La hipocresía del puritanismo






descargar 393.71 Kb.
títuloLa hipocresía del puritanismo
página2/18
fecha de publicación13.06.2016
tamaño393.71 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Literatura > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   18
Escuela Moderna que iba a jugar un papel tan importante y fatal en su vida.

La Escuela Moderna fue fundada en Francia mucho antes de la época de Ferrer. Su fundador, aunque en menor escala, fue el dulce espíritu de Luisa Michel.

Ya sea consciente o inconscientemente, nuestra gran Luisa sentía, hacía tiempo, que el futuro pertenece a la joven generación; que si no se rescata al niño de esa institución que destruye mente y alma, la escuela burguesa, los males sociales continuarán existiendo. Tal vez pensaba con Ibsen que la atmósfera está poblada de espectros, que el hombre y la mujer tienen no pocas supersticiones que vencer. No bien podían salvar el mortal foso de un espectro, cuando he aquí que se encontraban de manos a boca esclavizados a otros tantos noventa y nueve espectros. En tal guisa, sólo muy pocos alcanzan la cima de una completa regeneración.

No obstante, el niño no tiene tradiciones que vencer. Su mente no está sobrecargada con ideas rancias, su corazón no ha crecido a frías con distinciones de casta y clase. El niño es para el maestro lo que la arcilla para el escultor. Que el mundo reciba una obra de arte o una lastimosa imitación depende en gran parte, del poder creador del maestro.

Luisa Michel estaba superiormente dotada para interpretar el alma insaciable del infante. ¿No fue ella misma de naturaleza infantil, tan dulce y tierna, generosa y pura? El alma de Luisa ardía siempre, inflamada de indignación, ante toda injusticia social. Ella estaba invariablemente en las filas avanzadas, siempre que el pueblo de París se rebelaba contra cualquier desmán. Y como estaba hecha para sufrir encarcelamientos por su gran abnegación hacia los oprimidos, la pequeña escuela de Montmartre pronto dejó de existir. Pero la semilla se había sembrado y desde entonces ha producido frutos en muchas ciudades de Francia.

La tentativa más importante de una Escuela Moderna fue la del gran viejo -aunque de espíritu siempre joven- Paul Robln. Junto con unos pocos amigos estableció una amplia escuela en Cempuis, hermoso lugar en los aledaños de París. Paul Robin profesaba como elevado ideal algo más que simples ideas modernas en educación. Quería demostrar por medio de hechos actuales, que la concepción burguesa de la herencia no es sino un mero pretexto para eximir a la sociedad de sus terribles crímenes contra la infancia. El castigo que el niño debe sufrir por los pecados de sus padres, la idea de que debe debatirse en la pobreza y el fango, que está predestinado a convertirse en un ebrio o un criminal, justamente porque sus padres no le dejaron otro legado, era demasiado descabellada para el hermoso espíritu de Paul Robin. El creía que, fuere lo que fuere la parte que la herencia jugara, hay otros factores igualmente importantes, si no más importantes, que pueden y deben extirpar o disminuir la pseudo primera causa. Un medio social y económico adecuado, el aliento y la libertad de la naturaleza. gimnasia saludable, amor y simpatia, y, sobre todo, profunda comprensión de las necesidades del niño -todo esto destruiria el cruel, injusto y criminal estigma impuesto al inocente infante.

Paul Robin no seleccionaba a sus niños; él no acudia a los pseudo mejores padres: tomaba su material alli donde pudiera encontrarle. De la calle, de la cabaña, de las inclusas, de todos los grises y horribles lugares donde una sociedad malvada oculta sus víctimas para pacificar su conciencia culpable. Recogió todos los sucios, inmundos, temblorosos pequeños vagabundos que su establecimiento podía albergar y los trajo a Cempuis. Alli, rodeados por la gloria de la propia naturaleza, mantenidos aseados, profundamente amados y comprendidos, las jóvenes plantas humanas comenzaron a crecer, a florecer, a desarrollarse excediendo las esperanzas de su amigo y maestro Paul Robin. Los niños crecieron y se desarrollaron con la firmeza que da la confianza de sí mismo, varones y mujeres amantes de la libertad. ¿Qué peligro más grande para las instituciones que forjan pobres para perpetuar a los pobres? Cempuis fue clausurada por el gobierno francés bajo la acusación de co-educación, que es prohibida en Francia. Sin embargo, Cempuis había estado en actividad bastante tiempo como para probar a todos los educadores avanzados sus formidables posibilidades y para servir como un empuje a los modernos métodos de educación, que son lentos pero minan inevitablemente el actual sistema.

Cempuis fue seguida de un gran número de otras tentativas educacionales -entre ellas la de Madelaine Vernet, poeta y escritor talentoso, autor de L'Amour Libre, y la de Sebastián Faure, con su La Ruche (2), que yo visité cuando estuve en París, en 1907.

Algunos años antes el camarada Faure compró el terreno en el que construyó La Ruche. En un corto tiempo comparativamente logró transformar el antes agreste, incultivado campo en un terreno floreciente, teniendo todas las apariencias de una granja bien cuidada. Un patio cuadrado, amplio, limitado por tres edificios y un ancho camino que conduce al jardín y al huerto, saludan el ojo inquisidor del visitante. El huerto, cuidado como solamente un francés sabe hacerlo, suministra gran variedad de legumbres para La Ruche.

Sebastián Faure opina que si el niño es sometido a influencias contradictorias, su desarrollo sufre en consecuencia. Solamente cuando las necesidades materiales, la higiene del hogar y el ambiente intelectual se armonizan puede el niño crecer como un ser sano, libre.

Refiriéndose a su escuela, Sebastián Faure emite la siguiente opinión:

He tomado veinticuatro niños de ambos sexos, la mayoría huérfanos, o aquellos cuyos parientes son demasiado pobres para pagar. Son vestidos, alojados y educados a mis expensas. Hasta los doce años recibirán una elemental y perfecta educación. Entre la edad de doce y quince -continuando todavía sus estudios- se les enseña algo de comercio, teniendo en cuenta sus disposiciones y aptitudes individuales. Llega, por último, el día en que, libremente, dejan La Ruche para iniciar la vida en el mundo exterior con la seguridad que pueden, en cualquier momento, regresar a ella, donde serán recibidos con los brazos abiertos y se les dará la bienvenida, cual hacen los padres con sus amados hijos. Entonces, si desean trabajar en nuestro establecimiento, pueden hacerlo bajo estas condiciones: un tercio para cubrir sus gastos o sustento, otro tercio que se añade al capital general puesto aparte para acomodar nuevos niños, y el último tercio destinado a ser entregado para el uso personal del joven, como él o ella lo crean conveniente.

La salud de los niños que están ahora a mi cuidado es excelente. El aire puro, la comida nutritiva, el ejercicio al aire libre, los largos paseos, la observancia de las reglas higiénicas, el breve e interesante método de instrucción, y, sobre todo, nuestra afectuosa comprensión y cuidado de los niños han producido admirables resultados físicos y mentales.

Sería injusto afirmar que nuestros pupilos han realizado maravillas; pero, si tenemos en cuenta que pertenecen al término medio, no habiendo tenido oportunidades previas, los resultados son verdaderamente satisfactorios. La facultad más importante que han adquirido -un rasgo raro en los niños de la escuela ordinaria- es el amor al estudio, el deseo de conocer, de ser informado. Han aprendido un nuevo método de trabajo, uno que vivifica la memoria y estimula la imaginación. Hacemos un esfuerzo particular para despertar el interés del niño por lo que le rodea, con el propósito de hacerle descubrir la importancia de la observación, la investigación y la reflexión, de manera que cuando los niños alcancen la madurez no sean sordos y ciegos para las cosas que les circundan. Nuestros niños nunca aceptan nada con fe ciega, sin inquirir el por qué o el motivo; ni se sienten satisfechos hasta que sus preguntas son completamente contestadas. De este modo sus mentes están libres de dudas y temores resultantes de respuestas incompletas o carentes de verdad; esto último es lo que debilita el crecimiento del niño y crea una falta de confianza en sí mismo y en los que le rodean.

Es sorprendente ver cuán francos y buenos y afectuosos son nuestros pequeños entre ellos mismos. La armonía que reina entre ellos y los adultos es en extremo animadora. Sentiríamos como una falta si los niños nos temieran u honraran simplemente porque somos sus mayores. No dejamos nada por hacer para ganar su confianza y amor; realizando esto, la comprensión reemplazará la duda; la confianza al temor, la afección a la severidad.

Nadie ha descubierto plenamente todavía la riqueza de simpatía, bondad y generosidad oculta en el alma del niño. El esfuerzo de todo educador verdadero debería ser abrir ese tesoro -para estimular los impulsos del niño y hacer florecer sus mejores y más nobles tendencias-. ¿Qué premio más grande puede haber para un hombre cuya vida de trabajo es vigilar el crecimiento de la planta humana, ver cómo va desplegando sus pétalos y observar su desarrollo en una verdadera individualidad? Mis camaradas en La Ruche no desean premio más valioso, y es debido a ellos, a sus esfuerzos, más que al mío propio, que nuestro jardín humano promete producir hermosos frutos.

Refiriéndose al objeto de la historia y a la prevalencia de viejos métodos de instrucción, Sebastián Faure dice:

Explicamos a nuestros niños que la verdadera historia está todavía por escribirse, la historia de los que han muerto, desconocidos, realizando esfuerzos para ayudar a la humanidad en la consecución de fines más grandes.

A Francisco Ferrer no podía escapar esta gran ola de tentativas por fundar la Escuela Moderna. Vislumbró sus posibilidades, no meramente bajo su aspecto teórico, sino en su aplicación práctica para las necesidades de todos los dias. Debió caer en la cuenta que España, más que cualquier otro país, necesita precisamente de tales escuelas, si es que quiere deshacerse del doble yugo del hisopo y de la espada.

Cuando consideramos que el sistema entero de educación en España está en manos de la Iglesia Católica y cuando recordamos la fórmula católica: Inculcar el catolicismo en la mente del niño hasta la edad de nueve años; es arruinarlo inevitablemente para cualquier otra idea, comprendemos la enorme tarea de Ferrer al traer la nueva luz al pueblo. El destino le asistió pronto, proporcionándole lo que había menester para que pudiera llevar a buen término su gran sueño.

Mlle. Meunier, una pupila de Francisco Ferrer y dama de gran fortuna, interesóse por el proyecto de la Escuela Moderna. Cuando murió, legó a Ferrer algunas propiedades valiosas y doce mil francos anuales de renta para la Escuela.

Se ha dicho que almas levantadas no pueden concebir sino ideas elevadas. Si es así, los despreciables métodos de la Iglesia Católica para macular el carácter de Ferrer, con el fin de justificar su tenebroso crimen, puede explicarse sin muchos rodeos. De ahí que fuera difundida, en los periódicos católicos de América, la calumnia de que Ferrer usó de su intimidad con Mlle. Meunier para entrar en posesión de su peculio.

Personalmente, sostengo que la intimidad, sea ésta de cualquier naturaleza, entre un hombre y una mujer, es asunto exclusivo de ellos vedado a la intromisión ajena. No me extendería sobre este tópico, si no fuera por una de las numerosas y cobardes calumnias propaladas acerca de Ferrer. Por supuesto que los que conocen la pureza del clero católico comprenderán la insinuación. ¿Acaso han mirado los católicos alguna vez a la mujer como a algo que no sea una presa sexual? La crónica histórica referente a los descubrimientos en conventos y monasterios me llevaría muy lejos en ésto. ¿Cómo, entonces, van a entender ellos la cooperación de un hombre y una mujer, excepto sobre una base sexual?

En puridad, Mlle. Meunier era considerablemente mayor que Ferrer. Habiendo transcurrido su infancia y adolescencia con un padre miserable y una madre sumisa, pudo apreciar fácilmente la necesidad del amor y la alegría en la vida del niño. Dióse cuenta que Ferrer era un maestro, que no era un producto deleznable de las instituciones docentes al uso, vale decir, una máquina con diploma, sino un hombre dotado de genio para esa vocación.

Con conocimientos vastos, con experiencia, con los medios necesarios y sobre todo ardiendo en la divina llama de su misión, nuestro camarada volvió a España y allí empezó el trabajo capital de su vida. El 19 de septiembre de 1901 fue abierta la primera Escuela Moderna. Fue entusiastamente recibida por el pueblo de Barcelona que asumió la responsabilidad de sostenerla. En un breve discurso con ocasión de la apertura de la Escuela, Ferrer sometió su programa a sus amigos. Dijo: No soy un orador, ni un propagandista, ni un luchador. Soy un maestro; amo a los niños por sobre todas las cosas. Creo comprenderlos. Quiero contribuir a la causa de la libertad creando una joven generación que esté pronta a ponerse en contacto con una nueva era.

Fue advertido por sus amigos que tuviera cuidado en su oposición a la Iglesia Católica. Sabían hasta dónde podía llegar ésta para abatir aun enemigo. Ferrer también lo sabía. Pero, a semejanza de Brand, creía en todo o en nada. No erigiría la Escuela Moderna sobre la misma antigua calumnia. Sería franco y honesto y abierto para con sus niños.

Francisco Ferrer llegó a ser un hombre notorio. Se le acechó desde el primer día de la apertura de la Escuela. El edificio de ésta fue vigilado; su pequeño hogar en Mangat, también. No se le perdía de vista un paso aun cuando fuera a Francia o Inglaterra para conferenciar con sus colegas. Estaba señalado y era sólo cuestión de tiempo para que el enemigo, acechador, le apretara el lazo corredizo. Logrólo casi, en 1906, cuando Ferrer fue envuelto en el atentado a la vida de Alfonso XIII. La evidencia que le eximía de culpa y cargo era demasiado patente, aun para los mismos cuervos negros; tuvieron que dejarle ir, no por buenos precisamente. Esperaban. ¡Oh!, pueden esperar cuando se han propuesto atrapar una víctima.

El momento llegó al fin, durante el levantamiento antimilitarista de España, en julio de 1909. Tendríamos que buscar en vano en los anales de la historia revolucionaria para encontrar una protesta más notable contra el militarismo. Habiendo vivido durante centurias oprimido por militares, el pueblo español no podía soportar ya más tiempo su yugo. No veían razón para ayudar a un gobierno despótico en someter y oprimir a un pueblo pequeño que luchaba por su independencia, como lo hacían los bravos rifeños. No, no emplearían las armas contra ellos.

Durante mil ochocientos años la Iglesia Católica ha predicado el evangelio de la paz. Y ahora, cuando el pueblo quería convertir actualmente el evangelio en realidad viviente, urgía a las autoridades para que lo forzara a levantarse en armas contra los marroquíes. Así, la dinastía española seguía los criminales métodos de la dinastía rusa, se forzaba al pueblo hacia el campo de batalla. Entonces, colmóse su capacidad de sufrimiento. Entonces, revolviéronse los trabajadores de España contra sus amos, contra los que, cual sanguijuelas, habían desangrado su fuerza, su preciosa sangre vital. Sí, atacaron las iglesias y los sacerdotes, pero si estos últimos tuvieran mil vidas, no podrían posiblemente pagar los terribles ultrajes y crímenes perpetrados contra el pueblo español.

Francisco Ferrer fue arrestado el primero de septiembre de 1909. Hasta el primero de octubre sus amigos y camaradas no supieron qué se había hecho de él. En este día se recibía una carta en l'Humanité, en la que se podía apreciar toda la ridiculez del proceso. Al día siguiente su compañera, Soledad Villafranca, recibía la siguiente carta:

No hay motivo para atormentarse; sabes que soy absolutamente inocente. Hoy estoy particularmente esperanzado y alegre. Es la primera vez que puedo escribirte y la primera que, desde mi arresto, puedo solazarme con los rayos del sol que entran a raudales por la ventanuca de mi celda. Tú también debes estar alegre.

Bien patético es que Ferrer, corriendo ya el 4 de octubre, no creyera que sería condenado a muerte. Pero más triste es aún que sus amigos y camaradas hubieran cometido hasta entonces el desatino de dar crédito al enemigo dotándolo de un sentido de justicia. Una y otra vez habían prestado fe a los poderes judiciales, sólo para ver a sus hermanos muertos ante sus propios ojos. No promovieron ninguna agitación para rescatar a Ferrer, ninguna protesta de cierta extensión, nada.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   18

similar:

La hipocresía del puritanismo icon2 La nación es culpable del pecado de formalidad e hipocresía; el...

La hipocresía del puritanismo iconAutogestión comunitaria para el desarrollo psicosocial del corregimiento...

La hipocresía del puritanismo iconLa Perla del Atlántico, La Feliz, Mardel
«Nuestra Señora del Pilar del Volcán» que luego se denominó primeramente «Puerto de la Laguna de los Padres», recibiendo el mencionado...

La hipocresía del puritanismo iconEl pollo (gallus del del Gallus del ) es un tipo de las aves domesticadas...

La hipocresía del puritanismo iconCelebración Eucarística clausura del mes del matrimonio y de la familia...
...

La hipocresía del puritanismo iconEl derecho del trabajo ha elevado el valor de la fuerza del trabajo....

La hipocresía del puritanismo icon2. El tiempo del té pequeño burgués a la mitad del tiempo que yace...

La hipocresía del puritanismo iconUna computadora o computador (del inglés computer y este del latín...

La hipocresía del puritanismo iconEl Plan de Desarrollo, Conservación y Manejo con Identidad del Territorio,...

La hipocresía del puritanismo iconLa poética de flavia cosma
«Las nubes cambian su forma, salen del paisaje/ /otras vuelven a ser desde los abismos/ /la inquietud del agua/ /se funden en la...






© 2015
contactos
l.exam-10.com