanes. No es posible, sin embargo, leer este pasaje desde una perspectiva del NTNT Nuevo Testamento sin reconocer que la figura del “Hijo del Hombre” (13) se cumple en Cristo (cf.cf. Confer (lat.), compare Mar. 13:26; Hech. 7:56; Apo. 1:13; 14:14).

Esta interpretación (retrospectiva) sugiere que la figura de la cuarta bestia se realiza en Roma. Probablemente es mejor considerar los “cuernos” (7, 8, 24) como una continuación del “espíritu” del do minio romano, en el contexto del que surge el cuerno pequeño, el hombre de iniquidad, el anticristo final (20, 21, 25; cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Tes. 2:4–12; 1 Jn. 4:3b) que fieramente oprime a los santos (25) durante un tiempo. Su poder entonces será consolidado e intensificado (un tiempo), pero repentinamente será quebrantado ( y la mitad de un tiempo). El Hijo del Hombre, habiendo recibido el dominio universal para sí mismo y para su pueblo, reinará entonces para siempre (14, 26, 27).

Daniel fue afectado por la visión, tanto física como mentalmente. Hay una lección importante para todos los que tienen experiencias espirituales poco comunes en el hecho de que él guardó el asunto para sí mismo (28).
8:1-27 EL REINADO DE DIOS DURA PARA SIEMPRE
En sus experiencias visionarias Daniel recibió una comprensión más completa del conflicto en el que él personalmente estaba envuelto. No estaba limitado a su propia experiencia; más bien, su experiencia no era sino un aspecto de una lucha cósmica entre los reinos de este mundo y el reino que Dios está estableciendo.

La segunda visión de Daniel le recordó la primera (1) pero esta vez él se veía a las orillas del río Ulai en Susa, la capital de Persia. Su visión consistía en dos imágenes visuales centrales (1–4; 5–12) seguidas por dos revelaciones orales (vv. 13, 14 dadas por un santo; vv. 15–26, dadas por Gabriel; cf.cf. Confer (lat.), compare 9:21 y Luc. 1:19, 26). Puesto que las partes visuales y las audibles están correlacio nadas, el cap. se examina mejor en estos segmentos.
8:1-4, 15-20 El carnero de dos cuernos

El carnero de dos cuernos en la primera visión (3) son los reyes de Media y de Persia (20), y el cuerno más largo indudablemente representa a Persia. Daniel lo vio abriéndose camino, extendiendo su territorio en todas direcciones. De hecho el Imperio Persa se extendió al oeste a Babilonia, Siria y Asia Menor, al norte a Armenia y al mar Caspio, y al sur a Africa. El conocimiento de Daniel de esto (en el tercer año del reinado de Belsasar) es consistente con el discurso posterior al rey en el año de su caída (cf.cf. Confer (lat.), compare 5:18–31), El ya había visto “la escritura en la pared” para el Imperio Babilónico. Co mo hombre de fe estaba aprendiendo progresivamente que ésta era simplemente una señal de una realidad mayor, que la escritura está ya en la pared para todos los imperios, excepto para el del Altísimo (cf.cf. Confer (lat.), compare 2:44).
8:5-8, 21, 22 El macho cabrío de un cuerno
Mientras Daniel reflexionaba en el significado de esta primera imagen, antes de recibir la interpretación de ella, vio un macho cabrío con un cuerno muy visible (5). Tres cosas lo caracterizaban: su velocidad extraordinaria, su ferocidad aparentemente omnipotente al vencer al carnero (6, 7); y el dramático rompimiento de su largo cuerno y del crecimiento de cuatro cuernos en su lugar (8), de uno de los cuales salió otro cuerno (9).

El macho cabrío representa el Imperio Griego (21). Las imágenes del gran cuerno se cumplieron perfectamente en Alejandro Magno que se convirtió en un conquistador mundial entre los 21 y 26 años, venciendo a las fuerzas persas en una serie de batallas decisivas entre 334 y 331 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Sin embargo, él iba a morir trágicamente a la edad de 33 años (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 8) y su imperio fue fragmentado en cuatro regiones representadas por los cuatro cuernos (22). De uno de esos salió un cuerno pequeño (9) que debía formar el clímax de toda la visión.
8:9-14, 23-27 El pequeño cuerno que creció
El descendiente de uno de los cuernos ahora se describe involucrándose en una política vigorosa de expansión que alcanza a Palestina (la tierra gloriosa, 9; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 8:7–9; Jer. 3:19). En autoengrandecimiento (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 8:12–15) esta figura se deificará a sí misma y blasfemará prohibiendo el culto bíblico (11, 12). Daniel vio esto prolongarse por 2.300 tardes y mañanas (14), lo que probablemente debe entenderse como días (cf.cf. Confer (lat.), compare Gén. 1:5, 8, 13 etc.). El hecho de que esta información le fuera transmitida a Daniel por los santos (13) es una indicación de que, a pesar del horror de los eventos, son conocidos por Dios y misteriosamente están dentro de sus propósitos (cf.cf. Confer (lat.), compare 1:2). Entonces, también, lo es el cuerno pequeño que crece no por su propio poder (24) y cuya caída no es por mano humana (25).

Siria, una de las cuatro divisiones en las que se fragmentó el imperio de Alejandro Magno, fue gobernada por Seleuco Nicator, cabeza de la dinastía seléucida de la que Antíoco IV surgió en 175 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo Tomó el título de Theos Antíoco Epífanes (Antíoco, el Dios ilustre). Otros se refieren a él como Epímanes (“el loco”). En su política expansionista invadió Palestina (la tierra gloriosa; 9) y saqueó Jerusalén en medio de terrible derramamiento de sangre. Abolió las ofrendas diarias matutinas y vespertinas (11; cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 29:38–43) y cometió la blasfemia de sacrificar un cerdo en el altar de las ofrendas quemadas, después de colocar una estatua de Zeus en el templo y de hacer sacrificios humanos en el altar. Prohibió la circuncisión y profanó el sábado (cf.cf. Confer (lat.), compare vv. 11, 12).

Es digno de notarse el empeño de Daniel por entender esta visión (5a, 15, 16). Esta iluminación no es solamente un asunto de conocimiento previo de los eventos de la historia, sino también una consideración de la naturaleza y obra del mal en su destrucción de la vida, su oposición a la piedad (24; con un enfoque en destruir la adoración del pueblo de Dios, 11; cf.cf. Confer (lat.), compare Hech. 20:29–31), su false dad y su orgullo (25). A la luz de esto Daniel aprende lecciones vitales: que nadie debe permitir que lo sugestionen con un falso sentido de seguridad (25, se engrandecerá; cf.cf. Confer (lat.), compare 1 Cor. 10:12; Gál. 6:1), y que Dios finalmente destruirá toda oposición a él (25; cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 2:8–12; 46:8–10; Apoc. 11:15–18).

El enfoque en el cuerno pequeño, al cual los papeles de los grandes imperios del carnero y del macho cabrío son secundarios, es un recordatorio de la característica perspectiva bíblica, que ve, no los grandes imperios, sino al pueblo del pacto de Dios como la clave para la historia. El significado final de los imperios y de sus gobernantes se determina por su trato al pueblo de Dios (9–12; cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 25:31–46).

Dos frases señalan hacia el cumplimiento de la visión de Daniel: esos eventos tendrán lugar al final de la indignación … en el tiempo señalado (19) y después de muchos días (26). El “fin” en vista aquí es mejor tomado como la última parte del período de la historia bajo revisión (es decir, no el fin de las edades).

Como en 7:28, la reacción de Daniel es instructiva. La seriedad del conflicto en el que el pueblo de Dios iba a estar envuelto lo abrumó y lo horrorizó, pero no lo paralizó. Aun en un ambiente impío él cumplió sus responsabilidades diarias (27; cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Ped. 3:11).

9:1-27 EL REINADO DE DIOS FORTALECIENDO LA PROFECIA Y LA ORACION
9:1-3 Daniel escudriña las Escrituras

Gabriel entonces le trajo mayor información (21; cf.cf. Confer (lat.), compare 8:16) que recibió identificación cronológica y significativa en el primer año de Darío (1). Daniel estaba ocupado en ejercicios espirituales. Había estado meditando en la profecía de Jeremías acerca de que la desolación de Jerusalén (2) duraría setenta años (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 25:11, 12; 29:10). La oración que siguió estuvo profundamente influida por el espíritu de Jer. 25. Como en la Escritura, la motivación para la intercesión sincera de Daniel es do ble: la necesidad de la hora y la palabra de promesa del pacto de Dios. Aunque la lógica abstracta podría llevarnos a preguntar por qué él necesitaba orar cuando Dios ya había dado su promesa, Daniel mismo entendió que Dios emplea la oración como el medio por el cual se complace en cumplir su palabra. El arrepentimiento y la intercesión genuinas afectaron a Daniel externa y también internamente (3). Esto era presumiblemente una parte de las de vociones privadas de Daniel, pero sus acciones no estaban opuestas al espíritu de Mat. 6:16–18, concerniente a nuestra apariencia en público y en cualquier evento que tiene en vista la recompensa de las alabanzas de otros en vez de la apro bación de Dios.
9:4-19 La oración: un convenio de trabajo
La oración de Daniel estaba dominada por un sentido del carácter de Dios, especialmente como es revelado en su justicia. La justicia de Dios es su absoluta integridad, su conformidad a su propia gloria perfecta. En sus relaciones con su pueblo ésta toma la forma de su fidelidad a sus pactos con ellos. En esa relación de pacto él ha prometido ser su Dios y tomarlos como su pueblo; él ha prometido que disfrutarán bendiciones mientras siempre y cuando respondan con fidelidad a su pacto de amor, pero habrá juicio si le responden en incredulidad, ingratitud y desobediencia (cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 27:28).

Estos principios subyacen en todos los tratos de Dios con su pueblo en el ATAT Antiguo Testamento y salen a la superficie en la oración de Daniel. En su paciencia con su pueblo desobediente Dios había enviado profetas a llamarlos a volver a la fidelidad al pacto (5, 6). Su exilio era el resultado de su indiferencia a su advertencia y un cumplimiento de la maldición del pacto (7; cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 28:58, 63, 64; Jer. 18:15–17). En un ver dadero espíritu de arrepentimiento, Daniel, el más fiel del pueblo de Dios, se echó sobre sí mismo la culpa como si fuera propia (hemos se repite 9 veces en los versículo 5–10). En este respecto, su corazón refleja el corazón de Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 63:8a, 9a); ellos son su pueblo (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 20). La solución definitiva vendría cuando el Hijo de Dios llevara la culpa de su pueblo como si fuera suya (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 53:4–6, 10–12; 2 Cor. 5:21). Sin em bargo, la esperanza de perdón no disminuye la seriedad de su condición. Verdaderamente Daniel escudriñó el vocabulario del ATAT Antiguo Testamento al describir y confesar el fracaso de Judá (pecado, iniquidad, impiedad, rebeldía, trasgresión, desobediencia; 5–11) y sus consecuencias (vergüenza y dispersión; v. 7). Tal juicio es la expresión de la justicia del pacto de Dios en respuesta al pecado de su pueblo. El ha guardado su promesa (7, 11–14).

Al orar por el conflicto de su pueblo, Daniel no pidió a Dios que abandonara su justicia. Paradójicamente, es la única esperanza del pueblo. Como en el primer éxodo, por su propia gloria Dios reveló la justicia de su pacto en misericordia al oprimido y también como juicio sobre el malvado (cf.cf. Confer (lat.), compare Exo. 3:7–10, 20; 6:6). Alentado por las promesas divinas a través de Jeremías, Daniel apeló a Dios para defender su glorioso nombre que había ligado al pueblo y a la ciudad de Jerusalén (16). La meta de su intercesión es la gloria del nombre de Dios; su fundamento es la palabra de promesa del pacto de Dios respecto a la restauración; su motivación es el conocimiento de la misericordia justa revelada en los hechos salvadores de Dios en el pasado (15–19).
9:20-27 Otros “setenta”
El tiempo de la revelación fue como a la hora del sacrificio del atardecer (21; es decir, a media tarde), una notable indicación del enfoque de la vida de Daniel centrada en la ciudad de Dios, puesto que él había estado ausente de Jerusalén por cerca de setenta años (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:10). Gabriel apareció con dramática rapidez en respuesta a su oración, trayendo una comunicación divina más amplia que extendió el horizonte de Daniel más allá de los setenta años de la profecía de Jeremías a un período de setenta semanas (24). Hay una cumbre más le jana en las cordilleras de montañas de propósitos de Dios en la que él debe concentrarse ahora.

La revelación enigmática que sigue primero delinea el programa divino, incluyendo seis cosas que deben cumplirse dentro del período de setenta semanas ordenado por Dios (24). Las primeras sesenta y nueve semanas llevan a la llegada del Mesías Príncipe (25) y están divididas en dos períodos desiguales (siete semanas y sesenta y dos semanas = sesenta y nueve semanas). Esta división es uno de los rasgos más enigmáticos de todo el libro. Posiblemente las primeras semanas miran hacia la terminación del templo. Los vv. 26 y 27 pueden contener un “paralelismo progresivo” en miniatura: el v. 26 describe la semana final en términos panorámicos mientras el v. 27 la describe en detalle específico.

Las interpretaciones de este mensaje varían enormemente, y dependen de la amplitud de criterio que el intérprete tenga del cumplimiento de la profecía. La erudición crítica, situando la escritura de Daniel en el contexto del siglo II a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo, ve el período como destinado a extenderse desde el siglo VI hasta el tiempo de Antíoco Epífanes (entendiéndose los 490 ya sea en términos redondos o lit.lit. Literalmente, y, tal vez, equivocadamente). Pero desde la perspectiva del NTNT Nuevo Testamento, es difícil evitar la conclusión de que el Mesías Príncipe (25) se cumple en Jesucristo, cuya venida trae expiación y fin de la culpa (24). Algunos intérpretes conservadores, además, han empleado varias cronologías para mostrar que la cifra de 490 es una predicción cronológicamente exacta de la muerte de Cristo. No se ha llegado a ningún consenso acerca de esto o de la interpretación detallada de la última semana.

Si el análisis cristológico es en general correcto, las sesenta y nueve semanas pueden representar el período entre la restauración hasta la venida de Cristo y el reino que él inaugura. Aunque difícil (v. 26), el Mesías será quitado (el verbo es uno que también se usa para confirmar un pacto) y no tendrá nada nos recuerda Isa. 53:8 y es una indicación de absoluta desolación (cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 26:31; 27:46). El v. 27 puede entonces ser considerado como referencia al gobernante que ha de venir (26), y que encuentra su cumplimiento en Tito Vespasiano, la profanación del templo y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de J.C.d. de J.C. Después de Jesucristo (cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 24:3–25). Alternativamente, el v. 27a podría referirse a Cristo confirmando el pacto de Dios por una semana, es decir, por todas las edades futuras (cf.cf. Confer (lat.), compare 1 Cor. 11:25, 26); y los vv. 27b y 27c a la profanación de Jerusalén.
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