Literatura desde la edad media hasta el boom latinoamericano






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fecha de publicación16.04.2016
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LITERATURA DESDE LA EDAD MEDIA HASTA EL BOOM LATINOAMERICANO

La necesidad de comunicación es propia de todo ser vivo, los animales y los seres humanos tienen cada uno su forma de hacerlo. A diferencia de otros animales, el ser humano a demás de los gestos y el habla ha logrado plasmar sus sonidos de forma gráfica, lo cual nos ha llevado hacia el inicio de la literatura. El humano escribe por necesidad o por gusto pero durante la época del oscurantismo la iglesia católica se encargó de que los textos escritos con fin científico y que negaban o cuestionaban la existencia de Dios fueran destruidos, por lo tanto solo textos de carácter religioso sobrevivieron, de estos de empezaron a derivar los románticos y después de la era de la iluminación se empezó a escribir literatura fantástica.

Por cuestiones de falta de conocimiento, todas las corrientes literarias como el barroco, el renacimiento, el romanticismo, etc, se conocieron en España, por lo tanto de forma inevitable para hablar de la evolución de la literatura hay que empezar con España.

La literatura española comienza con las primeras poesías en lengua romance castellano.

Durante el Imperio Romano la Unidad Lingüística la constituía el Latín y la Política estaba centrada en Roma. Después de la caída del Imperio Romano, las regiones fueron cambiando su lengua, evolucionando y modificándose con influencias de los pueblos primitivos y de las lenguas de los invasores, Así nacieron las lenguas derivadas del latín vulgar que se hablaba en las provincias, llamadas Lenguas Romances, entre las cuales están el castellano, el francés, el provenzal, el portugués, el sardo, el italiano, el catalán y el rumano; aunque Durante varios siglos de la era cristiana los textos seguían escribiéndose en latín.

La obra más antigua en romance castellano que se conserva es el Poema o Cantar de Mio Cid, del Siglo XII (Hacia 1140).

Se sabe que hubo en la Península Ibérica manifestaciones anteriores de poesías primitivas, de las que ha quedado poca documentación escrita. Generalmente eran algunas poesías amorosas cantadas por trovadores, en lengua galaico-portuguesa o en romance castellano.

Debido a estas influencias, a el cambio cultural y las invasiones, la literatura fue evolucionando pasando por las famosas épocas conocidas como el mester de juglaría, mester de clerecía, llegando a la época del teatro medieval, el cual en mayor parte trataba obras exclusivas de carácter religioso y unas muy pocas que no por lo tanto se le calificaban como paganas; las cuales hablaban sobre pensamiento de antiguos griegos y también el teatro callejero que era interpretado en las esquinas por los juglares y comediantes.

Se han hallado 147 versos divididos en cinco escenas que representan el nacimiento de Cristo, la estrella que guía a los tres Reyes Magos: Gaspar, Baltasar y Melchor, su ida a Belén, su encuentro con Herodes y la consulta a los rabinos.

Cronológicamente es el texto que sigue en fecha al Poema de Mio Cid.

a finales del siglo XIX se da el inicio del modernismo gracias a conocidos autores como José Martí, Rubén Darío y José Asunción Silva, dejando atrás el estilo de la literatura europea. Se considera como el momento de mayor auge de la literatura hispanoamericana con el denominado Boom a partir de 1940 y que corresponde con la literatura del realismo mágico o real-maravillosa. Para tener una idea un poco mas clara el autor José Donoso ofrece una clara explicación del fenómeno en su obra autobiográfica Historia personal del Boom.

Entre los escritores fundamentales de la primera etapa de este movimiento se encuentran, fuera de los ya mencionados, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Horacio Quiroga, Manuel Puig, Juan Carlos Onetti, Pablo Neruda, César Vallejo, Ciro Alegría, José Carlos Mariátegui, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, José Vasconcelos Calderón, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Augusto Roa Bastos y Miguel Ángel Asturias.

Cualquier forma de tratar de explicar la literatura hispanoamericana nos lleva a hablar sobre un par de aspectos un poco contradictorios: la unidad y la diversidad; la unidad de las letras hispanoamericanas viene dictada por la comunidad del idioma, por el hecho inevitable e indiscutible de compartir el español como idioma. En cuanto a la diversidad, puede decirse que es la consecuencia de la forma histórica y política con que se formaron dichas naciones. Es por esto que en el contexto latinoamericano la clasificación literaria por grupos nacionales pierde de vista las afinidades entre movimientos, la confluencia de estilos, la idéntica preocupación por una temática, la unidad, en conclusión, es un hecho literario que se expresa en una misma lengua con una magnifica y variada gama de particularidades regionales.

Cabe anotar que la denominación de literatura hispanoamericana se concentra en la literatura producida en lengua española, a diferencia de la iberoamericana que, además de incluir la producción europea, reconoce el aporte peninsular (portugués y español) en la conformación de estas literaturas.

Aunque al hablar de literatura hispanoamericana no se puede olvidar el hecho de que se le consideró literatura únicamente a los textos redactados y publicados en lengua española, como lo expresa el muy preocupado autor Enrique Anderson Imbert; el cual afirma que se descartaron totalmente las producciones literarias en lenguas indígenas y otros idiomas, por poner un ejemplo, a escritores hispanoamericanos que escribieron en latín como Rafael Landívar, en francés como Jules Supervielle o César Moro, o en inglés como Guillermo Enrique Hudson nunca se les tuvo en cuenta.

Ya para entrar en detalle con el boom latinoamericano hay que mencionar que se trata de uno de los hechos históricos en la literatura hispanoamericana más importante pues contribuyó a marcar su desarrollo en el continente americano.
A partir de 1960 ocurre en las letras hispánicas un fenómeno: la aparición de un grupo numeroso de escritores jóvenes, narradores y novelistas. Algunos de ellos fueron críticos literarios y escritores, los cuales hacían las explicaciones, valorizaciones y críticas de las obras de sus compañeros.
Otro dato que vale la pena anotar fue la gran cantidad de lectores que surgió en esa época, quienes leían con avidez las novelas de éstos escritores.
Casi ocho décadas después, irrumpe en el panorama literario de nuestra lengua un cuerpo narrativo hispanoamericano de singular novedad y calidad. En 1964 y 1965, el crítico Ángel Rama y el escritor Carlos Fuentes designarían a esa poderosa e influyente presencia como nueva novela, expresión literaria que se venía gestando desde la década de 1940.
El súbito e inesperado éxito internacional de esa novelística, cuyo ápice fue la década del 60, superó su definición original, sus marcos, obras y protagonistas, popularizándose como el boom de la nueva narrativa hispanoamericana. Sus parámetros y aportes son muy diferentes a los del modernismo, sin cuya fundamentación seminal es difícil imaginar que se hubiese producido.
El contexto social e histórico y las posibilidades de comunicación y difusión actuales, facilitaron la vigencia y trascendencia del boom, que no debe considerarse un movimiento, como el modernismo. El carácter que más le conviene, con sus afinidades, diversidad y divergencias, es el de un impulso fundador. Ese impulso está despojado de servidumbres a la técnica y la temática. Su singularidad es producto de una profunda devoción por la palabra y el tratamiento del lenguaje. Su arquitectura fragua una extraordinaria intención expresiva sin ataduras a modelos establecidos, que se alimenta de la reivindicación de libertad, individualidad y autenticidad de sus protagonistas.
El boom es, desde la pluralidad de su creatividad, ganancia que asume, decanta e incorpora sin reservas los aportes más permanentes de la creación contemporánea, sin por ello vacilar en hacer suyo lo más depurado de la gran tradición literaria. Para ello desconoce todo tipo de dependencia a modelos establecidos, y al hacerlo, determina que su modelo sea el de la imaginación y oficio de cada uno de sus autores.
El salto mortal del boom es hacia su propia esencia, a partir de la superación del realismo de la narrativa regionalista e indigenista, imperantes en la literatura hispanoamericana durante las tres primeras décadas del siglo. Ese coherente cuerpo narrativo comenzaría a fracturarse a partir de los aportes de algunos de nuestros escritores volcados en la experimentación y acogidos a las vanguardias. Su giro lo materializan con una obra distinta Vicente Huidobro, Jaime Torres Bodet y Oliverio Girondo, autores de Cagliostro, Proserpina rescatada y En la masmédula, respectivamente. Su ruptura da entrada, entre otros, a técnicas narrativas y recursos formales como el monólogo interior y la renovación de lenguaje.
Lo más significativo de los años 40 es el distanciamiento de la novela realista, singularmente en el tratamiento temático, referente espacial y experimentación con el lenguaje. Fue el genio de Jorge Luis Borges el que precisó las nuevas constantes narrativas en varios de sus ensayos. Sobresale en ese regio cuerpo interpretativo su prólogo a La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, que el crítico Emir Rodríguez Monegal consideró una especie de "manifiesto de la nueva literatura".
Figuras centrales de los 40 son Borges, con El jardín de los senderos que se bifurcan, Ficciones y El Aleph; Bioy Casares, con Plan de evasión; Miguel Ángel Asturias, con El señor presidente; Agustín Yáñez, con Al filo del agua; Ernesto Sábato, con El túnel; y Alejo Carpentier, con El reino de este mundo.
La renovación que comenzó en la cuarta década del siglo, en que lo fantástico fue fundamental, se incrementaría con la incorporación de nuevos creadores en los años 50. La creación literaria se enriqueció con autores como Juan Carlos Onetti, con La vida breve, Los adioses y Para una tumba sin nombre; Juan Rulfo, con Pedro Páramo; Gabriel García Márquez, con La hojarasca; Carlos Fuentes, con La región más transparente; y José María Arguedas, con Los ríos profundos.
La consolidación de la nueva narrativa ocurre en la década de 1960, edad dorada de la nueva novela, el gran momento del boom, época en que se percibe un inesperado interés y demanda por nuestra creación en Europa y Estados Unidos. Jugó un papel clave en esa difusión la española Editorial Seix Barral y su Premio Biblioteca Breve. Ambos darán a conocer la nueva legión de narradores y reafirmarán las posiciones protagónicas de sus antecesores.
Obtienen el premio y la fulminante popularidad: Vargas Llosa, con La ciudad y los perros; Vicente Leñero, con Los albañiles; Guillermo Cabrera Infante, con Tres tristes tigres; Carlos Fuentes, con Cambio de piel; y José Donoso, con El obsceno pájaro de la noche. Los premios internacionales y las traducciones se suceden para todos estos novelistas. De igual suerte, se publican obras emblemáticas de la nueva novela: Rayuela, de Cortázar; Cien años de soledad, de García Márquez; El astillero, de Onetti; Hijo del hombre, de Augusto Roa Bastos; Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato; La muerte de Artemio Cruz, de Fuentes; Conversación en la catedral, de Vargas Llosa; y Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez. También inician su andadura figuras como Severo Sarduy, con Gestos, y Manuel Puig, con La traición de Rita Hayworth.
Aunque la figura central del boom es García Márquez y su obra Cien años de de soledad, publicada en 1967, hay muchos autores y obras anteriores a esa fecha, que se han vinculado a este fenómeno. El cubano Alejo Carpentier, por ejemplo, o el argentino Julio Cortázar, ya estaban consagrados como escritores. Sin embargo, no habían sido "masificados", fenómeno que sólo ocurrió a partir de los 60. Durante la década del sesenta se produjo un crecimiento notable de la literatura latinoamericana, que decantó en un vasto reconocimiento mundial, tanto desde la crítica especializada como desde el público. La aparición de por lo menos una docena de excelentes novelas que poblaron un espacio antes desierto, dio pie a una renovación de nuestras letras y logró llevar nuestra literatura alrededor del mundo.

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