Estudios Hispánicos: Lengua española y sus literaturas






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EL SARCASMO

Lingüística General

Estudios Hispánicos: Lengua española y sus literaturas

ÍNDICE

I. INTRODUCCIÓN

1. ¿Qué es el sarcasmo? 3

2. Sarcasmo e ironía 3

II. EL SARCASMO

1. Presencia del sarcasmo en la oralidad y la escritura 3

2. Ejemplos 5

3. Procesamiento del sarcasmo 6

4. Sarcasmo en las diferentes culturas 7

5. Sarcasmo en el niño 7

III. CONCLUSIÓN 8

IV. BIBLIOGRAFÍA 9


  1. INTRODUCCIÓN

1. ¿QUÉ ES EL SARCASMO?

La palabra sarcasmo proviene, etimológicamente, del latín sarcasmus, y este a su vez del término griego  σαρκασμός (sarkasmós), que significa «carne rasgada». Es una sustantivación del verbo σαρκάζειν (sarkázein, «morder los labios»), derivado del sustantivo σάρξ (sarks, «carne»). El significado literal sería «mordedura de labios».

Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, el sarcasmo es una ‘burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo’. Con un sarcasmo se pretende dar a entender lo contrario o manifestar su desagrado. Es una crítica indirecta, pero a menudo expuesta de forma evidente. Ha sido proverbialmente descrito como «La forma más baja de humor pera más alta expresión de ingenio» (frase que se le atribuye a Oscar Wilde).

2. SARCASMO E IRONÍA

El sarcasmo es un tipo del lenguaje irónico, por lo que para poder definirlo es necesario explicar en qué consiste la ironía.

Existen muchas teorías acerca de lo que es la ironía. En primer lugar, las teorías tradicionales la definen como ‘decir algo distinto de lo que se quiere decir’ o ‘decir lo contrario de lo que se quiere decir’. Pero estas explicaciones resultan muy escasas porque existen otras figuras que podrían definirse igual. Debido a esta falta de información certera sobre él, hoy en día es un importante objeto de estudio. Actualmente las opiniones de los autores se dividen en dos: unos consideran que es un tropo y otros que es una figura de pensamiento.

Haverkate (1985) afirma que la ironía es un recurso retórico complejo y la define como la expresión intencional de la insinceridad. Esta insinceridad es explicita ya que sirve para ser comunicada y produce determinados efectos retóricos en sus receptores. Se diferencia de las demás figuras en que no tiene existencia real hasta que no es descifrada por el receptor.

En conclusión, la ironía se divide en varios tipos que siguen unos criterios. Entre estos tipos se halla el sarcasmo con un criterio moral. Además del sarcasmo, encontramos, con otros criterios: antífrasis, asteísmo, carientismo, clenasmo, diarismo y mímesis.

  1. EL SARCASMO

1. PRESENCIA DEL SARCASMO EN LA ORALIDAD Y LA ESCRITURA

El sarcasmo depende en gran medida de la entonación y la expresión facial. El uso del sarcasmo para expresar ideas que no son completamente irónicas puede llevar a la confusión, especialmente cuando las entonaciones vocálicas usadas para denotar sarcasmo son muy sutiles o existen escasas diferencias de acento. Con frecuencia, el sarcasmo es mal interpretado por parte de los que reciben el «insulto».

Con respecto a esto, el sarcasmo está muy introducido en la vida cotidiana; es un proceso cognitivo difícil de apreciar si no se tiene pleno conocimiento de los recursos de esa lengua. Sin embargo, es muy fácil encontrar sarcasmo benévolo en las relaciones cotidianas; es una forma burlona de destacar algún fallo; distinto será el sarcasmo descalificador, el hiriente, que requiere de un sentido que va más allá de la práctica diaria.

Al estar el sarcasmo orientado al lenguaje hablado, puede ser difícil de plasmar en la forma escrita, de hecho, es fácilmente malentendido. ¿Cómo detectarlo entonces en el lenguaje escrito? Prestando atención es posible: en primer lugar el escritor debe valorar que en un texto queda mucho espacio para la interpretación y que cada lector lo hace de una manera diferente. También es oportuno que el lector no dé nada por sabido, en el sentido de que si un escritor ha usado el sarcasmo en el pasado es probable que lo vuelva a usar, pero también es posible que este siendo serio.

Ahora bien, el sarcasmo, tanto en lengua oral como en la escrita concuerda más con unos contextos y discursos que con otros.

Generalmente, el sarcasmo se considera un recurso vinculado a los estilos coloquiales o informales cuyo uso se manifiesta en correos electrónicos o blogs. Es menos usual que esta figura retórica aparezca en contextos formales (tales como textos académicos, exposiciones, presentaciones, etc.) debido a que podría ser interpretada por el receptor como una falta de seriedad con el tema o compromiso tratado.

Aun así, es totalmente adecuado el uso del sarcasmo en este tipo de contextos, solo que este no podrá ser usado de la misma manera que en el resto de situaciones: tiene algunas particularidades. Por ejemplo, el sarcasmo debe ser lo más neutro posible, es decir, debemos evitar aludir a sectores sociales o profesionales específicos ya que, la mayoría de las veces, no conocemos al receptor (que puede ser plural como en el caso del auditoria de una conferencia) y, posiblemente, este sea muy variado, por lo que hay que intentar no herir la sensibilidad de nadie. De igual manera también debemos evitar las referencias a enfermedades o defectos personales. El sarcasmo en contextos formales debe ser más imperceptible que en otro tipo de situaciones y, a ser posible, estar construido con elementos basados en la inteligencia más que en el humor rápido o fácil.

También hay que mencionar que no todos los contextos o situaciones comunicativas admiten sarcasmos. Hay situaciones, como un discurso para un funeral, en los que jamás se puede utilizar. Solo tenemos la garantía de que un sarcasmo funciona en aquellos contextos en los que es posible aproximarse al receptor, romper la distancia comunicativa. Algunos ejemplos para esto último son los tuteos al auditorio, la inserción de refranes y, en general, cualquier fórmula que invite al público a participar.

La utilización del sarcasmo en la escritura se manifiesta oficialmente por primera vez en el calendario de Shepheardes de 1579, sin embargo, muchos estudiosos creen que el sarcasmo había sido ya usado en la Biblia.

El sarcasmo, algunas veces se delimita en la escritura por el uso de mayúsculas, especialmente para denotar el énfasis que se habría usado en una conversación. En el Reino Unido y otros países, la escritura ha adoptado el uso de (!) (marca exclamativa entre paréntesis) para indicar el sarcasmo o la ironía, pero esto no es universal1. Por ejemplo, Shakespeare usaba regularmente al sarcasmo como una herramienta literaria, pero raramente usó alguna marca distintiva. El uso de este símbolo es un fenómeno reciente.

Por otro lado, hoy en día se plantea la cuestión de que si las exclamaciones tienen un símbolo y también las preguntas, ¿no sería oportuno que el sarcasmo escrito tuviese su propio símbolo?

2. EJEMPLOS

El sarcasmo está muy presente en la literatura, al igual que en resto de manifestaciones artísticas (cine, televisión, publicidad, etc.). A continuación, citaremos algunos de los autores y las obras que mejor representen el uso de esta figura literaria tan apreciada.

En el Lazarillo de Tormes ya encontramos el uso del sarcasmo como figura literaria. Además, el desenlace de la novela expresa el mayor sarcasmo de toda la obra: Lázaro consigue la honorabilidad al precio de su deshonor, ya que se casa con la manceba del arcipreste y cierra los ojos ante la continuidad de sus relaciones.

El Arcipreste de Hita, incorpora lo que podríamos llamar el «autosarcasmo», siendo él mismo el blanco de sus burlas, como en Cántico de los Clérigos de Talavera y De las figuras del Arcipreste.

Francisco de Quevedo y Luis de Góngora representan el ejemplo de sarcasmo inspirado en la desgarradura, la escisión entre los contradictorios impulsos, la agonía. La sutil ironía que encontrábamos en Cervantes da paso al sarcasmo, a la sátira desquiciada, al insulto caricaturesco, especialmente en Quevedo. Lo importante y lo nimio, todo se confunde en su indiscriminado sarcasmo:

« Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.»

Mariano José de Larra y José de Espronceda son un referente del sarcasmo durante el Romanticismo, ya que este supuso una época propicia a un cierto tipo de humor: el grotesco. Enfrentándose por primera vez a la cultura moderna, el yo del artista vierte sobre la realidad social el desprecio en forma de sarcasmo. Un ejemplo lo encontramos en Espronceda y su Canto II, A Teresa (Descansa en paz):

«Gocemos, sí; la cristalina esfera
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!
¿Quién a parar alcanza la carrera
Del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiante el sol, la primavera
Los campos pinta en la estación florida:
Truéquese en risa mi dolor profundo...
Que haya un cadáver mas, ¡qué importa al mundo!»

Más adelante en la historia nos encontramos con Pío Baroja, que hacía uso de un sarcasmo irritado, intransigente, individualista y escéptico, y con «Leopoldo Alas Clarín», que pese a no ser uno de los principales representantes de esta figura destaca por el sarcasmo dialéctico de obras como El gallo de Sócrates, El señor Isla o La mosca sabia.

Como autor contemporáneo español que mejor representa el sarcasmo tenemos a Eduardo Mendoza. Sin noticias de Gurb, por ejemplo, es la hilarante historia de un extraterrestre que visita Barcelona.

En la literatura en inglés destacan Arthur Conan Doyle, quien tiene una serie de novelas divertidísimas dedicadas al Brigadier Gerard, un húsar al servicio de Napoleón; y David Forrester, con su novela Y a mi sobrino Albert le dejo la isla que gané a Fatty Hagan en una partida de póquer, en la que retrata a americanos y rusos disputándose una micro isla situada en el Canal de la Mancha.

Como los mayores representantes del sarcasmo de todos los tiempos están Oscar Wilde y Charles Bukowski. El primero es uno de los maestros de la literatura que hace uso del sarcasmo y del humor negro. Una muestra de ello son sus novelas El crimen de Arthur Lord Saville y El Fantasma de Canterville. Reproducimos aquí una de sus frases más conocidas:

«No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo».

El segundo, Charles Bukowski, es por excelencia el escritor de lo soez y lo políticamente incorrecto, y como tal, no podían faltar en su obra los sarcasmos más brutales. En El gran juego de la hierba, critica con sarcasmo la posición de amo que ciertos intelectuales adoptan. Y en Mujeres, una de sus novelas más aclamadas, no escatima sarcásticas observaciones sobre sí mismo. Merece la pena mencionar una de sus muchas frases: «La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes».

En el cine español, José Luis García Berlanga, que con clásicos maravillosos como Plácido, Bienvenido Míster Marshall o La Escopeta Nacional ha hecho uso magistral del sarcasmo.

Los hermanos Marx son quizás los más famosos de los clásicos sarcásticos, con joyas como: «Nunca olvido una cara, pero en su caso, haré una excepción» o «Estos son mis principios, si no le gusta, tengo otros». Billy Wilder ha sido un director/guionista famoso por sus diálogos sarcásticos. Woody Allen es, más aquí en el tiempo, un famoso sarcástico del cine con algunas citas como: «Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida» o «Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine».

En la publicidad, es usual echar mano del sarcasmo para descollar sobre el resto y pulverizar a la competencia. Hace poco veíamos un anuncio que aseguraba que «algún día todos los coches serán como éste» y un anuncio de Pepsi, llamado Arqueología, que mostraba a unos jóvenes arqueólogos del futuro que mientras saciaban su sed con una Pepsi, se preguntaban qué sería de ese bote polvoriento (de Coca-Cola), que acababan de encontrar en una excavación de cosas pasadas y en desuso.

Por último, de la mano de las nuevas tecnologías, el sarcasmo en 140 caracteres triunfa hoy en Twitter. Tanto la reproducción de famosos aforismos revitalizados, como el uso del sarcasmo por el público en trending topics, hashtags «sangrientos» como los variados #facts que surgen cada vez que un famoso comete un error de renombre, como aquel de David Bisbal sobre las pirámides2.

3. PROCESAMIENTO DEL SARCASMO

Un estudio reciente publicado en la revista Neuropsicología de la American Psychological Association (APA), dirigido por un grupo de investigadores de la Universidad de Haifa (Israel), explica los posibles mecanismos por los que la mente es capaz de interpretar el contenido de las palabras dentro de un contexto. Para ello, Shamay-Tsoory y sus colaboradores plantearon que diversas destrezas cognitivas localizadas en partes específicas del cerebro intervienen en el procesamiento del lenguaje sarcástico.

En primer lugar, el córtex del lenguaje situado en el hemisferio izquierdo interpreta el significado literal de las palabras. En segundo lugar, el lóbulo frontal y el hemisferio derecho procesan el contexto social, emocional e intencional, identificando la contradicción existente entre el significado literal y el contexto. Por último, el área ventromedial derecha del córtex prefrontal integra el significado literal con el conocimiento emocional y social de la situación, facilitando que la persona determine el verdadero significado.

Según estos autores, cualquier lesión en cada una de las regiones implicadas en esta red neuronal podría dañar la capacidad de entender el sarcasmo. Por tanto, la implicación de estas áreas en la comprensión del sarcasmo pone en evidencia la estrecha relación existente entre el lenguaje y la cognición social.

4. SARCASMO EN LAS DIFERENTES CULTURAS

El sarcasmo está presente en todas las culturas, puesto que es un recurso utilizado por la mayoría de los hablantes. Sin embargo, su mayor o menor uso radica en la educación de la sociedad y los valores culturales de los distintos países. Asimismo, se ha reconocido que los valores religiosos pueden ser también acondicionadores de que unas personas sean sarcásticas o no. Por ejemplo, según las normas dictada por la Biblia y el Corán, los seguidores de estas religiones no podrían utilizar el sarcasmo para ridiculizar a las demás personas.

5. SARCASMO EN EL NIÑO

La competencia lingüística parece que se supera un poco más. Esto se extrae, al menos, de un reciente estudio de la Universidad de Montreal (2010), que afirma que los niños comprenden, e incluso saben utilizar, el sarcasmo desde la temprana edad de los cuatro años. En la investigación se tomó como muestra 39 familias, todas formadas por los dos progenitores y dos hijos, de edades comprendidas entre los cuatro y los seis años de edad.

Estos resultados se oponen a los anteriores, que eran extraídos de indagaciones realizadas en el laboratorio con escenarios hipotéticos. Estos señalaban que el sarcasmo era adquirido, en condiciones normales, por niños de, como mínimo, 8 o 10 años de edad.

No obstante, es un factor relevante la madurez mental del niño en este asunto. Hay quienes son capaces de captar desde muy temprano el sarcasmo y otros, en cambio, no lo hacen hasta más tarde. Las transformaciones cerebrales que propician la maduración aparecen en unos antes que en otros. En este sentido es llamativo que, por lo general, las niñas maduran, tanto física como mentalmente, antes que los niños.

Ahora bien, la maduración está sujeta a procesos biológicos. Hay niños que padecen de alguna enfermedad que les impide manejar el sarcasmo. Es el caso, por ejemplo, de los niños que sufren el síndrome de Asperger, una enfermedad que forma parte del espectro de trastornos autísticos y que afecta, sobre todo, sus relaciones sociales.

En conclusión, el niño desde muy joven consigue entender y emplear el sarcasmo, según se desprende de un novedoso estudio. A esta información se oponen los resultados tradicionales, que aún hoy no están del todo olvidados. Habrá que ver cómo evolucionan las investigaciones sobre esta cuestión en los próximos años.

III. CONCLUSIÓN

El sarcasmo es, por lo tanto, un tipo de ironía que presenta un contraste entre lo dicho y lo que se quiere decir. Normalmente es más común encontrar sarcasmo de forma oral y en situaciones informales, puesto que por un lado la entonación y expresión facial inciden mucho y por otro lado no sería adecuado formular un sarcasmo en determinados contextos formales. Sin embargo, el sarcasmo se halla también en la escritura (en la literatura hay muchos ejemplos). Cada persona tiene las capacidades de entender el sarcasmo desde muy joven, excepto quien tiene lesiones en una de las muchas partes del cerebro en que se procesa. Además el sarcasmo está presente en todas las culturas, aunque su uso pueda variar según la educación u otros factores.

El sarcasmo pretende dar a entender una opinión o una crítica indirecta. Puesto que las críticas son actos amenazadores para la imagen positiva del destinatario, el sarcasmo intenta preservar la armonía en las relaciones interpersonales. Dejando así que las otras personas entiendan indirectamente, se aligere el peso negativo y se mantenga la imagen de los demás.

  1. BIBLIOGRAFÍA

De Espronceda, José (1993): «El estudiante de Salamanca; El diablo mundo», Castalia: Madrid.

Haverkate, Henk (1985): «La ironía verbal: análisis pragmalingüístico», Revista Española de Lingüística, 15, 2, pp. 343-191.

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1 Esta marca se está extendiendo por muchos países.

2 Este cantante dijo: «Nunca se han visto las piramides [sic] de egipto [sic] tan poco transitadas, ojala [sic] que pronto se acabe la revuelta».

Alexia Batonnet, José Manuel Borrallo, Beatriz Burdman, Yosselyn Castillo, Nerea Cortázar, Antonio Gutierréz, Francesca Gobi, Pedro Mármol, Matilde Morales, Wei Tao, Leticia Perulero, Eva Varas


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