Kafka, Bolaño y los sótanos de la posmodernidad






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títuloKafka, Bolaño y los sótanos de la posmodernidad
fecha de publicación14.06.2015
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Miguel Serrano

Órbita

Prólogo de Manuel Vilas

Candaya S.L.

ISBN 978-84-936007-9-2


190 págs.; 19.5 x 14 cm

PVP 16 €
Kafka, Bolaño y los sótanos de la posmodernidad.





LA OBRA: ÓRBITA

No se trata sólo de escribir buenos libros, sino de escribir buenos libros interesantes porque son distintos. Esta es la apuesta de Órbita, un libro que contiene un orden narrativo propio que busca la representación de las perplejidades y de las fantasmagorías de las sociedades capitalistas de última generación.

En el relato que da nombre al libro, Miguel Serrano aborda el misterio de las relaciones humanas en la era del simulacro y del afterpop. El adolescente superdotado Samuel Soriano es casi una alienígena emocional y el extraño científico Bernardo R. es la inteligencia desajustada, la inteligencia errante. Serrano tiende a la construcción de tramas de orden alegórico, tal vez por influencia kafkiana. La historia de Samuel Soriano es una historia kafkiana, pero ajustada al siglo XXI.

También está próximo Serrano de la narrativa de Roberto Bolaño. Se percibe en las tramas de los relatos y en la presencia de personajes salidos de los sótanos de la posmodernidad. El fantasma que nos habla en el relato “Perspectivas” o el profesor de matemáticas enloquecido que aparece en “Y así sucesivamente” recuerdan el ambiente amenazador de malentendidos simbólicos de 2666.

EL AUTOR: MIGUEL SERRANO LARRAZ

Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) comenzó la carrera de Ciencias Físicas, que abandonó en el último curso para dedicarse a la literatura. Ha ejercido oficios diversos: cajero, ilusionista profesional, vendedor de libros, auxiliar administrativo y negro literario.

En la actualidad se dedica a la traducción (suyas son, entre otras, las versiones españolas de una biografía de Nick Drake y de un libro que repasa la trayectoria del grupo Belle and Sebastian, ambas publicadas por Metropolitan).

Su obra ha aparecido en numerosas publicaciones periódicas (Quimera, Turia, Laberintos, la Mandrágora y Heraldo de Aragón, entre otras) y en diversas antologías (Poesía para bacterias, El viento dormido, Buñuel y las miradas del 2000...). Es uno de los coordinadores de Eclipse, la revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza.

Ha publicado dos libros de poesía, Me aburro (Harakiri, 2006) y La sección rítmica (Aqua, 2007), libro al que "La Montaña Rusa Radio Jazz", le dedica semanalmente una sección en la que se recitan algunos de los poemas del libro, acompañados de la música del intérprete. 

Es también autor de una novela, Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano (Eclipsados, 2008), que causó gran revuelo en los medios literarios zaragozanos.

En 2003 Miguel Serrano disfrutó de una ayuda a la creación literaria del Instituto de Estudios Turolenses y en 2007, por su obra Variaciones, fue merecedor del Primer Premio de Literatura Joven del Gobierno de Aragón. En 2008 participó en Logroño en las X Jornadas de Poesía en Español junto a poetas de la talla de Antonio Cisneros y Abraham Gragera. Se publicó un libro-disco con los poemas de los participantes.

Miguel Serrano ha sido incluido en El viento dormido, antología sobre la joven narrativa aragonesa (Eclipsados, 2006) y Al final de pasillo, una antología de relatos de ciencia-ficción y terror (2009).


DEL PRÓLOGO DE MANUEL VILAS
Serrano sabe que la realidad se ha vuelto muy compleja, por eso sus fábulas se han vuelto cubistas. Los frikis que pueblan las narraciones de Serrano guardan relación con la narrativa mutante española, y estoy pensando que Serrano hubiera podido aparecer perfectamente en la antología de Juan Francisco Ferré y de Julio Ortega; me refiero a la antología Mutantes. Narrativa española de última generación (Berenice, 2005). Serrano narra historias dislocadas, extravagantes y absurdas, porque el mundo occidental de 2008 es así. Los personajes de Serrano a veces me recuerdan a los personajes de Agustín Fernández Mallo. La ciencia dislocada e interpretada literariamente aparece en la narrativa de Serrano. El personaje de Bernardo R. es un personaje emocionalmente cercano a los personajes de Nocilla Dream o de Nocilla Experience de Fernández Mallo. Es una confluencia natural, propia del intento de representación del mundo que nos ha tocado vivir. Muy probablemente, Serrano, en ese sentido, se considerará a sí mismo como un narrador realista. Curiosamente, al leer estos relatos de Miguel Serrano, he pensado en el realismo último de la narrativa española. Es un realismo ensanchado, adaptado a este 2008. Para mí Serrano es un realista, como lo es Fernández Mallo, o lo son muchos de los escritores españoles más o menos encuadrables en el movimiento mutante o afterpop o de renovación. La literatura está en evolución porque en evolución está la Historia. Aparecen nuevas formas de escribir a finales de la primera década del siglo XXI, y son diferentes de como se escribía en la década de los ochenta o de los noventa del siglo XX. Serrano es fiel a lo que está viviendo: un mundo en mutación, un mundo que no puede ser captado con instrumentos literarios antiguos. Serrano ensaya en este libro una tecnología literaria que dé cuenta de los cambios de nuestras sensibilidades, de nuestra percepción de la realidad. Se equivocará quien piense que Serrano es experimentalista. No lo es. Si la narrativa española está mutando es porque la Historia está mutando, no porque ahora los nuevos narradores hayan salido experimentalistas. No querer ver los cambios políticos, económicos, emocionales, científicos, tecnológicos, audiovisuales, de este tiempo es típico de reacciones de carácter conservador, y en la literatura española el espíritu conservador está siempre vigente y, como es obvio, no me refiero a partidos políticos. Seguir editando narrativa española, seguir apostando por la narrativa española más renovadora, más rompedora, por parte de editoriales como Candaya, me parece un gesto heroico en un momento donde predomina una literatura muy convencional, de poco riesgo y de pocas innovaciones formales. Precisamente, el libro de Serrano es el recordatorio de la importancia de la forma en literatura, porque el libro de Serrano es forma. Porque sin forma no hay literatura nueva, no hay representación de lo nuevo, no hay indagación sorprendente, no hay espíritu inédito, no hay subversión, no hay crítica, no hay nada. No podemos imaginar a Valle-Inclán criticando a la sociedad española de su tiempo con los instrumentos literarios, con la forma artística que empleaba Galdós. La forma literaria avanza. Y esa idea de forma, de narración artística, de narración en los bordes del estilo y de la palabra arriesgada como fundamento de la literatura, es lo que más abunda en el libro de Miguel Serrano. También “Órbita” es la exposición de una incomodidad, la incomodidad que arranca de que el mundo no haya sido visto antes como lo ve Serrano ahora. Eso tiene que ver con la forma y con el estilo. La literatura está en mutación en España. Se renueva. Me acuerdo ahora del grupo de pop británico Joy Division, ¿cómo fue posible una revolución musical como la de ese grupo? ¿cómo pudieron tener una visión premonitoria?; estoy pensando en eso al leer a Serrano, en la necesidad de que la literatura cambie, en la necesidad de los cambios en cualquier modalidad artística, en la alegría profunda de los cambios, en la gran fiesta de lo que muta y en la tristeza horrible de lo que no cambia. En realidad, es el cambio el único fenómeno que da testimonio de que seguimos vivos, de que la literatura tiene sentido.
Serrano narra este presente histórico, y narra este presente histórico desde la ambigüedad y desde la fragancia del caos moral, sin importarle los riesgos ni las contradicciones. Hace buenas las enseñanzas de los viejos teóricos de la literatura: la forma literaria revela perfectamente la crisis de la sociedad en la que nace una obra antes que los contenidos. La forma literaria de Serrano revela una dislocación moral. Por eso, este libro ayuda al crecimiento de la renovación literaria española. Es un espejo nuevo en donde vernos.


LA CRÍTICA HA DICHO:
“Miguel Serrano es heredero de la chupa de Bolaño”, Julio José Ordovás, La Vanguardia.

"Apócrifo, acomplejado y venenoso", Antón Castro en Heraldo de Aragón.

“Hay una frase en este libro de cuentos, publicados por la editorial Candaya, que podría aplicarse a la literatura de su autor, a su voz, a su estilo. Una frase con la que coincido plenamente y que dice así: «El objetivo principal consistía en conseguir que todo resultara lo más natural posible, que nada pareciera forzado». Miguel Serrano Larraz ha creado el mundo en el transcurso de nueve años. Nueve cuentos. Un mundo creado a su imagen y semejanza. 'Órbita' nos desvela los miedos anónimos. Los deseos. Las sorpresas. Los anhelos y las frustraciones. Amores correspondidos y amores contrariados. La importancia del azar. Vidas cruzadas, pequeños detalles, situaciones inquietantes, identidades que se mezclan y confunden como las aguas de esa ciudad del interior que van a dar a la mar. A medida que voy leyendo los cuentos bajo el cielo que cubre los parques de Berlín, siento una complicidad con el autor, una complicidad que no necesita palabras, «porque no es necesario decir nada más. Este paseo me justifica y me define. Ya no me queda nada por hacer aquí» José Antonio Garriga Vela (El Sur)
“Un libro que ha entrado directamente en la mejor tradición del género de relatos en español. Audaces, inteligentes, técnicamente impecables y, sobre todo, conmovedores desde una sensibilidad absolutamente contemporánea. La ternura de Carver en la extravagancia inteligente de Boris Vian a fecha de hoy..." Agustín Fernández Mallo (Blog de El hombre que salió de la tarta).

 

Órbita está compuesto por nueve relatos cortos cuya amalgama más bien podría ser el ciclo del descubrimiento de la vida, desde que empezamos a soltar lastre del nido familiar en la adolescencia hasta que nos obligamos a asumir el rol de adultos. Es un libro bien trazado, obra de un narrador meticuloso y dotado de una voz madurada y macerada en años de trabajo. Miguel Serrano Larraz está en camino de la literatura honesta: no es artificiero de fuegos artificiales, sino un relojero a la vieja usanza, un narrador” Sergio del Molino (De Reojo. Blog del Heraldo de Aragón)
“Frente a lo fabricado en serie, Órbita se muestra como un libro personal de apuestas y no pocos aciertos” Paul Viejo (Público)
“Este libro ofrece y desarrolla nueve buenas ideas, pero yo he disfrutado sobre todo de la poesía con la que las envuelve y les da forma. No ha habido últimamente muchos libros así entre nosotros, así que, por favor, entren en Órbita en cuanto puedan.” Juan Marqués (Artes y Letras. Suplemento cultural de Heraldo de Aragón).
Me aburro se trata de un libro inencontrable, casi secreto, que lleva camino de convertirse en una obra de culto entre algunos jóvenes poetas españoles e hispanoamericanos", Nacho Tajahuerce.
La sección rítmica me parece un libro espléndido, fértil de voz y muy personal en su planteamiento. Has conseguido hacer del jazz una gran metáfora de la creación poética y de la condición humana. Hay poemas antológicos como "Dave Douglas", "Michel Petrucciani", "Tete Montoliu” (...) Es admirable la hondura de su mensaje y esos suaves guiños a la experimentación no lúdica”, Ángel Guinda.
Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano es un libro desternillante y valiente como pocos" (Patxi Irurzún, en el blog de Hankover).

Un fragmento de Órbita
Para B.

 

Tras la ventana está lo peor.

Franz Kafka, Diarios

 

 

En junio de 1991 Samuel Soriano terminó la Educación General Básica, el octavo curso, lo que entonces todavía se conocía como “el colegio”. Acababa de cumplir catorce años. Sus padres discutieron con él diversas posibilidades para su futuro inmediato, posibilidades que incluían el acceso directo a la universidad, desde luego, pero también escuelas privadas en Estados Unidos o en Holanda, un centro de investigación en Barcelona, colegios especiales para niños superdotados. Durante tres semanas, durante cada una de las noches de las tres semanas siguientes a la conclusión de la E.G.B., Samuel no fue capaz de dormir, o sí, pero cuando dormía sus sueños se poblaban de sensaciones líquidas y Samuel se despertaba en mitad de la noche mareado y atónito, como si acabara de sobrevivir a un naufragio. Pensaba: no quiero ser diferente. Pensaba: no quiero madurar, no quiero crecer, no quiero que mi situación se modifique. Pensaba: no quiero dejar el colegio. Pensaba: ojalá fuera un mal estudiante y hubiera repetido este curso, para no tener que decidir, para no tener que decidir ahora. Pensaba: me gustaría ir a un instituto público con el resto de los chicos y chicas de mi edad, y que no hubiera ninguna otra posibilidad. Pensaba: no quiero morirme nunca, no quiero que nadie muera nunca, no quiero saber qué cosa es la muerte. Pensaba: todavía no he hecho en mi vida nada que merezca la pena.

     Sus padres hablaron con él una mañana, la misma mañana en que los tres salían de viaje hacia Tarragona a pasar una semana de vacaciones. Le comunicaron que habían decidido que tenía que ser él mismo quien eligiera su futuro, o su destino, que él era el único que podía enfrentarse a esa decisión, o soportar esa decisión, pero que no iba a estar solo para tomarla, porque lo asesorarían, o aconsejarían, además de sus padres, una cierta cantidad de profesores, una cierta cantidad de psicólogos, una cierta cantidad de pedagogos. Durante esos siete días de vacaciones en Tarragona, pero también las tres semanas siguientes de vuelta a Zaragoza, Samuel, que acababa de cumplir catorce años, leyó a Bakunin, pero también leyó a Platón, y leyó a Marx, y leyó a Bertrand Russell y a Piaget, y leyó, con entusiasmo e incredulidad, las experiencias utópicas de educación libre de A. S. Neill, y además escuchó con atención los dictámenes y los consejos, titubeantes o contradictorios, de al menos una docena de “doctores” que lo examinaban y entrevistaban siempre con una delicadeza distante que podía interpretarse como sorpresa o como interés, pero también como prudencia o incluso como desconfianza.

     Un día de finales de julio, por casualidad, o por lo que él entonces entendió como una casualidad, cayó en manos de Samuel Soriano un artículo de un tal Bernardo R. que llevaba por título “Comunicación y cables”. El artículo, que aparecía en el suplemento dominical de un periódico madrileño, llenaba diez páginas con fotografías en color y letra apretada, pero sin titulares ni párrafos subrayados. Una fotografía, la primera fotografía del artículo, mostraba una cabina telefónica con un chimpancé en su interior, un chimpancé ensimismado que observaba el teléfono con expresión de incertidumbre, como si dudara sobre si valía la pena o no hacer cierta llamada telefónica internacional. En otra fotografía, una de las últimas (había siete u ocho en total) se distinguía apenas la silueta oscura y encorvada de un anciano, que sin embargo podía ser también la silueta de un niño subido a una silla, o incluso la de otro chimpancé (¿el mismo de la cabina?) camuflado bajo una máscara de apariencia humana. Al principio, durante unos segundos, antes incluso de comenzar a leerlo, antes de empezar a comprenderlo, Samuel creyó que ese artículo era un artículo divulgativo, que mostraba y explicaba hasta el más mínimo detalle la función de los satélites, o el modo en que se diseñaban y construían los satélites, o la localización de todos y cada uno de los satélites que pululan por las infinitas órbitas de nuestro planeta. Después, sin embargo, descubrió, o razonó, que no podía ser eso, creyó que tenía que ser, sin ninguna duda, otra cosa, tal vez un breve ensayo sobre los medios de comunicación y el poder de los medios de comunicación y las negligencias de los medios de comunicación y las miserias de los medios de comunicación, y después (pero todo fue en un momento, no pasó más de un minuto), después intuyó, o supo, que en realidad el artículo, ese artículo, “Comunicación y cables”, que aparecía en el suplemento de un periódico de tirada y distribución nacionales, hablaba de él, de Samuel Soriano, el niño superdotado, hablaba de él y de sus padres y del colegio que acababa de abandonar y de la ciudad de Zaragoza donde él vivía, y supo también que Bernardo R. le estaba mandando a través de ese artículo, voluntaria o involuntariamente, una señal, o una orden, o un comentario, o una sugerencia, y esa señal, o esa sugerencia, o esa orden, decía: “matricúlate en un instituto público, no te dejes convencer, lucha, mézclate, resiste, comunícate”.

     Samuel Soriano, que tenía catorce años, habló tranquilamente con sus padres aquella misma tarde, en el salón de su casa, dialogó con sus padres y convenció a sus padres, y les hizo saber que él era ya un adulto, que era un adulto o podía ser considerado un adulto desde algún punto de vista, desde al menos un punto de vista, pero que no por eso debía dejar de probar y diversificar la experiencia de la vida, porque sus recursos, sus conocimientos, sus vivencias, no eran los de un adulto, no eran los de un adulto en absoluto, sino los de un niño de catorce años que apenas se introduce en los enigmas de las relaciones personales, así que sus padres asintieron en silencio, impasibles, y dijeron que sí, que cómo no, y prepararon los trámites para que su hijo superdotado (que a los dos años sabía escribir, que leyó Rojo y negro a los nueve, que a los trece años demostró sin ayuda el teorema fundamental del álgebra) ingresara en un instituto público cercano al domicilio familiar.

     Lo que sigue es previsible: Samuel Soriano buscó información sobre Bernardo R., sobre el autor de aquel artículo que había modificado su vida, o su manera de ver la vida, y le envió (por medio del periódico que había publicado aquel artículo) una carta, le envió una carta en la que le explicaba, con una prosa diáfana, aunque no exenta de metáforas indescifrables, quién era, y cuántos años tenía, y qué esperaba de la vida. “Tengo catorce años y no quiero morirme jamás”, decía la carta de Samuel Soriano, “mis padres no podrán comprenderme nunca, ni ninguna mujer podrá comprenderme nunca, aunque todavía no conozco el sexo, aunque todavía no sé siquiera si me gustará el sexo, si el sexo será suficiente motivo para que yo me confiese y me exponga. Sin embargo, ya he encontrado en usted un alma gemela, que me motiva y me justifica. Usted escribió ese artículo para mí, y yo he escuchado lo que usted me decía y lo he interpretado y le he hecho caso”...

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