GÉneros literarios históricos






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GÉNEROS LITERARIOS HISTÓRICOS.
Según la función del lenguaje que predomine el los textos literarios, éstos se pueden clasificar en 3 géneros (o compartir características): narrativo, lírico y dramático.


Géneros literarios:

Narrativo (o épico)

Lírico (poesía)

Dramático


Función del lenguaje


Referencial y poética


Emotiva y poética


Apelativa y poética

Característica principal

Se relatan acontecimientos sucedidos a personajes.

Se expresan sentimientos, emociones del hablante lírico.

La historia es presentada a través de personajes que dialogan. Son obras hechas para ser representadas en un escenario.

Creador (persona real)

Escritor

Poeta

Dramaturgo

Emisor ficticio

Narrador

Hablante lírico

Hablante dramático, personajes.


Formas del género:

Novelas, cuentos, leyendas, mitos, fábula, poema épico, cantar de gesta,

Oda, soneto, elegía, égloga, décimas, romance.

Tragedia, comedia, drama, farsa, entremés, autosacramental.



GÉNEROS LITERARIOS HISTÓRICOS



Además de los grandes géneros literarios (lírica, narrativa y drama), existe una clasificación más específica para las obras: los géneros literarios históricos. Esta clasificación se establece debido a que, en algunas épocas de la historia, se generaron formas de escribir relativamente fijas, que llegaron a constituirse en géneros con sus propias características.

Habitualmente la forma de escribir asumida en un contexto determinado, se relaciona directamente con las circunstancias histórico-culturales que se daban en la época. Entenderemos los géneros literarios históricos, entonces, como formas específicas que adquieren los grandes géneros y que, como criterio, nos es útil para clasificar un conjunto de obras con rasgos comunes entre sí y que se desarrollaron durante un periodo histórico específico.
EJEMPLOS DE GÉNEROS HISTÓRICOS.

LA ÉPICA.
Término de origen griego aplicado originalmente a un tipo de relatos en que se narran acciones de héroes, los cuales vendrían a representar aquellos ideales de una clase guerrera o social.

Dentro de la épica se encuentran 2 subgéneros: la epopeya y los cantares de gesta.


  1. Epopeya:

Es la narración poética de una acción memorable y extraordinaria, capaz de interesar a un pueblo o a la humanidad entera: las principales epopeyas son: La Iliada y La Odisea del autor griego Homero y La Eneida del autor romano, Virgilio.
La epopeya clásica se caracteriza por la majestuosidad de su tono y su estilo.

Relata sucesos legendarios o históricos de importancia nacional o universal.

Por lo general se centra en un individuo, lo que confiere unidad a la composición.

A menudo introduce la presencia de fuerzas sobrenaturales que configuran la acción, y son frecuentes en ella las descripciones de batallas y otras modalidades de combate físico.

Las principales características del género son

  • la invocación de las musas o diosas de la inspiración.

  • la participación de un gran número de personajes y la abundancia de parlamentos en un lenguaje elevado.

  • En ocasiones ofrece detalles de la vida cotidiana, pero siempre posee como telón de fondo la historia y en el mismo tono elevado del resto del poema.


En Occidente el modelo de epopeya fue configurado por las dos largas narraciones de Homero, la Iliada y la Odisea.

  • La Iliada tiene como telón de fondo el último año de la guerra de Troya y su principal héroe es el intrépido guerrero Aquiles.

  • La Odisea narra el largo y accidentado viaje de regreso de Ulises tras la caída de Troya hasta la isla de la que era rey, Itaca, la búsqueda por parte de su hijo Telémaco de su padre y la venganza de éste contra quienes en su ausencia quisieron despojarle de su trono.

LEE ATENTAMENTE EL CANTO V DE LA ODISEA Y RESPONDA LAS PREGUNTAS QUE APARECEN A CONTINUACIÓN.

CALIPSO Y SU GRUTA, LA BALSA DE ULISES

A la hora en que la Aurora saltó de su lecho para iluminar a mortales e inmortales, los dioses se sentaron alrededor de Zeus para celebrar un consejo, Atenea contó las penalidades de Ulises.

- ¡Oh Zeus, y vosotros, inmortales! Nadie se acuerda ya del divino Ulises y su única recompensa es estar prisionero en una isla, a manos de la ninfa Calipso, que lo retiene en contra de su voluntad. No puede volver a su patria, pues no tiene nave alguna, y ahora, para colmo, intentan asesinar a su hijo, que va en busca de noticias del padre.

- ¿Qué estás diciendo? - preguntó el rector de nubes, Zeus -. ¿No se te ocurre nada para liberar a Ulises y hacer que vuelva a su tierra a castigar a los pretendientes? Guía a Telémaco para que haga lo que quiere, venciendo sobre sus rivales, Y tú, Hermes, ve a expresar a la diosa nuestra decisión de que deje libre a Ulises y pueda retornar a su patria. Ulises embarcará en una balsa que él mismo puede trasladarán a construir y en veinte días arribará a Esqueria, donde los feacios, gente de linaje ilustre, lo recibirán y lo su patria luego de hacerle regalos.

El mensajero se puso las famosas sandalias, tomó el caduceo, su insignia, que le sirve para despertar a unos y adormecer a otros, y en pocos segundos volaba sobre el mar, en figura de gaviota, hasta llegar a la remota isla, donde avanzó hacia la tierra hasta encontrar la gruta donde vive Calipso, la diosa de hermosos bucles, La cueva estaba rodeada de árboles de perfumada madera, en donde vivían las más preciosas aves; el olor de las maderas se extendía por todas partes y las fuentes más cristalinas corrían entre precio­sas praderas. Calipso advirtió su presencia y lo invitó a entrar. Hermes no pudo ver a Ulises, que sentado lejos de allí, a orillas del mar, lloraba lamentándose. La ninfa le ofreció bebidas y comidas deliciosas, y Hermes comió y bebió, mientras ella, le, preguntaba el motivo de su presencia, quejándose de que no la visitara a menudo. Hermes respondió:

- Zeus sabe que está aquí el más desventurado de los hombres que hace tiempo lucharon en la ciudad de Troya. Se salvó de las tormentas que Atenea dirigió contra todos los que regresaban de la ciudad de Príamo, muriendo los demás. Zeus ordena que lo dejes libre: no está condenado a morir lejos de los suyos, sino a reunirse con ellos.

- Crueles sois los dioses, que no aceptáis que una diosa pueda unirse a un hombre que ama y a quien salvó cuando flotaba sobre el mar tomado de un madero de su nave. Lo he cuidado con amor y me prometía hacerlo inmortal y librarlo de la terrible vejez. Pero si Zeus lo quiere y ya que nadie puede oponerse a su voluntad, que se vaya a lo largo y a lo ancho del mar. No puedo 1levarlo yo, pero le aconsejaré el mejor medio de llegar a su tierra.

El mensajero le aconsejó que no olvidara el mandato de Zeus y partió, dirigiéndose entonces Calipso a donde estaba Ulises llorando. Lo que al principio le pareció una dulce vida se había convertido para él en suplicio: la ninfa y sus encantos ya no le atraían. La ninfa de hermosos bucles se acercó y le dijo:

-No llores más, divino Ulises: he decidido dejarte ir. Para ello, sin embargo, habrás de construir tú mismo una balsa con un puente que te permita navegar en alta mar. Yo te daré pan, vino y viandas para que no mueras de hambre, y vestidos y todo lo necesario para que llegues a tu tierra.

Ulises respondió diciendo que quizá la ninfa planeaba algo más que su retorno, pues era difícil atravesar los mares en una frágil balsa. Debería jurarle que no ocultaba otro designio. Palabras a las que Calipso contestó diciendo que sólo a un malvado inteligente podían ocurrírsele palabras semejantes. Ante él pronunció de inmediato el juramento de que no abrigaba nada malo contra él y que, al contrario, lo aconsejaría como nadie. Lo llevó hacia la gruta, sentándose Ulises en el asiento que había ocupado Hermes. Luego la ninfa sirvió bebidas y viandas y disfrutaron juntos de ellas. Al terminar de comer habló Calípso:

- Ingenioso Ulises, hijo de Laertes, ¿es cierto que quieres volverte a tu amada tierra? Deseo que lo hagas con la mayor felicidad, pero si supieras los riesgos que te esperan en el viaje, preferirías quedarte aquí conmigo, deleitándote en esta gruta y con la esperanza de llegar a ser inmortal; llegarías incluso a olvidar a tu esposa. No creo tener menos belleza que ella, pues los dioses somos superiores a los mortales.

- No te enojes conmigo, diosa - se disculpó el astuto Ulises -; pero aunque Penélope no pueda nunca ígualarte en belleza, quiero volver a mí casa, y si antes de llegar a ella un dios me hundiera en el mar, deberé resignarme, pues estoy resuelto a hacer frente a lo que venga.

El sol cayó y Ulises y Calipso se dirigieron al fondo de la gruta a pasar su última noche de amor.

Cuando surgió la hija de la mañana, la Aurora de rosados dedos, Ulises se levantó y, junto con él, la ninfa, que se preocupó de preparar la marcha de Ulises le dio un hacha de fina madera y lo condujo hacia el lugar de la isla en donde podrían encontrar árboles de madera apropiada. Allí lo dejó, empezando el divino Ulises a cortar lo que necesitaba y desbastando y puliendo y alineando las tablas, tablas que luego, al llegar Calipso con herramientas adecuadas, cortó, perforó y unió, construyendo, con ayuda de la ninfa, una balsa de buenas dimensiones, a la cual puso mástil y velas, timón y bordas. A los cuatro días pudo dar por terminado su trabajo y al quinto Calipso le permitió abandonar la isla, luego de bañarlo y vestirirlo con ropas muy finas y perfumadas. En la balsa iban vino, agua, víveres y ropas, todo puesto ahí por la enamorada, quien en el momento adecuado hizo soplar una brisa que desplegara bien 1as velas. Ulises, sentado en el timón, partió y entró en la noche navegando por medio de las observaciones del cielo: las Pléyades, el Boyero, y la Osa, llamada por algunos Carro, la única constelación que no se hunde en el mar. Ulises navegó, sin tropiezos durante diecisiete días, al cabo de los cuales descubrió en el horizonte las sombrías tierras de los feacios.

En dicho instante Poseidón dejaba el país de los etíopes y desde la cumbre del monte Solimos descubrió, navegando, la barca de Ulises. Enojado, exclamó:

- Parece que mientras estaba en Etiopía los dioses cambiaron de parecer respecto de Ulises y ahí veo que se acerca a la tierra feacia, donde podría librarse de la mala suerte que le ha perseguido; pero me las arreglaré para que no sea así.

Reunió sombrías nubes e hizo levantarse las olas, moviendo hacía aquel lugar poderosos vientos; hizo venir la noche, y Ulises, ante todo esto, se sintió morir. ¿Qué peligros lo amenazaban de nuevo? ¿Irían a cumplirse las predicciones de Calipso, se acercaría la muerte ya? ¡Ojalá hubiera sucumbido en Troya o después en el mar, con sus compañeros! Y en los instantes en que, atemorizado, se hacía estas preguntas, una inmensa ola se precipitó sobre su frágil balsa, echándolo a él al agua. El viento partió el mástil y Ulises se vio sumergido en el obscuro mar, aunque pudo recuperarse un poco y nadar hacia la balsa, a la que se subió, salvándose. La embarcación, sin dirección, tomó el rumbo que el viento quiso.

La Diosa de hermosos tobillos, Ino, hija de Cadmo, vio la situación en que se hallaba Ulises, y, como había sido mortal, se compadeció de él. Se transformó en gaviota, se posó sobre la balsa y habló así a Ulises:

- ¿Por qué Poseidón está tan irritado contra ti?. No lo sé, pero te ayudaré. Mira: sácate esa ropa, deja la balsa y nada con toda tu fuerza hacia la tierra de los feacios. Toma este velo de inmortal y sujétalo a tu pecho; te librará de todo; pero en cuanto toques la orilla desátatelo y échalo al mar sin mirarlo.


Dicho esto, desapareció. Ulises empezó a reflexionar sobre lo que le había ocurrido y lo que había visto y oído y se preguntó si no se trataba de alguna nueva mentira. Resolvió sujetarse a la balsa y seguir. Pero apenas había resuelto eso se levantó otra inmensa ola que lo dejó a merced de las olas. Ulises tomó uno de los maderos de la balsa, se sacó las ropas dadas por Calipso, se ciñó al pecho el velo dado por Ino, llamada ahora Leucotea, diosa de las profundidades del mar, y comenzó a nadar. Poseidón, viendo todo esto, hizo un gesto de ira y se dijo que sin duda Zeus quería que los sufrimientos de Ulises se calmaran un poco, permitiéndole llegar a tierra, pero que él se encargaría de que todo no le saliera tan bien. En seguida, fustigó sus veloces corceles y desapareció, momento que aprovechó Atenea para frenar los vientos y permitir que Ulises braceara bien en su marcha hacia tierra.

Nadó durante dos días y dos noches, y cuando ya creía que moriría en el mar, pudo ver, desde lo alto de una ola, una costa cercana, cuya vista le inspiró fuertes bríos, nadando hacia la ribera. Pronto, sin embar­go, advirtió que no había allí playa alguna a que arribar, sino acantilados, arrecifes y remolinos, y ese espectáculo lo sumió en una triste divagación sobre su destino, divagación que una enorme ola interrum­pió al lanzarlo con toda violencia hacia la costa. Y se habría estrellado y hecho pedazos si Atenea no le hubiese inspirado el gesto de tomarse a una roca con fuerza, siendo sacado de allí por la fuerte resaca, que volvió a lanzarlo adentro. Atenea acudió de nuevo en su auxilio e hizo que nadara a lo largo de la costa hasta la boca de un pequeño y hermoso río, de suave corriente y sin rocas, por el cual entró sin tropiezos. Al llegar a lugar más seguro dirigió una oración a la diosa, agradeciéndole su ayuda y rogándole no lo abandonara.

Ganó la orilla del estuario y se dejó caer al suelo, agotado por tan duros esfuerzos y echando agua por las narices y la boca. Descansado que hubo, se apresuró a sacarse del pecho el velo de la diosa y echarlo al agua, de donde lo arrebató una onda que los transportó a manos de Ino. Ulises se retiró de la orilla, besó la tierra que 1o salvaba y se acostó entre unos juncos, en donde no estuvo mucho rato. No conocía ese lugar y no sabía si habría por ahí fieras o serpientes; caminó, entonces, hacia una floresta, buscó el grueso tronco de un olivo silvestre y allí se ocultó, haciéndose un lecho de hojas y disimulando el lugar con algunas ramas, tendiéndose. Atenea le trajo el dulce sueño que le permitiría reparar sus fuerzas.

(La Odisea. Homero)

PREGUNTAS DE LEXICO CONTEXTUAL: Señale cuál de las opciones contiene una palabra que podría reemplazar la respectiva palabra subrayada en el texto, sin que cambie el sentido de éste, aunque se produzcan diferencias en la concordancia de género.

1. LINAJE 2.DESVENTURADO 3. SUPLICIO

A)origen A)castigado A)sacrificio

B)comportamiento B)apenado B)tormento

C)apariencia C)odiado C)duelo

D)espíritu D)despreciado D)quebranto

E)traza E)infortunado E)espanto
4.ABRIGABA 5.RESIGNARME 6. TROPIEZOS

A)pensaba A)conformarme A)yerros

B)tramaba B)consolarme B)dificultades

C)escondía C)entregarme C)culpas

D)cubría D)aceptarme D)novedades

E)protegía E)rendirme E)tormentas
7.IRRITADO 8. FUSTIGÓ 9.DIVAGACIÓN

A)molesto A)alentó A)previsión

B)sobrecogido B)vituperó B)reflexión

C)irreflexivo C)amarró C)idea

D)turbado D)azotó D)suposición

E)enfurecido E)montó E)introspección
PREGUNTAS DE COMPRENSION DE TEXTO

10. El relato presenta un narrador

A)omnisciente. B)testigo. C)personaje. D)con conocimiento relativo. E)protagonista.
11. Ulises estaba en la isla de Calipso porque

A)no sabía cómo volver a su hogar. B)la diosa lo retenía contra su voluntad C)creía que todos sus compañeros habían muerto.

D)amaba a Calipso. E)pensaba que nadie podía escapar con vida de allí.
12. ¿Qué rasgo(s) tienen en común Hermes e Ino ?

I. Obedecen las órdenes de Zeus. II. Pueden transformarse en gaviotas. III. Ayudan a Ulises.

A) I Y II B)Sólo I C)Sólo II D)I, II y III E)II y III
13. ¿Qué características de Ulises se destaca(n) en el fragmento leído?

I. Pusilánime. II. Perseverancia. III. Desconfianza. IV. Obediencia.

A) II y IV B) I Y II C)I, II y IV D)II, III y IV E)II y III
14 En relación con la orden de Zeus, Calipso

A)reacciona violentamente. B)se siente ofendida. C)intenta desobedecer.

D)trata de convencer a Ulises de quedarse. E)muestra indiferencia.
15. El fragmento leído se refiere principalmente a

A)la construcción de una barca y la navegación. B)la llegada a la isla de los feacios.

C)los deseos y atenciones de Calipso para con Ulises. D)las peripecias de Ulises en su retorno a casa.

E)la furia de Poseidón.
16. En el relato se aprecia que los dioses

A)deciden el destino de los hombres B) no se relacionan entre sí. C)desprecian a los mortales.

D)no respetan ninguna jerarquía. E)se ayudan entre ellos.

ÉPICA MEDIEVAL O CANTAR DE GESTA.
La poesía épica es una de las manifestaciones literarias de importancia en la Edad Media y surge como una prolongación de los poemas épicos clásicos greco-latinos. Los cantares de gesta fueron poemas anónimos que no estaban destinados a ser leídos, sino a ser recitados ante un público diverso. Quienes los recitaban fueron llamados juglares, artistas que iban de pueblo en pueblo y se ganaban la vida luciendo sus habilidades en las plazas o salones de los castillos.

Los cantares de gesta fueron especialmente numerosos en Francia, donde eran compuestos en su mayoría por clérigos instruidos, y se conservan muchos manuscritos de cantares de gesta franceses, de ellos la obra maestra es el Cantar de Roldán que narra la muerte del sobrino de Carlomagno en el [desfiladero de Roncesvalles.[

El cantar de gesta más importante de España fue el Cantar de Mío Cid, escrito hacia 1140. La obra se conserva en un manuscrito copiado el año 1307, por un tal Pedro Abad.
El protagonista del Poema de Mío Cid es un personaje histórico llamado Rodrigo Díaz de Vivar; nació aprox. el año 1043 y murió en Valencia en 1099. Sus restos se encuentran actualmente en la ciudad de Burgos. Provenía de una familia noble y se crió en la corte, junto al infante don Sancho, hijo mayor del rey Fernando, y hermano del futuro Alfonso VI, que desterrará al Cid.
El Cid, como personaje del poema épico tiene varias virtudes que se van demostrando durante todo su actuar:

  • Amor de Dios

  • Lealtad a su señor, el rey Alfonso VI. (Sujeción a la promesa de vasallaje)

  • Respeto y fidelidad a sus amigos

  • Implacable en la batalla y misericordioso con el enemigo caído.

  • Amor a su familia.

  • Espíritu guerrero y valentía.

  • Honradez

Todas estas virtudes van siendo mostradas con hechos durante el desarrollo de la obra, y en su conjunto constituyen los requisitos para ser un buen caballero cristiano.
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