6 Medio ambiente, paisaje y turismo






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6 - Medio ambiente, paisaje y turismo

El turismo atraviesa el paisaje y, a su vez, el tema del paisaje atraviesa el turismo. Por un lado, los y las turistas se mueven a través de escenarios naturales o humanizados que recorren para conocerlos o disfrutar de ellos. Por otro lado, el turismo podría ser considerado la industrialización del paisaje, expresión con la que queremos poner de relieve la importancia del medio natural o humano y de su dimensión estética para el funcionamiento de los productos turísticos. Curiosamente, pero, el estudio del paisaje y sus relaciones con el turismo ha sido muy poco tratado en los manuales de geografía del turismo, tanto franceses como anglosajones.

Para empezar este tema quisiéramos dar tan sólo unos datos estadísticos:
- Durante la temporada turística 1999, el grado de satisfacción mayor (8 puntos en una escala en que el máximo son 10) de los turistas extranjeros que visitaron Cataluña se obtuvo en el aspecto paisaje/naturaleza (Resum, 2000; 25).
- Por otro lado, el 20% de los turistas españoles que visitan esta comunidad autónoma reconocen que el paisaje natural y las payas son lo mejor de su viaje (Resum, 2000; 35).
El paisaje es, pues, importante para los turistas que nos visitan. Importancia que aumenta a medida que nos alejamos de nuestro marco geográfico: mientras el principal motivo de los turistas franceses e italianos son las compras y el ocio, para los ingleses y especialmente alemanes los motivos principales de sus visitas son el clima, las playas y los paisajes (informaciones extraídas de los informes elaborados por el DICT de la Generalitat (WWW.gencat.es/dict/revista)). Es decir, que para valorar el paisaje es necesaria una cierta distancia, tanto física como cultural.

Por otro lado, los turistas extranjeros que llegan a Cataluña buscan preferentemente la playa (75%), la gastronomía (66%) o ir de compras (57%). Unicamente un 20% se acerca a nuestro país con el fin expreso de disfrutar de la naturaleza y un 59% lo hace para visitar ciudades o pueblos (Resum, 2000; 20). De la comparación de estos datos podemos extraer la idea que el paisaje no es el principal motivo que atrae a los/las turistas a nuestro país, pero sí que se constituye como un telón de fondo que ayuda a vender nuestros productos o como un escenario sobre el cual llevar a cabo ciertas actividades o pasar los días de vacaciones. También sabemos que los turistas españoles que llegan a Cataluña lo hacen atraídos más por el paisaje natural y las playas que no por el paisaje urbano (20% frente al 14%).

6.1 - Medio ambiente y paisaje
Pero ¿qué debemos entender por paisaje?

Como hemos visto, el paisaje puede referirse a una realidad eminentemente rural o predominantemente urbana. A esta distinción podemos añadir el hecho que el paisaje unas veces se identifica con una parte real del medio ambiente y otras con una cierta mirada sobre esta realidad física. Por otro lado, a nadie se le escapa que el paisaje es un tipo determinado de pintura que pretende reflejar más o menos fielmente la realidad natural.

El estudio del paisaje, en el terreno de la geografía, ha experimentado un enorme crecimiento y ha vivido un gran cambio a partir del momento en que ha sido posible distinguir este tipo de relación con el mundo natural del concepto de medio ambiente. Ahora bien, como indica Muir (1999, XIII), este crecimiento ha tenido más la forma de un árbol que no la de un río: se han ido desarrollando una serie de aproximaciones a objetos distintos que han dado lugar a investigaciones absolutamente alejadas las unas de las otras. Como ejemplo, en el caso español, sólo tenemos que comparar el manual del paisaje de María de Bolós (1992) con el tratado del paisaje de Alain Roger (2000). Por un lado, tenemos una manera de pensar el paisaje como una porción material o tangible del medio natural o cultural; por el otro, una forma de mirar ese medio ambiente (Muir, 1999, XIV).

De esta forma, la primera identificación que hemos expuesto anteriormente ha quedado cuestionada y el paisaje está siendo analizado en las últimas décadas por muchos especialista ya no como una realidad objetiva sino como una relación con el medio ambiente. Esto ha provocado una gran dicotomía entre los geógrafos preocupados por este tema, dicotomía que queda reflejada cuando decimos que en el ámbito de estudio del paisaje, existen dos visiones mayoritarias, una que se preocupa por la realidad material del mismo y la otra por su realidad simbólica. La geografía cultural anglosajona y la geografía cultural francesa han llegado, por vías independientes, a la necesaria distinción de ambas realidades: para la primera se ha reservado el nombre de medio ambiente (environnement, environment) y, para referirse a la segunda, se utiliza el concepto paisaje.

En la bibliografía actual, medio ambiente es un concepto que se utiliza para indicar una variedad de fenómenos y relaciones. Así, por ejemplo, en Gran Bretaña incluye tanto el medio social como el patrimonio cultural del país, mientras que en los Países Bajos se entiende como “todo aquello que puede ser contaminado”, es decir, el agua, el aire y la tierra (Boers & Bosch, 1996; 20).

Para nosotros, el medio ambiente estará formado por esos tres elementos -agua, aire y tierra- que proporcionan materias primas que la humanidad consume y utiliza, a los que cabe añadir la flora y la fauna que utilizan estos recursos para su existencia y el sistema de relaciones que entre todos ellos mantienen. Señalemos que, desde este punto de vista, la humanidad es considerada como una especie más (Boers & Bosch, 1996). El estudio del medio ambiente corresponde a la ecología o a alguna de las ciencias que sirven de base a sus conocimientos.

En cambio, el paisaje sería una forma socialmente construida de como el medio ambiente debería ser visto (Agnew & Duncan, 1989; 186). Desde este punto de vista, aquello objetivo que forma el medio ambiente no es el paisaje, sino el medio ambiente. Una de las diversas lecturas o repre­sen­taciones de este medio ambiente es el paisaje, una relación determinada con lo que nos rodea que no ha estado presente en todas las culturas. El paisaje sería la relación entre el sujeto y el medio ambiente en que aquel “proyec­ta” unos determinados valores a la realidad.

En este punto, se ha planteado en diversas ocasiones la cuestión de si cualquier relación con el medio ambiente sería una relación paisajística. En este sentido, debemos puntualizar que la utilidad o no de distinguir entre relaciones distintas con el medio ambiente depende de nuestros intereses como científicos. Por ejemplo, no es lo mismo que una tribu americana viera y oyera en su medio ambiente las voces de sus ancestros (Nosaltres, 1994) que el hecho que nosotros, sobre el mismo lugar, veamos uno objeto tan bello que merecería ser pintado sobre una tela. Cuando se alcanza este nivel de distinción terminológica para referirse a las distintas relaciones entre el medio ambiente y la humanidad, para poder hablar de paisaje y no de otras relaciones medioambi­entales, los autores que hacen esta distinción plantean la necesidad de que los valores asociados a este medio ambiente sean de carácter estético y positivos: para que una sociedad pueda ser considerada paisajística, debe ver su medio ambiente o algunas partes de él en términos de amenidad, de belleza o de bienestar espiritual.

En este sentido, no debemos confundir al turista que visita un parque nacional por el interés medioambiental que éste despierta en él -estudiar la flora, la fauna o el ecosistema en su conjunto- con el turista que visita el mismo parque con el deseo de gozar de bellas perspectivas y agradables puntos de vista. Se trata de dos objetos igualmente potentes a la hora de atraer visitantes a un determinado lugar, pero que no pueden confundirse. El turista que busca una determinada imagen en el paisaje puede muy bien no darse cuenta que, en realidad, se encuentra ante un medio ambiente degradado o incluso contaminado. Se ha dicho en más de una ocasión que un medio ambiente contaminado (por una radiación nuclear, por ejemplo) puede formar un paisaje maravilloso.

6. 2 - La construcción medial del paisaje
Una de las aportaciones más importantes en el estudio del paisaje -sin menospreciar la corriente anglosajona- la debemos a la geografía cultural francesa, especialmente a la Teoría de la Medianza (véase Berque, 1995). Para la teoría de la Medianza el paisaje se convierte en uno de los reveladores más importantes del medio. Se trata concretamente su dimensión sensible y simbólica; es decir, que el paisaje expresa una cierta medianza (Berque, 1990; 111). Una, pero no cualquier mendianza. Augus­tin Berque abandona las ideas que afirman que toda relación con el medio ambiente es una relación paisajística. Esta idea es muy compartida entre una parte de los científicos, los cuales creen que cualquier relación con el medio es siempre una relación pai­sajística. Es esta una posición predominante bajo los para­digmas antropológicos -e incluso geográficos. Pero esta medianza -la relación paisajística- es un producto histórico: según Augustin Berque, sólo ha habido dos civilizaciones que hayan tenido esta relación con su medio ambiente: la Europa moderna y China a partir del siglo IV (Berque, Augustin.: “De paysage en outre-pays”. Le débat, 65. Mayo-junio de 1991. Pàg. 4-13.). Según Berque (1995; 34), para poder hablar de sociedades paisajísticas habríamos de encontrar en éstas:


1) una palabra o representación lingüística para expresar esta relación;

2) diferentes cantos al medio natural (poemas, canciones, represen­taciones literarias, en general);

3) representaciones gráficas (pintura o dibujos, por ejemplo); y

4) representaciones de tipo jardín, arquitectura del pai­saje, etc.

6. 3 - El turismo ambiental o ecoturismo

Hoy en día, el concepto de ecoturismo se ha puesto de moda. Sabemos que es el segmento de la demanda turística con mayor crecimiento en este fin de siglo y constatamos que responde a una doble motivación que surge de nuestra sociedad (Minca, 1996; 131):

1 - La añoranza por el desarraigo humanidad-naturaleza, del cual la sociedad actual sólo conserva un recuerdo romántico, casi literario; y

2 - La preocupación por la crisis medioambiental alimentada por los medios de comunicación de masas.

Todo esto nos lleva a pensar que existe alguna cosa que pueda recibir el nombre de ecoturismo. Pero ¿qué?

En la literatura científica actual encontramos distintos ejemplos de prácticas que han sido consideradas ecoturismo. Estas distintas prácticas van desde los viajes de aventura que utilizan el cuerpo, como los tours en bicicleta, el rafting, el senderismo, kayac, canoa, etc. hasta los viajes ecológicos o medioambientales que ponen el acento en la consciencia medioambiental, en la necesidad de protección, como las visitas a la selva amazónica, las salidas con el objetivo de observar a los pájaros, etc. Por otro lado, muy a menudo se habla de turismo ecológico en el sentido de un turismo verde respetuoso con el medio ambiente. En este último sentido, el turismo de sol y playa clásico podría ser considerado ecoturismo si su práctica no supone una agresión muy importante para el medio ambiente.

En este contexto, nos encontramos que se pueden distinguir dos grandes tendencias a la hora de considerar este tipo de turismo:

1 - Para unos autores se trata de una serie de viajes responsables a áreas naturales que conservan el medio ambiente y que sustentan el bienestar de la gente del lugar. En este sentido el ecoturismo, el turismo verde o el turismo ambiental son prácticamente la misma cosa, confusión que se incrementa cuando todas estas prácticas es llevan a cabo sobre áreas naturales. En este sentido, el World Wildlife Fund define el ecoturismo como el turismo que protege las áreas naturales como medio de crecimiento económico a través de la preservación natural.

Visto desde fuera, el ecoturismo sería una forma de viaje que responde a las necesidades económicas, sociales y ecológicas de una región. Es una alternativa al turismo de masas tal como ha estado planteado hasta la actualidad.

A este tipo de práctica, nosotros preferimos llamarla turismo verde o turismo ecológico, en el sentido que se preocupa por el medio social y natural sobre el cual se desarrolla.

2 - Ahora bien, si dejamos de lado lo que podemos llamar turismo ecológico o verde (en el sentido de ser un turismo preocupado por su impacto sobre el medio y de evitar los efectos negativos sobre el mismo), nos encontraremos con que el ecoturismo también ha sido definido como los viajes a lugares naturales que se plantean crear una comprensión de la historia cultural y natural de aquel medio y que ponen énfasis en no alterar la integridad del ecosistema, produciendo beneficios para las comunidades locales de forma que puedan ser invertidos en la preservación de los recursos inherentes al medio ambiente.

Como vemos, el concepto de ecoturismo se ha empleado para referirse a dos cosas distintas: 1) el viaje respetuoso con el medio y 2) el viaje que pone el énfasis en la observación de los hábitats naturales o de los tesoros arqueológicos. Entre ambas, entrelazándolas, se han urdido una serie de definiciones que han puesto en el mismo concepto mayor o menor cantidad de ingredientes procedentes de ambos extremos. Así se encuentran definiciones que ponen el acento en la capacidad de entender la cultura y la historia natural de la zona que se visita, teniendo en cuenta de no alterarla, especialmente el ecosistema. En este sentido, el ecoturismo acaba presentando dos elementos definidores muy importantes: la capacidad de entender la naturaleza del lugar y la protección de aquella área natural. Así, su oferta se centra en el reconocimiento y la interpretación de la flora, la fauna, la geomorfología, el paisaje, la economía, las tradiciones y las culturas locales.

Este último punto ha permitido que a veces haya sido incluido dentro del turismo rural. Esta opción, defendida por Martín Gil (1994), ha sido defendida basándose en el tipo de lugar por donde se desarrollan sus prácticas y por el hecho que puede usar ofertas de este tipo de práctica turística.

A nivel social nos interesa resaltar que el ecoturismo, como también el turismo verde, es un producto demandado por personas con un nivel adquisitivo, cultural y educativo medios, pero de una elevada conciencia ambiental. En Europa, se desarrolla en zonas de montaña y en parques y reservas, junto al turismo deportivo de naturaleza. En el estado español está especialmente desarrollado en Andalucía, porque los poderes públicos, el INEM e ICONA, lo potenciaron como un elemento capaz de ayudar a combatir el paro.

Entre los beneficios que puede aportar la apuesta por el ecoturismo se han descrito los siguientes:

- Da trabajo e ingresos a la gente local.

- Hace posible la protección de ciertas áreas y que en el futuro puedan ser visitadas por más ecoturistas.

- Promueve la educación ambiental de los visitantes.

- Promueve la conservación y rehabilitación del patrimonio y del medio ambiente.

En casos como Brasil o Ruanda el ecoturismo ha llegado a convertirse en el principal ingreso turístico. Pero entonces lo que se impone es establecer estrategias para asegurar que los beneficios de la corriente turística llegan a la gente local. En caso contrario, sus necesidades vitales pueden llevarlos a acabar con el medio que permite este tipo de turismo (esto es lo que sucede con el turismo rural).

Normalmente los ecotours son promocionados por organizaciones conservacionistas como la WWF o museos de historia natural, etc. El principal objetivo es aumentar la conciencia ecológica de los turistas. Los ingresos, en parte, van a parar a la organización que los revierte en el medio que se visita.

En España, este tipo de turismo aún está en proyecto, pero algunas empresas privadas y grupos ecologistas comienzan a ofrecer actividades como la observación de pájaros, el estudio de la naturaleza, etc. En cambio, lo que está creciendo rápidamente es nuestro país como generador de ecoturista que salen allende nuestras fronteras con el fin de realizar safaris por Africa, visitar parques de otros países, etc. Cada vez hay más agencias de viajes especializadas en estos productos.

Por otro lado, lo que está pasando es que los ecoturistas extranjeros vienen a nuestro país con sus propios guías, porque España es uno de los países con más biodiversidad y medioambientalmente mejor conservados de Europa.

Finalmente, remarquemos que el ecoturismo se puede convertir en un peligro para el medio ambiente si se le entiende como una forma de enseñar a la gente lugares ecológicamente muy frágiles: en lugar de preservarlos, estos son mostrados y visitados. De hecho, el tema es, ¿son compatibles la ecología con el turismo? ¿El turista, es una especie natural o abiótica?



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