Alrededores de la literatura hispanoamericana Octavio Paz






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títuloAlrededores de la literatura hispanoamericana Octavio Paz
fecha de publicación30.05.2015
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Alrededores de la literatura hispanoamericana

Octavio Paz


Todos tenemos una idea más o menos clara del tema de nuestra conversación. Cierto, es uno y múltiple, sus orígenes son obscuros. Sus límites vagos, su naturaleza cambiante y contradictoria, su fin imprevisible. No importa: todas estas circunstancias y propiedades divergentes se refieren a un conjunto de obras literarias: poemas, cuentos, novelas, dramas, ensayos escritos en castellano en las antiguas posesiones de España en América. Ese es nuestro tema. Las dudas comienzan con el nombre: ¿literatura latinoamericana, iberoamericana, hispanoamericana, indoamericana? Una ojeada a los diccionarios, lejos de disipar las confusiones, las aumenta. Por ejemplo, los diccionarios españoles indican que el adjetivo iberoamericano designa a los pueblos americanos que antes formaron parte de los reinos de España y Portugal. La inmensa mayoría de los brasileños e hispanoamericanos no acepta esta definición y prefiere la palabra latinoamericano. Además, Iberia es la antigua España y también, un país asiático de la Antigüedad. ¿Por qué usar un vocablo ambiguo y que designa a dos pueblos desaparecidos para nombrar una realidad unívoca y contemporánea? Indoamericano ni siquiera aparece en los diccionarios españoles aunque sí figuran indoeuropeo e indogermánico. En cambio, esos mismos diccionarios registran una fea palabra: amerindio. A ningún maya o quechua le ha de gustar saber que es un amerindio. De todos modos, indoamericano no sirve: se refiere a los pueblos indios de nuestro continente: su literatura, generalmente hablada, es un capítulo de la historia de las civilizaciones americanas.
La palabra latinoamericano tampoco aparece en la mayoría de los diccionarios españoles. Las razones de esta omisión son conocidas; no las repetiré y me limitaré a recordar que son más bien de orden histórico y patriótico que lingüístico. Si latino quiere decir, en una de sus acepciones. "natural de algunos de los pueblos de Europa en que se hablan lenguas derivadas del latín", es claro que conviene perfectamente a las naciones americanas que también hablan esos idiomas. La literatura latinoamericana es la literatura de América escrita en castellano, portugués y francés, las tres lenguas latinas de nuestro continente. Casi por eliminación aparece el verdadero nombre de nuestro tema: la literatura hispanoamericana es la de los pueblos americanos que tienen como lengua el castellano. Es una definición histórica pero, sobre todo, es una definición lingüística. No podía ser de otro modo: la realidad básica y determinante de una literatura es la lengua. Es una realidad irreductible a otras realidades y conceptos, sean estos históricos, étnicos, políticos o religiosos. La realidad literatura no coincide nunca enteramente con las realidades nación, estado, raza, clase o pueblo. La literatura medieval latina y la sánscrita del período clásico –para citar dos ejemplos muy socorridos– fueron escritas en lenguas que habían dejado de ser vivas. No hay pueblos sin literatura pero hay literatura sin pueblo. Este es, por lo demás, el destino de todas las literaturas: ser obras vivas escritas en lenguas muertas. La inmortalidad de las literaturas es abstracta y se llama biblioteca.
La pintura está hecha de líneas y colores que son formas: la literatura está compuesta de letras y sonidos que son palabras. Si la literatura se define por la materia que la informa, el lenguaje, la literatura hispanoamericana no es sino una rama del tronco español. Esta fue la idea prevaleciente hasta fines del siglo XIX y nadie se escandalizaba al oírla repetida por los críticos españoles. Es explicable, hasta la aparición de los "modernistas" no era fácil percibir rasgos originales en la literatura hispanoamericana. Había, sí, desde la época romántica, una vaga aspiración hacia lo que se llamaba la "independencia literaria" de España. Ingenua transposición de los programas políticos liberales a la literatura, esta idea no produjo, a pesar de su popularidad, nada que merezca recordarse. La literatura hispanoamericana nació un poco más tarde, sin proclamas y como un lento desprendimiento de la española. Aparece primero, tímidamente, en las obras de algunos románticos. Pienso, sobre todo, en el memorable Martín Fierro de José Hernández. La ruptura la consuman los "modernistas". Pero los poetas "modernistas" negaron al tradicionalismo y al casticismo españoles no tanto para afirmar su originalidad americana como la universalidad de su poesía. Los españoles, por primera vez en nuestra historia, oyeron lo que decían los hispanoamericanos. Oyeron y contestaron: comenzó el diálogo de dos literaturas en el interior de la misma lengua.
¿Cuando empezamos a sentirnos distintos? Sor Juana Inés de la Cruz tenía conciencia de su ser americano y más de una vez llamó a México su patria pero tampoco dudó de su filiación: su obra y su persona pertenecían a España. Hacia esos años empieza a percibirse en la sensibilidad criolla un difuso y confuso patriotismo, una todavía obscura aspiración a separarse de España. En el siglo XVIII los jesuitas alentaron estos sentimientos y comenzaron a formularlos en términos de historia y política. La expulsión de la Compañía no detuvo el proceso aunque contribuyó a desviarlo: los criollos buscaron más y más en fuentes ajenas a su propia tradición una filosofía política que ofreciese un fundamento a sus aspiraciones separatistas. La encontraron en las ideas de la Revolución de Independencia de los Estados Unidos y en las de la Revolución Francesa. Sólo que estas ideas, al separarlos de España, también los separaron de sí mismos.
Cada uno de nuestros países pretende tener una historia literaria propia. Hay excelentes poetas y novelistas colombianos, nicaragüenses y venezolanos pero no hay una literatura colombiana, nicaragüense o venezolana. Todas esas supuestas literaturas nacionales son inteligibles solamente como partes de la literatura hispanoamericana. Lugones es incomprensible sin el nicaragüense Darío y López Velarde sin el argentino Lugones. La historia de la literatura hispanoamericana no es la suma de las inconexas y fragmentarias historias literarias de cada uno de nuestros países. Nuestra literatura está hecha de las relaciones –choques, influencias, diálogos, polémicas. Monólogos entre unas cuantas personalidades y unas cuantas tendencias literarias y estilos que han cristalizado en una obra. Esas obras han traspasado las fronteras nacionales y las ideológicas. La unidad de la desunida Hispanoamérica está en su literatura.
¿Cómo distinguir a la literatura hispanoamericana de la española? La aparente paradoja de la literatura hispanoamericana reside en que, escrita en castellano, sería manifiesta locura llamar escritores castellanos a Neruda, Güiraldes, Rulfo. La paradoja es aparente porque si es verdad que las literaturas están hechas de palabras, también lo es que los escritores cambian a las palabras. Los escritores hispanoamericanos han cambiado al castellano y ese cambio es precisamente la literatura hispanoamericana.
Por supuesto, no basta con hablar la lengua; la cultura no es una herencia sino una elección, una fidelidad y una disciplina. Rigor y pasión. No, las palabras que usamos los escritores hispanoamericanos salvo los localismos y las singularidades del estilo de cada uno no son distintas a las que usan los españoles; lo distinto es el resultado: la literatura.
¿Hay un lenguaje literario hispanoamericano distinto al de los españoles? Lo dudo. Por encima de las fronteras y del océano se comunican los estilos, las tendencias y las personalidades. Hay familias de escritores pero esas familias no están unidas ni por la sangre ni por la geografía sino por los gustos, las preferencias, las obsesiones.
Es indudable la existencia de la literatura hispanoamericana: las obras están allí, al alcance de los ojos y de la mente. Muchas de esas obras son notables y algunas entre ellas son de verdad únicas. También es indudable que esos poemas, novelas y cuentos sólo podían haber sido escritos por hispanoamericanos y que en esos libros el castellano, sin cesar de ser lo que es, no es ya el mismo que el de los escritores españoles. Agregaré que la literatura latinoamericana es una recién llegada. Es la más joven de las literaturas occidentales. Pobreza, violencia, opción, intolerancia, pueblos anárquicos, tiranos de todos los colores y el reino de la mentira, a la derecha y a la izquierda. También imaginación, sensibilidad, finura, sensualidad, alegría, cierto estoicismo ante la muerte y la vida. Las naciones americanas, cualesquiera que sean sus lenguas, son el resultado de la expansión de Occidente. Todos hablamos lenguas transplantadas.
Es imposible reducir la diversidad de las obras hispanoamericanas a unos cuantos rasgos característicos. ¿No ocurre lo mismo con las otras literaturas? ¿Quién podría definir qué es la literatura francesa, la inglesa, la italiana: Racine y Chateaubriand, Pope y Wordsworth, Petrarca y Leopardi: cada uno vive en un mundo distinto aunque haya escrito en la misma lengua. ¿Por qué empeñarse en definir el carácter de la literatura hispanoamericana? Las literaturas no tienen carácter. Mejor dicho: la contradicción, la ambigüedad, la excepción y la indeterminación son rasgos que aparecen en todas las literaturas. En el seno de cada literatura hay un diálogo continuo hecho de oposiciones, separaciones, bifurcaciones. La literatura es un tejido de aficiones y negaciones, dudas e interrogaciones. La literatura hispanoamericana no es un mero conjunto de obras sino las relaciones entre esas obras. Cada una de ellas es una respuesta, declarada o tácita, a otra obra escrita por un predecesor, un contemporáneo o un imaginario descendiente. Nuestra crítica debería explorar estas relaciones contradictorias y mostrarnos cómo esas afirmaciones y negaciones excluyentes son también, de alguna manera complementarias. A veces sueño con una historia de la literatura hispanoamericana que nos contase esa vasta y múltiple aventura, casi siempre clandestina, de unos cuantos espíritus en el espacio móvil del lenguaje. La historia de nuestras letras nos consolaría un poco del desaliento que nos produce nuestra historia real.

TRABAJO PRÁCTICO DE DIAGNÓSTICO

TÉCNICAS DE ESTUDIO

A partir de la lectura del ensayo de Octavio Paz, resuelve:

  1. Completa el siguiente mapa conceptual con la información obtenida en los DOS primeros párrafos del texto:















  1. Subraya las ideas principales del tercer párrafo del texto y responde:

  1. ¿En qué consistía la idea que se tuvo durante mucho tiempo sobre la literatura hispanoamericana?

  2. ¿Qué movimiento literario supuso una ruptura con dicha idea prevaleciente?

  3. ¿En qué obra, según Paz, puede vislumbrarse los primeros intentos del desapego con la literatura española?

  4. ¿Qué importante hecho tuvo lugar con la universalidad buscada por los “modernistas”?

  1. Tras la relectura del cuarto párrafo realiza una línea del tiempo que marque los sucesos relevantes que Octavio Paz marca como determinantes en la conformación de la identidad americana.

  2. De los párrafos quinto, sexto y séptimo, extrae la idea principal que resumiría el mensaje de cada uno de dichos párrafos:

5. ………………………………………………………………………………………………………………….

6. ………………………………………………………………………………………………………………….

7. ………………………………………………………………………………………………………………….

  1. Rodea las palabras “clave” de los últimos dos párrafos y realiza un resumen de la conclusión a la que llega Paz.

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