Ensayos Ensayo: William Ospina






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fecha de publicación13.03.2016
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Ensayo: William Ospina
La más honda importancia de una obra está en los aportes que haya hecho a su lengua y a la sensibilidad de su pueblo, así ese pueblo reciba muy lentamente ese legado y se lo incorpore de una manera que no puede ser gobernada por nadie.

William Ospina.

Padua es un pequeño pueblo colombiano situado en el departamento del Tolima. Este departamento además de ser la cuna del tamal, la lechona, alentar al deportivo Tolima, y ser uno de los destinos turísticos de quienes viven en Bogotá, es la región natal de William Ospina, escritor nacido en 1954 hijo de Luis Ospina – cantor de folklor colombiano – . ¿Por qué comenzar este escrito con una breve mención al lugar de nacimiento de quien está siendo perfilado? Muy sencillo, porque todos sus escritos desde poemas hasta ensayos, están atravesados por un interés nacional, por contar la historia de este pueblo colombiano, por resaltar sus fallas, sus aciertos y su carácter heterogéneo y pintoresco. Así, como se verá más adelante, con un tono literario muy definido, Ospina retrata al país, a su país.

William Ospina es un escritor que no se puede encasillar bajo la etiqueta de poeta, ensayista o periodista. Todo lo contrario, es un escritor que es todo eso, pues tiene una base literaria muy fuerte y apasionada que le permite moverse tranquilamente, y pertinentemente, por diversos campos de la escritura. Sin embargo, vale la pena comenzar este ensayo aclarando que se abordará el trabajo de Ospina desde su escritura de no – ficción, es decir, ensayos y columnas. Para hacer una breve contextualización bibliográfica es importante saber que Ospina se dedicó desde muy temprano a la escritura. Para esto, abandonó las carreras de ciencias políticas y derecho en Cali. Seguido a esto vivió en Europa, con su hermano – quien se había erradicado allá muchos años antes – y finalmente, en 1981, volvió a Colombia, pero esta vez, a vivir en Bogotá. Esta fue una línea temporal muy amplia, y se podría decir que hasta ambigua, pero nos da una idea del contexto y de las afrentas culturales que ha tenido Ospina. Encuentros culturales que han sido claves para su proceso de escritura. Él habla desde ahí, desde ese choque entre América Latina y Europa, desde las desfachateces de la colonización, etc.

Ospina, es también, un escritor de premios. Los ha ganado tanto nacional como internacionalmente, sin embargo, a este escrito no le interesa ser una lista de triunfos. Por otro lado, quiere conocer el estilo y la voz de Ospina. Para esto, se hará un breve retrato de su última columna publicada en periódico El Espectador para poder analizar su estilo, qué tipo de figuras literarias utiliza, si es coherente con el resto de su obra – a la que en un glosario final se hará mención –, a quién le está hablando, cómo le está hablando, cuál es la estructura argumentativa, entre otras cualidades tantos de contenido como formales que muestran el universo del escritor y al mismo tiempo el del lector. La columna es titulada “Tras un sueño intranquilo” y – a grandes rasgos – se trata de cómo la biodiversidad colombiana es una característica que puso al país en el mapa, en la boca de los demás países, a pesar de siempre haber sido una colonia que nunca había trascendido internacionalmente, al menos no por su naturaleza, sin embargo, como se puede evidenciar a medida que la columna avanza, ni la biodiversidad es suficiente para no pensar en Colombia en términos de tráfico de drogas y pobreza.

Así, se empieza a pensar en Colombia como un horizonte que reboza sus propios límites: “Por cada costado Colombia se asoma a un mundo distinto, y su horizonte físico y cultural va mucho más allá de sus fronteras.”. (Ospina, p.1, 2011). Este horizonte tiene un espectro muy amplio, como se dijo anteriormente. Ospina, en sólo esta pieza periodística toca tres temas básicos para la política y la sociedad colombiana: narcotráfico, política internacional y recursos. Además de esbozar los temas da una opinión clara y con ejemplos de cada argumento que lanza, por ejemplo:

Las mafias descomunales no se habrían enriquecido hasta lo increíble ni masacrado a tantos ciudadanos, ni se hubieran masacrado entre ellas con tanta saña, ni su poder habría envenenado de tal manera la vida social, si la producción y el consumo de estas sustancias estuvieran controlados por el Estado, y este fuera un tema de salud pública y no de policía.” (Ospina, p. 2, 2011).

En el anterior fragmento de texto, el autor propone un argumento de causa y efecto especulando lo que habría pasado si. (…). Así, crea no sólo una situación, sino que crea una imagen (la de la masacre) que alude al universo sentimental de quien la lee y después lanza un comentario fuerte: eso no habría pasado si existiera más control del Estado. Ospina tiende a articular sus argumentos de este modo – causa y efecto –. A veces puede caer en afirmaciones que carecen de sustento histórico – nunca se sabrá qué habría pasado en dado caso que el Estado tuviera el control – pero son afirmaciones críticas que ponen al lector a preguntarse más allá de la realidad, qué hay que cambiar.

También, en la mayoría de sus textos – esta columna no es la excepción – Ospina hace referencia a alguna figura de la literatura, en este caso usa a Gabriel García Márquez con la descripción de la costa colombiana, en otros de sus textos nombra a Borges o a Cortázar. Sin saber si hay alguna intención clara detrás de esto, estos nombres le dan peso a sus argumentos, los llenan de autoridad. Esta es también una estrategia literaria al igual que el uso de metáforas y comparaciones que son recurrentes en los textos de Ospina, al igual que los saltos de tiempo. Todo el material escrito por Ospina está cimentado en un contexto histórico del país muy fuerte.

Es un escritor que no sólo tiene intereses estéticos formales, sino que usa su talento para demostrar un fuerte compromiso social y político con el país. Es crítico, abierto y pareciera, que no sufre de lo que sí lo hacen muchos periodistas colombianos: la autocensura. En este momento publica en El Espectador y hace uso del lenguaje para fomentar un pensamiento crítico sobre problemáticas actuales (que son producto de procesos históricos) que acechan a Colombia. De esta manera, es un escritor que le habla – en tanto periodista – de forma directa, con un lenguaje claro y además, escrito con un ritmo dinámico – muchos de los textos están escritos con el recurso de la frase corte y la frase larga intercaladas – que hacen que el lector se interese por lo que está diciendo. Tiene, en esta medida, una relación directa con un público amplio – conocedor de literatura e historia nacional en muchos de los casos – que se preocupa por el desarrollo político y social de Colombia. Cabe decir que es un escritor muy coherente en este país, es necesario y persuasivo.

Finalmente, parece pertinente acabar este ensayo citando, de nuevo, a Ospina. Esta vez, es un poema, un poema que – en cierta medida – resume todas las características estilísticas y de contenido que se han nombrado:

EL GEOLOGO

Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
Todo de piedra ya, forma magnífica
Que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
Que acaso fueron seres dolorosos,
Sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
Y el trémolo extasiado de la salamandra
Tan sólo hay tiempo.

William Ospina.

Así, todo tiene un pasado que se refleja en el presente. De esto nos habla Ospina, y me permito escribir en primera persona en este último párrafo pues es así: Nos habla a todos como una nación en crisis. No creo que esto lo haga falaz o incongruente. Pone sus argumentos y los defiende.


Ensayo: Javier Marias Franco
Es que estamos en una época en la cual los que escribimos artículos de prensa perdemos demasiado tiempo en decir cosas que nos parecen obvias, de cajón. Y eso te da una sensación de pérdida de tiempo. Qué época más mala, una en la que sucede eso. Claro que a muchos les parecerá lo contrario, que la época está muy bien y que el imbécil soy yo. Además, claro, yo a veces me repito.

Javier Marias Franco

Fabricante de inquietudes. Políticamente incorrecto. El símbolo del lenguaje sencillo. Académico de la lengua. Liberal. Independiente. Referente de literatura en Latino América. Juguetón y macabro. Es un punto medio entre Borges y Dalh. Uno de los mejores escritores europeos contemporáneos. Irónico. Crítico. Reiterativo. Ocioso.

Estos son algunos de los calificativos que aparecen una vez que se da enter a la búsqueda sobre Javier Marias Franco en google. Aparecen artículos de todo tipo, entrevistas y blogs. Todos con – lo que parece ser – una perspectiva muy amplia sobre lo que es este escritor Español para el mundo. Se quiso comenzar este escrito con esas palabras – sin el ánimo de negarlas o confirmarlas – porque a pesar de todo lo que se pueda decir de él, Marias es un escritor en el más puro sentido de la palabra, según la Real Academia de la Lengua Española – de la que Marias es miembro – un escritor es y valga la redundancia de la definición “Una persona que escribe”. En una entrevista para el periódico español El País, Marias afirmó que era sólo un escritor, un escritor de todo, un escritor de historias. Hace desde novelas, hasta artículos periodísticos, crónicas y cuentos. Así, para este trabajo los calificativos no serán lo esencial, simplemente la forma en la que él articula la escritura a un contexto específico espaciotemporal, las herramientas que usa, desde qué punto de vista habla, etc. Es evidente que para esto se deberá hacer, en primer lugar, una breve biografía.

Javier Marias Franco nació en Madrid en el año 1951. Nació en una familia de los que ahora se denominan intelectuales, nació – básicamente – en una familia de gente dedicada a pensar. Su papá era filósofo, pero lo más interesante de esta figura paterna es que fue también un reo. Fue encarcelado debido a fuertes opiniones políticas y fue casi que expulsado de España al ser liberado. Es por esto que Javier Marias pasó tiempo considerable de su infancia en Estados Unidos (tema que es recurrente en casi todo su trabajo literario). Cuando su papá pudo restablecer su prestigio, volvió a España e ingresó a ser miembro de la Real Academia Española. Marias, entonces, estudió en España – ahí pasó su adolescencia, juventud – y también publicó su primera novela. Es pertinente tener en cuenta dos datos bibliográficos importantes: es un escritor con un línea política muy marcada, y tiene referentes literarios muy amplios. Sin embargo, y aunque es más conocido – popularmente – por sus novelas y sus adaptaciones de guiones, en este trabajo nos vamos a centrar en su trabajo como periodista y ensayista. Actualmente publica para el periódico español El País. No obstante, no se dejarán de lado rasgos de escritor que aparecen en sus piezas literarias y ayudan a que se entienda sus propósitos como escritor, traductor y guionista.

Hay un artículo/ ensayo titulado “En busca de la infelicidad permanente” publicado por El País. Este será el texto que guiará este ensayo. De ahí se tratará de reconocer escogencias de estilo, forma, y contenido. Lo primero que se reconoce en los textos de este autor es el tono – habla en primera persona – es un tono muy personal, fácil de entender y además trata de involucrar historias personales en todo momento:

Hace muchos años coincidí en un cocktail con un famoso poeta español muy admirado y querido por sus colegas (cosa extraña), al que apenas conocía. Le pregunté qué tal estaba, pues me habían dicho que había tenido la salud quebrantada. Con gesto enormemente serio y doliente (ante el que me temí lo peor), puso los ojos en blanco y me contestó: "¿Cómo voy a estar, con las noticias que traen todos los días los periódicos? Muy mal. Deprimido y horrorizado". No recuerdo qué noticias eran aquellas, lo cual es normal, puesto que a lo largo de toda la historia han ocurrido espantosos sucesos en casi todas partes. (…)”

El anterior fragmento de texto es la introducción del artículo mencionado anteriormente. Es un claro ejemplo de las características que se describieron: ha uso de la primera persona y de la experiencia personal del cóctel, todo esto en aras de contar otra historia. En este caso, la gente que conscientemente, en falta de razones personales, está decidida a ser permanentemente infeliz. Infeliz por lo que pasa alrededor del mundo todos los días, por el hambre en Latinoamérica o África, etc. Es un texto, como varios de sus artículos, que deja relucir una opinión personal bastante fuerte y aunque no siempre es argumentada, muchas veces es muy persuasiva. (Logra convencer a través de episodios personales, jocosos, escribe también con un tono de burla e ironía).

Habla también, de la hipocresía de la compasión y la indignación de los seres humanos. No nos indigna lo que siempre está cerca de nosotros, por el contrario, nos indigna lo más lejano, lo más ajeno y aún así seguimos sentados en frente del televisor o del periódico sólo quejándonos. Esta es la reacción que tienen estos tipos de textos en el lector, hay pasión, no importa si son datos o argumentos firmes, generan frustración y muchos cuestionamientos. Además, hablando formalmente, usa una narrativa muy elocuente. Mete muchos diálogos tanto internos (incluye muchos de sus pensamientos) como externos. Cambia el ritmo del texto inesperadamente. También, logra algo que sólo lo pueden hacer los grandes escritores y es crear una atmósfera. No sólo describe una situación, sino que usa el lenguaje para crear imágenes en la cabeza del lector. Por ejemplo, no sólo se sabe lo que es la compasión inducida, sino que muestra toda una situación que la hace evidente. Para recoger todas las características mencionadas: Javier Marias Franco es un escrito que utiliza cierto grado de coloquialidad en sus escritos para acercarse a su público, recurre a la mención de experiencias personales y situaciones que le ayudan no sólo a contar una historia sino que lo llevan a mostrarla. Usa referentes a otros textos y escritores para sustentar sus tesis. Tiene un tono irónico y divertido. Con todas estas características Marias construye sus textos – periodísticos –.

Para concluir, es importante tener en cuenta que es un autor sumamente coherente con lo que escribe y a lo que se dedica. Está enteramente dedicado al oficio del lenguaje y tiene puntos de vista muy fuertes que enriquecen muchas discusiones universales (como los temas del artículo citado para este ensayo). Sus temas no son tan locales.

Columnas nuevas
Mierda, ¿qué hará Petro?
Falta un mes para que el candidato electo por los capitalinos tome su posición en la Alcaldía de Bogota. Gustavo Petro quien ganó el pasado 30 de octubre con un porcentaje del 32,16% del total de sufragantes; resultado que no es significativo a la hora de representar a los bogotanos, comenzará a ejercer su poder como administrador de la ciudad. Esto asusta un poco luego de anunciar diferentes propuestas que pueden sacudir y desacomodar a varias zonas de la ciudad. Además existen algunas fallas de operación en ciertas proposiciones como en la del agua.
Basado en que el agua es un derecho de los ciudadanos, Gustavo Petro propone, inicialmente, crear un subsidio para su consumo mínimo, estimado en 12 m3, en la población de los estratos 1, 2 y 3. La propuesta es interesante pero Petro no está teniendo en cuenta los costos de funcionamiento del servicio de agua potable en la capital, donde la tarifa tiene que ser alta por el área de cobertura que debe tener para que la mayoría de los habitantes de Bogotá pueda acceder al agua potable.
Por otro lado, otro aspecto que al parecer no se tuvo en cuenta en la elaboración de esta propuesta es que la mayoría de la población de los estratos bajos, principalmente el 1, viven en zonas no habitables; conocidas como zonas de invasión. En estos terrenos no es permitido construir viviendas por las características del suelo. Por lo general se encuentran en las faldas de las montañas, áreas de gran pendiente con un alto riesgo de deslizamiento de tierra y por tanto la inclinación del terreno hace que los cimientos de las edificaciones no queden completamente enterrados y las deja sin bases firmes. Debido a esta problemática el gobierno ha decidido no abastecer estas zonas con servicios públicos. Esto hace que la propuesta de Gustavo Petro no puede desarrollarse a cabalidad pues no contribuiría a mejorar la situación de esta parte de la población vulnerable de Bogotá.

Teniendo en cuenta distintas problemáticas que presenta la ciudad y sus habitantes reconozco que estoy un poco preocupada por este nuevo representante. Me angustia pensar cómo será el manejo que la alcaldía le dé a esta y a otras polémicas propuestas como la de los peajes dentro de la ciudad. Espero que Gustavo Petro a pesar de haber ganado sólo por 721.308 votos, lo que significa que representa a un 9,15% de la totalidad de la población del área metropolitana de Bogota, logre incorporar a ese 81% que no lo veía a él como alcalde. Hay que prepararse psicológicamente porque la ciudad va a cambiar.

El corazón calido de la lluvia
Pronto se acabará este año y al igual que el pasado lo terminamos con lluvias, inundaciones, derrumbes y mucho frío. Lo han dicho diferentes medios de comunicación: por qué después de la experiencia de hace un año con el invierno más fuerte que azotó el territorio colombiano, tanto el gobierno como los ciudadanos no hicieron nada para prevenir una segunda pelea.
No quiero ser una persona más de las que se quejan porque estamos viviendo lo mismo, aunque es cómico pensar que como raro en Colombia la historia se vuelve a repetir; la violencia, los gobernantes e incluso ahora el clima. Debe haber algo que podamos sacar a relucir de todo esto. Un aspecto del que nos sintamos orgullosos, que nos haga pensar: ¡eso es Colombia!
A pesar de este invierno tan turbador he notado una alegre característica que surge en las personas que quedan atrapadas bajo el agua en trancones o bajo techos. ¡El agua reúne a la gente! Dicen que en Bogotá las personas son frías, secas y amargadas, pero fíjense que al parecer el clima helado a contrarestado esa sensación y ha hecho que las amargas miradas de los transeúntes se conviertan en ansiosos deseos de acompañamiento, calidos abrazos y agradables conversas.
Hace dos días mi hermano y yo estábamos tomando un café. Junto a nosotros estaba un señor de aproximadamente 70 años, leyendo un libro y tomando café también. De repente, comenzó a caer un aguacero “del otro mundo”, como dice mi papá, y mi hermano y él señor se levantaros de la mesa y fueron a cubrirse bajo un pedazo mínimo de techo. Se saludaron y entablaron una conversación encantadora acerca de por qué llovía en Colombia. Duraron hablando como 40 minutos, se despidieron y nos fuimos del lugar. Ahora es común que en los buses, cuando se quedan atascados por la lluvia en trancones inmovibles, la gente comienza a susurrar cosas sobre el clima, la cantidad de carros, el frío y sin darse cuenta uno comienza a charlar con la persona de al lado.
No se cuando dejará de llover, nadie lo sabe, no se cuando dejaremos de vivir catástrofes, no se cuando estaremos realmente preparados para inviernos fuertes, pero lo que sí se es que a pesar de todo lo malo sí se puede encontrar la actitud positiva. Que buena defensa; los bogotanos optamos atacar las heladas con calidez, se enfriaron nuestras manos, se mojaron nuestros pies, pero se calentó nuestro corazón; como dice mi abuela “manos frías corazón caliente”.
Columnas viejas-corregidas
El estudiante y sus costos
Ida en Transmilenio a la universidad, valor: $1.700 pesos, regreso en Transmilenio a la casa, valor: $1.700 pesos, cinco días a la semana, valor: $17.000 pesos, un mes (contando 20 días hábiles aproximadamente), valor: $68.000 pesos, un semestre de universidad (que por ley son 18 semanas de estudio), valor: $306.000 pesos.

Esto es exactamente lo que debe gastar un estudiante que utiliza el Transmilenio, y no se aleja mucho el que usa bus,  para poder estudiar un semestre de su carrera en alguna universidad tanto pública como privada; imagínense el costo del trasporte cuando hablamos de toda la carrera que es de 8 a 10 semestres.
Ese valor equivale al 57, 13% de un salario mínimo. Salario que a un estudiante, sin experiencia, le es difícil conseguirlo. Hoy en día, la competencia para conseguir empleo es muy fuerte y las empresas no contratan a aquellos que siguen estudiando o que hasta ahora se sumergen en el ambiente laboral; prefieren a los experimentados.
Además del gasto económico en la movilidad, los estudiantes tenemos otras necesidades que igualmente requieren de dinero. Una de ellas es la alimentación; en una jornada digamos “no pesada”, el joven desayuna, almuerza o come en la universidad (sea o no dentro de sus instalaciones), y se suma algún tipo de onces para engañar el hambre. En una jornada más pesada, digamos de 7 am a 7 pm, el joven debe alimentarse mucho más porque si no, no rinde. Los cálculos de las comidas dependen de cada estudiante y de su presupuesto , pero sí es claro que diariamente gasta un dinero en comida. Incluyendo en la lista de gastos debo meter los textos, materiales y pendejadas que nos piden los profesores (claro está que no todo es pendejada, ¡pero todo cuesta!).
Comento esto porque me parecía injusto el plan que propuso el pasado septiembre la alcaldesa Clara López. Este brindaría un descuento del 15% en el pasaje de Transmilenio a los estudiantes de colegios distritales y de estrato 1 y 2. Mi inconformidad es porque López está discriminando al resto de los estudiantes que también necesitamos de esas ayudas económicas; no importa el estrato, todos tenemos los gastos del estudio.
Creo que es necesario repensar y replantear esta nueva propuesta. Afortunadamente aplazaron la fecha de implementación porque antes debe pasar primero a discusión del Concejo de Bogotá. Además todavía tiene algunas incongruencias como para que se lleve a cabo tan rápidamente. Es una propuesta que si se hace bien; si se toman el tiempo para estudiarla y corregirla, efectivamente puede ser muy beneficiosa para tres sectores de la población: los estudiantes, los discapacitados y las personas de tercera edad. Así que ojo pues con eso, pónganse las pilas para que esta propuesta salga adelante y el trasporte público sea público.

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