Departamento de lengua castellana: literatura






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títuloDepartamento de lengua castellana: literatura
fecha de publicación16.03.2016
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COLEGIO JORDÁN DE SAJONIA

DOMINICOS

DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA: LITERATURA

GUÍA II BIMESTRE

DOCENTE: MARÍA DEL PILAR CASTIBLANCO

ESTUDIANTE:

CURSO: 8 A B C

FECHA:
Analizar en la literatura del Romanticismo y Costumbrismo en Colombia la expresión de los rasgos literarios y socioculturales para una comprensión literal, inferencial y crítica.

El Romanticismo Colombiano

Fue un periodo filosófico, artístico y literario que apareció en Europa a principios del siglo XIX extendiéndose rápidamente por todo el viejo mundo para refugiarse en su última decadencia en América Latina, donde vive su último momento de esplendor hacia la segunda mitad del siglo XIX.

La situación de la Literatura Colombiana en la segunda mitad del siglo XIX se caracteriza por la imitación de las formas estilísticas predominantes en las literaturas Europeas, especialmente de la Inglesa y la Francesa. En 1850, cuando ya el romanticismo era prácticamente cosa caduca en Europa, en Bogotá, la "Atenas Suramericana", estaba en todo su furor.

Hacia 1850 el país, con unos partidos políticos en formación se agitaba entre el ansia de reforma y la lucha por sostener la tradición de unas estructuras coloniales. El afán reformista de liberales, comerciantes y artesanos dio lugar al surgimiento de una vasta literatura política de corte radical y a la adopción de la herencia romántica Europea creada al calor de la Revolución Francesa de 1848, que llenó de expectativas políticas especialmente a los artesanos y a jóvenes universitarios; y al surgimiento de movimientos y teorías políticas de tendencia utópica, como la producida por las Escuelas de Blanc, Saint Simon y Fourier. Muchos de los seguidores de éstas tendencias partían del principio de que el Progreso seguía una línea indefinida hasta culminar en un Estado Democrático y Cristiano.

No es gratuito pues, que al calor de estas ideas, la influencia del romanticismo francés se asentara con todo su rigor en los espíritus colombianos de la época y, como lo argumentan distintos historiadores, que tanto liberales como conservadores leían con avidez a los más grandes poetas y novelistas franceses del momento. Loe escritores españoles, gracias al sentimiento antiespañol que predominaba en el país después del proceso de independencia, fueron prácticamente relegados, aunque algunos escritores peninsulares lograron su público, entre éstos, pueden mencionarse a Zorrilla, Espronceda y el Duque de Rivas.

Entre los Franceses ocupó el primer lugar Lamartine con sus discursos contra el ateísmo; Victor Hugo que influyó profundamente en la ideología popular con "Los Miserables" y con "Nuestra Señora de París"; Eugenio Sué conmovió los espíritus de los liberales con "El Judío Errante", en el que presenta a los Jesuitas como serios enemigos de la sociedad y, con "Los Misterios de París" que tuvo tal acogida que en 1848 se publicó "Los Misterios de Bogotá" obra del escritor Eladio Vergara y Vergara quien pinta en sus líneas el contexto Bogotano de 1827 a 1830 y los sucesos políticos de la época, al tiempo que muestra todo lo nocivo de la sociedad santafereña que acababa de salir de los acontecimientos de la Independencia.

Los temas de la Novela y la Poesía Colombiana de la segunda mitad del siglo XIX se trabajaron de acuerdo con los modelos románticos europeos: Predominaban en ellos la fatalidad, la muerte, los sentimientos amorosos; así mismo se rindió culto a lo nacional y lo histórico, siendo éste el punto más importante y rescatable de la influencia romántica Europea, es decir, se adaptaron los temas a las realidades y a la búsqueda de referentes que mostraran una identidad nacional, aludiendo y descubriendo elementos autóctonos perdidos en las leyendas y tradiciones regionales, en los relatos bélicos, etc., y en los libros de cronistas. Se recupera pues, el pasado histórico y se despierta el gusto por el sabor local.

En este sentido, la primera novela de género histórico publicada en el país fue la de Juan José Nieto titulada "Ingermina o la Hija del Calamar", en la cual se narran los amores de una princesa indígena con el español Alonso de Heredia. Su autor había leído a Walter Scott y es fiel a su técnica literaria.

En 1841 aparece "El Oidor, romance del siglo XVI" de José Antonio Plaza, su autor estudia "El Carnero" de Rodríguez Freyle y de su contenido abstrae los temas de su novela. El escritor Felipe Pérez es considerado como el máximo exponente de la novela histórica romántica en Colombia. Para sus obras literarias se documenta de la historia peruana y escribe "Huayna Capac", "Atahualpa" y "Los Pizarros", trabajos elaborados después de leer "Comentarios Reales" del Inca Garcilaso de la Vega y la "Historia de la Conquista del Perú" de William Prescott. En 1875 Pérez publica "Los Gigantes" sobre la sociedad Chibcha, en la cual trata al español como una raza cansada frente a la joven y fuerte raza indígena. Otras obras del mismo autor fueron: "Los Pecados Sociales", "El Caballero de Rauzan" cuya acción y trama transcurren en Inglaterra mostrando ya un acercamiento a la novela psicológica.

En 1871 aparece la novela "Don Alvaro" de José Caicedo y Rojas, basando su argumento en la obra del Duque de Rivas ("Don Alvaro o la Fuerza del Sino"), aunque narra las costumbres señoriales y caballerescas de los primeros años de Santa Fe de Bogotá.

La única mujer que figura con nombre en este período de la literatura colombiana es Soledad Acosta de Samper con obras como: "José Antonio Galán", "Juan Francisco Berbeo" y "Los Piratas en Cartajena", en las cuales se considera que predomina en ellas lo histórico, lo documental y lo novelesco romántico.

Tanto las obras Colombianas como las Francesas fueron publicadas por entregas en los periódicos de la época, canal por el cual llegaron a ciertos sectores alfabetos de las clases populares que además, pudieron acceder a la lógica de sus contenidos gracias al tratamiento lineal y cronológico del asunto, que en la práctica permitió que muchas de estas obras narraran o por lo menos, la esencia del argumento se trasmitiera oralmente.

En esta época se da pues, el florecimiento de la imprenta, de los periódicos, las tertulias (en los estancos y boticas), en librerías y en ello observa Jaime Jaramillo Uribe, el germen de la formación de una opinión pública. En este orden de ideas, Francois - Xavier Guerra afirma que este es uno de los espacios en los cuales se evidencia la puesta en escena de las sociabilidades modernas y el manejo de los recursos que apuntan a la construcción de un pensamiento político que argumenta y representa desde su óptica y perspectiva la asimilación o lectura desde el contexto colombiano la modernidad Europea. (GUERRA, Francois-Xavier. Lugares, Formas y Ritmos de la Política Moderna. En: Boletín de la Academia Nacional de Historia. Tomo, LXXII. No. 285. Caracas, Enero-Mayo de 1989. p83).

Es importante tener en cuenta que otra de las razones para entender la penetración y el auge de la novela romántica en Colombia se debe en buena medida al tipo de personajes que estas presentaban: Los Oprimidos, los pobres, los miserables, los huérfanos, el rebelde, la prostituta, la mujer adultera que se redime, etc. La novela romántica en cuanto réplica burguesa, en términos generales, exalta el cristianismo como la religión de los oprimidos, es su tabla de salvación, lo único que queda o subsiste después de que las relaciones capitalistas han corroído hasta los lazos familiares y erigido su dios: El dinero.

En los periódicos colombianos del período en cuestión, eran frecuentes las polémicas sobre el espíritu cristiano y democrático, así por ejemplo en Abril de 1849, El Cartagenero decía: "Jesucristo apareció, no a decir una nueva palabra que ya estaba dicha (por Sócrates que convirtió el linaje humano en una sola familia) sino a explicarla, a promulgarla y a hacerla triunfar. Él le dijo al mundo: Dios es el Padre de todos los Hombres, llamó su hermano a cada hombre y estableció como concepto el amor recíproco. He aquí completamente establecidos tres principios inmensos, sobre los que descansa la democracia: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Es decir que ellos emanan directamente del verdadero cristianismo".

En definitiva, podemos afirmar que el romanticismo hizo volver los ojos sobre la realidad propia, era la época en que se perfilaba en el país el nacimiento de una burguesía que luchaba por reafirmarse como clase dirigente intentando construir los cimientos socio culturales y políticos de la nación y de la nacionalidad.

El Romanticismo, la Literatura Utópica y el Liberalismo en Colombia.

La intención puntual de este aparte del escrito no es otra que mostrar desde distintos planteamientos algunas inquietudes sobre la coexistencia de estas tres corrientes de pensamiento en un momento específico de nuestra vida nacional, concretamente en los años que corren de 1850 a 1870.

En este sentido, el Liberalismo radical que predominaba en la vida colombiana se había nutrido de las fuentes del iluminismo francés de 1789, entre los cuales dejó profunda huella el pensamiento de Jean Jacques Rousseau a quien después de los años cincuenta del siglo XIX, se le cita para dirimir asuntos religiosos, especialmente sobre la tolerancia. Sin olvidar la influencia de la escuela Liberal Inglesa Lockiana, es necesario agregar que la otra fuente fueron los ideólogos y los sucesos del movimiento revolucionario francés de 1848, con los que llegan al país las ideas del Socialismo Utópico; el romanticismo, como ya se afirmó, había incursionado en la literatura Colombiana desde 1840.

Sobre la influencia de Rousseau en pensadores nuestros Jaime Jaramillo Uribe afirma: " Sólo dos escritores colombianos demuestran admiración y trato frecuente con las obras de Rousseau en los años posteriores a 1840. Son precisamente dos poetas de inspiración romántica: José Eusebio Caro y Rafael Nuñez. Caro es decididamente admirador de Rousseau, del Juan Jacobo precursor del romanticismo, del hombre atormentado por las dudas, pero capaz de dirigir geniales miradas al mundo del sentimiento y del espíritu (...) Rafael Nuñez se enfrenta con la figura del Ginebrino con espíritu más crítico y realista (...) en unas notas dedicadas al autor del Contrato Social evoca la admiración que tuvo por él en su juventud: (...) de los "Pensamientos" conservamos a través de medio siglo numerosos recuerdos. El capítulo dedicado a Dios se nos grabó con carácter indeleble y podíamos trasladarlo en este momento íntegro al papel (...)"

Sobre la coexistencia y puntos de contacto entre liberalismo romanticismo, el mismo Jaramillo Uribe precisa: "(...) de la amplia gama de manifestaciones que tuvo la influencia romántica francesa en la coyuntura cultural de 1850 las más destacadas se dieron sin duda en las actitudes y el pensamiento político, y en este campo particular, dos conceptos, muy característicos del romanticismo político y social tuvieron especial fuerza sentimental y por lo tanto, especial poder de influencia práctica. El uno fue el concepto de pueblo; el otro la interpretación romántica del cristianismo (...)"

Las influencias recíprocas de románticos y liberales eran pues visibles, en un articulo de prensa se le atribuye a Miguel Antonio Caro, publicado en 1872, éste decía:" Victor Hugo es hoy para la Escuela Liberal una especie de ídolo ante el cual se postra y se adora. ¡ Lo dijo Victor Hugo! Exclaman, y es como si hubiera hablado en oráculo." En este orden de ideas, para la segunda mitad del siglo XIX, se puede perfectamente hablar de romanticismo político en Colombia y aún, afirmar que aquí se dio una mezcla ecléctica de romanticismo, liberalismo, cristianismo y utopismo.

"(...) Muchos de los espíritus que contribuyeron a la transformación legislativa de 1849, formados en la literatura política francesa, romántica y cargada de utopismo, llegaban a consagrar en una constitución nacional el derecho a resistir en forma armada al Estado, llevando así hasta sus últimas consecuencias lógicas el concepto puro de Libertad (...)"

El Socialismo Utópico de Blanc, Fourier, Owen, Saint Simon, tuvo también furiosos partidarios en nuestro país, no sólo entre los artesanos sino entre los mismos liberales. Hablando de "La Escuela Republicana", una asociación de jóvenes liberales, dice José María Samper :"Puede decirse que la Escuela Republicana fue la crisálida del Partido Radical (...) todos éramos en ella socialistas sin haber estudiado el Socialismo ni comprenderlo, enamorados de la palabra, de la novedad política y de todas las generosas extravagancias de los escritores franceses (...)

Los artesanos y en especial, el grupo bogotano, empieza hacia la segunda mitad del siglo XIX a tener gran presencia e importancia social y política; en el 49 logran con sus presiones la elección presidencial de José Hilario López y se constituyen las llamadas "Sociedades Democráticas" que rápidamente se expandieron por las principales ciudades del país. Este grupo adopta las ideas liberales pero también recibe alborozado las influencias de románticos y utópicos. Esa literatura francesa sirvió de base al movimiento artesanal que con los radicales llevó al poder al liberalismo y que posteriormente, rota ya la alianza, admiración y desencantados con la política liberal librecambista, llevan al poder a José María Melo en un intento por construir una "República Artesanal" en Colombia.

La lucha de los artesanos contra la burguesía comerciante, estuvo enmarcada o matizada en las ideas del Anarquismo Proudhonista y el Socialismo Utópico. Sobre la relación entre romanticismo y Socialismo Utópico, Jaime Jaramillo es contundente al afirmar: "El Movimiento Socialista, antes de Marx, no era sino una variante del romanticismo –y más adelante agrega- el pathos romántico cristiano del pensamiento social del 48, tal como se presentaba en las figuras más influyentes en Francia y en los países que recibían su influencia, fue precisamente el que dio al movimiento el tono de utopismo y sentimentalidad agresiva que tanto alarmaban a las mentalidades conservadoras de la época (...)"

El programa de las Sociedades Democráticas estaba inspirado, como muchas obras románticas, en las ideas que agitaron a Francia en 1848. Los artesanos pretendían: Educación para el Pueblo fundando Escuelas de enseñanza artesanal y clubes donde aprendieran a leer y escribir; predicaban la libertad, la igualdad, la lucha contra la usura, el valor moral del trabajo, las virtudes cívicas y morales como la temperancia, etc. Las ideas socialistas envueltas en un ropaje romántico tuvieron su expresión en un periódico bogotano llamado "El Socialista amigo del Pueblo" en el cual se decía: "El divino escritor Dumas dijo que la religión cristiana sin comunismo era un castillo en el aire (...) el comunismo hace caminar la religión porque nuestro Señor Jesucristo fue el jefe del comunismo práctico, dividiendo con sus discípulos el pan y el vino en la última cena (...) soy socialista porque el código social de Robert Owen, que es el padre del Socialismo, es la doctrina social de Sócrates, Platón, Aristóteles y Jesucristo (...)

Los artesanos, además de los socialistas utópicos, leían toda la literatura romántica, especialmente a Lamartine por su especial mirada al cristianismo y a Victor Hugo, por los aspectos sociales de su obra, además muchos de ellos se atrevieron a publicar composiciones poéticas que oscilaban entre lo romántico y lo social y, que daban satisfacción a sus pretensiones intelectuales, en las cuales alababan al movimiento artesanal y llamaban a la unidad, otras denunciaban las condiciones por las que estaba pasando el artesano gracias a la política librecambista como por ejemplo, la del artesano José María Garnica:

"Infeliz patria, hasta cuando

cesará nuestro desvelo,

nuestros hijos por el suelo

y los amigos mamando!

Nos traen mesas, taburetes,

Canapés, escaparates,

Baúles, ligas, fuetes,

Y multitud de juguetes

Conque barren nuestros reales (...)"

En síntesis, con lo expuesto en líneas atrás, es posible enunciar algunas ideas concluyentes sobre la relación estrecha que se dio entre esas tres corrientes de pensamiento que, hacia finales de la primera mitad del siglo XIX y en los años siguientes, coexistieron en nuestro país:

  • Confianza en la esencia bondadosa del hombre. Para muchos de estos pensadores el hombre es bueno por naturaleza. La bondad originaria del hombre había sido expuesta por Rousseau en el "Emilio". El hombre se corrompe a través del contacto con instituciones civilizadas como la propiedad.

  • Culto a la libertad total. La libertad propugnada por románticos y utopistas fue llevada por nuestros liberales al extremo de consagrar en una Constitución el derecho de resistencia a la autoridad, aún por medio de las armas. Victor Hugo había dicho: "El romanticismo no es en el fondo m{as que el liberalismo en la literatura, la libertad en el arte, la libertad en la sociedad, este es el doble fin al que deben tender todos los espíritus consecuentes y lógicos".

  • Creencia en un progreso indefinido en donde finalmente se impondrá la armonía en forma de república democrática y cristiana.

  • Creencia en un Estado de Derecho como réplica al ejercicio del poder personalista.

  • Limitación al ejercicio del poder: "Es preciso que los hombres de Estado se resuelvan a gobernar lo menos posible, confiando en el buen sentido popular y en la lógica de la libertad."

  • Fe en el cristianismo como doctrina unificadora de la sociedad y en la figura de Jesucristo como redentor de los humildes.

  • Énfasis en los aspectos nacionales que pueden constituir factores de unidad, lengua, tradiciones, creencias religiosas, interés por el conocimiento del territorio, etc.

  • Reivindicación de las glorias y héroes de la vida nacional. Si bien, nuestros liberales radicales en su afán reformista abrazaron un fuerte antihispanismo, lo cierto es que muchos de sus escritores ensalzaron héroes indígenas, próceres de la independencia, escribieron textos de gramática, jurisprudencia, filosofía, la mayoría de ellos, buscando recuperar y fortalecer aspectos que no podían negarse como constitutivos de la nacionalidad.

  • Creencia en la educación como fórmula salvadora para los pobres y como puente para acortar las desigualdades sociales.

Dos Hombres, Dos Ejemplos: José María Samper y Jorge Isaacs. Liberales Románticos.

La inclusión de estos personajes en el remate del presente escrito se hace básicamente por dos razones: Primero, porque su formación fue en buena medida, como la de muchos de sus contemporáneos: romántica; y en segundo lugar, porque ambos fueron representantes del liberalismo en su época, aunque la filiación del último fuera tardía.

En Jorge Isaacs, llama fundamentalmente la atención que, siendo éste un escritor romántico por excelencia y su obra cumbre "La María", la novela más importante de la literatura romántica de toda América Latina, hubiera muerto como autor de sólo una novela; sin embargo, en cuanto a lo político, Isaacs pasó del Conservatismo al Liberalismo y dentro de éste hizo el tránsito del Liberalismo Moderado Draconiano al Liberalismo Radical Gólgota. Jaime Mejía Duque, en su magnifico estudio sobre este personaje, da cuenta de cómo para Isaacs fue imposible superar esa emoción romántica que caracterizó su obra de juventud: Después de un éxito como el de María, basado en una concepción perfectamente romántica del mundo, era imposible acceder al costumbrismo provinciano y cerrado.

Para el romanticismo fue imposible mantenerse y sobrevivir en América después de la década de 1870: El ascenso del Neopositivismo, del Marxismo, del Realismo y del Naturalismo, acabaron con la pasión romántica. Algunos novelistas colombianos del período, adoptan esa forma de romanticismo tardío que fue el costumbrismo, así por ejemplo, se escribieron novelas como: "Manuela" de Eugenio Díaz, "Tránsito" de Luis Segundo Silvestre, "La Novela de la Historia" de Medardo Rivas y fundamentalmente cuadros de costumbres como: "Las Tres Tazas" de José David Guarín y "Mi Compadre Facundo" de Juan de Dios Restrepo.

"El costumbrismo fue sin duda, resultante de una de las categorías románticas que venía a coincidir con las tendencias exaltadoras y relevantes de lo típico regional, de la diferenciación nacional y de lo auténticamente propio."

Pero, para la mentalidad universalista y romántica de Isaacs tal paso no fue posible, es decir, sólo logra escribir después de "María" algunos versos todavía de corte romántico, se dedica al periodismo panfletario y luego, a la guerra civil. En síntesis, puede decirse que Isaacs no logra hacer una carrera propiamente como escritor, pese a ser considerado como clásico dentro de la novelística nacional. En este sentido, los argumentos expuestos por Jaime Mejía Duque al respecto son bastante elocuentes: "(...) En este mundo de acá, el de la periferia colonial, la inexistencia de una tradición literaria restaba de antemano a cualquier individuo como Isaacs la oportunidad alternativa de compensar la pérdida de aquella primera y nutricia concepción del mundo"

Si bien la obra de Isaacs es una novela totalmente acrítica de su sociedad y de su tiempo, la verdad es que ante la imposibilidad de trascenderla, el autor, se vuelve un crítico de su sociedad; pasa del Conservatismo al Liberalismo Radical tomando el camino de las armas y participa con los ejércitos radicales en la guerra civil. Según Mejía Duque, "(...) en la concepción romántica hispanoamericana de marcado progresismo, la función de la literatura es definida como eminentemente de edificación política; aparece llamada a promover el perfeccionamiento de la vida republicana y democrática, a edificar moral y políticamente al ciudadano, a denunciar y castigar las deformaciones del régimen político prevaleciente o de los residuos del antiguo régimen (...)"

Empero, Isaacs prefiere las armas y la política, llega a ser Representante a la Cámara Baja, donde presenta un proyecto para lograr la salubridad y embellecimiento de Bogotá y para la construcción del Ferrocarril del Cauca y, en 1879, se establece en Medellín desde donde defiende los intereses regionales y la política liberal en un Periódico llamado "La Nueva Era" y entra de lleno a lo que él mismo llamaría la revolución radical en Antioquia que, terminará con un tratado y prácticamente sin ningún triunfo para el poeta y que si le valió la pérdida de su curul y de muchos amigos. Isaacs intentó escribir dos nuevas novelas, una sobre Bolivar de la cual nada se conserva y otra titulada "Camilo" de la que sólo quedan dos o tres capítulos.

El otro personaje Liberal Radical al que queremos referirnos es José María Samper, de educación puramente romántica como toda su generación y como él mismo lo confiesa: "(...) Al mismo tiempo empezaba yo a nutrir mi espíritu, desordenadamente o sin método, con lecturas de muy distintas escuelas: Las obras de Bernardino de Saint – Pierre y Chateubriand, de Lamartine, de Victor Hugo y Alejandro Dumas, y otros escritores franceses fueron enriqueciendo la luz de mi alma y multiplicando las impresiones que diariamente recibía (...) pero lo que más me impresionó fueron las lecturas de Walter Scott (...) acaso mi afición a escribir novelas fue engendrada principalmente por las tempranas lecturas de Walter Scott, Victor Hugo y Dumas que me dejaron muy hondas y durables impresiones (...)"

Este hombre y escritor, también cambió su vida y oficio, es decir, pasó de la Literatura a la Política pero con marcadas diferencias respecto a Isaacs. Samper escribió su primera novela "Martín Florez" pero en ella y en posteriores producciones opta por el romanticismo social (costumbrismo): "A la edad de 16 años escribí mi primera novela (...) la segunda escrita dos meses después, era verídica, como que pintaba a lo vivo costumbres domésticas y la intitulé "Los misterios de la casa de don Juan" por cuanto estaban de moda entonces Los Misterios de París y de todas las capitales posibles." Desde esta lógica, se puede afirmar que no había una perspectiva o concepción romántica insuperable, que en la práctica se hace evidente en Samper quien aún después de su ingreso a la política y en los lugares destacados en los que hizo nombre, continuó su producción literaria en verso y en prosa.

No es gratuito del todo el romanticismo y el pensamiento liberal que articulados y a su manera, en el pensamiento y expresiones de José María Samper, le atribuyan a él la denominación de Gólgotas a la facción Radical del Liberalismo. En un discurso pronunciado en la Escuela Republicana manifiesta: "(...) El Socialismo, señores, no es otra cosa que las lágrimas desprendidas de los ojos del Salvador en la cumbre gólgota (...)"

Sin duda, Samper dejó testimonio de la importancia y difusión logradas por el pensamiento romántico en Colombia: "(...) La publicación de mi primer libro, del que no hicieron caso los literatos titulados, bien que fue leído por la juventud y las mujeres, no sin agrado por lo que había cundido el romanticismo (...)"

Cuando Samper viaja a París, lleva una carta de presentación a Lamartine escrita por el ilustre profesor del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y pensador colombiano Ezequiel Rojas. En la ciudad Luz, Samper rinde homenaje al escritor francés y confiesa la admiración por su obra, no sólo personal, sino Colombiana y de "toda la América Española".

La mirada de Samper, desde su temprana juventud, se inclina hacia lo local, los paisajes y las costumbres: "(...) Lo que hizo brotar en mi alma la poesía como una flor (...) fue la educación determinada por el conjunto de admirables objetos que me rodean: El Magdalena que contenía lo formidable, el Gualí que era risa líquida (...) las arboledas, los huertos y los jardines de la ciudad (...) los cerros circunvecinos (...) los innumerables escombros de la ciudad en cuyo seno se abriga toda la elocuente melancolía del pasado (...)"

Por último, consideramos que el romanticismo cumplió un papel importante en la formación y expresiones del pensamiento político y literario de una variada estirpe de intelectuales a partir de 1840 y, que de una forma u otra, con su producción, actitudes y trabajos contribuyeron con la difusión de la modernidad, las sociabilidades modernas y con elementos fundamentales para la formación de nuestra nacionalidad. Empero, las distintas élites regionales en la disputa por el poder del Estado, utilizaron o difundieron el pensamiento romántico como bien lo necesitaron a lo largo de un espacio temporal que se prolonga más allá de la segunda mitad del siglo XIX.

COSTUMBRISMO COLOMBIANO

El costumbrismo surge en el siglo XIX en España como un cuadro descriptivo, en el que se crean escenas y tipos representativos de determinados estilos de vida. Nace como una preocupación por lo nacional y lo social. Su sentido es crítico frente a las costumbres más arraigadas de cada pueblo.

El costumbrismo en Colombia aparece entre los años 1830 – 1880. Fue cultivado por terratenientes cultos que no se decidían a ser verdaderamente literatos, sino que en sus ratos de ocio liberaban sus aficiones o ilusiones, escribiendo artículos, crónicas y muchas veces novelas que revelaban su visión de las relaciones socio – laborales del mundo rural.

CARACTERÍSTICAS:

  Ø   Predominio de la descripción frente a los diálogos.

  Ø   Propósito didáctico, moral o político.

  Ø   Temática relativa a la descripción de tipos, lugares y entorno social.

  Ø   Prosa regional y local.

  Ø   Estudio pintoresco de la cotidianidad provinciana y rural.

  Ø   Busca defender la tradición frente al influjo extranjero.

  Ø   Acendrado localismo en sus tipos y lengua.

  Ø   Color local, énfasis en el enfoque de los pintoresco y representativo.

  Ø   Popularismo; sátira y crítica social, con intención de reforma.

  Ø   Infiltración del tema político-social; reproducción casi fotográfica de la realidad con escenas a veces muy crudas y vocabulario rudo y hasta grosero.

  Ø   Colorido, plasticidad. Constituye el costumbrismo el punto de partida para el realismo y el naturalismo que vendrían después.

  Ø    El cuadro costumbrista nació indisolublemente ligado al periodismo, quizás por su carácter popular y su anhelo de resaltar costumbres contemporáneas.

AUTORES:

  Ø   José Manuel Marroquín (Bogotá, 1827 - 1908). Desde niño quedó huérfano y su niñez corrió bajo el cuidado de las hermanas de su padre. Sus obras: el tigre y el conejo; El entierro de mi compadre; El moro.

  Ø  José Eugenio Díaz Castro (Soacha, 1803 - Bogotá, 1865). Célebre por su novela Manuela considerada en su época la novela nacional y una de las iniciadoras del género costumbrista en Colombia.

  Ø  Eustaquio Palacios (Roldanillo, 1830 - 1898). Su obra más importante es El alférez real de corte histórico-romántico.

  Luis Segundo de Silvestre (Bogotá, 1838 - 1887) Su novela Tránsito relata el encuentro de un joven de la capital, Andrés, y una campesina de la provincia, Tránsito.

  Ø   José María Vergara y Vergara (Bogotá, 1831 – 1872). Poseía una educación profunda y amplia. Sus obras: Las tres tazas; El chino de Bogotá.

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