Juan Ramón Jiménez (1881, Moguer, Huelva-1958, Puerto Rico)






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títuloJuan Ramón Jiménez (1881, Moguer, Huelva-1958, Puerto Rico)
fecha de publicación15.06.2016
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Novecentismo y vanguardias


  1. Novecentismo


Entre los escritores de la Generación del 98 y los de la Generación del 27, se sitúan los del llamado Novecentismo (del catalán noucentisme), escritores cuyos objetivos fueron la renovación estética y la creación de un arte y una Literatura propias del siglo XX, es decir, del novecientos.
Las características principales del Novecentismo son:


  • Defensa del arte puro.

  • Rigor conceptual y precisión de ideas.

  • Huida del sentimentalismo romántico y los adornos modernistas.

  • Defensa del estilo en las novelas frente al argumento.


En cuanto a los géneros, destacan el ensayo y la novela. Respecto al ensayo citaremos a Ortega y Gasset que expuso las ideas principales del nuevo arte en un ensayo: La deshumanización del arte (1925), en el que defiende que la función de arte (intelectual) es la de producir placer estético, el arte es un juego y debe tratarse con ciertas dosis de ironía y humor.
Los principales novelistas fueron Ramón Pérez de Ayala, autor de novelas experimentales, de técnicas narrativas innovadoras como Tigre Juan o Troteras y danzaderas y Gabriel Miró con El obispo leproso o Las cerezas del cementerio.
En la lírica, dentro del Novecentismo, destaca, sin duda, la figura del poeta, Juan Ramón Jiménez.
Juan Ramón Jiménez (1881, Moguer, Huelva-1958, Puerto Rico).
1.1. Algunas notas biográficas.
La muerte de su padre lo sumió en una profunda depresión, por lo que estuvo internado en un sanatorio mental. Allí tuvo tiempo de leer a los grandes clásicos de la literatura. En 1916 se marchó a EEUU tras su boda con Zenobia Camprubí. A su regreso a España, encabezó los principales movimientos de renovación poética. Al estallar la Guerra Civil, abrazó la causa republicana y por ello tuvo que exiliarse a América. El año 1956 ofreció una doble faz a su vida: por una parte, obtuvo el premio Nobel de literatura y, por otra, no pudo disfrutarlo porque su esposa, su atadura al mundo real, murió. Enfermo y deprimido falleció dos años más tarde.
3.2. Obra poética
La poesía era lo único que podía dar sentido a su vida, pues combatía su íntimo temor a la muerte, a la nada. Su ideal era la creación de belleza, ya que sólo ella es imperecedera.
La crítica divide su obra en tres etapas:


  1. Etapa sensitiva (1898-1915).


Está marcada por la influencia de Bécquer (su sentimentalismo postromántico), el Simbolismo y la poesía colorista y exuberante del Modernismo.

Dominan las descripciones del paisaje -como reflejo del alma del poeta-, tristeza, la melancolía, la música y el color…Es una poesía emotiva y sentimental, con una estructura formal perfecta.

A esta etapa pertenecen: Arias tristes, centrada en el paisaje, Elejías1 y La soledad sonora, cuyos ejes son la mujer, la belleza y la soledad.


  1. Etapa intelectual (1916-1936). Poesía desnuda.


Su viaje a EEUU marca esta etapa. Se produce el descubrimiento del mar como motivo trascendente porque simboliza la vida, la soledad, el eterno tiempo presente. Suprime la musicalidad y la aparatosidad ornamental, para adentrarse en lo puro y esencial.

Obras destacadas:

  • Diario de un poeta recién casado, poesía sin ropajes modernistas, estilizada y depurada;

  • Piedra y cielo, donde prosigue esa lírica esquemática, y

  • La estación total, donde adquiere gran relevancia la figura del poeta como“dios-creador” de un universo nuevo.




  1. Etapa última, suficiente o verdadera (1937-1958). El exilio.


Juan Ramón continúa replegado en sí mismo en busca de la belleza y la perfección. Su ansia por la trascendencia lo lleva a identificarse con Dios. De esta etapa son: Animal de fondo y Dios deseado y deseante. El poeta llega a identificarse con ese dios que tanto ha buscado, un dios que ahora existe dentro y fuera de él.



  1. Las vanguardias


El término procede del francés, avant-gardé, y engloba una serie de movimientos artísticos renovadores que se producen en Europa durante el primer tercio del siglo XX. Se denominan ismos y en ellos se sitúan autores jóvenes que desean abrirse paso al margen de la cultura oficial. Se suceden en Europa a un ritmo vertiginoso. No tienen un carácter exclusivamente literario, sino que afectan profundamente a las artes plásticas y proyectan su reflejo en casi todos los ámbitos de la cultura.
Si entre 1890 y 1914 el Modernismo supuso una ruptura con lo anterior en la línea de las innovaciones, el Vanguardismo fue, tras la Primera Guerra Mundial una forma más radical de innovación y de ir en contra de los valores burgueses. Hablaremos de las vanguardias europeas y de los ismos hispanos.
Los principales son: Expresionismo, Futurismo, Cubismo, Dadaísmo y Surrealismo. Entre los ismos hispanos destacan el Creacionismo y el Ultraísmo.
Sus características generales son:


  • Son innovadores y rechazan las normas.

  • Son efímeros, excepto el Surrealismo que influyó notablemente en la literatura posterior.

  • Su ideología aparece en unos documentos llamados manifiestos.

  • Se dirigen a minorías.

  • Se comunican entre sí y se contagian.




    1. El Expresionismo (1910-1925)


Este movimiento se distingue del resto de las vanguardias en que no supone una negación radical de la tradición artística anterior, sino más bien la acentuación de ciertos rasgos ya presentes en el Naturalismo y el Impresionismo.

La estética expresionista rechaza que el arte sea una mera representación externa de la realidad, sino que ha de revelar la realidad interior, para lo cual se subrayan hasta la deformación aquellos aspectos que expresan mejor las características físicas o psíquicas de lo que se describe. Esta búsqueda de la expresividad aparta cada vez más la obra artística de la reproducción realista de la realidad.

En esta atmósfera intelectual y estética han de situarse la obra de Frank Kafka, auténtico renovador de la novela contemporánea.


Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.

Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. «¿Qué me ha ocurrido?», pensó. No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas.

Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados – Samsa era viajante de comercio –, estaba colgado aquel cuadro, que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa” de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo.

La mirada de Gregorio se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfeizar de la ventana – le ponía muy melancólico. « ¿Qué pasaría – pensó – si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?» Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado.

Aunque se lanzase con mucha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a balancear sobre la espalda. Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido. «Dios mío!», pensó. «¡Qué profesión tan dura he elegido! Un día sí y otro también de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacén de la ciudad, y además se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relación humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jamás llega a ser cordial. ¡Que se vaya todo al diablo!» Sintió sobre el vientre un leve picor, con la espalda se deslizó lentamente más cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontró con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeños puntos blancos, que no sabía a qué se debían, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retiró, porque el roce le producía escalofríos. Se deslizó de nuevo a su posición inicial.

La metamorfosis, Franz Kafka (1915)



    1. El Futurismo


Fundado por el italiano Marinetti, como su nombre indica, defiende que el arte se debe al futuro y rechaza radicalmente el pasado: admiración hacia los progresos técnicos, la mecánica (máquinas, trenes, aviones), el deporte, la velocidad.

En cuanto a la temática, desprecian los temas sentimentales y, en cuanto a la forma, altera la sintaxis, la puntuación y la tipógrafa de los textos. Políticamente simpatizó con el fascismo.



    1. El Cubismo


Lo creó en 1913 el francés Guillaume Apollinare, autor de los famosos caligramas (poemas cuyos versos dibujan el objeto del que hablan). Como derivado del homónimo movimiento pictórico, el cubismo descompone la realidad para recomponerla libremente mediante la técnica del collage.


    1. El Dadaísmo


Fundado en 1916 por el rumano Tristan Tzara, su nombre procede de da-da o el balbuceo de un niño pequeño, palabra elegida al azar en un diccionario. Parte de la negación absoluta de todo, incluso del arte y de la Literatura. Propone la duda sistemática, la burla y el humor y crea un lenguaje incoherente.


    1. El Surrealismo




Nació en 1924, fecha del primer manifiesto, firmado por André Bretón y Louis Aragón. Fue el ismo más importante. Pretendía renovar el arte y cambiar la vida y acceder a una realidad que está por encima de la realidad, que se encuentra en el subconsciente; de ahí su relación con el Psicoanálisis de Freud.

Para llegar a esto, propone el método de la escritura automática que consiste en dejar salir libremente las frases de la mente. Trató también el mundo de los sueños (lo onírico) y el humor negro. Se puede hablar de literatura, cine (Luis Buñuel) o pintura surrealista.

En España lo encontramos en algunas obras de la Generación del 27: Lorca, Aleixandre, Alberti. La Residencia de Estudiantes de Madrid fue lugar de encuentro para surrealistas como Lorca, Dalí y Buñuel. De esa relación surgieron obras de colaboración como la película El perro andaluz.



1 Juan Ramón era especial incluso para la ortografía porque usaba siempre la grafía “j” para representar el sonido /x/.

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