Literatura universal 2º bachillerato






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títuloLiteratura universal 2º bachillerato
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LITERATURA UNIVERSAL 2º BACHILLERATO

CURSO 2010-2011
BLOQUE 2- DE LA ANTIGÜEDAD A LA EDAD MEDIA. EL PAPEL DE LA RELIGIÓN Y LA MITOLOGÍA EN LA LITERATURA.
Tema 2- Breve panorama de las literaturas griega y latina


  1. La literatura griega

  2. La literatura latina



1. Grecia es la “madre” de Occidente, la raíz esencial de nuestro pensamiento y de nuestra cultura. Podemos destacar dos momentos claves en sus etapas literarias: a. la época primitiva (siglos IX a VI a.C., tiempos de la literatura homérica) y b. la época clásica (siglos V y IV a.C., los años de Pericles y de Alejandro Magno, momento estelar de la literatura y la filosofía griegas). Lo que sigue es un breve panorama de los géneros y autores más representativos de esta literatura:


  1. Homero y la épica


Apenas si hay noticias sobre el primero y más importante de los poetas de la antigüedad. Creían los griegos que Homero nació en Quíos o en Esmirna, entre los siglos IX y VIII a.C.; y también se dice que era ciego. De él han sobrevivido las dos obras literarias más importantes del mundo antiguo: La Ilíada y La Odisea. Probablemente, Homero no fue el creador de estas obras, sino sólo el compilador de un material más antiguo, cantos épicos cantados por “aedos” o rapsodas que, bien recitaban con cítaras y liras, bien improvisaban relatos de la época micénica sobre los reyes y jefes guerreros de tiempos heroicos. Homero tal vez fue el último y más importante de estos “cantores” de obras de carácter colectivo, y las recrearía dándoles una unidad de composición, de estilo y de contenido.
La Ilíada y la Odisea pertenecen al género literario de la poesía épica, que cuenta los mitos de las grandes gestas de los antiguos héroes, violentos y aventureros, semejantes a dioses, destinados al combate y la muerte. Unos hombres superiores de los que se guardará un recuerdo imborrable durante siglos gracias a sus brillantes hechos y a su fama inmortal. De estos “ciclos” (continuaciones de los asuntos homéricos y legendarios elaborados por diferentes autores durante siglos) los más conocidos entre los griegos eran el “troyano” (que incluye los relatos del juicio de Paris, la guerra de Troya, los “nostoi” de los monarcas griegos –el regreso trágico de la guerra troyana-), el “tebano” (centrado en la figura de Edipo), los “trabajos de Hércules”, el viaje de Jasón y los “Argonautas” en busca del Vellocino de Oro y otros como las historias sobre Perseo y Teseo.
La Ilíada y la Odisea, por su parte, comparten además unas características peculiares de su género épico. Entre ellas se pueden destacar las siguientes:
a) Sin pretender escribir Historia, los poemas mezclan elementos arqueológicos (históricos, sociales ) de épocas diferentes, tanto antiguos como del tiempo de Homero.

b) Están repletas de largas digresiones, comparaciones, pasajes repetidos y fórmulas fijas, habituales en la épica oral.

d) Se basan en el contraste de personalidades, pasiones y acciones de los protagonistas, contrastando la humanidad y la crudeza.
La Ilíada

Es “el poema de la guerra, la furia y la muerte” y está compuesto por más de 15.000 versos repartidos en 24 cantos. Cuenta algunos sucesos de la primera parte del “ciclo troyano” –no todos- acontecidos durante la guerra de Troya, que sucedió aproximadamente sobre el año 1250 a.C.: el asedio que las tropas griegas dirigidas por el rey de reyes Agamenón hicieron sobre las murallas de la inexpugnable Ilión (Troya), la de los muros erigidos por el dios Poseidón y gobernada por el rey Príamo.

Sin embargo, de los 10 años de asedio, Homero apenas si nos cuenta los episodios de un par de meses en el décimo año de guerra, la llamada “cólera de Aquiles”: el enfrentamiento del protagonista griego con Agamenón a causa de una esclava prisionera, Briseida; el retiro de Aquiles del combate y las consiguientes derrotas griegas, huérfanas del primero de sus héroes; la lucha de Patroclo con las armas del “pélida” y su muerte; el dolor de Aquiles y su retorno al combate para vengar la muerte de su favorito; por último, la derrota del troyano Héctor, cuyo cadáver es cruelmente arrastrado en torno a la ciudad, y la entrega de su cadáver al rey Príamo, para celebrar unos funerales apropiados.
Este es el argumento de la obra. Sabemos que el relato general del “ciclo” tiene su origen y su propio desenlace, su comienzo y su final, pero Homero sólo se detiene en un episodio lleno de escenas de especial relevancia: los brutales combates entre nobles, el llamado “catálogo de las naves” en el que se enumeran las fuerzas de los griegos, la despedida de Héctor y su esposa Andrómaca, o la asamblea de los dioses, presidida por Zeus, discutiendo sobre la suerte de los combatientes. En estos episodios se detallan con atención y solemnidad los rasgos de los personajes (y sus epítetos: Aquiles es “el de los pies ligeros”; Ulises “el astuto”, “el de muchos recursos”; la diosa Atenea “la de ojos glaucos”, etc.)., principales y secundarios, humanos y divinos, en torno a los cuales los dioses del Olimpo intervienen a favor o en contra de los bandos contendientes.
La Ilíada es el reflejo legendario de una época ya pasada en la que valían la fuerza y la astucia, la rapiña y la guerra, la muerte heroica y rápida (el ejemplo del joven Aquiles), época en la que humanos y dioses actuaban al unísono para resolver las rivalidades de la tierra y del Olimpo. Una época, demás, que ha sido arqueológicamente datada gracias a los hallazgos de uno de los aventureros más apasionantes del siglo XIX: H. Schliemann, quien con la única ayuda del texto homérico fue capaz de encontrar en la colina turca de Hissarlik los restos de la antigua Troya, demostrando en 1870 que la ciudad sufrió una tremenda destrucción en el siglo XIII a.C., con lo cual quedaría probado que las historias que cantó Homero allá por el silo VIII a.C. tuvieron su germen real unos siglos antes.
La Odisea
Si la Ilíada narra la leyenda de las guerras de los héroes micénicos, la Odisea es la historia de un viaje, paradigma de las grandes aventuras humanas que exigen enormes sacrificios personales y notables hazañas colectivas. El viaje de Ulises (u Odiseo), rey de la pequeña isla de Ítaca, que ayudó con sus muchas e ingeniosas argucias (él ideó, por ejemplo, la creación del fatídico “caballo”) al término de la larga guerra troyana. Pero Ulises, “el astuto”, el que se disfraza, el más inteligente e ingenioso de los monarcas griegos, sufrió como muchos otros reyes un castigo divino que le impedía regresar en paz a su reino.
Y después de diez años de combate, anduvo errante durante otros tantos en soledad o con algunos de sus hombres por todo el Mediterráneo, a expensas de la ira del dios Poseidón, hasta que finalmente dio con sus heridos huesos en la isla de la ninfa Calipso. Pudo luego llegar a tierra de los acogedores Feacios, donde narró las aventuras y desgracias más famosas de la literatura: sus peripecias con los lotófagos (los que provocaban el irreparable olvido), el encuentro esperanzado con el dios Eolo, su enfrentamiento con el cíclope Polifemo (aquel de un solo ojo, engañado y cegado por Ulises-“nadie”), la maga Circe (que convertía a los compañeros del rey en animales), su descenso al Hades (el clásico mundo de los muertos en el que, entre las difusas almas de los difuntos, se encontró con el adivino Tiresias), su lucha con el desesperante canto de las sirenas y con los monstruos Escila y Caribdis, y la llegada a la isla maravillosa de Calipso. Acabado el relato, Ulises consigue llegar a casa, a su ansiada Ítaca, donde aún le quedan serios problemas por resolver: su fiel esposa Penélope confía en su llegada desde hace 20 años, pero está rodeada de nuevos y aprovechados pretendientes que invaden el palacio real. Ulises, disfrazado de anciano gracias a las artes de su protectora Atenea, logra entrar en su casa y acabar con los enemigos gracias a la ayuda de su hijo Telémaco.
2. La tragedia griega
El teatro, y en especial la tragedia, pertenecen a la llamada época clásica, aquella que transcurre en Atenas entre comienzos del V y finales del IV a.C. Es el momento de las "Guerras Médicas", las que enfrentaron a los persas y los griegos en las batallas de las Termópilas, Maratón (490 a.C.) o Salamina, tras las cuales surgirá el gran esplendor de la democracia de Pericles y, posteriormente, el derrumbe ateniense de la "Guerra de Peloponeso" bajo las espadas espartanas.
La tragedia nace en el siglo VI a.C. y tiene origen ático, ateniense, como una forma evolucionada de antiguas canciones corales que se recitaban en las celebraciones en honor al dios Dionisos en el transcurso de unas pocas fechas al año, auspiciadas por cada ciudad (“polis”).
La tragedia pone en escena grandes problemas humanos -el destino, la muerte, la angustia, la libertad, el poder de los dioses-, aparentemente ajenos a la vida cotidiana, en boca de personajes legendarios y divinidades, con un estilo y lenguaje elevado y solemne.
En la tragedia se ponían en escena hasta tres actores (un protagonista y otros dos, siempre ciudadanos varones, incluso para representar papeles femeninos) que solían vestir largas túnicas e iban descalzos o, en ocasiones, llevaban zapatos de tacón alto (los "coturnos"). Completa el grupo un coro que comenta, explica e interpreta la situación dramática (entre 12 y 15 personas que se sirven de la música de flauta para sus recitaciones, participando moderadamente de la acción). Quienes representaban en escena utilizaban también máscaras para dar imagen y voz a sus papeles.
Los tres autores más representativos de la tragedia griega, los tres clásicos por excelencia son Esquilo, Sófocles y Eurípides.


  • Esquilo

Esquilo obtuvo muchos premios en los certámenes y es literariamente valorado porque introdujo al segundo actor en escena, gustó de la escenografía espectacular, las obras tremendistas y tenebrosas, e impulsó la relevancia del coro. El tema esencial de sus obras, dotadas de un profundo sentido religioso, muchas veces en forma de "sermón", es la lucha del hombre contra el destino, la humillación humana ante el orden del universo (Zeus, los dioses, imponen su voluntad y justicia sobre los orgullosos y vanidosos mortales, lenta e implacablemente).
Escribió unas 80 tragedias, de las que apenas quedan siete. De ellas destacamos:


      • Los Persas: que cuenta la expedición del jactancioso Jerjes en el 480 a.C. y sus derrotas ante los valerosos griegos.




      • La "trilogía" de la Orestíada, sobre los trágicos acontecimientos de uno de los "nostoi" posteriores a la Guerra de Troya: el drama del regreso del rey Agamenón, su muerte a manos de su esposa Clitemnestra y la venganza de su hijo Orestes sobre su madre y sobre el regente Egisto.




  • Sófocles

Escritor brillante y prolífico (autor de más de 120 tragedias de las que sólo nos quedan siete), destacó por ser el introductor del tercer actor y por dar a sus obras la predominancia del hombre sobre la idea, mejorando el argumento, el diálogo y la relación entre los personajes, así como dotando a los argumentos de sus primeras "escenografías".
De Sófocles nos han quedado algunos argumentos de intensidad dramática inmensa como los desarrollados a través de sus protagonistas universales, hombres y mujeres dignos, también víctimas de un dolor intenso que se sufre con resignación y sólo se libera con la muerte. Personajes prototipo del infortunio ante la fatalidad que marca sus vidas.
Destacan tres obras que nos relatan el "ciclo de Edipo":


  • Edipo rey: el rey de Tebas alejado hasta Corinto, que regresó a su ciudad, resolvió el enigma de la Esfinge, y sufrió el oráculo divino matando, sin saberlo, a su padre Layo y desposándose con su madre Yocasta. Conocida la verdad, Yocasta se ahorcará y Edipo se cegará con los broches de la mujer y quedará como un mendigo.




  • Edipo en Colono: el antiguo rey, ya ciego, retirado y ayudado por su fiel hija Antígona.




  • Antígona: gobernando el sucesor de Edipo, el rey Creonte, Antígona sepulta con dignidad el cuerpo de su hermano Polinices, desobedeciendo las órdenes reales. Antígona es detenida y emparedada viva en una cueva. Su hermana Ismene le presta todo su apoyo, y también su prometido, Hemón, hijo de Creonte. La catástrofe final acaba con el ahorcamiento de Antígona, poco antes de que llegue el perdón real, y el suicidio de Hemón y su madre.




    • Eurípides


Dijo Aristóteles que "Sófocles pintaba a los hombres como debían ser y Eurípides como eran realmente".Tuvo un agudo sentido psicológico en sus obras, dotando de especial humanidad y veracidad de sentimientos a sus personajes y reflexionando sobre los auténticos problemas de conciencia de su tiempo. Concede nuevas versiones a las viejas historias, haciendo gala de modernidad y de racionalismo por su escepticismo ante la moral y religión tradicionales. Trata con especial atención los personajes de las mujeres y los esclavos, secundarios hasta entonces, dotándoles de un carácter cambiante y contradictorio. Gusta, sin embargo, de historias truculentas, violentas y de extrañas pasiones.
De sus obras destacamos:


  • Medea: la joven hechicera, hija del guardián del Vellocino de Oro, que ayuda a Jasón en su empresa, se enamora de él, le desposa y luego se ve abandonada por el héroe y decide vengarse matando a sus propios hijos.




  • Hipólito: el hijo de Teseo, pretendido por la nueva esposa de su padre.




  • Andrómaca: la viuda del heroico troyano Héctor, se encuentra tras la guerra en manos de Neoptólemo, hijo del “pélida” Aquiles, angustiada por sus hijos ante las pretensiones homicidas de Hermíone, la nueva esposa de su dueño.


3. Otros géneros y autores de la literatura griega

Teatro (comedia):


  • Aristófanes, autor de Lisístrata, Las nubes, La asamblea de mujeres.. obras en las que parodia el afán por la guerra, el deseo de poder o a personajes famosos en su tiempo.


Historiografía:


  • Heródoto, autor de una Historia que desarrolla las "Guerras Médicas".




  • Jenofonte, protagonista y escritor de la Anábasis (o expedición de los "Diez Mil"), el itinerario que siguieron los mercenarios griegos al servicio del rey persa Ciro desde la profunda Asia hasta su regreso al Mar Negro en el año 401 a.C.

Fábula:


  • Esopo.


2. La literatura latina se inicia con Livio Andrónico, que llegó a Roma siendo un esclavo de habla griega. Tradujo en verso el poema épico de Homero, la Odisea, al latín, y escribió las primeras piezas dramáticas en esta lengua, así como traducciones de obras griegas.
Sin embargo, el primer escritor romano verdaderamente importante fue Ennio Quinto, famoso por sus Annales, un poema enérgico y vigoroso que cuenta la historia de Roma y sus conquistas en versos hexámetros adaptados con éxito del griego al latín.
Se conservan 21 obras de teatro del primer genio verdadero de la literatura romana, Plauto. La comedia fue la aportación romana más firme para el desarrollo del teatro occidental; las obras vivas y ágiles de Plauto sirvieron de modelo a la comedia europea posterior y han sido representadas e imitadas hasta hoy. Su mundo de amos ignorantes, esclavos astutos, doncellas inocentes y jóvenes sin esperanza que se enamoran absurdamente fue heredado por el segundo genio romano cómico, Terencio. Sus obras son más tranquilas y graciosas que las de su predecesor, menos divertidas, pero quizá más conmovedoras.
Catón el Viejo, político conservador y enemigo implacable de Cartago, fue el primer maestro de la prosa romana. Orador hábil, proporcionó los primeros modelos a la retórica romana. Su tratado sobre agricultura, De agri cultura, aún se conserva. El gran maestro de la sátira, un género supuestamente inventado por Ennio, fue Cayo Lucilio, a la que aportó como modelo palabras mordaces que ridiculizan despiadadamente un amplio conjunto de locuras humanas, tanto en el terreno privado como en el público. Sólo se conservan fragmentos de su obra.
El precursor de la era más grande de la poesía romana fue Lucrecio, cuyo poema didáctico De rerum natura argumenta en versos elocuentes que los dioses no intervienen en asuntos humanos. Su finalidad era liberar a la gente de la superstición y del miedo a la muerte. Catulo, el primer gran poeta lírico en latín, se inspiró en modelos griegos. Sus poemas largos son complejos y eruditos, pero le caracterizan en mayor medida los poemas líricos más cortos, algunos de los cuales son puras declaraciones de amor a una mujer llamada Lesbia o están dedicados a su hermano muerto, y otros en los que saca a relucir su inventiva de ingenio mordaz e hiriente contra sus enemigos políticos. Su palabra rigurosa e intensa ha sido una fuerza impulsora en la historia de la lírica europea desde el redescubrimiento de su obra a comienzos del renacimiento.
Reconocido como el más grande de los poetas latinos, tanto en vida como en tiempos posteriores, Virgilio escribió al principio de su carrera las Églogas, diez poemas pastorales elegantes y vivos que se convirtieron en modelos perpetuos en su género. A estas siguieron las Geórgicas, poemas llenos de gracia sobre la vida de los agricultores. Sin embargo, la obra maestra de Virgilio es la Eneida, un poema épico que narra cómo el héroe troyano Eneas viajó a Italia para encontrar el asentamiento donde se fundaría Roma. Este complejo poema, inspirado en la obra de Homero, es un prodigio de armonía, donde contrasta el deseo de paz con la veneración tradicional de la virtud militar. Cada época ha encontrado en la Eneida respuesta a problemas y actitudes vitales.
La tradición lírica continuó con una galaxia de poetas que aún se leen en la actualidad. El amigo de Virgilio, Horacio, se convirtió en el maestro de la oda adaptando hábilmente los metros griegos al latín con el concurso de su propia voz llena de gracia.
La tradición elegíaca concluyó con la obra de Ovidio, que se ocupó del género de una manera festiva. Prolífico poeta, es más conocido por su Ars amatoria, un manual de amor irónico, y por su obra más importante, Las Metamorfosis, un largo y poco urdido poema que vuelve a abordar los mitos antiguos.
La edad de oro de la poesía romana se correspondió con la de la prosa. El autor más destacado, Cicerón, fue un político y orador cuya retórica intensa y sonora se convirtió en un modelo para la oratoria europea posterior. Los discursos más conocidos de Cicerón son los que profirió contra el conspirador político Catilina, pero otros muchos son igual de oportunos y certeros, dado el uso consumado que realiza con los ritmos y cadencias de la lengua latina, orquestados para alcanzar efectos persuasivos y decisivos. Cicerón destacó también con obras en prosa de un estilo más relajado, tratados sobre obras de retórica y de filosofía tales como los famosos fragmentos sobre la amistad y los tiempos pasados. También se conserva gran parte de su reveladora y extensa correspondencia.
Igualmente famoso como escritor de prosa fue el contemporáneo de Cicerón, Julio César. Sus comentarios claros y enérgicos sobre La guerra civil y Las guerras en Galia (De bello gallico y De bello civili) también se convirtieron en importantes modelos en su género. El principal historiador romano fue Tito Livio, que escribió la larga historia de Roma Ab urbe condita, también conocida como Décadas, de la que sólo se conserva cerca de una cuarta parte que continúa siendo una fuente básica de este periodo.
A la edad de oro siguió lo que a menudo se conoce como la edad de plata de la literatura latina, en el siglo I d.C.; aunque sobrepasada por el brillo del siglo anterior, durante este periodo se produjo un valioso conjunto de obras importantes. Lucano, cuya epopeya Farsalia narra incidentes de la guerra civil romana con un estilo animado, y Publio Papinio Estacio, un escritor muy admirado en la edad media, supieron abordar con efectividad la tradición épica. La Tebaida (91?), obra principal de Estacio, es una epopeya vigorosa y poco organizada que lleva al límite las formas del estilo virgiliano. Figura importate de la edad de plata fue Séneca, tutor del famoso emperador Nerón. Séneca expuso las doctrinas de la filosofía estoica en cartas y tratados que tuvieron una gran influencia y escribió una serie de tragedias terribles que durante siglos han espantado y horrorizado a la sensibilidad dramática europea.
Durante este periodo se produjeron obras de interés en varios estilos satíricos. El escritor más original de esta época fue tal vez el cortés Petronio, cuyo sorprendente Satiricón (60?), una extensa obra en verso y prosa de la que sólo se conserva parte, es una narración enormemente entretenida que describe vivamente un amplio conjunto de excesos humanos. También la viveza es una característica de los grandes escritores de sátira en verso, como el áspero y difícil Persio y el amargo —pero entretenido— Juvenal. La más corta de las formas poéticas, el epigrama, fue perfeccionada por Marcial, cuyos socarrones e ingeniosos versos son un modelo en su género.
La prosa del siglo I d.C. incluye la obra de varios escritores didácticos notables. Plinio el Viejo fue un escritor prolífico cuya Historia Natural sirvió durante generaciones como modelo de libro de texto sobre historia natural. La Institución Oratoria (95?) del retórico Quintiliano es también un estudio importante dedicado a la teoría y práctica de la oratoria, que incluye además algunas de las críticas literarias romanas más juiciosas. Varios destacados historiadores escribieron también durante este periodo. Cornelio Tácito relató dramáticamente los acontecimientos de su época y la que le precedió en sus Historias y Anales; escribió asimismo una famosa descripción de Germania y sus habitantes, Germania (98?). La vida de los Césares (121?), de Suetonio, es famosa por sus animadas biografías de los césares y su, a menudo, espeluznante descripción de lo que para los lectores modernos es el periodo más sensacional de la historia romana.
Durante los siglos siguientes, la literatura romana declinó al mismo tiempo que la fortuna política del Imperio, pero destacaron unas pocas figuras. La Metamorfosis (a menudo traducida como El asno de oro) de Lucio Apuleyo es una narración en prosa entretenida que incluye la historia, elegantemente relatada, de Cupido y Psique.





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