Literatura renacentista (siglo XVI)






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3.2. Fray Luis de León (1527-1591)
3.2.1. Biografía
Nació en Belmonte (Cuenca) en 1527, de padres con ascendientes judíos. Muy joven ingresó en la orden de los agustinos y estudió en Salamanca y Alcalá. Fue catedrático de Teología en la universidad de Salamanca. Su carácter, justo, pero agresivo, le granjeó numerosos adversarios, los cuales, con el pretexto de que había desobedecido un acuerdo del Concilio de Trento al traducir el bíblico Cantar de los Cantares, lo denunciaron. Estuvo, por ello, preso durante casi cinco años en Valladolid. Al recobrar la libertad, es fama que reanudó sus explicaciones con estas palabras: “Decíamos ayer…” Volvió a ser amonestado por sus continuos enfrentamientos en el claustro de profesores. Dejó la cátedra para desempeñar altos cargos en su orden, y murió en 1591.

3.2.2. Obra poética6

Fray Luis de León es uno de los mayores poetas de todos los tiempos. Sus versos no se publicaron en vida7. La primera edición de sus poemas la hizo Quevedo en 1637; la publicó para oponerse a las nuevas corrientes poéticas que Góngora estaba imponiendo.

La obra poética de Fray Luis es escasa: no llegan a cuarenta los poemas que compuso. Además, tradujo en verso castellano textos latinos, italianos y bíblicos (fue un gran hebraísta).

Su poesía se caracteriza por la asimilación de los clásicos, de la Biblia y de la corriente poética italiana—usó el endecasílabo y la lira—, sin olvidar la tradición española y todo esto hermanado con la sinceridad en la expresión apasionada de sus anhelos más íntimos, la sensibilidad ante la naturaleza, la emoción poética, el fervor religioso y un estilo cuidado, aunque sobrio y natural.

Este estilo es, lógicamente, deudor de las tradiciones literarias de las que parte. Su poesía es sencilla sólo en la apariencia, ya que, aunque siempre dentro de la norma renacentista de la elegancia y de la naturalidad, su estilo es muy elaborado, como prueba el uso de muchas figuras retóricas: asíndeton, polisíndeton, hipérboles, aliteraciones, hipérbatos, encabalgamientos abruptos, metáforas, personificaciones, etc. Un rasgo peculiar de su poesía es que muchos de sus poemas están dirigidos a una segunda persona. Ello explica el carácter conversacional que suelen tener: abundan las enumeraciones, las exclamaciones e interrogaciones retóricas, las exhortaciones…

Los temas de sus poemas son la naturaleza, la añoranza del campo y de la vida tranquila, el gusto por la noche y por la música. Estos temas proceden de la tradición clásica y neoplatónica: el beatus ille, es decir, la búsqueda de la “descansada vida” y el alejamiento del “mundanal ruido”; la contemplación de la noche estrellada; la armonía universal sentida al escuchar las notas musicales; el dominio de las pasiones; la exaltación de la virtud. El deseo de armonía y la tranquilidad lo llevan a añorar la soledad, la “vida retirada” cantada por los poetas clásicos paganos; pero, como cristiano, anhela la vida del cielo como suprema liberación.

3.3. La mística española: San Juan de la Cruz

3.3.1. La mística española

Existen en la segunda mitad del siglo XVI y en el XVII dos variedades de literatura religiosa:

a) La ascética (etimológicamente, ejercicio), que trata del esfuerzo que el hombre ha de realizar para alcanzar la perfección moral y acercarse a Dios.

b) La mística (etimológicamente, sabiduría secreta), que intenta describir el don gratuito que Dios concede a algunas almas al fundirse con ellas y llenarlas de su amor. El proceso místico por el que el alma se funde con Dios atraviesa tres fases o vías:

- Vía purgativa: por la cual el hombre se libera del pecado mediante la penitencia y la práctica de la virtud.

- Vía iluminativa: mediante la cual el alma se somete a Dios, renuncia a la razón y a la inteligencia humanas y recibe una sabiduría especial que la ilumina. La culminación de la unión mística es el éxtasis, que supone la anulación total de los sentidos y un sentimiento tal de felicidad y gozo que es inefable, no puede expresarse con palabras.

- Vía unitiva: que supone la fusión, la unión mística entre el alma y Dios.

Las dos primeras son comunes a ascetas y místicos; a la tercera sólo llegan almas privilegiadas, los místicos, por una gracia especialísima de Dios.

Las figuras más representativas de la mística española son Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

3.3.2. San Juan de la Cruz (1542-1591)

Nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. Ingresó muy joven en la Orden del Carmelo que estaba empezando a reformar santa Teresa. Debido a esta reforma, en la que san Juan colaboró, surgieron disensiones en el seno de la Orden, que supusieron incluso la prisión para el santo. Cursó estudios superiores en Salamanca, donde tuvo como maestro a Fray Luis de León. El último periodo de su vida transcurrió en Andalucía, desempeñando cargos importantes en su orden y continuando su labor reformadora. Murió en Úbeda (Jaén) en 1591.

3.3.2.1. Obra poética

Juan de la Cruz no tuvo un definido propósito literario, sus poemas son expresión personal de sus vivencias y textos edificantes para beneficio espiritual de sus compañeros de orden. Por tanto, sus motivaciones son más religiosas que artísticas; sin embargo, es tal su sensibilidad y el dominio de la expresión poética que, como dice Dámaso Alonso, su obra parece tocada por el “ala del prodigio”.

Su obra en verso se puede dividir en dos partes:

a) Una primera de tipo tradicional, en la que emplea el octosílabo y cuyos modelos son los cancioneros y la poesía popular de villancicos y romances.

b) Otra, de influencia italiana, en la que usa sobre todo el endecasílabo y, con sentido religioso, desarrolla el tema bucólico con expresión procedente de Garcilaso. Estas composiciones constituyen su poesía mística y representan la cumbre de su obra. Tres son estos poemas mayores: Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva. Los dos primeros están escritos en liras garcilasianas y el tercero en estrofas de seis versos.

Cántico espiritual (1577), sigue de cerca el Cantar de los cantares bíblico. Es un diálogo entre la Amada —el alma— y el Amado —Dios—, a quien ella ha buscad a través de valles y montañas hasta encontrarlo y celebrar la unión mística con el Amado.

El poema se puede interpretar como una representación de las vías místicas. En las dos primeras estrofas aparece la vía purgativa, en las nueve centrales, la iluminativa y en las restantes, la unitiva.

Noche oscura del alma (1584) expone, bajo la forma de una alegoría, el caminar del alma hasta su unión con Dios. Elige como fundamento alegórico una situación amorosa humana: la amada (el alma) sale “a oscuras y segura” a encontrarse con el Amado (Dios). En este poema, la noche se transforma en luz, una vez que ha guiado a la Amada hasta el Amado, y se establecen relaciones con las ideas espaciales: arriba (lo divino) / abajo (lo humano).

Llama de amor viva (1584) es un poema de cuatro estrofas en el que, sin aludir a las dos primeras vías, se centra exclusivamente en las sensaciones amorosas que expresa la Amada en la unión con Dios, el éxtasis místico.

3.3.2.2. Temas

Muchos de los temas de estas composiciones proceden de la filosofía neoplatónica y de la literatura religiosa anterior: el amor que saca de sí al enamorado y lo transporta a la unión con Dios, la luz como representación de la divinidad, etc. La poesía bíblica del Cantar de los cantares y la poesía tradicional le proporcionan diversos motivos amorosos. Pero, aunque los poemas de Juan de la Cruz pueden entenderse como poesía amorosa, es indudable que, según fueron leídos desde su época, y tal como él mismo explicó en sus comentarios en prosa, estos textos van más allá del evidente contenido erótico y tienen un significado espiritual. Al intentar explicar sus sentimientos al producirse la unión mística con Dios, San Juan se ve obligado a recurrir a la comparación con el amor humano. En realidad, esto ya se hacía así en el mismo Cantar de los cantares, en el neoplatonismo y a lo largo de la Edad Media.

3.3.2.3. Influencias

La poesía de San Juan es un buen ejemplo de la lírica de su tiempo. Tres son las influencias principales en sus versos:

1) La poesía culta renacentista a la manera italiana: empleo del endecasílabo y la lira, uso de determinadas imágenes.

2) La lírica castellana tradicional: temas, vocabulario, formas, motivos, estribillos…

3) La poesía bíblica del Cantar de los cantares.

3.3.2.4. Estilo

En la poesía de San Juan predomina el sustantivo y escasean verbos y adjetivos. Además, los pocos adjetivos que utiliza aparecen seguidos y pospuestos, en vez de antepuestos como sucedía en Garcilaso. En el léxico conviven las palabras populares con las cultas de origen latino o bíblico.

San Juan intenta expresar sus experiencias místicas por medio del lenguaje humano, que le resulta muy limitado. Por ello, utiliza recursos literarios como la reiteración, la intensificación, —“en soledad vivía / y en soledad ha puesto ya su nido…”— ; el oxímoron —“música callada, soledad sonora”—; el hipérbaton inusitado —“y miedos de la noche veladores”— ; exclamaciones afectivas; la concentración acumulativa —“a las aves ligeras/ leones, ciervos, gamos saltadores/ montes, valles, riberas…”—; también las metáforas, alegorías, comparaciones, paradojas, apóstrofes, etc. son recursos magníficamente utilizados por el poeta.

Hay que destacar la facilidad de San Juan para escribir versos que sugieren las cosas que describen — “un no sé qué que quedan balbuciendo…”—.

4. LA NARRATIVA RENACENTISTA

En el siglo XVI, los relatos todavía suelen ser cortos y se incluyen dentro de otras obras, sin tener autonomía. No se puede hablar de novela en el sentido moderno. La palabra novela, de origen italiano, se utiliza para referirse a narraciones breves, como las Novelas ejemplares de Cervantes. Los relatos más extensos se denominan de modo muy variado.

Siguen editándose y siendo muy leídos durante todo el siglo XVI los libros de caballerías y las novelas sentimentales del XV. Pero aparecen nuevos géneros narrativos:

4.1. Los libros de pastores o novelas pastoriles

Relacionadas con el éxito de la literatura bucólica en otros géneros como la lírica (églogas de Garcilaso) o el teatro (églogas de Juan del Encina). Las novelas pastoriles presentan la vida rústica en una naturaleza idealizada en donde se desarrollan historias de amor entre pastores. Las obras pastoriles más destacadas son Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor y la Diana enamorada de Gaspar Gil Polo. Importantes autores escribe también novelas pastoriles: Cervantes escribió La Galatea y algunos episodios del Quijote recrean el mundo pastoril. Lope de Vega escribió La Arcadia.

4.2. Las novelas moriscas

En un ambiente exquisito, se produce en ellas la idealización del moro, de forma parecida a la idealización de los pastores en las narraciones pastoriles. El cercano mundo morisco, con sus costumbres diferentes, proporciona a los escritores material novelesco y poético, pero con un toque exótico muy apropiado al relato realista.

La primera novela morisca es la breve Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, de autor desconocido. Mucho más extensas son las Guerras civiles de Granada, de Ginés Pérez de Hita. Grandes escritores intercalaron relatos moriscos en sus obras mayores: Ozmín y Daraja de Mateo Alemán, incluido en su Guzmán de Alfarache, y la Historia del cautivo del Quijote cervantino.

4.3. Otras novelas
Muy interesantes son también La lozana andaluza de Francisco Delicado, y El Patrañuelo de Juan de Timoneda. La lozana andaluza, obra emparentada con La Celestina y publicada en Italia, donde vivía Delicado, es una novela anticlerical y típicamente renacentista en su exaltación de los sentidos y del erotismo. El Patrañuelo es la primera colección española de novelas cortas que imitan a las italianas.
4.4. Las novelas picarescas: Lazarillo de Tormes
4.4.1. Aparición y triunfo del Lazarillo
En 1554 aparecieron simultáneamente, en Burgos, en Alcalá y en Amberes, tres ediciones de la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. La obra tuvo un éxito fulminante, pero, cinco años después, fue prohibida por la Inquisición. No obstante, siguió leyéndose en ediciones clandestinas hechas en el extranjero. En 1573 volvió a autorizarse su impresión, pero suprimiendo los tratados IV y V, y varias irreverencias de los demás. Hasta 1834 no volvió a publicarse el texto completo en España.

4.4.2. Problemas
Rodean al Lazarillo múltiples problemas. Las primeras ediciones conservadas son de 1554, pero ninguna de ellas es la fuente de las otras y todas proceden de ediciones perdidas, no de manuscritos. Probablemente, la primera edición sea de uno o dos años antes de las conservadas y el libro se compuso en torno a 1550.

Se desconoce por completo quién pudo ser el autor. Se ha atribuido a varios escritores (el diplomático Diego Hurtado de Mendoza; el poeta y prosista toledano Sebastián de Orozco, el fraile jerónimo Juan de Ortega, el humanista Alfonso de Valdés…) pero ninguna atribución ha podido probarse resolutivamente. No hay constancia explícita de las razones que tuvo el autor para ocultar su nombre, si bien se pueden intuir los motivos, dado el carácter marcadamente anticlerical de la obra. Se trata, en todo caso, de un escritor culto, pese al tono llano y natural que emplea.
4.4.3. Originalidad novelesca del Lazarillo
Por primera vez en la historia de la narrativa europea, hallamos en el Lazarillo el mundo de la realidad contemporánea convertido en materia de un relato. Y, por tanto, también por primera vez, se hace protagonista de un relato a un personaje de condición humildísima, que va construyendo su vida a golpes con la adversidad. Nada más lejos de los héroes de los relatos anteriores: caballeros andantes, gentiles guerreros, aventureros intrépidos, refinados pastores… Lázaro de Tormes sufre hambre, engaños, burlas y explotación. Es historia del proceso “educativo” para la deshonra y la vileza, que Lázaro aceptará al final, y que es interpretable como una amarga queja del autor contra una sociedad que impedía salir de su miseria a los desheredados.

La crítica literaria reconoce el Lazarillo como la primera novela moderna. La novela, en efecto, género literario de la modernidad, se caracteriza, en su diversidad de variedades por dos rasgos fundamentales: la acción transcurre en tiempo y lugares concretos y la vida de los personajes se va modificando según los azares de su vida. Estos dos rasgos están presentes en el Lazarillo.

El Lazarillo inaugura además un nuevo tipo de novela, la picaresca, que alcanzará sus rasgos definitorios con Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán:

1) Es el relato de una autobiografía ficticia, por tanto en primera persona, de un personaje de orígenes miserables.

2) El protagonista abandona el medio familiar siendo un niño y trabaja al servicio de varios amos. Se trata en ese sentido de una novela itinerante, más que el personaje van cambiando los lugares a los que el azar de sus amos conduce al protagonista. Este cambio de amos permite el retrato de la sociedad a través de las clases o grupos que cada uno de estos representan.

3) El carácter picaresco del protagonista: Algunos críticos han definido al “pícaro” como un delincuente, es decir, un transgresor de las leyes civiles y morales, pero no un malhechor violento o criminal. Es un personaje astuto, versátil, prudente y receloso. Se trata de un personaje listo, sin oficio, que urde tretas para robar o vivir a costa del prójimo, con escaso sentido moral y que suele ser víctima de sus propios ardides.

4) El protagonista tiene afán de medro, es decir, aspira a ascender socialmente y a mejorar su situación económica y su puesto en la sociedad.

5) Explicación de un estado final de deshonor, aceptado o superado, a partir del pasado del protagonista.
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