El barroco. La lírica






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fecha de publicación10.03.2016
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EL BARROCO. LA LÍRICA
1. INTRODUCCIÓN
Durante el siglo XVII los monarcas europeos aumentaron su poder con respecto al siglo anterior. El absolutismo será la forma de gobierno de los reyes de esta época, que concentraron todos los poderes en sus manos.

En España, durante este siglo, se sucedieron los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, que delegaron el poder en sus validos (Duque de Lerma o Conde de Olivares).

Si algo caracterizó a la España del Barroco fue, sin duda, los problemas económicos y demográficos: las guerras y las epidemias fueron algunas causas de ello. Este fue el principio del fin del imperio hispánico.

Todo esto se vio reflejado en una sociedad que se caracterizó por el pesimismo y la visión negativa de la vida. Para la mentalidad barroca todo es caos, confusión, desorden, frustración, desencanto. La muerte lo preside todo.

Este pesimismo vital se canaliza de distintas formas: como angustia existencial, protesta o sátira, actitud estoica o deseo de evasión o diversión. Todos estos aspectos influirán en los temas y géneros literarios.
El Barroco, periodo histórico y cultural inmediatamente posterior al Renacimiento, continuó y culminó su renovación artística, pero también significó una reacción a sus presupuestos ideológicos y estéticos.

Desde el punto de vista histórico se produjo un gran contraste, aunque dentro de una evolución gradual, entre los siglos XVI y XVII. El optimismo del Renacimiento desapareció en el Barroco, la serenidad desapareció y el desasosiego se insertó en la sociedad.
2. LA LITERATURA BARROCA. LA LÍRICA
La literatura barroca asumió y repitió los tópicos renacentistas, pero los vació de su contenido y los presentó bajo la forma del engaño o la ilusión para mostrar la pérdida de la fe en el hombre y la desvalorización del mundo. Entre Renacimiento y Barroco no existió, por tanto, una ruptura, sino un cambio, una evolución natural.

Lo más característico del estilo literario del siglo XVII es la inclinación, más o menos generalizada, hacia lo que se ha denominado el arte de la dificultad. Si en el Renacimiento se buscaba la sobriedad, el equilibrio y la naturalidad, el Barroco perseguirá lo exagerado y desmedido, el enfrentamiento de contrarios, los contrastes violentos…

También contribuirán a lograr esa complejidad o dificultad de la que hablamos la abundancia de recursos literarios, (siendo algunos de los más frecuentes el hipérbaton, antítesis, encabalgamientos, metáforas, cultismo léxico, correlaciones, uso de expresiones brillantes, ideas ingeniosas...) y las numerosas alusiones mitológicas.
Temas
En cuanto a los temas, pueden distinguirse dos apartados:

Los grandes temas del Renacimiento (amor, naturaleza, mitología…) evolucionaron de acuerdo con la actitud barroca:

- El amor adquirió un sentido trascendente. Conservó la visión cortesana de la amada enemiga y las imágenes petrarquistas de “luz, llama, ardor…”, pero no como algo efímero, sino como sentimiento eterno que debía perdurar más allá de la muerte.

- La naturaleza se transformó en objeto moralizador: la pérdida de la belleza, sobre todo, la de la rosa, simboliza la fugacidad de la condición humana.

- La mitología fue un punto de referencia en dos sentidos: o como asunto noble que podía convertirse en belleza, o como juego retórico.

Los temas del Barroco fueron fruto de la desilusión y el pesimismo:

- El tiempo y su fugacidad (tempus fugit), la brevedad de la vida y la presencia de la muerte (Memento mori: “Recuerda que has de morir”), fueron eficaces motores creativos y encontraron en el reloj, en las ruinas –ubi sunt?- y en el carpe diem, sus símbolos más precisos.

- El sueño se convirtió en símbolo de la vida y de la muerte, de la doble concepción de la existencia como realidad y apariencia.

- El problema de España que resumió el ambiente político y se presentó desde la gravedad crítica o desde la sátira corrosiva.
Tendencias de la poesía culta
La poesía culta barroca continuó con los metros heredados del Renacimiento y la poesía italianizante, y mantuvo sus logros, entre los que se han de destacar el verso endecasílabo, el soneto y la canción.

Los poetas, por su parte, formaron dos grupos muy distintos:

  1. Los que rompieron el equilibrio clásico entre el contenido y la expresión, es decir, los culteranos, los conceptistas y los que, como Lope de Vega (página 436-437), armonizaron ambas tendencias.

  2. Los que mantuvieron el ideal estético de naturalidad y selección propio del clasicismo renacentista.

Suelen distinguirse en la poesía barroca, por lo tanto, tres tendencias: culterana, conceptista y clasicista.
Tendencia clasicista

La tendencia clasicista acogió a todos aquellos poetas que, al margen de las influencias de Góngora y Quevedo, intentaron mantener los ideales formales y estéticos de la poesía renacentista. De esta manera, el equilibrio y la serenidad que forjaron los poetas del siglo XVI sirvieron de marco para los temas del Barroco como la brevedad de la vida, el paso del tiempo o la actitud de desengaño. En este grupo de poeta destacan, entre otros, los hermanos Argensola.
Tendencia culteranista

El culteranismo buscaba crear una lengua poética culta, de gran ornamentación formal, alejada de la lengua cotidiana. Persiguió la belleza y la expresión de la forma, por lo que ocultó los contenidos y recurrió a metáforas sensibles, hipérbatos, perífrasis, cultismos, lenguaje latinizante y alusiones mitológicas. Aunque el asunto del texto pudiera ser nimio, se utilizaba un estilo esplendoroso que buscaba llamar la atención sobre la lengua. Su máximo representante fue Luis de Góngora (páginas 441 a 444)
Tendencia conceptista

El conceptismo se basaba en el ingenio y en la agudeza del concepto y se caracterizaba por el máximo aprovechamiento intelectual de la concentración de significados. Se preocupó, sobre todo, del contenido y recurrió a figuras retóricas del pensamiento (antítesis, paradojas, juegos de palabras, metáforas racionales…) Su representante más importante fue Francisco de Quevedo (páginas 449 a 451)

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