El Renacimiento significó un período de sorprendente despertar cultural. Fue la era en que el arte, la arquitectura, la literatura y la música comenzaron a






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fecha de publicación23.06.2016
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El Renacimiento significó un período de sorprendente despertar cultural. Fue la era en que el arte, la arquitectura, la literatura y la música comenzaron a florecer más allá de las sombrías limitaciones impuestas por la Iglesia. Había música por doquier y se escuchaba en los castillos, los palacios y en las iglesias, donde la reforma había dividido a la cristiandad en católicos y protestantes.

Danzas renacentistas

En las cortes renacentistas las danzas de sociedad eran un fenómeno habitual. Los nobles y gente de renombre bailaban en parejas con coreografías complejas. Por eso, la mayor parte del repertorio instrumental del siglo XVI europeo está compuesto por piezas de danza interpretadas en diferentes instrumentos: laúd, clavecín o virginal. Las grandes fiestas incluso exigían un conjunto instrumental pequeño que no improvisaba como en la Edad Media, sino que interpretaba músicas escritas con esquemas rítmicos establecidos. Estas piezas no eran contrapuntísticas, sino melodías simples ornamentadas. Las danzas solían formar grupos de pares o tríos que pasaban de lo alegre a lo solemne, dando origen a la suite. Estas danzas ingresaron lentamente pero de manera implacable dentro de la música seria, sus puestas en escena tenían complejas coreografías y llevaron al ballet escénico. De las mascaradas y salones de los nobles, el baile se inspiró primero en figuras de la mitología para ser luego la diversión infaltable de las clases altas.



Pavana y Gallarda

Pavana: como todas las danzas de la época, la pavana fue un baile grupal en el que variaban las parejas danzantes. El nombre provino de la ciudad de Padua. Fue una danza cortesana solemne, que antecedía a un saltarello o una gallarda. Esta danza lenta y majestuosa sirvió de introducción a la suite orquestal alemana en el siglo XVII.

Gallarda: solía interpretarse después de la pavana y era una danza rápida de compás ternario. Su origen se atribuye a Italia, donde se la conocía como romanesca también, y cuyo nombre deriva de gigolane, dar puntapiés. Su coreografía se caracterizaba por los saltos y movimientos enérgicos de la pierna. Uno de sus antecedentes es el turdión.



Otras Danzas

La alemanda fue una danza de origen alemán que se estilizó para utilizarse como  introducción a la suite del siglo XVII. La courante o corrente es una danza rápida en compás ternario, que ocupó el segundo lugar de la suite en el siglo XVII. La chacona es una danza española que sirvió de modelo para la variación. Por último, la zarabanda o sarabanda es una danza (posiblemente española) de compás ternario y carácter solemne.

De la Corte a la Suite

La basse danse, de fuerte componente improvisatorio, fue la danza cortesana preferida a fines del XVI.. Pero luego empezaron a utilizarse melodías populares en la voz superior y comenzó a organizarse la coreografía específica de cada una de ellas, en especial tras la publicación de la Orquesografia de Arbeau en 1588. Aparte de la basse danse, otras danzas simples son el turdión, el branle, la pavana, la gallarda, el saltarello y la calada.
Estas formas instrumentales se fueron organizando en órdenes pequeñas que después dieron origen a la suite, nombre que aparece por vez primera en 1557, en las ediciones de Attaignant.
También se denomina a las suites partita (por incluir partes, movimientos o danzas en una serie), ordre (nombre usado por Couperin), obertura y otros apelativos, como el Banquete musical de Schein.

El apogeo italiano

Durante el siglo XVI, en las principales ciudades-estado de Italia florecieron las artes y se cantaron a los nuevos poetas, como Torquato Tasso, Ariosto, Bembo, Guarini, Marino o Della Casa. Abundaron las escuelas y estilos particulares, pero en todas las regiones se bregó por la unión del texto con la música, en especial con los madrigales, entre cuyos cultores encontramos a Marenzio y el oscuro Cario Gesualdo.
El renacimiento estimuló las investigaciones teóricas y los experimentos académicos también, que desglosan con técnica y detalle los entresijos del ritmo y la armonía. Esta discusión se trasladó a las tertulias de la "Camerata" de Florencia, inspirada en una innovada visión del helenismo clásico, y que inspiró el manifiesto de Vicenzo Galilei (padre del astrónomo) denominado Diálogo de la música antigua y moderna. Las ciudades italianas son espacios de creación donde coexisten los mejores artistas de la época: flamencos (Willaert, Wert y Lasso), españoles (Victoria, Guerrero y Morales), venecianos (Gabrieli) y romanos (Palestrina).



Escuela romana

Nombre del grupo de compositores de la Capilla Real de Roma, cuyo principal representante fue Giovanni Perluigi da Palestrina. Ellos llevaron los cambios litúrgicos introducidos por la contrarreforma del Concilio de Trento (entre 1545 y 1563) a la práctica de la composición musical.
Admitió la música polifónica, aunque con reservas como la inteligibilidad del texto, la dignidad de lo expresado y la retirada de cantos profanos.
En esta escuela se encontraron creadores como los madrileños radicados en Roma Cristóbal Morales y Bartolomé Escobedo, Clemens Non Papa, Ruffo, Stabile, y luego de Palestrina, el sevillano Francisco Guerrero y el madrileño Tomás Luis de Victoria.



Giuseppe Zarlino

Zarlino (1517-1590), además de componer música instrumental y de pertenecer a la Escuela de Venecia, escribió el tratado Instituciones armónicas en 1558, donde estableció muchos de los principios vigentes en los siglos posteriores, como sucedió con el estudio matemático de los intervalos armónicos que componen los acordes mayores y menores. Asimismo recomendaba el uso de un bajo interpretado en el órgano, estableciendo los cimientos del que sería el bajo continuo del Barroco.

Escuela veneciana

La arquitectura peculiar de la iglesia de San Marcos en Venecia, simétrica y de plataformas para los coros, condicionó la creación musical del siglo XVI en la ciudad-estado, otorgándole una sensibilidad especial con respecto al espacio en donde se interpreta la música. De esta manera, son numerosas las obras para coros alternados y opuestos, en los que se desarrolla una antifonía natural de preguntas y respuestas. El flamenco Adrián Willaert es considerado pionero de este grupo de compositores. Estuvo al frente de la capilla de San Marcos entre 1527 y 1562. Lo siguieron otros destacados como Cipriano De Rore, Zarlino, Croce, los Gabrieli, Merulo, Donato y Monteverdi.
El Quattrocento

El crecimiento de la polifonía del ars antiqua al ars nova continuó en el siglo XV, pero el núcleo la creación pasó a Francia, a las islas británicas y al reino de Borgoña. Luego llegó a manos de flamencos y franceses. Por otro lado, se impuso nuevamente un arte popular, no erudito, de oído y sin partitura; en el que el canto profano era acompañado por el laúd o el arpa. Así comenzó una nueva era en la que el hombre, en vez de las deidades, ocupó el centro de atención, una postura que más tarde sería definida como Humanismo y, en las artes, sería considerada como un Renacimiento del espíritu creador y original. Sus comienzos pueden situarse en la Italia del Trecento, en especial en Padua, Bolonia, Módena y Florencia. Precisamente esta última será el escenario del Decamerón de Bocaccio. Con respecto a la música, nacieron géneros como la balata, cuyo máximo representante fue el compositor ciego Francesco Landini (1325-1397), uno de los principales personajes de los cuentos del Paradiso degli Alberti, escrito en 1425 por Giovanni da Prato.



Borgoñeses y flamencos

Dijon fue la capital del ducado de Borgoña. Entre los músicos más destacados de esa corte se destacan Guillaume Dufay (1400-1474) y Gilíes Binchois (1400-1460), que compusieron misas, magnificáis, motetes y chansons profanas. Luego, en la zona flamenca, encontramos a Johannes Ockeghem (1425-1497), Antoine Busnois (1430-1492) y Jacob Obrecht (1452-1505), así como al teórico Johannes Tinctoris (1435-1511), de quien se conservan 12 tratados, como el primer diccionario musical.



Música ficta

A veces la teoría condiciona la práctica musical. Hasta el siglo XV había notas que en la ejecución sufrían alteraciones (se elevaban o bajaban un semitono), sin que ello se mostrara de alguna manera en la partitura, y cuya lectura dependía de la estructura teórica de la música. A pesar de ello, estas situaciones resultaban cada vez más conflictivas ante los numerosos recursos y voces, por lo que se utilizaron dos signos, que aún existen convertidos en las alteraciones del bemol y el sostenido. Ficta significa fingida, en oposición a la música vera o recta: las notas de la solmisación creada por Guido D'Arezzo más de tres siglos antes.

Músicos ingleses

Las músicas populares y una oposición a la erudición en la práctica caracterizaban a las islas británicas y el norte de Europa.Ya en el siglo XII encontramos un Himno a San Magnus con terceras paralelas, un proceder emparentado con el organum pero que utilizó intervalos considerados imperfectos por la Iglesia. Otro ejemplo fue el canon trecentista Sumer is icumen in, con su progresión de acordes y su tonalidad mayor. El más destacado fue John Dunstable (1370-1453), que cultivó el motete isorrítmico, la misa y las canciones profanas. Sus obras más conocidas fueron Veni Creator Spiritus y la canción profana O rosa bella.
El renacimiento español

El siglo XVI en España se caracterizó por la música de gran calidad y los nombres destacados e influyentes para la época. Siguió el estilo de la Escuela Romana de Palestrina, pero ya los contrapuntistas españoles del siglo precedente habían dado sobradas muestras de su idoneidad. Se destacaron varias escuelas como la sevillana y la catalana, esta última en torno al monasterio de Montserrat.
Entre los precursores encontramos a Juan Anchieta, capellán y maestro de capilla de los Reyes Católicos. Luego, al maestro de la catedral de Sevilla Pedro Fernández de Castilleja, Peñalosa, Escobedo o Bernardino Ribera, y otros no tan vinculados a lo eclesiástico, como Juan del Encina.



Tomás Luis de Victoria

Nació en 1548 y murió en el 1611. Ingresó al Colegio Germánico de los jesuítas en Roma en 1565. Discípulo de Palestrina y su sucesor como maestro de seminario, se instaló en Madrid en 1587 como capellán de la emperatriz María. Vivió en el convento de las Descalzas Reales y compuso su Offícium Defunctorum para sus funerales. Se dedicó por completo al arte sacro, demostrando la influencia de la Escuela Romana y en especial, de su maestro.
Su catálogo no es abundante, pero influyó en las generaciones siguientes de compositores: unas veinte misas, entre las que se destacan las tres consagradas a la Virgen María: Alma Redemptoris Mater, Ave Regina y Salve Regina, a ocho voces. También compuso unos cincuenta motetes, himnos, magníficat y dos ciclos de oficios: el de difuntos y el Offícium Hebdomadae Santae para la Semana Santa.



Escuela andaluza

Los creadores más reconocidos de la escuela andaluza fueron el sevillano Cristóbal de Morales, que fue chantre en la capilla papal de Roma, y Francisco Guerrero, sucesor del anterior y maestro de capilla en Málaga. Ellos propiciaron el nacimiento del compositor español del XVI por excelencia: el abulense Tomás Luis de Victoria.



Para órgano y laúd

La obra de Antonio de Cabezón (organista de la corte de Carlos V y de Felipe II) se destacó en la música instrumental del siglo XVI español. Visitó Londres e influyó en el estilo de los compositores para virginal británicos. Asimismo, son de reconocimiento las obras de Diego Ortiz, Francisco de Salinas y Francisco Correa de Arauxo. Los compositores instrumentales españoles se ocuparon fundamentalmente de los géneros de los tientos y las diferencias. Las primeras eran piezas para órgano a cuatro voces, de carácter imitativo y por eso, en ocasiones, se las llamaba fugas. Se diferencian por sus variaciones sobre bajos ostinati, o sobre melodías populares. En este arte se destacaron los compositores para vihuela o laúd como Luis Narvaez. En esta misma época tuvieron lugar también obras de grandes teóricos de la interpretación al órgano, como Tomás de Santa María y Juan Bermudo.
Escuela flamenca

En Francia y Bélgica (entonces, Flandes) del siglo XV, se destacó un grupo de compositores en torno a Ockeghem. Es considerado el padre de una nueva escuela. Compuso canciones, motetes, misas y otras obras complejas que llegan a utilizar 36 voces en su Deo Gratias. Lo sigue Josquin Després (apodado Príncipe de la Música) quien compuso misas sobre textos y melodías profanos. Además de ellos, se destacan los nombres de Gombert (maestro de capilla de Carlos V de España), Adrián Willaert (fundió el arte nórdico con el estilo veneciano) y quien lo sucedió en el puesto de maestro de capilla de San Marcos... otro flamenco: Cipriano de Rore (uno de los primeros que utilizó el cromatismo en la polifonía vocal). Entre los holandeses encontramos creadores sobresalientes como Obrecht, Arcadelt y Verdelot. Los dos últimos residieron en Roma y Venecia. Al mismo tiempo, Francia brillaba con las creaciones sonoras de Jannequin y Claude Le Jeune, entre otros.



Misas

El viejo orden litúrgico de la misa renace en el siglo XV con varios tipos de acuerdo a la voz que entonaba el cantus firmus. Podían ser de discanto y de tenor, modalidad que armonizada a cuatro voces y se convirtió en la seña de identidad de la polifonía vocal franco-flamenca por ser uno de los primeros ciclos completos de esta forma musical una misa de Guillaume Dufay. En la segunda etapa, signada por la obra de Ockeghem, el cantus firmus se convirtió en una melodía popular de chanson, que apareció elulada y copiada en todas las voces. Hubo misas libres, sin cantus firmus o participación del autor. Luego, Josquin Després utilizó el cantus firmus como mero material que se desplazó entre diferentes voces, generando ciclos musicales como la Misa del hombre armado, en la que el cantus aparece en un tono más alto en cada movimiento.



Afinaciones

El do sostenido y el re bemol no eran la misma nota en los sistemas de afinación pitagórica del siglo XV. Esto originó el desarrollo de teclas duplicadas en órganos y clavecines. Otro motivo de controversia era la adecuación del texto a la melodía impresa, porque no siempre se correspondían una sílaba y una nota. Lanfranco y Zarlino, discípulo de Willaert y sucesor de Rore como maestro de capilla en San Marcos de Venecia, regularon la actuación de los editores e intérpretes al leer una partitura, por ejemplo, el modo en el que deben ponerse las figuras cantables bajo las palabras.

Música reservata

Término del siglo XVI que denominaba a unas técnicas compositivas que algunos no comprendían ni apreciaban del todo. Los maestros flamencos dominaban el mundo de la creación y ocupaban los principales cargos musicales. Eran creadores de estilo muy avanzado, dominaban las técnicas más elaboradas del contrapunto y el cromatismo, los ornamentos y los contrastes de ritmos y texturas.
La música inició así una nueva época, reservada a los elegidos, mecenas, almas sensibles y bolsillos pudientes del mundo moderno. Según el holandés Samuel Quickelberg, el objetivo era "adecuar la música al significado de las palabras, expresar el poder de cada emoción diferente y tornar muy vividos los objetos del texto para que los mismos parezcan alzarse realmente ante nuestros ojos. A esta clase de música se la denomina "música reservata".
La reforma alemana

Un gesto de Martín Lutero fue el punto de partida de la reforma protestante. En 1517, él colgó noventa y cinco tesis críticas contra la Iglesia en la puerta de la catedral de Wittenberg. Sin embargo, no fue ese su único acto recordado, también era un buen músico que tocaba el laúd y la flauta.
Organizó para su Reforma una ceremonia con música, que primero se llamó Formula Missae y tres años después adquirió la forma definitiva de Deutsche Messe (misa cantada en alemán).
Compuso veinte obras y recopiló varios Heder monódicos anteriores que usó como himnos de la nueva liturgia. Johann Walter, el músico preferido de Lutero, publicó dos colecciones de melodías a una sola voz y la obra polifónica Geystliche gesangk Bucheleyn a la que en 1544 sigue Neue deutsche geistliche Gesange, que fijó finalmente el repertorio. En cambio, la obra de Calvino, el reformista francés, valoró menos el papel de la música y sólo incluyó en su liturgia cantos a una sola voz recopilados en Aulcuns pseaumes et cantiques mys en chant y editados en 1539 en Estrasburgo. Contiene melodías del mismo Calvino y de Clément Marot.



Polifonistas alemanes

No todo era el movimiento religioso en Alemania, hubo polifonistas que compusieron cánones, motetes y otras obras para voz, entre los que encontramos a Agrícola, Paul Hoffheimer, Hellinck Breintengasser, Handl y Erbach. Con la llegada del siglo XVI nació un estilo vocal polifónico alemán, gracias a la obra de Gumpeltzhaimer, Melchor Franck, Schein y Samuel Scheidt, hasta llegar a Heinrich Schütz, considerado el padre de la música alemana hasta la llegada de J.S. Bach.



Heinrich Schütz

Nació en Cóstritz en 1585 y murió en Dresde en 1672. Siendo niño cantó en un coro, estudió derecho en Marburg y viajó a Venecia con una pensión del landgrave de Hesse. Una vez allí, fue discípulo de Giovanni Gabrieli y maestro de capilla del príncipe elector de Sajonia. Luego conoció a Monteverdi y fue maestro de capilla en Copenhague. Incorporó tanto el estilo veneciano que compuso una ópera, Dafne, en 1627 y un ballet, Orfeo y Eurídice. Fue el primer compositor alemán de renombre de su época. Su Oratorio de Navidad comprende cuatro Pasiones, Las Siete Palabras y una Resurrección. Junto con Johann Christopher y Johann Michael Bach (tíos de Johann Sebastian) propició el florecimiento de un elevado arte alemán en el XVII.



El Lied

A partir del siglo XV, surgió la canción alemana con compositores distinguidos como Adam von Fulda, Isaac y Finck. Tenía dos variantes: el lied Hofweise (cortesano) y el Volkweise (popular), pero también se cultivaron los cantos de compañía con la misma forma de estrofa, estribillo y final de los Minnesánger previos. En Alemania nacen también las corporaciones ciudadanas de los maestros cantores, para los que Hans Sachs compuso más de seis mil Heder. Los siguieron autores como Senfl, Ivo de Vento, Jacob Regnart, hasta los ilustres Orlando de Lasso y Hans Leo Hassler.
Los instrumentos y su música

En Europa durante el Renacimiento, se desarrollaron las tecnologías y sabidurías que dieron lugar a la aparición de nuevos instrumentos musicales. En 1618, Michael Praetorius publicó un Syntagma Musicum (tratado de la música) con descripciones detalladas y grabados de los instrumentos de la época. En sus páginas hay numerosas familias de instrumentos, con ejemplares que cubren todas las tesituras y voces, desde el soprano al bajo. Son abundantes los vientos como flautas dulces, chirimías (de doble lengüeta), cromornos, kortholts y rauschpfeite, cornetas de madera y de marfil, trompetas y sacabuches (antecesores de los trombones). Asimismo y con algunas modificaciones, se convirtieron en instrumentos conocidos como el órgano, al que se añadieron nuevos registros y timbres. Entre los instrumentos de cuerdas se destaca la familia de las violas con trastes y hasta seis cuerdas. Aunque de los mimados de la época fue el laúd (y en España, la vihuela de mano), de uso doméstico. En esta época se perfeccionaron varios tipos de teclados pulsadores de cuerdas como el clavecín, el virginal, la espineta, etc.

Música instrumental

Durante el Renacimiento, los instrumentos empiezan a independizarse de las voces. Se utilizaron para el acompañamiento de danzas o de base para el canto. Con ese fin, los maestros se especializan en dos estilos: la música a dos voces (entre cuyos representantes están Eustaquio Romano y Licino) y la música para tocar (tratada entre otros por Tasso y Metallo). El repertorio adquirió firmeza incorporando transcripciones, que los intérpretes adornaron con florituras y ornamentos sonoros. Francesco da Milano, Luis de Narváez y Vincenzo Galilei se destacaron en la maestría del laúd, mientras que las obras de los virginalistas ingleses Bull, Gibbons y Byrd, entre otros, enriquecieron el repertorio de teclado.



Tratados sobre instrumentos

En el siglo XVI comenzaron a escribirse tratados sobre el arte de ejecutar un instrumento. En 1532 Hanns Gerle publicó uno dedicado a las violas, en 1535 Sylvestre di Ganassi otro para flauta, y en 1553 el español Diego Ortiz editó uno más para viola de gamba. En 1511 el sacerdote alemán Sebastian Virdung publicó un tratado con ilustraciones y propuso un sistema para clasificar los instrumentos que perduró hasta hoy: Música Germanizada y Abstracta. En el mismo año, Arnold Schlick, organista de la corte de Heidelberg, publicó la primera monografía sobre la construcción de órganos. Luego, Agrícola editó su tratado para tocar con tabulaturas (indicaciones de posición de los dedos, en lugar de notas) y Juan Bermudo La declaración de instrumentos musicales. Además de Syntagma Musicum de Praetorius, se destacó la Armonía Universal del padre Marsenne, que detalló aspectos técnicos como el calibre de las cuerdas a usar o el grosor justo de la madera que constituye el fondo
Madrigal

La veloz expansión del contrapunto no ensombreció el arte popular, una ars nova iniciada en Florencia, que siguió evolucionando. En ese estilo se destacó Marchetto de Padua. En la Italia de los siglos XIV y XV encontramos géneros como la frottola, la canzonetta, la villanella y el estrambote, composiciones musicales en las que la voz superior interpreta la melodía y las otras tres, la acompañan. Había otros géneros como la balada que se acompañaban del tañido del laúd. De estas canciones populares en polifonía surgió el madrigal, que Monteverdi volvió a juntar con los instrumentos luego de un período de contrapunto a capella, al estilo del motete. El género nació con el florentino Casella y sería desarrollado brillantemente por los compositores franco-flamencos que le dieron continuidad hasta el siglo XVII. Sus compositores más destacados fueron Orlando Lasso, Palestrina, Andrea Gabrielli, Willaert, Arcadelt, Verdelot, De Monte, De Rore, Cario Gesualdo, Luca Marenzio y Monteverdi.



Amor y erotismo

Los madrigales nacen de la poesía renacentista que cultiva imágenes de la naturaleza, llena de enunciados románticos y hasta eróticos, desde Petrarca y Boccaccio (con su Decamerón), a Sacchetti y Soldanieri, y aún los Cuentos de Canterbury de Chaucer. Su estructura era de dos o tres estrofas y un estribillo, que se armonizaban a dos y tres voces. El madrigal se caracteriza por el pasaje ornamentado que figura reiteradas veces en el final o al comienzo de los versos, lo que recuerda al conductus primitivo. Otros géneros de la época fueron la caccia y la balata. Luego, el género evolucionó hacia el madrigal canónico, en especial en la obra de compositores como Jacopo da Bologna, Giovanni Da Cascia y Francesco Landini. Con el tiempo, los principales poetas madrigalescos fueron Ariosto, Tasso y Pietro Bembo, y este arte se convirtió en una expresión elitista que hizo del madrigal un campo experimental propicio para la nueva música.



La frottola

Así se denominó al estilo literario y musical cultivado en Italia, desde 1480 hasta la segunda mitad del siguiente siglo.
Se desarrolló sobre todo en Mantua, Ferrara, Milán, Roma, Florencia, Venecia y Verona, lugares en donde encontramos poetas como Serafino Aquilano y músicos como los veroneses Marchetto Cara, Bartolomeo Trombocino y Michele Pesanti.
Por lo general, la frottola se armonizaba a cuatro voces, con una melodía silábica simple en la voz superior, cuyo ritmo seguía la prosodia de los textos.



La imprenta

Por estos años también nace la imprenta de tipos móviles, que revolucionó la transmisión de información de la sociedad europea. Hasta ese momento, las notas musicales se escribían a mano sobre pentagramas grabados.
Pero en 1501 se editó el primer libro de música con caracteres móviles, el Harmonice Musices Odhecaton, del taller tipográfico de Octaviano Petrucci de Fossombrone.
Esta primera producción fue una antología de 96 canciones polifónicas, a la que después siguieron otras tantas como colecciones de motetes, volúmenes de misas consagradas a un solo autor o recopilaciones de varios, incluso once libros de frottolas editados entre 1504 y 1514.
Polifonistas ingleses

Aparte de las corrientes continentales y nórdicas, la polifonía se desarrolló en Inglaterra. A principios del siglo XV encontramos a John Dunstable, que influyó en los compositores borgoñeses. Bedingham y Power son otros nombres destacados de la época. Existen pocas evidencias y noticias musicales del resto del siglo, hasta que aparecen villancicos, baladas y canciones cortesanas durante el reinado de Enrique VIII, que tenía una vocación musical reconocida. Rompió con la Iglesia de Roma (que no aceptaba su osada vida privada) iniciando así una reforma que dio origen a la Iglesia anglicana. Y una nueva liturgia exige nuevas melodías, por lo que salen a la luz antífonas, himnos religiosos, magnificáis y una Pasión según San Mateo. Estas melodías se aunaron en el Eton choirbook, antología con obras de John Browne, Robert Fayrfax y John Taverner. Tras la reforma anglicana de 1534 Thomas Tallis es el compositor inglés más destacado del siglo XVI. Luego, William Byrd representó la edad de oro que abarcó el reinado de Isabel I y de Jacobo I, pisando el siglo XVII.



Compositores instrumentales

La edad de oro isabelina proporcionó también destacados ejemplos de arte instrumental como las obras de John Dowland, Robert Johnson, Holborne y Pilkington para instrumentos de púa (laúd, cítara, etc.), mientras que para virginal (y teclados semejantes al clavecín) se reconoce a los compositores John Bull, Gibbons, Thomas Tomkins III, Farnaby y Peter Philips. También Gibbons, John Jenkins, Ferrobosco, John Cooper y Deering figuraron como autores de obras de cámara, para unos conjuntos instrumentales denominados consorts.



El madrigal segun Thomas Morley

Es la música más afectiva después de la del motete y para los entendidos, la más deliciosa. “(...) En esta clase nuestra época destaca, así que si queréis imitar a alguno os señalo a los siguientes para que os guíen: Alfonso Ferrabosco, por su profunda destreza; Luca Marenzio, por su buen don melódico y su exquisita inventiva; Horacio Vecchi, Stephano Venturi, Ruggiero Giovanelli y John Croce, así como otros varios que son muy buenos pero no tan buenos como éstos”.

La Corte Isabelina

La corte inglesa propició la creación en el terreno musical y en todas las artes (incluida la literatura y el teatro de Shakespeare) entre la coronación de Isabel I en 1558 y la muerte de Jacobo I en 1625. En su Chapel Royal la corte contó con William Byrd, uno de los más profesionales músicos del siglo, quien compuso misas, motetes, himnos religiosos, servicios litúrgicos completos y música instrumental. Más tarde compartió con Thomas Tallis la edición de las Canciones Sagradas, una colección de motetes sobre textos latinos. Además del repertorio vocal y sagrado, sus obras instrumentales reunen preludios, fantasías, danzas, piezas programáticas y otras basadas en cantus firmus. Lo siguieron entre otros Thomas Morley, John Dowland, Orlando Gibbons, Thomas Campian y John Danyel.



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