La lírica española desde la década de los 60 hasta la actualidad






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fecha de publicación26.06.2016
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LA LÍRICA ESPAÑOLA DESDE LA DÉCADA DE LOS 60 HASTA LA ACTUALIDAD
Hacia 1960 comienzan algunas críticas a la poesía social, por su esquematismo temático y por su pobreza estilística y, como sucede en los otros géneros, se tiende a una renovación. En este cambio de gusto influyó el propio agotamiento de esta tendencia, que repite temas y formas, y la evolución del clima social, más moderno y complejo. Así, aunque se mantuvo la influencia de la poesía social en escritores más jóvenes en conjunto, los nuevos poetas muestran una sensibilidad diferente que caracteriza la lírica de la década de los sesenta, Sus representantes son los componentes de la generación de los años 50, también conocida como la promoción de 1955.
LA POESÍA DE LA DÉCADA DE 1960. LA PROMOCIÓN DE 1955
Forman la promoción de 1955 los poetas nacidos entre 1925 y 1934, que vivieron la guerra en la infancia e iniciaron la edad adulta en la inmediata posguerra. Por eso se les conoce también como el grupo de los niños de la guerra o la segunda promoción de la posguerra. Aunque casi todos empezaron a escribir a finales de los años cincuenta, su poesía es la que marca el tono en la década de 1960 y supone un cambio respecto a la poesía social.
Hubo dos grupos geográficos en la generación:

  • El núcleo barcelonés, integrado por Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Carlos Barral

  • El grupo madrileño, formado por Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Claudio Rodríguez, Francisco Brines y José Ángel Valente.


A pesar de las diferencias individuales, estos escritores comparten unos rasgos que distinguen su obra de la poesía social:

  • En los temas, la poesía expresa la experiencia personal y, aunque no abandona lo social, interesa fundamentalmente la perspectiva del yo del poeta. A menudo las composiciones parten de una anécdota de la vida cotidiana y, sobre ella, se construye el poema como una reflexión. Así vuelven los temas intimistas, entre ellos el amor o el erotismo, la soledad, la amistad y los recuerdos de la niñez o la adolescencia.




  • La actitud crítica ante el entorno, característica de la poesía social, se manifiesta como una reflexión cívica o ética, en general impregnada de escepticismo. La lírica se aleja del tono político y aparece la expresión irónica, confidencial o cómplice respecto al lector.




  • Tiende a valorar la expresión poética, es decir, recupera el gusto por la forma y se aleja del prosaísmo o del tono dramático de la poesía social. Emplea un lenguaje natural y antirretórico, a veces coloquial, que recuerda a Cernuda, pero nunca vulgar ni altisonante. En conjunto, supone una poesía más minoritaria que la social, porque se expresa mediante cierto simbolismo y con tono irónico. En la métrica, abandona la rima y las estrofas clásicas, aunque abundan los endecasílabos y los versos breves de cinco y de siete sílabas.




  • José Ángel Valente: su poesía tiene un carácter meditativo, versos densos y un lenguaje sobrio. En la poesía de Valente tiene tanta importancia lo que no se dice como lo explícitamente dicho. Por ello habla es su caso de poesía del silencio. Lo no dicho, lo silenciado, se convierte en la esencia del poema, pues la palabra poética permite entrever lo inefable, lo que no se puede decir. En los libros que publica desde los años setenta el ansia de absoluto se acentúa hasta el punto de que se le ha considerado poeta místico o poeta metafísico. Formalmente, sus textos se caracterizan por la concentración extrema, la expresión sobria y la cuidada selección léxica. Esa condensación hace que a veces su poesía sea hermética y difícil, y habitualmente de breve extensión, por lo que se la ha denominado poesía minimalista. Treinta y siete fragmentos.




  • Ángel González es el ejemplo más claro de transición de la poesía social al nuevo estilo poético. Perdura en él el compromiso social, pero la crítica y la denuncia se expresan a través de la ironía y del humor ácido.

En su producción poética de aprecian tres etapas:

    • Primera etapa: la decepción y el pesimismo existencial se aúnan con una dura crítica al mundo circundante. La poesía se convierte en un instrumento clarificador tanto de la experiencia del poeta como de la sociedad que lo condiciona. El tema vertebrador es el paso del tiempo, al que se supeditan una serie de subtemas, como el amor, el desengaño, el absurdo de la vida, la infancia como paraíso perdido y el transcurrir histórico. Áspero mundo.

    • Segunda etapa: se incorpora en los textos lo lúdico; la ironía deriva hacia el humor y abundan las inversiones y distorsiones semánticas, la ruptura de frases hechas, los neologismos y los juegos de palabras. Prosemas o menos.

    • Tercera etapa: comienza ahora una meditación de carácter elegíaco. Continúa en su obra la obsesión por el paso del tiempo y el testimonio del tiempo histórico. Otoños y otras luces.




  • Jaime Gil de Biedma es, quizá, el autor que mejor ilustra el cambio poético de los años sesenta. Su poesía se basa en experiencias personales evocadas desde la distancia que impone el paso del tiempo.

Los poemas de Gil de Biedma incorporan su vida cotidiana y privada. La poetización de la experiencia propia adquiere en sus textos un tono confesional y narrativo, con el que transmite una amarga visión de su clase social (nació en una familia de la alta burguesía), pero huyendo siempre de hacerlo de forma patética y prefiriendo el cinismo y una muy particular ironía intelectual.

Su obra está compuesta por tres únicos libros reunidos bajo el título común de Las personas del verbo:

Compañeros de viaje. Este poemario expresa una voluntad de cambio respecto de la poesía social: defiende una actitud ética ante la situación histórica de España, pero no la poesía de combate. El tiempo y el amor constituyen dos temas fundamentales.

Moralidades. En estos poemas se ha pasado ya de lo colectivo a lo individual, pero sin desvincular lo personal de lo social.

Poemas póstumos. En este volumen aparece con más claridad el desdoblamiento del yo en observador y observado y se hace patente la angustia por el paso del tiempo: la vejez, antesala de la muerte, es signo de deterioro frente al recuerdo de una juventud llena de vida y expectativas.

Es el escritor cuya influencia personal y poética fue más significativa en sus compañeros de promoción poética y, sobre todo, en los poetas jóvenes posteriores.


  • Claudio Rodríguez fue poeta extraordinariamente precoz. Su primer libro, Don de la ebriedad, obtuvo el Premio Adonais cuando aún no había cumplido los veinte años. Se trata de una poesía en la que lo fundamental es el fervor lírico ante la vivencia inmediata y el contacto del poeta con la tierra y el mundo campesino. Este estado de éxtasis vital, que lo aproxima a la literatura mística, se expresa con gran musicalidad en endecasílabos asonantados que alternan con versos blancos. Su segundo libro, Conjuros, insiste en el vitalismo del anterior y en su deseo de identificarse con las cosas sencillas y reconocerse en ellas. La búsqueda de la armonía personal con el cosmos sigue siendo característica de poemarios posteriores, de gran brillantez expresiva y riqueza léxica.



LA POESÍA DE LA DÉCADA DE 1970

A finales de los sesenta comienzan a publicar un nuevo grupo de poetas. En 1970, el crítico José María Castellet reunió a algunos de los nuevos poetas en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Los poetas que figuraban en la antología eran Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José Mª Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana Mª Moix, Leopoldo Mª Panero. A estos poetas se los va a conocer desde entonces como “los novísimos”. Otros poetas de esta misma generación son Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles o Luis Antonio de Villena. En conjunto, tienden hacia una lírica experimental, minoritaria y, a veces, culturalista, que acaba definitivamente con la estética realista.
Son poetas nacidos tras la Guerra Civil, cuya infancia transcurre en la posguerra, pero formados en la nueva cultura de masas, con el cine, los cómics, la música, la radio y la televisión. Es la primera generación de posguerra que supera las limitaciones culturales del aislamiento y de la censura, pues están al corriente de los diferentes movimientos culturales y extranjeros y tienen una sólida formación literaria. Asimismo, en los años setenta se recuperan los autores vanguardistas de la década de los cincuenta: Carlos Edmundo de Ory, E. Cirlot, A. Crespo, etc., minoritarios hasta entonces. Ese bagaje cultural tan heterogéneo se convierte en una de las características del grupo, que se suma a los siguientes rasgos:
- Las alusiones a los mitos de la cultura de masas (estrellas de cine, héroes de cómics, elementos de la cultura pop, de la novela negra...) son frecuentes y se combinan con abundantes referencias literarias y artísticas. En conjunto, la poesía de la época, sobre todo la de los novísimos, es culturalista y muestra la influencia de numerosas corrientes: de la generación del 27, del simbolismo, del surrealismo, etc. Del mismo modo que mezclan diversos tipos de cultura (de masas o de élite), combinan tonos graves con actitudes provocadoramente frívolas.
- La renovación del estilo es una de las preocupaciones del grupo, que experimenta nuevas formas expresivas vanguardistas, con frecuencia de tono surrealista. Algunos poetas, como Gimferrer, enriquecen el lenguaje poético recuperando la herencia del modernismo y, con frecuencia, introducen elementos exóticos y artificiosos, como alusiones a ciudades lejanas.
- Combinan temas intimistas (amor, erotismo, infancia...) y sociales o políticos (el consumismo, la guerra de Vietnam...), y los tratan con ironía, humor y distanciamiento. En general, reflejan una actitud pesimista y escéptica.
LA POESÍA DE LAS DÉCADAS DE LOS 80 Y LOS 90
A partir de mediados de los setenta decayó la estética de los novísimos y se produjo un cambio en la poesía al que se sumaron varios de sus integrantes, como Luis Alberto de Cuenca o Antonio Colinas. La nueva poesía rescató la continuidad con el pasado literario español y encontró sus modelos en los poetas de fin de siglo, en la generación del 27 y en el grupo de los cincuenta, en especial en Gil de Biedma y Brines.

Las nuevas tendencias poéticas rechazan lo frío y conceptual de la generación anterior en favor del intimismo y la emoción.

La nueva poesía mantiene la temática urbana, y la vida cotidiana se convierte en fuente de poemas de tono autobiográfico, en los que se asoman sentimientos como el amor, la soledad, el paso del tiempo, la angustia ante la muerte...

Formalmente, se rechaza la ornamentación estilística y culturalista de los novísimos y se prefiere una poesía de retórica más equilibrada. El lenguaje, de tono coloquial, se carga del léxico de la vida moderna, y la ironía permite un distanciamiento respecto de la realidad. Aunque se produce una vuelta a las formas métricas clásicas (sonetos, tercetos encadenados, silvas...), no se abandona la práctica del verso libre.
No existe aún perspectiva histórica suficiente para emitir formulaciones exactas o juicios concretos sobre la última poesía. Las clasificaciones de la crítica sólo permiten establecer, y con precauciones, ciertas tendencias:


  • POESÍA DE LA EXPERIENCIA. Es la tendencia que parece tener una mayor repercusión en el panorama poético hasta mediados de la década de los 90. La poesía de la experiencia vuelve a situar el texto en un “aquí” y un “ahora” y busca un público más amplio, lo cual la aleja del elitismo de los novísimos.

Estos poetas insisten en el carácter ficticio del poema y, en consecuencia, del yo poético (rechazo del confesionalismo romántico), y en las experiencias individuales, a partir de las cuales surgen las reflexiones y las visiones de mundo: relaciones amorosas, desengaño y fracaso, conciencia del paso del tiempo. Esta tendencia abarca un espectro temático que incluye desde los hechos cotidianos y la realidad urbana al más profundo intimismo o la preocupación por el paso del tiempo y su influencia en las personas y las cosas. La reflexión sobre la vida se tiñe de un contenido anímico y emotivo.

Su estética es verosímil y realista: hacen una representación literaria de la realidad que pueda ser identificada fácilmente por los lectores; en este aspecto es central el ámbito de la ciudad y la cotidianidad (tráfico, vehículos, bares...)

La presencia de la anécdota conduce muchas veces a poemas narrativos.

Estos poetas prefieren un estilo cuidado pero sencillo, con rasgos conversacionales y prosaicos, y léxico propio de la cultura urbana (de jergas, anuncios, espacios, vehículos, profesiones); empleo de citas y alusiones, y también humorismo. Y prefieren el monólogo dramático, es decir, la presencia de un observador que cuenta la experiencia, lo cual no siempre implica el uso de la primera persona.

Predomina el cultivo de formas métricas tradicionales.


  • Luis García Montero: considerado el más claro representante de la poesía de la experiencia, sus poemas son fundamentalmente urbanos y giran alrededor de motivos como el café como lugar de encuentro, la carretera, la ciudad, la calle. En sus versos se hace presente el tema del amor cotidiano y compartido y, en algunos textos, se observa la influencia de la novela negra. Junto a elementos de la realidad, aparecen el irracionalismo y la fantasía, que contribuyen a una visión poética del mundo y de la vida. Obra: Completamente viernes.

  • Jon Juaristi. La poesía de Juaristi se aproxima a la tendencia social y rescata temas y autores del País Vasco, como Gabriel Aresti. Sus versos, cargados de ironía, llegan a veces a la parodia. Junto a esta vertiente de carácter cívico, cultiva una poesía más intimista, de depurado lirismo. Obra: Los paisajes domésticos.

  • Miguel d’Ors. Su poesía, caracterizada por un intimismo emotivo, muchas veces autobiográfico, ofrece una temática religiosa y familiar y responde a una cuidada elaboración técnica. Obra: Es cielo y es azul.

  • Felipe Benítez Reyes

  • Luis Alberto de Cuenca




  • NEOSURREALISMO. Esta orientación entronca con la generación del 27 y los surrealistas de posguerra y continúa la línea de algunos novísimos. Tendencia minoritaria en la que prima la oscuridad y el irracionalismo de imágenes.

Autora: Blanca Andreu

  • NEORROMANTICISMO. Los temas constantes de la poesía neorromántica son la noche, la importancia del canto y, especialmente, la muerte.

Autor: Antonio Colinas

  • POESÍA DEL SILENCIO, MINIMALISTA, CONCEPTUALISTA O NEOPURISTA. Continúa la línea de la poesía fragmentaria de Valente. Los poemas, preferentemente en verso corto, condensan los conceptos y abandonan el exceso verbal. Se trata de composiciones que invitan a la sugerencia por medio de silencios.

Autores: Jaime Siles, Andrés Sánchez Robayna y Álvaro Valverde

  • POESÍA ÉPICA. Engloba distintas actitudes; en general, rescata la historia, los mitos y los valores del pasado, y también la naturaleza.

Autor: Julio Llamazares.

  • POESÍA SENSUALISTA O DEL NUEVO EROTISMO. El erotismo se une a motivos como el cuerpo, la noche, el mar. En ocasiones se aborda el tema de la homosexualidad.

Autora: Ana Rossetti.

  • POESÍA NEOIMPRESIONISTA Y ELEGÍACA. Predomina el tema del paso del tiempo, la descripción de paisajes y pueblos y una visión nostálgica de la realidad.

Autor: Andrés Trapiello.
LA POESÍA DESDE 1990 A LA ACTUALIDAD
En este último periodo destaca la pluralidad de poéticas e intereses, sin que exista una corriente dominante. Como rasgos generales, sin embargo, se pueden citar los siguientes:

  • Revisión e influencia de distintas tradiciones literarias (españolas y extranjeras), entre ellas, la vanguardista.

  • Disminución de la presencia del yo poético, del confesionalismo, y tendencia a una visión nihilista y desesperanzada, que no excluye la afirmación de la vida, el vitalismo.

  • Importancia de la búsqueda de trascendencia, del análisis del misterio que se encuentra en la realidad.

  • Presencia de motivos, signos de nuestro tiempo, extraídos del cine, la publicidad y los medios de comunicación, el deporte, la ciencia y las nuevas tecnologías. Hay que mencionar, la existencia de una tendencia poética crítica, política, que denuncia las injusticias y la situación de las víctimas de nuestra época, el neoliberalismo, el pensamiento débil y el relativismo moral.

  • Renovación lingüística, regreso a la importancia del lenguaje poético. En general, destaca una tendencia a la condensación y el fragmento: poemas breves, aforismos, elipsis, también juegos intertextuales y parodias, a la vez que están presentes otros estilos.

Entre los numerosos poetas actuales podemos citar a la extremeña Irene Sánchez Carrón. En 1999 obtuvo el prestigioso Premio Adonais por Escenas principales de un actor secundario y empezó a gozar de una resonancia nacional. Su proyección como escritora aumentó al obtener el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado con Ningún mensaje nuevo. Este poemario ha alcanzado gran éxito de crítica y público y ha sido reseñado muy positivamente en las principales revistas y secciones culturales de los periódicos.


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